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“Lenguas y profecías”
Exposición detallada de
1 Corintios, el capítulo catorce
-“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales…”
-La superioridad del amor a todos los dones sobrenaturales se resalta en la elocuente definición del amor que se encuentra en el capítulo trece de 1 Corintios.
-Aplicación al presente. El afán con que algunos creyentes del tiempo presente persiguen los dones, en particular, el de “lenguas extrañas”, da lugar a pensar que, para ellos, el amor es secundario.
-El amor nunca deja de ser; en cambio, es limitada la duración de los dones “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Corintios 13:8). Por consiguiente, la exhortación “procurad los dones” puede obedecerse solo durante el tiempo que estén disponibles los dones sobrenaturales. Al no estar disponibles, ¿con qué razón o lógica procurarlos?
-¿”Procurad” cuáles dones? “Procurad, pues, los dones mejores” aconseja en apóstol Pablo en 1 Corintios 12:31. ¿Solo “los… mejores” y nunca los demás? Observa el mismo apóstol que hay “diversidad de dones… Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:4-7), explicando que todos los miembros, con sus diferentes funciones, son necesarios (1 Corintios 12:12-30). A la iglesia del primer siglo de la Era Cristiana le hacía falta todos los dones para lograr la organización autorizada por Dios, como también para llevar a cabo su misión y crecer hasta llegar todos “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). A los cristianos de Corinto se les concedía la libertad de solicitar dones, aconsejándoles Pablo que solicitaran “los… mejores”, pero el Espíritu Santo administraba y repartía los dones (1 Corintios 12:4-10), y, por lo tanto, cada cual debía conformarse que el don que le plació al Espíritu conferirle, utilizándolo “para provecho”, sin envidia o resentimiento, porque “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (1 Corintios 12:18). Es como Dios dijera: “Hay diversidad de dones. Tú puedes indicar tu preferencia, pero la determinación final es nuestra, conforme a la necesidad y tu habilidad”.
-Aplicación al presente. Quienes procuran dones hoy día, solicitan, casi exclusivamente, (1) lenguas, (2) sanidades y (3) profecías. ¿Quién solicita (1) don de sabiduría, (2) don de ciencia (conocimiento espiritual), (3) don de fe, (4) don de hacer milagros, (5) discernimiento de espíritus o (6) interpretación de lenguas? “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales” escribe Pablo, introduciendo el tema en 1 Corintios 12:1. ¿Será que muchos creyentes del presente ignoren ciertos aspectos importantes de los dones, por ejemplo, que todos los dones eran necesarios para la formación completa de la iglesia en el molde hecho por Dios? No luce sabia la obsesión de muchos solo por “lenguas, sanidades y profecías”.
-Algunos cristianos en Corinto ya tenían dones. “Cuando os reunís, cada uno… tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación” (1 Corintios 14:26). ¿Por qué animar a la iglesia a procurar más? Quizás para completar, extender o multiplicar los ministerios esenciales, con la meta de llevar la congregación a la madurez. ¿Crecía la iglesia en número? Al crecer, le haría falta más miembros capacitados para ayudar, administrar, adoctrinar, planificar, efectuar obras, edificar. La iglesia en Corinto no disponía de todos los veintisiete libros inspirados que componen el Nuevo Testamento completo y perfecto. Para ella, “lo perfecto” no había llegado, ni hablado ni escrito. Conocía en parte; profetizaba en parte. Era como niño. De hecho, la iglesia era joven, no contando con miembros de largos años de experiencia en los asuntos del reino espiritual. Necesitaba todos los dones para perfeccionarse en todo detalle. Pues, convenía procurarlos, en particular, los más útiles para edificar. A propósito, los que ya tenían dones los habían recibido, indudablemente, a través de la imposición de las manos del apóstol Pablo, el fundador de la congregación en Corinto, pues “por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo” (Hechos 8:14-18), es decir, los dones.
-¿Siempre recibía algún don todo aquel que solicitara? Tener el derecho de solicitar no es garantía absoluta de ser complacido. Cualquiera que sea la petición, la voluntad de Dios es decisiva (2 Corintios 12:7-10). ¿Tenían dones sobrenaturales el hermano en Corinto que adulteró con la mujer de su padre (1 Corintios 5:1-5), los hermanos que eran “de menor estima en la iglesia” (1 Corintios 6:4), los hermanos débiles (1 Corintios 8:8, 11-12), los que se embriagaban en la Cena del Señor (1 Corintios 11:20-22) o los que recibían “otro espíritu” u “otro evangelio” (2 Corintios 11:4)? Muy dudoso, ¿no le parece?
-“Pero sobre todo que profeticéis.”
-¿Por qué procurar el don de profecía más que cualquier otro? “Porque… el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (14:2-4). EDIFICAR a la iglesia es el tema central de 1 Corintios, el capítulo catorce, y no “hablar lenguas”.
-“El que profetiza, edifica a la iglesia”. (14:4).
-“Para que la iglesia reciba edificación” (14:5).
-“Pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (14:12).
-“Porque tú… bien das gracias; pero el otro no es edificado” (14:17).
-“Prefiero hablar cinco palabras… para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (14:19).
-“Hágase todo para edificación” (14:26).
-“Podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (14:31).
-Ha de ser muy evidente para todo lector inteligente y espiritual que el propósito principal de los dones era EDIFICAR, recalcamos y subrayamos, EDIFICAR a la iglesia. “Procurad abundar en ellos.” ¿Para qué? “Para edificación de la iglesia” (14:12). No para “alabar a Dios”, no para “entretener a los congregados”, no para “sentirse el cristiano en comunión con Dios” ni “elevarse en éxtasis”, tampoco para impresionar a los inconversos, sino para EDIFICAR a la iglesia. Lejos de instar a todo cristiano a “hablar lenguas”, lejos de exigir “lenguas” como “sello del Espíritu”, el apóstol Pablo enfoca la “edificación de la iglesia” como lo más importante.
Aplicación. Muchos maestros espirituales del presente enseñan que el propósito principal de los dones es capacitar al cristiano para “alabar a Dios”. Su equivocación es transparente, engendrando una manada alborotada de errores sobre el Espíritu Santo, “alabanzas” y “señales”.
-“Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende…”
-¿Por qué “no habla a los hombres”? La razón se identifica enseguida en el mismo versículo: porque “nadie le entiende”. Y, ¿por qué “nadie le entiende”? Se sobreentiende que porque habla un idioma que ninguno de los presentes entiende.
-El don de “diversos géneros de lenguas” (1 Corintios 12:10) le capacita para predicar el evangelio a personas nacidas en lenguas (idiomas) que el poseedor del don no sabía hablar. Al recibir el don sobrenatural, al instante puede hablar a perfección idiomas que jamás había hablado.
En el día de Pentecostés, los apóstoles, “hombres sin letra y del vulgo” (Hechos 4:13), al recibir el don, pudieron anunciar “las maravillas de Dios” en las lenguas natales de la multitud multinacional que se juntó, para gran asombro de los oyentes, quienes exclamaron: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido”? (Hechos 2:1-13).
“Las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos” apunta Pablo para los corintios (14:22), señal impugnable y convincente, como en Pentecostés, y medio sin igual que facilita, en el momento, la predicación del evangelio a inconversos de otros idiomas. Ya que son para “los incrédulos”, ¿con qué justificación hablarlas cuando “toda la iglesia se reúne en un solo lugar” (14:23)? No existe una razón de peso, a menos que a la asamblea entraran indoctos o incrédulos que no entendieran el idioma de la iglesia local. Corinto era una ciudad importante de Grecia, y del Imperio Romano. Su población para el primer siglo de la Era Cristiana se calcula entre cien mil y medio millón.
-“La ciudad de Corinto cobró gran importancia como un centro de comercio y transporte internacional, con negocios de trasbordo o venta de mercancías, así como de recolección de tarifas e impuestos. Eventos deportivos de la envergadura de los Juegos ístmicos bienales atraían a Corinto gran cantidad de aficionados, y este turismo deportista generaba importantes ingresos para los comerciantes y artesanos de la región. Gran número de comerciantes y hombres de negocios (más unas cuantas mujeres de negocios) viajaban a menudo entre Corinto y las otras ciudades principales del imperio” (Nuevo diccionario ilustrado de la Biblia, Caribe, Página 217).
-“En una colonia romana como Corinto el idioma oficial fue el latín, y la gran mayoría de las inscripciones públicas encontradas por los arqueólogos emplean el idioma del imperio. Sin embargo, el griego perduró como el idioma del pueblo, y fue en el dialecto popular (no literario) de este idioma que Pablo escribió sus cartas a la iglesia de Corinto” (Nuevo diccionario ilustrado de la Biblia, Caribe, Página 218).
-Pues, pasaban por las calles de Corinto gran número de extranjeros de todo el vasto Imperio Romano, hablando distintos “géneros de lenguas”: egipcio, árabe, latín, asirio, arameo. El griego era el idioma de la congregación en Corinto, pero ¿cuánta gente extranjera de otros idiomas la habrán visitado? ¿Quedarían tales almas sin instrucción espiritual? Precisamente, el “don de lenguas” fue dado para hacer posible comunicarles el evangelio en su propio idioma.
-¿Qué problemática surgió en la iglesia de Corinto? El poseedor del don de lenguas se extralimita en el uso de su poder, obviando su propósito principal y violando directrices que dicta hasta el sentido común de lo correcto. Su don es para los incrédulos, pero él se para en la congregación, pide la palabra, o tal vez ni siquiera la pida, y procede a hablar en un idioma que los presentes no entienden. Quizás hable aun mientras otro esté hablando, pues tanto el 14:23 como el 14:27 implican que algunos cometieran semejante contravención inexcusable de la ética. Tiene potestad sobre el uso de su don, tal cual tenían los profetas sobre el suyo (14:32). Puede callarse (14:28). El Espíritu Santo no es quien lo mueva a hablar. ¿Podría callarse el poseedor del don de lenguas si el Espíritu actuara en él independientemente de su voluntad? El Espíritu le dio el don, pero cuándo y ante quiénes lo emplee, lo determina su poseedor.
En Corinto, el poseedor del don decide usarlo en la congregación. Ha recibido el poder, y con el poder un mensaje inspirado. El “mensaje”, se sobreentiende, es, principalmente, para los incrédulos, ya que las lenguas son para los incrédulos (14:22), pero él se empeña en presentárselo a la iglesia, decisión falta de sabiduría que Pablo reprocha con tacto, pero con argumentos sólidos, una y otra vez en el capítulo catorce. La situación en Corinto se volvió, de verdad, caótica, pues es evidente que unos cuantos que poseían el don de lenguas tomaron la misma decisión contraproducente. “Si… todos hablan en lenguas… ¿no dirán que estáis locos?” (14:23).
¿Qué motiva al poseedor del don de lenguas en Corinto a usar su don en medio de circunstancias donde debía callarse? Podemos especular, guiados por serios fallos espirituales que Pablo señala en los corintios, por ejemplo: deseo de lucirse frente a la congregación, jactarse, alabarse a sí mismos, gloriarse; tendencias hacia el envanecimiento, de mirar “las cosas según la apariencia” (1 Corintios 4:7-21; 2 Corintios 10:7-18). “¡Miren!, que el Espíritu me ha dado el don de lenguas, y quiero que sepan todos que yo he sido favorecido, y para que lo vean, ¡voy a usarlo en la congregación, aunque no me entienda nadie!” ¿Inmadurez, egoísmo, vanidad? Sí, de acuerdo, pero poseer el don no aseguraba que el poseedor tuviera también todos los atributos espirituales perfeccionados, tal como ser “apóstol” no garantizaba que el privilegiado actuara siempre con madurez, sabiduría y honra (Gálatas 2:11-18).
-Aplicación. Hasta el sol de hoy, hay cristianos dotados de ciertos talentos o rasgos de carácter, por ejemplo, soltura o elocuencia en el habla, carisma o dinamismo natural, que no saben cuándo conviene callarse. Intranquilos y atrevidos, piden la palabra o agarran el micrófono cuando lo correcto sería guardar silencio. No faltan quienes hablan aun mientras esté hablando el maestro o predicador.
-Que conste: “nadie le entiende”, no porque hable lenguas extáticas, angelicales o jerigonzas, sino porque habla un idioma que los oyentes no entienden.
-Debe hablar “a los hombres...”, diciendo “palabra bien comprensible” (14:9), pero al hablar en su presencia algún idioma que no entiendan “no habla a los hombres… pues nadie le entiende”.
-¿Está enseñando Pablo que las “lenguas extrañas” no son para los hombres, que no se dirigen a los hombres, que el don de lenguas no fue dado para beneficio de los hombres, que su propósito principal es para alabar a Dios? Negativo, ¡en absoluto! Todo lo contrario: el sentido de toda la instrucción sobre “lenguas” en el capítulo catorce es que han de edificar a los hombres, bien sean incrédulos o creyentes. Esta verdad se resalta cada vez más a medida de que progrese la exposición, hasta quedarse completamente clara e irrefutable.
-“No habla a los hombres, sino a Dios.” Y, ¿por qué a Dios? Porque en tales circunstancias, ¡Dios es el único que le entiende! Los oyentes humanos en la congregación no le entienden, pero Dios también está presente en Espíritu, le oye y le entiende, pues entiende todo idioma. Ahora bien, ¿a Dios le hace falta que los cristianos en la tierra le edifiquen, sea por el idioma o dialecto que sea? El propósito de las lenguas debe ser comunicar “revelación… ciencia… profecía, o… doctrina” (14:6), pero, ¡bendito!, Dios mismo es el autor de toda revelación, ciencia (conocimiento espiritual), profecía y doctrina. Entonces, el que habla en lenguas no entendibles para sus oyentes humanos, termina hablando solo “a Dios”, quien es el único que le entiende, siendo, además, ¡el único que no necesita instrucción!
-El lector atento e inteligente observa que el texto dice: “Habla… a Dios”. No dice “alaba a Dios”; tampoco “gime alabanzas a Dios”, sino “habla”. Al decir “habla… a Dios”, no se trata de “lenguas para alabar”, “lenguas extáticas de alabanza”, “lenguaje de alabanza dado por el Espíritu” o “lenguaje misterioso de alabanzas”. Cero apoyo tiene este concepto de “lenguas” en el capítulo catorce. Es invención de William J. Seymour y sus simpatizantes que fundaron el tipo de pentecostlismo popular del presente en Los Ángeles, California, Estados Unidos de América, a principios del siglo veinte.
-De cierto, este versículo nada tiene que ver con “alabar a Dios mediante lenguas extáticas o angelicales”, pero ya que muchos insisten que sí con terquedad obstinada nos detenemos para indagar un poco más. Con raras excepciones, los avivados (pentecostales, carismáticos) confiesan que no saben lo que dicen cuando “alaban con lenguas”. Si no entienden lo que dicen, ¿qué valor tiene su acción ante Dios? Sonidos salen de la boca, a menudo, en medio de gemidos, llantos y griterías, pero ni el intelecto ni el espíritu del adorador comprende su mensaje. Asimismo llegan, según se asegura, a los oídos de Dios; sonidos misteriosos e incomprensibles que el Espíritu Santo dio al adorador, dicen. O sea, pasan del Espíritu Santo, a través del adorador avivado como medio, revolcando sus emociones, pero oculto su significado a su intelecto. Llegan a los oídos de Dios, quien descifra su mensaje, agradándole inmensamente tales “alabanzas”. ¡Excepcional ¡Curioso en extremo! ¿Por qué no eliminar al adorador avivado, ya que las “alabanzas” no son iniciativa suya sino del Espíritu Santo, y dado que tampoco entiende su contenido?
-¿Hemos de creer que a Dios le agraden las alabanzas de adoradores que no entienden lo que dicen? No hay precedente o mandamiento en el Nuevo Testamento para ellas. El Dios que es la máxima expresión de inteligencia, que nos creó a su imagen, que alaba infinidad de veces en las Sagradas Escrituras el conocimiento, el entendimiento y la sabiduría, ¿goza con las alabanzas de quienes ignoran lo dicen? Realmente, ¡inconcebible! Dios no pide tales alabanzas, ni las facilita mediante su Santo Espíritu. Reiteramos: son la creación de William J. Seymour y la nueva iglesia “pentecostal” que formó en Azusa Street, Los Ángeles, California. En su empeño desesperado de “hablar lenguas” recibieron el falso “don” de “lenguas extáticas”. Ya que estas no comunicaban ningún mensaje entendible, para justificarlas concibieron la idea de representarlas como “lenguas misteriosas de alabanza”, doctrina “avivada” que satisface solo a los ingenuos que desconocen o malinterpretan la verdadera “sana doctrina”, “la doctrina de Cristo” (1 Timoteo 4:16; Hebreos 6:1).
-“Aunque por el Espíritu habla misterios.”
-La frase no lee “habla lenguas misteriosas” sino “habla misterios”. Tampoco dice “alaba mediante lenguas misteriosas” sino “habla misterios”.
-En el Nuevo Testamento, “misterios” identifica los designios y el plan de Dios para salvar a la humanidad a través del sacrificio de su Hijo, “misterios” estos conceptos para el incrédulo, el hombre natural y “los príncipes de este mundo” (1 Corintios 2:7-16), pero no para el espiritual y entendido.
-“Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció” (1 Corintios 2:7-8).
-“Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4:1). ¿Administraban "lenguas de alabanza"? Más bien, administraban el evangelio de reconciliación.
-“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:9-10). Lo que se da a conocer, y se entiende, ya no es misterio en el sentido de ser oculto o incomprensible.
-“Que por revelación me fue dado el misterio… leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo” (Efesios 3:3-4). El “misterio” revelado y entendido ya no es misterio.
-El poseedor del don de lenguas recibía, juntamente con el poder, el mensaje inspirado que debía proclamar. El Espíritu Santo dio el don, y también el mensaje. Por lo tanto, el que hablaba lenguas (idiomas) “por el Espíritu” también comunicaba los “misterios”, es decir, las enseñanzas inspiradas, reveladas por el mismo Espíritu, enseñanzas entendibles para el oyente que entendía el idioma.
Con el favor del Señor, seguiremos esta exégesis hasta cubrir todo el capítulo catorce de 1 Corintios. Homero