Suscríbase para recibir notificaciones de nuevos artículos.

Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado 

El apóstol Pedro, encarcelado en Jerusalén por el rey Herodes Agripa, es liberado milagrosamente por un ángel del Señor. Pintura por Rembrandt.

El apóstol Pedro, encarcelado en Jerusalén por el rey Herodes Agripa, es liberado milagrosamente por un ángel del Señor. Pintura por Rembrandt.

Parte Segunda

El evangelio se extiende por Judea y regiones comarcanas

Sección IV

Iglesia fundada en Antioquía y otra persecución en Jerusalén

Hechos 11:19 – 12:25

 

PDF de este estudio

Contenido

1.  Principio de la obra en Antioquía. Hechos 11:19-21

2.  Bernabé es enviado a Antioquía. Hechos 11:22-24.

3.  Bernabé trae a Saulo a Antioquía. Hechos 11:2-26

4.  Bernabé y Saulo enviados a Judea. Hechos 11:27-30

5.  Jacobo decapitado y Pedro encarcelado. Hechos 12:1-11

6.  Pedro sale de la ciudad. Los guardas son muertos. Hechos 12:12-19

  7. Muerte de Herodes y regreso de Bernabé y Saulo. Hechos 12:20-25

 

1.  Principio de la obra en Antioquía. Hechos 11:19-21.

     Versículos 19-21. Siguiendo el plan de esta parte de su obra, nuestro autor vuelve ahora de nuevo a la dispersión de la iglesia en Jerusalén y rápidamente examina otra sección del extenso campo que tiene delante. (19) “Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que sobrevino en tiempos de Esteban anduvieron hasta Fenicio y Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra sino solo a los judíos. (20) Y de ellos había unos varones ciprios y cirenenses, los cuales como entraron a Antioquía, hablaron a los griegos anunciando el evangelio del Señor Jesús. (21) Y la mano del Señor era con ellos; y creyendo, gran número se convirtió al Señor.” Por estos versículos sabemos que, mientras predicaba Felipe en Samaria, Saulo en Damasco y Arabia, y Pedro poco después en todas partes de Judea, Samaria y Galilea, otros hermanos evangelizaban entre los judíos al norte hasta Fenicia, la isla de Chipre y la famosa ciudad de Antioquía, siendo ésta su último punto en esa dirección. Al predicar "solo a los judíos", estos hermanos no hacían más que seguir el ejemplo de los apóstoles, hasta que Pedro abrió la puerta para los gentiles, según se describe en la sección pasada.

     Lo que se dice que algunos de éstos, al venir a Antioquía, predicaban también a los griegos, en cuanto a lugares mencionados, limita esta predicación para los gentiles a Antioquía. No fue sino hasta llegar a Antioquía que comenzaron a hablar a los griegos. Parece que estos vinieron a Antioquía en período posterior al de los que hablaban solo a los judíos. Claro se entreve que algo había ocu­rrido en el intervalo que operó este cambió, y como la última precedente serie de eventos que Lucas menciona se relaciona con el bautismo de los gentiles por Pedro, como que deseaba que sus lectores infirieran que este suceso precedió a la predicación a los griegos en Antioquía. Tal probabilidad se reduce casi a certidumbre al fijar la cronología de estos eventos. Se tiene por cierto que la muerte de Herodes, mencionada en el Capítulo 12, ocurrió el año 44 d.C., y sabemos que Bernabé y Saulo laboraron juntos en Antioquía todo un año antes de este suceso (Versículo 26). Bernabé trajo a Saulo a Antioquía, pues, el año 43; los informes de Versículos 22-25 adelante denotan que aquél no había estado muchos meses en Antioquía cuando fue por Saulo; en consecuencia Bernabé debe haber sido enviado de Jerusalén no antes que a fines del 42. Pero fue enviado tan pronto como los hermanos en Jerusalén supieron de la próspera predicación en Antioquía, y así habremos de concluir que la parte final de esa predicación, la que fue para los griegos, no ocurrió antes de a principios del 42 o fines del 41; y el bautismo de Cornelio tuvo lugar en el año 40 o 41, precediendo esto a la predicación a los griegos en Antioquía. Así la conclusión que naturalmente sugiere el orden de la narración de Lucas es lo que establece la investigación más estricta que gentiles incircun­cisos no fueron bautizados antes que Pedro les abriera la puerta en Cesarea. Pero si la obra de Pedro abrió el camino, el trabajo en Antioquía fue la primera invasión vigorosa del mundo gentílico por las avanzadas del ejército del Señor.

     La predicación en Fenicia que aquí se menciona nos sugiere el origen de las iglesias que después se hallaron allí; y el hecho de que los predicadores que primero hablaron a los griegos de Antioquía eran de Chipre y de Cirene, sugiere la probabilidad de que hayan hecho trabajo previo en sus tierras antes de ir en estas misiones foráneas. Para esto tuvieron tiempo de sobra en los cinco o seis años que habían transcurrido desde la muerte de Esteban. Es posible lo que muchos han sugerido, que Simón de Cirene, quien cargó la cruz de Jesús parte del camino del Gólgota, fuera uno de estos predicadores cirenaicos. En las palabras "creyendo gran número se convirtió al Señor" tenemos reconocido el hecho de que convertirse al Señor es un acto diferente al de creer en él, y le sigue. Así como en Capítulo 3:19, donde convertirse sigue a arrepentirse, es una referencia específica al bautismo, que es el acto de conversión. Una expresión equivalente que se usa en otras partes es "creían y eran bautizados" (Hechos18:8).

2.  Bernabé es enviado a Antioquía. Hechos 11:22-24

     Versículos 22-24. Todavía era Jerusalén el centro y base de operaciones, pues ahí estaba el domicilio de los apóstoles. Estos llevaban nota de todos los movimientos de los otros predicadores, y según las circunstancias enviaban ayuda o consejo. Aun si no había apóstoles presentes en la iglesia madre, sin duda había provisión de dirección de parte de alguien que fuera competente. (22) “Y llegó la fama de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. (23) El cual, como llegó y vio la gracia de Dios, regocijóse; y exhortó a todos a que permaneciesen en el propósito del corazón en el Señor. (24) Porque era varón bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe; y mucha compañía fue agregada al Señor.” No es frecuente para Lucas tributar encomios a personas de quien habla, como éste que da a Bernabé, pero era adecuado justificar la elección de éste para tan importante misión, mencionando las cualidades nobles que dieron lugar a la misma. El objeto de esta misión se puede saber solo por la obra que él efectuó en Antioquía, y de ahí sabemos que difería algo de la misión de Pedro y Juan a Samaria. No fue para impartir dones espirituales, los que Bernabé carecía de poder de trasmitir, pero fue para hacer lo que Bernabé tenía fama de hacer y por su superioridad en la cual derivaba su nombre actual —exhortar a los hermanos que se adhirieran al Señor. Los de Jerusalén bien conocían cuánto los jóvenes discípulos de Antioquía necesitaban tal exhortación, y para ello enviaron al mejor exhortador. También nótese que el estar exhortando a los hermanos, muchos que no lo eran se hacían hermanos. Después de convencidos que Jesús es el Cristo, frecuentemente vienen los hombres al arrepentimiento y la obediencia para oír exhortaciones dirigidas a los hermanos.

3.  Bernabé trae a Saulo a Antioquía. Hechos 11:2-26

     Versículos 25, 26. Bernabé parece haberse ocupado solo poco tiempo en estas labores, cuando sintió la necesidad de ayuda más eficaz que la de sus predecesores, si aún los había presentes, y por razones que no se dicen en el texto, su pensamiento fue a dar con Saulo, el antiguo perseguidor, a quien había protegido en Jerusalén. Todo lo que sabía del trabajo de Saulo desde que los de Jerusalén lo habían mandado a Tarso, era el informe que así había llegado: "Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destruía" (Gálatas 1:25); a no ser que al llegar a Antioquía supiera más, lo que bien es probable. De cualquier modo, entre todos los que le eran accesibles, Saulo fue el que escogió para la obra que en la gran ciudad se abría en flor, y así leemos: (25) “Después partió Bernabé a Tarso a buscar a Saulo; y hallado, le trajo a Antioquía. (26) Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y los discípulos fueron llamados cristianos primeramente en Antioquía.” Las labores en mancomún de dos hombres como éstos por todo un año, en una comunidad a la que el evangelio se había introducido favorablemente, no podían sino dar grandes resultados, y los resul­tados finales sobrepasaron toda esperanza que podían haber abrigado, pues se hallaban ya levantando la segunda capital del mundo cristiano, de la que no muy tarde después se habrían de mandar las más fructíferas misiones de la edad apostólica..

     La ciudad de Antioquía. Farrar da la siguiente descripción de esta gran ciudad: "Reina del Oriente, tercera metrópoli del mundo, esta extensa ciudad de quizá 500,000 almas no se ha de juzgar por la menguada y sacudida de temblores Antakie de hoy. No era una simple población oriental de techos planos y calles estrechas sino capital griega enriquecida y agrandada por la magnificencia de Roma. Su sitio es la confluencia de las cordilleras del Líbano y del Tauro. Su posición natural en la ladera norte del monte Silpío, con un río navegable, el ancho histórico Orontes que baña sus pies, fue a la vez dominante y hermosa. Los recodos del río enriquecían más de 20 kilómetros de la playa, las brisas del mar le traían salud y frescura. Estas ventajas naturales mucho se habían agrandado por el genio pródigo del arte antiguo. Construida por los Seleucidas para residencia regia de su dinastía, su amplia periferia de muchos kilómetros estaba circundada por muros de asombrosa altura y espesor, que se erigieron con osada magnificencia de concepción para dar a la ciudad el aspecto de estar defendida por sus propias montañas circundantes, como si baluartes gigantescos fueran solo su muro natural. El palacio de los reyes de Siria se hallaba en una isla formada por un canal artificial del río. Por la longitud entera de la ciudad, desde la puerta áurea de Daphne al poniente, recorría casi siete kilómetros una gran calzada adornada de árboles, columnatas y estatuas. Construida por Nicator Seluco, la continuó Herodes el Grande que, tanto por satisfacer su pasión por la arquitectura como en premio al pueblo por su buena voluntad para los judíos, la pavimentó por más de tres kilómetros con bloques de mármol blanco. Amplios puentes atravesaban el río y sus diversos afluentes; baños, basílicas, quintas y teatros se apiñaban en el valle plano, y sombreado todo por las pintorescas y escabrosas eminencias, daba a la ciudad un esplendor digno de su fama y solo inferior en grandeza a Roma o Alejandría".

     El nuevo nombre de cristianos que aquí se originó ahora ha resultado al más potente que jamás se haya aplicado a un grupo de gente. La cuestión de quién lo originó, si fue Bernabé con Saulo, los discípulos de Antioquía o los descreídos de ahí mismo, ha ocasionado más discusión que la que su importancia justifica. Al lector de griego sin entrenamiento podría parecerle que el pasaje se entiende así: "Habitaban allí con la iglesia, y enseñaron a mucha gente, y llamaron cristianos a los discípulos primero en Antioquía", haciendo así autores del nombre a Bernabé y Saulo. Pero tal traducción se ha censurado, y la que tenemos en el texto se justifica por el juicio casi unánime de los sabios. Llamar cristianos a los seguidores de Cristo es tan obvio, propio y natural que podría habérsele ocurrido a cualquiera familiarizado con idioma griego, y esto es lo que hace difícil decidir si lo inventaron los descreídos o los discípulos mismos. Favoreciendo la primera suposición está el hecho común de que los grupos de hombres reciben nombres por lo que se distinguen de otros permanentemente, pero la suposición adoptada por muchos de que este nombre lo dieron los enemigos de la fe por escarnio carece de base, como se ve claro por la consideración de que nada tiene de menguado ni desdeñoso el nombre. Es precisamente uno que habría adoptado en buen grupo de amigos de la causa, gente grave y decorosa, reunida en consejo para discutir el punto. En cuanto a la aprobación divina para él, no necesitamos más seguridad de ello que la que le da su aceptación por los apóstoles. Cierto, en las únicas ocasiones en que ocurre en el Nuevo Testamento, aparece como que otros se lo daban, no como que a sí mismos lo tomaban (Hechos 26:28; 1 Pedro 4:16); pero natural es que en las epístolas, todas ellas dirigidas a cristianos, se emplearan generalmente títulos de mayor intimidad.

4.  Bernabé y Saulo enviados a Judea. Hechos 11:27-30.

     Versículos 27-30. Así como el labrador anualmente trueca el trabajo de cultivo por el de siega de la mies, Bernabé y Saulo, tras un año de tarea de predicar y enseñar, lo dejaron a un lado por lo pronto, para llevar de los frutos de la benevolencia que habían cultivado para los que sufrían en otro país. (27) “Y en aquellos días descendieron de Jerusalén profetas a Antioquía. (28) Y levantándose uno de ellos llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu que había de haber una grande hambre en toda la tierra habitada; la cual hubo en tiempo de Claudio. (29) Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar subsidio a los hermanos que habitaban en Judea, (30) lo cual asimismo hicieron enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.” Esta es la primera mención del don de profecía entre los discípulos, pero parece que Agabo y sus colegas ya eran bien conocidos como profetas, lo que muestra que su don de profecía ya se había ejercido para entonces. La conducta de los hermanos en Antioquía también muestra que las predicciones de estos hermanos se obedecían implícitamente, pues no esperaron a que el hambre pronosticada comenzara, sino que de antemano hicieron provisión. Esta conducta activa de su parte, cosa espontánea según parece, y no producto de exhortaciones de Bernabé y Saulo, les hace crédito, pues el hambre se iba a extender en su propia tierra, y el mundo en general, y no solo en Judea. Si los hubiese dominado el egoísmo de nuestro siglo, habrían dicho, "Veremos qué tan fuerte es el hambre que se nos viene encima y a nuestros vecinos; y luego, si hay algo que sobre, lo mandaremos a nuestros lejanos hermanos". No se ocuparon de palabrería egoísta, sabiendo que en la sobre poblada Judea, donde a lo mejor había mucho más pobreza que en la región de Antioquía, rica por el comercio foráneo, el hambre sería tanto más aguda que acá, resolvieron inmediatamente arriesgarse, y por todos conceptos favorecer a sus hermanos más pobres. Es claro que entendían la maravillosa beneficencia de la iglesia hierosolimitana, no como un reventón de fanatismo comunista bajo iguales circunstancias. Bernabé y Saulo bien podían suspender por pocas semanas su obra de predicación y de enseñanza por el objeto de fomentar una empresa de beneficencia tal que el mundo rara vez o jamás había presenciado antes. No hay predicación tan elocuente como la que expresa la beneficencia cordial.

La manera en que se mencionan aquí los ancianos de las iglesias de Judea, sin previa noticia de haberse nombrado, muestra la naturaleza elíptica de la narración de Lucas, y resulta de haber escrito él después de estar plenamente organizadas las iglesias, y de ser bien conocidos todos sus oficiales y sus deberes. Los ancianos, como regentes de las congregaciones, eran los que propiamente habían de recibir la dádiva y ver que se hiciera la adecuada distri­bución entre los necesitados.

5.  Jacobo decapitado y Pedro encarcelado. Hechos 12:1-11.

Versículos 1 y 2. No sigue el historiador a Bernabé y a Saulo en su gira por las iglesias de Judea, introduciendo un episodio conmovedor de las cuestiones que ocurrían en la ciudad. (1) “Y en el mismo tiempo el rey Herodes echó mano a maltratar a algunos de la iglesia.(2) Y mató a cuchillo a Jacobo, hermano de Juan.” Las persecuciones que hasta aquí se han anotado eran dirigidas por los sectarios religiosos de Jerusalén, sin la ayuda de las autoridades civiles, pero ésta es una en que el príncipe reinante es el director, mientras los viejos enemigos de la verdad, si acaso, trabajan tras el telón. Este Herodes era tocayo del Agripa, célebre ministro de Augusto César cuya biografía por Tácito es uno de los clásicos más nobles del latín, y que comúnmente se le llamaba Agripa. Aquél era nieto del Herodes que sacrificó a los inocentes de Belén, y sobrino del Tetrarca que decapitó a Juan Bautista. Creció en Roma donde despilfarró con extravagancia principesca la fortuna que había heredado, pero mientras tal hacía, contrajo intimidad con Cayo César, que más tarde fue el notorio emperador Calígula. Cuando éste ascendió al trono a la muerte de Tiberio, elevó a su amigo Agripa al solio del pequeño reino formado por parte de los dominios de su abuelo agrandado enseguida por Claudio hasta abarcar todo el territorio que regía el primer Herodes. Estaba ahora en el cenit de su poder y vivía en la mayor magnificencia. No hay alusión alguna a la causa excitante de este asesinato, y hay tantas cuestiones que puedan haberlo instigado que toda conje­tura sobre ello es en vano. Un tema de reflexión más provechoso es el hecho muy singular de que Dios haya separado del mundo y de la iglesia tan pronto a uno de los apóstoles, cuando no eran más que doce, pues esta muerte ocurrió solo cerca de diez años después de la de Jesús. De seguro Jacobo hizo muy pequeña parte de la obra que a él y a sus compañeros apóstoles les había asignado en la gran comi­sión, cuando Dios permitió que su vida se cortara tan repentina y cruelmente. ¡Notable ilustración del tan repetido dicho que los cami­nos de Dios no son nuestros caminos! Y al poner su cabeza sobre el bloque del cadalso, cuán distinto debe haber recordado lo que Jesús había predicho de él y de su hermano Juan en memorable ocasión en que la ambición les ganó la delantera (Mateo 20:20-28). Para esta fecha ya entendía mejor el significado de sentarse a la diestra de Jesús en su reino.

   La muerte de Jacobo, primer apóstol mártir, debe haber sido fuente de dolor indescriptible para la iglesia de Jerusalén, y a un historiador no inspirado le hubiera dado tema para muchas páginas de escrito elocuente. Luego, ¿qué habremos de pensar de Lucas como escritor que dispone de ello con una oración que en nuestra lengua da nueve palabras (siete en griego)? Hay segura indicación aquí de alguna limitación sobrenatural para los impulsos del escritor, y solo la inspiración nos la explica.

     Versículos 3-5. Uno que se entrega a alguna empresa maléfica con frecuencia se intimida por la conciencia cuando está a solas, pero si lo aplaude la multitud, se envalentona para avanzar en su carrera insana. Cuando Agripa hubo derramado la sangre de un apóstol, crimen que nadie de los perseguidores anteriores en Jerusalén se habla atrevido a perpetrar —ya titubeó, pero aplaudido por el pueblo, no vaciló más. (3) “Y viendo que había agradado a los judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. Eran los días de los ácimos. (4) Y habiéndole preso, púsole en la cárcel, entregándolo a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pue­blo después de la Pascua. (5) Así que Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.” Claro que el rey buscaba la destrucción de la iglesia hierosolimitana, como los fariseos encabezados por Saulo la habían procurado, pero en contraste con el método de éstos, trataba de cumplir su propósito decapitando a sus directores, en lugar de perseguir a sus miembros. Sin duda se congra­tulaba de la prudencia de su nuevo método, al haber muerto a un apóstol y teniendo encerrado a otro —el jefe de todos— listo para la ejecución. Debe haber oído del encarcelamiento anterior de los doce, y de su escape nocturno de la prisión sin que los guardias se dieran cuenta (5:17-23). Por lo mismo resolvió un método mejor de prisión que el usual, y también mejor método general de persecución. No satisfecho con encerrar a Pedro en prisión cuya puerta exterior era de hierro (Versículo 10), añadió una guardia de dieciséis soldados, unos de ellos apostados a esa puerta (Versículo 6), y otros en dos distintos puntos entre la celda en que yacía Pedro y la puerta (Versículo 10). Finalmente para dar doble seguridad a lo seguro, lo mandó atar de dos cadenas a dos soldados entre los cuales dormía (Versículo 6). Tomado que hubo todas estas precauciones, sin duda dijo a los sacerdotes en jefe, "Ya les enseñaré a guardar prisioneros. iQué se me salga de las manos, si puede"!

     Con las plegarias fervorosas que la iglesia hacía por Pedro, los hermanos solo seguían el ejemplo de los apóstoles mismos en tiempos de su primera persecución (4:23-30). Hay razón para creer que no pedían su libertad, pues bien sabían que esto era imposible sin interposición milagrosa, y como Dios no había rescatado a Jacobo así, no había razón para creer que rescatara a Pedro. Además, al ser libertado como se ve adelante (Versículos 13-15), tan lejos estaban de esperarlo que al principio no pudieron creerlo como habrían estado listos si por ellos hubieran estado orando. Bajo tales circunstancias, lo más natural era que su petición a Dios tomara dirección diferente; recordaban cómo Pedro en un tiempo titubeó ante el peligro inminente, y esperaban plenamente que se vería obligado a afrontar el bloque del verdugo, pues tenían razón para pedir que su fe y valor no lo abandonaran en la crisis final, sino que, como Esteban y Jacobo, bien podemos suponer, pudiera glorificar a su Señor en una muerte triunfal.

     Versículos 6-11. Desfiló el tiempo en suspenso doloroso hasta la noche final de la Pascua, y esa noche fue para los hermanos la más angustiosa de todas; y aunque Pedro sin duda esperaba morir al venir la mañana, parece que dormía tan profundamente como los soldados a quienes estaba encadenado. (6) “Y cuando Herodes le había de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. (7) Y he aquí el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel, é hiriendo a Pedro en el lado, le despertó diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. (8) Y le dijo el ángel: Cíñete y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa y sígueme. (9) Y saliendo, le seguía; más pensaba que veía visión. (10) Y como pasaron la primera y la segunda guardias, vinieron a la puerta de hierro que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo; y salidos pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él. (11) Entonces Pedro volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel y me ha librado de la mano de Herodes y de todo el pueblo de los judíos que me esperaba.” No es maravilloso que Pedro pensara que estaba dormido mientras su liberación se efectuaba, ni que se hubiera menester de la luz de la luna y estrellas arriba, y de las casas en torno suyo, para convencerse de que de veras salía de la cárcel. Jamás se había operado milagro más complicado ni más inesperado.

6. Pedro sale de la ciudad. Los guardas son muertos.
Hechos 12:12-19.

     Versículos 12-16. Después de volver en sí, no necesitó Pedro mucho tiempo para resolver qué hacer. O por estar la casa de María la más cercana de todas las de los discípulos, o por el carácter bien conocido de sus moradores, o por las dos cosas, allí fue a dar luego. (12) “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban orando. (13) Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha para escuchar, llamada Rode: (14) la cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo adentro, dio nuevas de que Pedro estaba al postigo. (15) Y ellos le dijeron: Estás loca. Más ella afirmaba que así era. Entonces ellos decían: Su ángel es. (16) Más Pedro perseveraba en llamar, y cuando abrieron, viéronle y se espantaron.” No solo era María la madre de Marcos, sin duda el del segundo evangelio, sino también prima de Bernabé (Colosenses 4:10). Según parece, era viuda, pero en buenas condiciones financieras, y su casa cómoda era lugar de reunión de los hermanos en la iglesia. Los muchos que esa noche se habían reunido allí no eran toda la iglesia, como algunos han supuesto, pues era demasiado numerosa congregación para juntarse en una residencia particular. Era probablemente una de muchas casas donde se juntaban los hermanos para orar esa noche que suponían era la última de la vida de Pedro. Pocas noches más solemnes habían pasado los hermanos de aquella tan perseguida iglesia. La renuencia de los de la casa de María para creer las palabras de Rode y su asombro al ver a Pedro con sus propios ojos, solo eran cosa natural en las circunstancias, y no hay duda de que la misma incredulidad se manifestó en otros grupos de hermanos en la ciudad al extenderse la nueva hasta ellos gradualmente durante el resto de la noche y temprano a la mañana siguiente. La idea de que fuera su ángel, antes de verlo, se basaba en la suposición de que cada cual tiene su ángel, idea basada en la Escritura (Mateo 18:10; Hebreos 1:14); y que este ángel solía asumir la voz y la apariencia personal de su protegido, lo cual no es más que superstición.

     Versículo 17. El rescate de Pedro por el ángel era clara indicación de ser la voluntad de Dios que huyera de sus enemigos, y pronto se formaron planes para tal fin. Su visita a la casa de María fue con objeto de calmar la ansiedad de sus hermanos, pero se necesitaba el mayor sigilo para evitar que sus planes se frustrasen, y por eso su demora en casa de María fue momentánea. (17) “Mas él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y partió para otro lugar.” Era menester silencio para no alarmar vecinos, que podrían informarse de lo que pasaba y dar parte a las autoridades. Jacobo y los hermanos en general recibirían noticia de su libertad para calmar su ansiedad por Pedro, ya y por la mañana. El modo en que se menciona a Jacobo muestra que, desde el deceso de Jacobo el mayor y en ausencia de Pedro, aquél era el principal de la iglesia. No es probable que éste fuera el hijo de Alfeo, uno de los doce, sino Jacobo el hermano del Señor, el que acompañó a Pedro en Jerusalén en la primera entrevista que Saulo recién convertido tuvo con ellos (GáIatas 1:19; 2:9). El "otro lugar" al que Pedro se dirigió fue sin duda fuera de Jerusalén, pues allí le habría sido muy difícil ocultarse. De propósito eludió decir a los hermanos a dónde iba, para que al ser interrogados, pudieran con verdad decir que no sabían, y no es seguro por cierto que Lucas lo supiese cuando escribió su narración. Cuando Pedro apareció de nuevo en Jerusalén, no hay duda que hubo gran curiosidad entre amigos y enemigos igualmente por saber dónde se había ocultado, pero la prudencia todavía pueda haber aconsejado que guardase el secreto para sí.

     Versículos 18 y 19. Natural fue que la mañana trajera a los soldados gran confusión; primero a los dos a quienes había estado encadenado, y después a todos. También Herodes se sorprendió y le dio mohína. Supo que no tenía más habilidad para tener encarcelados a los apóstoles que la que antes habían tenido los sacerdotes en jefe. (18) “Luego que fue de día hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se había hecho de Pedro. (19) Mas Herodes, como le buscó y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar (matar). Después descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí.” Según la letra estricta de la ley militar romana, fue necesaria la ejecución de los soldados. Al ser examinados los que estaban enfrente de la puerta, podemos ver que la única razón que podían dar era: "Guardamos nuestro puesto toda la noche, y nadie entró ni salió por esa puerta". Al ser llamado el que guardaba la llave de la puerta de hierro, pudo con verdad decir que no la había soltado de la mano ni se había puesto en la cerradura. Los dos guardas entre la puerta y la celda de Pedro estaban seguros de que nadie había pasado por ahí durante la noche, y los dos encadenados a Pedro solo pudieron decir: "Al quedarnos dormidos, él estaba aquí bien seguro entre cadenas, y cuando despertamos había desaparecido: eso es todo lo que sabemos". Por supuesto, ninguna de estas declaraciones podía ser cierta, solo que se hubiera obrado estupendo milagro; y no había alternativa si no admitir el milagro, o sostener que los soldados habían conspirado para voluntariamente soltar al prisionero. Este lado del dilema no podía aceptar un hombre cuerdo, ya que los soldados sabían a perfección que se jugaban la vida con ello. Parece imposible creer que Herodes dudase de la realidad del milagro o de la veracidad de los soldados; pero estaba resuelto a no admitir el milagro, y deliberadamente escogió asesinar a dieciséis hombres inocentes. No había nadie en Jerusalén que pudiera abrigar duda del verdadero estado del caso cuando se supieron los hechos. No es maravilla que el miserable sanguinario haya dejado el teatro de tan negro crimen para fijar su residencia en Cesarea.

7.  Muerte de Herodes y regreso de Bernabé y Saulo. Hechos 12:20-25

     Versículos 20-23. Continúa nuestro autor la historia de este príncipe asesino hasta el fin. (20) “Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón; mas ellos vinieron concordes a él, y sobornado Blasto que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran abastecidas de las del rey. (21) Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal y arengóles. (22) Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. (23) Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.” La dependencia de Tiro y Sidón de las tierras de Herodes por alimento no era absoluta, pues sus propias tierras producían grano, pero el territorio de Fenicia solo es una tira estrecha entre la sierra y el mar, por entero insuficiente para el sostén de estas dos ciudades grandes, y era mucho más económico surtirse de lo que les faltaba de la región adyacente que traerlo desde Egipto; así como sagacidad pública era preferible buscar la paz. Parece que los que vinieron a Cesarea a conseguir esta paz eran no un grupo despreciable de embajadores, más bien numerosos ciudadanos. Probable es que por el soborno atrajeron a su amistad a Blasto el camarero (tesorero), y que por algo de dinero llegaran al rey. Josefo da un relato más detallado de la muerte de Herodes: dice que la ocasión de esta perorata, que aquí se llama "día señalado", era una fiesta que celebraba Herodes en honor de Claudio César; y que el traje real que vestía Herodes era una ropa tejida enteramente de plata que brillaba a la luz del sol matutino. Dice también que a Herodes le atacaron dolores violentos en los intestinos y tardó cinco días en tortura atroz. Tal relato que contiene detalles que no da Lucas, y omite otros que éste da, no contiene nada que contradiga lo que aquí se dice. Así como el justo juicio de Dios, que por regla se reserva para un estado futuro, se exhibió en este mundo como advertencia a los malvados y aliento para los que hacen bien.

     Versículo 24. Era inevitable que esta providencial muerte de Herodes tan pronto después de los asesinatos que perpetró en Jerusalén afectara seriamente la mente del público. No nos sorprende, pues, que Lucas añada: (24) “Mas la palabra del Señor crecía y era multiplicada.” Crecía en la reverencia con que el pueblo la consideraba se multiplicaba en el aumento de sus convertidos a la verdad. Cada formidable y osadamente ejecutado plan para destruir la fe en Cristo solo le daba progreso entre el pueblo, así como antes había ocurrido.

     Versículo 25. La narración que acabamos de pasar, de la muerte Jacobo y la prisión de Pedro, con la muerte miserable de Herodes, se puso entre la llegada de Bernabé y Saulo en su misión a los santos pobres y su regreso a Antioquía; y parece significar el autor con este arreglo que tales eventos ocurrieron en el intervalo. Si Bernabé y Saulo llegaron a Jerusalén a concurrir a la Pascua que se celebra mientras Pedro estaba preso, no se manifiesta; y muy probable que se haya eximido de ello, por razón del peligro inminente. Pero al salir Herodes de la ciudad, aminoró el peligro; así antes de regresar a Antioquía entraron en la ciudad, aunque probablemente no halla allí a Pedro ni a otro alguno de los apóstoles. (25) “Y Bernabé Saulo volvieron de Jerusalén cumplido su servicio, tomando consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.” Aquí se nos presenta primera vez al hijo de María a cuya casa Pedro fue al libertarle el ángel de la prisión. Indudablemente esa memorable noche se hallaba en casa; era hijo de Pedro en el evangelio (1 Pedro 5:13), y debe haberle impresionado vivamente todo lo que ocurrió en esa Pascua. El evangelio que más tarde escribió no da nada de su historia personal, pero en este relato lo encontramos más de una vez. Al llegar a Antioquía, tenían Bernabé y Saulo noticias alarmantes que dar, además del informe referente a la misión en la que habían enviados.

     Aquí cierra la primera parte de Hechos y con ella la relación que Lucas hace del entendimiento general del evangelio. Desde este punto, la narración se limita a ciertos sucesos prominentes en la carrera de Pablo apóstol y asume el carácter de biografía.

 

Conexión entre el bautismo y la remisión de pecados, según McGarvey

Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

 

  

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.