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Falsos profetas. Falsas enseñanzas. Estudio excelente, en cuatro partes, por Wuiston Medina.

El diezmo: una verdad irrefutable. Análisis sobresaliente por Daniel Neveu, una vez defensor de diezmar.

¡Los diezmos fueron abolidos! Documento con muchísima documentación bíblica.

¡Libres al fin! Documento conmovedor de la lucha de jóvenes adultos y una dama para librarse de las garras de iglesias apóstatas y hallar real libertad mediante la verdad de Cristo.

 

Católicos, protestantes y mundanos indefensos ante el...

"Gigante pentecostal"

El pastor Mack Wolford, de la Iglesia del Señor Jesús (Church of the Lord Jesus), en Jolo, West Virginia, maneja una serpiente cascabel maderera durante un servicio el día 3 de septiembre de 2011. El 30 de mayo del 2012, se reportó que Mack Wolford había fallecido a consecuencia de la mordida de la serpiente que él llamaba Sheba.

 

El pastor Mack Wolford, de la Iglesia del Señor Jesús (Church of the Lord Jesus), en Jolo, West Virginia, maneja una serpiente cascabel maderera durante un servicio el día 3 de septiembre de 2011. El 30 de mayo del 2012, se reportó que Mack Wolford había fallecido a consecuencia de la mordida de la serpiente que él llamaba Sheba. El reportaje se encuentra en http://usnews.nbcnews.com/_news/2012/05/30/11956841-snake-handling-preacher-dies-from-rattlesnake-bite-in-west-virginia, en un artículo por Gil Aegerter, escritor de NBC News. Mack Wolford tenía cuarenta y cuatro años de edad. El Gigante Pentecostal indujo al Sr. Wolford a manejar serpientes venenosas, utilizando una interpretación no aplicable al presente de Marcos 16:17-20. Desde luego, el Gigante Pentecostal diría que el Sr. Wolford no tuviera fe suficiente, pero la triste realidad es que el Gigante Pentecostal mató al Sr. Mack Wolford, teniendo él tan solo cuarenta y cuatro años de edad.

Orientaciones iniciales

El “Gigante Pentecostal anda por las tierras a pasos agigantados, erguido, orgulloso, imponente, agresivo, insaciable, conquistando, arrollando, aplastando. Con mil millones de almas ya en su poder ¡es “Gigante” de verdad! Cada año, agarra a más millones –católicos, protestantes, espiritistas, paganos, mundanos- quienes pronto se rinden, postrándose a sus pies, haciendo su voluntad.

Se rinden, convirtiéndose en pentecostales, (1) porque desconocen la verdadera identidad del “Gigante” y (2) porque no cuentan con fuertes defensas espirituales, no habiendo aprendido o entendido siquiera “los rudimentos de la doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1.

La criatura que llegaría a ser el “Gigante Pentecostal fue concebida cuando se fundieron dos simientes con serios defectos en sus genes espirituales, a saber, (1) la de “lenguas extrañas como evidencia necesaria de regeneración” y (2) la del “evangelismo radical”. En el año 1906, nació la criatura en la “Cuna de ignorancia doctrinal” que fabricó el Sr. William J. Seymour, con la ayuda de unas pocas personas simpatizantes, en Azusa Street, Los Ángeles, California, Estados Unidos de América. Alimentado por su padre Seymour, afro americano, tuerto, casi analfabeto, pero tan agresivo en el evangelismo como diestro en la manipulación de sentimientos, y también por su “madre”, la nueva iglesia recién formada en Azusa Street, el “niño pentecostal” creció de manera fenomenal, aun anormal, ingiriendo casi día y noche, los siete días de la semana, porciones extraordinarias de “alabanzas, lenguas jerigonzas, frenesí de emocionalismo, testimonios y sermones”. Se infló. Se puso de pie, y de pronto, ¡era “Gigante”!, el “Gigante Pentecostal”. Este origen del “Gigante” está registrado en los archivos, totalmente fidedignos y comprobables, de la historia, pero ¿quién de entre católicos, protestantes o mundanos lo conoce? Estando en presencia del “Gigante”, ¿quién de ellos siquiera le pregunta cuándo y dónde nació, o cuáles eran las circunstancias de su concepción, nacimiento y crianza? Se rinden por desconocimiento y falta de investigación o verificación de identidad. El Sr. Charles Fox Parham , abuelo del “Gigante” (maestro de Seymour), era más astuto, pues al conocer a su “nieto espiritual” alborotoso lo repudió por “concebido en fornicación espiritual, mal formado y de conducta censurable”.

Al poco tiempo de nacer, ya tomaba el joven “Gigante” pasos grandes, planteando sus pies no solo en varios lugares de Estados Unidos de América sino también en Hawai, el oriente, México, Puerto Rico, Chile y Europa. Lejos de tímido o recatado, era ruidoso y beligerante en extremo, llamando atención a su mensaje y retando a voz en cuello. Atacaba a los católicos por su idolatría, a los protestantes por su frialdad y a los mundanos por sus vicios, citando la Biblia y conquistando cada vez más almas. El “Gigante” tenía razón, confesaban, y era valiente como nadie, postrándose delante de él crecientes congregaciones que se multiplicaban, endiosándole y alimentándole continuamente. En realidad, “tenía razón” el “Gigante” en su llamamiento a católicos, protestantes y mundanos, quienes necesitaban rectificar sus males para ser salvos, pero dañó su mensaje de “¡Arrepiéntanse!”, predicando un evangelio incompleto, valiéndose de tácticas humanas para “convertir” y sojuzgando sus ingenuos súbditos a “mandamientos de hombres”. ¿Qué sabían los protestantes de la “doctrina de Cristo”, de la “buena doctrina”, indispensable para salvación (1 Timoteo 4:6, 16)? Poca cosa. ¿Y los católicos? Todavía mucho menos. ¿Y los mundanos? ¡Ni hablar! ¡Indefensos estaban, casi del todo indefensos ante el “Gigante”! Y por si acaso cuestione usted, estimado lector, la importancia de la “doctrina”, considere la exhortación del apóstol Pablo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16).

Mucha gente conquistada por el “Gigante” durante la primera mitad del Siglo XX era analfabeta o de escasa preparación, integrando los estratos sociales de más bajos recursos académicos. La condición de tales personas no es pecado, ni justifica la discriminación, pero hay que ser realista: no capacita para encontronazos inteligentes con “Gigantes”, bien sean de la política o de la religión, prestándose, por el contrario, para el fácil engaño y la manipulación. Todavía más indefensas se encuentran tales almas, pues la mayoría carece de conocimientos vitales y del poder analítico afinado y objetivo, guiándose más por sentimientos y emociones que por la razón y la lógica. No quisiéramos lastimar jamás a ninguna de ellas, ya que, para Dios, como también para este servidor, son tan preciosas como la del más intelectual. Con todo, no dejamos de lamentar su estado, deseando que lo mejoren sustancialmente para que no sean víctimas de “Gigante” alguno.

Nutrido y sostenido por multitudes de humilde condición, el “Gigante Pentecostal” ha logrado, durante los últimos setenta años, hacer suyo a no pocos de las clases medias y altas, quienes, a pesar de ser empresarios exitosos o profesionales, tampoco cuentan, necesariamente, con la preparación espiritual o intelectual para identificar con certeza al “Gigante” o analizar bíblicamente su mensaje. Dominan muchas materias, pero la “sana enseñanza” necesitada para “convencer a los que contradicen” (Tito 1:9) es evidente que aún no la tienen. Están, prácticamente, ¡indefensos!

El “Gigante Pentecostal” atrae.

En campañas y cultos al aire libre, el “Gigante Pentecostalismo” se anuncia con estrépito de panderetas y bullicio de “alabanzas”. Acondicionado el ambiente a su gusto, proclama a gritos su mensaje de “arrepentimiento, Cristo viene pronto, rapto, tribulación en la tierra, plagas apocalípticas, profecías alarmantes de inminentes castigos y juicios”, usando, casi siempre, alto parlantes a todo volumen. Y las indefensas almas católicas, protestantes o mundanas que le escuchan se quedan hechizadas, hipnotizadas, estupefactas, dominadas por el ruido y las intensas emociones.

-El “Gigante” ruge ante el público, salta, corre, da cantazos, atribuyendo sus acciones y palabras al poder de Dios. “¡Dios me ha dicho que este pueblo tiene solo siete días para arrepentirse! ¡El Espíritu Santo me ha revelado que hay diez jóvenes aquí que fuman marihuana y veintidós mujeres que son infieles al esposo!” Boquiabiertos frente a semejante espectáculo jamás visto, muchos le creen porque no saben, por no haber leído con entendimiento el Nuevo Testamento de Cristo, que no hay precedente bíblico para tal estilo o mensaje. ¿Qué saben de “inspiración divina, revelaciones del Espíritu, conducta apropiada de un ministro competente del Señor”? No saben nada, o casi nada, y por consiguiente, no están equipados para evaluar. Tampoco conocen el truco psicológico de “identificar”, como por “revelación inmediata del Espíritu”, a grupos particulares de pecadores en la audiencia, “estratagema de hombres” (Efesios 4:14) transparente para el entendido, pero oculta, misteriosa y convincente para el desentendido. La credulidad de las masas resalta su desconocimiento de la Biblia y de las “artimañas de error” que el “Gigante” emplea “con astucia”.

-El “Gigante” sacude a la audiencia con olas sísmicas de emocionalismo, y muchos tiemblan de pavor porque no son capaces de interpretar bíblica, espiritual y racionalmente lo que está ocurriendo. Indefensos están por no saber o entender que solo el evangelio puro es “el poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16), y que este evangelio no es un caldeo hirviente de emociones sino “aquella forma de doctrina” a la cual hay que entregarse “de corazón” para alcanzar salvación, de acuerdo con la clara enseñanza del apóstol Pablo en Romanos 6:17.

-De los ojos del “Gigante” brotan llamas de “fuego pentecostal que encienden corazones susceptibles. ¿Y por qué tan fáciles de inflamar estos corazones con “fuego extraño” que Dios nunca mandó (Levítico 10:1-2)? Pues, amado, simplemente porque no los protege “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:10-17). No conocen esta armadura espiritual; no la tienen. Por consiguiente, están expuestos a “todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16). Arden pronto con motivaciones, ilusiones y esperanzas fatulas, sin comprender que no son genuinas porque desconocen las bíblicas.

-Se espantan las indefensas almas sensibles porque comprenden que sus pecados son grandes delante de Dios y que van “derechitos para el infierno”, tal y como vocifera el “Gigante”, si no se arrepienten, “entregándose a Cristo”. ¿Qué saben acerca de “rapto, tribulación, Apocalipsis, don de profecía, señales del pronto retorno de Cristo”? Se tragan todo el mensaje del “Gigante” porque ignoran la enseñanza bíblica sobre estos temas. De verdad, deben arrepentirse, pero también informarse, examinándolo todo, antes de precipitarse a entregarse, en alma, espíritu y mente, al “Gigante”. “Examinadlo todo; retened lo bueno”, exhorta el Espíritu Santo en 1 Tesalonicenses 5:21. Pero, el “Gigante” es terriblemente impaciente e insistente. “¡Entréguese ahoooooora mismo a Cristo! ¡En este missssmo instante! Satanás le dice que espere, que lo piense, que no se apresure tanto, que analice. ¡No le haga caso! ¡Es voz del diaaaaablo, y el diablo quiere verle en el infieeeerno ! ¡Levante la mano quien ama y acepta a Cristo! Diga: ¡Cristo me salvó; Cristo me sanó! ¡Muchos están levantando la mano! ¡Muchos enfermos están reclamando sanidad! ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! Pasen al frente. ¡Ya son salvos! Eche su cajetilla de cigarrillos, su droga, su bastón, su muleta, encima de esta tarima. ¡No sea cobarde! ¿El diablo le tiene amarrado? ¡Suéltese en este instante! ¿Quién quiere testificar salvación? ¿Quién testifica sanidad o liberación del maligno? ¡Yo los declaro libres y salvos! ¡Gloria a Cristo!” ¿Qué alma sensible e indefensa resiste tan fuerte salva de artillería psicológica? Se rinde, y desde el momento de “entregarse” es presa del “Gigante”, convirtiéndose en “ pentecostal”.

El “Gigante” le declara “salva” en el instante de “entregarse”, y el alma indefensa se lo cree porque no tiene conocimiento o entendimiento del mandamiento de Cristo, reforzado por el del Espíritu Santo, según el cual ningún ser humano es salvo hasta no sumergirse en las aguas bautismales para que sean lavados sus pecados.

“El que creyere, y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16). Bautícese cada uno… para perdón(Hechos 2:38). “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16). “El bautismo ahora nos salva” (1 Pedro 3:21).

El “Gigante” también ignora esta doctrina, propagando la ignorancia espiritual que heredó de su padre William J. Seymour .

No predica todas las condiciones para perdón establecidas por Cristo en la Gran Comisión, pronunciando “salvas” las almas antes de que se bauticen, error mayúsculo que las desvía y perjudica.

El predicador Ananías instó al pecador Saulo a bautizarse sin detenerse; en cambio, el “Gigante” mismo detiene a las personas sinceras, impidiéndoles el bautismo “enseguida” (Hechos 17:33), exigiéndoles que pasen por “clases de candidato”, las que resultan ser “clases de adoctrinamiento pentecostal”, y se someten las almas dóciles porque no saben que semejante proceder no armoniza con la “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) o su implementación invariable en los campos evangelísticos del tiempo apostólico. Se dejan manipular porque ignoran la verdad. Era deber del “Gigante” decirles la verdad, pero ¿cómo se la iba a decir, ya que no la había aprendido él mismo? Se bautizan por inmersión seis meses después de “entregarse a Cristo”, quizás un año o tres años después, pero no “para perdón”, porque el “Gigante” las declaró salvas en el instante de “entregarse”, seis meses, un año, tres años, o el tiempo que fuere, antes de bautizarse. Para colmo, en las “clases de candidato” las instruye que el bautismo no es esencial “para perdón”. Se lo creen porque, para ellas, él es “Gigante de la fe, infalible intérprete de la sana doctrina”, y porque no escudriñan “cada día las Escrituras para ver si estas cosas” del “Gigante” son “así” (Hechos 17:11).Y ahora ¡ cuan difícil admitir el error, pidiendo ser bautizadas “para perdón”, porque, como suelen exclamar, “¡ya nos bautizamos por inmersión, y hay un solo bautismo!” Cierto es que hay solo “un bautismo” bíblico (Efesios 4:5), pero aún no lo tienen, pues frustraron el designio de Dios para el bautismo, no bautizándose “para perdón”. ¿Detalle insignificante que pase por alto Dios, salvándolas comoquiera? Mejor corregirse que arriesgarse, a nuestro parecer.

El “Gigante Pentecostal” agarra.

A quienes “levantan la mano, ponen la mano sobre el radio o se arrodillan delante del televisor, aceptando a Cristo como su único Salvador”, el “Gigante” los declara “salvos en el instante”. Ahora bien, acuérdese, está escrito en los genes del “Gigante” que “todo salvo tiene que hablar lenguas extrañas para recibir el sello del Espíritu”. Con implacable vehemencia él imparte esta doctrina a los “nuevos salvos”, quienes procuran “hablar lenguas” a como dé lugar, sintiéndose preocupados, aun angustiados, hasta no lograrlo. Carentes de conocimiento bíblico, no saben que el “Gigante” se equivoca, pues Cristo jamás establece “hablar lenguas” como acción necesaria para recibir el sello del Espíritu.

Desconocen que no todos los cristianos del primer siglo hablaron “lenguas”. De haber leído con entendimiento 1 Corintios 12:30, habrían comprendido que la interrogante retórica “¿hablan todos lenguas?” significa que solo algunos las hablaban.

¿Han leído Hechos 2:1-13, donde se enseña que el “don de lenguas” era el poder sobrenatural de hablar otros idiomas sin haberlos estudiado? ¿ Saben que la multitud que se juntó en Pentecostés decía, maravillada: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (Hechos 2:8) ? ¿Son capaces de entender el significado de “nuestra lengua en la que hemos nacido”? ¿Qué se trata de los idiomas natales de los oyentes? ¿Qué los oyentes no habían nacido en lenguas jerigonzas, extáticas o angelicales sino en griego, arameo, latín, árabe, egipcio, hebreo, etcétera?

Al parecer, ¡nada de esto saben o entienden! Realmente, ¡están indefensos ante el “Gigante” que les exige el “sello de lenguas”! ¡Ni el “Gigante” mismo tiene el verdadero “don de lenguas”! Solo balbucea jerigonzas, pero ellos se admiran de él porque no saben discernir entre dones ficticios y dones auténticos. Duele verlos tan indefensos, manipulados por el “Gigante” a voluntad de él.

“Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”, escribió el apóstol Pablo a los Efesios. ¿Cuándo fueron sellados? Al haber oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él0, explica el apóstol (Efesios 1:13). “Creer en Cristo” implica “amar a Cristo”, y “el que me ama, mi palabra guardará” dice el Señor (Juan 14:23). Por lo tanto, todo aquel que oye “la palabra de verdad”, confiesa fe en Cristo y le obedece, bautizándose (Marcos 16:16), es sellado con el Espíritu Santo, haciendo el Espíritu morada en él (Romanos 8:9),  por la fe y a través de la verdad divina, tal cual Cristo (Efesios 3:17) y el Padre (Juan 14:23). La principal evidencia palpable de haber sido “sellado con el Espíritu” es “el fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22-23), sin el cual no hay sello intacto, no importa el “don sobrenatural” que se pretenda tener. Pero, ¿saben estos textos y estas verdades los católicos, protestantes y mundanos que se rinden al “Gigante”? ¡Negativo! Y por no saberlos, se rinden. Se rinden, pero no se bautizan “para perdón”. Por consiguiente, no reciben ni perdón, ni “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38); tampoco son sellados con el Espíritu. En su afán de “hablar lenguas” para tener “el sello”, tarde o temprano muchos hablan “lenguas extáticas o jerigonzas”, aunque sean unas pocas sílabas sueltas y traspuestas de su propio idioma. Entonces, jubilosos, reclaman su “sello”. ¡Triste de ellos! Todo esto les pasa porque se acercan al “Gigante” sin haberse dedicado al estudio del Nuevo Testamento de Cristo.

El “Gigante Pentecostal” aprieta.

Ya no son “católicos, protestantes o mundanos” los que se entregan al “Gigante”, hablando sus “lenguas” falsas, alabando y bailando en sus “cultos avivados”. “¡Somos pentecostales!”, proclaman a los cuatro vientos. Pues, ¡eso mismo son! Tal cual se identifican a sí mismos, ¡asimismo son! Pentecostales: nombre que no aparece en la Biblia, pero quizás también desconozcan este hecho, confundiendo su “nuevo nombre” con “Pentecostés”, el nombre griego de una fiesta judía, la “de las semanas”, llamada también “de la cosecha”, la que fue abolida en la cruz (Colosenses 2:14-16). “Pentecostales”, o sea, seguidores del “Gigante Pentecostalismo”, nacido en Los Ángeles, California, a principios del Siglo XX. A causa de ignorancia doctrinal y espiritual, cayeron en sus garras. Ahora le pertenecen, y los apretará con fuerza de gigante.

Apretará sus bolsillos, demandando diezmos y múltiples ofrendas en casi toda reunión, obligándolos a la más descarada mercadería mediante la venta de artículos variados, incluso comidas, extrayéndoles más todavía con artimañas ingeniosas tales como: “En su cumpleaños, ¡un peso por cada año de vida”; “El Espíritu me enseñó en visión un árbol forrado de billetes. Pues, ¡he aquí el árbol, con tres metros de alto! Cada uno debe colocar en él un billete, y que sea de cinco pesos, o más”; “Mi viaje evangelístico costará cinco mil. El Espíritu acaba de informarme que hay cinco hermanos aquí que dará, cada uno, quinientos, y diez que darán cien, cada uno”. Obedecen porque ignoran, o hacen caso omiso de, textos bíblicos que enseñan la abolición de todo el Antiguo Testamento, incluso las instrucciónes para Israel sobre diezmar (2 Corintios 3:6-17; Hebreos 7:12; 8:6-13), advierten que la mercadería es una abominación ante Dios (2 Pedro 2:1-3; 1 Timoteo 6:3-10; Romanos 16:17-18; Juan 2:13-17) y enseñan cómo sostener económicamente la obra de Dios de acuerdo con el Nuevo Testamento (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 8:1-12; 9:5-15). No copiamos los textos, ni abundaremos más, confiados en que el diligente los buscará, estudiándolos hasta entender la “sana doctrina”.

Apretará su cuerpo y espíritu con frecuentes ayunos, vigilias y retiros. También con agobiantes “cultos avivados” que duran horas todas las noches. Hasta que “se quemen” no pocos por no aguantar tantas exigencias exageradas e irracionales. A estos “vagos” el “Gigante” los manda para el infierno. No tiene misericordia de los padres que trabajan, ni de las familias con hijos chiquitos que madrugan para ir a la escuela. “Dios es primero”, truena. O, ¿será “primero” el “Gigante”, con “evangelismo radical” escrito en sus genes? ¿Con horarios y programas astutamente impuestos que alimentan continuamente sus propios bolsillos y su ego inflado? Pero, los indefensos desconocedores del Nuevo Testamento lo dan todo por bueno porque no leen, pues, de escudriñar con calma e imparcialidad, pronto descubrirían que no hay en las Sagradas Escrituras precedente o patrón para el “típico programa pentecostal de cultos y actividades”.

Apretará su mente y alma con incesantes “profecías y revelaciones nuevas, prohibiciones, censuras, advertencias, condenaciones y anatemas”, forcejando mental, emocional y espiritualmente con quienquiera le resista. No tolera que nadie le cuestione, gritando “¡Blasfemia!” a quien se atreva. Doblega voluntades. El “Gigante” parece estar siempre empeñado en imponer una tiranía teológica, social y espiritual casi total. ¿Por qué no se rebelan las almas que él aprieta con tanta fuerza, librándose de sus garras? Probablemente, por no conocer o apreciar la preciosa libertad a que Cristo nos llamó. “A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne” (Gálatas 5:13). O, quizás, por no poder romper, o no querer romper, la mentalidad de esclavos. “Toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas” (2 Corintios 11:20). ¿No hace el “Gigante” todo lo señalado? Sin embargo, ¡siguen tolerándolo! ¿Qué puede la Verdad con mente tal?

¡Más allá de católico, protestante, mundano o pentecostal!

Más allá de estos nombres que identifican grupos muy grandes de almas con graves problemas espirituales, está la verdadera iglesia de Jesucristo, con su “buena doctrina” (1 Timoteo 4:6), su “doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1), que es la “buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2). Toda persona que obedece “de corazón aquella forma de doctrina” que Dios le ha entregado (Romanos 6:17), es añadida por Cristo a su iglesia (Hechos 2:47), donde debe seguir creciendo hasta alcanzar “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). En esta iglesia, el único “Gigante” es Cristo, siendo él su único Fundador, Cabeza y Salvador (Mateo 16:18; Efesios 5:23). “Gigante” benigno es el Señor, bondadoso e inteligente en grado sumo, que siempre ensalza el poder de la verdad y llama a la libertad, deseando que todos sus hijos sean “llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9). A él se somete gozosamente este servidor, contento y conforme con su Nuevo Testamento. Hágalo usted también, querido amigo, se lo suplico muy encarecidamente, dejando esos nombres, con todo lo incorrecto o malo que implica cada uno, y tomando solo el nombre “cristiano”, pues de “Cristo” debe tomar “nombre toda familia en los cielos y en la tierra” ( Efesios 3:14 ). Ya cree, ¿sí?, y busca de Dios. Pues, procure ser bautizado, le animamos respetuosamente, con el bautismo bíblico para que sea perdonado, reciba “el don del Espíritu Santo” y sea añadido a la iglesia que Cristo fundó. Aguardamos noticias positivas de personas sinceras que desean estas bendiciones.

Para servirle en Cristo, Homero Shappley de Álamo

¡Libres al fin! Documento conmovedor de la lucha de jóvenes adultos y una dama para librarse de las garras de iglesias apóstatas y hallar real libertad mediante la verdad de Cristo.

Falsos profetas. Falsas enseñanzas. Estudio excelente, en cuatro partes, por Wuiston Medina.

El diezmo: una verdad irrefutable. Análisis sobresaliente por Daniel Neveu, una vez defensor de diezmar.

¡Los diezmos fueron abolidos! Documento con muchísima documentación bíblica.

  

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