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La predestinación: ¿individual o colectiva? Intercambio entre el Sr. Martín y el Sr. Homero Shappley de Álamo.

Predestinados a ser hijos de Dios. Estudio 1. Efesios 1:4-5, 9-11; 1 Corintios 2:7 y 1 Pedro 1:20.

Predestinados a ser hijos de Dios. Estudio 2. Romanos 8:28-30.

Enseñanzas básicas del Nuevo Testamento sobre requisitos para salvación

¿No hay tal cosa como providencia especial?

Las manos divinas en cada lado de un faro en medio de una tempestad simbolizan su protección providencial.

Por John Waddy, evangelista

Siempre ha habido algunos creyentes cuyos procesos de pensar están sintonizados tanto al racionalismo, quienes han sido enseñados que existe alguna explicación natural por todo lo que acontece, que no pueden creer en la providencia divina. La esencia de la providencia es que nuestro Dios omnipotente y omnisciente gobierna, sí, la vida de los seres humanos y las acciones de naciones, y además, interviene con el propósito de que se haga su voluntad (Mateo 6:10). Tal vez no sean capaces de distinguir entre providencia y milagros, concordando la mayoría que estos no están disponibles para nosotros. Rechazar creer en la providencia de Dios es una posición que acarrea consecuencias serias.

De no haber ninguna providencia particular, entonces, no habría por qué orar. Si Dios no puede estar envuelto en nuestro mundo, u opta por no envolverse, entonces, toda oración resulta, efectivamente, vana. Más sin embargo, la Biblia nos enseña repetidamente a orar y esperar alguna respuesta del cielo (1 Tesalonicenses 5:17; Juan 14:13). Así que, el que entendamos, o no, cómo funciona la providencia, confrontamos dos posibilidades, a saber: orar, confiando en recibir respuestas mediante la providencia, o descreyendo en la providencia, no esperar respuestas a nuestras oraciones.

Creer en la providencia abre paso a que creamos, esperanzados, en el liderazgo [de Dios], su dirección, sus provisiones, su protección y que nos libre de peligros. Si usted está convencido de que la providencia no sea una realidad, entonces tampoco podría esperar recibir estas bendiciones maravillosas de Dios. En tal caso, llegando los días malos, se encontraría usted a solas frente a ellos.

De no existir ninguna providencia, entonces habría que repudiar gran parte de las Sagradas Escrituras como desconfiable, pues habla de las provisiones y protección de Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). No es posible que esto sea cierto si no hay providencia divina. “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará…” (Santiago 5:15), es promesa que no ofrece confort alguno, si no existe la providencia. No habiendo ninguna providencia especial, todo versículo que habla de las promesas y provisiones de Dios resultaría o malentendido o falso. La promesa de Jesús de estar siempre con sus discípulos, aun hasta el fin del mundo (Mateo 28:20), se vincula, para su cumplimiento, a la providencia. Igualmente, la promesa de dirección divina descansa en la providencia (Romanos 8:15). Depende de la providencia para su realización la promesa según la que cosecharemos lo que sembramos (Gálatas 6:7). Ahora bien, Jesús no titubea en declarar “tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Debemos, pues, tener plena fe, confianza y seguridad en la integridad de toda línea del Record Sagrado, incluso su doctrina de la providencia divina.

Si no existe la providencia, entonces los deístas tienen razón al denegar que Dios tome interés o intervenga en los asuntos de esta vida. De ser así, sería cierto su concepto de un Dios distanciado y desinteresado.

Si no existe la providencia, entonces los paganos tendrían razón al atribuir tanto las bendiciones como las cargas de la vida a Fortuna, Hado, Suerte o Destino. El que algunas personas experimenten, a veces, grandiosas bendiciones inesperadas, y otras, en ocasiones, pérdidas, penalidades o castigos no anticipados, no puede negarse. La pregunta suscitada es: ¿A quién deberíamos atribuir estas cosas? Quienes conocen bien la Biblia las acreditan a la mano gobernante de Jehová Dios. Quienes no conocen a Jehová Dios tienden a atribuirlas a alguna fuerza misteriosa del universo que llaman Hado, Fortuna, Suerte o Destino. Algunos de los que creen en Dios rehúsan darle crédito cuando experimentan u observan la ocurrencia de cosas extraordinarias.

Descansando nuestra fe firmemente en la enseñanza de las Escrituras, creemos y afirmamos que todos aquellos que buscan primero el Reino de Dios y su justicia recibirán de Dios lo que necesitan en términos de alimento y techo (Mateo 6:31-33). Esta es providencia divina.

Traducido del inglés por Homero Shappley de Álamo

 

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