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Contraportada para el Debate Porter-Dugger con fotografías y datos

Primera afirmativa de Curtis Porter a favor del primer día

Debate Porter-Dugger sobre el Primer Día de la semana y el Séptimo Día

Esta gráfica digital pone de relieve el número 7 y las palabras Séptimo Día, identificando la Primera Negativa de A. N. Dugger, defensor del séptimo día, en el debate por escrito con Curtis Porter, defensor del primer día de la semana como el día cuando la iglesia debe congregarse para adorar a Dios.

Proposición

Las Escrituras enseñan que el primer día de la semana como día de adoración es impuesto al pueblo de Dios durante la presente Era del mundo.

Primera Negativa por D. N. Dugger, de la Iglesia de Dios del Séptimo Día.

Al iniciar la discusión amena de la segunda proposición lo tenemos por muy importante ser fiel a la Palabra divina de Dios, tal cual expuso el obispo Porter. La Palabra de Dios es el estándar, y por ella seremos juzgados en el día final. Consiguientemente, establecer otro día para adorar durante la edad cuando rige el evangelio que no sea el día bendecido por nuestro Creador y seguido por su pueblo escogido, cual fuera, en toda época, incluso la del evangelio, requerirá más que mera suposición o asunciones de invención humana. De haber sido hecho algún cambio en lo concerniente al día de reposo, esperaríamos encontrar algunos textos fuertes de las Sagradas Escrituras que respalden tan importante cambio. Si el obispo Porter puede hallar unos mandatos llanos a adorar a Dios el primer día de la semana, o siquiera un solo mandato, entonces gustosamente nos uniremos a él en servicio a Dios en este día popular mundano, el cual el mundo entero reverencia con jolgorio y entretenimiento. [Nota del traductor. Curtis Porter se identifica como “evangelista”. A. N. Dugger lo llama “Elder Porter”, con letra mayúscula. Optamos por la traducción “obispo Porter”, con letra minúscula, por tener la impresión de que una abrumadora mayoría de cristianos no entiende el significado bíblico de “elder”, cuya traducción al español es “anciano”, como tampoco entendería el significado bíblico de “obispo”. Bíblicamente, tanto “anciano” como “obispo” y “pastor” son sinónimos, no siendo títulos sino términos descriptivos para el que ejerce el obispado. Un estudio detallado al respecto se encuentra en www.editoriallapaz.org/pastor-obispo-anciano-sinonimos.html.]

En su Primera Afirmativa, lo único que ha hecho el obispo Porter es presentar textos que ordenan la ejecución de ciertas cosas el primer día de la semana, más sin embargo, en ningún caso se le ordena a la gente a congregarse en este día como si fuera el día del Señor, o congregarse en él en lugar del antiguo sábado. Tal vez nos presente en su próxima afirmativa algunos textos al respecto. Estamos seguros de que lo hará con tal de que existan, pero estemos muy atentos y veremos. Seguramente, habrá evidencia muy fuerte, dada a conocer de manera muy clara, al efecto de que un día nuevo haya sido designado para tomar el lugar del sábado de Dios bendecido al crearse el mundo, suponiendo que semejante cambio haya sido efectuado conforme afirma él.

Todos los textos presentados hasta el momento en su afirmativa tienen que ver con partir el pan el primer día de la semana, y llevar a cabo en referido día una ofrenda especial de frutas y provisiones para los santos pobres en Jerusalén, lo cual requería que se trabajara. Él dice que Jesús fue resucitado el primer día de la semana, y que por consiguiente, un cambio fue hecho, pero seguramente hubiésemos sido informados que, a consecuencia de su resurrección, los cristianos deberían observar este día [el primer día de la semana] en vez del antiguo séptimo día, es decir, si Dios realmente hubiese querido que se efectuara tal cambio. Dios comenzó su obra de creación el primer día de la semana, pero este hecho no lo hizo un sábado [día de reposo]. En el primer día de la semana Jesús caminó ocho millas [cinco kilómetros] con sus apóstoles a Emaus, y se reunió con ellos en un lugar donde estaban congregados por temor a los judíos, ordenando que se cerraran con llave todas las puertas a fin de que no entrara nadie. Seguramente, para Jesús, este hubiese sido un momento oportuno para informarles que debieran continuar reuniéndose el primer día de cada semana para propósitos que no fueran el que ocasionó aquella reunión –“por temor a los judíos”. Luego, después de ocho días se reunieron de nuevo, diciendo el obispo Porter que esto también ocurrió el primer día de la semana. Después de un día, no podía ser antes de la misma hora del lunes; después de dos días, la misma hora del martes; después de tres días, la misma hora del miércoles; después de cuatro días, la misma hora del jueves; después de cinco días, la misma hora del viernes; después de seis días, la misma hora del sábado; después de siete días, la misma hora del domingo; y después de ocho días, la misma hora del lunes. Sin lugar a dudas, esta es una matemática muy desacertada, e igualmente [desacertado] el argumento. Seguramente, el uso de tal texto de manera tan descuidada, diciendo que aquella reunión fuera el primer día, indica que él necesita desesperadamente alguna evidencia. El texto dice después de ocho días, y en realidad, pudiera haber sido unos cuantos días después de los ocho. [Nota del traductor. Palabras, frases o datos se añaden entre corchetes para facilitar el entendimiento de lo expresado en inglés, sin alterar en lo más mínimo el sentido del original.]

Ahora bien, llegamos a su próximo argumento acerca del mandato de Pablo a las iglesias de Galacia a poner aparte el primer día de la semana. Dice que si yo tuviera un texto tal como este en respaldo del antiguo día de reposo, tendría algo de verdad. Si hubiera en la Biblia un texto tal como este, me convencería que el antiguo día de reposo de Dios hubiera perdido, verdaderamente, su lugar entre cristianos, pues este era un mandato de recoger frutas y provisiones el primer día de la semana, y no un mandato a congregarse para adorar. Fue un mandato a trabajar el primer día de la semana, como verá usted claramente, con tal de seguirme en [la exposición de] textos subsiguientes. Este mismo mandamiento es mencionado en 2 Corintios 9 y Romanos 15, en adición al texto al cual el obispo Porter llama la atención. Pues bien, veamos lo que fue, precisamente, la naturaleza de este mandamiento y si requería que se trabajara el primer día para su ejecución. En Romanos 15:25-26, 28 leemos: “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. … Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España”. Esta es exactamente la misma ofrenda y para el preciso propósito. Había una sequía en la tierra y gran necesidad entre los santos pobres en Jerusalén, y dice que esta fue una cierta contribución, y que fue fruto. El texto tratándose, a saber, 1 Corintios 16:1-5, confirma claramente que fue la misma contribución. Dice: “Cada uno de vosotros ponga aparte algo… guardándolo”. Esto fue, pues, un asunto personal. No se dice ni una palabra sobre juntarse en una asamblea, sino que cada uno de vosotros debería poner aparta algo, guardándolo. Pable dice: “Iré a vosotros, cuando haya pasado por Macedonia” (versículo 5).

Aquí [en 1 Corintios 16:5] él [Pablo] se refiere a otros [hermanos] que irían con él para llevar las liberalidades a Jerusalén (versículo 3). Esto demuestra que la colecta no fue de monedas, o sea, de dinero, sino de liberalidades cuyo transporte requería asistencia. En aquellas áreas cosechaban higos, pasas, dáteles, etcétera, y este fue el fruto que Pablo menciona, el que componía la colecta para los santos pobres en Jerusalén (Romanos 15:25-26, 28), y era necesario trabajar para cosecharlo y juntarlo. En 2 Corintios 9:1-6  se llama “generosidad”, asentándose allí la razón tras el mandamiento, a saber, que Pablo deseaba que las iglesias estuvieran preparadas. Se trata de un mandamiento a laborar el primer día de la semana [cada uno] en su casa, y no de un mandamiento a congregarse en la iglesia. El obispo Porter me pregunta que si recogemos una ofrenda todo primer día de la semana, y si no, ¿por qué? Yo le pregunto: ¿recoge usted una ofrenda todo primer día para los santos pobres en Jerusalén? Si dice que no, entonces ¿por qué no? ¿No es verdad que su gente hace una colecta para los predicadores el día domingo, y que ni un centavo de ella es enviado a Jerusalén. Lea su Biblia y verá que aquella fue “una cierta contribución”  y para cierto propósito. Enseña a la gente sobre la benevolencia cristiana, y también que el primer día de la semana es un día de trabajo, no teniendo más significancia durante la Edad del evangelio de la que jamás tuviera.

[Notas importantes del traductor. Romanos 15:26, en la versión en inglés del Rey Santiago, dice “a certain contribution”, frase que traducida literalmente leería en español “una cierta contribución”. Las distintas versiones de la Reina Valera dicen “colecta” sin añadirse el vocablo “cierta”. Verificando traducciones de κοινωνιαν (G2842) por Joseph Thayer y James Strong, no vemos el equivalente del vocablo “cierta” en el griego original. Así que el lector de la Reina Valera no verá que diga “una cierta contribución” sino solo “una colecta”. Se supone que Curtis Porter aclare este asunto en una de sus afirmativas.]

Ahora bien, obispo Porter, nuestros lectores quisieran saber si usted recoge provisiones para los santos pobres en Jerusalén todo primer día.

No evada, pues, la pregunta como lo hizo en torno a muchas de mis preguntas en el debate previo. Viví en Jerusalén por más de seis meses sin jamás escuchar que llegara allí cualquier porción de sus bienes para los pobres. ¿Por qué no obedece usted el mandato de Pablo si aún ha de practicarse esto, y por qué no reciben los santos pobres en Jerusalén ninguna parte de su generosidad?

“Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Usted afirma que este mandamiento se hace extensivo hasta nosotros en esta Edad, y habiendo muchos santos pobres en Jerusalén, entonces ¿por qué no obedecerlo?

Usted dice que esto es de una palabra original que significa la tesorería [El Sr. A. N. Dugger se refiere a 1 Corintios 16:2, donde dice “…ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo…”.] Deniego esta aserción y demando prueba [a favor de ella]. Yo he estudiado el griego, y viví en Missouri por más de veinte años; así que, muéstrenos las evidencias. La Escritura dice: “…cada uno de vosotros ponga aparte… guardándolo…”. Pablo dice que se trataba de fruto, y que el mismo fue colocado en un almacén general; era necesario trabajar para guardarlo el primer día de la semana, y por esto mismo contiendo fervientemente, a saber, que el primer día de la semana es un día designado para este trabajo, como también para cualquier otro trabajo legítimo que el cristiano realizara en cualquier de los otros cinco días laborales. [Nota. El apodo del estado de Missouri es, en inglés, “Show me”, lo cual significa “Muéstramelo” o “Pruébamelo”, debiéndose este apodo al escepticismo típico de los ciudadanos de aquel estado.]

Él [Curtis Porter] dice que es razonable y fácil ver por qué a los cristianos les fue requerido que hicieran una ofrenda el primer día de la semana, ya que fue un día apartado para celebrar el partimiento del pan (Hechos 20:7). ¿Dónde se halla el mandamiento de participar de la comunión el primer día de cada semana? Si este fue el servicio de comunión (Hechos 20:7), entonces, ¿por qué no se menciona el vino? Pablo dice que “los días de panes sin levadura” habían pasado antes de que salieran de Filipos (Hechos 20:6). Ya que los apóstoles se reunían todos los días parta partir el pan (Hechos 2:46), ¿por qué no asumir que tomaran de la cena del Señor todos los días? Este servidor vivió en Egipto y Palestina durante unos siete meses, y todavía se escucha la expresión común “partir el pan” cuando la gente consume sus comidas de costumbre. El pan se hace de una masa que se tuerce, teniendo algunos [panes] un pie de largo [30 centímetros], y otros, hasta dos, y siempre los parten al comérselos. Esto da lugar en todo el país a la expresión “Partir pan” al comerse la comida común. Si este fuera un evento tan solemne e importante como la cena del Señor, ¿por qué no permanecieron los demás ministros, partiendo el pan con Pablo? Observamos que tomaron un barco, yendo adelante a Asón, la cual quedaba, por la ruta marítima, a unas setenta y cinco millas [cuarenta y veinte kilómetros] de la bahía de Troas. Quedándose Pablo en Troas y predicando durante las horas de la noche, podía caminar la mañana siguiente de un lado a otro del cabo (unas diecinueve millas –veintiocho kilómetros), reuniéndose con los hermanos allí [los que habían ido por barco]. Esto mismo lo hizo; nótese el versículo 13. Se trata de una reunión de despedida con estos hermanos [los de Troas], y eligió permanecer con ellos durante toda la noche después de la partida de los demás, y caminar la mañana siguiente a través del cabo, reuniéndose con ello [los que habían ido por barco]. La Escritura nos dice que se congregaron juntos el primer día de la semana para partir el pan, y que había muchas lámparas en los aposentos altos (versículo 8). De ahí, que esta reunión fue efectuada el sábado por la noche, ya que el primer día de la semana comienza con la puesta del sol del sábado, tiempo según la Biblia, ¿y qué derecho tenemos de usar cualquier otro tiempo? Cuando Dios hizo al mundo, había tinieblas sobre la faz del abismo, y el Señor dijo que fuera la luz y fue la luz, y las tinieblas y la luz él llamó el primer día. Las tinieblas siempre vienen primero, luego la luz. El sol fue hecho para gobernar el día, y la luna, las estaciones. Por esta razón, el día escritural comienza con la puesta del sol, y siempre fue así hasta que Roma lo cambiara a la media noche. En la actualidad, la gente usa una máquina hecha por el hombre (un reloj) para marcar las horas del día, más sin embargo, el reloj de Dios sigue funcionando, ninguno habiéndolo dado cuerda jamás ni programándolo de nuevo persona alguna. Aún marca el día de Dios, o el día del Señor, [el cual es] el séptimo día de la semana y no el primer día. El Señor dice: “…de tarde a tarde guardaréis vuestro reposo” (Levítico 23:32). Por lo tanto, el día en cuestión, el primer día de la semana, comenzó con la puesta del sol del sábado. Hasta el día de hoy, los judíos tienen esta misma costumbre de juntarse tan pronto pase el sábado, participando de una comida común la cual, en Palestina, muchos llaman “partir el pan”. Esto es exactamente lo que tenían en el tiempo de Pablo, pues aquella era una reunión de noche, y había muchas lámparas en los aposentos altos, y partieron el pan después de la medianoche. Lea los versículos del 7 al 11, inclusive. Consulte sus mapas sobre los viajes de Pablo y verá claramente que eligió predicar toda la noche, para entonces caminar a través del cabo, el cual [tenía un ancho] de aproximadamente diecinueve millas [veintiocho kilómetros] juntándose con los hermanos allá, siendo [el tiempo] la parte de luz del primer día de la semana. Generalmente, la práctica de los apóstoles era quedarse en un lugar por aproximadamente una semana, y pasar el día de reposo [sábado] con la iglesia, luego seguir adelante, como se hizo en este caso. Observará usted que después de guardar el sábado [día de reposo] en Troas, navegaron. Pablo permaneció hasta la mañana, habiendo predicado durante las horas de la noche, y según el relato, no partieron pan hasta después de la medianoche. Si usted, obispo Porter, cree que este es un mandamiento del Señor para el servicio de comunión [la cena del Señor], ¿por qué no lo obedece, participando de noche en su servicio de comunión? Llamándolo el Nuevo Testamento la cena del Señor, ¿por qué tomarla a medio día? ¿Está obedeciendo el mandamiento del Señor en esto? Ahora bien, no evada el punto en controversia sino, por favor, conteste la pregunta. Los lectores tienen derecho de saber, y estaremos esperando su respuesta.

Los apóstoles del Nuevo Testamento y sus seguidores guardaron la ordenanza de la cena del Señor conforme al tiempo apropiado por más de trescientos años, celebrándola una vez al año en el mismo día en el que Jesús derramó su sangre. Fue, y sigue siendo, una ordenanza anual, proveyendo prueba abundante lo siguiente. Pablo entregó la ordenanza a la iglesia en Corinto tal cual la recibiera del Señor. La Escritura dice: Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan…” [1 Corintios 11:23]. Pablo se lo entregó a la iglesia la misma noche que Jesús fue traicionado [Asimismo lee el texto original en inglés], y nos dice claramente que la ordenanza tiene como propósito anunciar “la muerte del Señor… hasta que él venga” [1 Corintios 11:26]. ¿Cómo puede uno anunciar la muerte del Señor cuandoquiera quisiera? Siempre ha sido la costumbre celebrar eventos importantes el mismo día de su ocurrencia, y ello tendría que ser una vez al año. ¿Podría usted celebrar sus cumpleaños todas las semanas, o en cualquier tiempo? Negativo. Acompañado de sus amigos, usted anuncia sus cumpleaños el mismo día cuando nació. El mundo aprueba el 25 de diciembre como el día para conmemorar el nacimiento de Jesús, y lo hace una vez al año, pero pasa por alto el día cuando actualmente murió, derramando su sangre, el que es de mucho más importancia. No celebraríamos la independencia el 4 de agosto, o una vez por semana o en cualquier tiempo. Nuestra independencia se celebra una vez cada año en el día apropiado, a saber, el 4 de julio. El día de la muerte del Señor, cuando derramó su sangre, era el día 14 del mes de abib, conforme nombrara Dios los meses, y no como los incrédulos los nombraran con nombres que el mundo usa hasta el día de hoy. El mes de abib debía ser el primer mes del año, correspondiendo más o menos a nuestro mes de abril. Israel siempre mataba el cordero, la que tipificaba a Cristo, el día 14 de esta luna, o mes, y Jesús fue crucificado en este mismo día. En Éxodo leemos: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año” (Éxodo 12:2), y también 13:5, y el Señor dijo a Israel: “…tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia… El animal será sin defecto… Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes” [Éxodo 12:3-8]  “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto” (Versículo 13). Este fue el comienzo de la Pascua, o cena del Señor, y nótese cuidadosamente lo que añade el Señor en el próximo versículo: “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”. Tome nota particularmente de las dos fases a seguirse en el cumplimiento de esta ordenanza sagrada. La distinción se hace claramente aquí, y en otros numerosos lugares. Debía guardarse como fiesta durante las generaciones de Israel, pero como fiesta perpetua por ordenanza. Esta última fase es la [instituida] por la ordenanza de Jesucristo, tal cual él la introdujo. La primera fase fue observada como una de las fiestas de Israel a través de sus generaciones, tal y como el Señor dijo que debería ser, y antes de morir Jesús en la cruz él introdujo la ordenanza de la cena, la cual debía ser perpetuada por siempre, también conforme a lo que el Señor había establecido. Por esta razón, la iglesia del Nuevo Testamento la guardó en su debido tiempo una vez al año, como vamos a demonstrar. No fue una ordenanza a guardarse en cualquier tiempo que la gente eligiera hacerlo sino en el tiempo apropiado especificado por el Señor.

En adición, leemos: “Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año” (Éxodo 13:10). Durante sus generaciones Israel obedeció y guardó esta ordenanza como una fiesta de siete días. Por esta razón José y María fueron a Jerusalén todos los años, como dice: “…y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42). Esto prueba conclusivamente que Israel guardó esta ordenanza como fiesta durante sus generaciones. Aquí se llama la fiesta de la Pascua. Se llama Pascua porque el ángel destructor pasó por Egipto aquella noche, y donde no fue hallada sangre de cordero azotó con muerte a la casa (Éxodo 12:29-30). De ahí que se llama la Pascua. Como dijo el Señor, el 14 de abib debía guardarse como fiesta durante las generaciones de Israel, también diciendo que debía guardarse perpetuamente como ordenanza. Hemos dado evidencia que comprueba el cumplimiento de la primera fase, pues José y María observaban la fiesta de la Pascua. Luego, justo antes de morir y derramar su sangre, Jesús introdujo por ordenanza el servicio de pan sin levadura y el fruto de la vid, los que simbolizaban su cuerpo y sangre.

Ahora, pasamos a Lucas 22 y veremos lo que encontremos. Aquí, leemos como sigue: “Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo” (Versículos 1 y 2). “Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua” (Versículo 7). Esto demuestra que Jesús fue muerto en el mismo día cuando fue muerto el cordero de la Pascua. El próximo versículo lee: “Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos” (Versículo 8). “Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: !Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;  porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” [Lucas 22:14-19]. Aquí encontramos que Jesús decía a sus apóstoles que no comería más del pan o bebería de la copa con ellos hasta que no todo fuera cumplido en el Reino de Dios. De esta manera, la ordenanza de la Pascua entraría en la segunda fase significante, debiendo continuarse perpetuamente como ordenanza. Debía permanecer a través de la dispensación de los gentiles y aun después en el Reino de Dios, cuando Jesús participaría de ella de nuevo con sus apóstoles. Esta es la razón por la cual los apóstoles observaron la cena del Señor, siendo la misma la ordenanza de la Pascua [celebrada] una vez al año en su tiempo apropiado, y en el mismo día cuando murió Jesús.

En el capítulo anterior de Lucas, es decir, el capítulo 21, Jesús estaba dando instrucciones especiales a los apóstoles en lo concerniente al advenimiento del Reino de Dios, en el que participaría de la ordenanza de la Pascua en su segunda fase significante. Nótese el versículo 21 donde dice: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (Lucas 21:24-31). Así que, el Reino de Dios del cual hablaba Jesús no vendría hasta después del tiempo de los gentiles, lo cual es aún futuro, y entonces se sentará y participará de la misma Pascua anual, en su forma de ordenanza, de la manera que la introdujo con pan sin levadura y fruto de la vida.

En 1 Corintios 11, hallamos al apóstol Pablo dando los emblemas del cuerpo inmolado del Señor y su sangre derramada a los hermanos en Corinto, y dice: “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan…” [1 Corintios 11:23], etcétera. Pablo lo introduce por la noche, y no por el día, a mediodía. Obispo Porter, ¿porqué no sigue usted a Pablo, y a Jesús? No come usted su cena a mediodía, entonces ¿por qué intenta comer la cena del Señor a mediodía? En adición, Pablo dice: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (Versículo 28). Al ser dispersada la iglesia y obligada a huir a las montañas y desparramada a causa de persecución, no siempre sería posible que guardara la Pascua por ordenanza siquiera una vez en el año. En muchas ocasiones no podría observarla, y esto fue así después de comenzarse la persecución cuando los miembros fueron coaccionados a huir cientos de millas [kilómetros] bosque y montaña adentro, más sin embargo, siempre y cuando pudieran guardar la Pascua, en su forma de ordenanza, tal cual entregada a ellos por Jesús, anunciarían su muerte hasta que él viniera. El Señor sabía que la iglesia sería perseguida, expulsada a los bosques y montañas, lo cual sucedió, y por más de mil años fue desparramada así. Por lo tanto, no sería posible que guardara la Pascua en su forma de “ordenanza” todos los años, y por esta razón dijo: “…todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. Así desparramada, la iglesia subsistía comiendo pescado, venado y otros animales salvajes, no pudiendo celebrar la Pascua, en su forma de ordenanza, por falta de las provisiones necesarias, a saber, granos para el pan y uvas como fruto de la vid. Consecuentemente, la expresión “…todas las veces que hicieras esto…” no quería decir que este evento sería celebrado, o podría celebrarse, en cualquier tiempo que no fuera el mes y el día del mes cuando ocurrió. Esta es la razón por la cual los apóstoles guardaron la fiesta una vez por año, lo cual las Escrituras siguientes comprueban claramente. Leemos como sigue: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8). Esto hace muy claro que la fiesta acerca de la cual el Señor había declarado que sería guardada en su tiempo año tras año, perpetuamente, Pablo aún la guardaba. No se estaba guardando como los judíos la observaban, pues ellos debían guardarla como una fiesta durante sus generaciones (Éxodo 12:14), pero debía guardarse sempiterno en la forma de su segunda fase. Pablo dijo que Cristo, nuestra Pascua “…fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta…” He aquí un mandamiento de guardarla, y cualquiera cosa que Pablo nos mande a ejecutar es mandamiento del Señor. Entonces, ¿por qué no guardar la fiesta de acuerdo a lo que Pablo dice, “no con la levadura vieja”, sino como Cristo nos la dio? Y Pablo dice claramente que la entregó “la noche que fue entregado”. Además, hallamos que Pablo rehúsa permanecer más tiempo en Éfeso porque iba rumbo a Jerusalén para guardar la fiesta. Dice: “…sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso” [Hechos 18:21]. A manera de evidencia adicional que Pablo enseñaba a las iglesias a guardar su mandamiento sobre la Pascua (1 Corintios 5:7-8) por medio de guardarlo él mismo, leemos: “Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.” [Hechos 20:6-7] La cena del Señor había sido celebrada antes de que salieran de Filipos. Fue una ordenanza anual y debía guardarse “en su tiempo, año tras año, eternamente”. Por lo tanto, fue una comida común y corriente, nada más, la de la cual los discípulos participaron en Troas. Dice que se juntaron para partir el pan, y aquella expresión fue, y sigue siendo, la expresión común usada en aquel país para identificar lo que llamamos una comida. En la reunión en Troas, no se menciona vino, y además, no es dado ningún mandamiento a partir pan todo primer día, pero se nos dice que tenían cosas en común entre ellos y que partían el pan diariamente (Hechos 2:46), lo cual era una comida común y corriente, cosa admitida. Así que, se reunirían en este primer día para partir pan, pues lo hacían todos los días, y fue con este propósito que los discípulos se congregaron en Troas, ya que lo dice claramente. No dice que se juntaran para adorar a Dios, ni que lo hicieran para escuchar una prédica, sino que el propósito de la reunión era partir el pan, lo cual era su forma acostumbrada de hacer referencia a sus comidas. ¿Por qué precipitarse a formar conclusiones, reclamando que esta fue una reunión religiosa programada a tomar lugar todo primer día de la semana, dado que las Escrituras no lo dicen en ningún lugar? Usted está asumiendo esto. Es un salto en la oscuridad, y lo único que le provee es una paja débil con la que hace suya la práctica mundana popular de guardar el domingo. Usted sabe que guardar el sábado le separa del mundo, y le hace tan diferente que usted no quisiera sacrificar tanto, o llevar la cruz. Por lo tanto, como un hombre ahogándose, usted se echa mano a una paja para respaldar esta institución pagana santificada por la Iglesia Católica Romana y forzada sobre el mundo para que tome el lugar del antiguo sábado. Los católicos mismos dicen claramente en sus propios libros que instituyeron el domingo porque no querer tener en común con los judíos un día de descanso. En una época los judíos eran el pueblo elegido de Dios, y consiguientemente, observaron el día escogido por Dios. El que los judíos dieran la espalda a Dios, olvidándose de él, no es razón para cambiar y aceptar Dios otro día aparte del que él había escogido y bendecido en la creación. Dice: “Porque yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6). Así pues, él no cambió. En esta edad de los gentiles, los que han llegado a ser el pueblo escogido de Dios observarán el sábado de Dios en lugar del falsificado domingo del Papa.

Esperaremos que usted, obispo Porter, presente un mandamiento del Nuevo Testamento a reunirse todo primer día, o guardar el primer día de la semana. O al menos presentar alguna Escritura donde la iglesia tuviera por costumbre congregarse para adorar a Dios el primer día, y esto tampoco quiere decir un mandato a recoger pasas y dáteles en ese día. Sin duda alguna, si debía cambiarse una institución antigua tal como el sábado, tomando otra su lugar, habría algo explícito y definitivo al respecto. Él dice que el día de Pentecostés fue el principio de una nueva orden, y el establecimiento de la iglesia cristiana, lo cual asume aconteciera en domingo, pero más adelante probaremos que esto es absolutamente falso. ¿Cómo sabe él que Pentecostés se daba en domingo? A consecuencia de un malentendido de costumbres judías, y confundir los sábados anuales con el sábado semanal, dice que Pentecostés cae el primer día de la semana, pero demostraré que, según la autoridad de su propia iglesia, no cayó el primer día de la semana. Pone mucho énfasis sobre lo de Pentecostés ser el tiempo cuando la iglesia cristiana fuera comenzada, más sin embargo, ni una palabra se dice sobre cambiar el antiguo sábado por otro día, pero encontramos sí al Señor que nos dice “…y perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42). No instituyeron nada nuevo sino que “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. Seguramente, Pentecostés hubiese sido un tiempo oportuno para dar mucho espacio a la nueva orden de la observancia del primer día, suponiendo que tal cosa se introdujera en aquel entonces, como asume el obispo Porter, pero no existe ninguna evidencia. ¿En qué Escritura se dice que la iglesia primitiva debería guardar otro día? ¿Qué se dice en torno a este cambio importante de la adoración judía, cambio que él alega? Queremos tener el texto, y derecho tenemos de demandarlo.

Yo he presentado un mandamiento por Pablo a guardar la cena del Señor en el tiempo de la Pascua, [haciéndolo el mismo apóstol] Pablo, y me pregunto si el obispo [Porter] la guardará. Pablo dice: Cristo, nuestra Pascua“…ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta” (1 Corintios 5:7-8). “Así que celebremos la fiesta” es, sin duda, un mandamiento. Pues bien, obispo Porter, busque usted a ver si encuentre donde Pablo o cualquier de los apóstoles dijeran “Observemos el primer día de la semana”, o que descansemos en referido día. Discutiendo este asunto, Pablo dice: “Porque si Jesús les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día” (Hebreos 4:8). Esto no dice “Josué”, como intentará convencerle el obispo Porter. Procure su Biblia, verificando lo que dice. Aquí, Pablo está discutiendo el día de descanso, y dice: “…si Jesús les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:8-10). Pablo habla aquí de un día de descanso, y no de una dispensación. La expresión “…hablaría después de otro día” es evidencia suficiente para el que busca la verdad, que Pablo aquí está discutiendo un día. Jesús no les dio otro día, y por consiguiente, Pablo nos dice a entrar en nuestro descanso como Dios en el suyo, diciéndonos en el versículo 4 que Dios reposó el séptimo día. De seguro, esta es evidencia suficiente para demostrar que Dios no sustituyó el primer día de la semana por el sábado antiguo.

Si el Obispo Porter pudiera dar evidencia como esta en apoyo del domingo, prontamente la presentaría. Pablo, al hablar de su trabajo entre tanto judíos como gentiles, dice: “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos…” (Hechos 17:2). Si el obispo Porter pudiera hallar donde “como acostumbraba” Pablo enseñó las Escrituras el primer día de la semana, sin duda haría una pancarta grande de tal Escritura. En adición, se dice: “El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad (de gentiles) para oír la palabra de Dios” (Hechos 13:42, 44). Cuánto le gustaría encontrar tal Escritura en respaldo del domingo. Hallamos otra Escritura que habla de Pablo, la cual dice: “Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4), y en el versículo 11 dice que continuó allí un año y seis meses. Durante los demás días de la semana él hacía tiendas (versículo 3), y no se dice ni una palabra al efecto de que tuviera reuniones especiales con los gentiles el primer día de la semana. Más sin embargo, todo sábado enseñó a los gentiles. Cuánto quisiera el obispo Porter dar con tal texto en apoyo del domingo, mas gracias a Dios, no se hallan tales textos en el Nuevo Testamento, y por ende, no tenemos la confusión que traería en lo referente a esta cuestión del sábado. Dándonos el Espíritu Santo el Nuevo Testamento, dice: “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana…” (Mateo 28:1). De ahí que el primer día de la semana no es nada más que el primer día de la semana, mientras el día anterior sigue siendo el sábado [día de reposo, séptimo día] en esta Edad.

Primera afirmativa de Curtis Porter a favor del primer día

Intercambios entre Rony, Gustavo y Homero sobre la utilidad del Antiguo Testamento y del Nuevo

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La iglesia ideal según Dios

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Contraportada para el Debate Porter-Dugger con fotografías y datos

  

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