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“Aguas amargas”

 

Aguas contaminadas por una factoría de fertilizantes en la Mongolia Interior
(área que pertenece a la China) echan vapores mientras se escurren
lentamente hacia el cauce norteño del río Amarillo (el Huang).

Una crisis se está fermentando en el corazón del norte de China al sucumbir a la polución y la explotación excesiva su ‘cuerda de salvamento’, a saber, el río Amarrillo, o el “Huang”, como se conoce en la China.

National Geographic Magazine. Abril, 2008. Página 147.

www.nationalgeographic.com/magazine

Extractos del artículo por Brook Larmer
Fotografía por Grez Girard

Traducción del inglés al español por Homero S. de Álamo

Nota del traductor. “Ajenjo” es el nombre de la estrella que cae sobre “la tercera parte de las aguas” , causando la muerte de “muchos hombres… porque se hicieron amargas” las aguas,
según la visión de la Tercera Trompeta en Apocalipsis 8:10-11. Interesantemente,
“Aguas amargas” es precisamente el título de este artículo de la National Geographic
sobre la catastrófica contaminación de las aguas en la China del Siglo XXI.

“Pocos ríos capturan más hondamente el alma de una nación que el Amarillo, o el Huang, como se conoce en la China. Lo que es el Nilo para Egipto lo es este río para la China: la cuna de la civilización, símbolo perdurable de gloria, una fuerza de la naturaleza tan temida como reverenciada. Desde sus fuentes místicas en las alturas tibetanas, más o menos a los 4,607 metros, el río se extiende a través de las altiplanicies norteñas, donde los habitantes originales de la China aprendieron a labrar e irrigar, fabricar la porcelana y la pólvora, levantar dinastías y sepultarlas. Pero, hoy por hoy, se está muriendo este río que los chinos llaman “Río Madre”. Manchado de polución, envenenado por aguas negras, obstruido por muchas represas mal planificadas, el río se reduce en su desembocadura a un hilito sin vida. Durante la década de los 1990, hubo días cuando no alcanzaba al mar agua alguna del río.

“El deceso de este río legendario es una tragedia cuyas consecuencias se hacen sentir mucho más allá de los 150 millones de personas que se sostienen gracias a él. El apuro del Amarillo también pone de manifiesto el lado oscuro del milagro económico de la China, tratándose de una crisis ambiental que ha desembocado en la escasez de un recurso sin el cual ninguna nación puede sobrevivir, a saber, el agua.

“El agua siempre ha sido escasa en la China, un país que cuenta con más o menos la misma cantidad que Estados Unidos de América, pero que tiene casi cinco veces más habitantes. La escasez es especialmente aguda en el árido norte, donde reside casi la mitad de la población de China, pero donde está disponible solo el 15% del agua de todo el país. Estas circunstancias accidentales de la historia y la geografía hacen vulnerable a la China. Una serie de golpes humanos están haciéndola tambalear, en la actualidad, sobre el borde del precipicio. El calentamiento global está acelerando el derretimiento de los glaciares que alimentan los ríos principales de la China, mientras aumenta el avance de los desiertos, los que en el presente se tragan 2,245,677 hectáreas de pradera cada año.

“Sin embargo, ninguna cosa ha precipitado la crisis del agua tanto como tres décadas de crecimiento industrial desenfrenado. Obedeciendo a una simetría despiadada, el tremendo auge económico de la China ha producido un colapso ambiental opuesto de igual proporción. En su carrera de convertirse en el próximo superpoder global, la China no solo está vaciando con abandono sus ríos y acuíferos sino que también está contaminando irreversiblemente el resto del suministro al tal extremo que el Banco Mundial advierte ‘consecuencias catastróficas para futuras generaciones’.

“Si esto suena a hipérbole, considere lo que está pasando ya en la cuenca del río Amarillo. El ensanchamiento de los desiertos está creando un ‘tazón de polvo’ que pueda hacer pequeño el del Oeste Americano de la década de 1930, aminorando la producción de granos y convirtiendo en ‘refugiados ambientales’ a millones de personas, haciendo que abandonen las tierras. Las toxinas venenosas que ahogan los ríos y sus afluentes –el 50% del río Amarillo se considera biológicamente muerto- han causado un auge notable de casos de cáncer, defectos congénitos y enfermedades transmitidas a través del agua. Han incrementado vertiginosamente las protestas relacionadas con la polución –hubo 51,000 a través de la China solo en el año 2005- y podían metastatizar en disturbios sociales. Cualquier síntoma de estos no controlado podría entorpecer el crecimiento de la China y reverberar en los mercados del mundo. Juntos, su impacto a largo plazo pudiera resultar aún más devastador. Como lo apuntó el Premier Wen Jiabao, la escasez de agua potable amenaza ‘la sobre vivencia de nación china’.”

 
  

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