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-Mayo de 2005
-Derechos reservados
Folleto para el evangelismo.
-Seis páginas. Dos dobleces.
-Tamaño del folleto doblado: 8 por 13 centímetros.
-Tipos y tamaños de letra conservados en esta edición
para el Internet, pero no el tamaño del folleto.
-Gráficos incluidos en el folleto.
“La iglesia ideal, según Dios”
Concebida por Él. Establecida por Cristo. Ordenada por el Espíritu Santo. Hecha realidad por los apóstoles.
¿La conoce usted? ¿A la que Cristo ama tanto que se dio a sí mismo por ella, santificándola?
Doce atributos divinos de la iglesia ideal.
1. Conoce su propia procedencia y desarrollo. Según sus documentos oficiales (el Nuevo Testamento), nació en Jerusalén, en el día de Pentecostés, diez días después de la ascensión del Santo Ser que sería su Cabeza y Rey (Hechos 1 y 2). Durante su etapa inicial, los apóstoles se valieron de los dones sobrenaturales para guiarla (Efesios 4:8-16). Una vez dotada de “toda la verdad” que el Espíritu Santo debía traer (Juan 16:13), y perfeccionados sus ministerios, alcanza “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Ya madura en “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo”, cuenta con lo necesario para ejecutar su misión en la tierra, sin apoyarse en continuos prodigios y señales. Hace llegar “a toda criatura” (Marcos 16:15-16) el evangelio completo, instrumento del “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16).
2. La iglesia ideal es “santa y sin mancha”, no teniendo “arruga ni cosa semejante” (Efesios 5:27), conduciéndose “como una virgen pura” desposada “con un solo esposo… Cristo” (2 Corintios 11.2). La iglesia ideal está en el mundo, pero “no es de este mundo”, pues es “casa espiritual”, y no material o carnal (Juan 17:11-16; 18:36; 1 Pedro 2:5).
3. Sus obispos, evangelistas y demás ministros son ejemplos “de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”, siendo justos, irreprensibles, prudentes, amables, apacibles, no dados al vino, no codiciosos, no avaros, sin doblez y aptos para enseñar o corregir “con mansedumbre” (1 Timoteo 3:1-13, 4:12-16; 2 Timoteo 2:22-26; Tito 1:5-10).
4. Sus obispos (pastores) son hombres casados que gobiernan “bien su casa”, teniendo “a sus hijos en sujeción… (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)”. No son neófitos (jóvenes o principiantes.1 Timoteo 3:1-7). Apacientan “la grey de Dios…, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío… sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:1-4; Hechos 20:28; 2 Pedro 2:1-3). Al menos dos obispos guían cada congregación ideal (Hechos 14:23; Tito 1:5).
5. La iglesia ideal “está sujeta a Cristo”, obedeciendo a su Cabeza (Efesios 5:21-33). Él la instruye: “Hágase todo para edificación. Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:26, 40); ella acata, imponiendo el “buen orden” (Colosenses 2:5). Su voluntad dispuesta, pronta obediencia, decoro y reverencia adornan “la doctrina de Dios”, quitando “al adversario… ocasión de maledicencia” (Tito 2:10, 1 Timoteo 5:14).
6. Honra a su Cabeza, tomando su nombre, identificándose ante todo el mundo como la “iglesia de Cristo” Romanos 16:16), “del Señor” o “de Dios” (Hechos 20:28; Efesios 3:14-16; 1 Corintios 10:32), pues a Cristo pertenece, y no a cualquier otro señor.
7. Alaba a su Señor “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), sabiendo que le agradan los “sacrificios espirituales” ofrecidos conforme a su Nuevo Testamento (1 Pedro 2:5; Hebreos 13:15). Enseñada según la nueva “ley de Cristo” (1 Corintios 9:21), entiende perfectamente que a su Señor no le agradan las alabanzas del Antiguo Testamento, ya que él abolió en la cruz aun el sacerdocio levítico mismo, con todos sus ritos y cultos (Hebreos 7:12; Colosenses 2:14-16).
8. Acude fielmente cada “primer día de la semana (cada domingo) para partir el pan” (Hechos 20:7; 2:42), es decir, “comer la cena del Señor”, efectuando este acto solemne “en memoria” del sacrificio de Cristo. Todos los miembros aprobados participan no solo “de aquel mismo pan” sino también beben todos de “la copa de bendición” (1 Corintios 10:16-22; 11:17-34), pues Cristo enseñó enfáticamente: “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:53-58).
9. No dejando los feligreses de congregarse (Hebreos 10:25), “cada primer día de la semana cada uno” pone “aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2), ofrendando alegre y generosamente, “como propuso en su corazón” (2 Corintios 9:6-7). La iglesia fiel no hace mercadería con objetos religiosos, ministerios o cultos (1 Timoteo 6:3-10). Tampoco impone el diezmo, pues todo el sistema levítico, incluso vestimentas, holocaustos y diezmos, fue abolido en la cruz (Hebreos 7:12-28; 8; 9).
10. Obra divina armoniosa en todas sus facetas y funciones, la iglesia ideal ha perfeccionado la unidad de pensamiento y acción. Ya que sus miembros siguen “una sola regla” (Filipenses 3:16), el Nuevo Testamento, el cual es “la perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 1:25), pueden estar “perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10), cumpliendo la plegaria de Cristo “para que sean perfectos en unidad” (Juan 17:21-23).
11. Ocupada constantemente en su tarea principal a favor de las almas en pecado, proclama perdón y reconciliación para con Dios mediante el sacrificio y la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:1-8). No tan “solo por gracia”, ni “por fe sola”, sino también “por la obediencia a la verdad” (1 Pedro 1:22). Predica “conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11), teniendo cuidado de no ir más allá “de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6) en la Biblia. No resta del Plan Divino. Anuncia fielmente los términos para perdón establecidos en la Gran Comisión: fe, arrepentimiento e inmersión en agua “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. “El que (a) creyere, y (b) fuere bautizado, (c) será salvo” (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Lucas 24:45-49). Bautiza “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38).
12. Espera ansiosa y gozosamente el glorioso retorno de su Señor, conforme a la promesa “vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:1-3). Sabe que “los muertos en Cristo resucitarán primero” y que los “traerá Dios con Jesús” en su regreso (1 Tesalonicenses 4:13-16). Luego los justos vivos que haya en la tierra serán “transformados” (1 Corintios 15:51-52) y “arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17), recibiendo todos los salvos la “herencia incorruptible… reservada en los cielos” (1 Pedro 1:4), y no en esta tierra.
Querido lector, muchos cristianos ya tienen el firme propósito de hacer realidad en la tierra la iglesia ideal, según concebida, diseñada y presentada por Dios mismo. Por difícil que sea lograr a perfección su realización, persiguen tenazmente la meta. “Así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25-27), también ellos la aman, valuándola como la preciada “posesión adquirida” (Efesios 1:14), “la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Y usted, ¿la aprecia y ama? ¿Acepta que Cristo es “su Salvador” (Efesios 5:23)? ¿Desea que el Señor le añada a ella, de la manera que “añadía cada día”, desde el principio, “a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:42)? Pues, las condiciones son las mismas establecidas en Pentecostés: creer, arrepentirse y sumergirse (zambullirse) en agua (bautizarse), sometiéndose al bautismo (inmersión) como requisito “para perdón de los pecados” (Hechos 2:37-41; 22:16; 1 Pedro 3:21). Acatándolas, y perseverando “en la doctrina de los apóstoles” hasta el fin (Hechos 2:42), recibirá la corona de vida eterna. A cualquier hora que Cristo le llame podrá usted responder confiada y felizmente.
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