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Preguntas sobre este estudio para el desarrollo de clases bíblicas y dar examen

El pecado original

“¿Qué pecado entró por Adán?” pregunta Ramón, de Santiago, Chile.

Interpretamos esta obra artística de la siguiente manera: las figuras fantasmagóricas, nubes y luces de distintos colores –negro, rojo, blanco y gris de tonalidades variadas- representan la introducción de la ciencia (conocimiento) del bien y del mal en el huerto del Edén, donde apenas se ven las figuras de Adán y Eva cerca de un lago pequeño. Con este conocimiento vienen tempestades y guerras morales-espirituales, las que afligirán a la raza humana por su duración, incluso las criaturas más inocentes e ingenuas. También resulta en sufrimientos físicos y muerte física para todos.

Interpretamos esta obra artística de la siguiente manera: las figuras fantasmagóricas, nubes y luces de distintos colores –negro, rojo, blanco y gris de tonalidades variadas- representan la introducción de la ciencia (conocimiento) del bien y del mal en el huerto del Edén, donde apenas se ven las figuras de Adán y Eva cerca de un lago pequeño. Con este conocimiento vienen tempestades y guerras morales-espirituales, las que afligirán a la raza humana por su duración, incluso las criaturas más inocentes e ingenuas. También resulta en sufrimientos físicos y muerte física para todos.

Lección 1

Texto para el maestro

Romanos 5:12 analizado. Sus afirmaciones y las implicaciones de estas estudiadas con detenimiento.

Algunos puntos discutidos:

-La interpretación de Romanos 5:12. “Todos pecaron” estudiado detenidamente.

-La codificación del bien y del mal existía en el cielo antes de la creación de la raza humana.

-“La ciencia del bien y del mal”, información clasificada y prohibida, pero, sin embargo, accesible. Analogía para las generaciones modernas: el “árbol” es una computadora.

-En el Edén antes de la caída, ¿existía la tentación de pecar?

-¿Por cuánto tiempo resistieron Adán y Eva ceder a la tentación?

-Antes de pecar, ¿eran Adán y Eva capaces de tener pensamientos malos?

-Al comer Adán y Eva del fruto prohibido, acto seguido, se descarga a sus mentes la información clasificada de la ciencia del bien y del mal.

-Una vez existente y disponible en la tierra esta información, ¿cómo erradicarla o al menos controlarla?

-Dios mismo vio en la raza humana la alarmante tendencia hacia lo malo. “Dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21).

-¿Desde cuándo?

-Este “mal intento”, ¿se lo atribuye Jehová al “pecado original”?

-¿Por qué suele inclinarse el joven de actualidad a lo malo?

-Las causas comienzan aun en el vientre de la madre.

-La niñez. El ámbito sumamente negativo en el que se cría el niño promedio de actualidad, ¿lo predispone a la maldad?

-La adolescencia. El ámbito asociado con la pubertad ya está cargado de muchos males.

-¿ Genes ya programados para la maldad? ¿Espíritu ya torcido, predispuesto a la maldad?

-La obsesión con el sexo, ¿no constituye evidencia contundente de estragos del “pecado original” en los jóvenes?

-Los fuertes impulsos sexuales característicos de la adolescencia.

-Medidas tomadas por padres de generaciones pasadas.

-La filosofía actual en países desarrollados: aplazar el matrimonio hasta después del apogeo del vigor sexual.

-Datos para varios países.

-El desbarajuste sexual y social de las generaciones actuales no resulta de la supuesta transmisión de la culpa del “pecado original” a todo ser humano.

 

Ramón plantea su inquietud.  

“Saludos. Hay algo que no entiendo de lo que he leído en su Página. Si nosotros nacemos sin pecado original, que hasta ayer, el día de mi cumpleaños, 20 de noviembre, que nunca voy a olvidar ya que gracias a ustedes, lo entendí: Dios no hace nada malo, todo es bueno. Yo por más de 20 años fui católico, criado con esa doctrina, y gracias a ustedes, lo entendí. Bueno, mi pregunta es la siguiente: si nacemos sin pecado, ¿por qué en otra lectura de la Biblia dice que el pecado entró por Adán? Siendo que uno, al ir creciendo, se va desviando del camino, ¿qué pecado entró con Adán? Si uno, al crecer, cambia y se va a lo malo, no entiendo qué pecado entró con Adán. Si me pudieran contestar les estaría muy agradecido. Muchas bendiciones.” Ramón. 

Estimado Sr. Ramón:

La paz de Dios abunde en usted y los suyos.

El texto bíblico al que alude usted es Romanos 5:12-21. Citamos el 5:12, analizándolo.  

Romanos 5:12

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

A.  “El pecado entró…” ¿Qué pecado entró? El “pecado” en sentido genérico. El “mal” entró. Adán y Eva cometieron un pecado específico, a saber, quebrantaron el mandamiento que decía: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás” (Génesis 2:16-17). Su pecado particular efectivamente abrió el “Gran Portón al Reino del Conocimiento Moral”, portón que, hasta aquel momento, los había protegido de los peligros de conocer el “mal” y las consecuencias dolientes y tristes de practicarlo. Una vez abierto aquel “Portón”, se lanzaron por él multitud de fieros diabólicos, atacando a Adán y sus descendientes, es decir, a toda la raza humana. Comiendo de aquel árbol prohibido, Adán y Eva conocen no solo “el bien” sino también “el mal”. No un solo “mal” sino “el mal” como género de cosas y acciones que Dios, el Creador, codifica, o clasifica, como “pecados”. La codificación del “bien”, como también del “mal”, es evidente que Dios la había hecho antes de crear a Adán y Eva. Aquella codificación existía en el cielo antes de la creación de la raza humana. Compartir, o no compartir, el “conocimiento” de ella era prerrogativa de Dios.

1.  Al Dios crear a Adán y Eva, determinó no enseñarles el CONTENIDO de aquella codificación “de bien y de mal” que ya había desarrollado. (Utilizamos el vocablo “codificación” por la razón de que tanto la idea de “el bien”, como la de “el mal”, implican la identificación y clasificación de cosas, acciones, actitudes, atributos, o lo que fuese, como “buenas” o “malas”.)

2.  Les hizo saber que su codificación existía, representándola mediante un “árbol”, único de su especie, que él mismo plantó “en medio del huerto” de Edén, un árbol “bueno para comer… agradable a los ojos” y “codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3:6): “el árbol de la ciencia del bien y del mal”. Así pues, antes de caer, Adán y Eva sabían que existía una rama de “ciencia” (conocimiento) que su Creador, quien “paseaba en el huerto, al aire del día” (Génesis 3:8), había decidido no compartir con ellos. Hasta qué medida entendieran los conceptos de “bien” y de “mal” no lo sabemos, pero sabían que las dos categorías de ciencia (conocimiento) existían. Su CONTENIDO es lo que desconocían.

3.  No solo informa Dios a la primera pareja que las dos categorías de ciencia existen sino también pone delante de ellos el medio de descubrir su contenido prohibido, a saber: comer del fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal”. Esperamos no ofender al Creador al tomar el atremiento de ampliar en nuestras propias palabras el sentido de lo que él dijo a aquella primera pareja. “Adán y Evan, quiero que sepan que existen el bien y el mal. He desarrollado una ‘ciencia del bien y del mal’. Todo lo relacionado a esta ciencia está codificado. ¿Quieren conocer el contenido del código? No les conviene conocerlo. Conocerlo significaría mucho sufrimiento para ustedes, incluso la muerte. Pero, si insisten en tener conocimiento, he aquí este árbol que lo representa. Comer de su fruto, y sus ojos serán abiertos. Sabrán todo lo que he clasificado de ‘bueno’, y todo lo que he clasificado de ‘malo’, pero les advierto que este conocimiento acabará con su felicidad, con las condiciones idílicas que están disfrutando en este bello huerto, trayendo también consecuencias que no quisiera que experimentaran, incluso la muerte de sus cuerpos físicos”.

     Formulamos la siguiente analogía para las generaciones modernas. El “árbol” es una computadora, y sus “frutos”, pues, los programas que facilitan conocer lo bueno y lo malo. Ahí en el lugar que le corresponde está la computadora. Contiene información clasificada, la que, de leerla los hombres, resultaría en grandes sufrimientos. Para su bien, les está prohibido leerla. Sin embargo, hay libre acceso, no habiendo código de seguridad que se lo impida.

a)  ¿Probaba Dios a Adán y Eva? No cabe duda.

b)  En el Edén antes de la caída, ¿existía la tentación de pecar? Positivo, desde el momento de pronunciar Dios el mandamiento de no comer de aquel árbol.

c)  ¿Por cuánto tiempo resistieron Adán y Eva ceder a la tentación? Este detalle no se divulga en el relato de Génesis. Habiendo vivido ciento treinta años, Adán engendró a Set (Génesis 5:3). Antes de nacer Set, habían nacido Caín, “labrador de la tierra”, y Abel, “pastor de ovejas”. “Y aconteció andando el tiempo, que los dos, ya adultos, traen ofrendas a Dios, siendo rechazada la de Caín. “Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”, y mató a su hermano Abel. Caín y Abel nacen después de echados sus padres del Edén (Génesis 3:24; 4:1-8). Todas estas circunstancias nos llevan a concluir que Adán y Eva resistieran por poco tiempo la tentación de comer del árbol prohibido, quizá menos de un año, quizá unos meses o días, nada más. Al crearlos, Dios les dice: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28), y de haber obedecido pronto, pues más o menos al año hubiese nacido su primer vástago, pero cayeron en pecado antes de procrear siquiera su primer hijo.

d)  Antes de pecar, ¿eran Adán y Eva capaces de tener pensamientos malos? En definitiva. Al menos uno: el de codiciar el conocimiento que Dios había reservado para sí mismo, la “ciencia del bien y del mal”. Eva vio que el árbol era codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3:6). ¿Es pecado el pensamiento malo? Negativo. Implementado, el resultado es “pecado”.

-“El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

-“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado” (Santiago 1:15).

4.  Deseando adquirir el conocimiento que Dios había reservado para sí mismo, primero Eva, luego Adán, comen del fruto del árbol prohibido. Acto seguido, se descarga a sus mentes la información clasificada de la ciencia del bien y del mal. Fluyen a sus mentes leyes divinas que fijan normas para la conducta, con penalidades para la conducta que Dios establece como inaceptable. Las consecuencias de su egoísmo e inconformidad no se hacen esperar. Enseguida, conocen emociones, sentimientos, deseos y reprimendas de conciencia asociados con la desnudez y el sexo, todo un conjunto de pensamientos y emociones que no habían conocido antes de tener acceso a la información clasificada. Dios los confronta, pronunciando, sin demorar, maldiciones sobre ellos, como también sobre el engañador, Satanás, y la tierra misma (Génesis 3:7-24).

5.  Así sucedió que el conocimiento del bien y del mal entró, o fue introducido, en la tierra por Adán y Eva. Una vez existente y disponible en la tierra, ¿cómo erradicarlo? ¡Eliminar a la raza humana! No erradicándolo, ¿ cómo controlarlo entre los seres humanos? ¡Imposible! ¿Qué opciones tenía el Creador? Con temor, abordamos este asunto, teniendo presente cuán finita es nuestra mente. Quizá dos, no más. (1) Poner fin a la raza humana, es decir, hacer morir a la primera pareja antes de que procrearan, para que no traspasaran a ningún descendiente la información previamente clasificada (el conocimiento del bien y del mal). (2) O, permitir que procrearan, con la inevitable transmisión de aquella información perjudicial a sus descendientes, hasta la duración de la raza humana en la tierra, procurando el Creador tomar medidas para contrarrestar, o aun anular, las consecuencias.

a)  La segunda opción es la que escogió Dios.

b)  Su decisión hizo inevitable que el conocimiento del bien y del mal se transmitiera a todos los descendientes de Adán y Eva. En efecto, esto mismo es lo que ha pasado en toda la tierra, entre todas las razas y naciones, hasta el presente. El tal conocimiento está difundido dondequiera, dominando y contaminando, con todas las consecuencias dolorosas previstas por el Creador.

c)  Su decisión significó además que todos los descendientes de Adán y Eva también morirían. “Por el pecado” entró “la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres.”

 

Esta imagen representa a la muerte como una figura que sostiene una hoz en las manos. 'La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.'

B.  “La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

1.  La muerte pasó a todos los hombres.” ¿Qué “muerte” pasó a todos los hombres? La muerte del cuerpo físico. “Polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). No la muerte espiritual, o la muerte del alma, sino la muerte física. Tampoco la mancha o la culpa del pecado en el Edén, sino la muerte del cuerpo. Ni tampoco la condenación al infierno, sino la muerte del cuerpo físico es lo que “pasó a todos los hombres” .

2.  “Por cuanto todos pecaron.” Esta expresión no lee “por cuanto todos, incluso fetos, infantes y niños, Dios los declaró culpables del pecado original”. Tampoco lee “por cuanto todos, incluso fetos, infantes y niños, pecaron representativamente en Adán y Eva”. Dice “por cuanto todos pecaron. Subrayamos: “¡PECARON!” Estos que “pecaron”, literal, actual y personalmente infringieron alguna ley divina. ¿Qué es pecado? “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley (1 Juan 3:4). “Infringir” y “cometer” son verbos de acción. No hay pecado sin acción. ¿Pecado sin saber nada o hacer nada? ¡Imposible! “La concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:13-15). ¿Culpa o condenación sin tener conocimiento del mal, por ejemplo, la concupiscencia (deseos desordenados, mayormente de índole sensual) o sin pecar personalmente? ¡Imposible!

a)  El vocablo “todos”, ¿ha de entenderse estricta y absolutamente como “todos y cada uno de los seres humanos, irrespectivo de edad o estado mental”? Concluimos que no.

(1)  Fíjese, respetado estudiante de las Sagradas Escrituras: ni siquiera en la expresión “la muerte pasó a todos los hombres” debemos entender “todos” en sentido absoluto o legalista. Efectivamente, ¡la muerte no pasó a todos! Hubo al menos dos excepciones, a saber, Enoc y Elías . Estos dos ilustres no vieron muerte. La muerte no pasó a ellos. “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios” (Hebreos 11:5). “Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elias subió al cielo en un torbellino(2 Reyes 2:11). El apóstol Pablo escribe: “la muerte pasó a todos los hombres”. Pero, hermano Pablo, se equivoca usted: no pasó a Enoc y Elías. ¿Corregir nosotros a Pablo? ¡Qué soberbia más osada! Quizá nos hubiese respondido: “Me expresaba en términos generales, no teniendo el propósito de cubrir todo particular o señalar y explicar toda excepción”. Tengamos presentes estas consideraciones instructivas al estudiar “todos pecaron”.

(2)  “Todos pecaron.” En Romanos 5:12-21, el apóstol Pablo pinta a grandes rasgos, por el Espíritu, la condición de la raza humana, particularmente para el tiempo que él mismo identifica como el desde Adán hasta Moisés (5:14) y desde Moisés hasta Cristo. De nuestra parte, hemos llegado a la conclusión de que los dos términos cuantitativos “todos” y “los muchos” (5:19) es preciso interpretarlos de acuerdo con el tipo de cuadro desarrollado por el apóstol. ¿Ha tomado usted nota del uso de “los muchos” en el versículo 19? Primero Pablo dice “todos”; luego, “los muchos”. Bien pudiéramos exclamar: “Decídase, hermano Pablo. ¿O “todos”, en absoluto, o “los muchos”? ¡Tanta imprecisión!” Pero, si el noble apóstol pudiera replicar, tal vez reprendiera nuestro legalismo. ¿Qué significa “los muchos”? ¿Acaso significa “la mayoría, nada más"? El contexto del pasaje indica que “los muchos” es sinónimo de “todos”. Ahora bien, de la manera que “los muchos” no se interpreta literalmente, tampoco el vocablo “todos” no lo hay que interpretar en sentido absoluto.

     Ya vimos que no todos murieron. Pues, tampoco pecaron todos. Y no estamos contradiciendo a Pablo. ¡Dios nos libre! ¿Pretendía el apóstol cubrir, en los diez versículos de Romanos 5:12-21, todos los pormenores y ramificaciones de los temas que aborda, incluso toda excepción a sus afirmaciones generales? Haciéndolo, pensamos que su exposición hubiese sido acaso más larga que la que estamos desarrollando, ¡un papiro kilométrico que llegara de Éfeso a Roma! En vez de identificar y comentar extensamente todo detalle o implicación, espera, así estamos convencidos, que hagamos deducciones inteligentes. “Todos pecaron.”  Sí, de acuerdo: pecaron todos los que literal y personalmente infringieron la ley de Dios. Deducción necesaria, además “inteligente”, estimamos, pues armoniza tanto con otras enseñanzas bíblicas como con los hechos: quienes no infringieron literal y personalmente la ley, no pecaron, perteneciendo a esta categoría fetos, infantes, niños de tierna edad y seres humanos incapacitados mentalmente.

-Pero, hermano Pablo, si estos no pecaron, si estos Dios no los inculpa de pecado, ¿por qué se enferman, muriendo algunos? El apóstol simplemente no cubre todos estos puntos en el texto que estamos escudriñando. Debemos razonar al respecto si nos interesa tener la verdad. Dolor, enfermedades, anormalidades y aun la muerte sobrevienen aun a inocentes, no por una susodicha culpa adámica heredada o transmitida a través de generaciones y milenios, sino a consecuencia de la condenación a dolor y muerte pronunciada en el Edén y hecha extensiva a todos los descendientes de Adán y Eva, bien sean pecadores o inocentes.

-Pero, ¿hay que “razonar” para entender las enseñanzas de la Biblia? Positivo. Y razonar correctamente, disponiendo de toda la información pertinente. He aquí otro “tema”, otra “ramificación”, que requiere pruebas bíblicas, y las hay, pero no las presentamos con lujo de detalle en esta ocasión por razones obvias a la mente analítica, disciplinada y organizada, como tampoco Pablo se desvía para identificar y explicar minuciosamente toda doctrina relacionada a su discurso principal.

(3)  En Romanos 11:26, Pablo escribe: “Luego todo Israel será salvo”. ¿“TODO” el pueblo, en absoluto, sin excepción? ¿Aun sin creer en Cristo y obedecer su evangelio? ¡Imposible! A pesar de no expresar el apóstol las condiciones para salvación que deben cumplir los israelitas si quieren ser salvos, bien se sabe que existen. Se sobreentienden. Asimismo sucede con “todos pecaron”. Se sobreentiende que no todos, en absoluto. Volvemos a repetir: se sobreentiende. Aun el mismo sentido común nos instruye que no pecan los que no tienen conocimiento de la “ciencia del bien y del mal”.

(4)  “Todo”, con excepciones. “Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá (Génesis 6:17). Sin embargo, no toda carne sería destruida. No moriría todo lo que hay en la tierra. Habría excepciones, las que se identifican en los versículos subsiguientes (Génesis 6:18-22). Estas se señalan en el mismo pasaje. En algunos textos o situaciones, las excepciones se sobreentienden o existen por inferencia. Tal es el caso de Romanos 5:12.

b)  ¿No está usted persuadido? ¿Todavía cree que “todos” incluya fetos, infantes y niños de pocos años, y que estos tengan pecado? Pues, permítanos presentar textos bíblicos más claros que Romanos 5:12-21.

(1)  “Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos(Mateo 19:14). ¿Quiénes están en “el reino de los cielos” ? Gente santa, ¿correcto? Entonces, los niños son santos. Dios no les imputa pecado.

(2)  “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Es del todo evidente que Jesucristo tenía a los niños por inocentes de pecado. Su innata naturaleza sana y humilde es la que se requiere para entrar en el reino de los cielos.

(3)  Consideremos. Las condiciones para perdón de pecados que establecen Cristo y los apóstoles son: (a) oír con entendimiento la palabra de Dios y creer sus preceptos, confesando con la boca el nombre de Cristo (Romanos 10:17); (b) comprender a plenitud la ciencia del mal y arrepentirse sinceramente de todo pecado (Hechos 2:38; 17:31); (c) nacer de nuevo del Espíritu, es decir, sumergirse en las enseñanzas del Espíritu Santo, y nacer del agua, o sea, zambullirse en agua (Juan 3:1-7). Estas condiciones no las puede obedecer el feto, el infante o siquiera el niño muy joven. Por consiguiente, se deduce que Dios no les imputa pecado. No hay plan de salvación para ellos por la muy obvia razón de que no tienen pecado. ¿Obedecer por ellos los padres u otros parientes? ¡Imposible! Este “plan para salvar a los recién nacidos” es pura invención de hombres, tradición popular pasada de generación a generación, pero sin fundamento alguno en la Biblia.

(4)  Es muy instructivo el caso de los israelitas que salen de la esclavitud en Egipto para la tierra prometida. Jehová dice: “En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí” (Éxodo 14:29). Este es el duro castigo pronunciado sobre el pueblo de Israel a causa de su incredulidad. Pero, ¡este castigo no cae sobre los que tenían menos de veinte años de edad! ¿Qué le parece? Dios no responsabiliza siquiera a los jóvenes por el pecado cometido por los mayores, mucho menos a los niños y pequeños del pueblo.

(4)  En cuanto a llevar el pecado de otros, o heredarlo, Jehová Dios aclara: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre; ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:20). ¡Más claro no canta un gallo!

La contraposición y el conflicto perennes entre el Bien y el Mal se representan en este abstracto contra un fondo negro.

La contraposición y el conflicto perennes entre el Bien y el Mal se representan en este abstracto contra un fondo negro.

C.  El Sr. Ramón observa que “uno, al ir creciendo, se va desviando del camino… al crecer, cambia y se va a lo malo”. ¿A qué se debe, y qué significa esta inclinación hacia lo malo?

1.  Dios mismo vio en la raza humana esta alarmante tendencia hacia lo malo. Después del diluvio que trajo sobre la tierra en el tiempo de Noé porque “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y… todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5), “dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho” (Génesis 8:21).

a)  Según Dios, ¿desde cuándo es malo “el intento del corazón del hombre” ? “Desde su juventud”. O como dice el Sr. Ramón, “al ir creciendo, se va desviando” .

b)  ¿Es malo “el intento del corazón del hombre” desde el vientre de su madre? ¡Negativo!

c)  ¿Desde nacer y durante la temprana infancia? ¡No, en absoluto! ¿Qué sabe el feto, o el recién nacido, acerca del “intento del corazón del hombre” o lo “malo"? Simple y llanamente, no es capaz de entender estos temas de “lo malo” o “intentos”, con todas sus ramificaciones morales y espirituales.

d)  Qué conste: Jehová no atribuye al “pecado original” la tendencia del hombre de inclinarse hacia lo malo desde su juventud. Ni siquiera se alude al pecado de Adán y Eva. No dice que el hombre es así porque traiga la culpa del primer pecado cometido en la tierra. No se eximen de las consecuencias del pecado en la tierra (enfermedades, anormalidades, muerte) el feto en el vientre, el infante o el niñito, pero nunca, en ningún pronunciamiento, los inculpa Dios de “pecado original” o de pecado personal.

2.  ¿Por qué suele inclinarse el joven de actualidad a lo malo?

a)  Las causas comienzan aun en el vientre de la madre, pues los especialistas en estas ciencias nos aseguran que el feto responde no tan solo a la condición física de la madre sino además a sus condiciones psíquicas y emotivas, impactándole negativamente depresiones, arranques de ira, etcétera. Al continuarse el feto su desarrollo, llega el momento cuando es capaz de percibir algo del ámbito fuera de la matriz, por ejemplo, griterías, peleas o música estridente. La ecuación es sencilla y lógica: (1) la madre iracunda y gritona transmite a la criatura en su vientre señales negativas de nerviosismo e irritabilidad, y más todavía si se desenvuelve ella en un medio ambiente frecuentemente hostil o violento, (2) la criatura se agita y sufre estrés, (3) y al nacer entra al mundo con una personalidad y un carácter a lo mejor ya propensos a la inseguridad, la agresividad anormal, las cóleras violentas difíciles de apaciguar, etcétera, y todo esto presagia la prematura apariencia de varios “males” tales como el egoísmo radical, la inconformidad con casi todo y casi toda situación, como también la tendencia de romper y destruir, fenómenos observados en algunos infantes con siquiera unas pocas semanas de vida.

-Pero, tales “males”, ¿constituyen evidencia indisputable del “pecado original” alegadamente estampado al alma de la criatura desde el momento de la concepción? Definitivamente que no. Ya vimos una posible causa completamente plausible. No es menos cierto que vicios de la madre (fumar, usar estupefacientes, tomar bebidas alcohólicas, abusos sexuales), enfermedades o desnutrición, entre otros factores, perjudican grandemente al feto. La madre drogadicta que da a luz, ¡su hijo ya es adicto! ¿Es de él la culpa?

-Caudales de estudios y evidencias comprueban que un asombroso porcentaje de criaturas totalmente inocentes de pecado personal o hereditario son víctimas de males psicológicos, morales o espirituales perpetrados por madres, padres, familiares y otros adultos inmaduros y pecadores. Su estado lamentable no se debe a la mancha del “pecado original” sino al comportamiento de los adultos que habitan su mundo.

b)  A la infancia le sigue la niñez. Consideremos lo que le pasa al niño común y corriente del presente antes de convertirse en joven. Al ir creciendo el niño promedio, se expone casi constantemente a la “ciencia (el conocimiento) del bien y del mal” que impregna, de mil maneras y más, toda la tierra. Conociendo el “mal”, bien sea poco a poco o expuesto de pronto a mucho “mal”, y presenciando diariamente pecados actuales, quizás muchos, aun centenares en un solo día (mediante televisión, juegos electrónicos y películas; en la escuela, en la calle, en el hogar), el niño crece en un ámbito sumamente negativo para el desarrollo sano de su mente y espíritu. Este ámbito, no creado por él sino por la sociedad y cultura prevalecientes, lo predispone al pecado, ¿no es cierto? Nada tiene que ver esta “predisposición” con la supuesta transmisión del “pecado original” a toda criatura humana sino que es consecuencia atribuible directamente a los ámbitos vividos, primero en el vientre de la madre, luego durante la infancia y la niñez, entonces con más intensidad durante la transición a la adolescencia.

c)  A la niñez le sigue la adolescencia, cuando entran en acción las hormonas naturales que preparan al cuerpo físico para la procreación, cambios programados por el Creador mismo y nada pecaminosos de por sí. Pero, en las sociedades actuales del Siglo XXI, en casi todo el mundo, el ámbito asociado con la pubertad ya está cargado de muchos males (jergas callejeras llenas de maldiciones, doble sentido y violencia, música de la misma índole, juegos, videos y películas también, promiscuidad sexual, drogas, bebidas embriagantes), y la tremenda presión de conformarse el adolescente al “mundo” de la juventud.

(1)  Este malvado ámbito, ya existente, hace que el intento del corazón del joven se vuelva malo, ¿no es así?

(2)  ¿O están sus propios genes programados para que, en determinado momento, entren en su corazón intentos malos? De ser así, ¿quién sería el culpable si no el Creador mismo?

(3)  ¿O está su espíritu predispuesto, por naturaleza, hacia la maldad? Pero, ¡bendito!, el espíritu de cada ser humano proviene de Dios, “el Padre de los espíritus” (Hebreos 12:9). Si viene predispuesto al mal, entonces ¿a quién responsabilizar por tal estado si no al mismo Padre de los espíritus?

(4)  Pero, y los fuertes impulsos sexuales característicos de la adolescencia, que se vuelven obsesión en muchos, incluso las fantasías sexuales y la auto gratificación, ¿no prueban que el ser humano nace ya corrompido por el “pecado original”? De modo alguno. El deseo sexual es natural, programado por el Creador mismo, asegurando la procreación y multiplicación de la raza humana. A grandes rasgos, tocamos dos o tres puntos relacionados, sin tener el propósito en este estudio de explorarlos a saciedad.

(a)  En tiempos pasados, los padres sabios de muchos pueblos, si bien no de todos, hacían arreglos para que sus hijos se casaran no mucho después del inicio de la pubertad, esto conforme a documentos históricos. Mediante ritos, ceremonias y disposiciones sociales estrictamente planificadas y aplicadas, controlaban la transición a la pubertad y el lapso de tiempo entre la pubertad y el día de casarse. De manera que evitaban para sus hijos gran número de tentaciones, excesos y abusos sexuales típicos de la juventud actual. Aun en la  actualidad, “en algunos países, es tradicional el matrimonio a muy temprana edad, siendo las familias mismas los proveedores principales del bienestar social. Generaciones viven juntas, compartiendo el cuidado de los familiares de mayor edad” . En el país Níger, de África, el 62 % de las mujeres entre los 15 y los 19 años de edad son casadas. (Atlas mundial ilustrado, Reader’s Digest, Pleasantville, New York. 2004. Página 58).

(b)  En cambio, hoy por hoy, particularmente en los países desarrollados, el matrimonio se pospone hasta muchos años después de la pubertad. En Suecia, hasta el promedio de 33 años de edad para los varones, y de 31 para las mujeres. En Dinamarca y Finlandia, hasta 32 para los varones, y 29 ó 30 para las mujeres. (Atlas mundial ilustrado, Reader’s Digest, Pleasantville, New York. 2004. Página 58). Algunos datos para otros países: Francia -29.2 para los varones y 27.1 para las mujeres; Inglaterra -29.7 para los varones y 27.7 para las mujeres. Japón -28 para los varones y 27 para las mujeres (La revista “Time”. Enero 25, 2005, Página 50.) Natural y normalmente, los años desde la pubertad hasta los 35 son los de mayor vigor sexual. ¿No lo planificó así el Creador? Por razones de salud, fuerza física, agilidad mental, etcétera, esta es la etapa óptima para procrear, ¿cierto? Pero, en los países desarrollados, se les hace presión a los jóvenes a no casarse hasta no acabar estudios universitarios, tener una carrera segura, casa amueblada, carro del año y bastante dinero en el banco. Los frutos malos de esta filosofía moderna abundan y se multiplican vertiginosamente:

-Mucho adulterio, fornicación y aberraciones sexuales de toda índole, con sus enfermedades veneras contagiosas e incurables. “Aplazar el matrimonio significa que los adultos jóvenes (twixters) tienden a tener más compañeros sexuales que las generaciones anteriores” (La revista “Time”. Enero 25, 2005, Página 48.)

-Pornografía rampante en gran escala.

-Convivencia de millones de parejas, sin casarse.

-Noviazgos demasiado largos, los que tienden a resultar en relaciones sexuales y embarazos antes de la boda, o en la infidelidad sexual.

-Desprecio hacia el matrimonio como institución divina, imprescindible para el mantenimiento de sociedades saludables y estables.

-Proliferación alarmante de hogares administrados por un solo cónyuge, mayormente madres solteras. En Estados Unidos de América, el 36 % de los hogares cae en esta categoría (Atlas mundial ilustrado, Reader’s Digest, Pleasantville, New York. 2004. Página 58).

-Gran número creciente de abortos.

-Gran número de niños criados por sus abuelos u otros familiares, en centros de cuido diurno, que pasan horas a solas en la casa sin supervisión alguna, o sueltos en la calle,  etcétera, circunstancias propicias para el desarrollo de niños delincuentes.

A resumidas cuentas, el desbarajuste sexual y social de las generaciones actuales no resulta de la supuesta transmisión de la culpa del “pecado original” a todo ser humano, sino a las alteraciones hechas a leyes naturales y divinas por las sociedades y culturas sumidas en el materialismo y el sensualismo. No es fruto de una depravación moral innata, heredada de Adán y Eva, sino del libertinaje, el individualismo radical, el secularismo y la irresponsabilidad personal que componen el núcleo de males al centro magnético del psiquis colectivo moderno, en torno al cual giran erráticamente, aun locamente, las vidas de quienes se suscriben a semejantes ideas carentes de sentido común y faltas de Dios.

Estimado lector, ¿qué opina usted?

Con amor en el Señor, Homero Shappley de Álamo

 

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