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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Sección V

Mayor progreso de la iglesia y tercera persecución

Hechos 6:1 – 8:4

[Esta porción del Comentario cubre de Hechos 7:1 a 8:4.]

3. (de la Sección V)  Discurso de Esteban. Hechos 7:1-53.

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Contenido

3.  Discurso de Esteban. Hechos 7:1-53 .

a)  Introducción. Versículos 1 – 8.

b)   El caso de José. Hechos 7:9-16 .

c El caso de Moisés en el desierto. Hechos 7:38-41 .

d Dios desecha por fin a Israel. Hechos 7:42-43 .

e )   El tabernáculo y el templo. Hechos 7:44-50 .

f )   La aplicación. Hechos 7:51-53 .

4.   Esteban lapidado, y la Iglesia perseguida. Hechos 7:54 - 8:4.

 

a) Introducción. Versículos 1 – 8.

     Versículos 1 - 8. Refulgente la faz como la de un ángel, a la señal del sacerdote supremo, procedió Esteban a verter una de las más notables alocuciones que se registran. (1) “El príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así? (2) Y él dijo: Varones, hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Carán. (3) Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré. (4) Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Carán: Y de allí, muerto su padre le traspasó a esta tierra en la cual vosotros habitáis ahora; (5) Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; mas le prometió que se la daría en posesión, y a su simiente después de él, no teniendo hijo. (6) Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servi­dumbre y maltratarían por cuatrocientos años. (7) Mas Yo juzgaré, dijo Dios, la nación a la cual serán siervos: y después de estos saldrán y me servirán en este lugar. (8) Y dióles el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.” He aquí un boceto sereno, honrado y muy gráfico de la historia de Génesis, desde la pri­mera vocación de Abraham hasta que los doce hijos de Jacob nacieron y fueron circuncidados. Fue relato que siempre interesó a un auditorio de judíos. Pero, ¿qué relación tenia con los cargos que le hacían a Esteban? Y, ¿por qué habría de venir de labios de uno que iban a condenar a muerte? Por lo pronto, era imposible para sus oyentes contestar tales preguntas, aunque deben haberse ocurrido a las mentes de todos los presentes. Para nosotros es igualmente im­posible contestarlas, a no ser que anticipemos lo que sucedió después, cosa que no haremos.

Versículo 2. Acusan los racionalistas en general que Esteban hizo varios errores históricos en esta alocución, primero de los cuales es que asegura aquí que Dios mandó a Abraham esto "antes que morase en Carán (Harán)". Pero el lenguaje que usa denota que sabía lo que habla ocurrido en Carán, mas quiso añadir el hecho que antecedió. Sabía que Dios apareció en Carán a Abraham, y también le había aparecido con anterioridad, lo que instó a Abraham a salir en dirección a Canaán. Los que dicen que se equivocó debieran darse cuenta del hecho mencionado en Génesis 11:31, que Thare tomó a su familia, "y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán". ¿Qué pudo haber impelido a toda esta familia de raza de Sem a este viaje de más de mil millas a un país ocupado por descendientes de Cam, si no fuera una orden como la que finalmente recibió Abraham en Carán de ir a ese mismo país? Esteban sabía que ésa fue la orden. Aún si basó su dicho en una inferencia lógica, sin otra fuente de saber, nadie puede negar que su inferencia era justa. Si se objeta que una orden, una vez dada, no se habría repetido en palabras idénticas, contestaremos que la orden que se dio a Jonás de ir a Nínive se expresó casi en los mismos términos cuando primero se dio que al repetirse tras su experiencia en las entrañas del pez (Jonás 1:2; 3.2). Además en la cita de Esteban hay una importante omisión en las palabras de la cita que hace de Génesis 12. Omite la expresión "y de la casa de tu padre", lo que concuerda con que al salir de Ur de los Caldeos para dirigirse a Canaán, no dejó la casa de su padre.

Versículo 4. Este es el segundo error que se atribuye a Esteban. Se dice que, cuando Abraham nació, su padre tenía 70 años (Génesis 11 :26); que aquél salió de Harán siendo él mismo de 75 años, lo que haría a su padre de 145 años; como Thare vivió 205 años, según Génesis 11:32, 205 menos 145 da 60 más que vivió en lugar de haber muerto antes de la partida de Abraham, como Esteban lo dijo (Versículo 4). Pero todo este cálculo depende de que las cifras estén correctas al principio. El texto declara en Génesis 11:26 que "vivió Thare setenta años, y engendró a Abraham, y a Nacor, y a Harán". Si no los consideramos un terno, no podemos asegurar que Thare hubiera cumplido los 70 al nacer Abraham. Pero no fueron terno, y es evidente que Nacor y Abraham eran más jóvenes que Harán, pues la mujer de Nacor era hija de Harán, y Lot, el hijo de Harán, no era mucho menor que Abraham, según aparece en la historia subsiguiente de ambos. Es un aserto semejante el de Génesis 5:32 que "siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, y Cam, y Japhet", cuando comparando las edades de Noé y de Sem al tiempo del diluvio, hallamos a Noé de quinientos dos años cuando Sem nació (Génesis 3:13, comp. 11:10). En otras palabras el autor de Génesis, procurando brevedad extrema, da en ambas instancias la edad del padre al nacerle un hijo (según parece el mayor en ambos casos), y al hacerlo así menciona también a los otros dos que nacieron después, dando la impresión de que eran nacidos el mismo día. Por cierto, con otras expresiones del contexto, que lo aluden, evita dar tal impresión. Luego Esteban es digno de crédito al decir que Dios traspasó a Abraham de Carán a Canaán después de muerto Thare; y siendo esto así, la edad de Thare al nacer Abraham era 205 menos 75, es decir, 130 años. Alford hace obje­ción a tal conclusión hablando así: "Thare en curso natural engendró a su hijo Abraham a los 130 años; pero este mismo Abraham consi­dere que él llegara a tener hijo a los 99 (Génesis 17:1, 17); y al nacer Isaac fuera de lo natural, se fundan argumentos bíblicos y conse­cuencias (Comparar Romanos 4:17-21 y Hebreos 11:11-12)". Este autor sabio olvida que "en curso natural" este mismo Abraham mucho después de los 99 años, y según parece tras la muerte de Sara, a los 137 años, tomó otra mujer más joven de la que engendró seis hijos más, los de Cetura (Génesis 23:1; 25:1-4). Luego la incredulidad de Abraham en lo que se refiere a sí mismo, dependía de algo más que su edad, ya que se refería a Sara especialmente. Puede haber dependido más de que ya había estado viviendo por trece años con la joven concubina Agar, después de nacido Isaac, sin haber tenido de ella más hijo (Capítulo 17:24-25).)

b)  El caso de José. Hechos 7:9-16.

     Versículos 9 - 26. Refiere enseguida el orador las circunstancias que se produjeron de haber vendido a José, lo que llevó a la emigración de Jacob a Egipto, su muerte y la de sus hijos en aquella tierra extraña. El relato es igual a lo que precede en lo gráfico, y va abreviado hábilmente. (9) “Y los patriarcas movidos de envidia, vendieron a José para Egipto, mas Dios era con él. (10) Y le libró de todas sus tribula­ciones, y le dio gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. (11) Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y Canaán y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. (12) Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. (13) Y en la segunda, José fue conocido de sus hermanos, y fue sabido de Faraón el linaje de José. (14) Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. (15) Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él y nuestros padres; (16) los cuales fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor y de Siquem.” En esta porción del discurso se pone en contraste vívido con el rescate final de muerte a hambre de toda la familia, el maltrato que José recibió de sus hermanos; y la manera de relatar la historia fue calculando Esteban el interés de sus oyentes; pero para ellos fue un misterio la intención que él tenia de utilizar los hechos que relató, y nadie mejor que Esteban era consciente de ello, ya que de propósito les ocultó su meta final.

Versículo 13. Se dice que aquí Esteban incurrió en un tercer error al enumerar en 75 las personas de la familia de Jacob, ya que el texto de Génesis 46:27 da solo 70, incluyendo dos que habían muerto en Ca­naán. Muchas conjeturas se han hecho para explicar esta diferencia, aunque se ha olvidado la única que debió tenerse en cuenta. Siendo helenista Esteban leía las Escrituras de la traducción al griego, lo mismo que todos sus adversarios de la sinagoga, así como la mayoría del pueblo judío para quienes el hebreo era ya lengua muerta. La Biblia en griego da el número preciso que él cita. Reza: "Todas las almas de la casa de Jacob que entraron en Egipto con Jacob, fueron setenta y cinco almas"; y llega a este número dando en el Versículo 20 los nombres de los hijos de Manasés, dos de Efraín y un nieto en éste. Esteban pues daba cifras que él y sus oyentes leían en su Biblia, y quizá ni él ni ellos habían observado jamás la discrepancia que había entre la traducción y el original.

Versículo 16. En esta oración hay dos errores más que se achacan a Esteban, y parecen más errores que cualquiera de los anteriores. Parece decir que Jacob fue llevado a sepultar a Siquem, cuando donde lo sepultaron fue en Hebrón en la cueva de Macpela; y claro dice que Abraham compró tumba de los hijos de Hemor en Siquem, cuando fue Jacob quien compró lote de tierra en Siquem. Es difícil imaginarse uno cómo pudo haberse equivocado Esteban estas dos veces, pues el sepelio de Jacob es tan prominente en Génesis, y fue con acompañamiento de tan notable procesión fúnebre, que incluyó no solo los varones de su propia prole, sino los ancianos de Egipto y gran compañía de jinetes egipcios, que para todo israelita debe haber sido algo muy familiar y muy predilecto en sus efectos. Así también la compra de la cueva de Macpela por Abraham, en medio de la gran pena por la pérdida de su amada esposa en edad avanzada, y con las bellas cortesías que adornaron su propia conducta y la de los heteos vecinos que hicieron el traslado, fue todo un demasiado prominente evento lleno de interés para un judío que algo entendiera de las Escrituras, tal como debe haberlo sido Esteban por cierto, para cometer tamaño error en ello. Es mucho más probable que algún copista antiguo, sabiendo de la compra de Abraham y no recordando que había sido Jacob quien la hizo en Siquem, con descuido susti­tuyó el nombre de Abraham donde el de Jacob originalmente se escribió. Nos vemos obligados, pues, por las probabilidades naturales del caso, a deducir junto con muchos críticos eminentes, que el nom­bre de Abraham fue error de escribiente y no de Esteban. No admite otra explicación que se hable del sepelio de Jacob aquí: En las dos cláusulas de la oración en el texto, "murió él y nuestros padres; los cuales fueron trasladados a Siquem", duda no puede haber de que "él" y "nuestros padres" aparecen como sujetos comunes del verbo "murió" y que "fueron trasladados" se refiere a ambos. Pero no hay tal en el original, pues "murió" está en singular y concuerda con "Jacob", así que el sustantivo "padres" no es el sujeto de ese verbo, sino que se sobreentiende "murieron" en plural. Como se cambió la construcción con introducir el sujeto en plural "fueron trasladados", se sigue que no es del singular Jacob. Con la puntuación apropiada, y haciendo uso de elipsis, leamos así: "Murió él; y murieron nuestros padres los cuales fueron trasladados a Siquem". Vertido así y con esta puntuación, que realmente es admisible, desaparece del todo la contradicción. La cuestión de si los padres, además de José, fueron llevados a sepultar a Siquem no se puede determinar por nada del Antiguo Testamento; pero nada se dice del lugar de su sepultura. Esteban debe haberse informado sobre este punto de fuentes extra bíblicas como se informó sobre la educación de Moisés. La momia de José fue sepultada en lote que compró a los hijos de Hemor (Josué 24:22), y no es improbable que lo propio haya pasado con sus hermanos. Jerónimo, que vivió en Palestina en el siglo cuarto, dice: "Los doce patriarcas fueron sepultados, no en Arbes (Hebrón), sino en Siquem"; lo que muestra que, en su tiempo, lo que dijo Esteban era creencia que prevalecía entre los judíos. Tam­bién debe haber sabido Esteban por fuente no del Antiguo Testamento, que junto con el lote de Siquem, se compró una tumba. Por cierto, la posesión de un sepulcro debe haber sido motivo para la compra del terreno.

     Versículos 17 - 29. De este vistazo a la historia de José, avanza el ora­dor a la de Moisés, y con mano magistral bosqueja todo aquello que muestra que Dios lo levantó de manera notable a puesto de gran saber y potencia, pero fracasó porque ellos se volvieron en su contra. (17) Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto, (18) hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía a José. (19) Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató a nuestros padres a fin de que pusiesen a peligro de muerte a sus niños, para que cesase la generación.(20) En aquel tiempo nació Moisés, y fue agrada­ble a Dios, y fue criado tres meses en casa de su padre. (21) Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón lo tomó y le crió como hijo suyo. (22) Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos. (23) Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar a sus hermanos los hijos de Israel. (24) Y como vio a uno que era injuriado, defendióle, e hiriendo al egipcio, vengó al injuriado. (24) Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido. (26) Y al día siguiente, riñendo ellos, se los mostró, y los ponían en paz, diciendo: Varones, hermanos sois; ¿por qué os injuriáis los unos a los otros? (27) Entonces el que injuriaba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? (28) ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? (29) A esta palabra Moisés huyó y se hizo extranjero en tierra de Madián donde engendró dos hijos.” Aunque después se descubriera que este esfuerzo de Moisés fue prematuro, los israelitas de generaciones posteriores deben haber lamentado que sus antepasados rechazaran de modo tan ingrato la oferta que de libertarlos les hiciera Moisés a costa de tanto sacrificio para él, pues no hay duda de que con justicia Esteban interpreta aquí que la muerte del egipcio fue una señal para que los conciudadanos de Moisés se levantasen en armas a luchar por su libertad bajo la dirección de él. Es triste pensar en su falta de aprecio para tanto heroísmo.

     Versículos 30 - 37. Mas Esteban supo utilizar la porción subsiguiente de la carrera de Moisés, en la que, luego de haber sido rechazado por sus connacionales, Dios lo hizo el libertador de ellos, y procede a bosquejar esto en estilo gráfico. (30) “Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sinaí, en fuego de llama de una zarza. (31) Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión, y llegándose para considerar, fue hecha a él voz del Señor: (32) Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar. (33) Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. (34) He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que están en Egipto, y he oído el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviaré a Egipto. (35) A este Moisés, al cual habían rehusado diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza. (36) Este los sacó, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. (37) Este es el Moisés el cual dijo a los hijos de Israel : Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; a El oiréis.” En este pasaje el orador no solo presenta el contraste entre el rechazamiento de Moisés por sus hermanos, y el nombramiento que Dios le dio para el preciso oficio que le negaron, sino también introduce la predicción que hizo Moisés referente al Mesías —predic­ción en que anticipa claro Moisés la venida de un profeta superior a él mismo.

d)  El caso de Moisés en el desierto. Hechos 7:38-41.

     Versículos 38 - 41. Ingrata como había sido la conducta de los hebreos para con Moisés cuando primero trató de libertarlos, no tiene compa­ración con su rebelión después en el desierto. A esto llama Esteban la atención de sus oyentes ahora. (38) “Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y recibió las palabras de vida para darnos: (39) al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon y se apartaron de corazón a Egipto, (40) diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le habrá acontecido. (41) Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron.” La flagrancia de este pecado de idolatría en los israelitas se ve en el hecho de haberlo perpetrado inmediatamente tras haber visto las magnifi­cas manifestaciones de la presencia divina por mano de Moisés en Egipto, en el Mar Rojo, en la marcha al monte Sinaí y en la procla­mación de aquella Ley desde la cumbre del monte. Desecharon a Moisés tras haber éste efectuado la parte principal de su liberación; y con todo, Dios le hizo instrumento suyo para completar la manumisión que para ellos había empezado.

Versículo 38. La palabra que aquí se traduce "congregación", en el griego es “ecclesia”, que en el Nuevo Testamento se traduce "iglesia", mas en el Antiguo se llama congregación o asamblea.

Versículo 38. "El ángel" que le hablaba en el monte Sinaí es el que se menciona en el Versículo 30. En el Versículo 31 se le llama "el Señor", pues en Éxodo se llama Jehová y Dios, lo que muestra que mediante las personas de ángeles se hacia manifiesta y se dejaba oír la Divinidad.

Versículo 38. "Palabras de vida" llama aquí nuestra versión lo que en griego se expresa "oráculos vivientes". "Oráculo" llamaban los griegos a cualquier mensaje que suponían venia de parte de uno de sus numerosos dioses. Es la misma expresión en la lengua original que se usa en Hebreos 4:12 y en 1 Pedro 1 23. Así tenemos ese término con aprobación apostólica. 

e)  Dios desecha por fin a Israel. Hechos 7:42-43.

     Versículos 42 y 43. Aparece más abreviada la siguiente división del dis­curso, como Lucas lo refiere, que las otras anteriores, y quizá Esteban mismo haya entrado aquí en menos detalles que antes. Con una sola oración, el culto al becerro al pie del Sinaí hasta el anuncio de la cautividad babilónica por boca del profeta Amós, a quien cita. (42) “Y Dios se apartó y los entregó que sirvieran al ejército del cielo: como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? (43) Antes trajisteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Remphán: figuras que os hicisteis para adorarlas: os traspor­taré pues, más allá de Babilonia.” Con este breve vistazo al derrotero de Israel que rechazaba a sus directores y libertadores divinamente comisionados en todo aquel transcurso de siglos, termina, como veremos, la primera división general del discurso. Antes de hacer su aplicación, pasa a un tópico que se incluyó en la acusación que le hacían, pues hay que observar que nada de lo que ha dicho hasta aquí tiene conexión con los cargos que le hicieron. No podían sus oyentes menos de cavilar en qué manera utilizarla los hechos que acababa de referir, más aun no estaba listo para satisfacer su curiosidad.

Versículo 43. Cita Esteban aquí a Amós 5:25 de la versión Septua­ginta, y esto explica las divergencias que hay entre nuestra versión y el hebreo. El objeto del orador fue mostrar cuánto se había apar­tado del concepto de un solo Dios a quien debían culto de corazón, desde la generación que anduvo en el desierto hasta la trasmigración a tan lejanas tierras. Sus oyentes conocían los hechos, y por lo mismo comprendieron qué se proponía.

f)  El tabernáculo y el templo. Hechos 7:44-50.

     Versículos 44 - 50. En lugar de admitir o de negar formalmente el cargo de blasfemia, el orador procede a mostrar en forma breve el verdadero valor religioso de aquel edificio. Hace esto aludiendo primero a la índole transitoria y perecedera del tabernáculo, que fue suplantado por el Templo, y luego muestra por los profetas que un templo obra de manos no puede ser la morada efectiva de Dios. (44) “Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como lo había ordenado Dios, hablando a Moisés que lo hiciese según la forma que había visto. (45) El cual recibido, metieron también nuestros padres con Josué en la posesión de los gentiles que echó Dios de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David, (46) el cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob. (47) Mas Salomón le edificó casa. (48) Si bien el Altísimo no habita en los templos hechos de manos; como el profeta dice: (49) El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿Cuál es el lugar de mi reposo? (50) ¿No hizo mi mano todas estas cosas?” Todas estas observaciones van abarcando el argumento de que, si el tabernáculo fue en un tiempo la casa de Dios, y fue suplantado por el templo, grandioso y antiguo como era, infinitamente pequeño era para contener el Dios vivo, y por sus propios profetas fue decla­rado no la morada real de la Divinidad, no podía ser blasfemia decir que vendría tiempo en que sería removido y destruido.

Versículo 45. Se dividen los comentadores, unos pensando que la frase "hasta los días de David" corresponde gramaticalmente a "Dios echó", y otros que es parte de la oración "pidió hallar tabernáculo". Pero esto no tiene caso, pues una y otra concuerda con los hechos históricos y con el hilo que llevaba Esteban en su discurso. Será cuestión de puntuación que no se usaba en lenguas antiguas. 

g)  La aplicación. Hechos 7:51-53.

     Versículos 51 - 53. Ya estaba preparado Esteban para lanzar a sus acusadores la aplicación oculta de los hechos que había presentado en la primera división de su discurso. La introducción histórica había abierto vía para las analogías que siguen. Como José, salvador de sus hermanos, divinamente escogido, fue vendido a esclavitud por ellos mismos; como Moisés, divinamente escogido libertador de la escla­vitud de Israel, fue rechazado primero por su pueblo, fugitivo en Madián, pero vuelto por el Dios de sus padres para libertarlos en efecto; como Moisés después de sacarlos de Egipto, fue una y otra vez rechazado por ellos; y como todos los profetas recibieron igual trato, así ahora el Profeta postrero de quien hablaron Moisés y todos los demás después de él, enviado a librarlos de mucho peor servi­dumbre, ha sido rechazado y muerto por los hijos de aquellos padres perseguidores. Se concentra la fuerza de todas estas analogías en las pocas palabras que siguen. (51) “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres así también vosotros. (52) ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que antes anunciaban la venida del Justo, del cual vosotros habéis sido entregadores y matadores; (53) que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.” Los fuegos que ahogados ardían en el pecho de Esteban desde el principio de este cruel proceso, y que habían dado a sus facciones un fulgor angélico antes de hablar, cuidadosamente refrenados durante el argumento, hallaron ahora salida para asombro de sus oyentes, con palabras que los cauterizaban.

Versículo 51. Por el sentir con que los judíos veían con desprecio a todos los incircuncisos, el término lo usaban como reproche y des­dén. Moisés, por su falta de elocuencia, se llamaba "incircunciso de labios" (Éxodo 6:12, 30), y habla de Israel en apostasía como de "corazón incircunciso" (Levítico 26:41). David llamó a Goliat "este filisteo incircunciso" (1 Samuel 17:26); mientras Jeremías dice de su pueblo: "Sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar" (Jeremías 6:10); y Ezequiel habla de Elam como "incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne" (Ezequiel 44:7, 9). Adoptando este uso bíblico, Esteban denuncia a sus jueces con términos que Moisés y los pro­fetas lanzaban a las naciones paganas y a los israelitas apóstatas. Nada más justo.

Versículo 51. Persiguiendo a los profetas, sus padres resistían al Espíritu Santo, muestra Esteban en el siguiente versículo. Lo mismo ellos, persiguiendo a Jesús. Luego vemos que son quienes resisten al Espíritu Santo rechazando lo que ha hablado mediante aquéllos inspirados por El.

Versículo 53. La expresión "recibisteis la ley por disposición de ángeles" debe compararse con lo que Pablo dice que "la ley fue ordenada por los ángeles en la mano de un mediador" (Gálatas 3:19); también con otro dicho apostólico: "La palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de retribución" (Hebreos 2:2). Esto nos confirma en la interpretación de los apóstoles que Dios dio a Moisés la ley, no hablando en persona, sino por medio de los ángeles como portavoces y quienes se la hacían visible.

 
En esta pintura, Saulo de Tarso observa mientras judíos enfurecidos apedrean a Esteban, consintiendo Saulo en su muerte, ilustración para el comentario sobre Hechos en editoriallapaz.

4.  Esteban lapidado, y la Iglesia perseguida. Hechos 7:54 - 8:4.

     Versículos 54 - 60. La exasperación del Sinedrio fue tan repentina como la explosión de sentimiento con que terminó el discurso y fue tanto más intensa por ser la denuncia que les lanzó a la cara no un simple reventón de pasión, sino un anuncio deliberado de justo juicio apoyado en analogías de la Escritura, cuyo significado ahora relampagueó en sus mentes. En debate, no habían podido resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba Esteban, y ahora sus esfuerzos por hacerlo reo de crimen habían rebotado con fuerza terrorífica sobre sus propias cabezas. Su único recurso fue el de cos­tumbre entre sectarios sin principios cuando se ven frustrados totalmente, y a esto se abalanzaron con rapidez temible. (54) “Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones y crujían los dientes contra él. (55) Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, (56) y dijo: He aquí veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. (57) Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él: (58) y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo; (59) Y apedreaban a Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. (60) Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió. (8:1) Y Saúl consentía en su muerte.” Fue extraña la manera de levantar la sesión de un tribunal; todo el cuerpo de setenta rabinos graves, cuyo deber oficial era cuidar del fiel cumplimiento de la ley, brincando de sus asientos y abalanzándose en loco populacho y horrorosos alaridos, a la repentina ejecución sumaria de un prisionero, que no se había juzgado ni condenado. (No tenía derecho el Sinedrio de ejecutar a nadie; pero esto no fue ejecución, fue un linchamiento, la violencia de un grupo de hombres hirviendo de rabia solo porque se les habían dicho verdades muy amargas. Críticos enemigos alegan que el Sine­drio no podía ejecutar un reo sin permiso del gobernador romano, y por lo tanto este relato de la muerte de Esteban es increíble. Pero este relato muestra que no hubo nada legal en el linchamiento de Esteban. Fue violencia del populacho azuzado por directores astutos y malignos. La narración misma muestra que esta ejecución fue un procedimiento esencialmente ilegal. Negar como lo hacen estos críticos enemigos que el relato sea creíble es negar credibilidad a toda relación de violencia del populacho solo porque es algo que se hizo fuera de la ley.) Pero se presencian las más terribles locuras cuando los malvados se ponen en terca oposición a Dios y a los suyos.

    La visión que a Esteban se le concedió, como las de Juan en Patmos, no se necesita tomarla como si hubiera rasgado el espacio para lograr ver lo de más allá, sino como representación simbólica. Fue concedida para su propio aliento a la hora de la muerte, y para beneficio de sus amigos y enemigos en lo futuro. A los oídos de los sacerdotes en jefe las palabras de Esteban, "al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios", fueron como un eco de las que Jesús habló al estar ante ellos en el juicio. Cuando menos hubo uno en aquel auditorio en quien, según creemos con toda razón, la impresión que le hizo todo este procedimiento fue profunda y duradera. El joven Saulo jamás olvidó sino que muchos años después, doblado bajo la carga de los años, hizo triste mención de la escena. (Véase Hechos 22:18, 20; 1 Timoteo 1:12-17).

     Hechos 8: 1 - 4. Los enemigos de la iglesia en vano habían probado ya todos los métodos ordinarios de oponerse a la verdad. Bajo la direc­ción de los saduceos probaron primero las amenazas, luego la prisión y después los azotes. Iban a seguir con la muerte de los doce, cuando los consejos de los fariseos, que aun no llegaban a la exasperación, prevalecieron y se tuvo recurso a la discusión. Pero la causa, que bajo la presión de sus primeros adalides prosperaba, ahora que se puso el pueblo en debate libre, avanzó con nuevo ímpetu, y los fariseos se vieron impulsados a seguir a los saduceos por la vía de la violencia. Propósito suyo era proceder en su obra sanguinaria con todas las formalidades de la ley, pero en un momento de frenesí perdieron los estribos y despacharon a su víctima escogida con la violencia de un motín. Una vez entregados a carrera tal tan desenfrenada, nada podía satisfacerles que no fuera el exterminio de la iglesia. (1) “Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusa­lén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. (2) Y llevaron a enterrar a Esteban varones piadosos, e hicieron gran llanto sobre él. (3) Entonces Saulo asolaba la iglesia entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel. (4) Mas los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando la palabra.” La tristeza de los buenos es siempre grande cuando pierden a un buen hombre en una comuni­dad, pero es más intensa si la muerte es fruto de la violencia y de la injusticia. No sorprende pues, que el sepelio de Esteban fuera acom­pañado de "gran llanto" de parte de los "varones piadosos" que desempeñaron el servicio fúnebre. Posible es que algunos de ellos no fueran ni miembros de la iglesia. Pero esta defunción llenó los cora­zones de los discípulos de una pena indecible, aunque desde otro punto de vista tuvo grandísimo valor para ellos. Habrán puesto todos sus intereses, temporales y eternos en la causa de Uno que, mientras estuvo presente con ellos, probó su poder para librarlos, pero ya había desaparecido del alcance de su vista y no tenía más coloquios personales con los que habían sido sus compañeros. Hasta allí, con muchas lágrimas, algunos golpes y bastante aflicción, habían hallado satisfacción en su servicio; pero antes de la muerte de Esteban no habían sabido por experiencia cómo se sostendría su fe a la hora de la muerte. Ahora uno de ellos había probado la espantosa realidad. Había muerto rogando por sus asesinos y encomendando su espíritu al Hijo del hombre a quien columbraba en visión célica. Nadie de los días actuales puede decir cuán grandes fueron la fuerza y el consuelo que obtuvieron con la muerte de uno que había sucumbido tan tri­unfante. Fue preparación adecuada y sumamente providencial para la prueba de fuego que el cuerpo entero de creyentes se vería obligado a pasar inmediatamente. Ahora podían avanzar en su carrera enturbiada por las lágrimas, sin temor ni cuidado por lo que hubiere en la tumba o más allá. Con harta amargura de corazón dejaban su ciudad natal y sus hogares individuales en busca de refugio entre extraños; pero para muchos de ellos era sin duda ligera la amargura de la pérdida temporal comparada con ver la causa que amaban más que la vida, echada a la ruina aparente. Sin embargo, aunque perdían todo por predicar la palabra, iban por todas partes predicándola. ¿Y cuál debe haber sido el sentir de los doce al hallarse solos en la gran ciudad, esparcida y desaparecida toda la congregación de muchos millares que habían juntado, y ellos reducidos al silencio por falta de oyentes? Su propia vida estaba sin duda en peligro inmi­nente; pero creyendo que no había expirado el lapso de tiempo que Jesús fijara para su permanencia en Jerusalén, y quién sabe si solícitos por el futuro de muchos hermanos de ambos sexos que languidecían en prisión, valerosamente se quedaron a cumplir su cometido sin temor a las consecuencias. Que se les permitió quedarse sin molestarlos quizá se explique en parte por la suposición de que estarían impotentes tras la destrucción de la iglesia, y en parte por el recuerdo de sus milagros, especialmente por su escapatoria milagrosa de la cárcel. Además, ya no podían predicar en público por falta de auditorio, y así parecían callados por el miedo y por lo mismo tenidos por inocuos.

Versículo 4. Esta proclamación de la palabra era tanto privada como pública. En lo privado laboraban las mujeres también como los hombres; en lo público era trabajo que los hombres hacían.

 

Hechos 8:5-40, próximo texto estudiado en este Comentario.

Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

  

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