La catedral nacional de la Iglesia Católica Romana en Washington DC, USA

La “Cara del Cristianismo Puro”

Para ti, ¿a qué o a quién se parece?

¿A las catedrales, santuarios
y capillas católicas romanas?

A la izquierda, la catedral nacional Católica Romana en Washington, DC, USA

Desde el Papa en el Vaticano, Italia, hasta los monjes y las monjas del rango más inferior en México, Estados Unidos de América y toda Norteamérica, en Colombia, Perú, Argentina y toda Suramérica, en Italia, España, Francia y toda Europa, en Indonesia, India y toda Asia, en fin, en todo el planeta Tierra, el clérigo Católico Romano enseña enfáticamente que su iglesia es absolutamente la única iglesia verdadera del cristianismo. Que lo suyo es el único “Cristianismo Verdadero” en todo el mundo. Que ellos y su iglesia son la única legítima “Cara del Cristianismo Puro”.

A la derecha, la catedral Católica Romana en ciudad México

Parafraseando, afirman categóricamente: “Si quieres conocer cómo es el ‘Cristianismo Puro’, fíjate en nosotros. Solo en nosotros. En nuestras catedrales, nuestro clérigo, nuestra organización, nuestra liturgia, nuestras obras de caridad grandísimas, nuestras escuelas y universidades, nuestros hospitales, nuestra influencia en los gobiernos seculares, y en las enormes multitudes de miembros que tenemos. Somos los únicos representantes verdaderos del cristianismo. Somos el estándar verdadero para el cristianismo. No deberías mirar de modo alguno a las Iglesias protestantes, evangélicas, pentecostales, mega iglesias, iglesias de comunidad o las iglesias independientes, porque todas son apóstatas. Nosotros los católicos romanos somos los verdaderos; la única representación pura en la Tierra de Jesucristo y su iglesia.”

Así que, cualquier ciudad, comunidad y país sea tu ubicación geográfica, tú puedes acercarte y mirar a una de esas magníficas catedrales católicas romanas, con su arquitectura impresionante y mobiliario carísimo. Algunas de ellas de distintos países presentadas en este artículo. Y probablemente te quedaras impresionado, impresionada, de verdad, al menos desde el punto de vista material-terrenal.

Por cierto, constituyen la manifestación más actual, visible e ubicua del catolicismo romano en los países del mundo, proyectando constantemente, 24/7/365, año tras años, una poderosa presencia e influencia que bien pudieran cautivar y halar dentro de sus adornadas naves altas a las almas especialmente sujetas a los encantos de lo materialmente grandioso, hermoso y amueblado ricamente, todo bañado en una aura de religiosidad mística.

La catedral metropolitana de la Iglesia Católica Romana en Medellín, ColombiaAhora bien, si conoces siquiera un poquito acerca del cristianismo sabrás que su gran libro sagrado es la Biblia. Más o menos de la misma manera que las “Santas Vedas” son sagradas para los hindúes y budistas, el “Corán” es sagrado para los musulmanes y la “Pentateuca” es sagrada para los judíos.

A la izquierda, la catedral metropolitana de la Iglesia Católica Romana en Medellín, Colombia.

Mientras, materialmente, la catedral sea la “cara”, ya bella, ya no tan así, del catolicismo romano, para evaluar acertadametne aquella cara y lo que queda tras ella, lógicamente, leer porciones relevantes de su “libro sagrado” sería del todo vital.

Disponiendo tú de un teléfono inteligente o de una computadora, tú puedes accesar la versíon católica de la Biblia, o cualquier otra versión reconocida por los eruditos como legítima, Googling “Iglesia Católica Romana”, “catedral”, y “templo”. Verás que solo “templo” es una palabra bíblica válida y este hecho puede que haga aparecer en tu mente una pequeña bandera de aviso. Curioso. ¡Así que, la “Iglesia Católica Romana” no se menciona por nombre en la Biblia!!!

Mediante una investigación básica de “templo” en la Bibla, prontamente se revela que en 957 AEC (Antes de la Era Común en la que vivimos) el rey israelita Salomón terminó la construcción de un templo espléndido en Jerusalén para YAHWEH (del nombre en hebreo), el Dios de Israel, mas, sin embargo, no colocó ningúna imagen de él en aquel templo, pues YAHWEH había prohibido tajantemente el culto a imágenes.

“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso…” Éxodo 20:2-5

¡Ummm! ¡Otra bandera, una ROJA MUY GRANDE!

Aquel primer templo de Israel fue destruido por el rey Nabucodonosor y los babilonios en 586 antes del nacimiento de Jesucristo.

En 515 AEC, los israelitas, al regresar de setenta años de cautiverio en Babilonia, construyeron otro templo menos espléndido que el de Salomón.

Derecha. El gran Templo de los israelitas en Jerusalén reconstruido por el rey Herodes el Grande. Unos quince pisos de alto con el exterior en mármol blanco. El interior de maderas y cortinas caras. De bronce la puerta grandísima de entrada. Rodeado de espaciosas plazas y grandes, elegantes pórticos. Las figuras diminutas a la derecha representan a seres humanos.

Alrededor de 20 AEC, el rey Herodes el Grande inició la reconstrucción de aquel templo, añadiendo plazas espaciosas y pórticos elegantes. Tan grande era el complejo completo que cuando el ejército romano sitió a Jerusalén en 67 EC aún seguía la construcción de una parte. Tan fenomenal era ese Templo Judío y las estructuras adyacentes que se tenía como una de las maravillas del mundo del Imperio Romano del siglo I. Digno de ser contado como verdadero rival para cualquier gran templo hindú o budista.

Fue destruido totalmente en 70 EC por los romanos. El general romano Tito intentó salvarlo, mas sus tropas enfurecidos lo echaron por el suelo, quemándolo. YAHWEH pudiera haberlo salvado, mas, sin embargo, no lo hizo porque, a través de Jesucristo y sus apóstoles, él ya había dado a entender claramente a los israelitas, como, además, a los gentiles que prestaran oído, que ya no deseaba ser visto como manifestando su presencia en algún templo terrenal. ¡Banderas, banderas, BANDERAS, y más BANDERAS!!!!

Al Google “templo” en el Nuevo Testamento de la Biblia, aparecen más o menos 120 versículos donde el vocablo se usa. Mientras en los cuatro evangelios y el libro de Hechos de Apóstoles la referencia resulta ser, mayormente, al templo judío material-terrenal en Jerusalén, otros textos leídos atentamente revelan un “templo” notablemente distinto mediante el cual YAHWEH y su Hijo Jesucristo han determinado darse a conocer al mundo entero desde la ascensión de Jesús al Cielo en el siglo I y hasta el fin del tiempo. ¡Un templo espiritual de almas salvadas sobre toda la faz del planeta Tierra!

En el siglo I, el apóstol Pablo, escribiendo a los gentiles convertidos a Cristo, explicó:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” Efesios 2:19-22.

Obviamente, este lenguaje metafórico llamativo se utiliza en referencia a gentes convertidas a Cristo y no a estructura material alguna. Y para todos los gentiles del mundo, ¡qué declaración más gloriosa!

“Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.” 2 Corintios 6:16

Es decir, todos aquellos que siguen a Dios y Cristo conforme a su “nuevo pacto” constituyen el verdadero y real “templo del Dios viviente”. Este es el sentido evidente de la declaración sencilla de Pablo, no siendo de modo alguno una referencia al templo material en Jerusalén, ni tampoco a cualquier otro templo de la misma categoría terrenal. Lucas 22:20; 2 Corintios 2:12; 3:6-17; Hebreos 8:6-13

La catedral de la Iglesia Católica Romana en Lima, PerúA la derecha, la catedral de la iglesia Católica Romana en Lima, Perú.

Al dirigirse el diácono Esteban al Sanedrín judío en Jerusalén, refiriéndose al Dios de Israel dijo: “Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?” Hechos 7:47-49

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.”

Esto se lo dijo el apóstol Pablo en Atenas, Grecia, parado cerca del magnífico templo de la diosa Atenas, a “todos los atenienses y los extranjeros residentes allí”, que “en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo”. Hechos 17:16-34

UNA BANDRA GIGANTE de ADVERTENCIA!!! “DIOS… NO HABITA EN TEMPLOS HECHOS POR MANOS HUMANAS.”

“Dios es Espíritu, y los que le adoran, es necesario que adoren en espíritu y en verdad.” Juan 4:24

Entonces, ¿qué? ¿Él no puede ser guardado en una caja en una catedral ni en cualquier otro templo material?

Bueno, tú eres inteligente. Pues, décidelo tú mismo. Ya tienes la información y los hechos necesarios. Si profundizas aún más en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, quizás te quedes muy complacido al encontrar que la luz que emana de los textos que hemos copiado brille con cada vez más intensidad.

Al seguir analizando todavía más esta cuestión de “templos religiosos”, especialmente en el contexto del “Puro Cristianismo”, quizás observes, como lo hemos hecho muchísimos cristianos, que los “templos” grandísimos de la cristiandad, al igual que también los menos grandes, tenidos como lo son por “lugares sagrados donde mora Dios”, son, efectivamente la “resurrección” del gran templo en Jerusalén que YAHWEH permitió ser destruido porque su plan para él e Israel había sido cumplido ya y su plan para un templo espiritual abierto para todas las gentes había sido puesto a funcionar mediante Jesucristo y sus apóstoles en el siglo I.

A decir la verdad, eso de “resucitar al templo judío” no sorprende a los estudiantes serios de la Biblia, el judaísmo y la cristiandad porque están al tanto de que, a través de la historia, han surgido tras los judaizantes del siglo I nuevas generacios de judaizantes a lo largo de la línea del tiempo de la Era Cómun, quienes, tal y como sus antepasados, han intentado obligar a los cristianos a someterse a las leyes, ritos, instituciones, y ordinanzas de culto, incluso el concepto de un “lugar sagrado para adorar”, elementos que atañen al “antiguo pacto” dado en el monte de Sinaí, un pacto abolido en la cruz. 2 Corintios 3:6-17; Hebreos 8:8-13; 9:1-10; Gálatas 4:21-31; 5:1-12; Colosenses 2:14-17 y una plétora de textos similares.

En cuanto a este servidor, entendiendo, personalmente, que “Dios… no habita en templos hechos por manos humanas”, estoy convencido que las “grandes catedrales del catolicismo romano” no son, en definitiva, la “Cara del Cristianismo Puro”.

Si no lo son, entonces, ¿cuál es la “Cara” material-terrenal de los cristianos que no adoran en catedrales y capillas católicas romanas ni frente a imágenes en lugares tenidos por sagrados? Es decir, si no tienen “templos y otros lugares sagrados” donde adorar, ¿dónde adoran? ¿Dónde se congregan?

De nuevo, procuramos luz sobre este asunto en la única fuente autoritativa para los cristianos, o sea, en la Biblia. De acuerdo con los primeros siete capítuos del libro de Hechos de Apóstoles, hasta 50,000 judios y prosélitos (gentiles que se convierten al judaísmo) fueron convertidos a Cristo durante los tres años, más o menos, contando desde diez días después de la ascensión de Jesucristo al cielo. Se reunían en las plazas extensas del templo judío en Jerusalén, tal vez también haciendo uso de algunos de los grandes pórticos. No empezaron a construir su propio “lugar sagrado” en alguna parte de Jerusalén. Decenas de miles de ellos había, con muchos recursos materiales, incluso dinero, mas, sin embargo, no salieron a comprar algún espacio en el centro de Jerusalén con el propósito de levantar “un templo para la iglesia”. No pocos de ellos tenían casas u otras propiedades las que vendieron, trayendo el dinero recibido a los apóstles, no para “edificar una catedral, templo, o cualquier otro lugar sagrado” sino para suplir las necesidades de los menesterosos. ¡Léalo en los capítulos de 2 a 6 de Hechos de Apóstoles!

Cuando los apóstoles de Jesús y los evangelistas por ellos constituidos empezaron en serio a esparcir el evangelio a través de Judea, Samaria, Galilea, Siria, Chipre, Pisidia, Macedonia, Acaya, Asia y muchas otras provincias del Imperio Romano, grandes números, tanto de judíos como de gentiles, fueron convertidos. Algunas congregaciones de creyentes fueron organizadas en hogares privados. Romanos 16:3-5; Colosenses 4:15. Teniendo muchas casas, conforme a la costumbre de aquellos tiempos, patios interiores, se podían acomodar hasta cien personas o más.

Tratándose de otros lugares donde se reunieran cristianos en aquel tiempo, no hay más detalles en el Nuevo Testamento. Por sí solo, este hecho pone de relieve la poca importancia que los apóstoles, maestros, profetas, ancianos (obispos), diáconos, más la feligresía en general, daban al “lugar de reunión”. No estaban obsesionados con un “lugar de reunión para la iglesia”. Algún “lugar sagrado donde congregarse”.

Dios no había dado mandamiento de construir tal lugar, ni central para toda la iglesia ni individual para cada congregación. Como dando a entender claramente que: “La cara del cristianismo puro no será ningún edificio material de la categoría que sea. Conforme al cristianismo puro, Dios no mira al edificio o lugar donde se reúnan los cristianos. Más bien, sus ojos están puestos sobre los propios cristianos porque ellos son su templo espiritual, su casa espiritual. Pueden reunirse ya en una casa, una cueva, una catacumba, la sombra de un árbol, en una plaza pública, en una sinagoga que se los permita, en el recinto de una escuela, en un parque, en un lugar alquilado, en su propia facilidad utilitaria adquirida por ellos mismo, ya dondequiera. El ‘lugar’ no es la prioridad, no hace más santos a los congregantes ni tampoco menos, no los hace cristianos de verdad ni tampoco menos. Lo que realmente cuenta es: quiénes son espiritualmente, cuán sinceros y comprometidos estén, cómo se conduzcan moralmente, que si adoren o no ‘en espíritu y en verdad’, y otros tales parámetros espirituales.”

En síntesis, las personas que se identifican como “cristianos” ¡no deberían ser juzgadas por el lugar donde se reúnan! Una catedral no las haría más cristianas. Un techo de ramas de árboles o un cobertizo humilde no significaría que se trate de “cristianos inferiores” a ser rechazados y despreciados, aun odiados, como “herejes”. El criterio crucial es: dondequiera que se reúnan, ¿son verdaderamente fieles a “la doctrina de cristo”? ¿Cumplen con el estánder de Cristo para la conducta moral y sus instrucciones sobre dedicarse a buenas obras?

Se glorían en templos, catedrales, lugares sagrados, y caros lugares elegantes de reunión diseñados para satisfacer el vano orgullo mundano los hombres, las mujeres, los jóvenes y los niños criados o enseñandos a hacerlo.

Querido lector, estimada lectora, a la luz de esta información y estos hechos revelados, ¿estarías de acuerdo en que los Cristianos Maduros definitivamente no lo hacen?

 

 


 

 

 

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