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¿Quiénes son los seguidores de Jesús que se identifican solo como "cristianos"? ¿Qué los distingue? ¿Qué ofrecen?

Aseguramos pertenecer a la iglesia más antigua del mundo, a la iglesia de Cristo. ¿Será cierto?

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 Los seguidores de Jesucristo deberian identificarse como "cristianos", sin apodos a adjetivos, según la enseñanza del Nuevo Testamento.

¿Quiénes somos?

Querido amigo, estimada amiga, su servidor, el administrador de esta Web, se incluye en la pregunta "¿Quiénes somos?", pues me identifico con una multitud no pequeña de personas a través del globo terráqueo que se dan a conocer espiritualmente solo como "cristianos". Al responder a las preguntas planteadas en el encabezamiento, aclaro que no soy la voz oficial de todas ellas, más sin embargo pienso no errar al decir que la inmensa mayoría estaría de acuerdo con las respuestas que voy a dar. Quizás el estilo o enfoque del que escribe algunos los encuentren demasiado directos. Lo cierto es que en este tratado “usamos de mucha franqueza”, como dice el apóstol Pablo (2 Corintios 3:12), haciéndolo adrede, ilusionados con lograr que el lector discierna claramente rasgos importantes que nos distinguen de otras organizaciones religiosas que también hablan de Dios, Cristo y la Biblia. A la vez, oramos fervientemente que nuestra franqueza no sea causa de tropiezo sino evidencia de la verticalidad espiritual que quisiéramos proyectar. Le rogamos no interpretar nuestras declaraciones o reclamos como jactancia o fanatismo sino como manifestación de la convicción fuerte que tenemos en lo referente a nuestra identidad espiritual y el lugar que ocupamos en los entornos del cristianismo. Al explicarle quienes somos, también le diremos quienes no somos con el propósito de que nuestra identidad se ponga todavía más de relieve y formule usted en su mente una imagen correcta sobre nosotros.

Como ya se indicara, somos “cristianos” (Hechos 11:26). Dios dio a su pueblo el nombre “cristiano” (1 Pedro 4:16; Efesios 3:14-16). ¿Con qué justificación tomaríamos, pues, otro nombre? Le animamos a que tome usted también solo el nombre “cristiano”, tal cual los primeros discípulos del Señor. Ahora viene el otro lado de la moneda, el que pudiera ofender o escandalizar, pero estamos orando que esto no suceda, pues nuestra intención sana es sencillamente diferenciarnos debidamente. Se trata del lado de quienes no somos. Por ejemplo, no somos “católicos romanos”, “protestantes”, “evangélicos”, “pentecostales”, “testigos de Jehová” o “mormones”, nombres religiosos que, simple y llanamente, no encontramos en la Biblia. Consiguientemente, los catalogamos de invención humana, y bien sabe toda persona perspicaz y honesta que tales nombres dividen a los creyentes en Dios y Cristo, promoviendo y fortaleciendo el sectarismo, cosa que la Deidad abomina, según 1 Corintios 1:10-13 y muchos textos similares. Así que, nos llamamos cristianos, nombre divino que une a los hijos de Dios y glorifica a Cristo, no añadiéndole apodos o adjetivos que alteren su sentido puro y hermoso.

Aseguramos pertenecer a la iglesia de Cristo. “…las iglesias de Cristo os saludan”, dice el apóstol Pablo en su epístola a la congregación en Roma (Romanos 16:16). “…iglesias…”, plural, tratándose de congregaciones locales, y no de sectas, concilios o movimientos cuyos nombres no se hallan en el Nuevo Testamento. El Señor Jesucristo añade a los salvos a la iglesia que él mismo estableció (Hechos 2:37-47; Mateo 16:18), y no a organizaciones religiosas fundadas por hombres o mujeres. "...edificaré mi iglesia", apunta Cristo. "Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2:47). ¿Ha sido añadido usted a esta misma iglesia? ¿Observa usted que Jesucristo prometió edificar una sola iglesia, singular, “…mi iglesia”? ¿Y que el Señor añade a “…la iglesia”, singular? Cuando señalamos esta verdad sencillísima muchos se escandalizan diciendo: “¡Ah! Ustedes se creen la única iglesia”. Lo que realmente creemos es que el Señor fundó una sola iglesia, y lo que pretendemos es ser miembros de aquella misma que él estableció. ¿Acaso cree usted que Jesucristo fundara muchas iglesias con distintas doctrinas y prácticas? De mi parte, no lo creo, ni voy a enseñar, respaldar o pasar el paño tibio a semejante doctrina.

Sí, es verdad, afirmamos confiadamente ser la continuación legítima de la primera iglesia de Cristo, la que fue establecida en Jerusalén en el día de Pentecostés del año 30 d. C. (Hechos 2). ¿Con qué razón? Pues, fíjese: Naciendo nosotros espiritualmente de la misma “simiente... incorruptible” (1 Pedro 1:23) sembrada en aquel día natal de la iglesia establecida por Cristo, pleno derecho tenemos, a nuestro entender, de identificarnos con aquellos primeros cristianos, y por ende, como sucesores auténticos de ellos y de aquella primera congregación. Creemos que Jesucristo resucitó, ascendió al cielo y se sentó a la diestra de su Padre, comenzando a reinar (Hechos 2:32-35), y “preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”, incluso la muerte (1 Corintios 15:24-28). Nos arrepentimos y fuimos bautizados “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), “…en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18-20).Seguimos la misma “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) que fue predicada en el Siglo I. Esta última afirmación no es una declaración vacía, ni mucho menos jactanciosa, sino fácilmente comprobable. Es cuestión de comparar lo que enseñamos y practicamos hoy día con aquella doctrina apostólica. Por ejemplo, aquellos primeros cristianos “…perseveraban… en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan”, es decir, en la celebración de “la cena del Señor” (1 Corintios 11:17-34, “y en las oraciones” (Hechos 2:42). Otro tanto hacemos hoy por hoy, celebrando “la cena del Señor” el primer día de cada semana (Hechos 20:7). ¿Conoce y sigue usted esta misma “doctrina de los apóstoles”?

 

La iglesia del Siglo I se representa mediante esta pintura. La iglesia de Cristo del Siglo XXI, representada por estas figuras, asegura ser la continuación legítima de la iglesia del Siglo I.

La pintura a la izquierda representa a la iglesia del Siglo I ocupada en la obra evangelística, mientras las figuras a la derecha representan a la iglesia de Cristo del Silgo XXI. Cambian no solo las modas de vestir sino también muchas circunstancias sociales-culturales-económicas-políticas. Más sin embargo, cualquier congregación del Siglo XXI que tiene las creencias y prácticas fundamentales de la iglesia del Siglo I derecho tendría de identificarse como la continuación legítima de la iglesia fundada por Jesucristo.

 

Ensalzando a Cristo como nuestro único Fundador, Cabeza, Salvador y Rey en virtud de haber establecido él su iglesia sobre la roca de su propia divinidad, y pagando por ella el precio de su propia sangre (Mateo 16:18; Hechos 20:28; Efesios 5:23; Hebreos 1:8-9), nos consideramos iglesia debidamente sometida a Cristo. Somos su iglesia al ser “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:19-22). Cualquier congregación edificada estricta y exclusivamente sobre este mismo fundamento, conforme al plano trazado por el Arquitecto Divino, tendría derecho de reclamar lo mismo, o sea, de decir “Somos su iglesia, la iglesia de Cristo”. ¿Quiénes no somos? Le rogamos tolere nuestra franqueza. No somos una iglesia fundada por teólogos, sacerdotes, pastores, pastoras, ministros o evangelistas que pongan “otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:10-11), mediante la predicación de “…otro evangelio diferente del que” los apóstoles proclamaron por inspiración divina (Gálatas 1:6-10). No somos una secta cristiana nacida de la “simiente corruptible” (1 Pedro 1:23), de la que nació la gran “apostasía” predicha por el Espíritu Santo (2 Tesalonicenses 2:1-12). No apelamos a ningún hombre o mujer como “nuestro fundador” sino solo y exclusivamente al Señor Jesucristo. ¿Qué hay de malo en lo que acabamos de plantear? ¿Le parece lógica y bíblica esta posición doctrinal que hemos tomado? Pues, le invitamos a tomarla también.

 

¿Qué nos distingue?

1.  Nuestro único credo es el Nuevo Testamento. No nos regimos por el Antiguo Testamento, pues este pacto fue quitado en medio, anulado y clavado en la cruz (Colosenses 2:14-16; 2 Corintios 3:6-16; Hebreos 7:12; 8:6-13 y toda una plétora de textos parecidos). El Antiguo Testamento aún es valioso como fuente histórica y de muchos ejemplos instructivos (1 Corintios 10:1-11), pero no es nuestra ley espiritual, habiendo cumplido ya su función de “ayo”, es decir, guía para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:23-25). Amado lector, le preguntamos: ¿Cuál otra iglesia se somete solo y exclusivamente al Nuevo Testamento de Cristo?

2.  Predicamos el bautismo por inmersión, “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, como condición indispensable para recibir el perdón de los pecados (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Hechos 2:38-47; 22:16; 8:26-40; 1 Pedro 3:21; Romanos 6:3-6). Es decir, enseñamos que los pecados del creyente no son perdonados hasta que no se zambulla en las aguas del bautismo. Por consiguiente, no postergamos el bautismo del creyente sino que le bautizamos “en seguida”, no exigiéndole largas “clases de candidato”. Estas verdades fundamentales, establecidas en la Gran Comisión y predicadas por los apóstoles y evangelistas inspirados del Siglo I, conforme a todos los textos citados, ¿cuál otra iglesia del presente las predica y practica justamente como reveladas por el Espíritu Santo? Verdaderamente, estas doctrinas y prácticas en lo concerniente al bautismo distinguen a la iglesia realmente fiel a Cristo.

3.  Adoramos según el Nuevo Testamento. Los “verdaderos adoradores” adoran “al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23-24). Deseando ser contados por el Padre como “verdaderos adoradores”, rendimos culto racional, espiritual y ordenado conforme a directrices del Espíritu Santo en la nueva “ley de Cristo”. Sabiendo que instrumentos de música en culto a Dios atañían al Antiguo Pacto, al igual que diezmos, altares de incienso, holocaustos, etcétera, no los tocamos, prefiriendo la música vocal autorizada por el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, en textos tales como Efesios 5:19 y Colosenses 3:16. Todo lo hacemos “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40), no permitiendo manifestaciones irracionales originadas por emociones y sentimientos no sujetos a la Palabra de Dios, como tampoco el desorden de cultos alborotosos. Respetado lector, ¿cuál otra iglesia rinde culto a Dios con el mismo rigor espiritual y bíblico?

4.  Financiamos nuestras obras evangelísticas y benévolas mediante generosas ofrendas voluntarias dadas “cada primer día de la semana” (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 8:1-12; 9:6-9). No enseñamos el diezmo, comprendiendo que leyes sobre diezmar pertenecen al Antiguo Testamento, no siendo incorporadas en el Nuevo. Tampoco hacemos mercadería del evangelio mediante negocios realizados a nombre de la iglesia, práctica duramente censurada por la Deidad. El Espíritu Santo señala a “...hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia…”, advirtiendo "...apártate de los tales" (1 Timoteo 6:3-10). También dice, proféticamente: “…y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 Pedro 2:1-3). ¿Cuál otra iglesia rechaza diezmos y todo tipo de mercadería religiosa con el mismo vigor? Considere la acción hasta violenta que el Señor Jesús tomó contra los mercaderes del templo judío (Juan 2:13-17). ¿Piensa usted que Cristo cambiara de parecer en lo concerniente a la iglesia, aprobando que mercaderes religiosos trafiquen en las congregaciones con ventas de toda suerte, negocios piramidales, primicias, diezmos, cuotas, convenios con Dios, etcétera? ¡Inconcebible!

5.  El liderato de cada congregación local madura se compone de una pluralidad de ancianos (Hechos 14:23), también llamados obispos, pastores o presbíteros (Hechos 20:1-28; Efesios 4:11; 1 Timoteo 4:14), y también de diáconos (Filipenses 1:1), todos nombrados conforme a las calificaciones estipuladas en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Pablo y Bernabé “…constituyeron ancianos en cada iglesia…” (Hechos 14:23) y no, en definitiva, a un solo pastor o ministro. En cuanto al rol de mujeres cristianas, estas no predican ni presiden en las congregaciones, respetándose e implementándose las directrices de 1 Corintios 14:33-37 y 1 Timoteo 2:11-15, las que se tienen por inspiradas. Ser bíblicamente rectas, y no políticamente correctas, es la meta de tales iglesias. Pese a percepciones de los políticamente correctos que admiten a mujeres a posiciones de liderazgo reservadas bíblicamente para varones cualificados, estas congregaciones también son “géneros inclusivas”, es decir, en ellas las damas cualificadas tienen ministerios tan importantes y amplios en su contexto que los de los hombres. Sus roles el Espíritu Santo los destaca en textos tales como Tito 2:3-5; 1 Timoteo 5:14 y Romanos 16:3-4, 6 y 12. ¿Cuál otra iglesia cuenta con un liderazgo constituido bíblicamente?

6.  Predicamos la unidad: un Dios, un Espíritu Santo, un Señor, una misma esperanza, una sola fe, un solo bautismo y un cuerpo espiritual, el cual es la iglesia (Efesios 4:1-6), enfatizando la unidad de todos los cristianos verdaderos en un solo cuerpo espiritual, con una sola regla de fe, a saber, el Nuevo Testamento. Jesucristo oró por la perfecta unidad de los que habrían de creer en él por la palabra de los apóstoles. “…para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti… para que sean perfectos en unidad…” (Juan 17:21-23). El Espíritu Santo enseña: “…que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10; Filipenses 2:1-11). Por difícil que sea alcanzar entre nosotros tal perfecta unidad siempre la tenemos como meta. De ahí que no somos partidarios de un ecumenismo religioso superficial y engañoso, no defendiendo divisiones religiosas, o sea, el sectarismo cristiano, que de “cristiano” nada tiene, sino denunciándolas como pecaminosas (1 Corintios 1:10; 3:1-3). Respetado lector, ¿cuál otra iglesia aboga la unidad tal cual enseñada por Cristo y el Espíritu Santo?

7.  Enseñamos que el Milenio precede la Segunda Venida de Cristo, que el susodicho “Rapto” es, en realidad, un mito pentecostal-evangélico, que el planeta Tierra será destruida al aparecer Cristo “como ladrón en la noche” (2 Pedro 3:9-13; 1 Tesalonicenses 5:1-5) y que, por consiguiente, no habrá ningún “reino milenario” después de la Segunda Venida del Señor Jesucristo. Contrario a las teorías de muchas sectas cristianas sobre el establecimiento del Reino espiritual de Dios, enseñamos que este Reino fue establecido en la tierra en el día de Pentecostés del año 30 d. C., citando las palabras de Jesús en Marcos 9:1 como prueba irrebatible. “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.” Y Colosenses 1:13 como firme evidencia corroborante. “…el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” Dado que la iglesia fue establecida con “poder” (Hechos 1:8) en Pentecostés del año 30 d. C. (Hechos 2:1-11), precisamente durante la vida de los discípulos que escucharon las palabras del Señor en Marcos 9:1, deducimos que la iglesia verdadera de Jesucristo es la manifestación auténtica del Reino celestial en la tierra. ¿Cuál otra iglesia trata estas doctrinas con la misma claridad y el mismo respaldo bíblico?

Ahora bien, al principio de este estudio, afirmamos ser la continuación legítima de la iglesia original, apelando a la doctrina apostólica que seguimos rigorosamente como evidencia convincente al respecto. Acabamos de presentar elementos básicos de esta sana “doctrina de Cristo” (2 Juan 9-11) impartida a los apóstoles por el Espíritu Santo. ¿Cuáles iglesias, de las muchísimas distintas que componen el cristianismo de actualidad, tienen esta misma “sana doctrina”, y por ende, derecho de reclamar ser la continuación auténtica de la iglesia original? Abordamos este asunto con no poca trepidación, conscientes de cuán delicado resulta ser para muchos. Si nos atrevemos a responder a la pregunta hecha, algunos, seguramente, nos culparán de hacer juicios que no nos corresponden, de falta de amor, etcétera. A lo cual respondemos que muy cierto es que solo el Señor “Conoce… a los que son suyos”(2 Timoteo 2:19). Sin embargo, el Espíritu Santo nos exhorta a “probar los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido al mundo” (1 Juan 4:1), y esto implica, intuimos, probar sus mensajes y sus iglesias o movimientos religiosos. Así que, no tememos violar la voluntad divina al poner bajo la lupa a otras organizaciones religiosas. Amado, le invitamos a hacer lo mismo.

-Consabido es que la Iglesia Católica Romana reclama ser la iglesia más antigua del mundo. ¿Tiene razón? Osamos decir que no, citando una razón poderosa en particular, a saber, su dogma y liturgia no se encuentran en el Nuevo Testamento. Históricamente, sus raíces datan solo desde el Siglo III de la Era Cristiana, y no desde Pentecostés del año 30 d. C. Estos son hechos, y no meras alegaciones infundadas. Quien discrepe debería asumir la responsabilidad de probar lo contrario. Sin ánimo alguno de lastimar las sensibilidades del lector que se identifica como católico romano, apuntamos que las “tradiciones de los hombres” (Colosenses 2:8), en las que el catolicismo romano fundamenta su fe y práctica, son censuradas no solo por el Espíritu Santo en el texto citado sino también por el propio Jesucristo, quien advierte que invalidan “el mandamiento de Dios”(Mateo 15:6-8). ¿No es cierto que los teólogos católicos romanos, juntamente con toda la jerarquía, apelan a tradiciones en apoyo de sus creencias y ritos, más que a la Biblia misma? Así pues, pese a sus millones de adeptos, inmensas riquezas y poderes religiosos-seculares-políticos, la Iglesia Católica Romana no es la iglesia más antigua del mundo. Está establecida sobre tradiciones religiosas de origen puramente humano, y no, en definitiva, sobre la doctrina de Cristo, los apóstoles y profetas revelada “una vez” (Judas 3; Juan 16:13) para siempre en el Siglo I.Presionar aquí para temas en esta Web relacionados con la historia, dogmas y liturgia de la Iglesia Católica Romana.

-Las iglesias llamadas protestantes, evangélicas o pentecostales, ¿son la continuación bíblica de la iglesia original? ¿Tienen las mismas doctrinas y prácticas de la iglesia establecida por Cristo en el Siglo I? A continuación, identificamos algunas doctrinas principales de estas iglesias.

-Que la salvación se obtiene por fe sola. Solo por hacer profesión de fe. Que el bautismo no es para perdón de pecados sino que es un símbolo, nada más, de salvación (bautistas).

-Que diezmar es necesario para salvación (pentecostales, adventistas del séptimo día).

-Que es necesario obedecer toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis (muchos evangélicos y pentecostales).

-Que Dios ha predestinado a cada ser humano o a salvación eterna o a condenación eterna, no importando lo que haga cada uno en particular (presbiterianos).

-Que el sectarismo cristiano no es malo sino una bendición para los creyentes en Cristo. Que no importa a cuál iglesia vaya uno. Que cada uno escoja la iglesia de su preferencia (muchos evangélicos, protestantes y pentecostales).

-Que el séptimo día (sábado) es necesario guardarlo para alcanzar la salvación (adventistas del séptimo día).

Planteamos que ninguna de estas doctrinas es bíblica. Ofrecemos en esta misma Web gran cantidad de estudios en respaldo de esta conclusión. El estudioso diligente los encuentra fácil, haciendo uso de los instrumentos de “Búsqueda” disponibles. Recomendamos particularmente Temas de esta Web por orden alfabético. Por ejemplo, buscar “Bautismo” o “Predestinación”, y enseguida, aparecerán títulos relevantes con enlaces a los estudios.

Además, investigando, descubrimos que las iglesias y movimientos que forman las categorías nombradas fueron fundadas por líderes religiosos sin inspiración divina. Por ejemplo:

-Martín Lutero (luteranos).

-Juan Calvino (creyentes en la predestinación particular).

-Juan Smythe (bautistas).

-John y Charles Wesley (metodista, wesleyena).

-José Smith (mormones).

-Charles Taze Russell (testigos de Jehová).

-Elena White (adventistas del séptimo día).

-Charles Fox Parham y William J. Seymour (pentecostalismo).

Fundadas, pues, por hombres o mujeres no inspirados, y teniendo doctrinas no enseñadas en el Nuevo Testamento, ¿con qué razón tenerlas como la continuación legítima de la iglesia original?

 

¿Qué ofrecemos?

Querido amigo, amiga, lo único que podemos ofrecerle es precisamente lo que Dios nos autoriza a ofrecerle. Él no nos autoriza a ofrecerle riquezas materiales o perfecta salud corporal, sino…

-El mensaje no adulterado del Nuevo Testamento, o sea, “la palabra verdadera del evangelio” (Colosenses 1:5), poderosa verdad que obra el nuevo nacimiento en corazones sinceros (Santiago 1:18).

-El “perdón de los pecados” y “el don del Espíritu Santo”, conforme a las condiciones asentadas por los apóstoles en Hechos 2:38, siendo estas: Creer, arrepentirse y bautizarse.

-Que quede usted libre de la Antigua Ley de Moisés. “…a libertad fuisteis llamados…”“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1-13).

-Que se libre usted de las opresivas e ineficaces tradiciones eclesiásticas desarrolladas durante los siglos subsiguientes al tiempo apostólico.

-Que quede usted libre del dominio de los concilios religiosos convocados por hombres falibles. Las congregaciones de Cristo no pertenecen a concilios. Cada congregación bíblica es autónoma. Sin embargo, todas las congregaciones que siguen la “sana doctrina” obran en armonía porque siguen “una misma regla” (Filipenses 3:16). Se aman, se respetan y se apoyan mutuamente.

-Que se libre usted de la vergonzosa mercadería practicada en el nombre del Señor por asalariados y avaros líderes religiosos.

-La gran satisfacción y el puro gozo de ser lleno “del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9), entendiendo la Verdad de Dios para este “último tiempo” (1 Juan 2:18), el cual comenzó en el Siglo I y terminará con la aparición de Cristo “por segunda vez, sin relación con el pecado…” (Hebreos 9:27).

-La fe bíblica, la cual es serena, racional y resistente, capaz de vencer todo obstáculo (Hebreos 11).

-La ayuda providencial de Dios para el diario vivir, para que triunfe sobre toda tentación y toda prueba (Hebreos 13:5-6; 1 Pedro 1:6-9).

- La esperanza de la inmortalidad como “segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:17-20).

-¡El Cielo mismo!, es decir, el privilegio y la dicha de ocupar una morada celestial en “la casa” del Padre Dios Creador (Juan 14:1), con tal de obedecer usted la sana doctrina y permanecer en ella hasta la muerte o hasta el retorno del Señor en victoria y gloria (Apocalipsis 2:10; 19:11-21; 21:3-7).

Para el sabio y entendido de corazón, ¡todo esto que ofrece Dios es más que suficiente! Con gran regocijo aceptará esta inigualable oferta de perdón, socorro para el espíritu y esperanza de vida eterna. Le animamos a echar mano de la oferta, antes de que sea retirada.

En síntesis, somos el pueblo del Señor que marcha resueltamente hacia “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:9-14; Apocalipsis 21:1-8) por la ruta trazada por Dios en el “nuevo pacto” de su Hijo. ¿Quiere usted juntarse a nosotros y marchar hacia el mismo destino? Muy encarecidamente, le animamos a hacerlo. En esta misma Página, al lado derecho, una barra digital abre formas donde usted puede contactarnos fácilmente. Al recibir nosotros su comunicación, gustosamente le proveeremos más información.

 

-Una lista de otros mensajes de esta índole se encuentra en "Portal dedicado al evangelio de nuestra salvación y a la iglesia edificada por Cristo". Presionar aquí para entrar al Portal

 

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