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Por qué no toco instrumentos de música en culto a Dios

Catorce razones

Por Homero Shappley de Álamo


Esta congregación entona himnos, salmos y cánticos espirituales sin el acompañamiento de instrumentos musicales."La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Colosenses 3:16). Estos cristianos se enseñan y se exhortan los unos a los otros al cantar conforme al mandamiento del Espíritu Santo. Toda palabra, todo pensamiento, de los cánticos espirituales es entendible. Cantando así, adoran a Dios "en espíritu y en verdad". "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren." "...es necesario...", explica el Señor, y por lo tanto, la forma de adorar Dios no se la dejado a la discreción de cada adorador. De hecho, "...el Padre tales adoradores busca que le adoren", o sea busca a "verdaderos adoradores" (Juan 4:23-24). ¿Es usted "verdadero adorador"?

 

Muy apreciado lector, sabiendo este servidor que “no tocar instrumentos de música en la iglesia” la mayoría de los seguidores de Cristo la encuentra una práctica muy extraña, caprichosa, aun ridícula, o al menos legalista, quisiera dar mis razones por no usarlos, admitirlos o cantar himnos, salmos y cánticos espirituales al acompañamiento de ellos. No lo hago…

1.  Porque vivo "bajo el régimen nuevo del Espíritu" (Romanos 7:6), es decir, bajo el Nuevo Testamento que rige la iglesia durante toda la Era Cristiana, siendo esta la última era antes de la Segunda Venida de Cristo. Mi convicción fuerte es que no se autoriza en el Nuevo Testamento tocar instrumentos en culto a Dios. Al contrario, el mandamiento específico, claro y excluyente del Nuevo Pacto que encuentro es, precisamente, el siguiente: "Cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5:19; Colosenses 3:16; Santiago 5:13). Leyendo estudios detallados y bien documentados sobre “alabando… en vuestros corazones”, he aprendido que el verbo “alabando” no abarca “tocando”. [Se recomienda leer La terminología precisa de Efesios 5:19 en el griego.] Además, al escrutar los ejemplos de música en la iglesia apostólica, veo que ninguno presenta a algún hermano o congregación que toque instrumentos musicales (Hechos 16:25; 1 Corintios 14:15, 26). En cuanto a las arpas mentadas en Apocalipsis, entiendo que, en primer lugar, no se trata de su uso en la iglesia, y segundo, que sería necesario tener presente el lenguaje altamente retórico del libro para la interpretación de los textos donde aparecen “arpas”. [Se recomienda el estudio Las arpas de Apocalipsis.]

2.  Porque no quiero ser culpable de alterar el mandamiento específico del Nuevo Testamento, pues, si lo hiciera, acarrearía la censura divina y aun la posible condenación de mi alma (2 Corintios 2:17; Gálatas 1:8-10). Añadir "tocar" a "cantar" sería hacer violencia al mandamiento sencillo de "cantar". Porque "cantar" es una acción precisa, específica, única. Al "cantar" y también "tocar", estaría ejecutando dos acciones distintas, resultando esto en el cambio fundamental de lo que se hiciera. Dios no quiere que altere yo sus mandamientos explícitos.

3.  Porque la adoración de la iglesia “bajo el régimen nuevo del Espíritu” (Romanos 7:6) ha de ser "en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24). "…en espíritu…" se contrapone a “en la carne”, también siendo lo contrario de “materialmente”. Se desprende que la adoración “en espíritu” no se fundamenta en objetos materiales o acciones básicamente terrenales, por ejemplo, en sacrificios de animales, rociar la sangre de corderos sobre objetos sacros, ofrecer incienso, encender las lámparas del candelero, practicar ritos de purificación, etcétera, cosas que atañían al Antiguo Testamento, quedándose “ese culto” (Hebreos 9:1) eliminado al morir Cristo en la cruz (Colosenses 2:14-16). “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan 4:21). O sea, vendría “la hora” cuando el culto en Jerusalén, efectuado conforme al Antiguo Pacto, cesaría. Esto ocurrió al instituirse el Nuevo Pacto en Pentecostés del año 33 d. C.

a)  Cristo, mi Salvador, me enseña que “Dios es Espíritu: y los que le adoran, en ESPÍRITU y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). Entiendo, pues, que el culto “en espíritu” es perfectamente cónsono con la naturaleza de Dios mismo. Él “es Espíritu”, y él mismo busca a “verdaderos adoradores que le adoren en espíritu…” ¡Quiero ser contado entre ellos! No solo busca Dios a adoradores que le adoren “en espíritu” sino también “en verdad”. Así que, me incumbe adorar no solo “en espíritu”, espiritualmente, sino también “en verdad”. En realidad, no se puede adorar “en espíritu” si no se adora “en verdad”, y viceversa. Ambos requisitos se complementan, siendo ambos necesarios. Como dice el Señor, “es necesario” que adoremos “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), y por consiguiente, no es opcional.

b)  ¿Dónde encuentro "la verdad" que debería seguir en mis alabanzas? ¿Dónde la encuentra la iglesia que desea adorar “en espíritu y en verdad”? No, por cierto, en el Antiguo Testamento, ni en tradiciones religiosas o en las opiniones de adoradores que adoren espontáneamente, a su gusto personal, sino en las instrucciones del Espíritu Santo halladas en el Nuevo Pacto. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…” (Juan 16:13). Precisamente, en “toda la verdad” traída por el Espíritu de Dios es donde se da el mandamiento "…cantando con gracia en vuestros corazones" (Colosenses 3:16). Por lo tanto, cantar así pertenece a la adoración que es "en espíritu y en verdad". Este "sacrificio de alabanza", ofrecido con genuino amor y verdadera sinceridad, es aceptable a Dios (Hebreos 13:15), siendo armonioso, vuelvo a enfatizar, con su naturaleza de “Ser espiritual”. “Dios es Espíritu…” Yo mismo soy, en mi esencia, ser espiritual, engendrado por Dios (Hebreos 12:9). El cuerpo físico es solo mi morada terrenal (2 Corintios 5:1-9). ¿Por qué habría, pues, de dar rienda suelta, en mis alabanzas, a gustos o sentimientos propios del cuerpo físico, en vez de hacer sobreponerse mi espíritu, adorando “en espíritu” al Dios que “es Espíritu”?

4.  Porque, al abrir mi boca en el culto y cantar palabras que mis hermanos escuchen, deseo que toda palabra mía sea para edificación de los oyentes, entendible, cuerda, clara y precisa. "Hágase todo para edificación" (1 Corintios 14:26) es la norma general que establece Dios para su iglesia. Luego, en lo referente a la música en la iglesia, manda: "Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales" (Efesios 5:19). ¿Hacer qué cosa? “…hablando entre vosotros…” ¿Cómo? “…con salmos, con himnos y cánticos espirituales…” ¿De qué naturaleza? “…espirituales…” “…ESPIRITUALES…”  Correlativos a la adoración “en espíritu” para el Dios que “es Espíritu”. Todo armonioso entre sí; todo espiritual. Así que, los miembros de la iglesia deberíamos hablarnos los unos a los otros mediante salmos, himnos y cánticos espirituales. Recalcamos: hablamos entre nosotros. No tocamos instrumentos musicales para entretenernos los unos a los otros sino que hablamos “para edificación”. El lenguaje de los instrumentos de música no es espiritual sino más bien material y hasta carnal, o sea, de la tierra, terrenal. Por lo tanto, no cumple el designio de Dios para la edificación de su iglesia. "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Colosenses 3:16). Según este versículo, edificar, enseñar y exhortar es lo que Dios quiere que se haga mediante salmos, himnos y cánticos espirituales, propósitos espirituales e intelectuales que los instrumentos musicales simplemente no pueden cumplir, ya que no hablan el evangelio, ni enseñan o exhortan, sino que llaman la atención a ritmos y sonidos de invención humana. En realidad, lo que hacen es distraer, desviar la mente de lo espiritual, restar del mensaje de cualquier salmo, himno o cántico espiritual, incitar a “moverse”, a bailar, y esto es así pese a las negaciones de algunos que defienden su uso con argumentos sentimentales, aun con porfías irrealistas.

5.  Porque la música del reino espiritual de Cristo (“Mi reino no es de este mundo.” Juan 18:36) y de los adoradores espirituales (Juan 4:23-24; 1 Corintios 2:14-15) es espiritual, es decir, del corazón, del alma. "Cánticos espirituales", no terrenales o carnales. "Espirituales", y no de "salsa cristiana", "mariachi" o "merengue cristiano", etcétera. "Cánticos espirituales", y no diluidos con la música instrumental. Si todo lo del reino espiritual es espiritual, incluso el culto, ¿con qué razón o justificación introducir objetos materiales (pianos, guitarras, órganos, maracas, baterías, trompetas) en la adoración espiritual? Sencillamente, ¡no armonizan con la naturaleza fundamental del reino espiritual! Catalogar los instrumentos musicales juntamente con himnarios, púlpitos, sillas o edificios de reunión, como si se tratara de meras ayudas incidentales opcionales, no lo encuentro razonable. Obviamente, utilizar un himnario para cantar no altera en nada el acto mismo de cantar. No altera la naturaleza espiritual de la adoración. En cambio, acompañar los cánticos espirituales con la música instrumental altera sí, en definitiva, la acción de cantar. Haciéndolo, ya no se canta solamente, sino que se canta y se tocan instrumentos musicales, constituyéndose los instrumentos otro medio distinto de alabar a Dios. Efectivamente, los instrumentos pertenecen a la categoría de innovaciones en el culto, al igual que rosarios, velas, imágenes, incienso y otros objetos similares. También yerre el que los clasifique con el pan sin levadura de la Cena del Señor. Porque referido pan es simbólico, pero los instrumentos no son simbólicos. No simbolizan la música vocal, siendo más bien un medio distinto de hacer música.

6.  Porque no quiero incitar a los creyentes a bailar. La música de los instrumentos despierta en el cuerpo físico el deseo de moverse o bailar conforme al ritmo tocado. Pero, la acción de bailar en culto a Dios se desconoce en el Nuevo Testamento. La frase "bailar en el Espíritu", escuchada a menudo en las iglesias de avivamiento (las pentecostales y las carismáticas) no aparece en ningún pasaje del Nuevo Testamento, ni hay ejemplo alguno de tal “baile”. “Bailar como David’’ es imitar a un hombre que vivió bajo el Antiguo Testamento, no el Nuevo. “Bailar como David" es imitar a un hombre que bailaba casi desnudo (2 Samuel 6:20-23) y que bailaba mientras desobedecía a los mandamientos de Dios (1 Crónicas 13:8-11; 15:11-13). Querido lector, no todo lo que hiciera el siervo David lo aprobó Dios, incluso la “adoración espontánea” que aquel rey de Israel pretendió tributar. ¿Acaso mandara Jehová a David a bailar, vestido de un efod, mientras se transportara el arca a Jerusalén? Por naturaleza, bailar es un acto carnal que a menudo incita a tentaciones y pasiones desordenadas, no exceptuándose “bailar como un trompo en la iglesia”, bailar descontroladamente, como en trance, particularmente las doncellas y damas.

-Se argumenta que no todo tipo de música instrumental induce a bailar, por ejemplo, la música del piano solo. Pues, esto bien pudiera ser así, más sin embargo, admitir el piano en cualquier congregación es abrir la puerta a toda clase de instrumentos músicos. ¿Autoriza el Nuevo Testamento el arpa o el piano, pero desautoriza los demás instrumentos? Inconcebible. O autoriza todos o no autoriza ninguno. Tras el piano vienen, tarde o temprano, la guitarra, la pandereta, el güiro, las maracas, la batería, la trompeta y otros instrumentos. Si bien no los traen los miembros maduros, los traen los jóvenes. Si no los trae esta generación, la próxima sí los traerá, con toda probabilidad. Comprueban estas observaciones mías la historia de iglesias tales como la Bautista, la Iglesia Discípulos de Cristo (Iglesia Cristiana), la Iglesia Metodista (Wesleyana) y otras. ¿Qué pasó? Comenzaron con el piano solo. Pero, todo evolucionó. En la actualidad, algunas congregaciones de las iglesias nombradas reciben conjuntos musicales de toda categoría, montan espectáculos musicales a manera de las agrupaciones seculares famosas y tienen no solo grupos corales y bandas de música “rock”, “rap”, etcétera, sino también grupos de “baile cristiano”, incluso “ballet cristiano”.

7.  Porque no deseo provocar a excesos de emoconalismo y confusión. Los instrumentos de música se prestan para crear un ambiente cargado de emociones alteradas y desorden. Excitación nerviosa, trances, éxtasis, lenguas jerigonzas, griterías, palmoteos, pisoteos y danzas frenéticas son frutos comunes de instrumentos tocados en las iglesias. Yo los he visto con mis propios ojos. Pero, Dios "no es Dios de confusión", y manda: "Hágase todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:32-40). Mientras aumente el poder del Espíritu Santo en los adoradores que entonan "cánticos espirituales" sin tocar instrumentos, se adueñan de los que los tocan “espíritus malos” de desorden, del sentimentalismo religioso, de misticismo, de éxtasis, de bailar. El Dios Todopoderoso se nos presenta como un Ser sumamente racional, disciplinado, organizado. No es de sorprenderse, pues, que pida "culto racional" (Romanos 12:1). Lo irracional de griterías y confusión no armoniza con el "culto racional". A propósito, he notado que cuando “faltan los músicos”, ¡no aparecen los “espíritus malos” mencionados! Este hecho pone de relieve el verdadero papel que hace la música instrumental en los “cultos avivados” de pentecostales y carismáticos. Es necesario para su “avivamiento”. Me atrevo a pensar que sin la música instrumental, ¡las iglesias pentecostales y carismáticas se marchitarían como flores sin agua, perdiendo fuerza y muriendo! Sus templos, grandes y pequeños, se vaciarían.

8.  Porque, al adorar a Dios, mi propósito no es avivarme a mí mismo con instrumentos músicos, abanicando las llamas de mis propias emociones, sino alabar a Dios en mi espíritu mediante culto racional y espiritual, el mismo que Dios ha ordenado. Vuelvo a hacer hincapié –disculpe la redundancia- en que “Dios es Espíritu”, y pide que le adore este servidor "en espíritu" (Juan 4:24), es decir, en mi espíritu y no en la carne. No con acciones que aviven y agraden a mi carne, a mi mente material, sino con acciones espirituales que a él le complazcan. Mediante la adoración espiritual, mi espíritu se comunica con su Espíritu, rindiéndole grato loor. Mi adoración ha de ser vertical, hacia Dios, y no horizontal, es decir, dirigida principalmente hacia los demás adoradores o hacia las personas no convertidas a Cristo. Ha de ser vertical, hacia el cielo donde mora Dios, y no hacia mis adentros, como si adorara principalmente para hacerme sentirme bien a mí mismo o entretenerme.

9.  Porque, al adorar a Dios, mi propósito no es entretenerme a mí mismo, ni tampoco a otros adoradores o a inconversos, con instrumentos de música, sino hacer la "buena voluntad... agradable y perfecta" de Dios (Romanos 12:2). Entretenerse a sí mismo, entretener a otros, entretener a la juventud, hacer de la adoración una diversión: estos propósitos egoístas parecen ser los móviles que obren en muchos adoradores del tiempo presente. Dándoles expresión, montan espectáculos semejantes a los que los inconversos organizan. La vida de la mayoría de los seres humanos aún no entregados de todo corazón a Dios gira en torno al entretenimiento. Para competir, no pocas iglesias han cambiado la naturaleza y el énfasis de la adoración, abiertamente incorporando actividades concebidas y efectuadas para entretener. ¿Qué se proponen? ¿Entretener también a Dios? ¿Es Dios hombre para que le entretengamos con espectáculos musicales religiosos? Pienso que el circo terrenal, de entretenimientos esencialmente carnales, visto en muchas iglesias esté corrompiendo completamente su adoración, subvirtiendo a las almas y desviándolas del culto espiritual.

10.  Porque me parece muy materialista y carnal intentar atraer a los inconversos al Señor por medio de espectáculos musicales al estilo del mundo. La tesis de muchos líderes religiosos es que “hay que modernizar al evangelio y a la iglesia para atraer y retener a los jóvenes, a la generación "X", a la generación digital, a los profesionales materialistas obsesionados con el entretenimiento”. Sin embargo, según el Espíritu Santo, el "poder de Dios" para atraer y convertir no es la música de instrumentos o los espectáculos de "música cristiana contemporánea", sino el evangelio puro. “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… (Romanos 1:16).

11.  Porque ni los versos de índole religiosa ni las buenas intenciones de glorificar a Dios santifican los instrumentos musicales, haciéndolos aceptables delante del Señor. Sucede todo lo contrario: los instrumentos musicales corrompen la letra de las alabanzas, manchándola con lo mundano, distorsionándola con matices carnales y materialistas. ¿Se santifican las velas, los rosarios, los crucifijos o las imágenes fundidas simplemente porque el propósito del adorador que los utiliza sea adorar a Dios? ¿Acaso basten las buenas intenciones para que Dios apruebe cualquier acto de adoración ideado por el adorador que adora conforme a las maquinaciones de su propia mente? ¡Negativo! ¡Negativo!

12.  Porque el Salmo 150, con su exhortación a la alabanza por medio del uso de instrumentos, no es para mí, pues se trata del Antiguo Testamento, pacto que ha sido anulado y quitado de en medio (Colosenses 2:14-16; Hebreos 8:6-13). De la manera que no son para mí los sacrificios de animales, la circuncisión, el incienso, los diezmos y los sábados de referido Antiguo Pacto abrogado, ¡tampoco lo son los instrumentos musicales de aquel Pacto!

13.  Porque, históricamente, las congregaciones, quizás con raras excepciones, o ninguna, no aceptaron la música instrumental en culto a Dios hasta comienzos del Siglo VI después de Cristo. Aun para aquella fecha hubo mucha oposición a su uso en el culto, a pesar de estar en pleno desarrollo la “apostasía” profetizada en 2 Tesalonicenses 2:1-12. ¿Por qué oponerse a instrumentos musicales en la iglesia la inmensa mayoría de los que gobernaban las congregaciones en aquellos tiempos? La razón principal es evidente: la iglesia tal cual establecida por los apóstoles de Jesucristo, de acuerdo con la supervisión directa del Espíritu Santo, no utilizaba instrumentos musicales en su adoración, no encontrándose en el Nuevo Testamento ninguna autorización declarada o implícita, como tampoco de categoría lingüística, para el uso de tales objetos de invención humana.

14.  Porque, cuando de mi adoración a Dios se trata, ni las tradiciones ni las innovaciones modernas me guían sino solo el Nuevo Testamento. Cristo mismo me advierte que las tradiciones religiosas invalidan los mandamientos de Dios, rindiendo vano el culto. "Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. En vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mateo 15:5-9). “En vano me honran…”, dice Cristo. ¿Quiénes? Los que enseñan “como doctrinas, mandamientos de hombres”. ¡No quiero adorar a mi Dios “en vano”! Quiero que él acepte con agrado mis alabanzas. Por consiguiente, tendré cuidado de distinguir entre, por un lado, “la verdad” sobre la adoración que ha revelado el Espíritu Santo y, por el otro, los “mandamientos de hombres”. Bien sé que las directrices para adorar “en espíritu y en verdad” se encuentran en el Nuevo Testamento, pero también leo el Antiguo Testamento, porque algunas cosas que “sucedieron” en aquellos tiempos antes de Cristo son “como ejemplos para nosotros” (1 Corintios 10:1-11). En Levítico 10:1-2, he leído sobre dos sacerdotes levitas, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, que "ofrecieron delante de Jehová fuego extraño... Y salió fuego de delante Jehová y los quemó, y murieron". ¡Conque las innovaciones en culto a Dios pueden resultar fatales! Fatales físicamente, al instante, para Nadab y Abiú. Fatales espiritualmente para mí, si me atrevo a introducirlas o seguirlas. Al leer el Nuevo Testamento, hallo que esta nueva “ley de Cristo” (1 Corintios 9:21) contiene normas, mandamientos y ejemplos sobre la adoración “en espíritu y en verdad”. Por lo tanto, entiendo que Dios no ha dejado a discreción mía cómo adorarle. No me ha indicado que le adore “espontáneamente”, conforme a mi propio criterio o gusto. Quiere que adore, siguiendo sus instrucciones. Y esto mismo es lo que pretendo hacer, con la ayuda de él, en esperanza de vida eterna.

 

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Por estas razones, entre otras, no toco piano, pandereta, guitarra o instrumento alguno, en culto a Dios, ni entono salmos, himnos o cánticos espirituales al acompañamiento de instrumentos. Gracias por leerlas. Mi exposición de “Razones” es personal, pero quizás le interese saber que comparten conmigo la misma convicción doctrinal y práctica decenas de miles de predicadores, maestros y obispos (ancianos-pastores), como además, muchos millones de cristianos que seguimos de cerca la “doctrina de Cristo” (Hebreos 6.1; 2 Juan 9-11), esforzándonos en pleno Siglo XXI, de ser la continuación legítima de la iglesia establecida por Jesucristo en Jerusalén, en el día de Pentecostés, del año 33. O sea, hoy por hoy, somos unos cuantos millones los que tributamos honra y gloria a Dios, sin tocar instrumentos de música.

Y, usted, amado lector, ¿rinde a Dios culto espiritual y racional? “En espíritu y en verdad.” El Creador acepta solo las alabanzas del justo (Proverbios 21:27; 1 Pedro 3:10-12). ¿Es usted justo? Si no, puede ser purificado y justificado mediante la sangre de Cristo al obedecer los mandamientos de creer, arrepentirse y bautizarse "para perdón de los pecados" (1 Pedro 1:17-21; Hechos 2:38). Cumpliéndolos debidamente, usted será añadido al reino espiritual (Colosenses 1:13), o sea, a la iglesia de Cristo (Hechos 2:47), donde tendrá el privilegio y la dicha de adorar "en espíritu y en verdad". Demás sería decir que si no adora usted en la tierra de acuerdo con las directrices del Espíritu Santo, arriesgaría perder la incomparable experiencia de unirse a los ángeles en alabanzas celestiales en la misma presencia de Dios. Así que, realmente sabio es todo aquel que se santifica por medio de la sangre del Cordero, entregándose luego a la adoración espiritual y racional, como también a la vida espiritual en el Señor.

 

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