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Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado  

Pablo y Bernabé se reúnen con algunos apóstoles y ancianos de la iglesia de Jerusalén para tratar la cuestión de requerir, o no, la circuncisión de gentiles convertidos a Cristo, ilustración para el comentario de McGarvey sobre Hechos 15, en editoriallapaz.org.

Pablo y Bernabé se reúnen con algunos apóstoles y ancianos de la iglesia de Jerusalén para tratar la cuestión de requerir, o no, la circuncisión de gentiles convertidos a Cristo.

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Tercera

Giras de Pablo entre los gentiles

Hechos, capítulos del 13 al 21.

Sección II

Controversia sobre la circuncisión. Hechos 15

PDF de este estudio

1.  Principio de la controversia. Hechos 15:1-5

     Versículo 1. En este punto hace nuestro historiador una transición repentina de los conflictos de discípulos con judíos y gentiles, a otro de importancia grave entre ellos. Una fase de esta controversia se había originado del bautismo de gentiles incircuncisos en la casa de Cornelio, pero por las evidencias de la voluntad divina que se presentaron a Pedro, y que él presentó a los hermanos, esto se arregló definitiva y finalmente (Hechos11:18). Es preciso tener distintamente presente este hecho, tan extrañamente eludido por comentadores, si queremos distinguir las fases sucesivas que esta controversia asumió. La cuestión que ahora se suscitó en Antioquía era diferente. Sin refutar la propiedad de bautizar gentiles, cosa que Pablo y Bernabé habían estado haciendo tanto ahí en Antioquía como en otras partes, los que disputaban tomaron la posición de que esos gentiles, después de bautizados o de haber recibido el perdón de los pecados, debieran ser circuncidados como condición final de su salvación.

     Dicha posición y los que la asumían se introducen así: (1) “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos; Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” El hecho de que éstos vinieran de Judea, donde primero se promulgó el evangelio, y donde los apóstoles habían sido los maestros, daba mucha autoridad a lo que decían entre los hermanos antioqueños, por lo que no es menester suponer que pretendían autoridad expresa de parte de los apóstoles, aunque es posible que así lo hicieran. Insistían en la circuncisión, no por el pacto de Abraham, que fue la base original de la obligación, sino por la ley de Moisés, y así lo hacían porque, por ser parte de la ley de Moisés, la circuncisión ligaba a todos los que a ella se sometieran a guardar toda la ley, aunque la circuncisión como mero rito abrahámico no lo hiciera, pues los ismaelitas, los edomitas, los madianitas y otros descendientes de Abraham, por confesión no están bajo la ley mosaica por ser circuncidados. La fraseología que empleaban muestra lo que más adelante (Versículo 5) se exhibe, que insistían en la circuncisión "conforme el rito de Moisés", porque sostenían que todos los bautizados, fueran judíos o gentiles, habrían de guardar la ley mosaica para tener salvación fina. Todavía no podían concebir que esta ley dada por Dios, tanto tiempo vigente y por cuya conservación tanto habían sufrido sus ancestros, pudiera ser repudiada por los que buscaban la herencia de la vida eterna. Cuando pensaban en la comisión apostólica, tienen que haber incluido la circuncisión y guardar la ley entre las cosas comprendidas en las palabras, "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mateo 28:20).

     Versículo 2. Pablo que hacía tanto tiempo había recibido por revelación directa del Cristo, un conocimiento correcto del evangelio que predicaba (Gálatas 1:11-12), sabía perfectamente que tal enseñanza era errónea, y Bernabé que de él mismo lo había aprendido, si no de otra fuente; así se unieron los dos con todas sus fuerzas para oponerse a los maestros de Judea. Tenemos que pensar en una congregación de hoy perturbada por una seria controversia entre sus enseñadores por una cuestión vital de doctrina, para darnos cuenta de la zozobra y confusión que debe haber atormentado la mente de los hermanos en Antioquía mientras esta controversia se prolongaba. Pablo y Bernabé no lograban silenciar a sus opositores, pero dirigieron la discusión de modo que se produjese una decisión afortunada de carácter provisional. (2) “Así que suscitada una disensión y contienda no pequeña a Pablo y Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, sobre esta cuestión.” Si los hermanos en Antioquía hubieran estimado propiamente la autoridad de un apóstol inspirado, habrían aceptado implícitamente la decisión de Pablo sin la misión a Jerusalén, pero su familiaridad con la persona del apóstol, como la que tenían los de Nazaret con la de Jesús, los hizo lentamente darse cuenta de que hablaba con autoridad divina, y como era un hecho que no se contaba entre los doce originales, pensaron que sus dichos eran de menor peso de los de éstos. Como resultado de aquella misión comprendieron que deberían haber sabido al principio, y no es probable que jamás volvieran a dudar de la enseñanza de Pablo.

     Como la propuesta de enviar a Pablo y a los otros a Jerusalén sobre este negocio involucraba la inferencia de que aquél era inferior en autoridad a los apóstoles y ancianos allá, probable es que Pablo por sostener su prerrogativa apostólica, hubiera rehusado ir, si expresamente no le hubiera mandado el Señor hacerlo; por lo que dice él mismo de este viaje, "fue por revelación" (Gálatas 2:22). Tal revelación, que le exigía ir se le hizo porque el propósito divino fue dirimir la cuestión discutidano solo para la iglesia en Antioquía, sino para todo el mundo y en todo tiempo.

     Antes de pasar este versículo, obsérvese distintamente que este procedimiento no constituyó una apelación de una iglesia a su tribunal más alto, pues de hecho no se formuló decisiónNi fue una propuesta de parte de una congregación a un cuerpo representativo pidiendo instrucción, ya que el cuerpo al que se solicitó se componía de ancianos de otra sola congregación, junto con los apóstoles que ahí pudieron hallarse. De verdad, como la secuela lo dirá, solo tres de los apóstoles antiguos tomaron parte en hacer la decisión (Gálatas 2:9). En estos dos detalles esenciales el paso dado por la iglesia de Antioquía difiere de todas las apelaciones modernas de tribunales eclesiásticas, más bajos a otros superiores, y no hace precedente para tales prácticas.

     Versículo 3. El viaje a Jerusalén se hizo por tierra, y los mensajeros pasaron por dos distritos ya evangelizados considerablemente. (3) “Ellos, pues habiendo sido acompañados de la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y daban gran gozo a todos los hermanos.” Los samaritanos, aunque se circuncidaban como los judíos, tenían mucho menos antipatía que éstos para los gentiles. En cuanto a los discípulos de Fenicia, en gran parte judíos, estaban estrechamente identificados con los gentiles. Así en ambas partes estaban listos para regocijarse por los triunfos del evangelio en el mundo pagano.

     Versículo 4. Después de un grato viaje por medio de iglesias regocijadas, llegaron a Jerusalén donde el nombre de Bernabé se tenía en sagrado recuerdo por sus servicios en la infancia de la iglesia, donde Pablo ya era conocido como evangelista valeroso y abnegado, y a donde las nuevas de la triunfante gira de los dos por tierras gentílicas les habrían precedido. La recepción que se les dio fue lo más natural. (4) “Y llegado a Jerusalén, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles y de los ancianos; y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.” Ha habido mucha discusión de si esta visita a Jerusalén es la misma que se menciona en Gálatas 2, pero los autores recientes van casi unánimes por la afirmativa. La historia que relataron los viajeros fue conmovedora, y debe haber arrancado muchas lágrimas al auditorio compadecido, a tiempo que despertó nuevo entusiasmo por la causa de la redención humana.

     Versículo 5. Conmovedora de inspiración como fue aquella ocasión, ciertos hermanos no quisieron dejar pasar la oportunidad de sugerir lo que consideraban serio defecto en la instrucción que Pablo y Bernabé daban a sus convertidos gentiles. (5) “Mas algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.” Después de leer tanto en los primeros capítulos de Hechos referente a la hostilidad de la secta de fariseos contra la iglesia, es sorpresa hallar en ella que algunos de la secta de ese partido ocupaban posición de influencia, aunque no sorprende verlos en el lado erróneo de una cuestión importante. Ya no les fue posible resistir a la evidencia en favor de Jesús, por eso se bautizaron en su nombre, pero aún se adherían tenazmente a sus antiguas ideas. Largo tiempo después de esta asamblea, al llegar Pablo a entender plenamente sus motivos, aunque por lo pronto no los viera, los titulaba "falsos hermanos" que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre (Gálatas 2:4). Por esta sentencia como juez pronunciada contra ellos vemos con seguri­dad que, cuando desesperaron de poder destruir la iglesia desde afuera por la persecución, deliberadamente confesando a Cristo, se metieron a la iglesia con el propósito de controlarla por dentro. Designio de ellos era tener a la iglesia en servidumbre a la ley, y así evitar que se modificara seriamente el estado de cosas entre los judíos y en el que los fariseos eran el partido predominante. El celo de partido, ruina de su vida anterior, era todavía su pasión dominante. Altamente probable es que entre ellos Pablo reconociera a algunos de sus viejos conocidos, que en un tiempo habían sido sus auxiliares en la persecución, y más recientemente de los del número que habían procurado darle muerte. Los conocía de parte a parte.

     El problema esencial entre Pablo y los fariseos tuvo referencia a la perpetuación de la ley de Moisés dentro de la iglesia de Dios, y el mismo problema se debate bajo diversas fases hasta el día de hoy. Pablo derrotó la tentativa de adherir la circuncisión a la iglesia, pero los judaizantes posteriores lograron perpetuar lo mismo bajo la forma de bautismo infantil, y más tarde la aspersión. Lo que no lograron los fariseos abiertamente, se ha llevado a cabo bajo tenue disfraz. No pudieron amalgamar la ley con el evangelio, pero sus imitadores en gran parte han triunfado enseñando a los hombres que la iglesia de Cristo se originó en la familia de Abraham, y que las tribus judaicas y las congregaciones cristianas constituyen una iglesia idéntica. La apostasía romana perpetuó el sacrificio cotidiano y el ritual pomposo del templo, y los celotes religiosos han destrozado cananeos en las personas de los herejes modernos; cristianos profesos hacen la guerra bajo el viejo grito de batalla, “iLa espada de Jehová y de Gedeón!” Los Santos de los Últimos Días (Mormones) "emulan a Salomón con su multiplicidad de mujeres", y para todas estas corrupciones se halla autoridad en las leyes y costumbres del antiguo Israel. El que lea juiciosamente el Nuevo Testamento apenas sabe cuál de estos errores está más alejado de la verdad, pero se siente obligado a luchar con energía incansable y vigilancia incesante para erradicarlos todos de la mente de los hombres. 

2. Otra asamblea; otro discurso de Pedro. Hechos 15:6-11

     Versículos 6. Luego que los fariseos hubieron expuesto su posición afirmando con distinción que los gentiles bautizados deberían circuncidarse y guardar la ley, la asamblea se levantó sin discutir el asunto. La reunión segunda se anuncia así: (6) “Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio.” Ni esta junta ni la primera se compuso exclusivamente de apóstoles y ancianos, pues hemos visto (Versículo 4) que al principio los mensajeros fueron recibidos de la iglesia, y por el Versículo 22 sabemos que ahora la iglesia estuvo presente. Sin embargo entre estas asambleas públicas, hubo una junta privada de Pablo y Bernabé con los tres apóstoles que estaban en la ciudad. Sabemos esto por la epístola de Pablo a los Gálatas en la que declara el hecho así como da la razón para buscar esta entrevista. Dice: "Después, pasados catorce años fui otra vez a Jerusalén juntamente con Bernabé tomando también conmigo a Tito. Empero fui por revelación, y comuniquéles el evangelio que predico entre los gentiles; mas particularmente a los que parecían ser algo, por no correr en vano o haber corrido" (Gálatas 2:12). La fuerza de la razón que se da se ve en que si hubiera hallado a los apóstoles viejos del lado de los fariseos, la influencia de ellos habría superado a la suya y toda su obra pasada y futura habría sido derribada trayéndose a sus convertidos a la esclavitud de la ley. El resultado de esta entrevista lo expone con esto: "Empero de aquéllos que parecían ser algo (cuáles hayan sido algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre,) a mi ciertamente los que parecían ser algo nada me dieron. Antes al contrario como vieron que el evangelio de incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión; (porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisión, hizo también por mí para con los gentiles, y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas nos dieron las diestra de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión" (Gálatas 2:6-10). De este relato de la entrevista aparece que, luego que los apóstoles mayores oyeron a Pablo declarar el caso, cordialmente lo aprobaron y este hecho lo indicaron dando la mano derecha a él y a Bernabé. Las palabras, "nada me dieron", se escogieron bien, pues la cuestión era si Pablo había o no enseñado su pleno deber a los gentiles; en caso contrario algo adicional se le habría impartido. Con tal información a la vista del entendimiento y convenio perfectos entre los apóstoles inspirados, podemos ver claramente que la segunda reunión pública de toda la iglesia se convocó, no con el objeto de hacer un convenio entre los apóstoles, sino para dar oportunidad a los apóstoles de hacer que la iglesia entera conviniera con ellos. A la luz de esto se han de estudiar los procedimientos; de otro modo interpretamos mal.

     Versículos 7 – 11. Los que se hallan en error nunca pueden convencerse de ello si se les niega la libertad de hablar. Sin habérseles permitido expresar hasta la última palabra serían incapaces de escuchar desapasionadamente el lado contrario. Sabiendo esto los apóstoles, o al menos obrando de acuerdo con ello, permitieron a los judaizantes en la iglesia que dijeran cuanto desearan antes de hacer réplica a su posición y argumentos. Luego, cuando hubieron vaciado todo, los apóstoles, uno por uno y en sucesión aparentemente arreglada de antemano, expusieron hechos y juicios que obligaron su asentimiento. (7) “Y habiendo habido gran contienda, levantándose Pedro les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen(8) Y Dios que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a vosotros; (9) y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos purificando con la fe sus corazones. (10) Ahora pues ¿por qué tentáis a Dios poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? (11) Antes por la gracia del Señor Jesús creemos que seremos salvos, como también ellos.” La palabra "contienda ("zeeteesis" en griego) significa literalmente una cuestión, pero aquí lleva el sentido de debate o disputa (Véase el léxico.) y se usa aquí de preferencia a la más usual "sateeteesis", por indicar, creemos, que la discusión se hacía principalmente proponiendo preguntas, manera muy común de poner en desventaja a un adversario. El debate fue probablemente unilateral, los fariseos poniendo todas las preguntas, y haciéndolo de tal modo que cada una llevara un argumento o comprendiera una conclusión. Quizá por haber ellos adoptado esta forma de argumentación Pedro puso su contestación (Versículo 10) en la misma forma.

     Contenía la alocución de Pedro solo tres puntos de argumentoPrimero, que en el bien conocido caso de los primeros convertidos gentiles en la casa de Cornelio, al darles Dios el Espíritu Santo como lo había dado a los apóstoles, no hizo distinción entre judíos y gentiles, de donde brota la inferencia tácita de que, no haciendo diferencia Dios, los hombres tampoco debieran hacerla. Segundo, poner sobre el cuello de estos gentiles conversos el yugo de una ley que ninguna generación de judíos pudo llevar, a la luz del hecho anterior, sería tentar a Dios; es decir, probar con su presunción la longanimidad divina. Tercero, la creencia firme que indica la palabra "creemos", de que tanto judíos como gentiles serían salvos por gracia, la del Señor Jesucristo, comprende necesariamente que lo que salva no es guardar la ley. Al afirmar que la ley era un yugo que los judíos no podían soportar, significó que no pudieron guardarla de modo de ser salvos por la perfección de su obediencia a ella. Tal discurso parecería haber bastado para poner fin a la discusión entera, pero sabiamente los apóstoles tenían el plan de que la evidencia del asunto se multiplicase de tal modo que no dejase lugar a más controversia, ni ocasión para cavilar más en lo futuro.

3. Hablan Bernabé y Pablo. Hechos 15:12

     Versículo 12. Al sentarse Pedro, Bernabé habló luego, y enseguida Pablo, exponiendo otras evidencias de la voluntad de Dios en el asunto discutido. (12) “Entonces toda la multitud calló y oyeron a Bernabé y a Pablo que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los gentiles.” Fue el curso de su argumento continuación del de Pedro. Así como el milagro de dar el Espíritu Santo en el caso de Cornelio y sus amigos era prueba de la aprobación divina para ello, también las "maravillas y señales" obradas por mano de Bernabé y de Pablo cuando atraían a los gentiles y sin circuncisión los organizaban en congregaciones, omitiendo exigirles guardar la ley, era prueba de su aprobación también en estas cosas. El argumento de las tres prácticas fue exactamente el mismo, aunque basado en hechos diferentes, y estos hechos se presentaron en orden cronológico.

4. Una alocución de Jacobo. Hechos 15:13-21

     Versículos 13 – 21. Como en el caso de la muerte y resurrección del Mesías ninguna evidencia contemporánea podía convencer al judío ordinario, a menos que pudiera hacérsele ver que tal muerte y resurrección se habían predicho del Mesías, así en referencia al tema discutido, no se podía hacerlos callar sin la evidencia de parte de los profetas. A Jacobo se le asignó la tarea de presentar la evidencia en este punto, y también de proponer una decisión que armonizase con el resultado de la conferencia privada. (13) “Y después que hubieron callado, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme: (14) Simón ha contado cómo Dios primero visitó a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre; (15) Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:(16) Después de esto volveré y restauraré la habitación de David que estaba carda; y repararé sus ruinas, y la volveré a levantar; (17) para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre dice el Señor, que hace todas estas cosas. (18) Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras. (19) Por lo cual yo juzgo que los que de los gentiles se convierten a Dios, no han de ser inquietados; (20) sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado y de sangre. (21) Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado.” Las palabras "Jacobo respondió" (Versículo 13) indican que este discurso fue contestación a la actitud de los fariseos. El argumento es que lo que dijo Pedro con lo que añadieran Bernabé y Pablo era solo un suplemento y no era preciso hacer de ello especial mención; que todo era el cumplimiento de la profecía referente al reinado del Mesías, y suplía todo lo que hacía falta para convencer a los hermanos. Cita, cierto, a un profeta solo (Amos 9:11 y 12) pero dice, "con esto concuerdan las palabras de los profetas", como que todos ellos, además del citado, habían emitido palabras del mismo sentido. Hizo la cita de la versión Septuaginta, según aparece que conviene más con ello que con el original hebreo. En los versículos anteriores el profeta predecía la caída del reino de Judá, lo que sería el derrumbamiento del tabernáculo o casa de David, cuyos descendientes ocupaban el trono, y en el que se cita predice la reconstrucción de la misma, lo que ocurrirá al ascender al trono cierto descendiente de David. Pero después de la caída ninguno de la progenie de David llegó a rey hasta que Jesús fue entronizado en el cielo. Esto fue pues la reconstrucción de las ruinas y se había de seguir que "el resto de los hombres", es decir los gentiles, buscaran al Señor, como lo habían estado haciendo desde la visita de Pedro a la casa de Cornelio.

     El que Jacobo introdujera la decisión que propuso con las palabras "por lo cual juzgo", se ha interpretado por muchos como evidencia de que él era presidente de la conferencia, y en tal carácter fundó una decisión que los demás tuvieron por fuerza que aceptar. Pero no existe evidencia de ningún género de que asumiera tal puesto, ni de que su juicio en este caso tuviera mayor autoridad que el de Pedro, o el de Juan que también estaban presentes. Las cuatro cosas de que Jacobo propuso se requiriese a los gentiles abstenerse eran ilícitas, no por dictado de la ley mosaica, sino por las revelaciones de la edad patriarcal. Desde el principio los patriarcas hablan sabido que era pecado tener conexión responsable con los ídolos, o entregarse a la fornicación, y desde que una ley fue dada a la raza que fundó la familia de Noé, era error comer sangre o carne de animales estrangulados que retenían la sangre al morir, y esto había de continuar hasta el fin del mundo. Así, con respecto a lo que se discutía, que si los discípulos gentiles debían guardar la ley de Moisés, Jacobo propuso, "No han de ser inquietados", y esto se aprobó no im­poniendo nada sobre ellos que fuese peculiar a esa ley.

     Las observaciones con que cierra su discurso Jacobo, que en cada ciudad se predicaba a Moisés cuando era leído en las sinagogas, creemos que se hizo como respuesta a la objeción que él sabía tenían presente muchos de sus oyentes, y pueda haberse expresado por algunos de los oradores a quienes contestaba —que si no se exigía a los gentiles guardar la ley de Moisés, ésta caería en descrédito y sería olvidada de los hombres. Que no había peligro de esto, les aseguró Jacobo, ya que el servicio de las sinagogas evitaría tal resultado.

     Parece extraño para nuestra generación naturalmente que los apóstoles pensaran que valía la pena amonestar a los discípulos gentiles contra "las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación". Pero éstos por generaciones habían sido criados considerando este vicio como la satisfacción inocente de un deseo natural, y miran aquéllas como un deber religioso solemne. Al llegar a creyentes, no era fácil para ellos sacudir convicciones que hallaban incrustadas en su naturaleza moral. La misma dificultad encuentran hoy misioneros en el paganismo.

 

 

Hechos 15:22-35. La decisión de los hermanos en Jerusalén respecto a la circuncisión de gentiles convertidos a Cristo, y la carta enviada por ellos a las iglesias y Siria y Cilicia.

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