APOCALIPSIS
Capítulo Seis de
“Análisis de las profecías y visiones”
“Espantoso drama de dos grandes bestias apocalípticas”
Capítulo 13 de Apocalipsis
Acto 2
Escena 1
“Otra bestia que… tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero
hablaba como dragón.”

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Esta pintura recoge algunos rasgos de la segunda bestia de Apocalipsis.
Sube “de la tierra”. Tiene “dos cuernos semejantes a los de un
cordero”. Pero, “hablaba como dragón”. Cabeza de cordero,
pero con ojos enrojecidos, los que dilatan malas intenciones, violencia,
crueldad. Patas delanteras de cordero, pero las traseras y la cola son
de dragón. Contradicción extraña, engañosa y peligrosa de atributos.
Bestia anormal, que primero atrae, luego repugna y amedrenta. ¿Qué
representa? ¿Y los “dos cuernos”?
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“Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos
semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda
la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la
tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida
mortal fue sanada.”
Apocalipsis 13:11-12

Las dos bestias de Apocalipsis 13.
Pintura por
Joe Maniscalco.
Derechos reservados.
http://biblical-illustrations.com/
-A la izquierda, en primera plana, aparece la primera bestia de
Apocalipsis 13. “Tenía siete cabezas y diez cuernos;
y en sus cuernos diez diademas… …era semejante a un leopardo,
y sus pies como de oso, y su boca como boca de león”
(Apocalipsis 13:2). Esta bestia sube del mar. En la parte
superior, una de sus cabezas recibe una “herida de muerte”,
pero su “herida mortal” fue sanada.
-En el centro, el gran dragón escarlata da "su poder y su
trono, y grande autoridad" a la primera bestia (Apocalipsis
13:2).
-A la derecha, la segunda bestia, la que sube de la tierra, tiene
"dos cuernos semejantes a los de un cordero (lado derecho,
superior) pero hablaba como dragón" (Apocalipsis 13:11).
Hace una “imagen” a la primera bestia, obligando a todos a
adorarla. Persigue a los renuentes. Sus víctimas yacen delante de
ella.

Sube de la tierra una bestia con “dos cuernos semejantes a los de un
cordero, pero hablaba como dragón”. “…ejerce toda la autoridad de
la primera bestia en presencia de ella…” www.goodsalt.com
I. La segunda
bestia de Apocalipsis 13. Finalizando la “Escena 2”, del “Acto 1”,
del “Espantoso drama de dos grandes bestias apocalípticas”,
enseguida sube de nuevo el telón y comienza el “Acto 2”, cuyo
título es “Otra bestia que… tenía dos cuernos semejantes a los de
un cordero, pero hablaba como dragón”. Se materializa ante los
ojos del apóstol Juan “otra bestia”, en apariencia muy diferente
a la primera, mas sin embargo, curiosamente, comparte con ella varios
atributos parecidos, actuando ella en concierto con la primera. Nos
relata el apóstol: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y
tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como
dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de
ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera
bestia, cuya herida mortal fue sanada” (Apocalipsis 13:11-12).
Estudiemos detenidamente esta singular visión.
A. La segunda
bestia sube “de la tierra”. “Después vi otra bestia que
subía de la tierra” (Apocalipsis 13:11).
1. La primera
bestia sube “del mar”. A diferencia de ella, la segunda sube
“de la tierra”.
2. “…de la
tierra”
significa
“terrenal, material o carnal”. La segunda bestia no procede del
cielo sino que sube de la “tierra”. No es celestial sino
terrenal. Su naturaleza es “terrenal”, y por ende, corrupta. Las
manchas y el olor de la tierra, de lo terrenal, dilatan el origen de la
segunda bestia. Ya que es concebida en la tierra, nace en la tierra y
sube “de la tierra”, anticiparíamos que sus ejecutorias
reflejaran su origen y desarrollo terrenal.
B. La identidad
de la segunda bestia. ¿Qué representa esta segunda bestia?
Presentamos enseguida, al principio de este análisis, nuestra conclusión
al respecto, respetuosamente invitando al lector a considerar
objetivamente las evidencias que nos han llevado a formularla.
Metafóricamente, ella es la iglesia apóstata predicha en el Nuevo
Testamento. Ella es el reino espiritual, corrupto en doctrina y
práctica, que nació y creció en los territorios del Imperio Romano,
evolucionándose e imponiéndose rápidamente durante la época del Imperio
sanado. Reiteramos: la segunda bestia de Apocalipsis 13 es la
iglesia apóstata, en contra distinción a la iglesia verdadera
y fiel a su única cabeza, Jesucristo. Todo estudioso consagrado de
las Sagradas Escrituras sabe que una apostasía de gran envergadura
fue profetizada en 2 Tesalonicenses 2:1-12; 1 Timoteo 4:1-5; 2
Timoteo 4:1-4 y otros pasajes del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo,
lleno del Espíritu Santo, enseñó a los cristianos en Tesalónica que
Cristo “no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se
manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición…” (1
Tesalonicenses 2:3). Tratando el mismo tema, escribió al evangelista
Timoteo: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros
tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus
engañadores y a doctrinas de demonios…” (1 Timoteo 4:1). Y de nuevo
en la segunda epístola dirigida a Timoteo: “Porque vendrá tiempo
cuando no sufrirán la sana doctrina… apartarán de la verdad el
oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:1-5). Extraño
sería que tan grande y peligroso desenlace no figurara prominentemente
en el libro profético de Apocalipsis. De hecho, es divulgado y tratado
una y otra vez en distintas visiones, incluso la de la segunda bestia,
como también en la de la “gran ciudad-gran ramera”.
1. En el contexto
de Apocalipsis, la segunda bestia no representa las religiones
paganas del oriente (la India, la China, Japón), África o el resto
del mundo, sino una iglesia nominalmente “cristiana”, pero en
realidad, apostatada de la “doctrina de los apóstoles”
(Hechos 2:42) tal cual entregada por el Espíritu Santo a ellos y a la
iglesia original, la primitiva, la que Cristo estableció (Mateo 16:18).
Esta
deducción descansa, en parte, en el Versículo 12, donde se explica que
la segunda bestia “ejerce toda la autoridad de la primera bestia
en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella
adoren a la primera bestia”.
a) “…en presencia
de ella…” es una circunstancia de suma importancia para la
identificación de la segunda bestia. Mediante esta información se nos
enseña claramente:
(1) Que las dos bestias son
contemporáneas.
(2) Que las dos bestias se
manifiestan más o menos en la misma área geográfica del mundo.
“…en presencia de ella” significa, por inferencia, que,
además de ser contemporáneas, viven en el mismo territorio, en
proximidad cercana. Una frente a la otra. Como dos vecinos cercanos.
Están juntas en el escenario del “Espantoso drama de dos
grandes bestias apocalípticas”. La primera está en Europa y el
Cercano Oriente; la segunda no está en otro lugar muy lejano, por
ejemplo, en el oriente asiático (la India, la China, Japón) o el
hemisferio occidental, sino que se levanta y se desenvuelve en el mismo
territorio donde se manifiesta la primera. Así que, la segunda bestia no
representa religiones lejos de Europa y el Cercano Oriente sino dos,
simbolizadas por los dos cuernos, en territorios del propio
Imperio Romano.
b) También observamos que las
dos bestias sostienen una relación muy estrecha de mutuo apoyo.
¿Qué hace la segunda bestia a favor de la primera? Toma un paso
agigantado que augura trágicas consecuencias para los amantes de la
verdad de Dios, a saber, hace que “los moradores de la tierra
adoren a la primera bestia”. Persuade, coacciona, ordena,
obliga que lo hagan, amenazando y persiguiendo a recalcitrantes.
c) Conclusión: la segunda
bestia no simboliza las agrupaciones de religiones paganas que existían
más allá de las fronteras del Imperio Romano durante el tiempo de la
Edad Media, sino al cristianismo corrupto, elevado a “religión
del estado”, el que predominaba en el fuero religioso de los territorios
donde ejercía su poder la primera bestia sanada.
2. A continuación, apuntamos
otras razones que nos llevan a identificar la segunda bestia como una
manifestación corrupta del cristianismo, o sea, una iglesia en plena
apostasía, muy distinta a la iglesia que sigue fielmente la “sana
doctrina” de Cristo y los apóstoles.
a) Primera razón. La segunda
bestia “tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero,
pero hablaba como dragón” (Apocalipsis 13:11).
(1) El “cordero”
es, a diferencia del leopardo, el oso o el león, un animal manso,
símbolo de personas mansas. “Manso2,
sa. (Del
lat. vulg. mansus,
por lat. mansuētus).
adj. De condición benigna y suave. 2.
Dicho de un animal: Que no es bravo. 3. Dicho de una cosa insensible:
Apacible, sosegada, tranquila. Aire manso. Corriente mansa.”
(Diccionario de la Real Academia Española, en Biblioteca de Consulta
Microsoft® Encarta® 2005. © 1993-2004 Microsoft
Corporation. Reservados todos los derechos).
(a) Cristo mismo es
representado como el “Cordero… inmolado” de Dios
(Apocalipsis 5:6-8)).
(b) Los discípulos que oyen la
voz del Señor, y le siguen, sometiéndose, son sus “ovejas”,
y él es su “buen pastor” (Juan 10:1-21).
(2) ¿Qué representan los
“dos cuernos”? Qué conste: “dos”, y no uno
solo, como tampoco diez. “Dos cuernos” tiene este
“cordero”. Revisando la historia de aquellos tiempos, pronto
discernimos dos entidades religiosas que corresponden
asombrosamente a estos “dos cuernos”.
(a) En la porción occidental
del Imperio Romano, conocido también como el Imperio Latino, emerge con
fuerza creciente una iglesia apóstata, la misma que más adelante
tomaría el nombre “Iglesia Católica Romana”.
(b) En el oriente, el
arzobispo de Constantinopla se hace cada vez más poderoso, compitiendo
con el arzobispo de la antigua ciudad de Roma. Eventualmente, se
separan, formándose la Iglesia Ortodoxa Griega en los territorios
del Imperio Romano del Oriente, llamado Imperio Bizantino por
historiadores. A pesar de esta separación, aquellas dos iglesias, tanto
la Iglesia Católica Romana como la Iglesia Ortodoxa Griega, comparten
muchísimos rasgos fundamentales. Efectivamente,
¡son dos cuernos del mismo animal!
(3) La segunda bestia
exterioriza una anomalía contradictoria, engañosa y peligrosa:
sus cuernos son semejantes a los de un cordero, pero la bestia
“hablaba como dragón” (Apocalipsis 13:11). Hela ahí en el
escenario. ¡Mansita como un cordero! Cara inocente. Mirada dulce. Cabeza
inclinada en aparente humildad. Pero, cuando habla, ¡su voz es la de
dragón! ¿Qué significa esto?
(a) Que lo de “cordero” ¡es puro
disfraz!
(i) Que esta segunda
bestia aparenta ser mansa y humilde, mas sin embargo, su tono de voz y
sus palabras descubren su verdadera identidad terrenal, aun diabólica.
(ii)
Ella es como un lobo rapaz disfrazado de oveja (Mateo 7:15; Hechos
20:29).
(iii)
Esta bestia es como Satanás disfrazado de “ángel de luz” (2
Corintios 11:13-15).
(iv)
En realidad, ella es el viejo “dragón” vestido de
“cordero”.
(v) De seguro, la segunda
bestia es el mismo Satanás vestido de “cristiano”. Ostenta algunos
atributos de “cristiano”, pero su verdadera identidad es otra
diametralmente contraria al espíritu de Cristo y su evangelio puro.
(b) Lo que habla es de Satanás, y no, en
definitiva, de Dios.
(i) La segunda
bestia sube al escenario, parándose frente a una inmensa audiencia
que la observa intrigada, hasta hechizada, identificándose a sí misma
como una criatura muy especial de Dios, enviada por Dios como su
representante en la tierra, y afirmando tranquilamente hablar la verdad
de Dios. Pero, amigo lector, preste atención a las matices de su
voz, y particularmente, al sentido de sus abundantes palabras, muchas de
las cuales pertenecen al “vocabulario bíblico”, mas sin embargo, en la
boca de esta “bestia” suelen comunicar mensajes distintos al de
la Biblia. Por sus palabras la conocerá, con tal de saber usted
distinguir entre el verdadero mensaje de Dios y los otros evangelios
introducidos por hombres atrevidos y contumaces (Gálatas 1:6-10).
(ii)
Esta bestia habla mentira, pues es portavoz de Satanás, el padre
de toda mentira.
(iii)
Enseña “doctrinas de demonios”, en cumplimiento de 1
Timoteo 4:1-5. “…en los postreros tiempos algunos apostatarán de la
fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios…
prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó
para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los
que han conocido la verdad”. ¿Cuáles iglesias prohíben a sus
sacerdotes y demás oficiales casarse? ¿Cuáles guardan días sagrados
determinados por ellas mismas, mandando a abstenerse de ciertos
alimentos?
b) Segunda razón. La
bestia con cabeza de cordero “hace grandes señales”, con
los que “engaña a los moradores de la tierra”. Los
apóstoles y demás miembros de la iglesia verdadera del Señor hacían, por
el verdadero poder de Dios, “grandes señales y maravillas”
auténticas (Hechos 15:12). Usurpando el lugar de la iglesia de Cristo,
esta bestia también “hace grandes señales” para convencer al
público crédulo, pero no engaña a la persona que sabe discernir entre lo
falso y lo auténtico. “También hace grandes señales, de tal manera
que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los
hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le
ha permitido hacer en presencia de la bestia… (Apocalipsis
13:13-14).
(1) Entre sus señales
engañosas figura la de hacer “descender fuego del cielo a la
tierra delante de los hombres” (Apocalipsis 13:13). En el
escrito “Las pequeñas flores de San Francisco” (Fioretti),
se encuentra un ejemplo vivo de tal “señal” grande y engañoso. San
Francisco de Assisi invita a Santa Clara, su
compañera, como también a los compañeros de él, a una comida. Durante el
evento, San Francisco empieza a hablar de Dios de manera persuasiva y
maravillosa. Fioretti escribe:
“La gracia de Dios descendió sobre toda la compañía, y de
repente, todos estaban extasiados en la contemplación de Dios.
Entretanto que estaban tan extasiados, con sus ojos clavados en el cielo
y sus manos levantadas, los ciudadanos de Assisi
y Bettona (en
Italia) y la gente
de la cercanía de San María de los Ángeles, vieron a la iglesia, la
tierra y el bosque envueltos en fuego. Los ciudadanos de
Assisi corrieron al lugar para apagar el
fuego, convencidos de que todo se perdiera en un holocausto. Al llegar,
no encontraron cosa alguna en llamas”
(La historia cristiana (Christian History),
Edición 42, Tomo XII, No. 2, Página 13).
(2) Entre las “grandes
señales” mentirosas que hace la segunda bestia anotamos: apariciones
de la “Virgen María”, estatuas que lloran o sangran, sanidades, manos
que sangran, manos con la señal de la cruz, etcétera. Tan abarcador es
este tema que optamos por no expandirlo en esta ocasión. El lector que
quisiera explorarlo más puede encontrar unos cuantos recursos en
www.editoriallapaz.org/salon_iglesia_catolica.html/ y
www.editoriallapaz.org/espiritu_santo_lista_recursos.htm/ .
(3) En lo tocante a las
“señales” que hace la segunda bestia, subrayamos de nuevo que son
“mentirosas”. Esto lo sabemos a ciencia cierta no solo por la
naturaleza engañosa de esta bestia sino también por lo que se dice
expresamente acerca de las “grandes señales” que ella se
atribuye. “Y engaña a los moradores de la tierra con las
señales que se le ha permitido hacer…” (Apocalipsis 13:14). La
segunda bestia se vale de “señales” para engañar. Paralelamente,
refiriéndose al “hombre de pecado, el hijo de perdición”, el
apóstol Pablo escribe: “…inicuo cuyo advenimiento es por obra de
Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”
(2 Tesalonicenses 2:9). Así que, las “señales” hechas por la
segunda bestia engañan sí “a los moradores de la tierra”, pero
solo a “los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la
verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:10-12).
(4) “…se le ha permitido
hacer…” estas señales “en presencia de la bestia”
(Apocalipsis 13:14). No pasemos por alto la importancia de la expresión
“…se le ha permitido hacer…” De la manera que a la primera bestia
“se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”
(Versículo 7), asimismo se le permite a la segunda bestia hacer
“grandes señales”.
(a) ¿Quién se lo permite?
Pues, Dios mismo. El Todopoderoso permite que ella haga “grandes
señales”. “Pequeñas” o “insignificantes”, no, sino “grandes”.
“Grandes” implica “impresionantes, muy parecidas a señales
divinas auténticas, convincentes”. De tal modo que ella se engaña a sí
misma –quizá, hasta cierta medida- engañando también a las multitudes
que se maravillan en pos de las dos grandes bestias que hacen los roles
principales en estas escenas del “Espantoso drama”.
(b) ¿Por qué se lo permite
Dios? Apuntamos concisamente dos razones encontradas en las Sagradas
Escrituras.
(i) Para que reciban
“un poder engañoso” y “crean la mentira” los que no aman la
verdad (2 Tesalonicenses 2:9-12; Romanos 1:24-28).
(ii)
Para poner a prueba a los santos (Deuteronomio 13:1-5).
(5) ¿Dónde hace la segunda
bestia sus “grandes señales”? Precisamente, “…en presencia
de la bestia”, es decir, de la primera bestia. Ahí en el
mismo escenario donde ejecuta su papel la primera bestia, entra la
segunda bestia, haciendo “grandes señales” impactantes. “…en
presencia” misma de la primera bestia. He aquí una evidencia
adicional para afirmar que las dos bestias son contemporáneas y que
actúan en el mismo lugar. Siendo la primera bestia el Imperio Romano
sanado, necesario es encontrar a la entidad representada por la segunda
bestia dentro de los parámetros temporales del Imperio Romano sanado y
en los contornos geográficos ocupados por este. Sanada la “herida
mortal” del Imperio Romano durante las primeras décadas del Siglo IV
d. C., y llegando a su fin aquel Imperio para el año 1555 d. C.,
deducimos que la segunda bestia había de presentarse en escena entre
las dos fechas indicadas. Además, también en los territorios
ocupados por el Imperio Romano sanado. Asombrosamente, actúa
justamente en el tiempo y el lugar indicados una poderosa entidad con
apariencia de un cordero con dos cuernos, pero que habla como dragón, a
saber, una organización religiosa nominalmente “cristiana”, pero poco
parecida a la iglesia original. Un tipo de “cristianismo” en
plena apostasía, con un “cuerno” en la ciudad de Roma y otro “cuerno” en
Constantinopla. Ella es quien hace “grandes señales… en la
presencia” de los gobernantes y ciudadanos del Imperio Romano
sanado. El apóstol Juan ve todo esto en el “Espantoso drama” que
toma lugar ante sus ojos, y nosotros vemos, en las páginas de historia
fidedigna, cumplidas al pie de la letra las profecías hechas por
medio de la visión. ¿Con qué razón, pues, poner en tela de juicio la
inspiración divina de Apocalipsis? Visiones proféticas dadas hacia
finales del Siglo I se cumplen perfectamente, siglos después, en tiempos
y lugares fijados con exactitud para su cumplimiento, por entidades y
seres que hacen precisamente los roles proyectados proféticamente para
ellos. Esto no puede ser mera coincidencia. Tampoco una
ingeniosa interpretación de las profecías, pues la gran consonancia
entre profecías y hechos históricos es tan evidente como para no dejar
lugar a interpretaciones hechas arbitrariamente.
II. La “autoridad”
de la segunda bestia. “Y ejerce toda la autoridad de la
primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los
moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue
sanada” (Apocalipsis 13:12). La apariencia de la segunda bestia
engaña en gran manera. En esta “Escena 1”, del “Acto 2”, del
“Espantoso drama”, ella hace su entrada vestida de
“cordero”, pero tras su disfraz, confeccionada con sutil artimaña,
existe una criatura autoritaria, imperiosa, sumamente egoísta, con
grandes pretensiones de dominio, hasta de alcance universal.
A. Su “autoridad”
crece, y crece, a través de los años, hasta ser, en algunas épocas,
prácticamente la misma que la de la primera bestia.
a) Ya hemos aprendido que la
“autoridad” que tiene la primera bestia es la que Satanás le
otorga, y por ende, ¡es una “autoridad” satánica! “Y el dragón
le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Versículo 2).
b) Pues bien, en lo que se
refiere a la “autoridad” que ejerce la segunda bestia, la misma
es “de la primera bestia”. O sea, es de la misma fuente o
categoría. Por lo tanto, la “autoridad” que ejerce la segunda
bestia también es “satánica”.
c) Comprobado que la segunda
bestia representa acertadamente a una iglesia apóstata, con sus “dos
cuernos”, el uno en Roma, el otro en Constantinopla, se deduce que
también es “satánica” la “autoridad” de esta madre iglesia en
plena apostasía. Ella habla con voz del “dragón”. Engaña con
“grandes señales” mentirosas. El que su “autoridad” sea
del mismo tipo que la entregada por el dragón (Satanás) a la primera
bestia se refleja en su forma de hablar y en sus acciones engañosas.
B. “…toda la autoridad…”
significa que la autoridad de la segunda bestia sería tan abarcadora
y absoluta como la de la primera bestia. Abundantes datos históricos
confirman el pleno cumplimiento de esta profecía, pues la autoridad de
los prelados (gobernantes religiosos) de las dos ramas (los “dos
cuernos”) de la gran iglesia apóstata se hacía sentir en todos los
contornos del Imperio Romano sanado. Los Papas, con sus cardenales,
arzobispos, obispos, etcétera, hasta el sacerdote o monje de rango más
inferior en la jerarquía eclesiástica de la iglesia latina, llegaron al
colmo de reclamar autoridad absoluta sobre las almas de todos los
seres humanos. A continuación, presentamos unas pocas evidencias,
nada más, como ejemplos de las muchas que enseñan el gran alcance de la
“autoridad” de aquella jerarquía eclesiástica.
1. Durante el reinado de
Constantino el Grande, la iglesia fue administrada por mil ochocientos
obispos: mil en las provincias orientales y ochocientos en las
provincias occidentales. Todo obispo nombrado debía contar con la
aprobación de la membresía (Gibbon, El debilitamiento y la caída del
Imperio Romano, Tomo I, Páginas 299-300).
2. Los prelados eclesiásticos
de Roma, Antioquía, Cartago, Alejandría y Constantinopla convocaban a
los obispos en la primavera y el otoño de cada año. Mediante estos
“sínodos” se imponía la disciplina eclesiástica en las ciento
veinte provincias del Imperio Romano. Solo el emperador, en su
capacidad de “cabeza” de la iglesia, podía convocar los sínodos
denominados “grandes” o “extraordinarios” (Gibbon, El debilitamiento
y la caída del Imperio Romano, Tomo I, Página 304). Constantino el
Grande, el primer emperador “cristiano”, “disputaba con los obispos
y... predicaba sobre los temas más sublimes y complicados de la
teología” (Gibbon, El debilitamiento y la caída del Imperio
Romano, Tomo I, Página 297). Según una máxima de la constitución
romana que estaba en vigor mucho antes de la conversión de Constantino,
el emperador tenía el derecho y el deber de supervisar y cuidar de la
religión. Al convertirse Constantino y sus sucesores en el trono romano
al cristianismo, continuaban reclamando este poder, aplicándoselo a la
iglesia, efectivamente haciéndose “cabeza” de la iglesia (Gibbon, El
debilitamiento y la caída del Imperio Romano, Tomo I, Página 299).
3. Los prelados de las
ciudades principales del Imperio contaban con el poder de controlar,
estrictamente, los mensajes predicados en todas las iglesias (Gibbon,
El debilitamiento y la caída del Imperio Romano, Tomo I, Página
303).
4. En una ocasión, cuando
Constantino aún reinaba, el presidente de la corte bizantino invocó la
merced de la iglesia, reconociendo, efectivamente, la superioridad del
prelado de la iglesia en Constantinopla sobre los oficiales seculares.
“Tales principios y ejemplos prepararon, imperceptiblemente, (el
ambiente) para
el triunfo de los pontífices romanos, quienes han pisoteado el cuello de
reyes”
(Gibbon, El debilitamiento y la caída del Imperio Romano, Tomo I,
Página 303).
C. La segunda bestia “hace
que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia”
(Apocalipsis 13:12).
1. Valiéndose de la gran
“autoridad” otorgada por el dragón escarlata, la segunda bestia se
enseñorea imperiosamente de la tierra y sus moradores, obligándolos a
rendir homenaje, o culto, a la primera bestia. Esto quiere decir, que la
madre iglesia apóstata fuerza a los hombres a adorar al Imperio
Romano sanado. ¿Por qué lo haría? Discernimos cuatro razones.
a) Primera razón. Porque,
después de la conversión del emperador Constantino al cristianismo, la
iglesia que estaba en plena apostasía, diferenciada de la verdadera,
llega a ocupar el lugar de “religión del estado”. Como tal, goza
de la protección del estado secular, muchos favores políticos
e incalculables beneficios materiales, todo conferido por el estado
político-secular.
(1) El estado secular
respalda a la iglesia apóstata; la iglesia apóstata reciproca
gustosamente, respaldando al estado.
(2) El estado secular
obliga a los ciudadanos a someterse a la nueva religión estatal, la
cual es la iglesia apóstata. A su vez, esta iglesia en apostasía enseña
y ordena a su feligresía a someterse al estado.
(3) Mediante tal
confabulación, las dos grandes entidades malévolas que se unieron en
Constantinopla al sanarse la “herida mortal” de la primera
bestia, es decir, las dos bestias, el estado secular y la madre iglesia
apóstata, hunden a las masas en una apostasía doctrinal y espiritual sin
paralelo.
b) Segunda razón. Porque la
jerarquía eclesiástica católica romana desea utilizar al estado secular,
con sus recursos materiales, para ensanchar y enriquecer a su iglesia.
Jerarquía que, habiendo corrompida a sus seguidores con doctrinas,
tradiciones y ritos humanos, ahora los gobierna imperiosamente,
explotándolos para su propio enriquecimiento y engrandecimiento
personal.
c) Tercera razón. Porque a los
líderes de la iglesia apóstata le hace falta el respaldo de una
potencia militar que proteja los bienes eclesiásticos,
ya conferidos por el estado secular ya obtenidos por otros
medios. Bienes cuya cantidad y valor aumentan vertiginosamente, una vez
elevada aquella iglesia a “religión del estado”, llegando ella
eventualmente a ser dueña de una mayor parte de los terrenos y haberes
de las vastas áreas en las que logra imponer su “autoridad”, aun
a poseer “estados papales”.
d) Cuarta razón. Porque los
líderes eclesiásticos, cuales sean, se confabulan con los políticos en
el poder para suprimir y aun combatir físicamente a grupos de
“cristianos” u otros religiosos que no se solidaricen con ellos en sus
posiciones doctrinales, metas, proyecciones, etcétera.
2. Esta profecía fue cumplida
al pie de la letra durante la Edad Media cuando los nexos entre
la iglesia apóstata y los gobiernos seculares fueron forjados tal cual
unas cadenas gruesas de hierro.
a) En el occidente (Europa),
el Papa ejercía, en ocasiones, dominio, tanto secular como
espiritual, sobre los gobernantes. Por otro lado, hubo tiempos
cuando los gobernantes seculares ejercían dominio sobre el Papa
y la iglesia apóstata, manipulándolos y explotándoles para sus
propósitos políticos.
b) Como quiera que
procedieran, las dos entidades –el estado secular-político y la iglesia
apóstata politizada y secularizada- estaban vinculadas inextricablemente
la una con la otra en convenio diabólico. La autoridad que ambas tenían
el “gran dragón escarlata” se la había dado.