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Sección IV
El Sexto Sello
Parte 4
“Una gran multitud… delante del trono
y en la presencia del Cordero”
Apocalipsis 7:9-17
(9) “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; (10) y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. (11) Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, (12) diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. (13) Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? (14) Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. (15) Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. (16) Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; (17) porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.”
1. ¿A cuál sello pertenece esta visión? Al Sexto Sello.
2. ¿Dónde se escenifica esta visión? En el “cielo de Dios” (Apocalipsis 21:1-2), donde él está sentado sobre su trono. No en el planeta Tierra material, ni tampoco en la “tierra nueva”.
a) “Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero” (7:9). Este es el mismo “trono” que el apóstol Juan vio cuando “una puerta” fue “abierta en el cielo… y he aquí, un trono establecido en el cielo” (Apocalipsis 4:1-4). En ambas visiones están presentes los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes y “todos los ángeles”, circunstancia que confirma la identificación del escenario como celestial, y no terrenal.
b) Los que componen la gran multitud “están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo” (7:15). Este “templo” de Dios no se encuentra en el planeta Tierra literal sino en el cielo. “El templo de Dios fue abierto en el cielo” (Apocalipsis 11:19).
c) Los que forman la gran multitud de esta visión ya no están en el planeta Tierra literal, y de ello no hay lugar para duda, pues, además de servir a Dios “en su templo”, ya “han salido de la gran tribulación” (7:14), visten “ropas blancas” y sostienen “palmas en sus manos” (7:9), siendo la palma señal de gloriosa victoria, imperecedera en este caso. O sea, ya han sido transformados. “Todos seremos transformados” (1 Corintios 15:51).
3. ¿Cuándo, en la línea del tiempo, se toma este retrato instantáneo de la gran multitud? Decimos “instantáneo”, pues esta visión no es un documentario grabado como en video que cubra un lapso sustancial de tiempo sino es como un “retrato” que recoge la escena en el cielo de un momento preciso. ¿Cuándo fue tomado?
a) Antes del fin del tiempo mismo. “Le sirven día y noche en su templo” (7:15). Aunque quizá no constituya la frase “día y noche” prueba contundente para nuestra respuesta, su implicación es obvia, a saber, aún existía el tiempo cuando fue tomado el retrato de esta visión. En la “nueva Jerusalén” que desciende “del cielo de Dios” a la “tierra nueva” (Apocalipsis 21:1-2), “no habrá noche” (Apocalipsis 21:25; 22:5).
b) Antes del fin del tiempo mismo, y por lo tanto, antes de la Segunda Venida de Cristo y antes del fin del planeta Tierra, pues estos dos eventos preceden de inmediato el fin del tiempo.
c) Durante el tiempo que cubre el Sexto Sello. En la “Parte 1” de esta “Sección IV” explicamos por qué colocamos la visión de la gran multitud entre las revelaciones del Sexto Sello.
d) Después de la transformación de los cristianos asediados por las naciones engañadas en la “gran guerra” de Armagedón. Nuestra apreciación es que los transformados en el tiempo del fin se suman a todos los cristianos de épocas anteriores al “poco de tiempo” que también fueron víctimas, aun mártires, a consecuencia de persecuciones.
e) Después de la transformación de los cristianos vivos en la tierra en el tiempo del fin pero antes de la “media hora” de “silencio” que transcurre cuando se abre el Séptimo Sello. “Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora” (Apocalipsis 8:1). El Séptimo Sello sigue la visión de la “gran multitud”, siendo esta visión la última de las que se escenifican al abrirse el Sexto Sello.
f) Después de la transformación de los cristianos vivos en la tierra en el tiempo del fin pero antes de la entrada de todos los salvos de todas las épocas en la “tierra nueva”, con su “nueva Jerusalén” y su “río limpio de agua de vida” en cuyas riberas crece “el árbol de la vida”. En breve, veremos que la gran multitud no incluye, según nuestro análisis, los santos de épocas anteriores a la Era Cristiana. Tomemos nota también de los seis verbos de tiempo futuro en los versículos del 15 al 17. (15) “El que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. (16) Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; (17) porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” El tiempo futuro indica acciones aún no tomadas. Dios y el Cordero efectuarán en el futuro todas las maravillas que el anciano describe para el apóstol Juan. ¿Cuándo? Después de la “media hora” de silencio. Cuando se haya consumado en su totalidad el “misterio de Dios” (Apocalipsis 10:7). Después del juicio de las naciones (Apocalipsis 20:11-15). Cuando descienda la “nueva Jerusalén” a la “tierra nueva”. De hecho, las condiciones futuras que el anciano describe se hacen realidad en Apocalipsis 21:3-4, después de ver el apóstol Juan “un cielo nuevo y una tierra nueva” y “la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios”. “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera. Allí no habrá más noche” (Apocalipsis 21:23-27; 22:1-5). La similitud entre los textos es evidente, confirmando que el cumplimiento de las palabras del anciano es efectuado en la “tierra nueva” con sus “cielos nuevos” (2 Pedro 3:13).
4. “Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?” ¿Quiénes son los que forman la gran multitud, y qué es su procedencia? El anciano responde: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (7:14). Son “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” (7:9).
a) “Ropas blancas”, emblanquecidas “en la sangre del Cordero”, las tendrá, tarde o temprano, todo cristiano fiel hasta la muerte y todo aquel que es transformado sin ver muerte (1 Corintios 15:51-52). Estas prendas preciosísimas no distinguen, pues, a ningún grupo particular de seres humanos glorificados.
(1) “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida…” (Apocalipsis 3:5). Cristo dice a la iglesia en Laodicea: “Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte…” (Apocalipsis 3:18).
(2) El proceso de obtener “vestiduras blancas” empieza con la obediencia al evangelio no adulterado del Señor Jesucristo. No solo creer en Cristo, y confesar su nombre, sino también arrepentirse y sumergirse en agua “para perdón de los pecados”. “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Dios legisló tanto el modo del bautismo que él ordena como el propósito. Todo texto del Nuevo Testamento sobre el designio, o propósito, divino para el bautismo enseña que es “para perdón de los pecados”, indispensable para nacer de nuevo (Juan 3:1-7), necesario para lavar los pecados (Hechos 22:16), requisito para ser salvo (1 Pedro 3:21; Marcos 16:16) y prerrequisito para andar en vida nueva (Romanos 6:3-6). Aún más, es el acto mediante el que el creyente arrepentido hace contacto con la sangre, emblanqueciendo su vestidura espiritual “en la sangre del Cordero”. “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3-4). ¿Qué mente no es capaz de entender verdades expresadas con tanta claridad? Verdades sublimes reveladas con precisión elemental. “Bautizados en su muerte… sepultados juntamente con él para muerte” del “viejo hombre” lleno de pecado (Romanos 6:6). Resucitado de las aguas bautismales para andar “en vida nueva”. La sangre del Cordero fue derramada “en su muerte”, y el creyente arrepentido participa “en su muerte” precisamente “por el bautismo”. Allí, y en ese instante, es donde su vestidura espiritual es emblanquecida “en la sangre del Cordero”, y no antes. Absoluta y definitivamente, ¡no antes de bautizarse! Pese a las teologías de “salvación por fe sola”, por “gracia sola”, “solo por la oración para salvación del pecador”, todas las que contradicen patentemente muchas enseñanzas netamente bíblicas. Una vez emblanquecida su vestidura espiritual “por la obediencia a la verdad” (1 Pedro 1:22), completa y no parcial, el creyente bautizado bíblicamente ha de procurar que no se manche de nuevo. Al respecto, fracasaron los cristianos en Laodicea, y a su condición de reincidentes obedece la admonición “que de mí compres… vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez…”.
(3) ¿De qué aprovecha al hombre estudiar y esforzarse grandemente para comprender las visiones de “los ciento cuarenta y cuatro mil” y la “gran multitud” si él mismo no ha podido, o no ha querido, entender siquiera los “rudimentos de la doctrina de Cristo”, entre los que figura “la doctrina de bautismos” (Hebreos 6:1-2)? Extraño e irracional es el estado de la persona que se dedica asiduamente, aun fanáticamente, al estudio de Apocalipsis y otras materias proféticas, ¡sin haber emblanquecido su vestidura “en la sangre del Cordero”! Quien repudia el modo o el propósito establecidos por Dios para el bautismo, ¿cómo esperar que sus interpretaciones de profecías fuesen objetivas o inteligentes?
b) La “gran multitud” de esta visión “son los que han salido de la gran tribulación”. Preguntamos: ¿Salen “de la gran tribulación” todos y cada uno de los cristianos fieles hasta el fin, aun los que no fueron perseguidos físicamente, o se trata solo de los que sufrieron persecución material o física, aun martirio?
(1) Identificación de la “gran multitud”. Primera tesis. La “gran multitud” se compone solo de los cristianos perseguidos material o físicamente.
(a) “Gran tribulación.” O sea, no una “tribulación” pequeña, típica o común sino extraordinaria. “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21). La expresión “cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” define, efectivamente, “gran tribulación”. Descomunal. De máximo impacto. A manera de comparación, “un gran temblor” es “un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apocalipsis 16:18).
(b) Los que obedecieron al evangelio en Tesalónica recibieron “la palabra en medio de gran tribulación” (1 Tesalonicenses 1:6). No sin oposición alguna. Tampoco se enfrentaron a una tribulación liviana, débil o pasajera. La oposición fue fuerte, peligrosa. Una “gran tribulación”. No en todo lugar de aquel tiempo donde se predicó el evangelio hubo, necesariamente, una gran oposición, una gran tribulación.
(c) En el presente (a principios del Siglo XXI), en los muchos países que garantizan libertad de culto, nadie obedece al evangelio en medio de gran tribulación. Ninguna entidad gubernamental se opone. Ninguna persigue. Ninguna amenaza con matar al que se convierte al Señor. Algunos de los que desean convertirse sufren oposición de familiares o amigos, pero clasificar su “tribulación” con la que padece el que es privado de sus bienes materiales, separado forzosamente de sus queridos, desterrado, azotado, encarcelado, torturado, ahorcado, quemado en hoguera, decapitado o crucificado, ¿quién en sus cabales lo haría?
(d) En términos de persecución material o física, la “gran tribulación” comenzó poco después del establecimiento de la iglesia en el año 33 d.C. en Jerusalén. Casi enseguida los judíos descreídos montaron una campaña de persecución, no solo de índole psicológica sino también física, contra la nueva iglesia del Señor, siendo Esteban el primer mártir. Al poco tiempo, oficiales romanos desataron múltiples persecuciones, las que continuaron hasta la conversión del emperador Constantino a principios del Siglo IV. Luego, oficiales de la iglesia apóstata iniciaron sus propias persecuciones, culminando en la creación de la “Santa Inquisición”. Estas continuaron hasta que muchos países se deshicieran del dominio de la “gran ramera”, legislando libertad de culto, tomando lugar este tremendo cambio durante El renacimiento y La reforma. Abundante información al respecto se halla en los capítulos de este “Análisis” sobre las dos bestias, la imagen de la bestia, los diez cuernos y la “gran ramera… ebria de la sangre de los santos” (Apocalipsis 17:6). Se estiman en unos cincuenta millones solo el número de los que fueron muertos por estas entidades perseguidoras, no contando a los que sobrevivieron pérdida de empleo, apropiación de propiedades, destierro, encarcelamientos, torturas, etcétera (muchos detalles y fuentes de información en los capítulos pertinentes). Durante el Milenio, cesan las persecuciones. Las naciones no están engañadas. Hay libertad de culto. (Ver el análisis extenso sobre el Milenio en esta obra.) Después de los mil años de paz para la iglesia verdadera, aunque no para las naciones seculares, Satanás engaña de nuevo a las naciones “de la tierra en todo el mundo”, las que, una vez unidas por él, se arremeten contra “el campamento de los santos”, o sea, la iglesia, desatándose nuevas persecuciones físicas durante el desastroso “poco de tiempo”. Salen de toda esta “gran tribulación” efectuada a través de los primeros diecisiete siglos de la Era Cristian, interrumpida por el Milenio, y renovada durante el “poco de tiempo”, una “gran multitud” de fieles al Señor, “la cual nadie podía contar”. Entre ellos, los ciento cuarenta y cuatro mil sellados poco antes del fin como “primicias” de los judíos obedientes al evangelio en los días previos a la Segunda Venida de Cristo.
-Esta “gran tribulación” ocurre durante la Era Cristiana. Todo el contexto de Apocalipsis sostiene esta conclusión, pues las visiones se dan para la iglesia y las profecías tienen que ver con “las cosas que deben suceder pronto” (Apocalipsis 1:1), es decir, después de recibir el apóstol Juan las revelaciones. “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia”, ordena Jesucristo a Juan (Apocalipsis 1:11). “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas” (Apocalipsis 1:19). Deducimos, por lo tanto, que “la gran tribulación” no abarca las tribulaciones que sufrieran los santos de Dios durante la Era Patriarcal y la Era Mosaica.
(e) Dejándonos llevar por estas definiciones, comparanzas y hechos, la “gran multitud” se compondría solo de los cristianos que sufrieran “tribulación” material o físico, además de psicológica. No incluiría a los cristianos del tiempo del Milenio, la época de mil años cuando la iglesia no es perseguida porque las naciones no están engañadas, como tampoco a los de otras épocas que obedecieran al evangelio y perseveraran hasta la muerte, no padeciendo oposición o persecución física alguna. Sin ninguna pretensión de ser dogmático, me inclino a pensar que esta es la identificación correcta de los que forman la “gran multitud” de esta visión. Existe otra posible identificación que también amerita seria consideración, la cual presentamos a continuación.
(2) Identificación de la “gran multitud”. Segunda tesis. La “gran multitud” la componen todos y cada uno de los cristianos fieles hasta el fin.
(a) Esto es así, se argumenta, porque la vida cristiana siempre acarrea “tribulación” de alguna clase para toda persona que intenta vivirla. En muchísimos casos de la historia, vivir fielmente la vida cristiana ha resultado en persecuciones materiales o físicas. Pero, a todo cristiano le atribulan, psicológica, emocional, mental y espiritualmente, infinidad de pruebas, circunstancias, luchas internas y tentaciones, incluso la “persecución verbal, mental o emocional” de personas, ya conocidas personalmente, ya del populacho general, que están en desacuerdo con las doctrinas o normas morales del evangelio.
(b) Varios textos del Nuevo Testamento parecen presentar, se observa, este mismo concepto de la vida cristiana.
-2 Corintios 2:16-18. (16) “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. (17) Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; (18) no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” La vida de todo cristiano fiel es una “leve tribulación momentánea”. De acuerdo. A la vez, notamos el vocablo “leve”, comparándolo con “gran”. “Leve tribulación.” “Gran tribulación.” ¿Habrá alguna diferencia?
-2 Tesalonicenses 1:5-7. (5) “Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. (6) Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, (7) y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros…”
- 2 Corintios 1:3-4. (3) “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, (4) el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”
-Los últimos dos textos son típicos de varios de la misma categoría. Que sostengan, o no, la tesis de “sufrir todo cristiano algún tipo de tribulación” lo decide cada estudioso de estos temas y pasajes.
(c) Conforme a esta tesis, salen de la “gran tribulación” todos y cada uno de los cristianos leales hasta el fin de sus días en la tierra, y por consiguiente, todos integran la “gran multitud”. Aún no me convencen los textos bíblicos y argumentos traídos para sostener esta tesis, pero si a usted, estimado lector, le satisfacen, pues su opinión la respetamos.
c) “¿De dónde han salido” estos que componen la gran multitud?, pregunta el anciano. Han salido “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” es la respuesta hallada en el Versículo 9.
(1) “Han salido.” Ya no están donde estaban. Estaban en el planeta Tierra. Ya “han salido”. Ya no están en la tierra. Están en el “cielo de Dios”, “delante del trono y en la presencia del Cordero”, y en presencia de los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes y “todos los ángeles”.
(2) Salieron “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas”. No solo de Palestina o el Imperio Romano sino de todo el mundo. No solo de las gentes del Siglo I de la Era Cristiana sino de todos los seres humanos a través de toda la Era Cristiana, dondequiera y cuandoquiera fuesen perseguidos los seguidores de Cristo, conforme a la “primera tesis” sobre la identificación de la “gran multitud”.
5. ¿Cuántos redimidos componen la “gran multitud”?
a) Esta “multitud” es una “gran multitud”. No es pequeña o mediana. Es grande.
b) El mismo texto define “gran multitud” mediante la cláusula explicativa “la cual nadie podía contar” (7:9). “Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”, apunta el Señor (Mateo 7:13-14). “Pocos”, comparativamente. “Pocos” si se compara su número con los aproximadamente trece o catorce mil millones de seres humanos que han habitado el planeta Tierra durante la Era Cristiana hasta el presente (principios del Siglo XXI). Mas sin embargo, los redimidos no dejan de hacer una “gran multitud, la cual nadie podía contar”, y esto es así aunque se contaran solo a los que salieran de “la gran tribulación”, interpretándose esta como persecución material o física. El número de los “muchos ángeles” que el apóstol Juan vio “alrededor del trono” en la visión del rollo y el Cordero “era millones de millones” (Apocalipsis 5:11). Quizá sea el número de la “gran multitud” muchos, muchos millones.
6. ¿Qué dice y qué hace esta “gran multitud” convocada “delante del trono y en presencia del Cordero”?
a) “Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (7:10).
b) Estando “delante del trono de Dios”, “le sirven día y noche en su templo” (7:15).