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Buenos ministros de Jesucristo. Contenido completo del curso

Texto ¡Gigantes en la tierra! -Parte 1

¡Gigantes en la tierra! Imágenes (diapositivas) en PDF, vía un carrusel de las mismas, para este tema.

 

  Buenos ministros de Jesucristo

Curso de capacitación espiritual para distintos ministerios

¡Gigantes en la tierra!

Parte 2

Gúliver y los liliputienses: atando al gigante. Atando y desatando a los gigantes espirituales.


www.chimica.unipd.it

 

Algunos puntos principales traídos mediante este estudio

-“Cristianos liliputienses.” En la iglesia del Señor, ¿se encuentra "gente minúscula", o sea, cristianos de poca estatura espiritual?

-Caso todavía más risible, para no decir torpe o tonto, a saber, ¡el del obrero espiritual que se amarra a sí mismo con soguitas pequeñas o ligaduras endebles!

-¿Con qué razón o lógica se amarra o se traba a sí mismo el predicador, evangelista, maestro, anciano o diácono? Sin embargo, esto mismo ocurre.

-No practicar el aseo personal. No bañarse o afeitarse. Vestir ropa sucia o inapropiada. Zapatos sucios. Falta de buenos modales a la hora de comer. Falta de cortesía. Irresponsabilidad en la administración del tiempo. Oficina o despacho regado y sucio. Muletillas irritantes. Gestos o miradas de dudosa intención. Palabrería: ¡se amarra con su propia lengua demasiado larga! Chistes y cuentos de doble sentido. Expresiones de mal gusto. Sentimientos y acciones infantiles.

-Las muchas ligaduras que traen los “cristianos liliputienses” y cómo amarran al siervo del Señor.

-Hace mucha falta auténticos “títanos espirituales”.

 

I.  “Los viajes de Gulliver”, por Jonathan Swift, se cataloga entre los clásicos de la literatura inglesa. ¿Lo ha leído usted? “La obra maestra de Swift, Viajes a varios lugares remotos del planeta, titulada popularmente Los viajes de Gulliver, fue publicada como anónimo en 1726 y obtuvo un éxito inmediato” (Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos). En sus viajes, Gulliver llega a la tierra de los liliputienses, diminutas criaturas que medían solo quince centímetros de alto. Cansado, Gulliver se acuesta en un pasto, quedándose dormido. Se acercan los liliputienses minúsculos al hombre acostado en el pasto, y ¡tremenda sorpresa se llevan al divisar a un ser, para ellos, tan enorme! No tardan en concebir y efectuar un plan para amarrar al "gigante" Gulliver con cantidades de soguitas y estaquitas. Al despertar Gulliver, ¡gran sorpresa se lleva él, pues encuentra que no puede moverse! Efectivamente, ¡la gente diminuta, utilizando cosas diminutas, lo han inmovilizado! ¡Qué situación más ridícula y embarazosa para el Señor Gulliver! Este curioso cuento cobró gran popularidad en la categoría de “literatura infantil”, pero Swift no lo escribió para niños sino como una sátira sobre la raza humana con la idea de poner al descubierto cuán superficiales y aun ridículas suelen ser sus acciones, conversaciones, maniobras o intrigas. A nuestro parecer, el cuento de Gulliver es muy aleccionador para nosotros los que deseamos serle útiles en grado sumo a Cristo.

A.  Preguntamos: en la iglesia del Señor, ¿se encuentra "gente minúscula", o sea, cristianos de poca estatura espiritual? Sin intención alguna de ofender a nadie, la respuesta es que sí, en definitiva, los hay en casi toda congregación, a veces aun en el liderato. “Cristianos liliputienses.” Cristianos bajitos de estatura espiritual, mas sin embargo capaces de inmovilizar al gigante que se descuida o se duerme en medio suyo, amarrándolo con sus cosas diminutas y endebles. Esa "gente pequeña de la iglesia", armada con sus pequeñeces, tonterías, porfías, prejuicios, quejas y temas superficiales, sorprendentemente, tiene el poder para rendir inútil al obrero del Señor, con tal de que él se lo permita, haciéndolo quedar muy mal, aun en ridículo, ante la iglesia y el mundo. De pasar semejante cosa, ¡qué situación más embarazosa para el obrero amarrado de tal manera!

B.  Pero, querido siervo, con frecuencia preocupante se da un tipo de caso todavía más risible, para no decir torpe o tonto, a saber, ¡el del obrero espiritual que se amarra a sí mismo con soguitas pequeñas o ligaduras flojas! Veamos, y qué ninguno de los presentes se sienta aludido, escandalizándose. ¿No es cierto que algunos de nosotros, pudiendo ser más fuertes y productivos en los ministerios de Dios, irónicamente hacemos el papel tonto de amarrarnos o trabarnos a nosotros mismos con hilitos, cordoncitos, nuditos, soguitas o estaquitas que ni siquiera debemos poseer? Sin duda, habrá quienes lo hacen ¡aun sin darse cuenta!

1.  Estudiemos el instructivo verbo “trabar”. Trabar. (De traba). tr. Juntar o unir una cosa con otra, para mayor fuerza o resistencia” (Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos).

a).  En los ranchos, si el vaquero decide trabar los pies de un caballo, buey, vaca o cualquier otro animal, ¿qué hace? Junta los pies, amarrándolos con una soga o lazo, ¿no? Trabados los pies, el animal solo puede dar pasitos. Ya no puede caminar o correr lejos, ¿cierto?

b)  Pero, ¿qué tal si el vaquero se traba a sí mismo, juntando y amarrando sus propios pies? El agricultor que sale a trabajar en sus campos, ¿qué tanto logra si se traba a sí mismo? ¿Ha visto usted alguna vez a un agricultor atarse él mismo sus dos pies el uno al otro antes de salir a trabajar? ¿Se traba a sí mismo el albañil, ebanista, o chofer de autobuses? ¿Ha visto usted alguna vez a un carpintero atarse su mano derecha a su pie derecho, intentando luego treparse al techo de una casa para hacer reparaciones? ¿Alguna vez, ha visto usted a un dentista entrar en sus oficinas habiéndose atado él mismo su brazo derecho a su propio cuerpo? Por grande que fuese su reputación, yo no permitiría jamás que tal dentista me hiciera ningún tipo de trabajo en la dentadura, pues lo tendría por desquiciado. ¿Y usted?

c)  A cualquiera de estos trabajadores o profesionales que se trabara a sí mismo le tildaríamos de “loco”, ¿verdad? Entonces, amado, ¿con qué razón o lógica se amarra o se traba a sí mismo el predicador, evangelista, maestro, anciano o diácono? Sin embargo, esto mismo ocurre. A menudo, el ministro de Cristo es quien traba a sí mismo. Trabado, solo puede dar pasitos. No puede correr. No puede llegar lejos. No puede rendir casi nada en el trabajo. ¡Qué pena! Se amarró a sí mismo. ¡Qué tonto! ¡Qué falta de cordura y sensatez!

d) Entre los hilitos, cordoncitos o soguitas con que nos amarramos se encuentran los siguientes:

(1)  “No practicar el aseo personal” necesario para la higiene y una buena impresión física. Por ejemplo:

(a)  Salir para llevar a cabo ministerios espirituales, bien sea en el local de la congregación, algún hogar o la calle, ¡sin bañarse! El olor del sudor corporal no es grato que digamos. Si usted nota que las personas en su presencia se dan como pasitos para atrás, ¡quizá haya usted ofendido su olfato! Algunos cuerpos humanos exuden más olores ingratos que otros. Un buen desodorante puede ser útil para controlarlos.

(b)  No cepillar los dientes o enjuagar la boca. ¡El mal aliento que sale de la boca de algunos siervos es tan fuerte como para marear a gigantes!

(c)  Salir sin afeitarse . De aprobar usar barba la cultura donde se desenvuelve el varón cristiano, el que la usa debe mantenerla bien limpia y arreglada.

(d)  Vestir ropa manchada o sucia. El siervo de pocos recursos materiales tal vez no cuente con siquiera una sola muda de ropa más o menos nueva, pero si es astuto para hacer el bien, procurará presentarse siempre con ropa limpia, aunque ella ya tenga bastante uso.

(e)  Al reunirse en la congregación o realizar obras del Señor en cualquier lugar público, vestir ropa inapropiada. Por ejemplo, salir en pantalones cortos y camiseta para repartir literatura. El siervo que lo hiciera, ¿no estaría "predicando la moral en calzoncillos"?

(f)  Usar zapatos sucios. “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15), y aún más hermosos si son limpios, y todavía más si son limpios los zapatos del mensajero que anuncia buenas nuevas.

(1)  Excepciones . Desde luego, hay lugares y circunstancias que dificultan el aseo personal adecuado: campos aislados, falta de facilidades, escasez de agua, caminos polvorientos o fangosos que ensucian zapatos y ropa, autobuses atestadas de gente sudorosa, etcétera. Ningún mensajero valiente se cohíbe de hacer la obra evangelística a causa de tales circunstancias. Anunciar las buenas nuevas siempre tiene prioridad, y cumplirá, no dando más importancia a su presencia corporal que al mensaje de Cristo.

(2)  Con todo, siempre y cuando sea posible, debemos practicar el aseo personal necesario para la higiene y una buena presentación personal. Quien no lo hace se traba a sí mismo. Hacerlo, sí, pero sin exagerar. El varón que pasa hora y medio en el baño, arreglándose y echándose perfume y polvo, da lugar a malas sospechas, ¿no es así? Quien tal cosa hace, ¿no lo tildarán de “afeminado”? Lo de pasar hora y medio en el baño, aplicándose cosméticos y poniéndose bonita, lo hace la mujer sin provocar comentarios negativos. Pero, hacerlo el varón, y los chismes no tardan en aflorar y regarse.

(2)  La “falta de modales a la hora de comer” es otra soguita con la que algunos siervos se atan a sí mismos. En la mesa, a veces suceden barbaridades que repugnan o asquean. Querido hermano, ¿cómo come usted?

(a)  ¿ Mete los dedos en el plato, en lugar de hacer uso de tenedor, cuchara o cuchillo? ¿Mete la cara en el plato para comer más rápido? Sin mentir, en cierto restaurante este servidor presenció a un cliente ¡meter la cara misma en el plato y comer con gusto!

(b)  ¿Suele usted engullir a prisa el arroz y los frijoles, las pupusas (si vive en Centro América), la sopa o el pescado, sin cerrar la boca al masticar, haciendo ruidos con los labios tales como batiéndolos audiblemente, chupando, sorbiendo o soplando? ¡Ay de usted si lo hace! Se trata de malas costumbres, las que no solo traban al mensajero de Cristo sino que también han sido hasta causa de divorcios.

(c)  ¿Acaso habla usted mientras mastica la comida? ¡Qué asqueroso hábito! El que lo hace, pues a veces ¡salen disparados de su boca fragmentos de vegetales, carne, queso, pan, o lo que sea, mojados de saliva, salpicando la cara o la ropa de quienes estén cerca! ¡Qué vergüenza!

(d)  ¿Estamos trayendo para su consideración meras "tonterías"? Amado, los buenos modales no se deben minimizar o despreciar. Definitivamente, pierde estatura el cristiano que no los tenga. Él mismo limita su propia efectividad. Proyecta una imagen que ofende a muchas personas cultas. Escandaliza y aleja aun a inconversos, quienes esperan lo mejor del varón que se identifica como “mensajero de Cristo”. Así pues, ¡mucho ojo! Y cuidado de no mofarse de los buenos modales, o de las personas que los estiman importantes. A la verdad, contribuyen a ennoblecer la vida.

(e)  Fíjese en lo que le pasó a un hombre que no supo dar importancia a los buenos modales. Su caso apareció en la famosa revista “Selecciones”. Recién graduado con honores de cierta universidad, el hombre aludido procuraba empleo con una empresa prestigiosa. Los administradores de personal lo invitaron a cenar con ellos. Al observar su falta de modales en la mesa , ¡lo eliminaron como candidato para el escaño vacante! Increíble pero cierto: ¡aquel varón joven perdió la oportunidad de una posición bien remunerada por falta de buenos modales a la hora de comer! ¿Qué le parece?

(1)  Querido siervo del Señor, la gente inconversa está observándonos, como también los miembros de la iglesia. Algunos pasarán por alto nuestros "fallitos", "cositas" o excentricidades poco halagüeñas. Pero, otros, al notarlos, nos menospreciarán en sus corazones y, a consecuencia,  perderemos oportunidades para atraerlos, salvarlos y edificarlos. A lo mejor nunca nos critiquen cara a cara para evitar confrontaciones, sinsabores u ofender nuestras sensibilidades, pero no sentirán respeto por nosotros. Debido a estos peligros y pérdidas reales, nos atrevemos a traer a su atención estos asuntos, de cierto, algo delicados por tener que ver con la misma persona de uno y la imagen que proyecta.

(2)  Usted, hermano, puede que sea un orador elocuente. Usted, hermana, puede que sea una maestra excelente. Pero si no cuida de su persona ni practica los buenos modales, tanto su testimonio, como su mensaje y ministerio, perderán una parte de su poder y eficacia. ¡Esto simplemente no debe suceder! ¿Que defectos de esta índole, fácilmente eliminados, tachen el evangelio de Cristo? ¡Inconcebible! Por favor, ¡tomemos medidas para que no ocurra semejante desgracia!

3.  La "falta de cortesía" es otro cordoncito con el que podemos amarrarnos a nosotros mismos. En nosotros los siervos de Cristo, tal falta es realmente imperdonable, pues entre todos los seres humanos sobre la faz de la tierra, ¡el cristiano es quien siempre debe ser CORTÉS! ¿De acuerdo? La descortesía, ¿cómo se manifiesta? De mil maneras. Por ejemplo, en el contexto de la iglesia, sus reuniones, actividades y trabajos:

(a)  Negarse a saludar, saludar con aspereza o saludar, pero con una mirada desviada, vacía o fría.

(b)  No despedirse, despedirse a prisa o despedirse toscamente.

(c)  No agradecer, con palabras finas y sinceras, favores, regalos, encomios, trabajos, sacrificios, etcétera. Tener la actitud de "me lo deben", o "me lo merezco", y por lo tanto, "¿por qué habría de expresar gratitud"? "La iglesia me lo debe." "El hermano me lo debe." Por ejemplo, al preparar las hermanas comidas para alguna confraternidad, conferencia, campaña o la ocasión que sea, los varones, y en particular, los que estamos al frente en el liderato o ministerios, ¿solemos acercarnos a ellas dándoles las gracias por su esfuerzo y sacrifico? El siervo humilde, atento, cortés y noble de corazón, agradece hasta los favores más pequeños, como además toda obra y esfuerzo de los demás, nunca teniendo “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Romanos 12:3), sino “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

(d)  No felicitar a quienes se esmeran en dar lo mejor en el cumplimiento de sus ministerios, bien sea enseñar una clase o limpiar el lugar de reunión, es ya una falta de cortesía, gracia y bondad. Igualmente, visitar a hogares en horas no convenientes o alargar visitas sin que haya una razón justificable, incomodando y cansando a los anfitriones.

(e)  En casi toda situación, hablar mientras otro está hablando, o interrumpir sin pedir permiso, se considera una grave falta de cortesía y respeto.

 

4.  "Irresponsabilidad en la administración del tiempo" es otro hilo con el que algunos se traban en la obra del Señor, pues este rasgo negativo, de hecho,  bastante común, implica indisciplina en asuntos de la vida, desorganización, falta de prioridades fuertes, carácter flojo, etcétera. Por ejemplo:

(a)  Llegar tarde para las reuniones y actividades de la congregación, costumbre inexcusable en todos, pero especialmente censurable en los líderes, a quienes les corresponde asentar el mejor ejemplo de compromiso y cumplimiento.

(b)  Hacer cita con una familia para las 6:30 p. m. con el propósito de dar un estudio bíblico, llegando dos horas tarde a las 8:30 p. m.

5.  “Oficina o lugar de trabajo sucio y desordenado” es otro lazo con el que se traban algunos obreros del Reino de Dios. Tal estado transmite un mensaje negativo: "El siervo que trabaja aquí es descuidado y desordenado en sus cosas", lo cual a su vez engendra dudas: “Este hermano, ¿también será descuidado y desordenado en sus asuntos y obras espirituales”? En cambio, si la oficina o el despacho se mantiene limpio, con todo en su sitio, el mensaje positivo que se transmite es: "La persona que trabaja aquí es bien cuidadosa, responsable y ordenada".

6.  Las "muletillas usadas con frecuencia exasperante en mensajes, estudios, conferencias o cualquier intervención” componen un puñado de soguitas e hilitos que traban al mensajero de Cristo, restando poder de su mensaje, pues al oyente promedio le molestan y cansan estas muletillas inútiles e irritantes. Quizá sea usted culpable de utilizar muletillas, aun sin darse cuenta. Le sugerimos verificar el asunto, preguntando a personas de confianza: “¿Acaso estoy utilizando alguna muletilla en mis ponencias o clases”? A continuación, algunos ejemplos:

(a)  "Eeeeeh." Hay quienes saben estirar mucho esta muletilla: "Eeeeeeeeeeeeeeh." Quiere decir, aunque usted no quisiera decirlo: “Mi mente se ha quedado en blanco, no estoy bien preparado, no estoy seguro de lo que viene próximo, no he determinado de antemano las palabras más adecuadas para expresar lo que tengo en mente, estoy perdido, no soy apto para enseñar”, etcétera. ¿No quisiera usted transmitir tal mensaje a sus oyentes? Pues, ¡no recostarse de esta muletilla!

(b)  "¿Verdad? ¿Verdad? ¿Verdad? ¿Verdad?" Interrogativa retórica apropiada en algunos contextos, pero que se convierte en muletilla de distracción irritante cuando repetida al final de cada tres o cuatro oraciones.

(c)  "¿Y qué… ? ¿Y qué… ? ¿Haciendo… diciendo… qué… ?", interrogativa hecha con una pausa después del vocablo “qué” con la idea de que el oyente llene el blanco silencioso con la palabra o expresión indicada. Aceptable cuando utilizada sabiamente, pero que se vuelve muletilla abusada cuando repetida muy a menudo.

(d)  "Eeeste.  Eeste. Eeeeeeste."

7.  "Gestos (ademanes) o miradas que envían señales de dudosa o cuestionable intención” componen todavía otra categoría de soguitas con las que se traban algunos siervos del Señor. Su mensaje es uno de inseguridad, confusión mental, inestabilidad emocional o complejo de inferioridad. A continuación, algunos ejemplos:

(a)  Mirar hacia el techo, hacia el piso o por la ventana mientras predica, enseña, dirige el culto, dirige los cánticos espirituales, etcétera.

(b)  Saludar, sin mirar en los ojos a la persona de frente.

(c)  Al saludar, proferir la mano como si fuera un pescado muerto, sin fuerza, con la muñeca a medio doblar y los dedos guindando.

8.  El siervo que habla demasiado, que no suelta la palabra, ¡se amarra a sí mismo con su propia lengua demasiado larga!

9.  Otro manojo de hilos son las “palabras o expresiones inapropiadas o de mal gusto”.

(a)  Palabras bruscas, ásperas o groseras.

(b)  Bromitas pesadas o de doble sentido, que también resultan de doble filo ya que cortan tanto al que las gasta como a cualquier oyente.

(c)  Humor colorado y dañino basado en el racismo, sexo, rasgos físicos, etcétera.

10.  Amado, cuidado de trabarse con "sentimientos y acciones infantiles" . Hay un “infante” dentro de cada persona presente, incluso este servidor. Así aseguran los psicólogos, enseñando que esa criatura diminuta, dada la oportunidad, hace al adulto anfitrión conducirse como niño, dando rienda suelta a emociones, deseos, arranques, cóleras y expresiones inmaduras propias de “niños”. Tanto en la iglesia como en el hogar y la sociedad en general, se observan brotes de "infantilismo". Este mal reduce al adulto al plano de niño consentido, egoísta, llorón, quejumbroso o aun malicioso. Cualquier líder espiritual afectado por este mal es del todo imposible que su porte sea de gigante espiritual. Identificamos algunas emociones y acciones de índole infantil.

(a)  Celos y envidias. El hermano Eustaquio comenta: "Está bien, reconozco que el hermano Pedro predicó un mensaje poderoso. Pero, si me dieran la oportunidad, yo podría hacerlo mejor. Es verdad que los mensajes de Pedro son buenos, pero él no sabe enseñar bien una clase bíblica" . ¿Qué espíritu se está manifestando en Esteban? Obviamente, no el de líder maduro y generoso sino el de "niño" un tanto envidioso y jactancioso.

(b)  Iras explosivas. Al hermano Epifanio le hacen una crítica constructiva sobre su forma de expresarse en el púlpito. Se le llenan los ojos de enojo y dolor, y responde desafiante: "¿Cómo te atreves a criticarme?  Yo sé predicar. Hace años que vengo predicando y enseñando. ¿Qué sabes tú de mensajes o de cómo presentarlos mejor?" Luego da la espalda y se marcha sin tan siquiera un "Adiós". Epifanio ha caído en el error grave de soltar al “infante” dentro de él. No habla el obrero maduro, humilde y deseoso de mejorar su ministerio, sino el "niño" orgulloso y acomplejado. Epifanio acaba de trabarse a sí mismo, perdiendo credibilidad y el respeto de quienes presencian su arranque.

(c)  Ofensas por asuntos de poca o ninguna importancia. Se le escucha a al hermano Basilio decir, amargado: "No me pusieron a dirigir siquiera una sola oración durante todas las conferencias. Me tienen arrinconado. Me siento menospreciado ¡No vuelvo a participar en las actividades de la iglesia!" Se manifestó el “infante” escondido en Basilio, ese "niño" que toma ofensa por cualquier tontería, recoge sus juguetes y se va con cara larga para su casa. No se sobrepuso el siervo maduro, pues este se alegra cuando asignan los ministerios a otros hermanos igualmente o aun más capacitados para su hábil ejecución.

(1)  Querido hermano, si, de veras, queremos ser gigantes espirituales libres de toda traba, ¡es imprescindible reprimir al "infante", al "niño", al “muchacho”, dentro de nosotros! Ese “niño”, ese “muchacho”, jamás puede ser “gigante”. Es “niño” y siempre lo será

(2)  Amado siervo, ¿qué tal el "niño" dentro de usted? ¿Lo tiene bajo control? ¿Acaso lo suelta de vez en cuando en medio de la congregación para que corra, grite, brinque o se desahogue? Ese "niño" es travieso y capaz de conducirse de tal modo que a usted se le ruborice la cara de vergüenza. Mejor no dejarlo manifestarse sino que siempre se manifieste el siervo disciplinado y maduro. ¿De acuerdo?

 

2.  Resumen y aplicación. Queridos hermanos, todas estas ligaduras que hemos señalado, ¡rompámoslas de una vez! Desistamos de la práctica tonta de amarrarnos a nosotros mismos con cosas insignificantes y endebles, o de trabarnos a nosotros mismos y a otros con ellas. ¡Cortemos todos estos hilos, cordones y sogas! ¡Basta ya de inmovilizarnos a nosotros mismos! Es hora ya de pararnos varonilmente sobre nuestros dos pies y marchar con paso firme, libre de trabas, como gigante verdadero, en el cumplimiento eficiente de nuestra misión sagrada.

II.  En el cuento de Gulliver, los liliputienses amarran al héroe del relato. Hoy día, nuestro mundo está lleno de "Liliputienses" empeñados en atarnos. Por desgracia, ¡también se encuentran "liliputienses" en la iglesia! Si se lo permitimos, nos atarán con infinidad de ligaduras insignificantes y débiles, las que, unidas y enlazadas, virtualmente nos inmovilizan cuando de realizar obras importantes del Reino se trata. Para tener una idea, mencionamos dos o tres, nada más, de estas ligaduras, entre ellas, exigencias e importunos de toda suerte que en poco o nada contribuyen al bien de la obra del Señor o de la humanidad.

A.  El cristiano liliputiense insiste: "Llévame para allá. Vamos para tal sitio. Demos una vuelta por el valle. Hagamos esto. Hagamos aquello". Sin rumbo. Sin propósito. Solo para "matar el tiempo" o satisfacer algún antojito trivial y egoísta. Personalmente, pienso que "matar el tiempo", o hacer que otros lo maten, ha de figurar como un "crimen" serio ante los ojos de Dios, pues él nos exhortar a aprovechar bien el tiempo.

B.  El cristiano liliputiense viene con sus soguitas diciendo: "Hazme el favor de... Necesita que me hagas... Usted es el único que me puede ayudar a…  Hazlo por mí. Por la iglesia". A menudo, se trata de diligencias de poca o ninguna importancia, trabajos de mantenimiento, bien sea en la casa del miembro que importuna o en el local de la iglesia. Trabajitos, detalles o pormenores insignificantes que consumen las preciosas horas, aun días enteros, del siervo del Señor. Cosas que familiares bien pudieran hacer, u otras personas con menos obligaciones serias.

1.  El gigante espiritual no debe pasar mucho tiempo como plomero, carpintero, chofer, agente de viajes, en fin, el "resuélvelo todo" para toda la iglesia, los familiares y los amigos de los miembros.

2.  El siervo que dedica mucho tiempo y esfuerzo a trabajos y menesteres de esta categoría, descuidando las obras más importantes del Reino, ¡pronto se convierte él mismo en "liliputiense espiritual”! Hermano, ¡cuidado que los “cristianos liliputienses” no reduzcan a usted mismo a la estatura de  "liliputiense"!

III.  Conclusión.

A.  En todo el mundo, hace falta "verdaderos gigantes espirituales"...

1.  Que tomen pasos agigantados para llevar el evangelio a toda criatura.

2.  Que miren por encima de los montones de asuntos diminutos hacia las masas sumidas en miseria espiritual, extendiéndoles el brazo fuerte de la salvación.

3.  La mitología griega cuenta de doce seres muy fuertes, seis hermanos y seis hermanas, llamados los "títanos". Uno de los hijos que engendraron se llamó "Atlas". Aun hasta el sol de hoy presentan a esta figura mítica en dibujos y esculturas como el ser que sostiene al planeta Tierra sobre sus hombres.

a)  Pero, bien sabemos que el único Dios verdadero, Jehová el Todopoderoso, es él que hizo la tierra sosteniéndola en el espacio sobre la nada.

b)  Con todo, podemos afirmar, figurativamente, que hace falta muchos "títanos espirituales” capaces de llevar sobre sus hombros fuertísimos a los débiles de la iglesia, a las congregaciones débiles, además a los líderes débiles, o que se están debilitando, y aun a las multitudes de almas en pecado.

(1)  No hace falta gente minúscula de espíritu encogido.

(2)  No hace falta enanos o pigmeos.

(3)  Lo que, sí, hace mucha falta son auténticos "títanos espirituales”.

4.  ¿Cuántos verdaderos "títanos espirituales” hay en los países de habla hispana? ¿En todo el mundo? ¿Es usted uno de ellos?

B.  Querido hermano, nuestro sincero deseo es que Dios fortalezca a usted de tal modo que tenga la fuerza y el vigor de ser verdadero "titano espiritual”.

 

Texto de ¡Gigantes en la tierra! Parte 1.

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