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 “Aterrorizante mundo pentecostal”

“Solo se mide por las apariencias."

Escribe Por Hinton Negrón Torres 

“Quisiera hacer un estudio detallado de mi experiencia, si me lo permite el lector, sometiéndome a cualquier consecuencia.  

9:00 a. m. de un lunes en todas las semanas, en todos los meses y en todos los siguientes años. Es que en los días de semanas es cuando hacen los cultos de oraciones. Por lo cual, los irresponsables asisten –me explico: los que no trabajan, asisten. Los que no asisten, o sea, los padres de familia, los que trabajan, son los que ‘no quieren morir a la carne’. Pues en este mundo tan aterrorizante como lo es el mundo pentecostal, solo se mide por las apariencias.

Actualmente, tengo 27 años de edad. Me convertí a los 17 años de edad. A los 18 años de edad comencé a asistir a una iglesia ‘Bautipentés’, según la llamaban.  Obviamente, recién convertido, no entendía que significaba ‘bautipentés’, pues ‘cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fui hombre hecho, dejé lo que era de niño’ (1 Corintios 13:11). De todas maneras, asistía fielmente, sin recibir ningún discipulado. En fin, esa fue mi primera experiencia Pentecostal, la que culminó con la intervención de la policía de Puerto Rico investigando a un ‘hermanito’ de la Iglesia por pedofilia y luego acusado él ante un foro estatal por dicho hecho. Nunca supe como culminara; solo que a la Iglesia no asistí más.

Cuatro años más adelante, un grupo de amistades en la universidad me invitó a una iglesia totalmente distinta –Cristo-céntrica, cabe destacar, denominación no pentecostal, en la que me discipularon, en la que me ayudaron a estudiar la palabra, en la que me animaban a evangelizar, en la que me enseñaron dar seguimiento a nuevos conversos, entre otras actividades, y hasta tuve el privilegio de llevar el evangelio a la República Dominicana como misionero. Luego, conozco a mi actual esposa. Nacida y criada en ese mundo tan aterrorizante como lo es el mundo pentecostal, ella tenía las mismas inquietudes que yo, pero con el ‘nightmare’ (pesadilla) de una herejía si hablaba lo que sentía.

Al casarme, me mudé a los Estados Unidos debido a que era más viable para ambos por nuestras profesiones. Eso conllevaba trasladarme de la Iglesia edificante a la cual asistía en Puerto Rico, a la Iglesia a la que asistía mi esposa (Iglesia de las Asambleas de Dios), confiando en que yo estaba sólido en mi fe y auto-motivándome con la expresión de ‘que ninguna religión me iba a ser piedra de tropiezo’ –mi mayor error, confieso. Fue así que comenzó mi pesadilla al aceptar congregarme en una Iglesia Pentecostal, pero ahora en Newark, New Jersey.

Para comenzar, la congregación posee aproximadamente trescientos miembros, aunque cabe destacar que pueden ser más (me explico: hermanitos fantasma). Tienen un sistema democrático, que para elegir algún líder (pastor, diacono, tesorero, etcétera) votan a favor de sus escogidos. Por lo tanto, la congregación puede redondearse a cuatrocientos. Su sistema existencialista y democrático permite que elijan a los que menos merecen. Una vez electos, es el sistema de berrinche del pataleo, mediante el cual los que no votaron maldicen a los que seleccionaron a los que sí votaron.

En esa Iglesia pentecostal predica cualquiera. Los únicos requisitos que se necesitan son:

  • Gesticular un ‘hirra-quema-changa’.
  • ‘Pisotear’ al ‘enemigo’ mientras predica.
  • Gritar anatemas.
  • Autotitularse un ministerio.

Entre los bocetos que caracterizan a un pastor pentecostal tenemos:

Ø      Agresividad sin causa.

Ø      Santidad falsa.

Ø      Prepotencia y superioridad.

Ø      Analfabetismo funcional.

Ø      Alto tono de voz (gritar).

Ø      Jerigonza desenfrenada.

Ø      Introducción atemorizadora, es decir, comenzar asustando a la audiencia por sucesos mundiales.

Ø      Vanagloria.

Ø      Buenas obras. Quiero enfatizar que el evangelio ‘no es por obra, para que nadie se gloría’ (Efesios 2:9).

Tienen un campo de batalla parecido a ‘La Iliada y la Odisea’, donde contienden sin causa en forma de triángulo. Me explico:

1.  Colocan la cabeza, o sea, el pastor (según el pentecostalismo), lanzando anatemas desde el podio sagrado, donde uno se tiene que inclinar al pasar. 

2.  Critican a los que no gritaron siete veces '¡Gloria a Dios!’.

3.  Luego, colocan dos ‘alcahuetes’ en ambas esquinas, quienes gritan ‘Gloria a Dios’ a todas las sandeces, sin base bíblica, que predica el pastor, como motivo de afirmación.

4.  Si la congregación ora, tiene que ser gritando, ‘pues los mudos no pueden ir al cielo’, según ellos, ya que los que están dormidos o callados no tienen a Cristo en su corazón y son hijos del diablo.

5.  Su ministerio de adoración es caritativo, es decir, dinámico o si pudiera llamarle ‘innovador’, comparándolo con un grupo secular, excepto que las canciones tienen que ser las que el pastor le guste. 

6.  Se auto-nominan como que tienen el don de sanidad por la imposición de manos, o por un aceite ‘añejo’. Pues, la abundancia de las sanidades provenía del poder de la oración (MacArthur, 1491).

7.  En cuanto a la predicación, esta es fuera del sentido común. Por ejemplo, colocan al hijo del pastor, de trece años de edad, en una campaña a predicar a los mundanos sobre la reconciliación. Su predicación es segura debido a que los soldados de las dos esquinas gritan más fuerte un ‘Gloria a Dios’ para proteger a su pupilo.

8.  Para terminar su táctica de Guerra, te entrenan toda la vida a odiar a María, la madre de Jesús, y a aceptar que el único camino a ‘no perder la salvación’ es por la Iglesia Pentecostal.   

Para ser un líder en la Iglesia tienes que, aunque sea, matricularte en el instituto. Para pastor, puedes ir terminando tu tercer año, y para presbítero, un cuarto año con el don de oratoria. Ignoran, pues, que Moisés pasó cuarenta años en el desierto, Jacob catorce años sirviéndole a Labán y Jesús (siendo Dios y despojándose de sí mismo) treinta años para comenzar su ministerio.

En los cultos de oración, debes ir protegido, pues si tienes una oración contemplativa con Dios una diaconisa te pega con el antebrazo diciéndote ‘no te escucho orando’. Carecen de estudios bíblicos semanales, siendo el ayuno más importante que discipular a los nuevos convertidos. Además, carecen de un ministerio de seguimiento para nuevos creyentes, no teniendo registro de quien es creyente y quien no.

Sus círculos de oración son parecidos a una edición de farándula en las noticias, y esto se debe a que si oran por una persona, te dicen esta frase trillada: ‘¿Necesito saber el nombre completo de la persona? ¿Cuál es su difícil situación?’ De esta manera, se enteran de la vida de todos los hermanos por medio de esos círculos de oración.

Sus testimonios son como películas de Disney, pues los únicos que lo creen son los que los cuentan. Por ejemplo: ‘Un mosquito me molestaba mientras preparaba mi sermón. Oré y el mosquito cayó muerto en el piso’ (testimonio captado en un servicio).

Su escuela dominical carece de un currículo basado en las enseñanzas de Cristo en el Nuevo Testamento. Nunca pasan de grado; toda la vida se quedan tomando las mismas clases. Se dejan llevar del ‘Expositor’, su ‘Wachtower’ espiritual, enfocado en libros narrativos y en Hechos 2:4a. Su prioridad es que entiendas Hechos 2:4, y que recibas el don de lenguas. Te enseñan cómo hablar en lenguas, o que busques el bautismo del Espíritu, pero mostrando la evidencia de ‘Hirra-quema-sanza’. Si piensas lo contrario, te acusan de hereje y si le haces frente al gigante eres blasfemo contra el Espíritu. ‘Es más: no oren por él por que eso es blasfemia contra el Espíritu Santo’ (Yiye Ávila, youtube.com). 

En los retiros de jóvenes, por ejemplo, ‘winter fest, ‘spring fest’ y ‘summer fest’, se registra una alta incidencia de embarazos no deseados (por nadie, cabe destacar) y de vandalismos en las villas. Aunque no puedo juzgar a nadie, los lideres no discipulan a sus jóvenes, lo que conlleva que muchos estén por emoción (amor, aceptación y seguridad) y no por convicción en Cristo Jesús. 

Sus actividades se sujetan al apoyo social o económico. Aunque no en mi caso, pues por un "bridal shower" para mi esposa (cabe destacar, ‘nacida y criada en esa Iglesia’) me cobran ciento cincuenta dólares (tengo el recibo) debido a que no soy hijo de un pastor, pues si tuviera ese privilegio no pagaría la renta de mi casa. Según ellos, esos ciento cincuenta dólares son para el fondo de emergencia. ¿Qué emergencia?      

Lo más impactante que me sucedió es que en un simposio en el "instituto" enseñaron que si ocurría alguna situación en la Iglesia –me explico: adulterio, divorcio, fornicación o violación de un niño- se debía mantener dentro de la Iglesia. Fue ahí que comenzó mi herejía, según ellos, debido a que alcé mi mano y dije: ‘No se preocupen, que si violan a un niño y la Iglesia calla cuando arresten al acusado y salga en la primera plana del periódico local, lo va a saber todo el estado’. Fue allí cuando me convertí en un hereje, pues opine en contra del ‘gigante arrollador’. ¡Santo! Fueron las expresiones de los soldados –me refiero a los ‘alcahuetes’ en las esquinas gritando- por semejante expresión. Desde ese momento mi participación en sus foros fue ignorada. Aunque levantaba la mano para opinar, me ignoraban como si fuera un diezmo de $10.00.

Para concluir, su milicia me era piedra de tropiezo, mi respeto hacia el gigante era nulo, lo que se convirtió en una guerra de debates dominicales en un frente de batalla pentecostal. ¡No puedo más! Mi mayor reto ahora es encontrar una iglesia Cristo-céntrica de sana doctrina. Soy fiel creyente a que un cristiano debe mantenerse activo, ministerialmente hablando, en su Iglesia. Me pregunto: ¿Debo seguir en ese frente de batalla? ¿Caerá la ira de Dios sobre esa doctrina perversa? ¿Habrá una iglesia edificante para mí y para mi esposa? ¡Dios sabrá! Siento haber sido suave en la descripción de las cosas, situaciones o malos ratos que experimenté en la Iglesia Pentecostal, pues tendría que cambiar el titulo de mi crónica a ‘Horroroso’. Estimado lector, mi recomendación es huye de esa secta antes de que el gigante te arrolle espiritualmente. Recuerda que tu aceptación, amor y seguridad está en Cristo Jesús, mi Salvador. Dios te bendiga siempre en el nombre de Jesús. ¡Amén! ¡Amén!”       

 Por Hinton Negrón Torres

 

  

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