El tercer cielo, el segundo, el primero. ¿Cuál cielo es cada uno? ¿A cuál fue arrebatado Pablo?

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El tercer cielo, el segundo cielo, el primer cielo: ¿cuál cielo es cada uno? ¿Para quién la herencia incorruptible “reservada en los cielos”?

 

Este hermoso abstracto de rayos multicolores que salen del centro en direcciones contrarias, con hoyos en el espacio y un cuerpo de luz en cada uno, ilustra el tema El tercer cielo, el primero y otros cielos, en editoriallapaz.org.

 

 

“Estimado hermano Shappley,  

El TODOPODEROSO te bendiga en este preciso momento. En esta oportunidad que tengo necesito preguntarte sobre el cielo, ya que considero que eres un maestro idóneo para enseñar. Mi inquietud se debe a que el apóstol Pablo se refiere al tercer Cielo. Si el tercer cielo es donde mora Dios, ¿dónde o cuál es el primer cielo y el segundo cielo? Es todo por el momento. Espero contar con su ayuda y que me responda a mi dirección de correo electrónico. Su hermano, Moisés.”

Amado hermano Moisés:

Pláceme saludarle en el nombre del Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

Agradezco su confianza en este servidor. Anhelo ser maestro mucho más capacitado, para serle más útil a las almas que aman la verdad.

Encontramos intrigante su interrogante acerca de los "tres cielos".

"El primer cielo" Apocalipsis 21:1 lo identifica como el cielo visible de este mundo material que habitamos. Dice: "El primer cielo y la primera tierra pasaron." Este “primer cielo” que pasará, ya que es cosa visible, y, por ende, temporal (2 Corintios 4:18), se compone de la atmósfera que cubre el planeta Tierra, y, también, cuerpos celestiales del vasto universo material: la luna, el sol, con sus planetas, la Vía Galáctica, con sus millones de estrellas, y las demás galaxias, incluso cometas, meteoros, etcétera.

"El tercer cielo" pudiera que sea el "paraíso", el del Hades. "Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años... fue arrebatado hasta el tercer cielo", dice Pablo en 2 Corintios 12:2, refiriéndose a sí mismo, sin divulgar enseguida lo que viera o escuchara allí. En el versículo cuatro, el apóstol arroja un poquito más de luz sobre su experiencia, añadiendo que él "…fue arrebatado al paraísodonde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar". “…fue arrebatado hasta el tercer cielo… fue arrebatado al paraíso.” ¿Fue llevado Pablo a dos lugares celestiales distintos? Dudoso, aunque no imposible. El sentido natural de su relato es que fue arrebatado a un solo lugar celestial, el cual es identificado por dos nombres: (1) "el tercer cielo" y (2) el "paraíso". De ser así, "el tercer cielo" sería sinónimo de "paraíso", y si esto es correcto, entonces se deduce que el apóstol Pablo no fue arrebatado al cielo donde mora Jehová Dios, ya que el "paraíso" que existe en la actualidad en las esferas espirituales es la parte del Hades donde aguardan los justos la resurrección. “Hoy estarás conmigo en el paraíso, dice Cristo al ladrón arrepentido (Lucas 23:43; Lucas 16:19-31). “Hoy”, en aquel día de su crucifixión, en el año 30 del siglo I de la Era Cristiana. “Hoy”, en aquel tiempo, y no en el futuro después del fin del tiempo y el universo. Desde luego, el Padre Dios no tiene su trono en aquel paraíso del Hades sino en el alto cielo, arriba de todos los cielos, donde él mora en “luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16).

Por otro lado, el “tercer cielo” pudiera ser el del "paraíso de Dios" prometido en Apocalipsis 2:7-10 "al que venciere… hasta el fin". Crece en aquel “paraíso de Dios” aún futuro "el árbol de la vida", y este árbol crece en la "tierra nueva" (Apocalipsis 22:1-5 ; Apocalipsis 21:1). Por lo tanto, el “paraíso de Dios” en el que vivirán eternamente los redimidos glorificados es sinónimo de la “tierra nueva” con sus “cielos nuevos”. Para este servidor, es del todo concebible que el apóstol Pablo fuera arrebatado “al tercer cielo” para contemplar, aunque fuera por un ratito, el “mundo venidero” (Hebreos 2:5), en preparación para los justos que triunfan en la tierra material, experiencia única que confirmaría para Pablo la certeza de las promesas de Dios el Padre y su Hijo Jesucristo en lo concerniente a lo por venir, conocimiento único que fortalecería grandemente al espíritu del sufrido apóstol, y, a través de él, a todo cristiano fiel.

Este “paraíso de Dios" sinónimo de la “tierra nueva” no es lo mismo que el "paraíso" del Hades, ya que este queda vacío al resucitar todos los justos, quienes pasan a ocupar el nuevo "paraíso de Dios", o sea, la "tierra nueva", y el Hades mismo es echado en el lago que arde de fuego y azufre (Apocalipsis 20:14).

Si el “paraíso de Dios… tierra nueva” es el tercer cielo, entonces, quizás el paraíso del Hades pudiera ser el segundo.

¿Qué número hace el cielo donde mora Dios? En verdad, este asuntito no parece tener gran importancia en el contexto del entendimiento de lo necesario para nuestra salvación eterna. Con todo, no carece totalmente de edificación, ya que considerar la pluralidad de “cielos” e intentar apreciar la relación del uno al otro sirve para enfocar nuestra atención en lo celestial, ¿cierto?

De hecho, el plural “cielos” es muy común en el lenguaje bíblico. “Tenemos… una casa… eterna, en los cielos” (2 Corintios 5:1). “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20).

A los ángeles Dios les asignó un lugar, o “morada”, en los cielos (Judas 6). En la pluralidad de “cielos”, ¿hace aquel lugar asignado a los ángeles algún número?

¿Hace el cielo donde mora Dios el número cuatro o el número cinco? Bien pudiéramos especular al respecto, pero, a mi humilde entender, no nos corresponde asignar algún número al cielo donde Dios tiene su gran trono. Lo cierto es que el cielo de Dios es el “más alto”, por encima de todos los demás “cielos”, en términos retóricos terrenales que entendemos nosotros los seres humanos.

Observamos que el apóstol Pablo no reclama haber sido arrebatado a la presencia misma de Dios y Cristo. En ningún momento divulga él las "palabras inefables" que oyó en "el tercer cielo” o "paraíso", ni identifica a su autor o autores. ¿Quién le habló aquellas "palabras inefables"? ¿Un ángel, o algún arcángel? ¿Enoc, Abraham, Elías? No se sabe.

“Herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielospara los renacidos de nuevo “guardados por el poder de Dios mediante la fe”.

Pues, el apóstol Pablo fue arrebatado, antes de morir, al tercer cielo. ¿Con qué propósito? Quizás no solo para tener él, en medio de sus tantos sufrimientos, sacrificios y labores espirituales, absoluta constancia personal de la veracidad de lo que predicaba sino también para dar evidencia fuertísima a todas las almas convertidas a Dios mediante sus grandes obras evangelísticas, y, por ende, a todos los convertidos en todo lugar y todo tiempo de la Era Cristiana, del poder de Dios para resucitar y/o transformar (1 Corintios 15:42-58) a todos los redimidos y llevarlos al “paraíso” celestial que él está preparando para ellos.

De manera que usted, querido hermano Moisés, y yo, y todos los que se convierten a Dios, permaneciendo fieles hasta la muerte física, o hasta la Segunda Venida de Cristo, ¡tendremos la misma experiencia que tuvo el apóstol Pablo! Y, ¡mejor todavía, pues no volveremos jamás al planeta Tierra, como tenía que volver él, para continuar luchando por la salvación! Una vez admitidos nosotros al “paraíso de Dios”, sinónimo de “cielos nuevos con tierra nueva”, ¡allá nos quedaremos sempiterno! Disfrutando eternamente aquella herencia celestial! Esto nos lo asegura el apóstol Pedro al escribir:

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (1 Pedro 1:3-6).

¿Herencia reservada dónde? “…en los CIELOS.” ¿Para quiénes? Para todo nacido de nuevo fiel hasta el fin. Sin acepción. No solo para 144,000. Recalcamos: ¡para todos, sin acepción! Ni por expresión explícita, ni por implicación, figuran solo 144,000 en las palabras del apóstol Pedro.

¿Cómo nos hace Dios renacer de nuevo? El apóstol Pedro apunta que Dios “nos hace renacer”, y Santiago da respuesta a la pregunta ¿Cómo? “Él [Dios], de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad(Santiago 1:18). Esta “palabra de verdad” es la misma que el Señor Jesucristo dirige al maestro judío Nicodemo, cuando le dice: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:1-7). Nacer del agua es bautizarse -sumergirse, zambullirse- en agua “para perdón de los pecados” (Hechos 2:36-47; Romanos 6:2-7) y nacer del Espíritu es sumergirse en las enseñanzas del Espíritu Santo, o sea, en “toda la verdad” revelada por él (Juan 16:13), recibiendo “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

¿Quiere ser guardado “por el poder de Dios” para recibir la herencia incorruptible reservada en los cielos? Pedro dice que esto se logra “mediante la fe”. Sin fe no puede ningún ser humano agradar a Dios (Hebreos 11:1-3). Siendo muerta la “fe sola”, sin obras, sin obediencia a los mandamientos de nacer del agua y del Espíritu (Santiago 2:14-26), es preciso validar la profesión de fe en Cristo mediante acatar los mandamientos de arrepentirse, bautizarse y perseverar en santidad. Así, se tiene “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6), y esta es la que trae la bendición de ser guardado “por el poder de Dios, para alcanzar la salvación” eterna y la herencia incorruptible “reservada en los cielos.

¿Quiere usted tener una experiencia más maravillosa que la del apóstol Pablo? ¿Ser recibido en los cielos para oír “palabras inefables” durante toda la eternidad? ¿Ver y experimentar “cosas” más espléndidas de las que jamás proyectara ser humano alguno? (1 Corintios 2:9) Están a su alcanza, con tal de creer usted de verdad que Cristo es el Señor, el Hijo de Dios, confesarlo con su boca, arrepentirse sinceramente y bautizarse bíblicamente, continuando fiel durante el resto de su vida terrenal (Romanos 10:9-17; Hechos 8:26-40).

Buscar, leer y obedecer los textos bíblicos citados no toma mucho tiempo, ni es trabajo para el alma que realmente ama a Dios y su Verdad Suprema.

Querido hermano Moisés, el Señor siga guiándole en su búsqueda de cada vez más entendimiento de las Sagradas Escrituras, como también a este servidor.

Para servirle en el amor de Cristo,

Homero Shappley de Álamo

 



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