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Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado 

Dorcas es resucitada de entre los muertos, sirviendo el apóstol Pedro de intermediario, ilustración para el comentario sobre Hechos 9 por McGarvey, en editoriallapaz.

 

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Segunda

El evangelio se extiende por Judea y regiones comarcanas.

Sección III

Pedro predica en Judea y es enviado a los incircuncisos.

PDF de este estudio

Esta porción del "Comentario" cubre Hechos 9:31-43.  

 

Contenido

1.  La iglesia goza paz y prosperidad. Hechos 9:31

2.   Evangelizando, Pedro llega a Lida. Hechos 9:32-35

3.   Pedro llamado a Jope. Hechos 9:36-43

1.  La iglesia goza de paz y prosperidad. Hechos 9:31

     Versículo 31. Hace nuestro autor una transición de las labores de Saulo a las de Pedro, hablando de condiciones que indujeron a éste a dejar a Jerusalén y alejarse de ella. (31) “Las iglesias entonces tenían paz por toda Judea y Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multi­plicadas.” Comenzó probablemente este tiempo de paz antes de la vuelta de Saulo a Jerusalén, y se hubo de interrumpir con la perse­cución que se hizo a él. Ya que él se fue, la paz se restauró. Algunos pueden haberse imaginado que, como la iglesia había logrado existencia entre lucha y persecución, al retirarse la oposición, languidecería; pero su prosperidad de ahora probaba que no era obstinación de la pasión humana, sino la obra legítima de la verdad que no cambia, lo que le había dado ser. Según la filosofía de Gamaliel (Hechos 5:34-39), su pretensión a origen divino ya estaba vindicada. La iglesia era edificada en el sentido de construirse el carácter cristiano; y era multiplicada en el sentido de un aumento muy rápido en número. Se debe observar que el vocablo "iglesias", o "congregaciones" aplica aquí de modo de incluir en ellas a todos los discípulos en esas comarcas, que fue donde el Salvador llevó a cabo sus labores personales. Es uso secundario del término, como si se considerase a todos congregados en un solo cuerpo, pero se mencionan en plural como en el texto griego.

2.  Evangelizando, Pedro llega a Lida. Hechos 9:32-35

     Versículos 32 - 35. Al ordenar el Señor a Saulo alejarse de Jerusalén (Hechos 22:28,21), le dijo que le enviarla "lejos a los gentiles", pero hasta ahora a ningún gentil incircunciso se había admitido en la iglesia. Ahora va a mostrar Lucas cómo Pedro hubo de abrir las puertas del reino para admitirlos, y se allega al asunto refiriendo los trabajos que llevaron a Pedro al punto en que lo hallaron los mensajeros que lo llamaban a esta tarea. (32) “Y aconteció que Pedro, andándolos a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. (33) Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, que era paralítico. (34) Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate y hazte tu cama. Y luego se levantó. (35) Y viéronlo todos los que habitaban en Lida y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor.” De esto resulta que había santos en Lida antes de la llegada de Pedro. Puedan haberse bautizado en Jerusalén en los primeros días de la iglesia allí; o tal vez Felipe los introdujo al ir evangelizando desde Azoto hasta Cesarea (8:40). Fue sin duda su presencia lo que al pasar Pedro "andándolos a todos", lo hizo venir aquí. Este "todos" se refiere a los que vivían en partes de Judea, Galilea y Samaria, que se mencionan en el versículo precedente; y la observación muestra que, antes de llegar a Lida, Pedro habla visitado ya todos esos distritos. El efecto sin precedente de este solo milagro, que causó en la masa de la población de Lida y la llanura de Sarón en rededor se puede atribuir a dos causas: Primera, el hecho de que fue curado ese hombre, como el inválido de la puerta Hermosa en Jerusalén (3:10 y 4 22), bien conocida víctima del mal incurable; segunda, el hecho de que, cual fruta madura que sólo necesita leve sacudida para que caiga, la gente estaba en su mayoría inclinada favorablemente hacia la verdad.

3.  Pedro llamado a  Jope. Hechos 9:36-43

     Versículos 36 - 38. De en medio de estos felices y alegres triunfos del evangelio fue llamado Pedro a un hogar de duelo en la ciudad de Jope. (36) Entonces en Jope había una discípula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que hacia. (37) Y aconteció en aquellos días que enfermando, murió; a la cual, después de lavada, pusieron en una sala. (38) Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros.” Jope ha sido siempre el puerto principal de Judea (Véase 2 Crónicas 2:16; Esdras 3:7; Jonás 1:3), menos durante el período comparativamente corto en que se usó el puerto artificial que Herodes construyó. Se halla en dirección noroeste de Jerusalén, de donde dista cerca de 50 kilómetros por buena carretera que une a las dos poblaciones. Lida queda a tres o cuatro kilómetros de este camino y como a nueve de Jope. El camino viejo que se usaba antes de construirse la carretera pasaba por Lida y entraba a Jerusalén por el norte, pero hoy se entra por el poniente. Una caminata de tres horas trajo a los mensajeros con su triste recado para Pedro. El historiador nos deja en pura conjetura en lo del objeto para que se quería la presencia de Pedro en Jope, si para consolar al an­gustiado grupo de creyentes, así como los predicadores modernos tienen que hacerlo hoy en las mismas circunstancias, o con la espe­ranza de que despertaría a la santa de entre los muertos. Lo más probable es que su idea fuera lo primero, pues no acostumbraban los apóstoles volver a la vida a los hermanos difuntos solo porque habían sido útiles en vida. Si no fuera así Esteban y otros asesinados cruelmente en medio de su utilidad habrían sido resucitados. Leemos que el recado para Pedro solo decía: "No te detengas en venir hasta nosotros". Sin duda que le relataron toda la historia de Dorcas, pues lleno de ello llevaban el corazón los mensajeros, y en ello fijó Pedro su pensar al proseguir los tres su camino a Jope.

     Versículos 39 - 43. En un clima cálido donde hay pocas facilidades para conservar cuerpos muertos, un rápido sepelio se sigue a la defunción, generalmente antes que termine la luz del mismo día. Si Pedro había de llegar a tiempo de presenciar el entierro de Tabita, no había que demorarse. (39) “Pedro entonces Levantándose, fue con ellos: y llegado, lo llevaron a la sala donde le rodearon las viudas llorando y mostrándole las túnicas y vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. (40) Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas oró; y vuelto al cuerpo dijo: Tabita levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo a Pedro, incorporóse. (41) Y él le dio la mano y levantándola; entonces llamando a los santos y las viudas, la presentó viva. (42) Esto fue notorio por toda Jope, y creyeron muchos en el Señor. (43) Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de cierto Simón curtidor.” Nada puede ser más gráfico que esta breve narración, ni más conmovedor que el incidente mismo. Entre la marcha de eventos imponentes que pasan a nuestra vista, cae como una florecilla silvestre en medio de majestuosa selva. Abre un paisaje a través de mayores sucesos de la historia, deja entrar la luz a las penas sociales de los santos primitivos, y descorre el telón a una escena con la que nuestras propias experiencias nos han fami­liarizado. Hay aquí el mismo tierno cuidado para el cuerpo inani­mado, la misma angustia que todos sienten, el mismo deseo de gozar de la presencia de quien ha sido nuestro consejero en religión, la misma compañía de mujeres dolientes, y de hombre de pie en si­lencio de luto; la misma relación de las buenas obras del que ya partió expresada entre sollozos; y además todo esto a que estamos acostumbrados, un grupo de viudas pobres presentando a Pedro, al entrar éste, las túnicas y vestidos que Dorcas había hecho para ellas y sus hijos cuando aun estaba con ellas. ¡Qué recuerdos! ¡Cuánto más ricos y deseables que los monumentos de mármol o bronce cubiertos de inscripciones de adulación! Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor; y bienaventurados los vivos en cuyos corazones enternecidos se atesora en tal hora el recuerdo de una vida como la de Dorcas. Parado Pedro allí por un momento en silencio lagrimoso, ¿no le parecería una vez más estar ante la tumba de Lázaro, al lado del Maestro y rodeado de judíos que lloraban con María y Marta? Pero recuerda que su compasivo Señor está ahora en el cielo. En solemnidad profunda, a señas retira ya a todos los dolientes. Se queda solo con la muerta. Se arrodilla y ora. Sabe que su plegaria de fe es oída. Con voz de autoridad y siempre en terneza, voz que la muerta puede oír, dice al cuerpo frío: " iTabita, levántate"! Abre ella los ojos y ve a Pedro. ¿Lo reconoce o le es extraño? No lo sabemos. Se endereza y lo mira al rostro. Otra palabra no se cruza entre ellos, pero suavemente le da la mano y la ayuda a ponerse de pie. Llama él a los santos y a las viudas, y ahí en su mortaja blanca la tienen viva. Aquí es el punto final para la narración, como convenía, pues ni la pluma gráfica de Lucas podría describir la escena que siguió. Si devolver a un santo al pequeño grupo que ha dejado es cosa indescriptible, ¿qué decimos o pensamos de la hora en que los santos todos se levanten en gloria y se saluden mutuamente sobre las playas de la vida? ¿No lleva la intención este evento de Jope de darnos sabor de antemano de los goces en la mañana de resurrección? No es maravilla que esto fuera "notorio por toda Jope", ni que creyeran "muchos en el Señor". Jope era ya campo blanco para la siega, y Pedro halló trabajo que por muchos días lo atrajo. Vino a llorar con los que lloran; se quedó a gozarse con los que gozan.

 

Hechos 10:1-33. Cornelio, gentil, centurión romano, su familia y amigos íntimos obedecen el evangelio.

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