Los dos testigos

También llamados

Los dos profetas

 

Escena 7

La obra de los Dos Testigos es
profetizar y dar testimonio

 

En esta pintura, una paloma blanca frente a una cruz, contra un trasfondo abstracto, ilustra el tema La obra de los Dos Testigos de Apocalipsis, la Sexta Trompeta, es profetizar y dar testimonio.

 

III. La obra de los “dos testigos”.

A. Su obra es profetizar

"Daré a mis dos testigos que profeticen" (Apocalipsis 11:3 y 10).

Leyendo desde Apocalipsis 11:1 en adelante, se infiere que quien “dará” a los “dos testigos que profeticen” es Dios el Padre.

¿Cuáles profecías traerían los “dos testigos” para el periodo de los "mil doscientos sesenta días"?

1. Pues, probablemente, razonamos, las profecías relacionadas específicamente con los “mil doscientos sesenta días” halladas en el libro mismo de Apocalipsis.

Además, las profecías de otros textos proféticos relevantes de los otros escritos que componen el Nuevo Testamento.

Por ejemplo: las de 2 Tesalonicenses 2:1-12; 1 Timoteo 4:1-5; 2 Timoteo 3:1-9; 4:1-5; 2 Pedro 3:1-13, etcétera, aplicables, aunque sea en parte, al “poco de tiempo” que precede, de inmediato, la Segunda Venida de Jesucristo, durante el que transcurren los “mil doscientos sesenta días”.

Profecías sobre acontecimientos, situaciones, personajes y entes políticos-seculares, como, además, religiosos, de referido período.

Profecías de tormento para los que no tienen el "sello de Dios" (Apocalipsis 9:1-6).

Profecías sobre las "tres plagas" del Segundo Ay (Apocalipsis 9:17-18) y sobre las “siete plagas postreras”, tan dolorosas y devastadoras, de los últimos días, traídas para inducir a los testarudos incrédulos violentos a recapacitar y
arrepentirse (Apocalipsis, los capítulos 15 y 16).

Profecías acerca de los juicios severos de Dios que vendrán sobre las cabezas de los impenitentes recalcitrantes (Apocalipsis 11:18-19; 16:17-21).

Profecías sobre la obra satánica de los “los tres espíritus inmundos a manera de ranas”, la batalla de Armagedón y la derrota final de los que se levantan contra Dios.

Profecías en torno al lago de fuego y azufre para todos los enemigos de Dios que no se dobleguen ante él, etcétera, etcétera.

Esta categoría de profecías sobre venganza divina, segunda muerte, prisiones eternas, tinieblas densas permanentes, etcétera, atormenta grandemente a los incrédulos, humanistas, hedonistas, depravados e indiferentes (Apocalipsis 11:10), incitándolos a unirse para guerrear contra Dios.

2. ¿Traería Dios, mediante sus “dos testigos”nuevas profecías para el período de los “mil doscientos sesenta días”? Es decir, profecías en adición a las registradas ya en el Nuevo Testamento, particularmente, en Apocalipsis.

Quizás, mas, sin embargo, tal vez no. Mi convicción personal es que no lo hará, fundamentándola en las siguientes consideraciones.

a) “...las profecías acabarán”, explicó el apóstol Pablo a los corintios. ¿Cuándo? “…cuando venga lo perfecto…”, apunta el apóstol por el Espíritu (1 Corintios 13:8-13).

Ahora bien, “lo perfecto”, neutro, que vendría no tiene que ver…

Con Cristo en su Segunda Venida.

Ni con el Milenio.

Ni con la “tierra nueva”.

Mas bien, contextualmente, con el perfecto conocimiento del “nuevo pacto” de Cristo. “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos, mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”.

Llegó el conocimiento completo de la voluntad divina para la Era Cristiana, incluso toda profecía, cuando el canon del Nuevo Testamento fue completado en el año 95 d. C. al escribir el apóstol Juan el libro de Apocalipsis.

[Para estudios exhaustivos sobre “lo perfecto” y la duración de los dones sobrenaturales: www.editoriallapaz.org/dones_recursos_lista.htm]

El propio Jesucristo cierra el libro de Apocalipsis con la siguiente advertencia tajante

 “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

“Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18-19).

Dadas, pues, estas fuertes verdades y advertencias, definitivamente, no anticiparíamos adiciones proféticas, de parte de Dios, al contenido del Nuevo Testamento.

Si él prohíbe, bajo pena de “plagas”, añadir a las “palabras de la profecía” de Apocalipsis, se deduce que las profecías reveladas en el libro, más las de otros libros del Nuevo Testamento, sean suficientes para cubrir la Era Cristiana hasta su terminación al final del “poco de tiempo”.

De hecho, cubren, a nuestro entender, asombrosa y maravillosamente, gran gama de condiciones materiales-políticas-espirituales durante la Era, al igual que gentes y entes de la Era. ¿Qué más pedir?

Desde luego, hoy día hay muchos autonombrados “profetas que aseguran hablar de parte de Dios, de la manera que los ha habido a través de toda la Era Cristiana. Otro medio peso sería que sus “profecías” provinieran de Dios.

Por cierto, personalmente, afirmo categóricamente que Dios no es su autor.

Básicamente, porque caen al suelo sin ser cumplidas, no armonizan con las profecías inspiradas del “nuevo pacto” de Cristo o se esfuman en los aires del sensacionalismo descabellado.

Algunos ejemplos de ellas son:

Las muchas profecías fracasadas de los testigos de Jehová.

Y las numerosas profecías de pentecostales y evangélicos que han fijada fechas exactas para el retorno de Cristo. Fechas que ya pasaron, ¡sin que apareciera el Señor por segunda vez!

Por esta razones, acepto como divinamente inspiradas solo las profecías escritas en el Nuevo Testamento.

Respalda mi convicción el que ningún autodenominado profeta después del apóstol Juan hasta el presente siquiera ha sugerido que sus “profecías”, supuestamente inspiradas, sean incorporadas a nuevas ediciones de la Biblia.

b) Así que, abundancia de profecías detalladas para los “mil doscientos sesenta días” son reveladas en Apocalipsis y otros textos bíblicos pertinentes, y este es un hecho.

Así que, ¿con qué pretexto pedir o esperar este servidor que se añadan más?

Por supuesto, de haber proyectado el Soberano Dios dar más, lo hará en el debido momento, no importando mis razonamientos o interpretaciones personales.

c) Pero, suponiendo que no se trajeren nuevas profecías, en adición a las que ya tenemos en el Nuevo Testamento, para los “mil doscientos sesenta días”, ¿de qué manera, pues, profetizarían los “dos testigos” si no proclaman nuevas profecías reveladas por inspiración divina?

Humildemente, doy mi parecer.

Durante el “poco de tiempo”, etapa que abarca los “mil doscientos sesenta días”, los siervos fieles de Jesucristo, alumbrados por la Palabra escrita y guiados providencialmente por Cristo y el Espíritu Santo (los dos testigos), discernirían, sin equivocarse, “las señales de los tiempos” que ocurran en derredor suyo.

Hazaña plenamente factible, aun necesaria, según 1 Tesalonicenses 5:1-7.

Luego, aplicarían con precisión certera las profecías relevantes, señalando su cumplimiento y vaticinando para los descreídos rebeldes el desenlace de sus decisiones y acciones. 

Actuando así, darían voz a las profecías ya reveladas en el Nuevo Testamento, infundiéndolas veracidad y realismo para las generaciones del “poco de tiempo”.

Consideremos:

(1)  Si no lo hacen así, si no citan para el público en general las profecías bíblicas pertinentes, si no las exponen y aplican, entonces, para las generaciones incrédulas y rebeldes del “poco de tiempo”, que de Biblia no sabrán nada, ni querrán saber, ¡sería como si referidas profecías ni siquiera existieran!

Pero, si los portavoces de Cristo en la tierra citan las profecías, las exponen y las aplican correctamente, entonces, efectivamente, los “dos testigos”, Cristo y el Espíritu Santo, ¡estarían profetizando a las gentes sublevadas contra Dios durante los “mil doscientos sesenta días”!

A propósito, ¿cuántos jóvenes, adultos jóvenes, universitarios, obreros, profesionales, oficiales de gobiernos, maestros religiosos, etcétera, de actualidad (tercera década del siglo XXI), tienen conocimiento de las profecías para esta etapa que vivimos, las entienden y saben aplicarlas acertadamente?

¿Cuántos perciben e interpretan correctamente “las señales de los tiempos” presentes? ¿Cuántos saben bastante de Biblia?

¿Cuántos maestros de las multitudinarias confesiones del cristianismo actual tratan inteligentemente estos temas de “profecías” y “señales de los tiempos” en clases bíblicas, conferencias y sermones?

Exceptuándose muchísimos pentecostales y algunos evangélicos que suelen torcerlos y sensacionalizarlas extravagante y equivocadamente, mi apreciación es que comparativamente pocos los den la gran importancia que Jesucristo, el Espíritu Santo y los apóstoles los atribuyen en los escritos del Nuevo Testamento.

¿Habremos entrado ya, de lleno, en el temible “poco de tiempo”?

(2) Abundando un poco más, supongamos que cierto conjunto particular de señales indique la pronta pérdida de libertad religiosa en países que la han sostenido durante determinado tiempo.

Identifico las señales, cito las profecías bíblicas pertinentes, hago aplicaciones acertadas y señalo desenlaces probables, por ejemplo, la persecución contra cristianos totalmente leales a su Señor, aun el martirio de algunos.

En efecto, Cristo y el Espíritu Santo estarían manifestándose a través de mi persona, orientando y profetizando a todo aquel que me prestara atención. Fíjese bien, amado lector: ¡sin que se añadieran profecías nuevas a las ya reveladas en la Biblia! ¿Correcto?

De hecho, en la actualidad, estoy haciendo más o menos lo mismo indicado, prediciendo, sin atribuirme inspiración divina, pero apoyándome en eventos del presente y profecías bíblicas, la rápida conclusión del Milenio para el verdadero pueblo de Dios.

El fin de “mil años” de paz y libertad de culto para la iglesia auténtica de Jesucristo. Qué conste: paz para los cristianos de verdad, no tratándose de la “paz como el mundo la da”.

Y la transición actual (a mi entender) al satánico “poco de tiempo”, si bien no hayamos entrado ya de lleno en él.

De tener este servidor razón, bien pudiera decirse que los “dos testigos”, es decir, Cristo y el Espíritu Santo, estarían dando a conocer, efectivamente, a través de mi persona, profecías para las actuales generaciones.

Por extensión, diríase exactamente lo mismo de cualquier otra persona que hiciera semejante rol espiritual.

(3) Una observación adicional sobre este tema: de suceder en cualquier etapa o lugar de la Era Cristiana que ninguno cite o exponga correctamente las profecías del Nuevo Testamento, daría lo mismo como si no existieran para la etapa o lugar que fuera.

Por lo tanto, el deber sagrado de los que conocen, entienden y saben explicar las profecías de Dios es darlas a conocer, sin fanatismo o sensacionalismo humanos que resten de su seriedad y solemnidad divinas.

B. La obra de los dos testigos es dar testimonio"Cuando hayan acabado su testimonio" (Apocalipsis 11:7).

1. Dan testimonio a favor de Dios, su plan ("misterio") y su iglesia.

2. Dan testimonio en contra de los que se oponen a Dios, su plan y su iglesia.

 

 


 

La próxima Escena 8. Los poderes extraordinarios de los Dos Testigos durante los mil dosciertos sesenta años, el tiempo de sus testimonios y profecías.

 

Contenido completo del Capítulo Cuatro

Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Solo el TEXTO del comentario.

Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. El contenido completo del comentario. Textos y diapositivas.

 

DANIEL. Lista de estudios y diapositivas en esta Web.

 

 

Twittear Seguir a @editoriallapaz   

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.