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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

El centurión romano Cornelio, gentil, recibe, juntamente con su familia y amigos íntimos, al apóstol Pedro en su casa en Cesarea.

El centurión romano Cornelio, gentil, recibe, juntamente con su familia y amigos íntimos, al apóstol Pedro en su casa en Cesarea.

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Segunda

El evangelio se extiende por Judea y regiones comarcanas.

Sección III

Pedro predica en Judea y es enviado a los incircuncisos.

El centurión romano Cornelio, gentil, y su familia, con algunos amigos íntimos obedecen al evangelio.

Hechos 10:1-33

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4.  Cornelio, gentil, recibe orden de enviar por Pedro. Hechos 10:1-8.

     Versículos 1 y 2. Cambia la escena de la narración de Jope a Cesarea, a unos 40 kilómetros por la costa del Mediterráneo, para presentarnos el autor otro caso de conversión de un soldado gentil. (1) “Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana, (2) pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.” Al primer mirar parecería que un hombre adornado con el carácter que aquí se describe no hubiera menester conversión. Muchos del día de hoy, a cuyo favor se puede decir otro tanto, se glorían de que sus esperanzas de salvación final sean buenas. Honrados en sus tratos, honorables en su asociación con otros, buenos esposos y padres, generosos con los vecinos y benéficos con los pobres, ¿qué han de temer a mano de un Dios justo y piadoso? Cornelio era todo esto, y además era devoto y dado a la oración; sin embargo, aun él hubo menester oír palabras por las cuales sería salvo (11:14). Los mundanos de justicia propia deben estarse engañando. Olvidan que, aunque cumplan con obligaciones con sus semejantes de modo que es crédito para ellos, se descuidan de la obligación más alta, la de dar servicio a Dios cumpliendo con las ordenanzas que él ha señalado. El pecado más inexcusable de todos es negarse a rendir a Dios nuestro Hacedor y Redentor el homenaje que se le debe. Además, al obrar así se produce con nuestro ejemplo el mayor daño a nuestros semejantes, y más que todo, a los que nos aman.

     Cornelio era italiano, nacido y criado en tierra gentil, lo que evidencia su nombre latino, combinado con el hecho de ser oficial en una de las cohortes italianas. ¿Cómo pudo llegar a tener el carácter que se le atribuye? Ninguna educación pagana podía dárselo. Solo el contacto con gente judía podía lograr esto para él. Así, de aquellos mismos que estaba ayudando a someterse al yugo romano, había aprendido de la única religión verdadera. Excepción hecha de su incircuncisión, estaba ante Dios como cualquier judío piadoso de aquella época, que no hubiera aceptado al Cristo.

     Versículos 3 – 6. El primer paso para traer a este buen hombre a Cristo se describe en estas palabras: (3) “Este vio en visión manifiestamente, como a la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba a él y le decía: Cornelio. (4) Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo; ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios. (5) Envía pues ahora a Jope, y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro. (6) Este posa en casa de un Simón curtidor, que tiene su casa junto a la mar.” La visión descrita aquí no aparece en sueño ni trance: es a un hombre bien despierto y entregado a la oración, según veremos después (Versículo 30). Prueba adicional de que debía su carácter religioso a la instrucción judaica es que observaba una de las horas de oración judías (3:1), la del incienso vespertino. El temor que excitó en él la presencia visible del ángel, fue cosa del instinto; no hay razón de que los humanos temamos a los ángeles o espíritus; pero todos, hasta los más piadosos, se han asustado al ver un ser sobrenatural, o al pensar que lo veían.

     Bajo el punto de vista moderno, las palabras del ángel hacen aún más sorprendente (Véanse observaciones en Versículos 1 y 2) que se haga sujeto especial para la conversión a un individuo. Si además de todo lo dicho sobre un carácter exaltado religioso, sus oraciones eran oídas y sus limosnas habían subido a la presencia de Dios, ¿qué le faltaba para ser salvo del pecado? Que alguien con tal experiencia como ésta comparezca ante una iglesia de las de hoy, y diga: "Por muchos años he sido devoto, adorando a Dios lo mejor que yo sé, dando limosnas a los pobres, orando continuamente y enseñando a los de mi casa el temor de Dios. Ayer tarde a las tres estaba orando según mi costumbre, cuando de repente un ángel se me paró delante y me dijo: —'Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios'.", ¿quién vacilaría en decir que esa persona estaba completamente convertida? Si, era convertido del paganismo al judaísmo, pero según sabemos por el informe subsiguiente de Pedro (11:14), el ángel le dijo del mismo apóstol: "Él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa". Aunque el ángel le había hablado y aunque Dios había oído sus preces, todavía tenía que oír palabras de labios humanos antes de ser salvo. Debemos observar la narración así como progresa, para ver qué palabras se hablaron y lo que de necesario contenían.

     No dejemos de notar que aquí está la oración de uno que no estaba del todo convertido a Cristo, y que esa oración fue oída. Pero cuán diferente es la contestación que en nuestros tiempos se enseña que esperen las personas en condición espiritual similar. El ángel no le trajo recado de que sus pecados estaban perdonados; ni lo deja regocijándose en el perdón de sus pecados, solo porque le aseguró que sus oraciones habían sido oídas. En lugar de eso, se le dice que mande por un hombre que le dirá lo que ha de hacer para ser salvo. Si esta clase de plegarias fueran contestadas hoy, ¿quién puede dudar que el Señor las contestaría de la misma manera, diciendo al que investiga que mande por el predicador o algún discípulo, que lo instruya como es correcto?

     Es interesante e instructivo observar que aquí tenemos otra instancia de la intervención de un ángel para obtener la conversión de un hombre. Comparando la obra de este ángel con la del que apareció en el caso del eunuco (3:26), notamos que, aunque éste apareció al predicador y aquél al convertido, los dos llevaban el mismo propósito esencialmente, es decir, traer frente a frente al predicador y al sujeto para convertirlo. Así llegamos a saber que las intervenciones sobrenaturales nunca suplantan la obra indispensable de la agencia humana. Aún, cuando el Señor mismo aparece al pecador, como pasó con la conversión de Saulo, la agencia humana es indispensable, y el Señor dio direcciones a Ananias de ir a Saulo, que aún no había sido perdonado. No es posible imprimir con la presión que se debe estos hechos sobre la atención de una época como la nuestra, en la que totalmente se han desconocido por la mayoría de los maestros en religión. En todos estos ejemplos la intervención sobrenatural se hubo menester, pues sin ella, nunca se habrían juntado los protagonistas. De otro modo, Felipe nunca habría sabido que iba un etiope camino de Gaza; Ananias nunca se habría atrevido a aproximarse a Saulo; y Cornelio nunca habría sabido que tenia el privilegio de mandar por Pedro.

     Versículos 7 y 8. Aunque ya era hora avanzada esa tarde, Cornelio no vaciló en hacer que los tres mensajeros partiesen al punto en su viaje. (7) “E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistían;(8) a los cuales, después de habérselo contado todo, los envió a Jope.” Aquí parece que el celo religioso con que había atraído a su familia al temor de Dios (Versículo 2), también había allegado a algunos de los soldados a su mando. Envió al soldado, uniformado a la romana, como protección para los dos criados; pues entonces, como en todo tiempo, la compañía de un soldado que representaba al poder supremo del imperio, era protección para los viajeros.

5.  Órdenes a Pedro que vaya a Cornelio. Hechos 10:9-23.

     Versículos 9 – 16. Cambia de nuevo ya la escena ahora, y pasamos de Cesarea a Jope, donde dejamos a Pedro en casa del curtidor. Anti­cipa el autor la llegada de los mensajeros de Cornelio, mostrando cómo el Señor preparó a Pedro para que recibiese favorablemente el mensaje que le traían. (9) “Y al día siguiente, yendo ellos su camino y llegando cerca de la ciudad Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora de sexta, (10) y aconteció que le vino una grande hambre y quiso comer; pero mientras disponían le sobrevino un éxtasis; (11) y vio el cielo abierto, y que descendía un vaso como un gran lienzo que atado de los cuatro cabos era bajado a la tierra; (12) en el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra y reptiles y aves del cielo. (13) Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. (14) Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común e inmunda he comido jamás. (15) Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. (16) Y esto fue hecho por tres veces; y el vaso volvió a ser recibido en el cielo.” Aunque se hallaba en un rapto, Pedro estaba completamente en sí en cuanto a pensar y sentir; de ahí la efusión de su impetuosidad característica al contestar el mandato del cielo con —"Señor, no". Su pensar no iba más lejos en justificación de su osadía que el hecho de jamás en su vida haber comido cosa inmunda, ya que algunos de los animales que se le mandó comiera eran inmundos para un judío; pero es que al rehusarse sabía que obedecía una ley que Dios mismo había dado a sus padres, y no podía por lo pronto abarcar la idea de que Dios estaba aboliendo una de sus propias leyes. Al venir el lienzo a él segunda y tercera vez, él enmudeció pues vio entonces que Dios se proponía lo que decía, y nadie estuvo jamás mejor listo para obedecer un mandato que entendía. Esta visión le vino a Pedro mientras se ocupaba de orar, porque entonces se hallaba en la dispo­sición más favorable para admitir un mandato no grato; y fue cuando tenía hambre, pues tal mandato se refería a las distinciones legales del alimento animal. Estaba en el terrado, pues en una vivienda pequeña, de quizá solo dos o tres cuartos, no podía hallar mejor lugar de aislamiento. El pretil del techo quizá lo ocultaba hasta de la vista de vecinos aunque estuvieran éstos en sus terrados en aquella hora de calor.

     Versículos 17 – 20. El ocurrir esta visión y el progreso de los mensa­jeros de Cornelio, lo mismo que en el viaje de Felipe y el avance del carro en que viajaba el eunuco (8:26-27), se arreglaron por los ángeles encargados para que coincidieran. (17) “Y estando Pedro dudoso dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio que, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. (18) Y llamando, preguntaron si un Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí. (19) Y estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí tres hombres te buscan. (20) Levántate, pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo les he enviado.” Pedro no podía dejar de ver por esa visión que Dios había abolido las distinciones legales entre los animales limpios y los inmundos; por eso inferimos que su perplejidad y largo pensar en el significado de la visión se referían a otra cosa. Lo que se abolía era esa parte prominente de la ley de Dios, y quizá esto lo haya puesto perplejo por qué razón se abolía. Tal vez hasta se preguntara si también el resto de la ley quedaría abolido; en tal caso, esto lo confundiría aún más. Pero no quedó en duda mucho tiempo, pues en el hábil arreglo de la visión con los movimientos de los mensajeros de Cornelio, éstos ya habrían hallado la casa y el Espíritu Santo que había en Pedro le reveló que tres hombres lo buscaban abajo, y le manda que vaya con ellos. No es necesario creer que la casa de Simón estaba fuera de la población, como muchos lo han supuesto por considerarse inmundo su oficio; pues, sea lo que fuera lo cierto de esto, bien podía arreglar su tene­ría fuera y su habitación dentro.

     Versículos 21 y 22. Al bajar Pedro para ver a los que llegaban de un modo tan extrañamente notificado a él, todavía va confuso en cuanto al significado de la visión, pero pronto comienza a verle sentido que no esperaba. (21) “Entonces Pedro descendiendo a los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí que soy el que buscáis: ¿cuál es la causa por la que habéis venido? (22) Y ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir a su casa y oír de ti palabras.” Relacionando este recado, enviado por orden de "un santo ángel" con la visión y con la orden del Espíritu de que fuera con ellos sin dudar, ve Pedro ahora al instante que se le ordena por autoridad divina, mediante un ángel, por una visión, por el Espíritu, que hiciera lo que siempre tuvo antes por pecaminoso, entrar a la casa de un gentil y hablarle la palabra del Señor. Nada menos que un llamado inenarrablemente divino podía inducirlo a hacer tal cosa, pero no tiene alternativa, a no ser que resista a Dios mismo. Ve ahora lo que después tan felizmente expresó: que no había de llamar a nadie común o inmundo (Versículo 28).

6.  Pedro y Cornelio se encuentran. Hechos 10:23-24

CESAREA: Ciudad portuaria construida por Herodes en el año 20 a.C., llegando a convertirse en la capital de la provincia romana de Judea. http://www.turisrael.com/usrsp/usr03_2.htm  

 
Acueducto que llevaba agua a la ciudad de Cesarea en el tiempo de Cornelio y el apóstol Pedro.

Acueducto que llevaba agua a la ciudad de Cesarea en el tiempo de Cornelio y el apóstol Pedro.

     Versículos 23 y 24. Probablemente los mensajeros mismos eran gentiles y de verdad el soldado lo era; en circunstancias ordinarias era difícil que los gentiles hallaran hospedaje en la casa del curtidor Simón. Pero él y Pedro habían virado bastante en la mente en dirección correcta por lo que había sucedido, para quitar todo titubeo en brindarles allí hospitalidad. (23) “Entonces metiéndolos, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope. (24) Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes y los amigos más familiares.” Pedro no partió para Cesarea con la premura de Cornelio para mandar sus mensajeros a Jope. Quizá haya espe­rado al día siguiente para que los hermanos se alistaran y fueran con él, seis por todos (11:12); o por tener que pasar la noche en lugar del camino a tal distancia que era preferible salir de mañana. Cornelio sabía el tiempo que el viaje tomaría, y con puntualidad militar reunió un selecto y listo auditorio. Se observa que éste no era un grupo misceláneo, sino compuesto de parientes y amigos íntimos de Cornelio, los que sin duda fueron invitados por saberse su interés en el objeto que los había reunido.

 
El apóstol Pedro y sus compañeros se adentran en la casa de Cornelio y su familia, ilustración para el comentario de McGarvey sobre Hechos 10, en editoriallapaz.

     Versículos 25 – 29. Al acercarse Pedro a la puerta de la casa de un gentil, no fue sin emoción, y en cuanto a Cornelio, debe haber sentido la más profunda al ver por primera vez a aquél por quien había enviado en su obediencia al mandato de un ángel. Un sentido agobiador de humildad selló la conducta del soldado, mientras el apóstol se portó con una suave dignidad que al pescador solo le prestaban su doble índole y su alta vocación. (25) “Y como Pedro entró salió Cornelio a recibirle; y derribándose a sus pies, adoró. (26) Mas Pedro le levantó diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre. (27) Y hablando con él, entró y halló a muchos que se habían juntado. (28) Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable a un varón judío juntarse o llegarse a extranjero; mas me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo, (29) por lo cual, llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto: ¿por qué causa me habéis hecho venir?” Cornelio adoró a Pedro solo en el sentido de tributarle aquel home­naje que según costumbre oriental se debe a persona de rango muy superior. Ese término se usa con frecuencia en tal sentido y su conocimiento del Dios verdadero nos veda la suposición de que tratara de dar honores divinos a un humano. Lo movió a dar tal homenaje la consideración de la alta estima en que le pareció que el "santo ángel" tenía a Pedro.

     Pero Pedro, no conociéndolo todavía, no podía saber que su intención no era más que dar ese homenaje, y por eso su adver­tencia —"Yo mismo también soy hombre". La explicación de Pedro por haberse apartado de la costumbre judaica de no entrar a una casa gentil, muestra que ya entiende claramente la visión que incluía en su espera a los hombres, y lo que dijo basado en tal comprensión era satisfactorio para sus oyentes sin que fuese preciso relatar la visión. Los mensajeros le habían dicho a qué los habían mandado, pero él creyó adecuado hacer una declaración a este respecto de parte de los interesados mismos antes de proceder a hablar.

     Versículos 30 – 33. La pregunta de Pedro se dirigió a la compañía presente, pero Cornelio era la persona indicada para contestarla, y así lo hizo de la manera más directa y satisfactoria. (30) “Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora yo estaba en ayuno; y a la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso delante de mi en vestido resplandeciente, (31) y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria a la presencia de Dios. (32) Envía pues a Jope y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro; éste posa en casa de Simón curtidor, junto a la mar, el cual venido, te hablará. (33) Así que, luego envié a ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en presencia de Dios, para oír lo que Dios te ha mandado.” La primera nota en esta contestación muestra que, según el modo de contar entonces en general, cuatro días habían pasado desde la aparición del ángel, aunque según otros hoy, no eran más que tres días. Llama al ser que le había hablado "un varón en vestido resplandeciente", pero es evidente que lo reconoció por un ángel, como lo llaman Lucas (Versículo 3) y los mensajeros (Versículo 22), si no por el fulgor peculiar de su indumentaria, sí por la comunicación que le trajo. La declaración final de su respuesta muestra que toda la compañía se había reunido dándose cuenta de estar Dios presente, con el propósito expreso de oír, y esto como debieran oír el mensaje de Dios que Pedro les traía. Reunido un auditorio tal para a un predicador tal, hay seguridad de que los resultados más deseables se siguen.

 

Hechos 10:34 a 11:17. Cornelio, su familia y amigos son bautizados con el Espíritu Santo, y también en agua. Pedro relata su conversión a los judíos en Jerusalén.

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