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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

Sanado “un cojo desde el vientre de su madre”, los idólatras de Listra rápido trajeron “toros y guirnaldas” con el propósito de sacrificar a Pablo y Bernabé, teniendo a este por el dios Júpiter y a Pablo por el dios Mercurio.

 Pablo y Bernabé en Listra

Sanado “un cojo desde el vientre de su madre”, los idólatras de Listra rápido trajeron “toros y guirnaldas” con el propósito de sacrificar a Pablo y Bernabé, teniendo a este por el dios Júpiter y a Pablo por el dios Mercurio.

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Tercera

Giras de Pablo entre los gentiles

Hechos, capítulos del 13 al 21.

Sección I

Gira primera. Hechos, los Capítulos 13 y 14.

 

PDF de este estudio

 

9.  Labores y resultados en Listra. Hechos 14:8-20  

     Versículos 8 – 12.  Licaonia, el distrito por donde huían los apóstoles, estaba al oriente de Pisidia, al norte de la sierra del Tauro. El sitio exacto de Listra no se conocía en tiempos modernos hasta que el Profesor Ramsey lo identificó hace poco (Geografía histórica de Asia Menor).

     No hallando sinagoga judía en Listra con su asamblea de oidores devotos, los misioneros se vieron obligados a predicar al aire libre. Las estrechas callejuelas, tan generales en las ciudades de aquella, eran impropias para asambleas del pueblo, pero en cada ciudad había una plaza más o menos vacante junto a las puertas, con espacio por dentro y por fuera, y ésta era siempre lugar favorito de concurso. Por el contexto abajo (Versículo 13), parece que Pablo dirigió la palabra al gentío a la puerta principal cuando ocurrió el incidente que sigue: (8) “Y un hombre de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado. (9) Este oyó hablar a Pablo; el cual, como puso los ojos en él, y vio que tenía fe para ser sano, (10) dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y saltó y anduvo. (11) Entonces las gentes, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz diciendo en lengua licaónica: Dioses semejantes a hombres han descendido a nosotros. (12) Y a Bernabé llamaban Júpiter y a Pablo Mercurio, porque era él que llevaba la palabra.” La "fe para ser sano" que Pablo descubrió en el rostro del baldado, era no otra cosa que fe en que Pablo podía sanarlo. La idea de una fe que capacitara a Pablo para darle salud no tiene apoyo en la Escritura (Véase anotación en Hechos 3:16). No podía obtener esta fe de cosa milagrosa que Pablo hubiera hecho en Listra. Debe haberse originado de algo que Pablo había dicho. Probablemente habló de las curaciones milagrosas ejecutadas por Jesús, y del poder que él había dado a sus apóstoles para obrar sanidades similares como prueba de su misión divina. Aun pueda haber mencionado los milagros que había hecho en Iconio (Versículo 3). Ver a aquel inválido y fijar la vista en él fue para darse cuenta de que, con la credulidad que siempre caracteriza a los que padecen males crónicos, aquel baldado, por las expresiones solemnes hechas por Pablo, creyó que él tenía poder el que pretenda. Instantáneamente, pues, en alta voz, mandó Pablo: "Levántate derecho sobre tus pies". Con pasmo la multitud le abrió paso al brincar y andar él, y con la rapidez que les permitió la conclusión que les permitía su crianza pagana, que dos dioses en forma de hombres habían bajado a ellos. Ya veremos en Hechos 28:1-6, cómo otra multitud saltó a la misma conclusión por un suceso similar. Tan instantánea como la convicción de que los predicadores eran dioses, les vino la opinión de cuáles dioses eran, pues, ¿quién podía ser uno de ellos sino Júpiter, cuyo templo estaba allí a la puerta como dios patrono de la ciudad? Y en cuanto al que llevaba la palabra, ¿quién podría ser sino el dios de la elocuencia intérprete de Júpiter? Su excitación los hizo naturalmente prorrumpir en su lengua materna, en vez del griego en que Pablo hablaba y que ellos habían usado como idioma adquirido. Los gritos hicieron callar a Pablo por necesidad entretanto, y quizá mientras esperó que se restituyera el silencio para poder continuar con su discurso, no pudo observar que parte del auditorio se precipitó alejándose, unos a traer dos o más toros gruesos listos para el sacrificio a Júpiter, y otros en busca de guirnaldas de flores con que decorar los cuernos de las víctimas.

     Versículo 13. Esperaba Pablo poder reanudar su discurso, cuando una avalancha de gente se precipitó hacia el templo, y entre sus gritos supo él lo que iban a hacer. (13) “Y el sacerdote de Júpiter, que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo sacrificar.” Sin duda el sacerdote iba avanzando hacia el altar en frente del templo, quizá a pocos pasos de donde Pablo estaba, e inmediatamente, como por impulso común, la gente se abalanzó para tomar parte puntual en los honores que se alistaban para sus visitantes celestiales.

     Versículos 14 – 18. Con desazón fuera de toda medida vieron Pablo y Bernabé que se les iban a tributar honores como a dioses. (14) “Y como lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rotas sus ropas se lanzaron al gentío dando voces, (15) y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo y la tierra y la mar, y todo lo que está en ellos; (16) el cual en las edades pasadas ha dejado a todas las gentes andar en sus caminos; (17) si bien no se dejó a sí mismo sin testimonios, haciéndonos bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, hinchiendo de mantenimiento y de alegría nuestros corazones. (18) Y diciendo estas cosas, apenas apaciguaron al pueblo para que no les ofreciesen sacrificios.” Debe observarse que Lucas da el título de apóstol aquí tanto a Bernabé como a Pablo (Versículo 14), como en ocasiones lo hemos hecho en las notas anteriores. Si Bernabé no era uno de los doce, y por lo mismo no apóstol en el sentido en que ellos lo eran, no obstante llevó ese nombre en común con algunos otros (Romanos 16:72 Corintios 11:13Gálatas 1:19Apocalipsis 2:2). Se debe esto al haber gozado de la instrucción personal del Señor Jesús, tal vez al haber estado presentes cuando la gran comisión fue dada como la informa Mateo.

     La costumbre de romperse la ropa cuando uno se veía repentinamente agitado, aunque era antigua para el tiempo de Jacob (Génesis 37:29-34), aparece aquí (Versículo 14) por última vez en la Biblia. La serenidad que la fe cristiana inculca e imparte hizo desaparecer pronto esto de entre los hábitos de los judíos cristianos.

     Aunque Bernabé en esta ocasión iba a recibir del pueblo el honor principal y por esta razón Lucas pone su nombre primero en el párrafo citado, Pablo sin embargo era el espíritu maestro en todas las escenas excitantes tales. Continuó haciendo el papel de Mercurio que la gente le había asignado, pues su arenga a los idólatras es toda suya en pensar y dicción. El Sr. Howson observa las coincidencias entre la exhortación a los de Listra, que "de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo", y su expresión a los de Tesalónica: "Como os convertisteis de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero" (1 Tesalonicenses 1:9); entre la advertencia aquí: Dios "en las edades pasadas ha dejado a todas las gentes andar en sus caminos", y lo que dijo a los atenienses que Dios "había disimulado los tiempos de esta ignorancia" (Capítulo 17:30), y finalmente entre el argumento de que Dios no se había quedado sin testimonio entre el gentilismo, y el de Romanos 1:20 que dice: "Las cosas invisibles de él, su eterna po­tencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables". A esto se puede añadir que la coincidencia de ideas entre este discurso y el que pronunció en Atenas a otro grupo de idólatras (Hechos 17:22-34) es tan notable que se puede considerar como el mismo discurso con los sabios necesarios según el auditorio. El discurso tuvo éxito en evitar el sacrificio que quería hacer, pero dejó a la multitud de idólatras tristemente perplejos referente a quiénes pudieran ser sus dos visitantes forasteros.

 

En Listra, lapidan a Pablo judíos descreídos venidos de Antioquía e Iconio, más ciudadanos locales instigados por ellos, sacándolo fuera de la ciudad y dejándolo por muerto.

En Listra, lapidan a Pablo judíos descreídos venidos de Antioquía e Iconio, más ciudadanos locales instigados por ellos, sacándolo fuera de la ciudad y dejándolo por muerto.

     Versículo 19. Pablo prosiguió sus labores un día tras otro, pero tan crasa era la ignorancia en que los idólatras se veían envueltos, que trabajó en vano para darles la revelación que traían. Entretanto las nuevas de la escena extraña en que hombres iban a ser adorados como dioses, se extendieron como fuego de pradera de ciudad en ciudad hasta llegar a oídos de los enemigos de Pablo en Iconio y Antioquía, de donde urgidos por el odio, un grupo de ellos hizo viaje rápido a Listra. (19) “Entonces sobrevinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le sacaron fuera de la ciudad pensando que estaba muerto.” La malignidad de estos judíos es difícil de comprender. Los que de Antioquía vinieron viajaron más de 170 kilómetros, y los de Iconio 52, para maltratar a quien no les había perjudicado, pero lo odiaban sin causa. No es difícil imaginarnos las diatribas con que persuadieron a los listrenses. Podían decir: "Sabemos que habéis tomad por dioses en forma humana a estos dos paisanos nuestros. Podemos deciros quiénes son. Son judíos que han llegado de Antioquía y se portaron tan mal que disgustaron a todos nuestros compañeros judíos de aquella ciudad, e hicieron que damas honestas y principales varones de allí se levantaran a echarlos fuera. Luego fueron a Iconio y se hicieron tal plaga que los principales, con ayuda de judíos y gentiles en mancomún, se preparaban para apedrearlos, por lo que huyeron como ladrones para venirse a Listra. No estamos dispuestos a permitirles que deshonren ya más nuestro nombre y nación, y con vuestra venida pondremos fin a su hechicería, porque los milagros que obran entre el pueblo son por el poder de espíritus malignos". Al oír tales acusaciones de parte de la nación de Pablo y Bernabé, los listrenses con gusto asintieron a que hicieran como querían.

     Sabiendo por la experiencia pasada cuán seguro era que Pablo escapara de sus manos él llegara a saber lo que urdían, esperaron hasta que como de costumbre salían a predicar cerca de la puerta de la ciudad; luego se precipitaron con piedras ya listas y lo lapidaron a muerte en un momento. Cayó dentro de la puerta. Se ordenó a dos o tres de los más rudos y fuertes entre la gente que sacaran su cuerpo; así cogiéndolo de manos y pies quizá, lo arrastraron hasta un sitio fuera de la ciudad donde lo dejaron como bestia muerta a su propia suerte. Satisfechos de su fechoría, y temiendo fuera posible que alguna autoridad de rango más elevado que los jefes de la ciudad los llamaran a cuenta por su labor sanguinaria, los asesinos con toda probabilidad partieron a esa misma hora de viaje a su tierra. Suponían jamás volver a oír de Pablo como perturbo a su paz.

     Versículo 20. Hasta este momento Lucas no ha insinuado siquiera que las labores de Pablo en Listra hubieran sido premiadas con conversiones. Ahora aparecen en esta página en condición sumamente enternecedora. (20) “Mas rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y un día después partió con Bernabé a Derbe.” Cuánto tiempo tardaron los discípulos para aventurarse a donde el cuerpo estaba, cuánto estuvieron rodeándolo antes que diera señales de volver en sí, y cuánto después de eso para que uno y los otros se arriesgaran a meterse en la ciudad, Lucas lo deja todo a la imaginación del lector. Bien podemos imaginarnos las lágrimas amargas y el gran llanto de aquel pequeño grupo, mientras veían los verdugones y heridas de aquél a quien habían llegado a amar con tal ternura, mientras pensaban de la crueldad con que habían querido asesinarlo, y todavía columbraban el futuro que les esperaba, como corderos en medio de lobos. Con ellos podemos regocijarnos cuando Pablo abrió los ojos, y con ellos nos maravillamos de que, tras la pedrisca que lo sumió en la inconsciencia, haya quedado en su cuerpo una última chispa de vida sin extinguir con la manera horrible en que lo arrastraron por el escabroso pavimento, y el polvo e inmundicia de la calle y el camino hasta el lugar en que lo hallaron. ¿Y cómo pudo tan pronto levantarse y caminar? ¿Cómo fue posible que emprendiese nuevo viaje con Bernabé al siguiente día? ¿No nos dice este último hecho de manos suaves y servicios afectuosos de toda la noche, lavados y vendajes para sus muchas heridas y contusiones, acompañados de palabras de la más honda simpatía que lo alentaban?

     Gracias a Dios que no quedamos por completo a imaginarnos los nombres de aquellos tiernos y afectuosos amigos. Timoteo era oriundo de Listra, bautizado durante esta primera visita de Pablo, y muchos años después de esto, desde el fondo de la prisión en Roma, de la cual Pablo fue sacado al bloque del verdugo, oímos estas palabras blandas dirigidas al más amado de todos sus compañeros de tribulación: "Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis ora­ciones noche y día; deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo, trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también" (2 Timoteo 1:3-5). ¿Fueron esas lágrimas las que Timoteo, muchacho no mayor de quince años, vertió sobre el cuerpo molido y herido de Pablo? ¿Y la fiel Eunice y la venerable Loida no estaban entre el grupo que circundó al cuerpo hasta que la animación le volvió? Si no fue a casa de ellos a donde llevaron a Pablo, y sus manos las que lo sirvieron curándolo esa noche, cuando menos en parte se explica el misterio de su rápido restablecimiento. ¡Qué escena fue esa que presenció el chico de quince años, entrenado desde la infancia en los sentimientos más piadosos de las Escrituras judías, recién nacido al reino del Redentor, alma que respondió a todo lo noble del humano carácter! No hay que maravillarnos de que de corazón estuviera para siempre ligado a Pablo como hijo respetuoso con su padre. Y qué compensación halló Pablo después por todos sus padecimientos en Listra, con la consagración de por vida de aquél de quien pudo decir: "A ninguno tengo tan unánime"Aquel momento en que el mundo entero parecía abandonarlo y odiarlo, trajo a su lado al más caro amigo que conoció.

 

10.  Éxito en Derbe y vuelta a Antioquía. Hechos 14:21-28 

     Versículos 21 y 22. Viéndose obligados a huir de Antioquía de Iconio y de Listra, ¿quién puede contar los sentimientos del misionero herido al ir aproximándose a las puertas de otra ciudad gentil, llevando las marcas visibles de la ignominia que había padecido? Pero aquél que de la tiniebla saca luz de refrigerio para que alumbre la senda oscura de sus fieles, les concedió aquí cosecha abundante de almas de paz. (21) “Y como hubieron anunciado el evangelio a aquella ciudad, y enseñando a muchos, volvieron a Listra y a Iconio y a Antioquía, (22) confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.”

     En Derbe, donde no parece sufrieron persecución los apóstoles, estuvieron a pocos kilómetros al oriente de Listra, y no lejos del bien conocido puerto de sierra llamado Puertas Cicilianas, que conducen a través del Tauro hasta el llano de Cilicia en dirección de Tarso. Si Pablo se hubiera dejado dominar en sus movimientos por el deseo del descanso entre amigos y parientes, quizás hubiera vuelto la vista al Tarsos de su niñez, pero pensó en los discípulos que había dejado atrás a una suerte incierta, y se volvió con gran peligro para visitarlos una vez más. Cómo se dio traza para entrar de nuevo en Listra, Iconio y Antioquía, y permanecer en cada lugar lo bastante para instruir y organizar a los discípulos, sin que se renovasen las persecuciones que los habían lanzado de estas dos ciudades, Lucas no nos informa. Es posible que la furia del populacho se hubiera agotado, y que su presencia se toleraba por no hacer él más esfuerzos para ganar más convertidos a la nueva fe. Se tuvieron sin duda las reuniones en privado, quizá de noche. Los apóstoles confirmaban el ánimo de los discípulos exhortándolos a continuar en la fe, y asegurándoles que, al menos en su tiempo, la senda al reino eterno pasaba por muchas tribulaciones como las que habían padecido. Se les hizo darse cuenta de que el premio al terminar el viaje bien valía lo que todas las penalidades del camino, y así se les fortaleció para soportar. Al estar dando el adiós final los dos hermanos que habían venido como de visita de un mundo mejor, hubo entre esa gente muchas escenas lacrimosas, y los dejaron a que se abrieran paso por las tentaciones y conflictos que los asediaban.

     Versículo 23. Se quedaron "como ovejas en medio de lobos", pero los encomendaban al cuidado del gran Pastor de las ovejas, y se les dieron sobreveedores que los atrajeran al redil. (23) “Y habiéndoles constituido ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habían creído.” Recuérdese que, desde que los doce pidieron a la multitud de discípulos en Jerusalén los siete diáconos, se sentó el precedente de ser nombrados por la iglesia misma (Hechos 6:1-3). Aquí vemos el ayuno y la oración vinculados con el nombramiento de ancianos, como vimos la oración con imposición de manos al nombrarse los siete de la iglesia en Jerusalén (Hechos 6:6), y como vimos ayuno, imposición y oración al apartarse Bernabé y Saulo para su trabajo señalado (Hechos 13:3). La imposición de manos, parte de la ceremonia en estos dos servicios al instalar a alguien en un oficio, podemos sin riesgo inferir que no se omitió.

     Debe observarse la pluralidad de ancianos que se nombraban para "cada una de las iglesias"; y esto, hasta donde podemos dar con vestigios de los hechos, era la práctica universal de los apóstoles. Al nombrar a éstos Pablo y Bernabé solo seguían el ejemplo de los apóstoles más antiguos, los que instituyeron este oficio en las iglesias de Judea (Hechos 11:30). Discutir elaboradamente este tema pertenece propiamente a un tratado aparte, o a un comentario sobre 1 Timoteo. El que se sorprenda de que hubieran hallado en estas congregaciones recién fundadas hombres que poseyeran la alta idoneidad para el oficio como lo describe Pablo en sus epístolas a Tito y a Timoteo, debe recordar que, aunque esos discípulos tenían poco tiempo comparativamente en la iglesia, muchos de ellos eran, por su carácter y conocimiento de las Escrituras, el fruto más maduro de la sinagoga judía, y solo habían menester el conocimiento adicional que el evangelio traía para ser modelos del saber y piedad en las iglesias. No eran "neófitos" (1 Timoteo 3:6) en el sentido de haber sido recientemente vueltos de la iniquidad. Refiriéndonos a los gentiles convertidos, Cornelio podría representar esa clase, y de los atraídos del judaísmo, Natanael.

     Versículos 24 – 26. Habiendo hecho cuanto estaba en sus posibilidades en favor de las iglesias que habían plantado, continuaron los apóstoles su viaje a casa, bajando de Antioquía, a Perge, donde habían desembarcado en su travesía desde Chipre. (24) “Y pasando por Pisidia vinieron a Pamfilia. (25) Y habiendo predicado la palabra en Perge descendieron a Atalia; (26 ) y de allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían acabado.” Fuera del relato de Lucas quedan por qué no predicaron la palabra en Perge en su primera visita y cuánto éxito tuvieron esta vez, omisiones que, como las de todos los demás que escribieron el Nuevo Testamento no son menos notables que lo que él anota. Probable es que la predicación de ahora se produjera más por el deseo de ocupar el tiempo con que habían de esperar el bajel que iba a Antioquía que por la esperanza resuelta de obtener resultados visibles; y esta idea se confirma por el hecho de que finalmente se dirigieron por tierra a Atalia, a unos 20 kilómetros de la costa de mar donde estarían más seguros de hallar barco más arriba por el río Cestro hasta Perge. De allí "navegaron a Antioquía" sin bajar a tierra en punto alguno intermedio.

     Versículos 27 y 28. Es dudoso que la iglesia en Antioquía haya tenido noticias de Pablo y Bernabé luego que salieron de Perge. Juan, al regresar, debe haber traído las del viaje, hasta ese punto. Así al aparecer ellos sin anuncio en las calles de la ciudad tras la ausencia de tres o cuatro años, bien podemos suponer los recibieran con saludos cordiales y muchas preguntas. Habían ido en la primera misión que salió al mundo pagano, y venían con tantos deseos de contar su historia como los discípulos los tenían de oírla. El que vuelve de un campo de batalla ruda con buenas nuevas viene jadeante por el peso de su relato aun no narrado. (27) “Y habiendo llegado y reunido la iglesia, relataron cuán grandes cosas había Dios hecho con ellos, y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. (28) Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.” La metáfora de la puerta abierta que representa acceso del hombre a los privilegios del evan­gelio, o acceso del predicador a los corazones de la gente, fue usada primero por nuestro Señor (Juan 10:1, 2 7, 9); era favorita de Pablo (1 Corintios 16:92 Corintios 2:12; Colosenses 4:3) y se halla en los labios de nuestro Señor después de glorificado (Apocalipsis 3:3, 20). Su empleo aquí, que representa el acceso a la fe ya abierta para el mundo gentil con la misión de los apóstoles, es probablemente, sugiere alguien, un eco en boca de Lucas de la narración de hablo en su propio lenguaje en el informe que se considera. El “mucho tiempo” que los apóstoles se quedaron en Antioquía se computa hasta su viaje a Jerusalén que se menciona en el capítulo siguiente, y si lo estimamos por comparación con su estancia anterior en la misma ciudad, fue más de un año (Compárese el Capítulo 11:26).

 

Hechos 15:1-21. Controversia sobre la circuncisión. Instrucciones al respecto para los gentiles convertidos. No tienen que circuncidarse. Debería apartarse de contaminaciones de los ídolos, fornicación, ahogado y sangre.

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