¡Alzaré mis ojos...!

Salmo 121:1-2

I. Introducción

A. El Creador me ha dado dos piernas y dos pies para que ande erguido, con dignidad.

¿Por qué habría yo de andar todo doblado, o arrastrarme por el suelo?

B. Además, me ha dado dos maravillosos ojos, los que captan imágenes, a todo color, de todo lo que hay en derredor mío, para que al andar no tropiece, o, al ejecutar cualquier acción, no me lastime o me mate.

¿Por qué habría yo de frustrar el propósito de estos dos valiosísimos ojos?

C. “No se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”, apuntó el sabio Salomón en Eclesiastés 1:8. Y el apóstol Juan advierte que “los deseos de los ojos” son del mundo, añadiendo que “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:16-17).

D. En esta ocasión, mi enfoque principal no es sobre estos “deseos”, o pasiones, “de los ojos”, sino más bien sobre la orientación y el alcance de nuestra mirada, tanto literal como figurativa o espiritualmente.

1. Físicamente, estos ojos me permiten detectar una pajita pequeñísima en una taza de café.

2. Igualmente, hacen posible que vea en el cielo despejado de la noche, estrellas tan lejos que la distancia se mide en miles de años de luz, aun en millones, desplazándose la luz a 270,921 kilómetros (186,000 millas) por segundo.

II. El uso que doy a mis ojos en el plano físico-material evidencia muchísimo acerca de mi condición emocional, moral, psíquica y espiritual. Veamos. 

A. He aquí, la fotografía de un varón joven que anda con los ojos clavados en el suelo.

1. ¿Qué ve allá abajo?

a) ¡Tierra, polvo, fango! ¡Cemento, asfalto, grietas!

b)  Suciedad, basura, aguas contaminadas, acaso sabandijas, gusanos o talvez ¡una culebra!

2. Este uso de los ojos, y esta manera de andar o pararse, se interpretan como evidencia de espíritu desmoralizado, quebrantado; ánimo caído, inseguridad, falta de auto estima, esperanza perdida; quizá aun de mente entenebrecida, mal intencionada, peligrosa o, posiblemente, delictiva.

3. Queridos jóvenes y adultos jóvenes presentes, me parece no equivocarme al señalar como fenómeno algo alarmante de nuestros tiempos el hecho de que no pocos integrantes de las nuevas generaciones acostumbran andar, pararse o sentarse, mirando hacia sus zapatos, hacia el suelo o el piso.

¿A qué se debe este hábito curioso y muy imitado en algunos círculos?

¿Acaso estén admirando sus tenis de última moda?

¿O los aflija la timidez?

Mi percepción personal es que se trata de un tipo de lenguaje corporal cuyo mensaje contiene elementos de desinterés desafiante y agresiva beligerancia. ¿Acierto, sí o no?

Querido joven o adulto joven, tú te ves mucho más lindo y maduro al levantar tu cabeza y alzar tus ojos, honrándote a ti mismo como ser inteligente que sepa respetar a los seres humanos con quienes interactúes o que te observen.

Por favor, ¡alce tus ojos! Pues la vida que vale la pena no se encuentra en el suelo, sino arriba de él, en dimensiones más altas.

Pareja de enamorados4. Muy amados y respetados ancianos, observo en su grupo la misma tendencia de andar, pararse o sentarse con la cabeza inclinada hacia abajo y la mirada clavada en el suelo.

¿Por qué? ¿Acaso las enfermedades y la vejez les hagan encorvarse?

Por cierto, no es fácil erguirse derechito cuando la artritis y otras condiciones físicas negativas halan hacia abajo.

Aparte de lo físico y material, algunos factores de otras índoles bien pueden hacer al anciano doblarse, quizás aún más. Por ejemplo:

El desaliento profundo y perene, la soledad sin alivio, la acumulación pesada, a través de los años, del estrés, de sinsabores, decepciones, fracasos, ya reales, ya apercibidos como reales, la depresión agobiante, los temores al inexorable acercamiento de la muerte. Etcétera.

Con sincera reverencia hacia todos los ancianos presentes, los animo a esforzarse para enderezarse al máximo posible, tanto física como mental, emocional y espiritualmente, alzando los ojos hacia el espectacular horizonte de un nuevo mundo venidero y una nueva vida perfecta, continuamente renovada en la fuente inagotable de la inmortalidad.

5. El reto, tanto para jóvenes, adultos jóvenes y maduros, como para ancianos y todos los seres humanos en general, es: ¡Alzad nuestros ojos!

Tal y como determinó hacer el rey David de Israel, ejercer cada uno de nosotros la prerrogativa de la voluntad decidida, afirmando frecuente y resueltamente: 

“Alzaré mis ojos…”. ¡Alzaré mis ojos! ¡ALZARÉ MIS OJOS!

6. Quien no lo haga continuamente pierde bellezas y bendiciones a granel.

Un ejemplo sencillo personal de cómo esto puede suceder.

Una noche de luna casi llena, bajaba este servidor a pie, del taller donde trabajo, por la falda del monte, caminando hacia mi casa. Llegando al camino llano, andaba con la mirada clavada en la gravilla.

De repente, se formó en mi mente la pregunta: ¿Por qué estoy andando así, mirando el suelo, sin tener que hacerlo?

Levanté la cabeza y al alzar los ojos vi la silueta del gran árbol Laurel de la India que crece frente a nuestra casa. Muy alto, ancho y frondoso el árbol, contra el cielo iluminado por la tenue luz dorada de la luna.

Me quedé maravillado, contemplando mis ojos y mi espíritu tan majestuosa obra de la creación.

¿Y si no hubiese alzado mis ojos…? ¡Qué escena tan magnífica, trascendental, hermosísima, hubiese perdido! ¡Sin darme cuenta!

¿Te das cuenta? ¿Cuántas bellezas y bendiciones habremos perdido, cada uno de nosotros, por no alzar los ojos?

B. ¿Acaso te las pases mirando tu físico, tu atuendo y las cosas materiales y temporales en derredor tuyo? ¿Obsesionada, obsesionado, con todo ello?

girl looking in mirrorTodo tiene que ser perfecto, y de no serlo se te escucha refunfuñando, criticando o lamentando.

¿Miras a otros seres humanos con el mismo exigente e intolerante lente carnal y materialista?

1. Seguramente, aumentarán tus frustraciones, quejas y amarguras con el andar de los años, pues el deterioro del cuerpo de carne y huesos no lo podrás detener, desenlazándose este derrotero en la muerte.

2. El remedio, por lo menos en parte, para este mal uso de los ojos, para esta miopía mental y espiritual, es imponerte disciplina personal en lo referente a la atención dedicada a tu cuerpo físico, no exagerando, ni mucho menos obsesionándote con tu propio cuerpo, cayendo en el pecado de amor propio. Desde luego, hacerlo sin descuidar el aseo normal y necesario, ni ir al extremo de afear innecesariamente tu aspecto.

La exagerada atención prestada al cuerpo carnal es causa de muchos males emocionales, mentales y sociales.

Consabido es que obsesionarse cualquier persona con su apariencia física, sus atuendos, sus defectos, enfermedades y el inevitable envejecimiento, resulta contraproducente para la salud mental, como, además, para la salud del corazón y la del alma.

3. Certeramente, alzar los ojos es provechoso, tanto para el cuerpo físico como para el alma, cuando lo hacemos adrede mediante la acción decisiva de desviar nuestra mirada hacia personas menos afortunadas que nosotros.

En medio de cualquier crisis de nuestra existencia, podemos recobrar, a menudo, el equilibrio en todo aspecto de la vida, poniendo la mira en otros seres humanos que necesiten de nuestra ayuda, bien sea la material o la espiritual.

4. Sobre todo, ganamos “más excelente y eterno peso de gloria… no mirandolas cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven (incluso, el cuerpo físico) son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:17-18).

C. La gráfica abstracta de una cabeza humana llena del chisporroteo de un cerebro aturdido, con ojos sin brillo y mirada vacía, representa el estado del ser humano que pasa casi todo el tiempo mirando por dentro.

1. Contemplando y analizando sus propios estados mentales y emotivos distintos. Siempre cambiantes, con toda clase de variación, anomalía y asomos de desatinos, ya leves. ya efímeros, ya graves de verdad.

2. Cotejando y fiscalizando continuamente todos sus pensamientos, aun los más fugaces e imprecisos. Todas sus propias impresiones, percepciones, sueños, pesadillas. En fin, toda actividad cerebral, incluso todos sus sentimientos.

3. En cuanto a la introspección, practicarla moderadamente es razonable, necesario y saludable, mas, sin embargo, la obsesión continua con todos los procesos cerebrales suele desembocar en problemas emotivos-psicológicos serios, aun en la posible locura.

4. ¿Remedio?

Reorientar su mirada más hacia seres, cosas y regiones hallados fuera del entorno que gire casi constantemente alrededor del propio “YO” egoísta y encerrado.

Sí, hacia AFUERA de tu propio ser, mirando intensamente y estudiando objetivamente tanto el mundo espiritual, donde mora el Omnipotente Dios Creador, acompañado por su Hijo Cristo y millones de santos ángeles, como el universo material lleno de maravillas, siendo el planeta Tierra, con sus habitantes, la mayor de todas.

Ponerse fuerte consigo mismo, quitando su mirada de contornos interiores y virándola hacia esferas exteriores.

Aunque suene como una simplificación poco profesional, ¡funciona! Suele arrojar resultados positivos.

D. ¡Ver pantallas! Este es el uso principal que muchísima gente de estos tiempos modernos da a sus ojos.

1. Vivimos la “Edad de las Pantallas”. Grandes, medianas y pequeñas. Ubicuas. En salas de espera. En oficinas. En pasillos. En negocios. ¡Hasta en los quirófanos! En carros, camiones, aviones, barcos, tractores. Y en las casas, ¡ni hablar! Pantallas de…

a) Televisores

b) Monitores de computadora

c) Juegos electrónicos

d) Teléfonos inteligentes, ipads, etcétera

2. Para multitudes, la “pantalla” delimita, prácticamente, el alcance de su “mirada”.

3. Estas tantas “pantallas” dondequiera, ¿habrá sus contrapartes en el cielo? A lo mejor, ¡hasta en el infierno!

4. Reto: ¡Alzad tus ojos! Quitarlos de la pantalla por un rato. Mirar más allá de la “pantalla”.  Más allá del “mundo cibernético”.

¿Sabes que existe un mundo real allá afuera?

¿Que existe un mundo mejor más allá de este?

E. Sí, por cierto, ¡lo hay! Miremos, pues, hacia el cielo, el Paraíso, la gloria imperecedera y la inmortalidad.

1. Alzando tus ojos hacia los cielos literales, se supone que veas en ellos muy fuerte evidencia de la existencia del Creador Todopoderoso.

2. Te invito a clavar tu mirada en el futuro, particularmente en lo que tu Creador ha descubierto para los “ojos de tu entendimiento”.

3. Al hacerlo, estás mirando más allá de este mundo, más allá de tu propio cuerpo físico, más allá de las personas en derredor tuyo, incluso familia e iglesia.

4. Y, habiendo alcanzado tener una visión tan clara, es probable que no la pierdas jamás, pese a las importunaciones de lo físico, de las gentes meramente naturales, y aun de las personas que reclamen ser espirituales, sin serlo de verdad.

5. ¿Deseas disfrutar de la inmortalidad (Romanos 2:7-10), en un nuevo cuerpo espiritual perfecto, y residir eternamente en una nueva tierra perfecta?

¿Estás decidido, decidida, a echar “mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:12)?

¿Comprendes que la vida terrenal es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14)? ¿No te conformas con que tu existencia se reduzca a mera “neblina pasajera”?

¿Entiendes que la inmortalidad cambia totalmente esta condición, dotando la vida de solidez indisoluble, valor imperecedero y permanencia eterna?

¿Cuál de estas condiciones quieres para tu propia vida?

¿Qué sea mera “neblina”, o que se convierta en una realidad gloriosa por toda la eternidad?

III. Invitación

A. Te animo a ser como estas últimas personas que presentamos en fotografías. Que alces tus ojos hacia los bellísimos y eternos cielos de Dios.

B. El título de este mensaje se encuentra en el Salmo 121:1-2, diciendo el texto completo:  Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.

1. Quien tenga sus ojos clavados en el suelo, en su propio cuerpo físico, en el interior de su cráneo o en las pantallas electrónicas, las que representan intereses primordialmente terrenales, si bien no depravados, no ve “los montes”, simbólicos del reino eterno de Dios.

¿Has visto tú estos “montes” celestiales de Jehová Dios?

¿Han contemplado tus ojos al Todopoderoso Jehová Dios Creador “que hizo los cielos y la tierra”?

2. ¿De dónde vendrá tu “socorro” en el día de la muerte de tu cuerpo físico o en el día del fin del mundo y del tiempo mismo?

C. Sorprendentemente, algunos personajes de tiempos muy remotos podían ver muy, pero muy lejos, desde aquellas épocas antiguas, aun discerniendo, a través de las edades, la futura patria celestial, con su ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Entre ellos: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac y Jacob. 

“Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolos, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:16).

Y nuestra visión, ¿acaso tenga menos alcance?

D. ¿En qué, pues, poner los ojos? El consejo divino es:

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios (Hebreos 12:2).

1. Cristo pudo soportar la cruz porque fijó su mirada en “el gozo puesto delante de él”.

2. Si, de veras, queremos vencer toda prueba y ser premiados con la corona de inmortalidad, nos convendría seguir su ejemplo, poniendo nuestros propios ojos, primero en Jesucristo, como ejemplo por excelencia. Luego, en el mismo “gozo” que le motivó fuertísimamente, sosteniéndolo en medio del sufrimiento, y fortaleciéndole hasta que llegara a sentarse “a la diestra del trono de Dios”.

E. De nuevo, traemos a colación 1 Juan 2:16-17. “El que hace la voluntad del Padre permanece para siempre.”

1. “La voluntad del Padre” se expresa en las pautas de Cristo sobre la salvación. Él dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16).

2. ¿Deseas permanecer “para siempre”?

Pues, ¡haz la voluntad del Padre en esta misma hora oportuna, confesando fe en el nombre de Cristo y bautizándote “para perdón de los pecados”.

 


 

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