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Bautismos -artículos e intercambios en esta Web

Víctor pregunta: “¿Quiénes fueron bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?”

Argumenta, en defensa de “Jesús solo”, que Mateo no reprendió a Pedro cuando este dijo: “…bautícese… en el nombre de Jesucristo”.

El estanque de Siloé en Jerusalén -rendición artística basada en hallazgos arqueológicos.
Estanque de Siloé, en Jerusalén. Juan 9:7. Rendición artística basada en hallazgos arqueológicos. En Pentecostés del año 30 d. C., cuando fue establecida la iglesia, “como tres mil” fueron bautizados. ¿Dónde? Sin duda, en estanques tales como este. ¿En el nombre de quién o quiénes? Esta cuestión constituye el tema principal de este estudio.

El Sr. Víctor escribe…

"Qué el Señor Jesucristo los bendiga. Tengo una duda: ¿Quiénes fueron bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? Porque ya busqué y nadie fue bautizado en la Trinidad. Ahora, si así fuera el bautismo, ¿por qué Mateo no dijo nada cuando Pedro dijo que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados y recibirían el don del Espíritu Santo? Porque si eran muy celosos de las cosas que el Maestro les dijo que hicieran, Mateo lo hubiera reprendido en ese momento y le hubiera dicho que no se hiciera así el bautismo. Saludos."

Respondemos

Estimado Sr. Víctor, la gracia de Dios abunde en usted y los suyos.

-Pregunta usted: “¿Quiénes fueron bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?”, refiriéndose a los bautizados en el Siglo I de la Era Cristiana, conforme a la historia relatada en el libro de Hechos escrito por Lucas. Tengo a bien contestar, para comenzar, con otra pregunta. Sabiendo que el propio Jesucristo ordenó a los apóstoles a bautizar a los discípulos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19), ¿quiénes NO fueron bautizados “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, tal y cual mandó Cristo? Sr. Víctor, usted responde a su propia pregunta, afirmando, en efecto, que ninguno bautizado en aquel tiempo fue bautizado conforme a la directriz muy precisa de Cristo en Mateo 28:19. “Porque ya busqué”, apunta usted, “y nadie fue bautizado en la Trinidad”, deduciéndose que quiere decir: “…nadie fue bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Por razones que dilucidamos en este estudio, su búsqueda arrojó resultados que hemos de catalogar de extraños, distorsionados, contrarios a hechos obvios y doctrinas sencillas del Nuevo Testamento de Cristo.

-¿Qué palabras pronunciaron los apóstoles y demás predicadores inspirados del Siglo I cuando efectuaban el acto mismo de sepultar a personas en agua “para perdón de los pecados”? Revisamos cuidadosamente todos los casos de conversión relatados en Hechos donde se menciona el bautismo sin hallar respuesta explícita, palabra por palabra, cita exacta, que responda a esta pregunta. Su búsqueda, don Víctor, no descubrió este hecho importantísimo, y no dándose cuenta de él, usted llegó a una conclusión errónea sobre la cual fabricó el argumento acerca de “reprender Mateo a Pedro” en Pentecostés. Echemos un vistazo a los ejemplos de bautismo en Hechos.

Más de tres mil bautizados en un solo día, fotografía que nos ayuda a visualizar el bautismo de casi tres mil en pentecostés.
Más de tres mil bautizados en un solo día. Se inserta esta fotografía con el solo propósito de ayudarnos a visualizar los aproximadamente tres mil bautismos efectuados en el día de pentecostés en Jerusalén.

1.  Jerusalén. Día de Pentecostés. Hechos 2:1-47. “…como tres mil personas” bautizadas (Hechos 2:41). Estando en el agua, ¿qué palabras pronunciarían los que bautizaron a aquellos miles? Este detalle no aparece en el texto. Supongamos que los doce apóstoles bautizaran a los casi tres mil en estanques de Jerusalén. ¿Qué dijeron, estando en el agua en el acto mismo de zambullir a las personas arrepentidas? Entiendo que usted contestaría: “Le bautizo solo en el nombre de Jesucristo”, o “Le bautizo en el nombre de Jesús solo”. ¡Pura suposición! Suposición que contradice abierta y osadamente la orden específica de Cristo en Mateo 28:19. Suposición, sí, porque no se nos informa en el texto sagrado las palabras exactas de los apóstoles al estar ellos en el acto de efectuar los bautismos. ¿Se da cuenta ahora?

2.  Samaria. Hechos 8:5-13. “…se bautizaban hombres y mujeres”, incluso Simón, el mago. ¿Qué palabras pronunciaría el evangelista Felipe, estando en el agua y efectuando estos bautismos? No lo dice el texto.

Felipe bautiza al eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes.
Felipe bautiza al “funcionario de Candace reina de los etíopes”, eunuco. ¿Qué palabras pronunciaría Felipe en el acto mismo del bautismo?

3.  El eunuco de Etiopía. Hechos 8:26-40. Al pedir este “funcionario de Candace reina de los etíopes” el bautismo, Felipe descendió al agua con él “y le bautizó”. ¿Qué dijo Felipe al bautizar al eunuco? ¿“Le bautizo en el nombre de Jesús solo”, o “Le bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”? Ni una palabra inspirada al respecto en el relato de aquel bautismo.

4.  Damasco. Saulo de Tarso. Hechos 9:1-19. Curado en Damasco de la ceguera que le afectó al ver en visión al Cristo resucitado, Saulo de Tarso “fue bautizado” por Ananías, quién le instó: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”(Hechos 22:16), o sea, el nombre de Jesucristo. ¿Qué palabras pronunciaría Ananías al zambullir a Saulo de Tarso en las aguas? No se nos informa. A Saulo de Tarso le correspondía invocar el “nombre” de Cristo. Por otro lado, al predicador Ananías le atañía la responsabilidad de bautizar a Saulo “en el nombre de…”. ¿En el nombre de quién o quiénes? ¿Qué dijo Ananías cuando sumergió a Saulo de Tarso en agua para que fueran lavados sus “pecados”? Simplemente, no se nos informa.

5. Cesarea. Cornelio, parientes y amigos. Hechos 10. Dispuestos el gentil Cornelio, “sus parientes y amigos más íntimos” a obedecer al evangelio, el apóstol Pedro “mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48). ¿En el nombre de Jesús solo? ¿Solo en el nombre de Jesús? ¿Solo y exclusivamente en el nombre de Jesús, sin mencionar, so pena de condenación, el nombre del Padre, y del Espíritu Santo? ¿Qué palabras pronunciaron los que bautizaron a aquellos gentiles en el momento preciso de efectuar los bautismos? De nuevo, vemos que no se divulga este detalle en la historia inspirada transmitida en Hechos.

6.  Filipos. Lidia bautizada, y su familia. Hechos 16:11-15. “Y cuando fue bautizada, y su familia…” El apóstol Pablo y sus colaboradores encuentran a esta familia “fuera de la puerta” de la ciudad, “junto al río”. Se asume que Lidia y su familia fueran bautizadas en aquel mismo río. ¿Quién llevaría a cabo los bautismos y qué palabras diría en el momento de bautizar? Detalles no dados en el relato.

7.  Filipos. El carcelero y su familia convertidos. Hechos 16:25-40. Encarcelan a Pablo y Silas en Filipos. A medianoche, acaece un terremoto. “…las cadenas de todos” los prisioneros “se soltaron”. El carcelero “sacó la espada y se iba a matar”, pero Pablo le detiene. Entonces, el carcelero, sacando a Pablo y Silas, pregunta: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” Aquellos siervos de Cristo “…le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa”. “…y en seguida se bautizó él con todos los suyos”. ¿Dónde, por cuál de los predicadores, en el nombre de quién o quiénes, y con qué propósito específico? Detalles no anotados en el pasaje.

8.  Corinto. Hechos 18:1-8. “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (18:8). ¿Dónde fueron bautizados, por quiénes, en el nombre de quién o quiénes, y con qué propósito específico? Una vez más observamos que no se nos informan tales detalles.

-Sr. Víctor, vuelvo a citar sus palabras: “Porque ya busqué y nadie fue bautizado en la Trinidad”. No encontrándose el vocablo “Trinidad” en la Biblia, sugiero que usemos la cláusula bíblica “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Así que, usted está diciendo, efectivamente, que buscó y halló que “nadie fue bautizado” en el nombre de estos tres Seres. A lo que respondemos: ¿Cómo lo sabe? Ningún caso de los ocho presentados en Hechos sostiene, explícita o implícitamente, su conclusión. Ninguna evidencia circunstancial la apoya. Ningún texto registra que algún predicador inspirado del Siglo I dijera: “bautícese solo y exclusivamente en el nombre de Jesús”, “bautizarse en el nombre de Jesús, pero no en el del Padre ni en el del Espíritu Santo”, o algo parecido.

1.  En realidad, su conclusión que “nadie fuera bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, se clasifica, en términos de la lógica, como una inferencia suya propia basada en expresiones tales como “…bautícese… en el nombre de Jesucristo” y “mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús”. Tomo la confianza de resumir su inferencia de la siguiente manera: “Ya que se menciona en los casos de bautismo en Hechos el nombre de Jesucristo, y no el del Padre o el del Espíritu Santo, infiero que los apóstoles y demás predicadores del Siglo I bautizaban en el nombre de Jesús solo. Solo en el nombre de Jesucristo, y no en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. He aquí su inferencia, la cual equivale a su interpretación de lo dicho y hecho en aquellos casos, y por ende, se concretiza en su posición doctrinal, la cual trae al tiempo presente, enseñando, presumo, que hoy día se debiera bautizar solo en el nombre Jesús.

2.  Aunque usted no lo dice en sus cortos argumentos, algunos proponentes de la doctrina de “Jesús solo” enseñan que los apóstoles estaban interpretando el mandato de Cristo en Mateo 28:19 cuando decían “bautícese… en el nombre de Jesucristo”. Que, según ellos, lo que realmente quería decir Cristo era que se bautizara solo en el nombre de Jesucristo. No por nada se tilda semejante argumento de irracional, descabellado, inherentemente contradictorio. Así, porque: ¿Acaso no supiera Cristo expresarse con claridad en Mateo 28:19? Bien pudiera haber dicho “bautizándolos solo en mi nombre, solo en el nombre de Jesucristo”, en vez de “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Y en Pentecostés, Pedro y los demás apóstoles pudieran haber aclarado el asunto, explicando: “Es cierto que Cristo dijo bautizar “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, pero el verdadero sentido de su mandato es bautizar solo en el nombre de Jesucristo”. Más sin embargo, lo que dijo Cristo en Mateo 28:19 lo dijo con una claridad inconfundible. En lo concerniente a los apóstoles en Pentecostés, dada la importancia de “en el nombre de…” encuentro del todo inconcebible que no declararan públicamente el supuesto cambio de la orden de Cristo a “en el nombre de Jesús solo” y que no se registrara, para futuras generaciones, tal supuesto cambio en el relato inspirado. Bien que esta observación sea, en parte, subjetiva, mi parecer es que no deja de tener bastante peso.

3.  Afirmamos, categóricamente, que los apóstoles y demás predicadores inspirados del Siglo I no estaban “interpretando el mandato de Cristo en Mateo 28:19” cuando decían “bautícese… en el nombre de Jesucristo”. No estaban introduciendo el concepto de “Jesús solo”, que “Jesús es Jehová; Jehová es Jesús”. Tampoco aceptamos como válida su inferencia, Sr. Víctor, según la que solo se bautizara en los casos bíblicos en el nombre de Jesús solo. A continuación, anotamos razones.

a)  Consideremos: “…en el nombre de…” significa “por la autoridad de…”. Ahora bien, Jesucristo recibió plena autoridad para ejecutar el plan divino de salvación cuando fue investido de “toda potestad… en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Dotado por su Padre celestial de “toda potestad”, dijo con autoridad: “Por tanto” –es decir, parafraseando: “Ya que tengo tal potestad, tal poder, les mando…”- “…id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). “Tengo toda potestad, y por ende, toda autoridad, y lo que quiero, lo que ordeno, es que bauticen no solo en mi nombre, o sea, por mi autoridad, sino en el nombre de mi Padre y en el del Espíritu Santo. Es decir, también por la autoridad de ellos.” Así que, cuando decía el apóstol Pedro en Pentecostés “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo” estaba diciendo, efectivamente, “bautícese cada uno por la autoridad de Jesucristo”, o sea, porque así manda él, teniendo derecho absoluto de ordenar que cada uno se bautice. Y teniendo toda autoridad para implementar el plan divino de salvación, no solo puede mandar a que cada uno se bautice sino puede estipular cómo y para qué. El “cómo” lo fija al decir “…en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…”. Y el “para qué” al decir “…para perdón de los pecados”. Referente al “cómo”, qué conste: no solo en el nombre del Hijo sino también en el “del Padre… y del Espíritu Santo”. Inferencia lógica: Cuando una persona acepta ser bautizada “en el nombre de Jesucristo”, lo cual equivale a, recalcamos, bautizarse por la autoridad de Cristo, obligatoriamente ha de bautizarse “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” porque así ordenó Cristo, valiéndose de la plena autoridad que le fue conferida por el Padre.

(1)  ¿Por qué bautizar “en el nombre del Padre”, es decir, por la autoridad de él? No hay nada complicado o misterioso en esta exigencia. Sencillamente, porque el Padre es el autor original del mensaje que predica el Hijo, mensaje que incluye el bautismo. Escuchemos el testimonio, repetido una y otra vez, del propio Jesucristo. “…pero él que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo(Juan 8:26). “…nada hago por mí mismo, sino según me enseñó el Padre, así hablo(Juan 8:28). Entonces, el Señor remata esta enseñanza, diciendo: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 12:49). ¿Es necesario bautizarse “en el nombre… del Hijo”? Indisputablemente. Con aún más razón es necesario bautizarse “en el nombre del Padre”, o sea, por la autoridad de él, pues la condición de sumergirse en agua “para perdón”, naciendo “del agua” para ser recibido en el Reino de Dios (Juan 3:1-7), la fijó el Padre antes de que el Hijo la proclamara en la tierra. Qué no perdamos de vista el testimonio de Jesús. “…el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.”

(2)  ¿Por qué bautizarse “…en el nombre… del Espíritu Santo”? Porque este Ser espiritual celestial, en su rol de “el Consolador” y el de intermediario que transmite, por inspiración divina, el Nuevo Testamento a la iglesia, se une al Padre y al Hijo en enseñar el bautismo como necesario para recibir perdón y nacer de nuevo. El Padre es quien envía al Espíritu Santo, “el Espíritu de verdad” (Juan 14:16-17). Este, recibiendo de Cristo “toda la verdad”, se lo revela por inspiración a los apóstoles y demás siervos escogidos. Testifica Cristo: “…cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere… …tomará de lo mío, y os lo hará saber (Juan 16:13-15). Entre los muchos mandamientos que transmite el Espíritu Santo figura prominentemente el de bautizarse “cada uno… en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), mandamiento que proclama Pedro y los demás apóstoles en el día de Pentecostés, estando ellos “llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4).

b)  Estimado Sr. Víctor, todos estos textos, todas estas explicaciones en la Biblia, nos dan a entender claramente que el Dios Padre Jehová es el autor original del evangelio, que le ha placido encargar a su Hijo Jesucristo la revelación de las buenas nuevas a la humanidad, y que tanto el Padre como el Hijo emplean al Espíritu Santo en esta magna tarea. Definitivamente, el bautismo figura entre los mandamientos principales del evangelio, pese a que muchos teólogos e iglesias lo quitan mérito, relegándolo a tercer plano. Manda Jesucristo a sus apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). Ennegrecemos “…y fuere bautizado, será salvo…” para resaltar el hecho de ser el bautismo uno de los mandamientos de la Gran Comisión, mandamiento omitido por la inmensa mayoría de los predicadores del presente en sus campañas o programas de evangelización. ¡Ay de ellos! ¡Y ay de los que causan trastornos y divisiones, predicando “Jesús solo”, pese a los muchos textos bíblicos que exponen tan lúcidamente los roles del Padre y del Espíritu Santo en el plan divino de salvación!

c)  No hay que ser teólogo o erudito para ver a tres Seres celestiales en los pasajes que acabamos de citar. ¡Tres!, amigo Víctor, y no a Jesús solo. Él no actúa solo. El Padre lo envió. Recibió el mensaje del Padre. Recibe “toda potestad” del Padre. El Espíritu Santo acata su voluntad, guiando a los apóstoles a toda la verdad. Tres Seres celestiales en el escenario espiritual, cada uno con papeles y obras distintas. No digo “Trinidad”, a la manera del dogma católico romano, sino tres Seres espirituales distintos. “Deidad” es el término bíblico. Frente a estas verdades bíblicas la tesis de “Jesús solo” se hace añicos, siendo del todo insostenible.

-“¿Quiénes fueron bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?”, pregunta usted, don Víctor. A la luz de lo estudiado hasta el momento la respuesta obligatoria sería: Todos los que obedecieron al mandamiento de Cristo a bautizarse. Asimismo él había instruido, mediante la Gran Comisión, que se bautizaran. Los apóstoles, guiados por el Espíritu Santo “a toda la verdad”, no hubiesen malinterpretado el mandamiento de Cristo, ni lo hubiesen contradicho u alterado. Entonces, la inferencia correcta sería que todas las personas de los ocho casos en Hechos donde se menciona el bautismo fueran bautizadas “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo,” y además, “…para perdón de los pecados”. En cambio, la inferencia de “bautismo solo en el nombre de Jesús” carece enteramente de evidencias que la respalden.

-Se desprende de estas verdades que si usted, respetado Sr. Víctor, rehúsa bautizarse “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu”, “para perdón de los pecados”, habría razón fuerte para culparle de sublevarse contra la autoridad y la voluntad de Jesucristo. Él quiere, diciéndolo expresamente, que usted, este servidor y toda persona que deseare salvarse, se bautice exactamente como ordena, sin subterfugios, rodeos o especulaciones relacionados con “trinidad, deidad, dios trino, Jesús solo, Jehová solo”, etcétera. ¿Está usted dispuesto a someterse a su voluntad? A la verdad, a todo “Jesús solo” le convendría, a nuestro humilde parecer, reconocer y renunciar sus conceptos distorsionados sobre la Deidad, tomando también el paso sabio de bautizarse conforme a la orden tan sencilla de Jesucristo. “…en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” Y a toda persona bautizada así, pero no “para perdón de los pecados”, el cual es el designio establecido por la Deidad para el bautismo, repudiar la doctrina errónea del “bautismo como símbolo, nada más, y como acto innecesario para remisión de los pecados”, sumergiéndose en las aguas, plenamente consciente de su propósito divino.

-Nos resta tratar aquello de que Mateo hubiese corregido a Pedro cuando Pedro dice “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), si hubiese sido necesario bautizarse “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. La falacia sobre la cual se desarrolla este argumento ya quedó descubierta completamente. Nos referimos a la inferencia equivocada formulada por usted, Sr. Víctor, en su búsqueda ineficiente de la verdad. Los demás apóstoles –ni Mateo, ni Juan, ni ningún otro, ni todos juntos- reprendieron a Pedro porque comprendían, obviamente, que “en el nombre de Jesucristo” significa “por la autoridad de Jesucristo”. Y “por la autoridad” quiere decir “conforme a su voluntad y mandamiento”. Y “su voluntad y mandamiento” era bautizar “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

1.  Fíjese: todos los apóstoles sabían lo que había ordenado el Señor sobre cómo bautizar. Y todos sabían que la enorme multitud de oyentes congregados en Jerusalén, en aquel Pentecostés, eran judíos y prosélitos que ya creían en el Dios Padre. Pero la inmensa mayoría de aquella muchedumbre no había creído que Jesucristo fuera el Hijo de Dios. De ahí, el énfasis sobre Cristo en todo el discurso de Pedro, terminando con la instrucción de bautizarse “cada uno… en el nombre de Jesucristo”.

2.  Pues bien, amado, ahí no terminó el discurso de Pedro, sino que él sigue predicando. “Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:40). ¿Habrá enseñado de nuevo sobre el bautismo? ¿Habrá incluido la instrucción de bautizarse “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”? ¿O habrá dicho algo como sigue? “Jesucristo es el mismo Dios Padre. Él es Jehová. Así que, bautícese cada uno solo en el nombre de Jesús, y el que rehúse creer que Jesús es el Padre Jehová, que sea anatema.” Nos parece no exagerar al observar que semejante declaración hubiese provocado una revuelca espantosa entre los judíos. ¿Creer que Jesucristo era el Hijo de Dios? Muy bien, asimismo se identificaba, y ahora están presenciando pruebas indubitables de su resurrección y glorificación a la diestra de Jehová. Pero, ¿creer que Jesucristo fuera el mismo Jehová Dios? ¡Totalmente escandaloso! Es más, ¡hasta blasfemo! Él nunca jamás se identificó como Jehová encarnado. ¿Con qué justificación pronunciarlo tal a estas alturas?

a)  De hecho, de haber el apóstol Pedro enunciado semejante doctrina en relación al bautismo, toda la multitud hubiese tenido razón para acusarle de inconsecuente, contradictorio, ilógico, fuera de sí. Porque en aquel mismo día él ya había dicho lo siguiente: A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís(Hechos 2:32-33). Y ahí mismo la multitud tiene frente de sí a tres Seres espirituales. Por extensión, también nosotros tenemos a los mismos tres frente a nosotros. El Dios Padre Jehová que resucita a Jesús. Jesús exaltado a la diestra de Dios. Jesús que recibe “del Padre la promesa del Espíritu Santo”. El Espíritu Santo derramado por Jesús sobre los apóstoles. ¡Tres! No fundidos en uno. Tres, con funciones y misiones distintas. Los tres, interactuando. A propósito, si Jesús es Jehová, ¿cómo explicar que él se sienta en su propio trono, “exaltado por la diestra de Dios”? Si él es Jehová Dios, ¿se sienta al lado de sí mismo? Preguntas que resaltan lo absurdo de pensar o enseñar que “Jesús es Jehová”.

b)  ¿Cómo pretender, pues, que Mateo corrigiera a Pedro, o que los apóstoles repudiaran el mandamiento de Cristo respecto al bautismo ordenado en la Gran Comisión según Mateo 28:18-20? Ellos sabían que Jesús no era Dios Jehová. Sabían que él oraba a su Padre en los cielos, afirmando “…el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28), y que la existencia del Padre Jehová en los cielos mientras el Hijo estaba en la tierra no era una proyección ficticia y engañosa sino real y verdadera.

(1)  Claro que Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), pero también explicó cómo son uno, jamás queriendo decir que él fuera el Padre Jehová y viceversa. Su explicación sobre cómo son uno se halla en su oración por los que habrían “de creer” en él por la palabra de los apóstoles. “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros… para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mi, para que sean perfectos en unidad… (Juan 17:20-23). Así que, el Padre y el Hijo son “uno” de la manera que los verdaderos cristianos somos uno. Somos uno, pero no fundidos el uno en el otro sino que mantenemos cada uno su existencia independiente y su identidad propia. Asimismo el Padre Dios y Jesucristo. Uno en esencia espiritual, mente, atributos fundamentales, proyecciones, metas, propósitos, ejecutorias, mas existiendo como seres independientes, cada uno con identidad propia.

(2)  Esta doctrina no la cambian los apóstoles en Pentecostés. A través de los escritos inspirados compuestas después de Pentecostés –en Hechos, en las epístolas de Pablo, Juan y Pedro, en Apocalipsis- se sigue enseñando que el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo mantienen sus roles y misiones distintas. Por ejemplo, Pablo apunta en 1 Corintios 11:3 que “Dios” es “la cabeza de Cristo”. Cristo no es la cabeza de Dios. En términos de potestad y autoridad él no es absolutamente igual a Dios. El Padre Dios Jehová es su “cabeza”. Luego, en 1 Corintios 15:20-28, Pablo explica que el Padre ha sujetado al Hijo “todas las cosas”, aclarando que hay una excepción, a saber, el Padre mismo. “Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.” Vemos, pues, que hasta el día de hoy, Cristo, pese a tener “toda potestad en los cielos y en la tierra”, sigue sujeto a su Padre. Él no es su propio Padre; él no es Jehová Dios; él es Cristo, el Hijo de Dios. Doctrinas que los “Jesús solo” deberían aprender, desistiendo de causar disensiones y divisiones a consecuencia de su promulgación obstinada de “bautizar solo en el nombre de Jesús, Jesús es Jehová”, etcétera.

Bendiciones para usted, Sr. Víctor. Qué Dios le ilumine y guíe en su búsqueda de conocimiento e inteligencia espiritual (Colosenses 1:9), al igual que a este servidor y a todo aquel que ama al Señor y su Segunda Venida en gloria.

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