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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

En esta pintura vemos al apóstol Pablo predicando a Jesús en la sinagoga de Berea a judíos y prosélitos muy receptivos e inteligentes, pues escudriñaban las Escrituras, representados por una cantidad de rollos, o pergaminos, detrás de Pablo, verificando la veracidad de lo que enseñaba aquel apóstol.

El apóstol Pablo enseña en la sinagoga de Berea.

“Y fueron éstos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.  Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.”

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Tercera

Giras de Pablo entre los gentiles

Hechos, capítulos del 13 al 21.

Sección III

Segunda gira de Pablo. Hechos 15:36 – 18:22.

PDF de este estudio

8.  Predicación y persecución en Tesalónica. Hechos 17:1-9.  

     Versículos 1 – 3. Ahora Lucas vuelve al uso del pronombre en tercera persona, después de usar de la primera en plural desde la salida de Troas del grupo apostólico, lo que denota que él se quedó en Filipos, y como ese pronombre se refiere gramaticalmente a Pablo y Silas, se entiende que Timoteo se quedó también con Lucas con objeto de instruir más y organizar la iglesia. En periodo posterior hallamos a esta iglesia con sus oficiales (Filipenses 1:1), y el nombramiento de éstos fue sin duda obra que dirigieron estos dos hermanos. Dejando a retaguardia atendida así la causa, Pablo y Silas avanzaron a otro campo de trabajo. (1) “Y pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los judíos. (2) Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras, (3) declarando y proponiendo que convenía que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, éste era el Cristo.La distancia de Filipos a Tesalónica es como 126 kilómetros. Fue sin duda la sinagoga lo que atrajo a los apóstoles a esta ciudad sin detenerse a predicar en Anfípolis ni en Apolonia, pues la sinagoga en una ciudad indicaba la presencia de considerable población judía, con un núcleo de prosélitos y gentiles, lo que daba vía libre a la introducción del evangelio. Tesalónica, por razón de su importancia comercial, era entonces gran centro para los judíos, como lo sigue siendo hoy con el nombre moderno de Salónica.

     La línea de argumento que Pablo sigue estos tres sábados era en sustancia la misma suya en Antioquía de Pisidia, y la de Pedro en Pentecostés; indudablemente, si tuviéramos información de sus sermones ante judíos en otras partes, hallaríamos que sería idéntica en ellos. Tal línea la dictaba el estado mental de sus oyentes. Para los judíos en su conjunto, predicar al Cristo como uno que había sido crucificado era escándalo, porque les parecía inconsecuencia total frente al reinado glorioso de Cristo como leían en sus profetas. Mientras no se pudiera hacer que vieran cómo erraban en este detalle al leer los profetas, era imposible convencerlos de que el crucificado Jesús era su Cristo. Hacia este fin Pablo dirigió primero sus advertencias, y ya probando "que convenía que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos", era tarea fácil mostrarles que "Jesús, el cual yo os anuncio, este es el Cristo". Bien sabido era que había padecido muerte, y Pablo tenía pruebas abundantes de que había resucitado. Estas palabras no se limitaban al testimonio de los testigos originales, sino que daba demostración ocular del poder viviente y divino de Jesús, cuando en su nombre obraba milagros. Esto lo sabemos por la primera epístola a la iglesia establecida aquí, en la que dice:"Nuestro evangelio no fue a vosotros en palabra solamente, mas también en potencia y en Espíritu Santo, y en gran plenitud; como sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros" (1 Tesalonicenses 1:5). El poder del Espíritu Santo obrando milagros ante ellos daba tal certeza de la resurrección y glorificación de Aquél en cuyo nombre se obraban, como la "palabra solamente" de todos en el mundo no podía dar. Sin testimonio tal, la palabra humana referente a los asuntos del cielo no tiene título a nuestra confianza, pero con él, su demanda nadie puede honradamente rechazar.

     Durante las dos semanas que abarcaron tres sábados que se mencionan, los dos hermanos con cuidado rehuyeron lo que pudiera despertar sospecha de motivos egoístas. No pusieron carga a nadie ni siquiera por su pan cotidiana, y aunque recibieron ciertas contribu­ciones de la iglesia de Filipos, la suma fue tan exigua que los dejó en la necesidad de estar "trabajando de noche y de día" (1 Tesalonicenses 2:9; Filipenses 4:15-16).

     Versículo 4. Tales argumentos y demostraciones, acompañados de vida tal, no podían dejar de dar buenos resultados. (4) “Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y Silas; y de los griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocas.” Por esta declaración parece que la clase mayor de conversos eran "griegos religiosos", esto es, gentiles que habían aprendido a adorar a Dios según el ejemplo de los judíos. Seguían las mujeres nobles, también prosélitos gentiles, y la parte menor de los judíos. La gran mayoría, pues, eran gentiles, y debido a esta preponderancia pudo Pablo escribirles después, "os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero" (1 Tesalonicenses 1:9).

     Versículos 5 – 9. Tal movimiento entre los gentiles piadosos, cuya presencia en la sinagoga era fuente de orgullo para los judíos, era cosa que mortificaba en exceso a los que de éstos quedaron en incredulidad y por el número que contaban y su influencia en la plebe de la ciudad pudieron dar seria molestia a Pablo y Silas, lo que no tardaron en hacer. (5) “Entonces los judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo a la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. (6) Mas no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos a los gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo también han venido acá; (7) a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. (8) Y alborotaron al pueblo y a los gobernadores de la ciudad, oyendo estas cosas. Mas recibida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.” Parecen no haber tenido la misma influencia aquí los judíos con los jefes de la ciudad que en Antioquía de Pisidia (Hechos 13:50); por eso agitaron la chusma y mediante ella hicieron llegar el asunto ante las autoridades. Sabiendo que Pablo y Silas se albergaban en casa de Jasón, "procuraban sacarlos al pueblo", con el propósito de someterlos a violencia del populacho, pero no pudiendo hallarlos, sus procedimientos con Jasón fueron más en orden. Lo llevaron junto con otros discípulos ante los oficiales que en griego se llamaban "politarcas". La acusación de alborotar el mundo se basaba en la violencia de la chusma que con sus labores se provocó en otras ciudades, de lo cual evidentemente mucho habían oído estos judíos de Tesalónica, injustamente echando la culpa a los apóstoles, cuando ellos mismos eran los que operaban la violencia en otros lugares. El otro cargo era verídico en sentido propio, pues habían proclamado a Jesús como rey, pero tal acusación era una perversión deliberada e intencional por parte de los judíos, aunque el populacho no se diera cuenta de ello. El pueblo y las autoridades se turbaron, porque temían las consecuencias de permitir tramas de traición contra el César propagándose por la ciudad. Si Pablo y Silas mismos hubieran caído en manos de politar­ca, no hay seguridad de que les fuera mejor que con los pretores de Filipos, pero como la única acusación contra Jasón fue que había hospedado a los predicadores, él fue suelto en cuanto dio seguridades de que la paz se guardaría.

     El titulo de "politarca" que Lucas aplica aquí en griego a los magistrados en jefe de Tesalónica, no se halla como título oficial en ninguna otra parte de la literatura griega, y es fácil percibir el clamoreo que los enemigos de la fe habrían hecho por el uso del término, si no fuera porque un antiguo arco triunfal de mármol que hasta hace poco atravesaba la calle principal de la ciudad llevaba este mismo título inscrito y los nombres de siete politarcas que aún se conservan. Al demolerse el arco, las losas que contenían la inscripción fueron obtenidas por el cónsul británico de Salónica entonces y hoy se guardan en el Museo de Londres. Tres de los nombres son Sopater, Segundo y Gayo —nombres también de tres bien conocidos com­pañeros de Pablo (Hechos 19:29; 20:4).

 
Pintura que demuestra al apóstol Pablo exponiendo el evangelio de Cristo en la sinagoga de Berea, evento durante su segunda viaje evangelístico.

9.  Éxito en Berea. Hechos 17:10-15.

     Versículo 10. Aunque Pablo y Silas sufrieron menos en Tesalónica que en Filipos, su partida de aquélla fue más humillante que la de ésta. Al saber en qué paró la tentativa de echarles mano, vieron luego que seguir en la ciudad podría comprometer a Jasón y a otros a grado de perder la fianza dada, y atraerles violencia personal, y buscaron seguridad en la huida. (10) “Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron a Pablo y a Silas a Berea; los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.” Esta fuga de noche debe haber recordado a Pablo y Silas la de Damasco a principios de su carrera apostólica, y quizá se efectuara con un método similar de escape.

     De Filipos a Tesalónica habían seguido Pablo y Silas uno de los magníficos caminos militares construidos por los romanos para el tránsito de sus ejércitos en toda estación del año, bien nivelado y luego pavimentado con baldosas. Todavía se hallan restos de ellos en casi todo país de los que abarcaba el imperio, y éste que se llamaba Vía Egnatia, conectaba el Helesponto con el mar Adriático, y era la gran vía a través de la Península de Macedonia hacia el distante Oriente. Al salir de Tesalónica de noche, no había que ir a tientas, pues todavía iban por el mismo camino real hacia el poniente hasta que quizá al amanecer, lo dejaron volviendo al suroeste para llegar a Berea. Su derrotero todo el camino iba por una región llana cruzada por ríos históricos. Berea misma, a setenta y cinco kilómetros de Tesalónica, se describe así por Leake: "Berea, como Edesa, está en la falda oriental de la cordillera Olimpia, y domina una vista extensa de la llanura regada por el Heliasmón y el Axius. Tiene muchas ventajas naturales, y se considera ahora uno de los pueblos más agradables de Rumili. Plátanos falsos extendían su grata sombra por sus jardines. Había corrientes de agua por cada calle. Su antiguo nombre se dice derivado de la abundancia de sus aguas, y sobrevive aún en el moderno Verrra o Kara Verrra. Todavía es ciudad amurallada con población entre quince y veinte mil”. Aquí volvió a hallar sinagoga el apóstol y la hizo punto de partida para sus labores.

     Versículos 11 y 12. Ahora tenemos el placer de ver una comunidad judía que escuchaba la verdad y la examinaba como seres racionales. (11) “Y fueron éstos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así. (12) Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.” No se puede recomendar demasiado ni imitar muy estrictamente la conducta de estos judíos. Es pecado común entre los humanos negarse a examinar cándidamente y con paciencia las demandas del evangelio. Habiendo estado en error por sus tradiciones, los judíos resistían con pasión y tumulto todo esfuerzo por darles la verdadera luz, y su insensatez ha sido después imitada tanto por descreídos como por los partidarios de errores en religión. Si tales gentes viven y mueren ignorando la verdad, y en consecuencia descuidando el deber, su ignorancia, en lugar de excusa para elloes uno de sus pecados principales. Apenas habrá mayor pecado que taparnos los oídos cuando Dios nos habla, o cerrar los ojos para no ver la verdad que él nos brinda. Todo el que profesa ser discípulo de Cristo debiera escudriñar las Escrituras al presentarse cualesquiera cosas con titulo a ser verdad de Dios para ver "si estas cosas son así". Seguir implícitamente a donde la Palabra de Dios nos lleve nunca puede ser inaceptable a su Autor. Consecuencia de la noble conducta de los judíos de Berea no fue que algunos creyeran y gran multitud de griegos, como el resultado en Tesalónica, sino que creyeron muchos de ellos, y no pocos de los griegos. Y no dejamos de observar también que Lucas atribuye expresamente su creer al hecho de que hayan indagado en las Escrituras si estas cosas eran así, lo que una vez más muestra que la fe viene por el oír la palabra de Dios.

     Versículos 13 – 15. No parece que hubiera obstáculo serio para el evangelio en Berea, y quizá los discípulos comenzaran a lisonjearse con la esperanza de volver la ciudad entera al Señor, cuando inesperadamente se vieron atacados a retaguardia. (13) “Mas como entendieron los judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron y también allí tumultaron al pueblo. (14) Empero luego los hermanos enviaron a Pablo que fuese como a la mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. (15) Y los que habían tomado a cargo a Pablo, le llevaron hasta Atenas; y tomando encargo para Silas y Timoteo que viniesen a él lo más presto que pudiesen, partieron.” Hay aquí una exhibición del mismo celo malévolo que caracterizó a los judíos de Antioquía y de Iconio cuando persiguieron a Pablo ya en Listra (Hechos14:19), lo que muestra que lo mismo eran los judíos por todo el mundo. También fue el populacho pagano el que agitaron, y uno de sus alegatos era sin duda que estos hombres se habían visto obligados a huir de otra ciudad, como pasó en Listra. Así una persecución se hacía pretexto para la siguiente.

     Al salir Pablo de Berea, por las expresiones que se usan, parece que había hecho planes para llegar solo hasta el mar, a distancia de unos 22 kilómetros en el punto más cercano, pero llegado allí determinaron que navegara a Atenas, y tal determinación le hizo necesario mandar por Silas y Timoteo. El propósito evidente al dejar a estos dos compañeros arriesgando ellos su seguridad personal, fue sin duda que continuaran instruyendo y alentando a los discípulos recién bautizados antes de que se vieran atenidos a sus propios recursos para su edificación. Como Timoteo se había quedado con Lucas en Filipos (Hechos16:40), y ahora aparece de nuevo en la narración, no es seguro que alcanzara a Pablo en Tesalónica.

     Al salir de Macedonia, dejaba Pablo allí tres iglesias fundadas en centros de radiación, de los que el evangelio se podía extender con éxito por la provincia, si los discípulos desplegaban fe y celo. Tesalónica ocupaba el punto céntrico, con Filipos a los 126 kilómetros al noreste, y Berea a 75 al sudoeste. Tenemos el testimonio de Pablo de que al menos de uno de estos centros brilló la luz con gran fulgor, pues después escribía a los Tesalonicenses: "De vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor no sólo en Macedonia y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido; de modo que no tenemos necesidad de hablar nada" (1 Tesalonicenses 1:8). Cuando Pablo podía dejar a su paso congregaciones de este jaez, no había necesidad de hacer oír su voz más que en puntos céntricos. Sin duda, mucho del celo y fidelidad de ellos se debió al cuidado y nutrición de Lucas, Timoteo y Silas, que alternaban en quedarse para tal propósito en pos del apóstol.

 

Dibujo de excelente calidad y composición de cuando el apóstol Pablo predica a Cristo y la resurrección en el Areópago de Atenas, discutiendo con filósofos epicúreos y estoicos. Decían: “¿Qué quiere decir este palabrero? y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses…”

El apóstol Pablo predica a Cristo y la resurrección en el Areópago de Atenas, discutiendo con filósofos epicúreos y estoicos. Decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses…”

10.  Pablo en Atenas. Hechos 17:16-21.

     Versículos 16 y 17. En el mundo antiguo había dos clases distintas de civilización, las que para los días de los apóstoles habían ya llegado a su culminación. Una era el resultado de la filosofía humana; la otra procedía de la revelación divina. El centro principal de aquélla era la ciudad de Atenas; el de ésta, Jerusalén. Comparándolas, ya sea en lo del carácter moral de los pueblos que habían entrado al radio de su influencia, o con referencia a su preparación para recibir la religión perfecta del Cristo, hallaremos la ventaja a favor de la segunda. Mil quinientos años antes Dios había llevado a los judíos a estar bajo la influencia de la revelación, pero a las demás naciones de la tierra "a andar en sus caminos". Por una disciplina severa, que se prolongó por muchos siglos, aquéllos fueron elevados de la idolatría en que al principio estaban sumidos, y en que las otras naciones aún seguían. Por consecuencia aquéllos presentaban un ejemplo de pureza moral privada que no tiene rival en la historia antigua antes del advenimiento del Cristo. Por otro lado, las naciones más elegantes de entre los gentiles ya se estaban agotando en su vida social, como lo testifica Pablo en Romanos 1, en el catálogo de las prácticas viles y bestiales de que eran culpables hombres y mujeres. En Atenas misma, donde florecían la más profunda filosofía, la más brillante elocuencia, la más exquisita poesía y el más refinado arte creador que el mundo hubiera visto, había el abandono más completo y mejor estudiado a todo vicio a que la pasión pudiera impeler o que la imaginación llegara a inventar. Ahora se había ya proclamado el evangelio en el centro de la civilización judaica, y muchos millares que lo habían abrazado habían logrado tal excelencia de virtud humana como no se había conocido desde que el hombre cayó. En comarcas en derredor y en tierras remotas, dondequiera que se hallaba la sinagoga judaica, hombres y mujeres honorables y piadosos habían a millares hecho lo mismo; pero a la tiniebla del paganismo esta bienhadada luz no había penetrado mucho en ninguna parte. La lucha iba a iniciarse ahora en Atenas para demostrar aun más cuán airosos habían estado la ley y los profetas como "ayo para llevarnos a Cristo". Pablo conocía bien la reputación de Atenas, pero hasta no verla, no podía darse cuenta de a qué grado se había entregado a la idolatría. (17) Así que disputaba en la sinagoga con los judíos y religiosos; y en la plaza cada día con los que le ocurrían.” Aunque extranjero solitario, que bien podía haber sido acallado con la magnificencia con que el pecado se había parapetado en esta gran ciudad, sintió su alma conmovida por emprender pugna aun aquí en pro del triunfo del evangelio. Como de costumbre, el primer esfuerzo fue en la sinagoga judía, pero judíos y prosélitos estaban tan subyugados bajo el mágico encanto de la iniquidad dorada en torno de ellos, que sus esfuerzos fallaron. No teniendo acceso a ninguna otra forma de asamblea, se echa luego a la calle y por los lugares de concurso público, y diserta ante "los que le ocurrían".

     Versículo 18. Con persistentes esfuerzos, Pablo logró atraer la atención de la turba ociosa, aunque desde un principio fuera de índole nada halagadora. (18) “Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él, y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba a Jesús y la resurrección.” La persistencia con que instaba su mensaje a cada persona que viera les sugirió el epíteto de "palabrero", y la prominencia que daba al nombre de Jesús, el que había sido muerto y resucitó luego, les sugería la idea de culto a los demonios, pues los demonios que los griegos adoraban eran muertos que ellos deificaban. La palabra "nuevos dioses" es mejor traducida "demonios foráneos", pero "deimonion" en griego quiere decir un dios menor que cualquiera de los que llamaban "Inmortales".

     Las dos escuelas de filosofía con quienes tuvo escaramuzas eran antípodas la una de la otra, y lo práctico de cada una era diametralmente opuesto a la doctrina de Pablo. Los estoicos enseñaban que el sumo bien de la vida se obtenía con una indiferencia total a las penas como a los placeres de la vida; los epicúreos, que se habría de obtener con una complacencia prudente para toda pasión y propensión; y se unían ambas escuelas en negar toda existencia consciente después de la muerte. En oposición a la primera Pablo enseñaba que debiéramos llorar con los que lloran, y gozar con los que se regocijan; contra la segunda, que debiéramos negarnos a toda impiedad y a toda concupiscencia mundana, y oponiéndose a ambas, que la meta final de las esperanzas humanas es una resurrección de los muertos a vida eterna.

      Versículos 19 – 21. Pese al desdén con que muchos veían a Pablo, logró por fin captar la seria atención de unos cuantos. (19) “Y tomándole, le trajeron al Areópago diciendo: ¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices? (20) Porque pones en nuestros oídos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto. (21) (Entonces todos los atenienses y los huéspedes extranjeros en ninguna otra cosa entendían, sino en decir o en oír alguna cosa nueva.)” Lo tomaron con familiaridad para llevarlo de entre el gentío de alharaca a lugar mejor para oírlo. La agora, que aquí se llama indebidamente "plaza" (Versículo 17), donde Pablo hablaba a la gente, tenía límite al norte por un camellón de tosco mármol que se elevaba abrupto unos doce metros de altura. Se baja gradualmente hacia el poniente hasta llegar a un tercio de kilómetro al nivel del llano. Esta altura es el Areópago, como se llama aquí, o Colina de Marte, porque en un tiempo en su cumbre había un templo de Marte. Subía uno allí de la agora por una escalinata cortada en roca natural, la mayor parte de la cual permanece ilesa hasta hoy; y aquí se reunía al aire libre el tribunal del Areópago, cuyas decisiones dirimían graves cuestiones de religión, y algunas veces se condenaba a criminales. La índole informal de la transacción esta vez muestra que no fue tribunal que citaba a Pablo; sólo un grupo de filósofos que deseaban oírlo en quietud y para esto escogieron tal punto. La agora se extendía abajo a plena vista, y se podía oír con distinción el susurro de sus ruidos confusos, pero esto no impedía al pequeño auditorio que oyese la voz del orador.

     El paréntesis que hace Lucas, de que todo ateniense y extranjero que vivía allí no empleaban su tiempo más que en oír o decir algo nuevo, aunque no verídico referente a las clases laborantes y los mercaderes que no se abarcan con la expresión, si lo era especialmente de la masa general, pues en aquellos días concurrían a Atenas de todas las naciones para ampliar su educación oyendo a numerosos oradores sobre todo tópico, y para saber de países extraños al suyo por parte de los visitantes de aquéllos. Así cada cual era a la vez oyente y relator de algo que para los demás era nuevo. Concuerda perfectamente con este hábito de aquellos filósofos que quisieran oír la enseñanza foránea que Pablo parecía deseoso de impartir.

 

Proceder al comentario sobre Hechos 18:1-23

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