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Índice de SOLO los TEXTOS que componen el comentario Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones

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Contenido completo del Capítulo Nueve

APOCALIPSIS

Capítulo Nueve de
 Análisis de las profecías y visiones

“Siete ángeles… vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro” traen “Las siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, las que contienen “Las siete plagas postreras”En esta visualización de los eventos, los siete ángeles, saliendo del “templo del tabernáculo del testimonio”, se paran sobre “un mar de vidrio mezclado con fuego”. Este último detalle de la pintura no figura en el relato del apóstol Juan. A la izquierda, los seres entre las nubes representan “a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia… en pie sobre el mar de vidrio”. Apocalipsis 15 y 16. 
Pintura por Pat Marvenko. Derechos reservados. 
www.revelationillustrated.com

 “Las siete copas de oro, llenas de la ira de Dios”,…

…contienen…

“Las siete plagas postreras”.

Los Capítulos 15 y 16 de Apocalipsis 

PDF de este estudio

Imagen para la Introducción. "Las siete plagas postreras" contienen "...las siete copas de la ira de Dios". Para la proyección digital o el estudio personal.

I.  Introducción.

A.  El corto Capítulo 15 de Apocalipsis –contiene solo ocho versículos- nos presenta el Preámbulo a las “Escenas”, tan escalofriantes como breves, en las que se escenifica el derramamiento de las “siete copas de oro, llenas de la ira de Dios…” 

B.  Según los Capítulos 15 y 16 de Apocalipsis, “las siete copas de oro, llenas de la ira de Dios”, contienen “las siete plagas postreras”. Esto queda evidente al leer los siguientes versículos.

1.  “Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras…” (Apocalipsis 15:1).

2.  “Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios…” (Apocalipsis 15:7).

3.  “Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (Apocalipsis 15:8).

4.  “Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios” (Apocalipsis 16:1).

5.  “Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria” (Apocalipsis 16:9). Vemos, pues, que las catástrofes que resultan cuando los ángeles derraman las siete copas de la ira de Dios se describen como “estas plagas”. Por lo tanto, es evidente que “las siete copas de oro ”contienen “las siete plagas postreras”.

“Las siete plagas postreras” A la derecha, superior: “una úlcera maligna”. A la derecha, centro: el mar convertido en sangre. A la derecha, inferior: ríos y fuentes de aguas convertidos en sangre. Abajo, centro: el sol quema “a los hombres con fuego”. A la izquierda, inferior: el “trono de la bestia” se cubre “de tinieblas”. A la izquierda, centro: “el gran río Éufrates” se seca”, así preparándose “el camino a los reyes del oriente”. A la izquierda, superior: “Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra… Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo…”
Pintura por Pat Marvenko. Derechos reservados. 
www.revelationillustrated.com

 

C.  Estas “siete plagas” son las “postreras”“…siete ángeles que tenían las siete plagas postreras…” “Postrero, ra. (De *postrarĭus, por postrēmus, infl. por primarĭus). adj. Último en una lista o serie. 2. Se dice de la parte más retirada o última en un lugar.” (Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

1. Son las últimas “en una… serie” de plagas.

2. Después de estas, no vendrán otras plagas, porque una vez acaecidas estas ¡el universo material visible, como además el tiempo mismo, terminarán para siempre! (2 Corintios 4:18; Apocalipsis 10:5-7).

3. “Postreras” implica plagas “anteriores”. ¿Cuáles son las plagas que ocurren antes de las “siete plagas postreras”?

a) En Apocalipsis 11:6, se nos informa que los “dos testigos” tenían “poder… para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran”. Así que, posiblemente se aluda a estas.

b) También en las visiones de la Sexta Trompeta se describen tres plagas... el fuego, el humo y el azufre que salían” de la boca de los caballos (Apocalipsis 9:17-21). Pero, estas tres guardan cierta similitud con algunas de las “siete plagas postreras”, manifestándose ambos grupos, probablemente, durante la misma etapa, a saber, durante el “poco de tiempo” entre el fin del Milenio y la Segunda Venida de Cristo.

c) Desde luego, también había plagas antes de la Era Cristiana, por ejemplo, las diez plagas que Dios trajo sobre los egipcios.

4. ¿Por qué identificar como “postreras” las “siete plagas” contenidas en “las siete copas de oro”? Pues, la razón se da en el mismo texto bíblico, a saber: “Porque en ellas se consumaba la ira de Dios” (Apocalipsis 15:1).

a) “Consumar” quiere decir: “Realizar completamente”. “Consumado” significa: “Acabado” (Diccionario de uso del español, Tomo I. Página 740).

b) Al “realizar completamente” su obra de redención en la cruz, Cristo exclamó: “Consumado es” (Juan 19:30). No se consumó su sacrificio expiatorio a lo largo de su ministerio sino en la cruz.

c) “…en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas” (Apocalipsis 10:7). Seguramente, las “siete plagas postreras” figuran en el proceso final de la consumación del “misterio de Dios”. Mediante ellas, Dios consuma su ira en los pecadores intransigentes de los últimos días de la tierra. Es decir, “realiza completamente” en ellos su designio de poner fin, de una vez para siempre, a su obstinada resistencia a él y su pueblo. ¡Acabará con ellos!

5. Los términos “postreras” y “se consuma” claramente señalan un período de tiempo específico, el que, lógicamente, debería distinguirse de los tiempos que lo preceden. Una y otra vez encontramos en el libro de Apocalipsis referencias implícitas a la “línea del tiempo”, a lo largo de la que ocurre el cumplimiento de las distintas profecías reveladas al apóstol Juan.

a)  Definitivamente, las “siete plagas postreras” no ocurren a través de toda la Era Cristiana¡Son las “postreras”! No caen continuamente sobre la tierra y la humanidad durante épocas extendidas sino que se derraman solo durante los últimos días.

b)  Igualmente, la ira de Dios no “se consuma” a través de toda la Era Cristiana. Más bien, “se consuma” al final de esta Era. O sea, alcanza su punto fulminante durante los últimos días de esta Era, manifestándose fulminantemente y culminando en la destrucción completa de todos los enemigos de la Deidad, como además, en la de toda la creación visible (2 Corintios 4:18).

D.  Precisamente, por ser las “postreras” y porque en ellas se consuma la ira de Dios, razonamos que estas siete plagas pertenecen a los últimos tiempos agónicos de la tierra. Consiguientemente, las proyectamos para el final del “poco de tiempo”.

E.  La fascinante Escena del “Mar de vidrio mezclado con fuego”, en la que se presentan “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen” (Apocalipsis 15:2-4), también apoya la conclusión conforme a la que estas “siete plagas postreras” se cumplen finalizándose ya el “poco de tiempo”“Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero…”

1.  Estos seres parados sobre “el mar de vidrio mezclado con fuego”, ¿quiénes son? Específicamente, son los que lucharon en la tierra contra “la bestia y su imagen”, resistiendo y triunfando sobre las fuerzas malignas.

2.  Para el tiempo del inicio de “las siete plagas postreras”, estos seres triunfantes están “en pie sobre el mar de vidrio”, el cual se encuentra, tomemos nota, “delante del trono” de Dios, según la visión de Apocalipsis 4:1-6. Es decir, están en el cielo. No están en la tierra. Tampoco están en la región del Paraíso, en el Hades. Definitivamente, ¡están en el cielo!

3.  Así que, según los parámetros de esta visión, estos seres victoriosos serían, deducimos, los mártires de Dios y de Cristo resucitados en la “primera resurrección”. (Estudiamos la “primera resurrección” en el Capítulo Diez de este Análisis.)

a) Pero, en la Escena del “Mar de vidrio mezclado con fuego”, estos seres no son presentados como sentados sobre tronos y reinando con Cristo, posición y poder que se les conceden durante el Milenio. (Ver el Capítulo Diez de este Análisis.) Más bien, los vemos “en pie sobre el mar de vidrio”, cantando “el cántico de Moisés... y el cántico del Cordero”. ¿Y por qué cantan el cántico “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso…” en este escenario y en este preciso momento de su existencia? La razón parece ser bastante obvia, a saber, porque ya está a la vista el triunfo final de Dios sobre todas las fuerzas satánicas. Está próximo a consumarse “el misterio de Dios” (Apocalipsis 10:7); a consumarse “la ira de Dios” contra los últimos impenitentes acérrimos (Apocalipsis 15:1). Por lo tanto, pautamos que esta “Escena del Mar de vidrio mezclado con fuego” toma lugar después del Milenio, y específicamente, durante la última etapa del temible “poco de tiempo”, justamente previo al derramamiento de “las siete copas de oro, llenas de la ira de Dios”.

b) En la Escena del “Mar de vidrio…”, escuchamos a los mártires glorificados entonar las palabras que componen “el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero”. Cantan, sin duda, como un nutrido coro de ángeles celestiales: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (15:3-4). Concluimos, pues, que “el cántico de Moisés… y el cántico del Cordero” no son dos cánticos distintos sino el mismo cántico que acabamos de escuchar.

(1)  Interesantemente, mientras encontramos en Éxodo 15 el cántico que “Moisés y los hijos de Israel” cantaron después de cruzar, en seco, el Mar Rojo, no se halla en los cuatro evangelios ningún cántico que fuera atribuido específicamente a Cristo y sus apóstoles.

(2)  ¿Por qué nombrar a Moisés, al igual que al Cordero, como autor del cántico que entonan los mártires “en pie sobre el mar de vidrio”? Se nos ocurren dos posibilidades, a saber: (a) Porque Moisés era el tipo de Cristo“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis”, dice Moisés al pueblo de Israel (Deuteronomio 18:15-22). (b) Porque entre los mártires que cantan el cántico figuren algunos “santos” martirizados durante la Era Mosaica, cuando el Antiguo Pacto estaba vigente. En la “Escena 1”, del “Acto 7”, del Escandaloso drama de la gran ramera, entra en el escenario “la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús” (Apocalipsis 17:6). Se nos informó que estos “santos” bien pudieran ser los profetas y otros justos que sufrieron martirio durante los tiempos antes de la Era Cristiana. De ser así, ¡helos aquí, juntamente con “los mártires de Jesús”, cantando el glorioso himno “Grande y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso…”!

c)  ¿Qué representa el “fuego” mezclado con el “vidrio” de aquel “mar” donde se paran los mártires? Quizá “la ira de Dios”; el castigo de Dios; el poder de Dios para consumir a los seres que no se arrepienten.

d)  En cuanto a “las arpas de Dios” mentadas en Apocalipsis 15:2, incluimos en el Capítulo Once de este Análisis un estudio detallado.

4.  Parámetros temporales de Apocalipsis. Ciertamente, los acontecimientos que toman lugar en la Escena del “Mar de vidrio mezclado con sangre” ponen de manifiesto el que, antes de iniciarse “las siete plagas postreras”ya ha transcurrido mucho tiempo de la Era Cristiana. Consideremos la secuencia evidente en Apocalipsis 15:2-4, y ampliada anteriormente en Apocalipsis 13. Aparece la “bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos”. Luego, “otra bestia” que “tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero”. Esta segunda “bestia”, levantándose y haciéndose poderosa, manda a hacer una “imagen” a la primera bestia, infundiéndola aliento “para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”. A consecuencia de las acciones de estas dos bestias y la imagen de la bestia, no pocos santos son martirizados. Estos resucitan en la “primera resurrección” a principios del Milenio, reinan con Cristo durante “mil años”, y terminado el Milenio, hacen acto de presencia hacia finales del “poco de tiempo” sobre el “mar de vidrio mezclado con fuego” en el cielo. Están “en pie sobre el mar de vidrio”, cantando “el cántico de Moisés… y el cántico del Cordero”, justamente antes de derramarse “las siete copas de oro”. ¿Cómo no proyectar, pues, mucho tiempo, aun muchos siglos, para tantos eventos de gran envergadura, y no tan solo cuatro años o cuatro siglos?

F.  Llegando casi a su final el Preámbulo de Apocalipsis 15, “uno de los cuatro seres vivientes” entrega “a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios”, y habiéndolo hecho, de repente, “…el templo [en el cielo] se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (Apocalipsis 15:7-8).

1. Reflexionando sobre este acontecimiento, pensamos que el Todopoderoso Dios, Creador del universo y “Padre de los espíritus” (Hebreos 12:9), incluso, de cada espíritu humano, desee estar a solas durante la ejecución de las siete plagas. “…nadie podía entrar en el templo.” Ni los cuatro seres vivientes, ni los veinticuatro ancianos, ni Gabriel, como tampoco los demás ángeles. ¡Absolutamente nadie!

2.  ¿Por qué no podía entrar nadie en “el templo de Dios” desde el inicio hasta la conclusión de las “siete plagas”? No comunicándose al apóstol Juan ninguna explicación específica, pero teniendo nosotros abundante información sobre lo planificado por Dios, la frustración de sus planes, etcétera, nos atrevemos a inferir el siguiente escenario. El omnipotente Dios –bueno, bien intencionado y amoroso por naturaleza- concibió y creó un estupendo universo material, incluso el fantástico planeta Tierra,  ubicado estratégicamente en la gran galaxia luminosa que llamamos la “Vía Láctea”. También concibió y creó al ser humano, “a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27), asignándole, precisamente, el hermoso  “Planeta Azul” como su morada especial (Hechos 17:26). Pero, el hombre, exceptuándose un remanente comparativamente pequeño, rechazó conformarse “a la imagen del que lo creó” (Colosenses 3:10). En términos generales, este rechazo ha seguido desde la caída de Adán y Eva, en el huerto del Edén, hasta el presente, pese a la grandiosa e incomparable obra de rescate y reconciliación efectuada por el mismo Hijo de Dios. Y también pese a los “mil años” (el Milenio) de libertad religiosa conseguida para la mayoría de los humanos al vencer el Cordero a los “diez cuernos” (Apocalipsis 17:14). Andando el tiempo del  Milenio, se levantan generaciones que no saben apreciar o aprovechar la magnífica bendición de libertad religiosa, y a consecuencia de su indiferencia y corrupción moral, Satanás logra engañar de nuevo a las naciones. Osadamente sublevándose estas contra Dios y sus “dos testigos” durante “el poco de tiempo”, y reuniéndose para la batalla de Armagedón, llega la hora cuando ya no hay remedio para la humanidad. [Comparar esta situación con la que le sobrevino a Israel durante el reinado de Sedequías. 2 Crónicas 36:15-16. “…hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y ya no hubo remedio”.] Por tanto, esos seres humanos recalcitrantes, descreídos y perseguidores del “poco de tiempo”, los que prefieren a Satanás por encima del verdadero y único Dios, han de ser destruidos hasta el último rebelde, juntamente con “la bestia escarlata”, el “falso profeta” y “Babilonia la grande” (Apocalipsis 19:11-21). Y con ellos, el tremendo universo material, lugar donde transcurre la larga tragedia espiritual en la que han tomado parte grandes multitudes de humanos constituidos ellos mismos, voluntariamente, en enemigos de Dios. Tan angustioso, profundamente triste y terrible es este desenlace para el Dios bondadoso y paciente que él desea estar a solas mientras se efectúa la destrucción de la magna obra que, en un principio, él no planificara destruir jamás. Esta es nuestra percepción de por qué Dios se encierra en su templo celestial durante el derramamiento de “las siete plagas postreras”.

3.  De nuevo, discernimos la línea de tiempo, claramente evidente en los eventos y circunstancias de las profecías y visiones apocalípticas. Observe:

a)  Antes del tiempo de las “siete plagas postreras”, los seres celestiales tienen acceso a la presencia de Dios.

b)  Durante la ejecución de las plagas, no pueden entrar en “el templo de Dios” (Apocalipsis 11:19). 

II.  “Las siete plagas postreras” derramadas.

A.  La Primera Copa de ira (Primera Plaga) se describe de la manera siguiente: “Vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen” (Apocalipsis 16:2).

1.  Así que, terribles enfermedades a manera de epidemias se profetizan para los pecadores endurecidos de las postrimerías del “poco de tiempo”.

a)  “…una úlcera maligna”, es decir, cancerosa. “Maligno”: “Se aplica a las enfermedades peligrosas o graves. Específicamente, a los tumores cancerosos” (Diccionario de uso del español, Tomo II, Página 318).

b)  “…pestilente”, o sea, que pudre la carne, haciéndola apestar. “Se aplica a lo que huele muy mal.” “Pestilente” se deriva del vocablo “pestilencia”, la que significa “peste”, sinónima de “epidemia (Diccionario de uso del español, Tomo II, Página 723).

c)  Esta plaga es similar a una que Jehová trajo sobre los egipcios (Éxodo 9:8-12). Si Dios castigó con tal plaga a aquel pueblo endurecido, no es de extrañarse que aflija de la misma manera, o peor, a los pecadores igualmente endurecidos del final del “poco de tiempo”.

2.  Las víctimas de esta plaga se identifican, en particular, como “los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen”. La “bestia”, su “marca” y su “imagen”, ya las hemos identificado al analizar los textos apocalípticos relevantes, y también identificamos a “los hombres” que reciben “la marca de la bestia”. Recapitulando:

a)  La segunda “bestia” de Apocalipsis 13 es el cristianismo apóstata, representado principalmente por los “dos cuernos” de “la bestia que subía de la tierra”, los que simbolizan la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Griega, según la interpretación desarrollada en el Capítulo Seis de este Análisis.

(1)  Esta segunda “bestia” también se presenta en Apocalipsis como “la gran ramera… gran ciudad”. Ahora bien, ya hemos aprendido que los “los diez cuernos” (países, naciones, reinos), llegando a aborrecer a “la gran ramera”, la atacan, dejándola “desolada y desnuda” (Apocalipsis 17:16). Sin embargo, pese a la pérdida de sus “tantas riquezas”, ella se las arregla para seguir adelante. Continúa en la tierra durante el Milenio. Aun en el día de hoy, tiene una presencia muy fuerte en el mundo.

(2)  Simbolizada esta segunda “bestia-gran ramera-gran ciudad” también por el “falso profeta” de Apocalipsis 16:13 y 19:20, ella hace alianza, durante el “poco de tiempo”, con el “gran dragón escarlata” y la  primera “bestia” (Apocalipsis 13:1-10), la que tiene “siete cabezas y diez cuernos”para engañar de nuevo a las naciones. Este “falso profeta”, sinónimo del “hombre de pecado, el hijo de perdición… aquel inicuo” del texto profético en 2 Tesalonicenses 2:1-12, permanece en la tierra hasta el fin del universo y del tiempo“Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8). Por lo tanto, desde la aparición de la segunda “bestia” (Apocalipsis 13:11-18) hasta el fin del mundo nunca faltan en la tierra seres humanos que tienen “la marca de la bestia”. En la actualidad, cientos de millones la despliegan de una forma que otra.

b)  La “imagen” de la “bestia” en Apocalipsis 15:2.

(1)  Durante la Edad Media, y hasta el año 1806 d. C., la “imagen” de la “bestia” era, conforme a nuestra interpretación, el Sacro Imperio Romano.

(2)  Durante el “poco de tiempo” entre el fin del Milenio y el fin del universo, proyectamos que la “imagen” de la “bestia” se materialice de nuevo en la conglomeración de naciones engañadas que se unan bajo el estandarte de Satanás para pelear en la batalla de Armagedón. De la manera que el “Convenio Diabólico” entre la religión falsa y el poder político engañado rigió durante la Edad Media, asimismo volverá a tramarse durante el “poco de tiempo”, quizá imponiéndose con aún más violencia, pero durará, comparativamente, “poco tiempo”. Bien que no se aplica el concepto de “imagen”, en las visiones relevantes de Apocalipsis y Daniel, al “octavo” rey (Apocalipsis 17:11) o al “cuerno pequeño” (Daniel 7:7-28), no es menos cierto que estas entidades también serán otra “imagen” de la gran “bestia escarlata”. Ver el comentario más adelante sobre la quinta plaga, en la “Partida E”.

B.  La Segunda Copa de ira (la Segunda Plaga)el mar “se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar” (Apocalipsis 16:3).

1.  Esta plaga no la consideramos paralela con la Segunda Trompeta por las siguientes diferencias.

a)  Al sonar la Segunda Trompeta, “la tercera parte del mar se convirtió en sangre y murió la tercera parte de los seres vivientes” (Apocalipsis 8:8-9). En cambio, al cumplirse la Segunda Plaga, ¡todo el mar se convierte en sangre “como de muerto” (oscura, coagulada) y muere “todo ser vivo” habido en él!

b)  Además, la profecía de la Segunda Trompeta tiene su cumplimiento, conforme a la interpretación desarrollada, a lo menos en parte antes del “poco de tiempo”. En cambio, la Segunda Plaga pertenece a las “postreras” proyectadas para finales del “poco de tiempo”.

2.  El cumplimiento de la profecía.

a)  En el tiempo de Moisés, Dios azotó a la tierra de Egipto con una plaga de sangre. Dijo al Faraón: “Golpearé... el agua que está en el río, y se convertirá en sangre. Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río” (Éxodo 7:14-25). Aquella plaga duró siete días. Si Jehová trajo tal plaga sobre los egipcios, pueblo que rehusaba hacer su voluntad, ¿por qué no habría de hacer algo parecido en el caso de los pecadores de los últimos días, los que le resisten terca y airadamente? Por cierto, el texto apocalíptico no nos obliga a postular algún cumplimiento meramente simbólico para esta plaga de “sangre como de muerto”.

b)  ¿Serán las aguas de todos los mares de la tierra convertidas en sangre literal en algún momento durante los últimos días agónicos de la creación material? Para la Deidad, no hay nada imposible. Con todo, mediante la siguiente serie de preguntas y observaciones, sugerimos otras posibilidades, sin pretender, en ningún momento, implicar que la Deidad no intervenga directamente en aquellos días del fin, milagrosamente trayendo esta plaga, como quizá también las otras de estas “postreras”, sobre la humanidad.

(1)  ¿Es posible que el color de la “sangre como de muerto” (rojo oscuro, con matices de negro) y la peste de la sangre, resulten, aunque sea en parte, de la contaminación universal de los mares? En la actualidad, ¿no es la creciente contaminación de los mares un asunto de preocupación global?

(2)  ¿Acaso indiquen el color y el hedor de la sangre la matanza masiva de seres marinos, cuya sangre vertida tiña las aguas de los mares? En la actualidad, a causa de la agresiva explotación de los recursos marinos, escasean no pocas especies de peces, crustáceos y mamíferos marinos. Hoy día, tanta es la competencia entre las naciones dedicadas a extraer las riquezas de los mares que estallan, de vez en cuando, encontronazos violentos entre algunas.

(3)  ¿Acaso señalen el color y el hedor aspectos repugnantes de alguna terrible “plaga” jamás prevista o imaginada, la que resulte en la muerte de todos los seres marinos?

e)  Cualquiera que sea la futura manifestación real de esta plaga, pensamos acertar al plantear los siguientes puntos.

(1)  La terminología de esta plaga implica la destrucción de toda vida marina. De resultar así el efecto de la plaga, la pérdida total, o siquiera casi total, de tan inmensa cantidad de alimento sería un desastre indecible para la raza humana, ¡una verdadera “plaga” devastadora!

(2)  Aplicar esta plaga solo al ámbito social, político o  espiritual disminuiría considerablemente, a nuestro entender, el impacto que debería tener la misma para los pecadores contumaces del mundo, cuyo propósito recio es seguir oponiéndose a Dios. El “lenguaje” que entienden estos seres humanos insalvables es el de lo material: pérdidas globales de recursos vitales para la alimentación de la humanidad, pestilencias insoportables, escenas repugnantes, tales como el agua de color a “sangre de muerto”. Pues, ¡qué entiendan de una vez que su mentalidad carnal, egoísta y belicosa de “rebelde contra Dios” traerá, a la larga, tal tipo de plaga!

C.  La Tercera Copa de ira (la Tercera Plaga)“Los ríos... y las fuentes de las aguas... se convirtieron en sangre” (Apocalipsis 16:4). Más o menos los mismos comentarios que acabamos de hacer aplican también a esta Tercera Copa de ira.

1.  Tomamos nota de que esta plaga ocurre después del martirio de algunos cristianos“Por cuanto derramaron (tiempo pasado) la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen” (Apocalipsis 16:6).

2.  Además, tengamos presente que el número de los mártires será completado durante el “poco de tiempo” (Apocalipsis 6:11). Los malvados recalcitrantes que maten a cristianos durante el “poco de tiempo” experimentarán en carne viva el castigo de Dios traído mediante las “siete plagas postreras” antes de ser ellos finalmente ultimados por el jinete del caballo blanco (Apocalipsis 19:21).

D.  La Cuarta Copa de ira (la Cuarta Plaga)al sol le “fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor” (Apocalipsis 16:8-9).

1.  Esta Cuarta Plaga no la encontramos paralela con la Cuarta Trompeta por las siguientes razones.

a)  Al sonar la Cuarta Trompeta, se oscurece la tercera parte del sol, de la luna y de las estrelles. Opacados en una tercera parte, estos cuerpos celestiales alumbran menos. Opacado el sol en una tercera parte, su calor es menos.

b)  En cambio, al derramarse la Cuarta Copa de ira, el efecto del sol en los hombres es mucho más directo y severo. Lejos de menguarse el calor del sol, ¡“los hombres se quemaron con el gran calor”!

2.  ¿Cómo será implementada esta Cuarta Plaga?

a)  En la actualidad, ¿no es discutido mucho el asunto del “calentamiento global”? Muchos científicos aseguran que está incrementándose poco a poco el promedio de la temperatura de la tierra en todo el mundo. En algunos lugares, los glaciares se están desapareciendo. También, se reduce la expansión de la capa del hielo que cubre el Polo Norte.

b)  Además, no pocos hombres de ciencia advierten el gran peligro que representa la disminución de la capa de ozono, condición que expone al ser humano a más radiación solar, la que causa cánceres de la piel.

c)  Al empeorarse considerablemente estas condiciones, ¿no se quemarían los hombres, literalmente, “con el gran calor”  del sol?

d)  Los cosmólogos nos informan que el sol mismo siempre está fluctuando en intensidad. ¿Qué tal si de repente aumentara descomunalmente su calor? ¡El resultado para la tierra y sus habitantes sería sumamente desastroso! ¿No es la Divinidad capaz de hacer que aumente grandemente el calor del sol?

E.  La Quinta Copa de ira (la Quinta Plaga)“El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas” (Apocalipsis 16:10).

1.  “…sobre el trono de la bestia.”

a)  “…el trono...” Es decir, sobre el centro de mando. Quizá la capital del reino de “la bestia”. O el lugar, cualquiera que sea, donde se concentre el poder del reino de “la bestia”; donde la mayoría de los poderosos del reino ejerza su función.

b)  “…la bestia...”

(1)  Se trata del ser simbólico que representa, en términos generales, a todo gobierno engañado por Satanás y confabulado con religiones o filosofías falsas y ruinas.

(2)  De acuerdo al contexto de estas “siete plagas postreras” y la consumación de la ira de Dios, esta “bestia” es también el octavo rey, siendo este, a su vez, el “cuerno pequeño”. O sea, está en las miras el conjunto de poderes seculares que se levantarán durante el “poco de tiempo” en oposición acérrima a Dios y su pueblo.

2.  “…su reino se cubrió de tinieblas.”

a)   ¿Son literales estas “tinieblas”? Por cierto, no faltan razones para interpretarlas como literales. Consideremos:

(1)  Jehová trajo sobre el obstinado pueblo de Egipto una plaga de “densas tinieblas”, tan densas que “ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días” (Éxodo 10:21-25). ¡Tinieblas literales! Como en una cueva bien adentro, sin una centella de luz, tan oscuro que no se ve ni siquiera la mano frente a la cara.

(2)  Por el espacio de tres horas, “hubo tinieblas sobre toda la tierra” de los judíos en el día cuando fue crucificado el Señor Jesucristo (Lucas 23:44-45). ¡Tinieblas literales!

(3)  Dados estos casos, ¿ha de considerarse cosa extraña que Dios, al consumar su ira en los durísimos pecadores impenitentes de los últimos días, traiga sobre ellos una plaga literal de “tinieblas”?

b)  ¿Tinieblas materiales o tinieblas retóricas? Inherentemente, el reino de “la bestia” es un reino de tinieblas espirituales y morales. Por naturaleza, su reino está cubierto día y noche de este tipo de “tinieblas”, en sentido retórico. Los poderosos representados por “la bestia” viven en medio de “tinieblas” espirituales y morales, recreándose en medio de ellas. Aman “más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19). Durante los últimos días del “poco de tiempo”, las “tinieblas” de esta misma índole alcanzan una densidad espantosa. Por tanto, razonamos que no es preciso que Dios traiga una plaga de “tinieblas” espirituales y morales sobre aquella última generación, pues ¡se la trae sobre sí misma por su propia cuenta! Por cierto, los integrantes de aquella última generación son de la noche, perteneciendo a las tinieblas espirituales y morales de maldad (1 Tesalonicenses 5:4-8). Estas consideraciones nos persuaden a concluir que ha de entenderse como material la plaga de “tinieblas” que traerá Dios sobre la humanidad en algún momento futuro, cercano al Segundo Advenimiento de Cristo.

3.  Referente a la duración de estas cinco plagas, no es preciso asumir que, una vez iniciadas, continúen hasta el momento de la destrucción total de la tierra. Recordemos que las plagas traídas sobre Egipto duraron, cada una, por un tiempo determinado –horas, o días, y no meses o años- y luego cesaron. Opinamos que lo mismo suceda en el caso de “las plagas postreras”. Es, pues, posible que duren poco tiempo, quizá horas, quizá unos días. Pero, aun así, su efecto será desastroso, teniendo, probablemente, repercusiones que se hagan sentir hasta el fin del universo y del tiempo.

F.  La Sexta Copa de ira (la Sexta Plaga). Apocalipsis 16:12-16. La interpretación de la Sexta Plaga se presenta en el Capítulo Dos de este Análisis.

G.  La Séptima Copa de ira (la Séptima Plaga). Apocalipsis 16:17-21. La interpretación de la Séptima Plaga también se encuentra en el Capítulo Dos. 

III.  Reacciones de los pecadores empedernidos a las plagas de los últimos días: “…y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria…mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras”(Apocalipsis 16:9-11).

A.  Qué conste: quien “tiene poder sobre estas plagas” es Dios, y no Satanás. “…blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas…” (Apocalipsis 16:9). ¿Quién tiene “poder sobre estas plagas”? Reiteramos: el propio Dios. Pero, ¿no se encierra Dios mismo en su templo en el cielo durante el derramamiento de “las siete plagas postreras”? De cierto, esto es lo que se revela en Apocalipsis 15:5. La aparente contradicción desaparece cuando tomamos en cuenta el hecho de que Dios delega a su Hijo, como también a sus ángeles, la ejecución de muchas obras profetizadas en Apocalipsis.

B.  ¿Por qué trae el Señor Todopoderoso estas terribles plagas sobre los pecadores vivos durante los últimos días de la tierra? De cierto, no lo hace arbitraria o maliciosamente sino con el propósito constructivo de hacer que se arrepientan y le glorifiquen. Su intención positiva es implícita en la expresión “…y no se arrepintieron para darle gloria”. Así que, ¡Dios quiere que se arrepientan! No quiere destruirlos. Lastimosamente, no se arrepienten, y por ende, no dan gloria a Dios. Al contrario, ¡blasfeman!

C.  “…blasfemaron el nombre de Dios…” Recalcamos: no se arrepienten. Este es el mismo cuadro que de ellos que se pinta en otros textos apocalípticos, en los que se describe la contumaz rebeldía y obstinación aferrada de los pecadores de los últimos días del mundo (Apocalipsis 9:20-21; 16:21). Pero, en el momento culminante de la consumación de la ira de Dios, cuando se manifieste su poder irresistible mediante “un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apocalipsis 16:18), etcétera, y cuando aparezca el jinete del caballo blanco con los ejércitos celestiales (Apocalipsis 19:11-21), algunos de estos fuertes pecadores se llenan de terror y ¡confiesan el nombre de Dios, dándole gloria! (Apocalipsis 6:15-17; 11:13) Tristemente, para ellos, la gracia y la misericordia de Dios se acabaron. Tardaron demasiado en reconocer su grandeza y poder. Lo incitaron a derramar las Siete Copas de ira y “no hubo ya remedio” (2 Crónicas 36:16) para ellos, ni para la tierra dañada por sus obras.

D.  Muerden “…de dolor sus lenguas”.

1.  Tan intensa es la angustia causada por la podredumbre de las aguas y la densidad de las “tinieblas”, tan intenso el dolor causado por las úlceras malignas y el calor del sol, que estos pecadores pierden el dominio de su mente y cuerpo, mordiendo sus lenguas, acción indicativa de insoportable agonía, bien sea física o emocional, o en amos aspectos.

2.  No es de sorprenderse que fuertes plagas literales hagan morder “de dolor sus lenguas” a las víctimas de ellas. Pero, tal no es el efecto de “plagas” de maldad, superstición o ignorancia moral y espiritual en los pecadores impenitentes, pues estos suelen deleitarse en medio de tales “plagas”. He aquí otra razón para interpretar como materiales las “plagas postreras”.

 

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