Procurando el BALANCE
entre lo POSITIVO y lo NEGATIVO

 

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Evitando ser portavoz de la Palabra de Dios
¡parado sobre una sola pierna!

Faltas en apóstoles, evangelistas, ancianos,
diáconos, maestros, maestras y congregaciones

¿Quién se atreve a tocarlas?

 


 Frente a la congregación, pero ¡con manchas en el pecho!

 

Se propone echar un vistazo a las muchas faltas, torpezas,
errores, aun fracasos y pecados, de la iglesia del siglo I.

De sus apóstoles, profetas, evangelistas, ancianos,
diáconos, maestros y maestras.

Con el propósito de descubrir cualquier patrón asentado por Dios
para el manejo espiritual y sabio de los males que aflijan a
congregaciones, y, además, para el trato de los culpables.

Estudio 4 de la serie...

Discriminaciones en las iglesias de Cristo

Patrones de organización congregacional

Papeles y trato de líderes

 

En nuestra “Nueva Edad de Tolerancia sin Barreras e Inclusión de Todo y Todos”, quizás casi ninguno se atreva a tocarlas.

El lema de esta “Nueva Edad” es: “Tú estás bien; yo estoy bien”.

Y el sentido de este lema es: “Estoy bien en todo aspecto de mi vida y conducta. ¡En TODO! Así que, no me critiques en nada. Y yo te trataré de la misma manera”.

See the source imageAplicable a todo estilo de vida, conducta social y moral, moda, filosofía, y religión. “No me juzgues en nada, como yo no te juzgo en nada. Haz lo que te guste, seas como quisieras ser. Yo haré otro tanto. Sin recriminaciones tuyas o mías.”

 “¿Faltas? ¿Qué faltas? Todos las tenemos. Entonces, no me señales las mías, y yo no te señalo las tuyas. Vivamos en paz y armonía.”

Claro, esta es la “paz y armonía” que todo el mundo desea. La “paz y armonía” que sirvan como grandes y abultados mantos suaves y confortantes que cubran todas nuestras faltas, torpezas, errores, egoísmos, fracasos, vicios, obsesiones y pecados.

Como en la vida social-moral-material, asimismo en la religiosa-espiritual.

En este ámbito amorfo moderno, al atrevido que toque “faltas, torpezas, errores, etcétera” se le tilda de “insensible, un anacronismo, sentencioso sin amor, prejuicioso intolerante, criticón, malhumorado quisquilloso”, o peor.

Aquí viene el “sin embargo” molestoso.

Mas, sin embargo, rehusar reconocer faltas, torpezas, incumplimiento, errores, pecados, etcétera, elimina, efectivamente, mejoras, lo cual nos condenaría a cargar nuestras faltas, por dañinas, penosas y contraproducentes que sean, a través de los años, hasta la muerte.

Pese a que hubiera la posibilidad de corregirlas, aun de borrarlas completamente, para alivio, salud y disfrute placentero día tras día, incluso, por la eternidad.

Observaciones aplicables, pienso, a las faltas de líderes espirituales y congregaciones. ¿Qué piensas tú?

En cuanto a las faltas y los errores serios míos, recién graduado yo de estudios universitarios e iniciándome a tiempo completo en el ministerio de la Palabra, a los pocos meses, en una reunión de los varones dirigentes de la congregación, en la que no había ancianos constituidos, cierto hermano identificó lo que él calificaba como una falta bastante grave en mí, refiriéndose a un tono demasiado negativo que, según él, caracterizaba mis mensajes.

Sentí como si me hubiese asestado un golpe fuerte en el pecho, quedándome sin aire, aplastado, sin palabras, avergonzado. En presencia de los demás varones cristianos, todos mayores que yo.

Rápido, mi mente y espíritu hicieron una revisión de mis actitudes y mis criterios para sermones frente a la congregación.

Concluida la reunión y antes de llegar a casa, ya sabía yo que el hermano tenía toda la razón. Entre lágrimas, se lo conté todo a mi joven esposa.

Desde aquella noche, la trayectoria de mi ministerio cambió drásticamente. Para lo mejor, estoy completamente seguro. Aquel hermano, llamado Jack Womack, llegó a ser mi verdadero “padre en la fe”. Más que cualquier otro predicador o profesor. Porque tuvo la inteligencia y valor espirituales para enderezarme, haciéndome reconocer faltas y errores dañinos en mi ministerio.

Seguimos trabajando con la congregación casi tres años, especialmente con la juventud. Luego, mi esposa y yo decidimos trasladarnos a un pueblo en otro estado, donde hacía falta mucho evangelismo para fortalecer la obra.

El hermano Womack, con su esposa Virginia, enfermera registrada y cristiana tan dedicada como su esposo, también se mudaron a otro estado, cerca de su hija. Allá, en adición a la ferretería que estableció, Jack comenzó a predicar los domingos para una congregación pequeña de un área agrícola.

Siempre manteniéndonos en contacto, el hermano Womack nos ayudó a conseguir sostenimiento para el trabajo de evangelismo que comenzamos en Puerto Rico, y, precisamente, fue él quien hizo factible la compra de la primera prensa obtenida en Puerto Rico para el proyecto de imprimir materiales para el evangelismo mediante la página impresa. Ya hace años, Jack y Virginia murieron en el Señor.

¡Compadezco al obrero de Cristo que no haya tenido un "Jack Womack" en su vida! Sí, porque sin el tal, pueda uno seguir adelante airoso y confiado, ¡sin darse cuenta de faltas, errores y conductas que empañen y limiten sus ministerios! Por cierto, estado real y actual de no pocos. Tenso y peligroso para la iglesia.

Así pues, con las aportaciones positivas y sabias de cristianos maduros a lo largo de mis años de ministerio, corrijo algunas faltas, aunque solo en parte, y elimino algunos errores, adquiriendo, con el andar del tiempo, ¡todavía otros!

De manera que el proceso de mejorar ¡no lo debería detener yo hasta el día de partir de este mundo plagado de imperfecciones, deficiencias, debilidades, faltas y tachas!

Siendo así nuestra condición, ¿con qué lógica resistir y censurar fuertemente la mera idea de intentar identificar actitudes, creencias, falta de información, procedimientos tradicionales, patrones de organización, innovaciones en las alabanzas, influencias mundanas o sectarias, etcétera? Potencialmente dañinos y contraproducentes, aun fatales, para líderes espirituales y congregaciones.

Desde luego, hacerlo, nunca con malicia ni el espíritu agresivo, confrontacional, o belicoso de solo señalar, criticar, denunciar, acusar y condenar, sin ofrecer nada positivo. Ni con el espíritu altanero de sabelotodo, de buscapleitos, de divisionista por profesión.

Más bien, con humildad y respeto para todos. Con el espíritu manso y apacible de corregir mutuamente lo deficiente (Tito 1:5). Para una iglesia más auténtica, pura, leal, obediente, brillosa ante el mundo de tinieblas, las que llaman luz.

“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” 2 Timoteo 2:24-26.

Efectuando tal “siervo del Señor… amable…sufrido” investigaciones y haciendo análisis encaminados hacia el mejoramiento, purificación y efectividad de las misiones asignadas por Dios a su iglesia, incluso la implementación muchísimo más amplia y eficaz de la Gran Comisión. Siempre procediendo amorosa, objetiva y desinteresadamente.

Sin ser denunciado como malintencionado, mal motivado, que cause desasosiego en la hermandad, que falte el respeto al liderazgo actual, que ponga en tela de juicio todo lo tenido por absolutamente cierto y sagrado hasta el momento, aunque no aparezca con diáfana claridad en el “nuevo pacto” de Cristo. Porque, poseyendo credenciales bíblicas impecables, certeramente, ¡derecho tiene de hacerlo!

Las tareas de esta categoría corresponderían, dicho sea de paso, más bien a los maduros en ministerios, y no a neófitos recién salidos de institutos o universidades que ofrecen cursos, aun diplomas, de adiestramiento ministerial.

Atañen, bíblica y lógicamente, a experimentados en ministerios que tengan los conocimientos adecuados y las experiencias prácticas que los capaciten para analizar inteligente y profundamente estos asuntos. No, en definitiva, a principiantes faltos de vivencias personales y las perspectivas sobre tiempos y corrientes necesarias para tratarlos críticamente, con perspicacia y precisión comprobables.

Por cierto, la intromisión prematura de neófitos, especialmente los carismáticos y elocuentes, en estas áreas del saber espiritual ha creado, a través de los años, décadas y siglos, no poco estrés en la iglesia, aun divisiones y apostasías.

Como fue el caso de aquel que tildó a la iglesia de Cristo de ser “nada más que una secta religiosa grande y enferma”, remachándolo al añadir: “Y quiero decir ¡grande y enferma!

Luego él, hombre joven, con la congregación que lo había entronado como “ministro principal”, comenzaron a introducir doctrinas y prácticas que eran sí del sectarismo religioso.

Reservo su identidad, más la de la congregación, para no despistar la atención del lector, de la lectora, de la meta prioritaria de este humilde escrito.

La META es echar un vistazo a las muchas faltas, torpezas, errores, aun fracasos y pecados, de la iglesia del siglo I. De sus apóstoles, profetas, evangelistas, ancianos, diáconos, maestros y maestras.

Y comprobar que, lejos de esquivarlos, pretender que no existieran, o sepultarlos en las tumbas de indiferencia, tolerancia e inclusión, las sacan a la luz el propio Dios y Padre, conjuntamente, con Jesucristo, y el Espíritu Santo, mediante los apóstoles, evangelistas y profetas, haciendo que los culpables los confronten y enseñándolos cómo eliminarlos, a la vez, advirtiéndolos las consecuencias de no hacerlo.

Y la META es realzar este procedimiento divino como patrón a implementarse durante toda la Era Cristiana, sin eximir la presente “Nueva Edad de Tolerancia sin Barreras e Inclusión de Todo y Todos”.

Patrón divino que requiere someter, de cuando en cuando, a todo obrero espiritual y a toda congregación al escrutinio inteligente, imparcial y amoroso.

Tarea que corresponde, recalcamos, a los evangelistas maduros que hagan, de verdad, la “obra de evangelista” (2 Timoteo 4:5), y a los ancianos “que gobiernan bien” (1 Timoteo 5:17).

Huelga decir que nada de esto que estamos trayendo sería nuevo para el evangelista competente del Nuevo Pacto (2 Corintios 3:6), ni para el anciano plenamente cualificado y experimentado (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-10; Hechos 20:28-31).

Veamos, pues, el patrón implementado en el siglo I. Algunos ejemplos, nada más, de muchos registrados en el Nuevo Testamento.

See the source imageComencemos con la iglesia de Cristo en la importante ciudad portuaria de Corinto, con hasta medio millón de habitantes en el siglo I. “Mucho pueblo” decía Dios tener en Corinto (Hechos 18:9-11), y el apóstol Pablo permaneció allá un año con seis meses sacando ese “pueblo” de las inmundicias gentilicias y los dogmatismos judíos. Así pues, congregación grande de quizás centenares de miembros. Muchos de ellos dotados de dones sobrenaturales conferidos por Pablo. 1 Corintios, los capítulos 12, 13 y 14.

Al poco tiempo de salir Pablo de Corinto, empieza a recibir noticias desconcertantes que revelaban un asombroso deterioro rapidísimo, doctrinal y moral, de la congregación.

See the source imageDivisiones graves. Inmoralidad sexual de tal categoría que ni aun se nombraba entre los gentiles inconversos. Que la feligresía en general toleraba a los culpables. Contiendas sobre el consumo de carnes ofrecidas a ídolos. Sobre usar las damas cristianas, o no, el velo que mujeres griegas y romanas castas debían usar entre el público. Sobre la resurrección. Además, errores garrafales en la celebración de la Cena del Señor, al igual que sobre el uso de los dones sobrenaturales. Etcétera, etcétera. Completar la lista tomaría bastante espacio adicional, como bien sabe el estudioso de las epístolas redactadas por Pablo para la iglesia en Corinto.

¿No enfrentar Pablo esta penosa y vergonzosa situación en Corinto? ¡Impensable! Guiado por el Espíritu Santo, confronta, con autoridad de apóstol, con tremendo vigor, con argumentos y censuras, con amor y paciencia, a la numerosa congregación. Insta al arrepentimiento; a la pronta eliminación de tantísimas imperfecciones, faltas, abusos, errores y pecados.

See the source imageEl patrón se pone de relieve de forma impresionante en las siete cartas a las siete iglesias de Asía. Apocalipsis 2 y 4. La carta dirigida por Cristo a la iglesia en Éfeso es representativa de las siete.

Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos… Pero tengo contra ti…   arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar…”  Apocalipsis 2:1-7.

Reconocer y alabar lo bueno. Identificar y censurar las fallas. Este equilibrio de análisis y evaluaciones se hace patente en muchos textos relevantes del Nuevo Testamento. Aspecto del patrón que deberíamos seguir religiosamente para que haya balance entre lo positivo y lo negativo.

El patrón queda asentado fuertemente en las instrucciones para el evangelista Timoteo.

 “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2 Timoteo 4:1-2.

Dos verbos positivos y dos negativos definen el verbo predicar, a saber: instar y exhortar; redargüir y reprender. Y este es el patrón que deberían seguir todos los “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10-11), en todo tiempo y lugar de la Era Cristiana.

No faltando nunca la continua aplicación de la directriz que matiza los verbos con auras de amor, bondad y verdad para todas las almas, a saber: “…con TODA PACIENCIA y DOCTRINA”.

El mismo patrón es evidente en la siguiente enseñanza de Pablo, también para el evangelista Timoteo, la que, por ende, se hace extensiva para todo obrero que ministre “la palabra”. De nuevo, el apóstol Pablo escoge dos verbos positivos y dos negativos para explicar para qué es “útil” “la Escritura… inspirada”.

See the source image“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17.

Resulta, pues, parado sobre una sola pierna aquel portavoz de “la palabra” que emplee solo los verbos positivos, como, también, aquel que emplee solo los verbos negativos.

Aquel patrón el evangelista Tito lo debería seguir en la implementación de su propio ministerio. Pablo le escribe:

“Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente…” Tito 1:5.

Además, Pablo le manda a establecer “ancianos en cada ciudad” de la isla. Estar plenamente preparado para aplicar el patrón era requisito indispensable para cualquier candidato a la posición de anciano, pues tenía que ser:

“…retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene.” Tito 1:9-11.

El patrón salta a la vista…

See the source imageEn las reprensiones severas, “delante de todos”, del apóstol Pablo para el apóstol Pedro y el evangelista Bernabé al disimularse estos dos con los judaizantes, cayendo en los pecados de discriminación por raza y pura “hipocresía”. Gálatas 2:11-19.

¡Pecados tan grandes y feos por un apóstol y un evangelista! Nos quedamos atónitos y perplejos. Mas, sin embargo, sus fallas mayúsculas resaltan el peligro real de caer hasta los gigantes de fe y obras en cualquier época o lugar. Y así, hemos de ser precavidos todos los que administramos la Palabra.

En la exhortación, con censura velada, para las dos damas cristianas Evodia y Síntique, al efecto de que fueran “de un mismo sentir en el Señor”. Identificadas por nombre en una carta a ser leída ante toda la congregación, como, además, eventualmente, ¡por infinidad de mujeres y hombres cristianos durante toda la Era Cristiana! Filipenses 4:2.

En las reprimendas duras del apóstol Juan para Diótrefes, a quien le gustaba “tener el primer lugar” entre los feligreses, no recibiendo al apóstol Juan, sino que parloteaba “con palabras malignas” contra él, expulsando de la iglesia a los que no estuvieran de acuerdo con sus acciones. 3 Juan 1:9-10.

En las denuncias por Pablo contra Himeneo, Alejandro y Fileto, acusados de perversiones doctrinales. 1 Timoteo 1:18-20; 2 Timoteo 2:16-18.

En las fuertes advertencias y condenaciones fulminantes del apóstol Pedro contra mercaderes del evangelio, atrevidos y contumaces de toda calaña. Repetidas por Judas, hermano de Jacobo, en su epístola. 2 Pedro 2:1-22; Judas 1:3-16.

Y la lista sigue.

Apoyándome en este patrón bíblico plenamente patente en tantísimos textos del Nuevo Testamento, y pensando, humildemente, orando no equivocarme, sin sombra de jactancia vanidosa, tener las credenciales de evangelista experimentado y probado, dando toda gloria y honra al Señor, considero tener el derecho, aun el deber, de examinar derroteros de las iglesias de Cristo de actualidad, y de escrutar, “siempre con paciencia y doctrina”, amor fraternal y objetividad, las ejecutorias de los hermanos y las hermanas que administren la Palabra de Dios en ellas.

Consiente de que los cualificados de entre ellos tienen el mismo derecho de auscultar el testimonio, las enseñanzas y las obras de este servidor.

¿Por qué tomar yo los riesgos y pasar el trabajo de semejante revisión?

Bueno, porque el Reino de Dios, visible en el planeta Tierra mediante la iglesia, importa muchísimo para mí. La calidad de su presencia, su testimonio moral-espiritual, la dignidad, inteligencia espiritual y eficacia de sus ciudadanos, los cuales son, “embajadores” del Reino “no de este mundo… no de aquí”.

Por lo tanto, me incumbe velar por él, como le incumbe a todo buen ciudadano de él, esforzándome para no restar yo mismo ni una pizca de su gloria y poder ante los reinos seculares-políticos-mundanos del globo terráqueo material, y colaborando con los demás ciudadanos espirituales en sus propios esfuerzos para lograr lo mismo.

Lamentablemente, de la manera que en la iglesia del siglo I había no pocos embajadores del Reino que lo desprestigiaban, algunos levemente, otros, hasta bárbaramente, asimismo hoy día, según mis abundantes observaciones y experiencias.

En mi rol de evangelista, mi deber ante los tales es el mismo que el de evangelistas tales como Timoteo y Tito. Deber que, en este contexto, también tenían los apóstoles, profetas y ancianos fieles al Señor del siglo I.

Contando con este trasfondo de las congregaciones y los obreros espirituales del siglo I, procedo a desarrollar el tema previamente anunciado.

¡ANCIANOS al FRENTE y al CENTRO
en cada CONGREGACIÓN!

 


 

 

 

Texto fácil de leer. Diez fotografías y gráficas.

 


 

Estudio 1 de Discriminación en las iglesias de Cristo

Estudio 2 de Discriminación en las iglesias de Cristo

El trato de ancianos a las minorías en la congregación mixta multirracial-multinacional-multiétnica. El trato de cristianos hispanos a los ancianos. El bulto de prejuicios y discriminaciones de minorías.

Estudio 3 de esta serie. Ancianos que delegan algunas de sus funciones, deberes y responsabilidades a terceras.

 

Los cristianos y las naciones
seculares-materiales-políticas
del mundo

 

https://www.youtube.com/watch?v=e44r54IXiGM&t=593s

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