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Dones sobrenaturales. Estudios y visuales en esta Web.

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Hablar lenguas extrañas y profetizar

Exposición versículo por versículo de 1 Corintios 14

 

 

Esta calle ancha de la antigua Corinto data del tiempo del apóstol Pablo. En aquel tiempo, vivían en la ciudad hasta medio millón de personas.

     

Izquierda. Tiendas y otras estructuras en el medio del área comercial de la ciudad antigua. Pablo y los cristianos de Corinto habrán conocido estos lugares.

Derecha: Caras de la estátera, moneda usada en Corinto. www.wikipedia.org

 

Lección 1

1 Corintios 14:1

“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.”

-“Seguid el amor; y procurad los dones espirituales…”

A.  “Seguid el amor” exhorta el apóstol Pablo. La gran superioridad del verdadero amor cristiano a todos los “dones espirituales” se pone de relieve en la elocuente definición del “amor” hallada en el Capítulo 13 de 1 Corintios. “El amor” es “el mayor” de las virtudes (1 Corintios 13:13). “El amor” es el “camino aún más excelente” que el de los “dones mejores”. “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente” (1 Corintios 12:31).

-Aplicación al presente. El ansioso afán incansable con el que multitudes de creyentes del tiempo presente persiguen “dones sobrenaturales”, en particular, el de “lenguas extrañas”, da lugar a sospechar que, para ellos, este amor tan preciado y necesario ocupe acaso un segundo plano en su vida espiritual.

B.  “Procurad los dones espirituales.”

1.  ¿Procurarlos cuándo? Mientras “el amor nunca deja de ser”, es limitada la duración de los dones. “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Corintios 13:8). ¿Capta usted, estimado lector, el contraste entre lo permanente y lo temporal en esta declaración inspirada? “Las profecías… las lenguas… la ciencia” cesarían; pasarían. Por consiguiente, la exhortación “procurad los dones” puede obedecerse solo durante el tiempo que estén disponibles los dones sobrenaturales. No estando disponibles, ¿con qué razón o lógica procurarlos? Ya que el tema de “La duración de los dones espirituales” es tratado en varios pasajes del Nuevo Testamento, abarcando importantísimas doctrinas tales como “el canon de textos inspirados” y “el cabal cumplimiento de la obra asignada al Espíritu Santo (Juan 16:13)”, le referimos, paciente lector, a los estudios pertinentes en www.editoriallapaz.org/dones_recursos_lista.htm .

2.  ¿“Procurad” cuáles dones? “Procurad, pues, los dones mejoresaconseja el apóstol Pablo en 1 Corintios 12:31. ¿Procurar solo “los… mejores” y nunca los demás? Ya Pablo había explicado que existía “diversidad de dones…”, añadiendo: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho(1 Corintios 12:4-7), enseñando que todos los miembros, con sus diferentes funciones, son necesarios (1 Corintios 12:12-30). De cierto, a la iglesia del Siglo I de la Era Cristiana le hacía falta todos los dones para lograr la organización autorizada por Dios, como también para llevar a cabo su misión y crecer hasta llegar todos los cristianos “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Bien que a los cristianos de Corinto se les concedía el derecho de procurar dones, aconsejándoles Pablo que solicitaran “los dones mejores”, es igualmente evidente que tomaba prioridad la voluntad divina por encima del “derecho” del solicitante, pues el Espíritu Santo administraba y repartía los dones (1 Corintios 12:4-10). Por lo tanto, cada cual debía conformarse con el don que le placiera al Espíritu conferirle, utilizándolo “para provecho”, sin envidia o resentimiento, porque “Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso(1 Corintios 12:18). Esta enseñanza puede parafrasearse de la siguiente manera: “Hay diversidad de dones. Tú puedes indicar tu preferencia, pero la determinación final corresponde a la Deidad. Ellos decidirán cuál don conferirle, si alguno, conforme a las circunstancias”.

-Aplicación al presente. Quienes procuran dones hoy día, solicitan, casi exclusivamente, tres en particular, a saber: lenguas, sanidades o profecías. ¿Quién del presente solicita (1) don de sabiduría, (2) don de ciencia (conocimiento espiritual), (3) don de fe, (4) don de hacer milagros, (5) discernimiento de espíritus o (6) interpretación de lenguas? Una pequeña minoría pide acaso algún don de esta segunda lista. “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales” escribe Pablo, introduciendo el tema en 1 Corintios 12:1. ¿Será que muchos creyentes del presente ignoren ciertos aspectos importantes de los dones, por ejemplo, que todos los dones eran necesarios para la formación completa de la iglesia en el molde hecho por Dios? No luce sabia o bíblica la obsesión de muchos creyentes del presente solo por “lenguas, sanidades y profecías”.

C.  Algunos cristianos en Corinto ya tenían dones. “Cuando os reunís, cada uno… tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación” (1 Corintios 14:26). ¿Por qué animar a la iglesia a procurar todavía más dones? Quizás para completar, extender o multiplicar los ministerios esenciales, con la meta de llevar toda la congregación a la madurez. ¿Crecía la iglesia en número? Al crecer, la congregación necesitaba más miembros capacitados para administrar, adoctrinar, planificar, efectuar obras, edificar y ayudar. Tengamos presente el que la iglesia en Corinto no disponía de los veintisiete libros inspirados los que componen el canon completo del Nuevo Testamento tal y como lo tenemos hoy día. Solo había recibido la instrucción verbal del apóstol Pablo durante los dieciocho meses de su estadía en aquella ciudad (Hechos 18:11) y acaso alguna que otra carta dictaba por el apóstol (2 Corintios 10:10). Para aquella iglesia en Corinto, “lo perfecto” no había llegado, es decir, no había recibido todo “conocimiento”, toda “profecía”. Conocía en parte; profetizaba en parte (1 Corintios 13:9). Era como niño. De hecho, aquella iglesia en Corinto era joven, no habiendo en ella miembros que contaran con largos años dedicados al estudio del evangelio, como también a las obras del reino espiritual. Necesitaba todos los dones para perfeccionarse en todo detalle. Convenía, pues, procurarlos, particularmente, los más útiles para edificar. A propósito, los miembros que ya tenían dones los habían recibido, indudablemente, a través de la imposición de las manos del apóstol Pablo, el fundador de la congregación en Corinto, ya que “por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo” (Hechos 8:14-18), es decir, los dones.

D.  ¿Procurar los dones quiénes? ¿Siempre recibía algún don todo aquel cristiano en Corinto que procurara uno? Quizás no, pues tener el derecho de solicitar no sería, necesariamente, garantía absoluta de ser complacido, a nuestro entender. En términos generales, cualquiera que sea la petición del cristiano, la voluntad de Dios es decisiva (2 Corintios 12:7-10). ¿Tenían dones sobrenaturales el hermano en Corinto que adulteró con la mujer de su padre (1 Corintios 5:1-5), los hermanos que eran “de menor estima en la iglesia” (1 Corintios 6:4), los hermanos débiles (1 Corintios 8:8, 11-12), los que se embriagaban en la cena del Señor (1 Corintios 11:20-22) o los que recibían “otro espíritu” u “otro evangelio” (2 Corintios 11:4)? Muy dudoso que todos y cada uno de esta categoría –cristianos mundanos, carnales, divisionistas- poseyeran algún don sobrenatural, o recibieran uno al procurarlo.

-“Pero sobre todo que profeticéis.”

A.  “Sobre todo” significa “por encima de todos los demás dones” o “más que cualquier otro don”. “Sobre todo”, procurar el don de profetizar. ¿Por qué procurar el don de profecía más que cualquier otro? El Espíritu Santo expone la razón: “Porque… el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (14:2-4). ¿Para qué profetizar? ¿Qué propósito ha de ser el principal del hermano que profetiza? ¡Edificar, exhortar y consolar! De hecho, EDIFICAR a la iglesia es, incuestionablemente, el enfoque céntrico del Espíritu de Dios en 1 Corintios 14, y no, en definitiva, el “hablar lenguas”. Consideremos la evidencia abrumadora encontrada en los siguientes siete versículos:

1.  “El que profetiza, edifica a la iglesia (14:4).

2.  “Para que la iglesia reciba edificación (14:5).

3.  “Pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia(14:12).

4.  “Porque tú… bien das gracias; pero el otro no es edificado(14:17).

5.  “Prefiero hablar cinco palabras… para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (14:19).

6.  “Hágase todo para edificación” (14:26).

7.  “Podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados (14:31).

B.  Ha de ser muy evidente para todo lector inteligente y espiritual que el propósito principal de los dones era el de EDIFICAR. Recalcamos y subrayamos: ¡EDIFICAR a la iglesia! “Procurad abundar en ellos.” ¿Para qué? “Para edificación de la iglesia” (14:12). No para “alabar a Dios”, no para “entretener a los congregados”, no para “sentirse el cristiano en comunión con Dios” ni “elevarse en éxtasis”. Tampoco para impresionar a los inconversos, sino para EDIFICAR a la iglesia. Lejos de instar a todo cristiano a “hablar lenguas”, lejos de exigir “lenguas” como “sello del Espíritu”, el apóstol Pablo enfoca la “edificación de la iglesia” como lo más importante.

-Aplicación. Muchos maestros religiosos del presente enseñan que el propósito principal de los dones, especialmente el de “hablar lenguas”, es capacitar al cristiano para “alabar a Dios”. Ya vemos que la Biblia no sostiene semejante doctrina, la que, a su vez, ha engendrado una manada alborotada de errores sobre la “manifestación del Espíritu Santo”, “alabanzas”, “señales”, el “bautismo en el Espíritu”, el “sello del Espíritu”, el “testimonio del Espíritu”, etcétera.

 

1 Corintios 14:2

“Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.”

 

-“Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende…”

Problema mayúsculo en Corinto: el hermano Plavio habla en lenguas
en la congregación, ¡pero nadie le entiende!

A usted, querido lector, quisiéramos presentarle a un hermano (hipotético) de Corinto llamado “Plavio”, esperanzados en que él nos ayude a comprender algunos errores en aquella congregación censurados por el Espíritu Santo a través del apóstol Pablo.

A.  “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres…” Pues bien, el hermano Plavio recibió el don de lenguas y las habla de cuando en cuando en la congregación, ¡pero no habla a los hombres!, es decir, a la feligresía presente. ¿Por qué “no habla a los hombres”? Pablo nos informa la razón en el mismo Versículo 2, a saber, porque “nadie le entiende”. Aplique su lupa espiritual a esta expresión, por favor, respetado estudioso, de manera tal que las palabras se vean bien grandes. “PUES NADIE LE ENTIENDE…”

1.  Voy a expresar una declaración de suma importancia: Se supone que sus oyentes entiendan a Plavio. Se sobreentiende que debieran poder entenderlo. Traigo dos evidencias:

a)  Primera evidencia: el caso de los apóstoles en Pentecostés. Cuando los apóstoles hablaron lenguas en Pentecostés, ¡los hombres sí les entendían! Entendían “las maravillas de Dios” que proclamaban los apóstoles en “otras lenguas”. Todas las personas de “la multitud” que se juntó en Jerusalén entendieron las predicaciones de los apóstoles en “otras lenguas” (Hechos 2:1-12). Los apóstoles hablaban en “otras lenguas” a los hombres de unas cuantas naciones, ¡y todos entendían! Fraseamos este hecho de varias maneras con el propósito de que se grabe en la mente. En Pentecostés, los apóstoles hablaban en lenguas a los hombres, ¡y los hombres entendieron lo hablado!

b)  Segunda evidencia: el caso de Cornelio, “sus parientes y amigos”. Al hablar “lenguas” Cornelio y los suyos, “los fieles de la circuncisión” les entendían, y esto se deduce porque entendían que “magnificaban a Dios” (Hechos 10:44-46). De no haberles entendido, ¿cómo estar seguros de que Cornelio, “sus parientes y amigos” no hablaran disparates o que no magnificaran a otro dios?

2.  Los apóstoles hablan en lenguas a los hombres. También Cornelio y los suyos. Pero, el hermano Plavio no habla a los hombres. ¿Por qué no? Comparando los tres casos, descubrimos tres razones.

a)  Primera razón. Plavio habla en lenguas que ninguno de los presentes entiende. En cambio, los apóstoles hablaron en lenguas que sus oyentes sí entendían.

b)  Segunda razón. Plavio habla en lenguas que ninguno de los presentes entiende, no teniendo él mismo el don de interpretarlas. A diferencia, a los apóstoles no les hacía falta intérprete, pues sus oyentes entendían las lenguas que hablaban, habiendo nacido en ellas.

c)  Tercera razón. Plavio habla en lenguas que ninguno de los presentes entiende, no pudiendo interpretarlas él, como tampoco ninguna persona de la audiencia.

Por estas tres razones, ¡nadie entiende a Plavio! Este no habla a los hombres sino a Dios sencilla y llanamente porque los hombres que le escuchan no le entienden. Deberían poder entenderlo. El hermano Plavio, al darse cuenta de que ningún hombre le entiende, debería callarse en la congregación. Esto lo veremos plenamente comprobado más adelante en estos estudios sobre 1 Corintios 14.

3.  Los teólogos pentecostales postularían que nadie entiende a Plavio porque él habla, según ellos, “lenguas angelicales”. Discrepamos. Aseveramos que Plavio no habla “lenguas angelicales”; tampoco ningún otro miembro de la iglesia en Corinto. Consideramos algunas razones:

a)  Primera razón. Todo lo que enseña, exhorta y censura el Espíritu Santo en 1 Corintios 14 presupone que las “lenguas” habladas en Corinto fueran idiomas o dialectos hablados comúnmente por seres humanos. Damos un solo ejemplo, ya que nuestra meta es estudiar el capítulo entero, versículo por versículo. “Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mi” (Versículos 10 y 11). ¡“IDIOMAS” es el tema! Hablar otros idiomas mediante el don de lenguas. Sobre esta práctica en Corinto giran los Versículos del 1 al 33 de 1 Corintios 14.

b)  Segunda razón. Los ángeles hablan lenguas “angélicas”. Los humanos hablamos  “lenguas humanas”. Al escribir Pablo “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas” (1 Corintios 13:1), ciertamente se expresa él hipotéticamente. También al escribir: “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y se entregase mi cuerpo para ser quemado…” (1 Corintios 13:3). Enfáticamente, el apóstol no está afirmando haber hecho o logrado ninguna de las cosas que él proyecta hipotéticamente. Definitivamente, no está afirmando hablar “lenguas… angélicas”. El propósito obvio de sus comparaciones hipotéticas es poner de relieve el “camino aún más excelente” del amor, lográndolo de forma sumamente admirable e impactante. Tomemos nota: en Pentecostés, los apóstoles no hablan “lenguas” de ángeles sino los idiomas de los hombres presentes. Apuntémoslo: Cornelio, sus parientes y amigos no hablan las “lenguas” de ángeles sino idiomas, o dialectos, que “los de la circuncisión” ENTIENDEN, sin necesidad de intérprete. Lo que hacen los apóstoles, Cornelio y los suyos al hablar “otras lenguas” define, de una vez para todas, la naturaleza del don de lenguas. El poseedor de este don podía hablar otros idiomas humanos, sin tener que aprenderlos. Nada tenía que ver el don con hablar las lenguas de los ángeles en el cielo. ¿Con qué razón o lógica pretender, pues, que Plavio hablara “lenguas angelicales”?

c)  Tercera razón. Cesaría el tipo de lenguas habladas en Corinto. Cesarán las lenguas” (1 Corintios 13:8). ¿Cuáles lenguas cesarían? Las lenguas humanas habladas milagrosamente mediante el don de lenguas para proclamar prontamente el evangelio “a toda criatura”. No cesarían las lenguas humanas habladas normalmente por los seres humanos en la tierra. No cesarían las lenguas angélicas habladas normalmente por los ángeles en el cielo.

d)  Cuarta razón. El don de “lenguas” de 1 Corintios 14:2 es el mismo que el don de hablar “diversos géneros de lenguas” mencionado en 1 Corintios 12:10. “Géneros de lenguas” quiere decir “familias, o categorías, de idiomas”. Por ejemplo, hoy día, algunos “géneros de lenguas” son:

(1)  El género romance de lenguas, derivadas del latín: italiano, francés, español, portugués.

(2)  El género asiático de lenguas: los innumerables idiomas y dialectos de Japón, la China, la India, Indonesia, Vietnam, Cambodia, Corea del Sur, Corea del Norte.

(3)  El género indoeuropeo de lenguas: polaco, alemán, inglés, holandés y demás idiomas del norte de Europa.

El don sobrenatural de hablar “diversos géneros de lenguas” humanas sin la necesidad de aprenderlas facilitaba enormemente la predicación del evangelio prontamente “a toda criatura” (Marcos 16:15-16). Para ese mismo propósito fue usado en Pentecostés y, sucesivamente, dondequiera que los cristianos esparcieran las “buenas noticias” en aquel mundo. De cierto, el uso dado al don de lenguas por los apóstoles y demás cristianos que lo recibieron constituye prueba contundente de que no se trataba de “lenguas angelicales” sino de “diversos géneros de lenguas” humanas.

Esta identificación de las “lenguas” de 1 Corintios, los Capítulos 12, 13 y 14, la confirma, recalcamos, lo ocurrido en aquel día de Pentecostés, diez días después de la ascensión del Señor Jesucristo. Contemplemos más de cerca los eventos. Los apóstoles, algunos de ellos “hombres sin letra y del vulgo” (Hechos 4:13), recibiendo el poder del Espíritu Santo, pudieron anunciar “las maravillas de Dios” en las lenguas natales de la multitud multinacional que se juntó al escucharse “un estruendo como de un viento recio que soplaba”. Para tremendo asombro de los que oyeron a los apóstoles “hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Estos oyentes exclaman: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido”? (Hechos 2:1-13). Por cierto, aquellas personas que se congregaron no habían nacido en “lenguas angelicales”, “lenguas extáticas” o “lenguas jerigonzas”. Procediendo de distintos países –Mesopotamia, Capadocia, Ponto, Asia, Egipto, etcétera- cada una hablaba el idioma del lugar de su nacimiento. Algunos de los apóstoles, por ejemplo, Pedro y Juan, eran, reiteramos, “hombres sin letra y del vulgo”. Apenas sabían expresarse satisfactoriamente en su propia lengua. Sin embargo, dotados del poder divino, pudieron predicar en Jerusalén, en el día de Pentecostés, con gloriosa soltura, “las maravillas de Dios” (Hechos 2:11) en las mismas “lenguas” de los oyentes. ¡Verdadero milagro espectacular! Irrefutablemente, no hablaron “lenguas angelicales, extáticas o jerigonzas” sino las lenguas humanas de sus oyentes. ¡Hablaban a los hombres, entendiéndoles estos!

B.  “No habla a los hombres, sino a Dios.” Conque nuestro hermano Plavio habla en lenguas solo “a Dios”. Y, ¿por qué “a Dios”? ¡Porque Dios es el único que le entiende! No hablando Plavio alguna lengua humana que entienda al menos uno de sus oyentes en la congregación, solo Dios le entiende, pues estando Dios presente en Espíritu, y entendiendo toda lengua, sabe lo que dice Plavio.

a)  Ahora bien, ya hemos aprendido que el propósito primordial del don de lenguas, al igual que el de profetizar, es impartir información divina a los humanos. Adelantándonos un poco en el estudio de 1 Corintios 14, encontramos en el Versículo 16 la siguiente pregunta retórica: “Si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿Qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?” Subrayemos el propósito del don de lenguas: hablar “con revelación… ciencia… profecía… doctrina. Pero, ¡bendito!, Dios mismo es el autor de toda revelación, ciencia (conocimiento espiritual), profecía y doctrina. Así que, ¿con qué sentido comunicar a él en lenguas el mismo mensaje del que él mismo es el Autor? ¿Acaso a Dios le haga falta que los cristianos en la tierra le instruyan? Como dicen las Escrituras: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá?(1 Corintios 2:16). Sucede, pues, que Plavio, osando hablar en lenguas en presencia de seres humanos, ninguno de los cuales le entiende, realmente hace un papel ridículo, a saber: ¡habla sola a Dios, el único que le entiende, pero a la vez, el único que no necesita instrucción!  

(1)  Esta misma acción de hablar en lenguas en presencia de quienes no las entiendan es censurada expresa e implícitamente en todo el Capítulo 14 de 1 Corintios.

(2)  Por consiguiente, mediante la expresión “El que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios”, el apóstol Pablo no está asentando una doctrina sino describiendo un hecho. ¡Un hecho que no debería ocurrir! Plavio, al hablar osadamente en lenguas que sus oyentes no entienden, comete una grave infracción de directrices establecidas por el Espíritu Santo. El que Dios entienda lo que dice Plavio no altera el caso.

(3)  Lejos de percibir “doctrina” en la expresión “El que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios”, deberíamos detectar más bien cierta ironía, por el hecho de no necesitar Dios que ningún cristiano le “instruya” o “edifique”, hablándole en la “lengua” que sea.

b)  El lector atento e inteligente observa que el texto dice: “…habla… a Dios”. No dice “alaba a Dios”; tampoco “gime alabanzas a Dios”, sino “habla”. Al decir “habla… a Dios”, no se trata de “lenguas para alabar”, “lenguas extáticas de alabanza”, “lenguaje de alabanza dado por el Espíritu” o “lenguaje misterioso de alabanzas”. Cero apoyo en 1 Corintios 14 tiene semejante concepto de “lenguas”. Concepto puramente humano, inventado y promovido por William J. Seymour y sus simpatizantes, quienes fundaron el tipo de pentecostlismo popular del presente, en Los Ángeles, California, Estados Unidos de América, a principios del Siglo XX. Certeramente, no hay dos clases de lenguas habladas por el Espíritu en 1 Corintios 14. No hay, por un lado, “lenguas angelicales de alabanza”, y por otro, “lenguas para impartir “revelación… ciencia… profecía… doctrina”. El apóstol Pablo analiza en el Capítulo 14 la única clase de “lenguas” hecha disponible por el Espíritu Santo, a saber, la cuya función era impartir información divina a seres humanos, particularmente a inconversos (Versículo 22).

c)  Incuestionablemente, la frase “habla… a Dios” en el Versículo 2 nada tiene que ver con “alabar a Dios mediante lenguas extáticas o angelicales”, pero ya que muchos argumentan obstinadamente lo contrario, nos detenemos para indagar un poco más. Con raras excepciones, los pentecostales (avivados, carismáticos) confiesan que no saben lo que dicen cuando “alaban con lenguas”. Siendo así, que no entienden lo que dicen, naturalmente surge la pregunta: ¿Entonces, qué valor tiene su acción ante Dios? Sonidos, llamados “lenguas de alabanza”, salen de la boca, a menudo en medio de gemidos, llantos y griterías, pero, suponiendo que transmitan alguna “alabanza” o “mensaje para Dios”, ni el intelecto ni el espíritu del adorador comprenden la comunicación. Asimismo llegan, según se asegura, a los oídos de Dios; sonidos misteriosos e incomprensibles que el Espíritu Santo dio al adorador, conforme a la doctrina pentecostal. O sea, provienen del Espíritu Santo, pasan a través del adorador avivado como medio –revolcando las emociones de este, pero oculto su significado a su intelecto- y llegan a los oídos de Dios, quien descifra su mensaje, agradándole inmensamente tales “alabanzas”. ¡Curioso en extremo!

-¿Hemos de creer que a Dios le agraden las alabanzas de adoradores que no entienden lo que dicen? De cierto, no hay precedente o mandamiento en todo el Nuevo Testamento para tal clase de alabanza. El Dios que es la máxima expresión de inteligencia, que nos creó a su imagen, que ensalza infinidad de veces en las Sagradas Escrituras el conocimiento, el entendimiento y la sabiduría, ¿se goza con las alabanzas de quienes ignoran lo que dicen? Realmente, ¡inconcebible! Afirmamos confiadamente que el Todopoderoso Dios no pide tales alabanzas, ni las facilita mediante su Santo Espíritu. Reiteramos: estas “alabanzas mediante lenguas jerigonzas o extáticas”, erróneamente llamadas “angelicales”, son la creación de William J. Seymour y la nueva iglesia “pentecostal” que él formó en Azusa Street, Los Ángeles, California, en 1906. En su empeño desesperado de “hablar lenguas”, Seymour y sus simpatizantes recibieron el falso “don” de “lenguas extáticas”. Ya que estas no comunicaban ningún mensaje entendible, concibieron, para justificarlas, la idea de representarlas como “lenguas misteriosas de alabanza”, doctrina “avivada” que satisface solo a los ingenuos que desconocen o malinterpretan la verdadera “sana doctrina”, “la doctrina de Cristo” (1 Timoteo 4:16; Hebreos 6:1), sobre el don de lenguas.

-“Aunque por el Espíritu habla misterios.”

A.  Qué conste: esta frase no dice “habla lenguas misteriosas sino “habla misterios”. Tampoco dice alaba mediante lenguas misteriosas” sino “habla misterios”. Los elementos de “lenguas misteriosas” y “alabar” son introducidos en el texto por hombres que intentan ajustar las Escrituras a creencias y prácticas de origen humano.

B.  En el Nuevo Testamento, el vocablo “misterios” identifica los designios y las acciones de Dios encaminados para salvar a la humanidad a través del sacrificio de su Hijo. Concebidos “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:3-14), y realizados por medio de Cristo, el evangelio y la iglesia, son verdaderos “misterios” para el incrédulo, el hombre natural y “los príncipes de este mundo” (1 Corintios 2:7-16), pero no para el hombre espiritual y entendido.

1.  “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció” (1 Corintios 2:7-8).

2.  “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios (1 Corintios 4:1).

3.  “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:9-10). Pues bien, lo que se da a conocer, y se entiende, ya no es misterio en el sentido de ser oculto o incomprensible.

4.  “Que por revelación me fue dado el misterio… leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo(Efesios 3:3-4). Enfoquemos estas palabras con una lupa potente. Lo que el apóstol Pablo llama “misterio”,  fue revelado, se puede leer y es entendible. Así que, ya no es “misterio” en el sentido de ser algo oculto, indescifrable, ininteligible, no entendible.

C.  Al hablar nuestro hermano Plavio en lenguas, habla “por el Espíritu… misterios”. Es decir, por el poder del Espíritu Santo que él posee, poder que le capacita para hablar otros idiomas sin aprenderlos, Plavio habla sí “sabiduría de Dios”, la que estaba una vez “oculta”, pero que ahora es revelada. Si sus oyentes pudieran entenderle, podrían alcanzar “conocimiento en el misterio de Cristo”, pero no reciben luz divina alguna porque ninguno entiende las lenguas que Plavio habla. Prestemos mucha atención: el hermano Plavio no habla “por el Espíritu” alabanzas. Él no “alaba por el Espíritu”; no “alaba en lenguas angelicales por el Espíritu”. Más bien, “por el Espíritu habla misterios. Esto significa, repetimos, que expone verdades divinas, revelando la “voluntad” de Dios. Él sería uno de los “administradores de los misterios de Dios”, pero “mal administrador” al abrir su boca y hablar “los misterios de Dios” en presencia de personas que no entendieran sus lenguas.

 

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1 Corintios 14:3. Exposición versículo por versículo de 1 Corintios 14. "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación." El hermano Acacio, de Corinto, posee el don de profecía. Al usarlo, la congregación en Corinto le entiende, recibiendo "edificación, exhortación y consolación". ¿En qué idioma profetiza él? ¿Proveía Dios para la proclamación de profecías por medio del don de lenguas extrañas? El caso del hermano Plavio. "Muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1).

 

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