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“Airaos, pero no pequéis”

 

La ira, y consecuente desobediencia, de Moisés y Aarón

¡Oh, Moisés!, ¿qué ha dicho y hecho usted?

 

Moisés, arrebatado por su ira contra el pueblo rebelde e incrédulo de Israel, golpea dos veces la peña con su vara, pero Jehová Dios le había mandado que hablara a la peña. Este acto atrevido de desobediencia costó a Moisés y Aarón la dicha y honor de entrar, como líderes del pueblo, en la tierra prometida.

 

No precisamente por su ira sino por su desobediencia al mandato divino Moisés y Aarón fueron privados de la bendición de entrar en la tierra prometida. Sin embargo, su ira no contenida fue la emoción que resultó en su desobediencia. Predicador, obispo, maestro, maestra, ¡cuidado que la ira no le prive de bendiciones! Lecciones prácticas para hoy.

Relato de los acontecimientos en Cades, lugar sin agua a que llegaron los israelitas en sus peregrinaciones. Gran multitud –hasta 1.5 millones- con sus bestias. Números 20:1-13.

[Textos de la Reina Valera de 1960. Copiados de www.BibleGateway.com.]

Letras entre corchetes insertadas en el texto bíblico corresponden a “Lecciones prácticas para hoy” después del texto.

“Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue sepultada. 2 Y porque no había agua para la congregación, se juntaron contra Moisés y Aarón. 3 Y habló el pueblo contra Moisés, diciendo: !Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová! 4 ¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? 5 ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber. [A] 6 Y se fueron Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y se postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. [B] 7 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 8 Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua [C], y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias. 9 Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. 10 Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: !Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? 11 Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. 12 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado. [D]13 Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.”

 

Lecciones prácticas para hoy

 

A. Queridos siervos del Señor –predicadores, obispos (sinónimo de ancianos o pastores), maestros, maestras, diáconos, todos- cuidémonos de los cristianos quejumbrosos, de poca fe, refunfuñones, con tendencias mundanas, indispuestos a soportar duras pruebas, desconfiados en el poder de Dios para sostener, socorrer y preservar en medio de situaciones incómodas, amenazantes, peligrosas aun hasta el extremo de hacer perder la vida física. Que se levantan contra nosotros, reclamando las cosas profanas de Egipto. Que preferirían llevar a la iglesia de regreso a Egipto, es decir, someterla a voluntades corruptas de entendimiento y sin visión de la gloriosa libertad a la que Cristo nos ha llamado (Gálatas 5:1-13). Cuidado que no nos persuadan a complacerlos. Gente que comprende poco sobre lo que significa ser verdadero pueblo electo de Dios en medio de idólatras y religiosos engañados, seguidores de dioses y doctrinas falsos. Masa que tiene sus ojos en iglesias de comunidad, de prosperidad y de superación personal más que en el verdadero tabernáculo de Dios, el auténtico templo de Dios en el Espíritu. ¡Qué no vaya ninguno de nosotros delante de ellos, camino para atrás a Egipto! Pues, son del mismo espíritu de los rebeldes de Israel en Cades. Y frente a ellos hemos de comportarnos con el valor de Moisés, pero disciplinarnos para no caer en los errores de este. No cediendo ante las atrevidas denuncias contra nosotros por débiles e incrédulos. Rectos, inconmovibles, celosos nosotros todos de que se cumpla la misión asignada por Dios a la iglesia en la tierra, sin desviarnos de la ruta trazada por él para llegar a la tierra prometida celestial. Pero, observamos, consternados, que algunos de los nuestros, mayormente ministros jóvenes, que por ser neófitos no deberían estar, sin supervisión, frente a congregaciones, son los primeros en desfilarse para Egipto, arrastrando tras sí hasta a congregaciones enteras. Deseosos de hartarse de lo que consumen gustosamente religiosos sectarios, mayormente los carismáticos y los políticamente correctos. Cansados del maná y los codornices, es decir, de la dieta divina de sanas enseñanzas bíblicas. A Egipto llegan, y su fin será, lógicamente, el mismo determinado para el Egipto espiritual de este mundo, mencionado, por cierto, en Apocalipsis 11:8.

B. Amados ministros de Dios, todos –predicadores, ancianos y demás- viéndonos frente a frente con serios retos en la iglesia, vayamos primero, tal cual Moisés y Aarón, a la presencia de Dios, buscando consejos, luz, orientación divinos. En ferviente oración, postrándonos delante de él. Aun invitando a la congregación misma a también postrarse ante Dios en oración, a unirse a nosotros en plegaria sincera por dirección del cielo. No esperando, claro, que la “gloria de Jehová” Dios se haga visible materialmente como en aquel día en Cades, pues el Todopoderoso interactuaba con aquel pueblo de Israel conforme a las circunstancias del momento y los designios de su voluntad, procediendo de otra forma con nosotros durante la Era Cristiana (Hebreos 1:1-2), sino confiados en su iluminación providencial, particularmente a través de su Palabra revelada en el Nuevo Testamento. Qué se traigan a memoria sus enseñanzas relevantes. Qué se apacigüen ánimos.­ Qué haya solicitud por la “unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). Qué se sobreponga el “amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14). Qué lo débil y mundano minguen. Qué la madurez tome control.

C. Cuatro mandamientos pronunciados con diáfana claridad y sencillez inconfundible por el mismo Jehová Dios. Como son todos sus mandamientos fundamentales, no importando la época. (1) “Toma la vara…” La “vara de Aarón” que reverdeció (Números 17:8), la que servía “por señal a los hijos rebeldes” de Israel (Números 17:10), la que fue puesta en el arca del testimonio (Hebreos 9:8). (2) “…reúne toda la congregación…” (3) “…tú y Aarón tu hermano…”(4) “…hablad a la peña a vista de todos…” ¿Y qué pasaría al cumplir Moisés y Aarón estas directrices sencillísimas? “…y ella dará su agua.” Elemental, ¿cierto? Muy directo; sin complicaciones. Nada difícil de entender o ejecutar. [Lecciones] Y asimismo son los “mandamientos” de Cristo (Juan 14:15, 21) en el Nuevo Testamento para recibir perdón de pecados, ser añadido a la iglesia y servir en la iglesia, adorando “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Sencillo, directo; nada difícil de entender o ejecutar. Pero, mucha gente, incluso predicadores y maestros, oyendo, proceden, tal cual Moisés y Aarón, a hacer otra cosa: a sustituir sus propias acciones por los mandatos de Dios y obviar designios divinos. “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Más llana y contundente no podía ser el mandamiento, más sin embargo, tanto pastores como feligreses alborotan en culto a Dios, deleitándose en la algarabía y el caos de alabanzas frenéticas y, para colmo, se lo atribuyen todo al Espíritu Santo.

D. Veamos lo que hicieron Moisés y Aarón.

-“Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña…”. Así pues, dos de los cuatro mandamientos Moisés y Aarón los efectuaron al pie de la letra. (1) Moisés toma la vara de delante de Jehová, “como él le mandó”. Nos fijamos en esta cláusula “como él le mandó”. Demás es decir que cuando Jehová Dios emite mandamientos, espera que se cumplan exactamente como dados, y no que el hombre acate algunos, obviando a otros, o alterándolos. Más sin embargo, el pueblo de Israel solía hacer caso omiso a tan evidente deber, haciéndose prototipo del pueblo de actualidad culpable de otro tanto, hasta en escala mayor. (2) Moisés y Aarón reúnen la congregación delante de la peña, precisamente como Dios mandó.

-“…y les dijo: !Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” ¡Eh, eh! Moisés, ¿Jehová Dios le mandó a expresarse de tal forma delante del pueblo? No encontramos semejante instrucción en sus directrices. Así aflora la indignación de Moisés contra el pueblo; su coraje no es refrenado a tiempo. Su resentimiento hacia el pueblo incrédulo, duro de cerviz, de pronto explota. Va más allá de las instrucciones de Jehová, añadiendo sus propias reprimendas y retos. [Lecciones] Amado lector, el intermediario entre Dios y los hombres está en el deber de comunicar a estos el mensaje divino exacto y preciso, sin añadiduras personales, sin juicios personales, sin llegar a personalismos perjudiciales. Tal parece que Moisés y Aarón excedieran los límites de sus ministerios. Otro tanto, y aún peor, hacen pastores, predicadores, ministros y maestros del presente que desatan una avalancha de juicios sobre sus oyentes, desafiando y condenando, mandándolos para el infierno, con lenguaje y gestos violentos, motivados por ira personal, mientras se proyectan como hablando de parte de Dios, no habiéndoles hablado Dios. Presume demasiado el culpable de semejante exceso. Más sabios seremos si usamos el vocabulario de Dios, cuidándonos de no usurpar su autoridad y de no sustituir nuestros juicios por los de él. Podemos sentirnos por dentro muy indignados ante conductas infantiles, agresivas, ofensivas, pero que explote nuestra indignación en diatribas airadas llenas de cólera humana, eso no nos es permitido.

Demasiado pronto para hablar fue Moisés frente a la congregación en Cades. “¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”, objetó Moisés cuando Jehová lo llamó a libertar a Israel de la esclavitud en Egipto. Pero, ¡no era “tardo en el habla” en Cades sino que irrumpe con denuncias severas! El gran hombre de Dios, algo callado y reservado, no reprime más sus sentimientos amargos contra un pueblo que, no contento con sencillamente pedir agua, afrenta a Moisés con recriminaciones baratas y ofensivas, realmente provocativas. “!Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová!  ¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber.” ¿Quién soporta a un pueblo tan inmaduro? ¿Tan falto de fuerza moral y espiritualidad? 

LECCIONES. Y usted, siervo que suele medir sus palabras, que aguanta críticas injustas, hasta difamaciones totalmente infundadas, que soporta pacientemente expresiones y acciones de creyentes medio infieles al Señor, frecuentemente hipócritas en su habla y proceder, ¿será usted capaz de explotar al desbordarse su copa de tanta injusticia, infantilismos y otras provocaciones? ¿En el púlpito, frente a una clase bíblica, en la cara del infeliz que colma su copa? Quien reprime sentimientos acumula frustraciones. Estas, tal cual la lava de un volcán, buscan subir a la superficie, aprovechándose de la más mínima grieta en el carácter o espíritu para brotar con calor intenso y fuego. Entregar esos sentimientos negativos, esas frustraciones peligrosas, a Dios en oración, pidiendo que los borre de su mente y alma, será el remedio para aliviar su presión potencialmente explosiva. Tener presente que la obra es de Dios, que él es quien a su tiempo rectifica males, castiga, se venga, tarde o temprano, de creyentes destructivos impenitentes. Que Jesucristo es cabeza y centro de la iglesia, y que no lo somos ni usted ni yo, esto ayuda a poner las cosas en perspectiva y evitar arrebatos vergonzosos.

Demasiado callado el sumo sacerdote Aarón, hermano carnal de Moisés, frente a la congregación en Cades. Cuando Jehová llamó a Moisés a sacar a Israel de Egipto y Moisés quiso esquivar la encomienda, diciendo “soy tardo en el habla y torpe de lengua”, “Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien?... …él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca…” (Génesis 4:10-17).

En Cades, el varón “tardo en el habla” habló cuando no debía, y el que hablaba “bien”, ¡no dijo una palabra! Tal vez Aarón pudiera haber restringido de alguna manera a su hermano, percatándose de la indignación fiera de este. O, al menos, recordarle que debía hablar a la peña, y no golpearla. Pero, en el relato bíblico no se percibe indicio alguno de semejante intervención. De ahí, que Aarón se hizo partícipe en el pecado de Moisés, privados los dos, consiguientemente, de la dicha y el honor de entrar frente al pueblo en la tierra prometida:

LECCIONES. Hoy por hoy, ¿no es cierto que algunos siervos de Dios se callan cuando lo indicado sería que hablaran? Señalando, como buenos atalayas, peligros para el pueblo de Dios. Tapando la boca de los que “trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene” (Tito 1:10-11). Aconsejando a los ministros fieles (evangelistas, ancianos, maestros) que ejerzan dominio propio, paciencia y humildad en momentos críticos de sus ministerios cuando provocaciones surgen como pelotones de diablillos. Pues, callar es otorgar. Y callar cuando el deber sería hablar es hacerse culpable, no escapando el culpable ante Dios de las consecuencias de su acción, de la manera que Aarón recibió la paga por su inacción, suponiendo que el caso suyo fuera así, o por solidarizarse con el desobediente.

“Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.” Jehová había mandado a Moisés, en presencia de Aarón: “…hablad a la peña a vista de todos…”. ¿Habló Moisés a la peña? ¡Negativo! En absoluto. ¡Qué atrevimiento! ¡Oh!, Moisés, ¿qué ha hecho usted? Varón tan manso y reservado normalmente. Obediente a la voluntad de su Dios, aunque a veces, a regañadientes, como cuando él le llamó a sacar a Israel de Egipto. Pero, ahora se le turbaron sus pensamientos. Su indignación hirviente trastornó su percepción de sí mismo en el plan de Dios, y por unos instantes críticos de arrebato usted se puso por encima de Dios, dando más importancia a sus sentimientos que a los mandatos tan explícitos escuchados solo momentos antes. En medio de su gran desconcierto, habló duramente al gentío, cosa que no le mandó Dios, y acto seguido, alzando “su mano… golpeó la peña con su vara dos veces…”. ¿Estaba usted consciente de sus acciones? ¿Acaso se diera cuenta casi en el instante de sus acciones de que no había hecho lo ordenado por Jehová? Comoquiera que fuera, se desprende que su ira contra el pueblo enturbiara su mente, cancelando momentáneamente su acostumbrada sumisión a la voluntad divina. Su ira se volvió una tempestad en su mente y espíritu, acabando con su calma, haciendo naufragar el barco de su intelecto, ahogando a la razón, y usted se hundió, bien que temporeramente, en la desobediencia a su Creador y Señor. No estamos juzgando, pues somos muy inferiores a usted; solo intentamos comprender las causas tras aquella desobediencia, la cual le costó carísimo, no permitiéndole Dios entrar en la tierra prometida, pese a las gloriosas hazañas suyas durante aquellos largos años –más de cuarenta- cuando iba frente a Israel, humildemente dejándose guiar por Jehová de los ejércitos.

LECCIONES. “Sentimientos que se sobreponen a mandatos divinos claros” constituyen uno de los males religiosos más grandes de actualidad. “Siento en mi corazón que Dios me salvó cuando acepté a Cristo en mi recámara… cuando iba guiando… al leer la Biblia. No, negativo; no me ha bautizado para perdón de pecados. El bautismo no es necesario. Tampoco pertenezco a una iglesia. Pero, ¡soy salvo! Mi corazón me lo dice.” Bueno, si usted lo dice. Pero, sepa que los mandatos de Dios son claros. “El que creyere y fuera bautizado, será salvo…” (Marcos 16:15-16). “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Moisés, arrebatado por sus sentimientos, quebrantó mandamientos bien específicos de Dios. Jehová no fue movido por los sentimientos de él, por justificados que fueran; exigió obediencia. No vemos en el Nuevo Testamento que su posición al respecto haya cambiado.

Hoy día, la ira en algunos siervos de Dios los lleva a infringir ordenanzas divinas y lastimar a feligreses o seres queridos. Predicadores que golpean al púlpito; también a la congregación, o al público en general, con ataques verbales violentos. Ancianos (pastores, obispos) que golpean a la mesa donde se encuentran reunidos para tomar decisiones, aun habiendo casos de quienes se agreden físicamente. Maestros que pierden los estribos cuando contradichos o retados sobre alguna cuestión por miembros de la clase. Ministros del Señor que se manifiestan tranquilitos en el ejercicio de sus encomiendas, pero que son iracundos en el hogar, quebrantando normas divinas. Por ejemplo, la que dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos para con ellas” (Colosenses 3:19). O la que aconseja: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos…” (Efesios 6:4). No faltan los que, subida su ira, levantan la mano, como Moisés, airado, “alzó… su mano”, dando bofetadas o puños a la esposa, o al hijo. Bien que estos provoquen con importunos, falta de respeto o malas conductas, el esposo y padre que administra la Palabra de Dios es menester que no dé rienda suelta a su enfado o indignación, ejercitando dominio propio y máxima paciencia tanto en el hogar como en la iglesia.

¿Poca cosa, poca diferencia, lo de hablar a la peña o golpearla? Amado, ¡no era poca cosa para Jehová Dios! Había dado una orden muy específica; Moisés y Aarón estaban en el deber de acatarla tal cual dada. No haciéndolo,  “…Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado”. Así que, Dios interpreta la desobediencia de los dos como no creer en él. “Por cuanto no creísteis en mí…” También como no santificarlo “delante de los hijos de Israel”. La clara implicación de esta expresión es que los israelitas ahí en Cades sabían que Dios había instruido a Moisés a hablar a la peña. No hablándola sino golpeándola Moisés, el pueblo observó el insólito acto atrevido de desobediencia. “Rebeldes” había llamado Moisés, con enfado, a los israelitas. Ahora, increíblemente, ¡él y Aarón también se hacen rebeldes!

Hoy día, los cristianos estamos en el deber de acatar los mandamientos del Nuevo Testamento. ¿Acaso piense usted, estimado lector, que “poca cosa sea” cuál Testamento sigamos, cuáles doctrinas y cómo las implementemos en la iglesia y nuestra vida cotidiana, que si rigorosamente, conforme dadas por el Espíritu Santo, o a nuestro antojo, como adaptaciones realizadas de acuerdo a nuestros gustos o interpretaciones personales? Pues, veremos, ya que el Nuevo Testamento está repleto de advertencias sobre falsos evangelios diferentes, “doctrinas de demonios”, engaños doctrinales, falsificación de la Palabra de Dios, etcétera, etcétera, con graves denuncias contra falsos apóstoles, falsos profetas, falsos maestros.

Mi convicción personal muy fuerte es que, hoy día, desobedecer las instrucciones claras y específicas del Espíritu Santo Dios también lo interprete como “no creer en él”, como no santificarlo ante la congregación y el mundo en general. Mejor, pues, seguir el mandamiento del apóstol Pablo para Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16), y que no seamos rebeldes, incrédulos, faltos de respeto para Dios en lo concerniente a sus mandamientos, sustituyendo los nuestros por los de él.

 

Consecuencias de la desobediencia en los casos de Aarón y Moisés

 

El sumo sacerdote Aarón muere en la cima del monte Hor, sin ver la tierra prometida, como castigo por su desobediencia. Número 20:22-29.

22 Y partiendo de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor. 23 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón en el monte de Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo: 24 Aarón será reunido a su pueblo, pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la rencilla. 25 Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor, 26 y desnuda a Aarón de sus vestiduras, y viste con ellas a Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá. 27 Y Moisés hizo como Jehová le mandó; y subieron al monte de Hor a la vista de toda la congregación. 28 Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. 29 Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas la familias de Israel.

Moisés ve la tierra prometida desde “la cumbre del Pisga”, pero no se le permite pisar a aquella tierra bendita, castigo por su desobediencia en Cades. Deuteronomio 34.

Deuteronomio 34. “Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, 2 todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental; 3 el Neguev, y la llanura, la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar. 4 Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. 5 Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. 6 Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy. 7 Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.    10 Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; 11 nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, 12 y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel.”

 


 

“Airaos, pero no pequéis”

Emociones explosivas: mal común de muchísimas personas hoy día. EJEMPLO: ¡Rabia animal de conductores de vehículos! ¡Furia enloquecida en las carreteras! Agresividad belicosa y violenta. Peleas, puñaladas, tiros y muerte. Tres imágenes-diapositivas en jpeg para la proyección digital.

 

  

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