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-Seis páginas.
Samaria evangelizada.
Se bautizan hombres y mujeres.
Algunos reciben dones sobrenaturales.
-8:4-5. “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.”
1. ¿Quiénes “fueron esparcidos”? “Todos” los cristianos en Jerusalén “salvo los apóstoles” (8:1).
2. ¿Qué motivó este esparcimiento? “Una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén” (8:1). Aquella congregación no era pequeña en número; tampoco era pequeña la persecución levantada contra ella. La iglesia en Jerusalén fue establecida en el día de Pentecostés. “Se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41). Incrementó notablemente el número después de la curación del cojo de nacimiento y el discurso de Pedro en el pórtico de Salomón. “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4). Luego, más señales y prodigios fueron hechos por los apóstoles, “y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres” (Hechos 5:14). Al delegar los apóstoles ministerios a los siete varones llenos del Espíritu elegidos por la congregación, “crecía la palabra del señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7).
-De estos datos se desprende que la “gran persecución” impactó a millares y millares de creyentes, los que “fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria”. Ésta fue el principio de la “gran tribulación” (1 Tesalonicenses 1:6; Apocalipsis 1:9), a la que sería sometida la iglesia verdadera hasta que Cristo conquistara a los diez cuernos (reinos) hacia fines de la Edad Medieval y durante el Renacimiento, consiguiendo libertad y protección para la iglesia por un tiempo (Apocalipsis 17:12-17; 20:1-10).
-Los expositores que programan la “gran tribulación” para después de la Segunda Venida de Cristo, ¿toman en cuenta que la iglesia sufría “gran persecución” a partir de su establecimiento en Jerusalén y durante los próximos dieciséis siglos? _____ En sus proyecciones, ignoran, al parecer, mucha historia de la iglesia, fallo elemental que produce escenarios y expectativas mal fundados tales como, por ejemplo, “gran tribulación después de la Segunda Venida”.
3. ¿Quién predicó a los samaritanos? Felipe, uno de los “siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” (Hechos 6:3-6). Ningún apóstol; solo Felipe en la fase inicial, permaneciendo los apóstoles en Jerusalén (8:1).
4. ¿Qué mensaje proclamó Felipe en la ciudad de Samaria? “Predicaba a Cristo.” Su mensaje giraba en torno a “Cristo”, o sea, en lenguaje corriente, lo suyo fue un mensaje “Cristo céntrico”.
a) ¿Pero que decía Felipe acerca de Cristo? “Cristo le ama. Cristo hizo muchos milagros; quiere hacer un milagro en usted. Cristo murió por sus pecados. Crea en él; ¡arrepiéntase! ¡Acepte a Cristo ahora mismo! ¡Cristo viene! ¡Entréguese a Cristo!” ¿Estos puntos, nada más, ampliándolos, pero limitándose más o menos a ellos? El lenguaje del 8:12 indica que su mensaje abarcaba mucho más, observando Lucas, el autor de los Hechos, que Felipe “anunciaba” dos temas centrales: (1) “el evangelio del reino de Dios” y (2) “el nombre de Jesucristo”.
(1) “El evangelio del reino de Dios.” Tanto para Juan el Bautista como para Cristo durante su ministerio terrenal, el “reino de Dios” fue tema que expusieron a menudo mediante profecías, numerosas parábolas y explicaciones detalladas. Felipe no hace caso omiso del tema, no despreciándolo como “doctrinal”, “demasiado controversial” o “de poca importancia”. Anuncia “el evangelio del reino de Dios” a los samaritanos. ¿Podía hacerlo sin definir el reino, su naturaleza, propósito en el mundo, requisitos para ciudadanía, leyes de conducta, organización? Negativo. Tal cual Felipe, todo fiel predicador anuncia “el evangelio del reino”. Quien pretende predicar “a Cristo” sin predicar su “reino” queda corto como predicador.
(2) “El nombre de Jesucristo.” Anunciar “el nombre de Cristo” es proclamar salvación solo en el nombre del Señor, como también la autoridad, o potestad, del Señor. Pedro anuncia “el nombre de Cristo” ante “los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes”, diciendo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:5-12). El apóstol Pablo escribe: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” (Colosenses 3:17). “En el nombre”, es decir, por la autoridad de Jesús (Mateo 28:18-20). Efectivamente, “el nombre de Cristo” es tema que cubre muchas doctrinas y, además, requiere muchas aplicaciones prácticas en el ámbito religioso. Así es que anunciar “el nombre” no es meramente vociferar “¡Cristo, Cristo, Cristo le ama! ¡Cristo sana y salva!” sino exponer doctrinas de gran peso, las que, obedecidas, conducen a la salvación del alma.
8:6. “Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.”
1. Los samaritanos escuchaban “atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo…”.
a) Entre “las cosas que decía Felipe” figuraban (1) “el evangelio del reino” y (2) “el nombre de Jesucristo”. Estas “cosas” componen la palabra de Dios, medio divino que produce fe en el oyente inteligente. “La fe es por oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Los samaritanos “escuchaban atentamente” la palabra predicada por Felipe, creyéndola y recibiéndola. “Los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios” (8:12 y 14).
b) Entre “las cosas que decía Felipe” también figuraba el bautismo. “Cuando creyeron” los samaritanos, ¿qué hicieron? “Cuando creyeron… se bautizaban hombres y mujeres” (8:12). ¿Quién les enseñó a bautizarse? Felipe. Fiel evangelista, este varón lleno del Espíritu comunica a los samaritanos todas las condiciones para salvación enunciadas por Cristo en la Gran Comisión: “El que creyere, y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16). Creer, arrepentirse y bautizarse “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38): estas son las condiciones indispensables. Pues al creer, los samaritanos se bautizan, y no meses o años después de creer sino enseguida. “Cuando creyeron… se bautizaban.” ¿No es muy evidente el enlace? Tan pronto creyeron ¡se bautizaron! ¿Por qué enseguida? Porque el bautismo Cristo lo hizo requisito “para perdón”, para ser “salvo”.
(1) Todo predicador fiel a la palabra inspirada predica el bautismo para perdón, no obviando nunca la segunda condición para salvación asentada en la Gran Comisión. Felipe predicó “a Cristo”, y al predicarlo enseñó el bautismo tal y como Cristo ordenó.
(2) En el presente tiempo, la gran mayoría de los predicadores ni siquiera menciona el bautismo en sus campañas evangelísticas o mensajes en las iglesias. ¡Qué diferencia! Algunos dicen: “Yo no predico iglesia o bautismo; solo predico a Cristo”, lo cual prueba que no están con Felipe, ya que este hombre inspirado predicó en Samaria tanto “iglesia” (reino) como “bautismo”. ¿Cuál “evangelio” resulta en almas salvas? ¿El que anunció Felipe o el “evangelio no doctrinal, no conflictivo, puramente meloso” de muchos evangelistas de actualidad?
2. “Viendo las señales que hacía.” ¿Por qué hizo Felipe señales en Samaria? Para confirmar la palabra que predicaba. El Señor ayudó a Felipe, “confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16:20). Al introducirse aquel evangelista en Samaria, no portaba un ejemplar del Nuevo Testamento, con sus veintisiete libros, pues aún no se había escrito ni siquiera uno de los libros. ¿Cómo convencer a los samaritanos que su mensaje procedía de Dios? Aquel pueblo no era fácil: raza mezclada y descarriada que adoraba lo que no sabía, según el testimonio de Cristo mismo (Juan 4:22). “Las señales” constituían la prueba fehaciente e impugnable.
a) ¿Predicó Felipe en la ciudad de Samaria una campaña tipo “¡Cristo sana y salva!”? A simple vista, notamos algunas diferencias.
(1) “Los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (8:4) ¿Anunciando qué cosa? ¿”Sanidad y salvación”? Negativo. El énfasis es sobre “el evangelio”, incluso “el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo”. Esto se debe, lógico, a que el evangelio “es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16), y no las señales.
(2) Felipe predicó el bautismo “para perdón de los pecados”, bautizando a los samaritanos tan pronto creyeran. En las campañas de “Sanidad y salvación” el bautismo no es presentado como esencial para perdón. Al contrario, se le dice a los que responden al llamamiento que son salvos al profesar fe en Cristo, nada más. Estos, al creer, no proceden al bautismo, y, por ende, no se salvan. En cambio, los samaritanos, al creer, se bautizaron enseguida, recibiendo salvación.
(3) Las señales que Dios hizo mediante Felipe eran milagros de verdad. En cambio, hay razones fuertes para cuestionar la autenticidad de las que supuestamente se hacen en las campañas de “Sanidad y salvación”. (En “Primera Carta Abierta para el evangelista Yiye Ávila” y “Los espíritus avivados” se pone en alto relieve la distinción entre dones auténticos y dones ficticios.)
(a) Entre las señales que hizo Felipe en Samaria se notan las siguientes: “De muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados” (8:7). A consecuencia de estos milagros verdaderos, incuestionables, indubitables, “había gran gozo en aquella ciudad” (8:8). Contrasta con aquellas escenas lo que suele suceder en actuales campañas de “Sanidad y salvación”: las “señales” hechas en éstas causan griterías eufóricas de parte de algunos partidarios carismáticos e ingenuos propensos a la sugestión, pero dudas, incredulidad o aun burlas en otros.
(b) En Samaria “había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria”, pero “también creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (8:9-13). Aquel que había sido mago “estaba siempre con Felipe” presenciando “las señales y grandes milagros”. No detectando ningún engaño, trampa, artimaña o arte de magia, “estaba atónito”. Pero, ¿qué tal si pudiera volver a la tierra y acompañar a los “sanadores” actuales en sus campañas de “Sanidad y salvación”? Seguramente, descubriría en un dos por tres las artimañas psicológicas y emotivas utilizadas astutamente para hacer creer que ocurran señales de verdad, siendo lo opuesto la realidad.
b) En Samaria, señales y grandes milagros auténticos seguían la palabra predicada por Felipe, confirmando su origen divino. En la actualidad, señales y prodigios mentirosos (2 Tesalonicenses 2:9) siguen los evangelios pervertidos, confirmando su origen humano.
8:14-18. “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero…”. Estos acontecimientos y observaciones arrojan mucha luz sobre el proceso de impartir los genuinos dones sobrenaturales en el primer siglo de la Era Cristiana.
1. El evangelista Felipe podía hacer señales y grandes milagros, pero él mismo no tenía el poder de impartir a las personas convertidas ningún don sobrenatural.
2. Solo los apóstoles disponían del poder de impartir dones sobrenaturales a los cristianos de aquel tiempo. Los apóstoles Pedro y Juan viajan desde Jerusalén a Samaria con el expreso propósito de impartir dones a los samaritanos convertidos. Simón observó las acciones de los dos apóstoles y “vio… que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo” (8:18). ¿Vio Simón que Felipe impartiera dones mediante la imposición de sus propias manos? Negativo. Comprendió que solo los apóstoles tenían semejante poder. ¿Vio Simón que los dones fuesen recibidos solo mediante la oración de los apóstoles? Negativo. Los apóstoles “oraron por” los samaritanos “para que recibiesen el Espíritu Santo” (8:15), pero lo reciben “por la imposición de las manos de los apóstoles”. “Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (8:17-18).
a) Sin duda, este poder cardinal distinguía a los apóstoles de los demás hermanos que recibieron algún don sobrenatural. “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Corintios 12:12). ¿Qué eran “las señales de apóstol”? No solo los prodigios y milagros que otros cristianos también hacían conforme al don que cada uno recibía, sino el poder sobrenatural muy especial de impartir dones a través de la imposición de sus manos.
b) Simón se percató de estas verdades, pero los carismáticos del presente no las perciben.
c) Tampoco perciben los carismáticos del presente una conclusión importantísima sobre la duración de los dones, a saber: al ser los apóstoles los únicos con el poder de impartir dones mediante la imposición de sus manos, muertos todos ellos, ¡no quedaba en la tierra hombre alguno que impartiera dones sobrenaturales! Esto mismo es lo que sucedió, y todo conforme a los designios de Dios. El Espíritu Santo obra mediante los dones para revelar a los apóstoles “toda la verdad” (Juan 16:13). Esta verdad es confirmada por las señales que la seguían (Marcos 16:20), señales hechas por cristianos que recibieron dones sobrenaturales mediante la imposición de las manos de los apóstoles. Revelada toda la verdad, ampliamente confirmada la verdad y fallecidos todos los apóstoles, ¡cesan los dones sobrenaturales!, cumpliéndose la profecía al respecto que el Espíritu por Pablo anunció en 1 Corintios 13:8-13. ¿No armonizan perfectamente todas estas enseñanzas?
d) Dadas estas verdades, ¿es de extrañarse que las señales y los prodigios de los carismáticos del presente enseñen rasgos de falsedad?
3. Aclaraciones sobre “nacer del Espíritu”, recibir el “don del Espíritu Santo” y recibir los dones sobrenaturales.
a) Al escuchar atentamente el evangelio, creerlo y bautizarse, los samaritanos nacieron del Espíritu y del agua (Juan 3:1-7). Bautizándose, recibieron “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38), poder que recibe toda alma obediente, sin excepción. Pero, no recibieron de inmediato ningún don sobrenatural. En virtud de obedecer al evangelio puro, se salvaron y fueron añadidos a la iglesia del Señor (Hechos 2:47), pero ninguno recibió de inmediato ningún don sobrenatural. Ninguno habló al instante lenguas extrañas. Ninguno comenzó a profetizar por el Espíritu. Ninguno hizo señal alguna de índole sobrenatural. ¿Cuántos días o semanas pasaron entre la conversión de los samaritanos y la llegada de los apóstoles a Samaria? Cualquiera que fuese el lapso de tiempo, durante él los samaritanos convertidos no tenían ningún don sobrenatural. Analizadas objetiva y despasionadamente estas circunstancias, es del todo evidente que los samaritanos gozaban de salvación y estaban en la iglesia verdadera, habiendo nacido del Espíritu, antes de hablar lenguas o recibir cualquier otro don sobrenatural. Esta realidad desmiente la tesis pentecostal, la que exige “lenguas” como señal de salvación.
b) La frase “para que recibiesen el Espíritu Santo” (8:15) es sinónima de “recibir los dones sobrenaturales”. Todo el contexto sostiene esta conclusión. Recalcamos: al obedecer al evangelio, bautizándose, los samaritanos nacieron del Espíritu, recibiendo cada uno “el don del Espíritu Santo”, pero ninguno recibe de inmediato ningún don sobrenatural hasta no llegar los apóstoles Pedro y Juan. La distinción entre “el don”, singular, y “los dones espirituales” (1 Corintios 12:1), plural, es válida, y no es arbitraria, enseñanza que será corroborada mediante estudios adicionales.
Homero.
SAMARIA. Latín: «Samaria»; griego «Samar[e]ia», del arameo. «Shãmerayin.
(a) La capital de las diez tribus durante la mayor parte de la historia del reino del norte; fue edificada por Omri sobre una colina que adquirió por dos talentos de plata de un hombre llamado Semer, que significa «montar guardia». Omri llamó Shõm'rõn a la ciudad, derivando su nombre del de Semer (1 R. 16:24).
Desde el mismo comienzo de su historia, Samaria fue una ciudad llena de idolatría. Acab abrió el camino a los cultos paganos al erigir un templo y un altar a Baal (1 R. 16:32). Cuatrocientos profetas de Astarté comían a la mesa de Jezabel (1 R. 18:19), y es probable que el monolito sagrado, emblema de esta divinidad, subsistiera hasta el reinado de Jehú (2 R. 13:6). Los falsos cultos, combatidos por Elías, comportaban embriaguez e inmoralidad (Os. 7:1-8; Am. 4:1; 8:14; cfr. 1 R. 18). Eliseo vivía en Samaria (2 R. 5:3-9), donde vivía asimismo el profeta Oseas.
La ciudad cayó bajo un juicio catastrófico. Los asirios, bajo el reinado de Salmansar V, asediaron la ciudad el año 724 a.C.; finalmente, el año 722, o a inicios del año 721, cayó en manos del rey de Asiria (2 R. 17:3-6). Sargón, sucesor de Salmansar V, accedió al trono en el año 721. Él se atribuye la toma de la ciudad (véase SARGÓN). El conquistador deportó a los israelitas de Samaria, y puso en lugar de ellos a babilonios y otros extranjeros (2 R. 17:24). Pompeyo la incluyó en la provincia romana de Siria. Gabinio la volvió a fortificar (Ant. 14:4, 4; 5, 3). Herodes el Grande la reconstruyó, la fortificó y le dio el nombre de Sebasté (fem. de Sebastos, forma gr. del lat. «Augustus»), en honor del emperador, protector de Herodes (Ant. 15:8, 5). (Información tomada del Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Editorial Clie, CD-ROM.)