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Comentario sobre la
epístola de Pablo a los

COLOSENSES  

Luís Alejandro Zepeda Mir
Iglesia de Cristo de Santiago Norte
Avenida Inglaterra No. 1501 (con Marurí) – Independencia

Santiago, Chile  

Parte 5  

LA VIDA NUEVA DEL HIJO DE DIOS  

COLOSENSES 3.1-17.

 

Ahora vamos a entrar a la sección práctica de esta epístola, Pablo ya nos ha hablado de la preeminencia de Cristo sobre la creación, sobre la iglesia, sobre las falsas enseñanzas. Y ahora el apóstol va a considerar cual debe ser la aplicación de todas estas enseñanzas en nuestras vidas. Entendiendo que somos nuevas criaturas (2 Corintios 5.17) después de bautizarnos y obedecer el evangelio, desde ese momento morimos con Cristo a nuestra antigua vida, morimos a la ley y tenemos una nueva vida para con Dios. 

A.  BUSQUEN LAS COSAS DE ARRIBA (3.1-4).

Y Pablo comienza diciendo: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Este es un llamado para todos nosotros, para vivir como hijos de Dios y poner nuestra vista en las cosas celestiales.

 

Y el primer énfasis que vemos es que Pablo les recuerda, “Si, pues, habéis resucitado con Cristo”, apegándose a lo que anteriormente había dicho en el 2.12 “sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos”. El cristiano no solo muere con Cristo, sino que también resucita como su Señor, tiene una nueva vida para Dios, y Pablo en simples palabras les dice, “Si ustedes se consideran cristianos, hijos de Dios, que murieron y fueron resucitados con Cristo, entonces tienen un deber”, ¿Cuál es este deber? “Buscad las cosas de arriba”, debemos buscar, interesarnos por las cosas espirituales, como lo dice el escritor de Hebreos “Puestos los ojos en Jesús” (Hebreos 12.2), Como también lo dijo Cristo en su ministerio “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.33), el verdadero cristiano, el cual le da el primer lugar de su vida a Jesús solo busca, pone su atención en las cosas celestiales, ya que sus metas, las fuerzas que tienen y todas sus motivaciones vienen del cielo donde esta Dios Padre y Jesucristo que esta “sentado a la diestra de Dios”, Cristo esta a la derecha de Dios, esta frase da a entender el puesto de honor y autoridad que él tiene. El reina en este mundo, y debemos preguntarnos, ¿REINA JESUS EN MI VIDA? Es esto lo que Pablo le dice, Jesús quien los resucito tiene todo poder y autoridad, es preeminente en todo y si es así, entonces debemos rendirnos a él y solamente poner la mirada en las cosas de Dios.

Este es un mandamiento imperativo “ Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” , no es opcional, no es si nosotros queremos o no queremos preocuparnos de las cosas de arriba, es un mandato que debe obedecerse. Cuando nosotros ponemos nuestra mirada en las cosas de arriba, esto significa que HEMOS PROGRESADO AL PUNTO DE DESEAR LAS COSAS ESPIRITUALES NO SOLO LAS BUSCAMOS POR DEBER, SINO QUE YA LAS ANHELAMOS.  SERVIMOS A CRISTO PORQUE QUEREMOS HACERLO Y LE AMAMOS DE TODO CORAZÓN, SABIENDO QUE HAY UN  MANDAMIENTO QUE NOS INSTA A HACERLO, PERO NUESTRAS MOTIVACIONES NO SE BASAN EN EL MANDAMIENTO SINO EN QUE QUEREMOS HACERLO DE CORAZÓN. Esto es tener la mira puesta en las cosas de arriba.  Son nuestro verdadero y ferviente anhelo. Para llegar a este punto de madurez es necesario disciplinar la mente, así la gloria de las cosas celestiales son tan atractivas que llegan a dominar los deseos de la mente. Cuando Pablo habla de las cosas de la tierra se refiere a  la honra, el poder, las riquezas, el conocimiento, los deleites, las comodidades que el mundo ofrece. Tales cosas no rigen la vida del cristiano. No deben dominar nuestros pensamientos, pero ¿COMO PONEMOS NUESTRA MIRADA EN LAS COSAS DE ARRIBA?

1. Estudiando la palabra de Dios constantemente (1 Pedro 2.2)

2. Orando a Dios siempre (1 Tesalonicenses 5.17)

3. No dejando de congregarnos (Hebreos 10.25)

4. Haciéndole el bien a todos (Gálatas 6.9-10)

5. Evangelizando a este mundo perdido (Mateo 28.19; Marcos 16.15-16)

6. Viviendo vidas de santidad en este mundo (1 Pedro 1.14-16;           2 Corintios 7.1)

7. Preocupándonos por nuestros hermanos, animándolos y exhortándolos (1 Tesalonicenses 5.14; Hebreos 10.24), Etc, etc.

 Pero ¿POR QUÉ DEBEMOS PONER LA MIRADA EN LAS COSAS DE ARRIBA? “Porque habéis muerto” dice Pablo, hemos muerto al pecado como lo dice Romanos 6.11 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” y al mundo, ya no debemos tener nuestra mirada en las cosas de la tierra. Desde el momento que obedecimos el evangelio, desde ese momento crucificamos al viejo hombre, morimos al pecado y tenemos una nueva vida para Dios

También ponemos nuestra mirada en las cosas de arriba porque “nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. La verdadera vida del cristiano no se ha manifestado todavía.  La realidad que el cristiano busca, no se encuentra en la vida que vive en este mundo.  Aguarda la "esperanza que os está guardada en los cielos" (1.5). Pero no debemos pensar que se trate de alguna cosa insegura, pues nuestra esperanza es SEGURA (compare Hebreos 6.18, 19).

Pero no olvide que es posible apartarnos de Dios (Hebreos 3.12).   Por este motivo el cristiano debe siempre poner la mira en las cosas de arriba no en las de la tierra para no ser atraído y seducido a caer de nuevo en las contaminaciones del mundo (2 Pedro 2:18-22). Y como nuestra vida verdadera, la vida eterna, esta escondida con Dios, “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. En la segunda venida de Cristo se harán realidad todas las promesas que tenemos como esperanza ahora por medio del evangelio.

Esta es una gran verdad, Cristo vendrá y con él vendrá la bendición que nos promete si somos fieles hasta el final. Seremos transformados a un cuerpo glorioso, como el de Cristo, le veremos tal como es, cara a cara, y gozaremos eternamente de la salvación divina en la gloria. Es por esto que debemos buscar las cosas de arriba, las celestiales, porque de esa manera nosotros podremos tener la seguridad de que Dios nos llevara a su gloria y tendremos la paga a nuestra obediencia. Esta seguridad debe animarnos a vivir una vida sumamente espiritual como la de Cristo (1 Juan 3.1-3).

 

B.  QUITEN TODO LO TERRENAL EN USTEDES (3.5-11).

Después de esto Pablo añade: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.  Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” .

Nótese la frase “Haced morir”, Pablo ya ha hablado y nos ha explicado que para tener una nueva vida para con Dios necesitamos morir, morir al pecado. Eso lo hacemos cuando somos bautizados, cuando somos muertos, sepultados y resucitados con Cristo. Y la voluntad de Dios nos insta a matar, a destruir y acabar “con lo terrenal en vosotros”, esa es nuestra lucha, el crucificar el viejo hombre diariamente, con esfuerzo voluntario e intensivo, debemos controlar y sujetar los miembros de nuestro cuerpo a la voluntad de Dios, y no dejar que vuelvan a ser miembros del pecado. Pablo lo expresa más claramente en Romanos 6.6 “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él (Cristo), para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” Y en Gálatas 5.24 "Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos", ese es nuestro desafió, el luchar y batallar con lo terrenal que todavía queda en nosotros, hemos muerto con Cristo pero debemos seguir en la lucha diaria para destruir por completo cualquier residuo que nos quede de la antigua vida.

Debemos crucificar lo terrenal en nosotros, debemos acabar con lo mundano y pecador de nuestras vidas. Nos preguntaremos por qué. ¿Por qué debemos hacer morir lo terrenal en nosotros?

Porque ahora tenemos una nueva naturaleza. Ya no tenemos la naturaleza carnal y pecadora. Ahora somos participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1.4) . Nuestra esencia esta ligada a nuestro Padre Celestial y por lo mismo, por lo que somos, por nuestra nueva naturaleza debemos alejarnos de lo mundano en nuestra vida. Ya no solamente lo hacemos por el mandamiento o por la obligación, sino que nuestro propio ser se revela a la ley carnal y lucha para que triunfe lo espiritual de nuestra nueva naturaleza.

La santidad es lo que Dios busca de nosotros (1 Tesalonicenses 4.3; Hebreos 12.14), pero esto no es algo que de repente sucede en la vida de uno por medio de algún milagro. Si bien es cierto que no podemos santificarnos sin la ayuda de Dios, también es verdad que nosotros tenemos que hacer un esfuerzo propio por hacer morir lo terrenal en nosotros. Dios no nos lo quita milagrosamente, nosotros debemos luchar con su ayuda para morir al viejo hombre (Gálatas 5.16-25; Romanos 8.1, 4-14).

Y en el mismo texto Pablo, va a comenzar a enumerar algunas cosas que son parte de lo terrenal que debemos matar:

1. FORNICACIÓN - ( porneia ) - Algunos enseñan que esta palabra se refiere al pecado sexual cometido sólo por solteros , pero en la Biblia se refiere a toda relación sexual ilícita. Incluye el adulterio (Mateo 5.32; 19.9); el incesto (1 Corintios 5.1); y la homosexualidad (Judas 7). Es tener relaciones sexuales ilícitas, con una persona que no sea nuestro(a) compañero(a) de vida. Puede cometerse por casados o solteros (Hechos 15.29; 1 Corintios 6.18; 7.2).

2. IMPUREZA – (AKATHARSIA) - Se traduce suciedad en Romanos 1.24; 2 Corintios 12.21; Efesios 4.19; 1 Tesalonicenses 2.3 . Se traduce impureza en Efesios 5.3; Colosenses 3.5. La inmundicia está asociada con el adulterio y la fornicación e incluye la impureza de corazón que lleva a estos pecados. "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5.8). Recuérdese que el libro de Levítico habla mucho de los inmundos que estaban separados de Dios, que por causa de su impureza no podían acercarse a El. No estamos bajo aquella ley, pero el Nuevo Testamento condena la impureza . "Después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza" (Efesios 4.19). No hay otra palabra que describa mejor el desenfreno y la desvergüenza de mucha gente moderna que la palabra avidez , pues an­siosamente practican el mal. En cuanto a los deseos y pasiones carnales son glotones, cuyo apetito es insaciable. Este es un estado de mente que se deleita en lo inmoral e ilícito.

3. PASIONES DESORDENADAS - ( pathos ) – Deseos pecaminosos que se permiten desarrollar y avanzar al punto de ser incontrolables. Es cuando deseamos algo hasta el punto que podemos hacer cualquier cosa para poseerlo y lo realizamos, no solo quedan en pensamientos, sino que van a la acción   (Romanos 1.26, 27; 1 Tesalonicenses 4.5).

4. MALOS DESEOS - ( epithumian ) – Es el anhelo por lo prohibido, son los deseos intensos que tenemos por lo pecaminoso. Las pasiones desordenadas y malos deseos son pecados del corazón: allí esta la fuente y raíz del pecado (Marcos 7.21-23), porque "cada uno es tentado cuando por su propia concupiscencia ( epithumias – Malos deseos) es atraído y seducido" (Santiago 1.14).

5. AVARICIA, QUE ES IDOLATRÍA - ( pleonexia) - La definición de avaricia es: Codicia. Literalmente, "Es un deseo de tener más, siempre en mal sentido... es el egoísmo y falta de confianza en Dios. La adoración de sí mismo o de otras cosas, pero no de Dios. Apego desordenado a las riquezas y las posesiones materiales. "Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia , ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos" (Efesios 5.3).

La avaricia constituye una idolatría. La idolatría es la sustitución de Dios con otras cosas que tenga la misma o mayor importancia que Dios para la persona. Como por ejemplo, el amor al dinero, el apego a las cosas materiales. Es cuando ponemos algo o alguien en el lugar que le corresponde a Dios, dando tiempo por aquello, esfuerzo y hasta reconocimiento por el objeto idolatrado. La avaricia o codicia nos aleja de Dios, y nos apega y acerca mucho más a este mundo.

En Cristo ES POSIBLE eliminar TODAS estas prácticas y malos pensamientos de la vida de uno. Es mandamiento de Dios.  No hacerlo es REBELDÍA - DESOBEDIENCIA. Y ¿Por qué debemos dejar y eliminar estas cosas?

Porque todas estas cosas que ennumeramos: FORNICACIÓN, IMPUREZA, PASIONES DESORDENADAS, MALOS DESEOS Y AVARICIA, son cosas que desagrada Dios, y cometiéndolas estamos expuesto a la IRA DE DIOS, Cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” . Si practicamos estos pecados, somos considerados como hijos de desobediencia, o sea, la desobediencia, el pecado es nuestro Padre y nosotros nos sometemos y lo seguimos. Es por esto que la ira de Dios es buena porque nos anima a dejar las cosas terrenales (Romanos 1.18; Juan 3.36; Mateo 3.7; Efesios 5.6). No olvidemos enseñar toda la verdad de Dios. Dios no es SOLAMENTE amor. También es JUSTO y SANTO.  Su ira se manifiesta contra el pecado y el castigo es el resultado de extraviarnos en este mundo, no matando el pecado en nuestras vidas.

Después de esto agrega, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” , él les recuerda que ANTES, no ahora, anduvieron, o sea, practicaron todas esas cosas, vivían una vida de esa manera. El pecado era la atmósfera de su vida. Aquí Pablo dice que vivían en estas cosas, pero, como dice en Efesios 2.1 estaban muertos (Efesios 2.5; 5.14; Mateo 8.22; Juan 5.25). El muerto está destituido de una vida que reconoce a Dios o que es devota a El, porque está entregado a transgre­siones y pecados; inactivo con respecto a hacer lo correcto. Están completa­mente entregados a las prácticas de la idolatría, estaban muertos, separados de Dios (2.13; Isaías 59.1-2). Pero ahora todo eso había cambiado, ahora era su pasado, fueron cosas que hicieron en otro tiempo, y debían cuidarse de no volver a caer en el mismo pecado.

Entonces, después de mandarles que no volvieran atrás, a la antigua vida que llevaban, sino que mataran al viejo hombre, Pablo les dice Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas”. No solamente debían alejarse de la fornicación, impurezas, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, cosas que en la antigua practicaron y que ahora por la sangre de Cristo ya era lejano para ellos, sino que también habían otras cosas que hay en este mundo, que también era necesario matar, es por esto que Pablo dice, dejen también estas cosas.

La clave para entender este pasaje, es la palabra AHORA, o sea, que los Colosenses debían alejarse de las cosas que antes practicaban, pero también en el presente “ahora”. Debían cuidarse de otras cosas que podían llegar a su vida y hacerlos retroceder. ¿DE QUÉ COSAS DEBIAN ALEJARSE LOS COLOSENSES?

6. IRA – (ORGE) – Es una actitud crónica. Es cuando la molestia o indignación se manifiesta en nuestro corazón. Pablo dice a los efesios (4.26), "Airaos ( orge) , pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo". Dios se enojó (1 Reyes 11.9; 2 Reyes 17.18; Hebreos 12.29). Cristo se enojó (Marcos 3.5; Juan 2.15-17). El cris­tiano debe enojarse al observar el pecado y la destrucción de vidas y almas causada por el pecado. Si amamos la verdad, en­tonces aborrecemos el error y el pecado, y no seremos indiferentes hacia el pecado ni hacia la destrucción que éste causa.

Sin embargo, el enojo es muy peli­groso y tiene que controlarse, pues fácil­mente se convierte en resentimiento y amargura y en el deseo de venganza. Por lo tanto, "no se ponga el sol sobre vuestro enojo". Si el enojo per­manece en el corazón, puede producir malicia y amargura. Si el enojo que senti­mos es indignación justa, como la de Jesús, debemos decir lo que se debe decir, o hacer lo que se debe hacer, y luego acabar con el enojo.

Pablo agrega otra exhortación: "Ni deis lugar al diablo" (Efesios 4.27); pues esto es lo que sucede si no quitamos lo más pronto posible el enojo del corazón. El enojo guardado y alimentado en el corazón da ocasión al diablo para ten­tarnos. Cuando el cristiano se indigna, su reacción, sea en palabra o en hecho, debe ser lo que le agrada a Dios. No es pecado reaccionar con indignación a las injusticias u otras provocaciones de Satanás (Marcos 3.5; Hechos 23.3), pero lo importante es que lo hagamos con dominio propio.

7. ENOJOS – (THUMOS) – Es la expresión de las emociones negativas que de repente surge y luego se mengua. Comúnmente es de poca du­ración. Lo que pasa es que hay explosión de ira expresada en palabras y acciones violentas, y pronto muere, pero en ese lapso de tiempo hace mucho daño , pues deja heridas físicas o emocionales que duran por mucho tiempo. Aparentemente mucha gente no toma en serio el tempera­mento o genio explosivos; quieren justificarse diciendo, "así soy", como si fuera una condición normal o algo más allá de su control, pero aquí está este mal enumerado en­tre las obras de la carne que evitan que los culpables hereden el reino de Dios. En realidad tales explosiones de ira demues­tran la falta de amor y la falta de paciencia. Por eso, es necesario crucificar esta pasión.

8. MALICIA –  Es el deseo de hacer daño a otras personas intencionadamente, es cuando no solo nos hemos enojado, explotando en ira, sino que después de eso, por la ira guardada en nuestro corazón, comenzamos a planear como hacer daño a quien nos airó. En particular estas palabras describen la conducta de la persona que no controla el enojo y que no está dispuesta a per­donar. No se puede negar que otros nos pueden afligir. Pero la aflicción más grande y dañina es la que nos hacemos a nosotros mismos. Es imperativo que cada cristiano entienda que esta lista de cosas mencionadas por Pablo (amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia, malicia) son la reacción de la persona provocada, y no son necesarias ni ine­ludibles. Estas palabras describen la reac­ción del viejo hombre a las provocaciones de la vida, pero el cristiano se ha renovado en el espíritu de su mente y se ha vestido del nuevo hombre.

9. BLASFEMIA –  Es hablar mal contra Dios o los hombres. Se encuentra este término en medio de los pecados contra el hombre; por eso, significa que por causa de la malicia en el corazón contra otro se blasfema contra él, hablando c alumnia s, lastimando y perjudicando con la lengua (Santiago 3.9).

10. PALABRAS DESHONESTAS – Malas palabras, palabras ofensivas, palabras insultantes y obscenas. La lengua es una fuerza tremenda para bien o para mal. Se usa la lengua para predicar, para enseñar, para exhor­tar, para amonestar y para alentar, pero también se usa para destruir con mentiras, con chismes y con toda clase de ataque contra la persona de otros (Santiago 3.3-12). "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca sino la que sea buena para la nece­saria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes" (Efesios 4.29). ¿Cómo podemos corregir este problema? Limpiando el corazón; "sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" (Proverbios 4.23). "Porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12.34); es decir, el habla mal revela el carácter, como el árbol es conocido por su fruto. La nueva vida es conocida por su habla y por sus hechos. Las palabras corrompidas que salen de la boca indican que el corazón (el carácter) es corrupto. Esto es mucho más que una blasfemia, es cuando directamente nos ensañamos con una persona y la atacamos con palabras hirientes, insultantes y obscenas.

11. MENTIRAS No debemos mentirnos ni engañarnos los unos a los otros, debemos hablar con verdad siempre , "Por lo cual, desechando la men­tira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros" (Efesios 4.25). Obsérvense las palabras conectivas, "Por lo cual". La primera aplicación práctica hecha por Pablo de su enseñanza acerca de "despojarse" y "vestirse" (Efesios 4.22-24) es desechar la mentira y hablar verdad. ¡Qué difícil es dejar la mentira! ¡Cuántos nuevos conversos luchan con esta tentación! La mentira es un "modo de vivir" de mucha gente inconversa. Se usa en el hogar, en el trabajo, en los negocios, y casi en toda faceta de sus vidas. Las vidas de los del mundo están llenas de "toda injusticia...engaños y malignidades" (Romanos 1.29). ¡Cuántos hogares y cuántas congrega­ciones se han destruido por la mentira en forma de chismes y calumnias! "Desechando la mentira, hablad verdad". Y recuérdese que es posible mentir, no solamente con palabras, sino también con los ojos, con los hombros (encogidos para indicar "no sé"), con el silencio, con alguna expresión del rostro, o con algún gesto de las manos, etc. Si el propósito es engañar o dejar alguna impresión falsa o errónea, es mentira.

Y ¿Por qué debemos dejar todas estas cosas? Porque ahora que hemos muerto al pecado, y tenemos una nueva vida para Dios, debe haber una gran diferencia en nuestra andar. habiéndonos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo”, como Pablo lo dijo a los Efesios, "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre" (Efesios 4.22). Esta ma­nera de vivir debe cesar ter­minantemente. El arrepentimiento sig­nifica un cambio de mente para dar una vuelta de 180 grados. El viejo hombre es conocido por sus hechos o prácticas; de la misma manera, la nueva vida es conocida por sus hechos o prácticas. "Despojarse" y "vestirse" sugiere un cambio de ropa; se debe quitar la ropa su­cia, para vestir la ropa limpia. Es nece­sario despojarnos de toda inmundicia, de toda carnalidad, y el principio de este proceso es el cambio de corazón (Ezequiel 36.25-27).

Y debemos vestirnos con ropa limpia, como la ropa nueva nos agrada a nosotros, el vestido nuevo (espiritual) del cristiano agrada a Dios. "Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santi­dad de la verdad" (Efesios 4.24). Debemos tener un cambio radical en nuestras vidas, debemos quitar cualquier cosa que nos aferre a este mundo y debemos comenzar a practicar las que nos llevan a la salvación. El hombre nuevo refleja la imagen de Dios y poco a poco se va transformando en esta imagen (2 Corintios 3.18).

El hombre nuevo es creado por Dios (Efesios 2.10). La mayoría de nosotros nos dejamos guiar y dominar por las emociones y prejuicios en vez de ir progresando hacia el conocimiento pleno que nos puede hacer actuar como Dios actúa. El hombre nuevo puede ser realidad únicamente cuando nos vamos renovando en nuestras mentes hasta el conocimiento pleno de Dios y de la VIDA que es Cristo. Y Pablo termina diciendo “el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”.

La vida nueva en Cristo es un proceso continuo de renovación. Al resucitar de las aguas del bautismo, empezamos este proceso y lo continuamos hasta la muerte. Muchos bauti­zados no perseveran, por falta de esta renovación, porque es imposible vivir por Cristo sin la reno­vación de la mente. Es indispensable que haya cambio de corazón que lo hace Dios, cambio del entendimiento, cambio de voluntad y cambio de las emociones, en fin, un cambio del carácter y cambio de la disposición (genio). La conversión es una regeneración, una recreación. El individuo es "rehecho", hecho de nuevo. La expresión conforme a la imagen del que lo creó se refiere a Génesis 1.26 y significa que el nuevo hombre se transforma cada vez más en la semejanza de Dios y crece en el conocimiento perfecto de él.

“Donde” , se refiere a la nueva vida en Cristo, no hay "circuncisión", o sea,  judíos; "incircuncisión", o sea, gentiles; "bárbaros" - cualquier persona que habla un idioma extranjero que no sea entendido por los que lo llaman así.  "escitas" – es un pueblo del sur de Rusia. Llegaron a invadir a Palestina en al año 625 antes de Cristo. Se consideraban como los más incivilizados de todos los bárbaros por las naciones más civilizados. “Siervos”, o sea, esclavos; y “Libres”, o sea, ciudadanos, personas que tenían libertad, que no estaban esclavizados. El hombre nuevo NO siente prejuicio racial, social, ritual, lingüístico ni cultural. Sólo Cristo es importante en la vida del hombre nuevo ("Cristo es el todo"). Y él recuerda que el mismo Cristo vive en todos los que han recibido esta vida nueva ("en todos"). Esto tiene especial relación con los nuevos atributos que deben caracterizar al nuevo hombre en sus relaciones con otras personas y en especial con sus hermanos. Los gnósticos, como muchos religiosos modernos y no pocos cristianos, se consideraban con cierta importancia personal y en un plano superior a los demás cristianos. Esta actitud que invadía al pueblo de Dios es atacada mediante estas palabras que nos recuerdan que realmente CRISTO es el único que tiene importancia especial y que nuestra posición como hijos de Dios depende TOTALMENTE de que El esté en nosotros y El Mismo está en todo cristiano SIN DISTINCIÓN.

 

C.  VIVAN COMO NUEVOS HOMBRES (3.12-17).

Y después de decirnos donde debemos poner nuestra mirada, y también nos ha hablado de que cosas debemos quitar y matar en nuestra vida, ahora Pablo nos dice que cosas debemos agregar a nuestra vida, nos habla de cómo vivir como nuevas criaturas para Dios, Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (3.12-17).

Ya anteriormente Pablo había dicho que debíamos despojarnos del viejo hombre y que debíamos revestirnos del nuevo (3.9-10), y ahora nuevamente toma esta figura para expresarles una gran verdad a los Colosenses.

Él dice " Vestíos " - se trata de una decisión y un esfuerzo de nosotros mismos.  Es un cambio total de "ropa" en el simbolismo que emplea Pablo.  Nos quitamos una ropa y luego nos ponemos otra, nos quitamos el pecado y toda iniquidad, y nos vestimos de justicia.  Es una expresión de nuestra condición interna como resultado de haber sido muertos (3.3), sepultados (2.12) y resucitado con Cristo (3.1).   Al decir vestíos, significa que debemos agregar algo a nuestras vidas, ¿QUÉ DEBEMOS AGREGAR A NUESTRAS VIDAS? ¿CUAL DEBE SER NUESTRA VESTIMENTA?

“COMO ESCOGIDOS DE DIOS”, esto solo es posible por la misericordia de Dios. Antes estábamos alejados de Dios, pero ahora por el evangelio somos escogidos, somos elegidos por el llamamiento celestial para heredar las promesas de Dios. Él, nuestro Padre nos ha escogidos, nos ha elegido desde antes de la fundación del mundo, a nosotros SU IGLESIA (Efesios 1.4), si nosotros obedecemos a Dios y resucitamos con Cristo desde ese momento hacemos nuestro este escogimiento y elección que es solo a través del evangelio podemos conseguir, no se trata de un escogimiento personal en el cual Dios elige a unos para salvación y a otros para condenación no importando si le obedecen o no, sino que se trata de un escogimiento a través del evangelio, quienes resucitan con Cristo, que quienes lo obedecen pasan a ser escogidos de Dios.

Pero no solamente eso, Pablo también dice: “SANTOS Y AMADOS”, aparte de ser escogidos, también somos “santos” , o sea, somos apartados por Dios de este mundo para servirles, somos su pueblo santo, y también somos “amados”, o sea, Dios nos ha amado y nos amara por siempre, lo sabemos, Dios nos ha amado de tal manera que aun nos dio a su hijo para que pudiéramos ser salvos (Juan 3.16-17). Esta es nuestra nueva naturaleza, nuestra vestimenta espiritual, nuestro uniforme como escogidos de Dios, santos y amados por Dios, esto es lo que Dios hace por nosotros. Pero ¿QUÉ DEBEMOS HACER NOSOTROS?

Debemos vestirnos, incorporar a nuestra vida la misericordia “DE ENTRAÑABLE MISERICORDIA”, sabemos que la misericordia significa “Dolor de corazón”, viene de MISERI=DOLOR + CORDIA=CORAZON. Pero esta misericordia nace en lo profundo del corazón, viene de nuestras entrañas “entrañable”. Es cuando nosotros sentimos el dolor o sufrimiento de los demás como nuestro, y es deber nuestro el llenarnos de misericordia por los que sufren. La palabra nos dice que debemos “llorad con los que lloran” (Romanos 12.15). Acompañar en el dolor y sufrimiento a los demás, así como lo hizo el buen samaritano, que fue movido a misericordia (Lucas 10.25-37).

Pero también dice: “DE BENIGNIDAD”, viene de CHRESTOTES en griego. No se trata de una emoción nada más sino de una actitud que es activamente ÚTIL para el bien de otras personas.  Es cuando buscamos el bienestar de los demás. También lleva la idea de un trato SUAVE, sensible a los sentimientos y las necesidades de otras personas que se manifestará en el modo de hablar, pensar y actuar (Efesios 4.32).

¿SOMOS BENIGNOS PARA CON LOS DEMAS? Debemos el buscar ayudar, y serles útiles a nuestros hermanos, así también tratarlos bien, ser suaves y sensibles con ellos. En vez de ser toscos e implacables, es mejor el ser benignos y buenos con nuestros hermanos.

Después añade “DE HUMILDAD”, ser humilde es rebajarse voluntariamente, en vez de dar cabida en nuestra vida a sentimientos como la arrogancia, el menosprecio a los demás y jactancia, el siervo de Dios aprende que él no es nada y todo lo que es, solamente lo es con Cristo.   Esta cualidad era aborrecida por los paganos, pues para ellos indicaba flaqueza , pero Jesús dice, "el que se humilla será enaltecido" (Lucas 18.14). Pablo dice, "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2.3). Esto debe describir nuestro carácter, y si ya hemos dado este paso, o sea, SER HUMILDES tendremos buenas relaciones con los hermanos.

Vemos como Pablo va edificando una idea tras la otra, necesitamos agregar a nuestras vidas MISERICORDIA, BENIGNIDAD, HUMILDAD, y también MANSEDUMBRE “DE MANSEDUMBRE”, viene de PRAUTES en griego, es la fuerza bajo control o dominio, es cuando aprendemos a refrenar nuestros impulsos y arrebatos, y tenemos control sobre nuestras emociones. Esto nos ayuda mucho en nuestro trato con los demás, porque si ejercemos control sobre nuestros impulsos y emociones podremos estar en armonía con el resto, así como a un caballo se le controla con un freno, el cristiano también necesita la mansedumbre para poner un freno en su vida (Efesios 4.2).

Pero también necesitamos PACIENCIA “DE PACIENCIA”, viene de la palabra griega MAKROTHUMIA, que es una palabra compuesta por MAKROS=LARGO+THUMOS=TEMPERAMENTO. Es cuando tenemos largura de ánimo o temperamento, cuando soportamos y aguantamos a los demás. Es sinónimo de la palabra LONGANIMIDAD, que es la capacidad de soportar personas desagradables o que buscan hacernos daño, no buscando el pagarles mal por mal o querer hacerles daño. Debemos ser pacientes para con todos (Colosenses 1.11; 1 Tesalonicenses 5.14).

Y todo esto es para “SOPORTANDOOS UNOS A OTROS Y PERDONANDOOS UNOS A OTROS SI ALGUNO TUVIERA QUEJA CONTRA OTRO”, este es uno de los mandamientos más difíciles de practicar, pero debemos soportarnos, debemos aguantarnos para eso debemos tener paciencia para con los demás, para tener la capacidad de sobrellevar las molestias que muchas veces los hermanos nos hacen pasar, no significa hacer la vista gorda al pecado, pero si el pasar por alto situaciones que no son pecaminosas que pueden afectar nuestra relación con nuestros hermanos, no afectarnos por toda actitud o cosa que hagan los hermanos. Efesios 4.2 nos dice: “Soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”, el amor nos puede ayudar también a soportarnos.

Pero si las situaciones que nos causan molestias de nuestros hermanos son pecados, Pablo también nos dice que debemos “PERDONARNOS LOS UNOS A LOS OTROS”, si tenemos alguna queja, alguna molestia con nuestro hermano por causa del pecado, es mejor solucionar ese conflicto en nuestro corazón y abrirnos al perdón. La escritura es este respecto es clara: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6.14-15). Dios quiere que aprendamos a perdonarnos, así como también el nos perdona, el texto mismo lo dice: “De la manera que Cristo os perdono, así también hacedlo vosotros” (3.13b) . Debemos perdonar a los demás genuinamente, sin resentimientos, quitando todo lo que había en nuestro corazón, para después no acordarnos del mal que nos hicieron y recriminar a los hermanos, seamos como Cristo, él nos perdono y ya no se acuerda más de nuestros pecados, él nos ofrece un perdón total, el cual estamos llamados a imitar.

Y Pablo añade: Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (3.14) , y sobre todo lo que anteriormente se había dicho, debemos vestirnos, debemos empaparnos del amor, todo esto que consideramos puede ser posible solo si hay amor. El amor es el vínculo que une a los santos, pues sin el amor la unidad sería imposible. Todas estas virtudes –misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia - son manifestaciones del amor, pero es inconcebible que se muestren donde el amor no exista.

El amor es el vínculo que trae perfecta unidad.  Une en un solo cuerpo personas de diferentes razas, condiciones sociales y económicas, temperamentos y personalidades.  Son personas que de otra manera no tendrían nada en común y que quizá hasta serían enemigos. Aunque sabemos que la tendencia natural de un grupo es esparcirse tarde o temprano.  El amor puede superar esta tendencia y solamente el amor lo puede hacer.

El amor, AGAPE en griego es benevo­lencia inconquistable, buena voluntad que no se vence. Agape es el espíritu en el corazón que nunca buscará otra cosa sino el bien máximo de su prójimo. No importa cómo sus semejantes lo traten;... no importa la acti­tud de ellos hacia él, Éste nunca buscará otra cosa sino el bien máximo de su prójimo.

“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” (3.15) . Este es un gran deseo, porque sabemos que la paz verdadera procede únicamente de Dios. Es el resultado de la reconciliación con Dios por medio del sacrificio de Cristo (compare Romanos 5.1).   Dios quiere que la paz reine en nuestros corazones, abunden en la vida de sus hijos. Tener paz es tener la tranquilidad y seguridad que no tenemos conflictos con Dios, que él siempre estará con nosotros.

Y Pablo nos dice que esta paz también debe extenderse a la iglesia, o sea, entre los unos a los otros, no fuimos llamados a disgustos, pleitos y división, fuimos llamados a paz en un solo cuerpo, o sea, en la iglesia.  Todo esto puede encontrarse en la vida del mundo (Colosenses 3.8, 9). Porque sabemos que la iglesia no puede progresar bien en medio de pleitos y obras de la carne.

Debemos alejar de la iglesia cualquier cosa que entorpezca la verdadera paz que Dios ofrece para su pueblo, podemos tener paz si aplicamos todos los principios que anteriormente consideramos y los ponemos en práctica en la iglesia.

Además de eso, también el apóstol nos exhorta a SER AGRADECIDOS, o sea, por la paz que tenemos con Dios y porque Dios nos ha llamado al cuerpo de Cristo con todas las bendiciones que hay en El debemos ser agradecidos. También debemos ser agradecidos por todo lo que Dios nos da y nos ha dado, la gratitud debe abundar en la vida del cristiano (1 Tesalonicenses 5.18).

Y para que todo esto sea posible, para que podamos vivir como nuevos hombres, alejados de las antiguas practicas pecaminosas, debemos estar arraigados en la palabra de Dios, "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría" (3.16).

Esta es la única manera de lograr dejar y despojarnos realmente del viejo hombre y vestirnos del nuevo hombre: mediante la influencia de la Palabra de Cristo en nosotros. Y como sabemos la palabra no puede abundar en nosotros si no la estudiamos. Tampoco la palabra podrá abundar en nosotros si no la ponemos por práctica. Como lo dijo Pedro: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2.2).

Vemos en este pasaje que la palabra de Dios, la Biblia, si habita en nosotros, si forma parte integral de nuestra vida, nos ayuda a ENSEÑARNOS, o sea, recibiremos conocimiento de cosas que no sabíamos, Dios nos dirá cosas que no conocíamos y las compartiremos con otras personas, en este caso con nuestros hermanos para su edificación. Y también podremos EXHORTARNOS, o sea, podremos aconsejarnos y amonestarnos, podremos corregirnos los unos a los otros para ser fieles al Señor. Y toda esta enseñanza y exhortación debe ser de acuerdo o en base a la palabra de Dios, esta sabiduría divina que nos ayuda a vivir como hijos de Dios.

“Cantando con gracia en vuestros corazones al Señor”, el cantar es UN método de enseñar y exhortar. La música en nuestras reuniones no puede ser solamente algo emocional.  La mente y el entendimiento tienen que participar (1 Corintios 14.15).  Los textos que nos hablan de la alabanza en el Nuevo Testamento son: Mateo 26:30; Marcos 14.26; Hechos 16.25; Romanos 15.9; 1 Corintios 14.15; Efesios 5.19; Colosenses 3.16; Hebreos 2.12; 13.15; Santiago 5.13. En estos pasajes encontramos la ausencia de la música instrumental, y vemos reafirmado el mandamiento bíblico de cantar. Esto supone que si Dios manda algo, añadir algo más al mandamiento divino significaría infringir el mandato de Dios, como le paso a Nadab y Abiú (Levítico 10.1-2).

SI DIOS NOS MANDA A CANTAR ESO ES LO QUE TENEMOS QUE HACER, EL TOCAR INSTRUMENTOS, SILVAR, APLAUDIR U OTRA MANIFESTACIÓN QUE ESTE FUERA DEL MANDAMIENTO BIBLICO, SOLO ES ALGO AGREGADO POR EL HOMBRE Y NO DEBEMOS PRACTICARLO.

El cantar himnos no es una mera formalidad o ceremonia, sino que es un acto de adoración; los cantos son mensajes importantes que alaban a Dios y edifican a la iglesia. Hay mucha enseñanza, exhortación y aliento en los himnos que cantamos. Hay alimento rico en el servicio de cantos. Además del beneficio de enseñanza y exhortación que nosotros recibimos de los cánticos, lo hacemos "al Señor", para Su honra y alabanza, por tanto hay que hacerlo como El manda para que El sea glorificado correctamente.

El propósito principal para el uso de los instrumentos de música según los sectarios es para ATRAER a la gente.  Pero este propósito de la música o sea los cantos cristianos NO SE ENCUENTRA en el Nuevo Testamento.  Son para ENSEÑAR, EXHORTAR y GLORIFICAR A DIOS, pero no para atraer a la gente. Al cantar al Señor le ofrecemos el "fruto de labios", pero si nuestro servicio no viene del corazón El no lo acepta.

El cantar es un medio eficaz (poderoso) de hacer que el mensaje de Dios llegue al corazón. Cuando cincuenta o cien (o quinientas) voces se unen para cantar "Estad por Cristo firmes", tiene un impacto fuerte sobre los participantes. Al cantar enseñamos, exhortamos y edificamos, los unos a los otros. Los himnos nos edifican, nos consuelan y nos animan a ser más consagrados al Señor. Al cantar himnos hacemos peticiones a Dios, confesamos pecados y hablamos de la necesidad continua de la ayuda de Dios. Al cantar alabanzas estamos expresando emociones, tales como: amor, gratitud, gozo, ánimo, paz, tristeza, contentamiento.

“con salmos”, Los salmos (p. ej., los de David) alaban a Dios, exal­tando su nombre, poder, atributos y obras. El libro de Salmos era el himnario del pueblo de Israel, en ese libro vemos manifestado por las alabanzas la relación que tuvo con su pueblo elegido y consagrado. Estos Salmos nos instruyen; Jesús y los apóstoles los citaban, para enseñar y para comprobar lo que enseñaban.

"Originalmente un salmo era una canción acompañada de un instrumento de cuerdas... Con el uso la idea de acompañamiento cesó". Algunos de los que usan instrumentos musicales en el culto dicen que la palabra psallontes , traducida "alabando" (Efesios 5.19) significa cantar con instrumentos. Es cierto que bajo el Antiguo Testamento se tocaban instru­mentos con los cantos; y es cierto que en la versión Septuaginta (versión griega del Antiguo Testamento), la palabra psallo se usaba para indicar tanto el tocar como el cantar, pero cuando Pablo escribió estas cartas a los colosenses y efesios, la palabra psalmois ya no significaba "con acompañamiento musical". 

Este verbo ( psallo ) se halla en Romanos 15.9 "cantaré"; 1 Corintios 14.15 "cantaré"; Santiago 5.13 "cante alabanzas” ; y en Efesios 5.19 "alabando". No hay ninguna versión que traduzca el verbo psallo como "tocar" en el Nuevo Testamento . Para el siglo primero la palabra psallo ya había per­dido el significado de tocar y cantar, y significó simplemente cantar. Los israeli­tas usaban los instrumentos por el man­damiento de Dios en el Antiguo Testamento (2 Crónicas 29.25; Salmos 81.1-4), pero no hay tal mandamiento para la iglesia en el Nuevo Testamento. Como sabemos el Antiguo Pacto fue abolido y sustituido por uno Nuevo, con nuevas ordenanzas y mandamientos.

Pablo habla del instrumento con el cual se alaba a Dios en la iglesia: EL CORAZÓN . El signifi­cado radical de la palabra psallo es tañer , y se aplicó a todos los sonidos pro­ducidos por la vibración de las cuerdas de cualquier instrumento. Es muy razonable que se usara, pues, con referencia a la voz humana, que es el sonido que sale de los pulmones y de la boca del hombre, ha­biendo pasado por las cuerdas vocales . "La voz humana es el más complicado, delicado y perfecto instrumento musical conocido por el hombre. Como instrumento musical es la perfección de la obra del Creador, y es capaz de producir combina­ciones y armonía musicales mucho más dulces y variadas que las de cualquier instrumento de fabricación humana, aun más que aquellos inventados por David".

Durante los primeros seis siglos no se usa­ron instrumentos de música en la igle­sia, después de eso la iglesia Católica Romana los agrego a sus reuniones.

“E himnos y cánticos espirituales”, Los "himnos" dan alabanza a Dios, con acción de gracias y súplicas, expre­sando nuestra dependencia de Dios. Se refiere a cantos que son dirigidos a Dios alabando su grandeza y poder por sobre todas las cosas.  Los "cánticos espirituales" dan expre­sión a una gran variedad de temas espirituales, basados en las palabras reve­ladas por el Espíritu Santo. "Dios es Es­píritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4.24); por lo tanto, las alabanzas que canta­mos deben estar en perfecta armonía con la palabra de Dios, expresando pensamientos espirituales, para que en ellos nuestros espíritus puedan tener co­munión con Dios. Debemos ser estrictos en lo que predicamos y enseñamos, y debemos ser estrictos en lo que cantamos.

Después Pablo añade, “ cantando con gracia en vuestros corazones al Señor”, es correcto denunciar el uso de instrumentos mecánicos en el culto, pero si nosotros no empleamos el instrumento correcto (el corazón), nuestros cantos tampoco serán aceptables. Al cantar en cada reunión los mis­mos himnos, ¡qué fácil es cantar sin pensar en lo que deci­mos! Es posible y muy fácil cantar muchos himnos sin concentrarnos en la letra. Si cantamos sin meditar en el mensaje del himno para ala­bar de corazón a Dios (como también para exhortarnos los unos a los otros), nuestro servi­cio viene siendo una ceremonia vacía, semejante a las rutinas sectarias. Debemos evitar el cantar sin entendimiento y mecánicamente, esto puedo desorientarnos en nuestra adoración a Dios

Y después de esto Pablo termina diciendo: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (3.17). Cuando el apóstol esta diciendo “todo lo que hacéis”, se esta refiriendo a lo que decimos, a lo que pensamos, a lo que hacemos, en el culto, en la obra de la iglesia: trabajar, dormir, comer, viajar, invertir, divertirse, etc., todas las actividades de la vida.   Todo debemos hacerlo en nombre y para la gloria de Dios, e l Cristo Preeminente tiene TODA autoridad en la vida del hombre nuevo. Hacerlo en Su nombre es hacerlo POR SU AUTORIDAD o POTESTAD  (Hechos 4.5-10).   Incluye hacerlo como EL MANDA. Cristo debe ser nuestro máximo referente en la vida, todo lo que hacemos y vivimos es para él, nuestra vida ya no nos pertenece (Colosenses 3.23;  1 Corintios 6.19-20). Debemos vivir nuestras vidas para Cristo, que sean delante de Dios como un sacrificio a él, Pablo lo dijo en Romanos 12.1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

     Al obedecer este mandamiento los Colosenses rechazaban la hueca filosofía de los falsos maestros y todos sus mandamientos de hombres que buscaban desviarse de la verdadera obediencia a Cristo (2.8, 17, 22). Y por lo mismo, debemos ser agradecidos con Dios por tener comunión con él, “dando gracias a Dios Padre por medio de él.”, o sea, debemos ser agradecidos con Dios a través de Jesucristo, por todo lo que ha hecho él por nosotros, nos a dado una nueva vida, nos ha permitido ser hijos de Dios, tenemos la opción de vivir la vida para él, por esto y muchas otras cosas más debemos siempre dar gracias a Dios por lo que tenemos en Cristo.

 

  

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