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-Apocalipsis. Desglose completo del contenido de "Análisis de las profecías y visiones".
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-Contenido completo del Capítulo Seis de este Análisis

APOCALIPSIS 

Capítulo Seis
de
"Análisis de las profecías y visiones"

“Las dos bestias, la imagen de la bestia
y el número 666” 


Capítulo trece de Apocalipsis 

Parte 1

 “La primera bestia”

Apocalipsis 13:1-10 

I.  La primera bestia. “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo” (Apocalipsis 13:15.

A.  Esta primera bestia de Apocalipsis 13 sube del mar. “Vi subir del mar una bestia” (Apocalipsis 13:1).

1.  En las visiones que Daniel recibió en Babilonia durante el primer año del rey Belsasar, suben también del mar “cuatro bestias grandes”. “Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar” (Daniel 7:2-3).

2.  ¿Qué simboliza el “mar” o “el gran mar” en estas visiones? Probablemente lo mismo que las “muchas aguas” mentadas en Apocalipsis 17:1. “Ven acá”, dice el ángel al apóstol Juan, “y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas”. Luego, explica el ángel en Apocalipsis 17:15: Las aguas que has visto… son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Pese a que “mar”, o “gran mar”, en las visiones de Juan y Daniel sea una alusión al Mar Grande, llamado también el “Mediterráneo”, el lenguaje de las visiones es metafórico, y por consiguiente, no se trata de un mar literal sino de lo que simboliza “mar”. Dado que “mar” y “muchas aguas” pueden tomarse como sinónimos, nos parece lógico concluir que “mar” en las visiones también simboliza “pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas”. De todos modos, veremos que las bestias no suben de un mar literal sino de multitudes de gentes en distintos lugares, y que tanto las bestias como “la gran manera” se sientan sobre ellas.

3.  Tampoco son literales los “cuatro vientos del cielo” que combatían en el gran mar” sino que se trata más bien de figuras retóricas, las que representan, a nuestro entender,  tormentas, convulsiones y luchas ideológicas, políticas, sociales, religiosas y económicas que surgen comúnmente entre las gentes de distintas naciones, razas y lenguas; entre  reyes, emperadores, príncipes, ejércitos, sacerdocios, jerarquías eclesiásticas, etcétera. “Combatían en el gran mar” significa que estos “vientos” agitan fuertemente a las muchedumbres supersticiosas, mal informadas, ignorantes e inconstantes, como si fueran ellas tal cual ondas del mar. En medio de las “muchas aguas” turbulentas, se crean y salen “bestias”. “Vi subir del mar una bestia.” “Cuatro bestias grandes… subían del mar.” Ya pronto veremos el significado de “bestia” y “bestias”.


Pintura tipo mural, por Joe Maniscalco. http://biblical-illustrations.com/

Daniel ve subir del mar a cuatro bestias.

“Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar. La primera era como león, y tenía alas de águila.” La segunda era “semejante a un oso”. La tercera, “semejante a un leopardo”. Y la cuarta bestia era “espantosa y terrible en gran manera fuerte… muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos” (Daniel 7:1-7).

B.  La primera bestia “tenía siete cabezas (Apocalipsis 13:1; 17:3).

1.  La identidad de las “siete cabezas”. Primera explicación dada por Dios a través del ángel que habla con el apóstol Juan. Encontramos un indicio importante para la identificación acertada de las “siete cabezas” en Apocalipsis 17:9, donde se nos informa que “las siete cabezas son siete montes.

a)  No pocos comentaristas sostienen que los “siete montes” son las siete colinas sobre las que se edificó la ciudad de Roma, pero discrepamos por las siguientes razones:

(1)  Primera razón. Una de las “siete cabezas”, sinónimas con “siete montes”, fue “herida de muerte”. “Vi una de sus cabezas como herida de muerte…”  (Apocalipsis 13:3). Ahora bien, si los “siete montes” fuesen las siete colinas literales sobre las que fue edificada la ciudad de Roma, habría que aplicar “fue herida” a una de ellas. ¿“Herida” una colina literal? ¿“Herido” un monte literal?  ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Herida solo una de las siete colinas, pero no las restantes seis? ¿Cuál de las siete? Estas preguntas enfocan algunas problemáticas que se crean al postular que los “siete montes” sean las siete colinas literales de Roma.

 

Aventino
www.travel-to-italy.biz
“El distrito de Aventino, nombre de una de las siete colinas legendarias de Roma.”


www.ancienthistory.about.com
Colina Caelius, una de las siete colinas de Roma.

 (2)  Segunda razón. ¿Existe alguna diferencia entre “montes” y “colinas”? De cierto, los dos vocablos no son precisamente sinónimos, pues “monte” identifica una masa más alta y de más volumen que “colina”.

-Monte. (Del lat. mons, montis). m. Gran elevación de terreno”.

-“Colina. (Del lat. collīna, t. f. de collīnus, del collado). f. Elevación natural de terreno, menor que una montaña.” (Ambas definiciones del Diccionario de la Real Academia Española, en Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

Pese a que “mons” (monte) se aplique a algunas de las siete colinas de Roma en ciertos escritos de la antigüedad, se trata más bien de elevaciones comparativamente bajitas de terreno, las que tienen en la actualidad unos 40 ó 50 metros de altura, nada más. El “Capitolinus mons” mide 460 metros de largo, 180 de ancho y 39 de alto (Topographical Dictionary of Ancient Rome, por Samuel Ball Platner. Londres. Oxford University Press. Disponible en el Internet). “La mayoría de las colinas son cerros formados por corrientes de agua que fluyen desde el terreno más alto al río Tíber” (“Las siete colinas de Roma.” www.sight.seindal.dk). Las dos fotografías arriba confirman que se trata de “colinas” o “cerros”, y no de “montes”. Bien que no sea determinante para la interpretación correcta de “siete montes” esta distinción entre “monte” y “colina”, no carece del todo de peso, según nuestra apreciación. La ciudad de Roma fue edificada sobre siete colinas y no sobre siete montes o montañas. Los nombres en latín de las siete colinas son: Palatinus, Capitolinus, Quirinalis, Viminalis, Esuilinus, Caelius y Aventinus.

b)  En el lenguaje profético de la Biblia, “monte” puede significar “reino”, como por ejemplo, en Isaías 2:1-4. “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.” “El monte de la casa de Jehová” es el Reino de Dios. “Cabeza de los montes” significa que el Reino de Dios es superior a cualquier reino terrenal, verdad enseñada también en Daniel 2:44-45, donde se enseña que el Reino de Dios desmenuza y consume los reinos terrenales, permaneciendo “para siempre”. Así que, “monte” y “montes” en Isaías 2:1-4 claramente significan “reinos”. El contexto de Apocalipsis 17:9 indica que asimismo deberíamos interpretar el vocablo “montes”. Como “reinos”. Esta interpretación concuerda con la segunda explicación dada por Dios, la que presentamos a continuación.

2.  La identidad de las “siete cabezas”. Segunda explicación dada por Dios mediante el ángel que habla con el apóstol Juan. Las “siete cabezas… son siete reyes”. Enseguida se añade: “Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo” (Apocalipsis 17:9-10). Ya el Espíritu Santo nos informó que las siete cabezas son siete montes. En la misma oración, él amplía su explicación informándonos que también son siete reyes. “Las siete cabezas son siete montes… y son siete reyes.”


www.thercg.org

a)  ¿Qué son, o quiénes son, estos “siete reyes”? Analizando textos, contextos y hechos relevantes, determinamos que estos “siete reyes” representan siete reinos. La evidencia para esta conclusión es realmente abrumadora. Estimado lector, le animamos a analizar objetivamente el siguiente argumento relacionado con los “diez cuernos”. ¿Qué son los “diez cuernos”? Son “diez reyes”, según Apocalipsis 17:12 y Daniel 7:24. “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes…” Estos “diez reyes” representan diez reinos seculares (identificados por nombre en el Capítulo Siete de este “Análisis”). Siendo, pues, diez reinos seculares los “diez reyes”, es del todo lógico concluir que los “siete reyes” también son siete reinos seculares, y no meramente las siete colinas que fueron incorporadas en el municipio de Roma, como tampoco siete emperadores particulares o siete distintas formas de gobierno romano. A nuestro entender, este argumento tiene gran peso para la identificación correcta de los “siete reyes”, y por ende, también para la de las “siete cabezas” de la bestia que sube del mar, ya que estas “siete cabezas” son “siete reyes”.

b)  Afirmamos que las “siete cabezas” de la bestia que sube del mar son siete reinos. Consideremos otras evidencias convincentes. Según Apocalipsis 17:10, los “siete reyes” no son contemporáneos sino que el uno sigue al otro. Obsérvese la secuencia: cinco han caído, uno es y el otro “aún no ha venido”. En definitiva, no son contemporáneos, y esto es determinante para la interpretación de las profecías relevantes. A base de esta información se puede construir un elegante silogismo.

(1)  Primera premisa. Los “siete reyes” no son contemporáneos.

(2)  Segunda premisa. Los “siete reyes” son las “siete cabezas” de la bestia que sube del mar.

(3)  Conclusión necesaria e irrefutable. Las “siete cabezas” no son contemporáneas. Es decir, las “siete cabezas” no se manifiestan en todo su poder durante la misma época de la historia humana. La cláusula clave es “en todo su poder”. Quizás coexistan algunas y sean visibles durante determinado tiempo, más sin embargo, en cuanto a sobreponerse y dominar áreas de la tierra, una se manifiesta tras otra, fortaleciéndose cada una y tomando, por turno, el papel de “gobierno principal”.

Recalcamos: el sentido de Apocalipsis 17:10 es que cinco reinos han caído, un reino es y el otro reino “aún no ha venido”. “REINOS.” El énfasis es sobre reinos terrenales. Las “siete cabezas” son siete reinos.

c)  Las visiones de Daniel también aportan un detalle importantísimo para la identificación acertada de las “siete cabezas” de la bestia que el apóstol Juan vio, a saber, el leopardo que ve Daniel “tenía… cuatro cabezas” (Daniel 7:6). Estas “cuatro cabezas” simbolizan, indisputablemente, los cuatro REINOS que fueron formados de los territorios conquistados por Alejandro el Magno cuando este falleció en el año 323 antes de Cristo. Dado, pues, que las “cuatro cabezas” del leopardo son cuatro reinos terrenales, se deduce lógicamente que las “siete cabezas” de la bestia vista por Juan son siete reinos terrenales. La similitud entre las visiones de Daniel y Juan es muy evidente y comprobada; el lenguaje profético, muy parecido. Si “cabeza” simboliza “reino terrenal” en las visiones de Daniel, “cabeza” también simboliza “reino terrenal” en las visiones del apóstol Juan

3.  La identificación de las “siete cabezas” como siete reinos distintos que no ejercen el dominio principal simultáneamente rinde totalmente nula la identificación de las “siete cabezas” como las siete colinas donde fue edificada Roma. ¿Cómo aplicar “cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido” a las siete colinas? Las siete colinas literales de Roma permanecen en el mismo lugar desde tiempos remotos hasta el presente. No se caen cinco, dejando en existencia solo una, con la esperanza de que se levante otra en un futuro.

4.  La identificación acertada, y realmente irrefutable, de las “siete cabezas” como siete reinos seculares también significa que tampoco representan a siete reyes particulares. Por ejemplo, a siete emperadores romanos particulares. Por lo tanto, demás sería presentar argumentos adicionales para probar defectuosa la tesis según la que las “siete cabezas” fuesen siete emperadores romanos particulares. Sin embargo, tenemos a bien apuntar las siguientes consideraciones para el estudioso.

a)  ¿Acaso ocuparan el trono de Roma solo siete emperadores? Más bien, lo ocuparon decenas de hombres a través de doce siglos. Luego, decenas más al establecerse la “Nueva Roma” en el oriente, recibiendo pronto esta nueva capital el nombre “Constantinopla”, y permaneciendo el Imperio hasta mediados del Siglo XVI, hechos que pronto confirmaremos.

b)  Ya enfatizamos que los “siete reyes” de este texto siguen el uno al otro, no siendo contemporáneos. Reiteramos: la revelación dice claramente que cinco habían caído, uno era y el séptimo aún no había venido cuando Juan recibió esta visión. Teniendo presentes estas verdades, afloran ciertas dificultades si postulamos que los “siete reyes” fuesen siete emperadores romanos particulares. Por ejemplo, ¿de cuáles siete se trataría? ¿De los cinco antes del tiempo cuando Juan recibió las visiones de Apocalipsis, siendo el sexto el emperador que estaba en poder cuando Juan escribió el libro y el séptimo, pues, el que le siguió? Y de ser así, ¿cómo encajar en semejante escenario el octavo rey, los diez cuernos, el cuerno pequeño, los reyes del oriente, la gran ramera, el “poco de tiempo”, etcétera, etcétera? Desde luego, no faltan comentaristas que lo intenten. Sin embargo, al proseguir nosotros el desarrollo de estos temas, quedará claro que la interpretación de los “siete reyes” como “siete emperadores romanos particulares”, además de ser anulada por la identificación indisputable de las “siete cabezas” como siete reinos seculares, sencillamente no armoniza con las demás profecías de Apocalipsis sobre reyes, reinos, tiempos, etcétera.

5.  La identificación acertada, y realmente irrefutable, de las “siete cabezas” como siete reinos seculares también significa que tampoco simbolizan siete formas distintas de gobierno instituidas. Por lo tanto, demás sería seguir debatiendo el punto. Sin embargo, para el estudioso anotamos lo siguiente. De cierto, la historia confirma que la organización política de aquel Imperio evolucionó a través de los siglos, pasando de un tipo de gobierno a otro. Por ejemplo, de “república” a “dictadura”. Pero, ¿se implementaron solo siete paradigmas de gobierno durante los dos milenios y medio que permaneció aquel reino o es forzado y arbitrario el concepto de solo “siete formas distintas de gobierno?  Pronto estudiaremos sobre cómo el Imperio Romano fue sanado de una “herida mortal”, manteniéndose en pie durante muchos siglos adicionales, adaptándose y sosteniéndose bajo todavía otras formas de gobierno distintas a las que seguía antes de la “herida”. Al plantearse que las “siete cabezas” sean “siete formas distintas de gobierno”, ¿tiene sentido obviar las formas de gobierno que tuvo el Imperio Romano después de sanado? Opinamos que no. De todos modos, confirmaremos que esta interpretación, conforme a la que las “siete cabezas-montes-reyes” representan siete formas distintas del gobierno romano, no es acorde con las profecías sobre los “diez cuernos” y el “octavo rey”.

6.  El apóstol Juan ve una bestia con siete cabezas. La visión que se materializa ante sus ojos cuando él se para “sobre la arena del mar”, mirando mar adentro, es estremecedora, aun aterradora. Ve “subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos”. Criatura fantasmal, apocalíptica, de pesadillas horripilantes. Peor que el mítico monstruo de Loc Nes, Escocia; que el dinosaurio más grande y feroz. Si bien una sola bestia robusta y agresiva, con una sola cabeza grande y amenazante, llena de espanto, ¿cuánto más una fiera gigantesca con siete cabezas descomunales y diez cuernos? Cría monstruosa del infierno. Ya comprendemos que las “siete cabezas y diez cuernos” son reinos terrenales, los que no son pacíficos o benévolos sino malévolos, violentos y destructores, sembrando pavor entre sus opositores y sojuzgándolos, tal cual una enorme bestia salvaje a su presa. Entonces, razonamos que la “bestia”, singular en Apocalipsis 13:1, de la que nacen las siete cabezas y los diez cuernos, encarna, efectivamente, todos los efluvios y fuerzas diabólicos que sostienen las siete cabezas y los diez cuernos. En este sentido, la “bestia”, singular, existe desde antes de la formación de la primera “cabeza-reino” en la tierra. Nacida la primera “cabeza-reino”, nacen luego todavía otras “cabezas-reinos”, como además, al tiempo, “cuernos-reinos”.

a)  Así pues, cuando esta bestia fantasmagórica vista por Juan toma forma visible en el mundo, manifestándose mediante algún reino terrenal, ella no se presenta con siete cabezas todas plenamente desarrolladas a la misma vez.  Es decir, no se manifiesta mediante siete grandes imperios idolátricos, o ateos, que existieran en la tierra simultáneamente. Más bien, en cada aparición de la “bestia” predomina una de las “cabezas-reinos”, destacándose y sobreponiéndose por tiempo determinado, siendo distinta cada “cabeza-reino” de las demás, al menos en algunos aspectos.

b)  Respaldan admirablemente esta interpretación las visiones de Daniel, las que este recibió en Babilonia durante el primer año del reinado de Belsasar. “He aquí… cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar” (Daniel 7:1-3). En las visiones de Daniel, aparecen uno tras otro un león con “alas de águila”, un oso con “tres costillas entre los dientes”, un leopardo “con cuatro alas de ave en sus espaldas”, el cual “tenía también… cuatro cabezas”, y por último, “la cuarta bestia, espantosa y terrible… muy diferente de todas las bestias… antes de ella, y tenía diez cuernos” (Daniel 7:4-7). Una secuencia en las apariciones de las cuatro bestias es muy obvia en las visiones de Daniel, destacándose aún más el desenlace secuencial en la explicación que un ángel de Dios da a Daniel, comenzando en Daniel 7:17. Cada bestia de estas cuatro corresponde a una de las “siete cabezas” de la visión de Juan relatada en Apocalipsis 13.

7.  Dadas todas estas evidencias y consideraciones, afirmamos categóricamente que las “siete cabezas” son siete reinos terrenales, cada uno fuerte y espantoso como una gran bestia indómita, que se levantan consecutivamente. Interesantemente, este fenómeno es precisamente el que encontramos en la historia secular-religiosa de aquella región del planeta Tierra donde escenifican las visiones de Apocalipsis y Daniel: ¡Siete reinos seculares, sujetos a fuerzas, filosofías y creencias opuestas al Dios Creador, que actúan cada uno en su turno, como alguna clase de bestia que Satanás mismo creara! Los cinco reinos que se cayeron son:

a)  Caldea-Sumeria-Babilonia

b)  Egipto

c)  Asiria

d)  Medo-persa

e)  Grecia

  "Babilonia en el tiempo de Nabucodonosor"
Por Joe Maniscalco. http://biblical-illustrations Derechos reservados.

 

     Respecto a su religiosidad, estos cinco reinos grandes y poderosos eran, esencialmente, idolátricos. Muchos de sus faraones o reyes se consideraban “dioses”, se proyectaban como tal y los súbditos los adoraban. Definitivamente, la gran “bestia” dio vida a aquellos cinco reinos, sosteniéndolos, como el cuerpo sostiene a la cabeza. ¿Quién lo cuestiona?

 

 

 

 

 

 

f)  El sexto reino es representado por el rey que “es”, o sea, por el que estaba en poder cuando Apocalipsis fue revelado a finales del Siglo I. Inequívocamente, el sexto reino (sexto monte, sexta cabeza, sexo rey) es el Imperio Romano. Solo podemos interpretar correctamente el verbo “es”, colocándonos allá en el tiempo del apóstol Juan. “Es”, o sea, el que existía cuando Juan vivía y recibía en la isla de Patmos las visiones de Apocalipsis. Para los efectos, el apóstol Juan está diciendo: “El sexto reino existe en mi tiempo, en el tiempo que vivo yo, a fines del Siglo I de la Era Cristiana”. Por consiguiente, el verbo “es” no se refiere, en absoluto, al tiempo que vivimos nosotros (la primera década del Sigo XXI), sino al tiempo cuando el apóstol Juan recibió las revelaciones de Apocalipsis.

"El Imperio Romano" http://ccat.sas.upenn.edu/~thurley/rome_sciuti.jpg

A la izquierda, estandarte, con el águila en alto, sostenido por soldados romanos. A la derecha, grupo de senadores luciendo togas blancas. Sobre el pedestal, escultura de la zorra que amamantó a Rómulo, fundador legendario de Roma y su primer rey.

 

g)  ¿Qué reino es el séptimo? Intentaremos identificarlo al estudiar el Capítulo 17 de Apocalipsis, en el Capítulo Siete de esta exposición.

C.  La primera bestia “tenía... diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas” (Apocalipsis 13:1). La interpretación de los “diez cuernos” la presentamos en el Capítulo Siete de esta obra.

D.  La primera bestia es culpable de muchas blasfemias contra el Altísimo.

1.  Tiene “sobre sus cabezas, un nombre blasfemo (Apocalipsis 13:1).

a)  “Un nombre blasfemo” aparece sobre las siete cabezas de la bestia. El “nombre blasfemo”, singular, simboliza, pensamos, todos los nombres blasfemos tomados por los siete reinos a través de la historia, nombres llenos de soberbia que glorifican el poder humano o el poder de los dioses falsos, teniéndolo como superior al poder y la majestad del único Dios verdadero. Paralelamente, la “bestia escarlata” está “llena de nombres de blasfemia”. De “nombres”, es decir, de una pluralidad de nombres blasfemos. Se observa en los pueblos, naciones e imperios terrenales la costumbre de identificarse por nombres, apodos o lemas descriptivos que ensalcen a sus fundadores, héroes, leyendas o la imagen que deseara proyectar cada entidad. Algunos se identifican abierta y orgullosamente con dioses paganos, otros con osadas pretensiones de poderío militar o comercial, y todavía otros con ideologías culturales, visiones particulares del universo, códigos morales o estilos de vida puramente humanos, proyectándose algunos como si fueran dueños de toda la tierra y no sujetos a la autoridad del Dios Supremo por cuya voluntad existen, hacen y deshacen (Romanos 13:1-7).

b)  Los antiguos faraones de Egipto alegaban haber descendido de Ra, el “dios del sol”. “Ra. Dios del Sol y divinidad suprema de los antiguos egipcios. Se le representaba con cuerpo humano y cabeza de halcón, con el disco solar sobre ella, y también en forma de escarabajo. Su culto, originario de Heliópolis, fue hegemónico a partir de la V dinastía (III milenio a.C.). A partir de la XI dinastía (II milenio a.C.) se fusionó con Amón (Amón-Ra), de origen tebano.” (© 1996 Editorial Norma, S.A. Reservados todos los derechos.)  Los sacerdotes egipcios glorificaban a Ra como el creador y padre de todo, el principal de las deidades cósmicas. Aquel país de las pirámides se identificaba entre las demás naciones como Egipto, el Imperio de Ra. Esta identificación constituía, en efecto, una gran blasfemia, ya que se elevaba a un dios falso, vivo solo en mentes supersticiosas, por encima del único Dios verdadero que vive para siempre, y por cuya voluntad soberana todo gobierno se levanta, permanece o cae.

c)  Nabucodonosor, rey de Babilonia durante más de cuarenta y tres años (605 – 562 a.C.), ejemplifica dramáticamente el espíritu soberbio característico de los gobernantes paganos. Su nombre mismo encierra una blasfemia, pues significa “Que Nebo defienda las fronteras” (Nuevo diccionario bíblico ilustrado, CLIE, Página 797). “Nebo” era “una divinidad babilónica que presidía el saber y las obras literarias” (Nuevo diccionario bíblico ilustrado, CLIE, Página 805). No solo tenía Nabucodonosor un nombre blasfemo sino que, vanidosamente, se jactaba de su poder, autoridad y grandes obras, como si todo lo hubiese logrado por su propia mano, sin ninguna aportación o intervención del único Dios Todopoderoso (Daniel 4). “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? ¡Blasfemaba ante Dios! El castigo divino no tardó. “Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de tí; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación” (Daniel 4:29-32).

d)  Algunos césares romanos se presentaban ante el pueblo como dioses y los súbditos de Roma debían adorarlos ofreciéndoles sacrificios. En esto, blasfemaban. “Era costumbre en el antiguo Oriente venerar a los reyes algo así como a dioses. Ambas circunstancias juntas hacen comprensible que pronto se empezara a tributar culto al emperador, vivo aún, bajo títulos como salvador, liberador, redentor, portador de salvación.” (Nuevo diccionario bíblico ilustrado, CLIE, Página 162)

e)  Consideremos el ejemplo del blasfemo rey Herodes (Agripa) quien permitió que la multitud le llamara “Dios”, no rechazando él la adulación ni reprendiendo a los idólatras que le vitoreaban. “Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:21-23).

2.  “También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias (Apocalipsis 13:5). Grandes cosas y blasfemias tales como:

a)  Proclamaciones de ser la encarnación de la “deidad”.

b)  Declaraciones de tener autoridad y atributos divinos.

c)  Grandes jactancias acerca de su poder y hazañas.

3.  Según Apocalipsis 17:3, la bestia estaba “llena de nombres de blasfemia.  Esta bestia representa, fundamentalmente, reinos seculares-idolátricos. No representa ningún “reino religioso” asociado con el cristianismo, aseveración que se confirma en el Capítulo 7 de este “Análisis”. Por lo tanto, los “nombres de blasfemia” que toma la bestia no son nombres de la iglesia apóstata, representada por la “gran ramera”, sino nombres que toman los gobernantes que no honran al Dios verdadero, pese a que piensen hacerlo.

E.  La apariencia de la bestia: “La bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león (Apocalipsis 13:2).

1.  El leopardo es una bestia feroz y sumamente ágil. Asimismo suelen ser los reinos seculares idolátricos, o ateos: feroces y ágiles en sus acciones contra las demás naciones, como también contra el verdadero Dios y su pueblo.

2.  Por su gran tamaño, fuerza brutal, habilidad de erguirse sobre sus piernas traseras y correr rápido, el oso es una bestia muy temida. Las uñas de sus pies son largas y afiladas. Este animal arranca, desgarra y mata sin pena. De la misma manera acostumbran actuar reinos seculares idolátricos, o ateos, los unos contra los otros, y todos contra Dios. Pisotean el nombre del Dios verdadero, arrancan su obra y desgarran con gran impudencia lo sagrado.

3.  ¿Quién no teme al orgulloso y fuerte león? Cuello musculoso, cabeza grande, boca muy ancha, colmillos largos y afilados con los que desgarra la carne de sus presas. Esta bestia es capaz de correr velozmente, persiguiendo a la presa y lanzándose sobre ella, matándola. La historia de nuestra raza humana confirma que estos mismos atributos los poseen algunos reinos seculares idolátricos, o ateos, forjados a través de los siglos. ¿No tratan así a los pueblos menos fuertes? ¿Persiguiéndolos y devorándolos? Y todos los reinos terrenales de esta categoría se lanzan también contra el Dios verdadero y su pueblo, en ocasiones, con gran violencia, persiguiendo, aun matando y consumiendo, empeñados en acabar con todo aquel que no se doblegue a su voluntad diabólica.

4.  Se unen en la bestia que el apóstol Juan vio ciertos atributos notables de tres bestias distintas, a saber, del leopardo, del oso y del león. O sea, esta primera bestia de Apocalipsis, terrible y espantosa, tiene la agilidad del leopardo, la fuerza bruta del oso y la agresividad del león hambriento. Estos mismos rasgos suelen caracterizar a grandes reinos seculares idolátricos, o ateos, los que, en sus campañas bélicas, se arremeten velozmente contra sus enemigos, con empuje y fuerza irresistibles, pronto devorando a quienes no se rindan, incluso a los escogidos de Dios al estos no tributar, por cuestiones de convicción y conciencia, el homenaje exigido.

F.   “Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2).

1.  El “dragón” es Satanás. “…el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás(Apocalipsis 12:9).

2.  Según Apocalipsis 12:3, el “gran dragón” también tiene “siete cabezas y diez cuernos”. Intrigante similitud, ¿no le parece? ¿Por qué tienen ambos, tanto el dragón como la bestia, “siete cabezas y diez cuernos”? La razón es evidente: ambos entes obran en contra del Dios verdadero y sus escogidos. Los dos están ligados y compenetrados en su empresa malvada al extremo de compartir los mismos atributos y poderes. El “gran dragón”, con sus siete cabezas, se manifiesta en la tierra mediante la “bestia” con sus “siete cabezas y diez cuernos” (reinos seculares).

3.  “Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.” ¿Cómo es posible que Satanás aún tenga “poder... trono, y grande autoridad” durante la Era Cristiana ya que fue echado fuera del cielo a consecuencia de la “gran batalla en el cielo” en los días cuando Cristo triunfó sobre él en la cruz? La explicación nos la da la Biblia misma: aún puede tenerlos solo porque Jehová Dios permite que los tenga, y además porque aun durante la Era Cristiana existen tanto ángeles como seres humanos dispuestos a servir al diablo.

a)  “Se le dio boca que hablaba grandes cosas” (Apocalipsis 13:5).

b)  “Se le dio autoridad” (Apocalipsis 13:5).

c)  “Se le permitió hacer guerra contra los santos” (Apocalipsis 13:7).

d)  ¿Se da cuenta usted, respetado lector, de la implicación de las frases “se le dio” y “se le permitió”? ¿Quién “se le dio” a Satanás los poderes que tiene en el tiempo de las bestias de Apocalipsis 13? ¿O quién “se le permitió” tenerlos? Uno solo posee la potestad de conferir semejantes poderes, a saber, el Soberano Dios Creador. Por lo tanto, se entiende que Dios es quien concede a Satanás la autoridad para hablar y actuar como este viene haciéndolo, desde cuando primero se rebelara contra el Todopoderoso hasta el presente. Siendo el Omnipotente, Jehová Dios bien pudiera haber eliminado totalmente a Satanás de los contornos celestiales cuando primero se levantó este en contra de él, pero lo conserva con vida, aun concediéndole autoridad y poder para ciertas ejecutorias en el planeta Tierra, obviamente con el propósito de probar a los seres humanos, como también a los ángeles.

 


Pintura tipo mural, por Joe Maniscalco. http://biblical-illustrations.com/

-A la izquierda, en primera plana, aparece la primera bestia de Apocalipsis 13. “Tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas… …era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león (Apocalipsis 13:2). Esta bestia sube del mar.

-En el centro,  el dragón da "su poder y su trono, y grande autoridad" a la primera bestia (Apocalipsis 13:2).

-A la derecha, la segunda bestia, la que sube de la tierra, tiene "dos cuernos semejantes a los de un cordero (lado derecho, superior) pero hablaba como dragón" (Apocalipsis 13:11).

 

e)  En cuanto a quién tenga el dominio absoluto sobre los reinos de la tierra, no puede haber duda alguna: Dios es quien lo tiene. “…no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1-6). Sin embargo, para la realización de sus propósitos entre las naciones, como también para probar a sus siervos, Dios permite que Satanás otorgue su poder, trono y autoridad a gobiernos idolátricos, o ateos. En virtud de tener tal potestad grandiosa, Satanás tentó a Cristo mostrándole “todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 3:8-9). Su oferta era válida, ya que, en realidad, Satanás era el verdadero señor y dueño de aquellos reinos idolátricos que existían en el tiempo del ministerio terrenal de Cristo. Con todo, en ocasiones Dios suspende los derechos de Satanás sobre los “reinos del mundo”, interviniendo él mismo para cumplir sus propios propósitos divinos. Lo hizo en el caso de los medo-persas, para que Israel pudiese ser restaurado a la tierra prometida después del cautiverio babilónico. “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá” (Esdras 1:1-2). ¿Se fija en la frase “despertó Jehová el espíritu de Ciro”? He aquí un ejemplo clásico de cómo Dios obra en los reyes de la tierra, aun en aquellos que adoran a dioses falsos, para la implementación de su propia voluntad divina, la cual toma prioridad sobre cualquier otra voluntad, bien sea de hombre o de Satanás mismo.

G.  “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada (Apocalipsis 13:3).


El arco de triunfo dedicado a Constantino el Grande, el “Salvador” del Imperio Romano.

1.  Una de las siete cabezas sufre una “herida mortal”. Pero, según Apocalipsis 13:12, la bestia misma recibió la “herida mortal”. Referido versículo dice: “La primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (Apocalipsis 13:12). “Cabeza herida”; bestia herida. El significado es el mismo. Obviamente, “cabeza” es sinónima de “bestia”, y esto confirma nuestra tesis según la que las “siete cabezas” son siete manifestaciones distintas en la tierra de aquella bestia malévola primordial. La misma bestia se presencia en la tierra en siete ocasiones distintas mediante siete reinos distintos. En una de sus presentaciones, sufre una “herida mortal”.

2.  “Una de sus cabezas significa uno de los siete reinos seculares idolátricos, y sería equivalente a decir “uno de los siete reyes”, también representativos estos siete reyes de siete reinos.

3.  “Como herida de muerte.” Tan profunda y severa era esta herida que hubiese causado la muerte bajo circunstancias normales,.

4.  “Pero su herida mortal fue sanada.” El reino representado por esta “cabeza”, sufre una herida terrible, a consecuencia de la que agoniza y está para sucumbir, pero asombrosamente, ¡se recupera! “Su herida mortal fue sanada.”

5.  ¿Cuál de los grandes “reinos seculares del mundo” es representado por la cabeza “herida de muerte” que “fue sanada”? Todas las evidencias señalan hacia el Imperio Romano.

a)  ¿Cuándo recibió el Imperio Romano una “herida mortal”? Al escudriñar los caudalosos datos históricos sobre aquel reino, encontramos en el Siglo III de la Era Cristiana eventos y circunstancias que dejaron gravemente herido al Imperio Romano.

b)  ¿Quiénes asestaron esta “herida mortal” al Imperio Romano durante el Siglo II de la presente Era?

(1)  Los numerosos pretendientes al trono de Roma. Estos se enfrascaron en tremendas guerras civiles, compitiendo despiadadamente por la corona del Imperio. Sus acciones bélicas debilitaron notablemente no solo a las instituciones gubernamentales sino también la capacidad del Imperio para defenderse contra el enemigo de afuera, destruyéndose o perdiéndose grandes cantidades de recursos de toda índole.

(2)  También los bárbaros que habitaban el norte de Europa, más allá del río Danubio, los que en aquel siglo se arremetían contra el Imperio, o lo infiltraban, adueñándose de cada vez más territorio: francos, alemanes, sajones, marcomanos, hérulos, lombardos, gépidos, visigodos, vándalos, etcétera.

(3)  Colaboraron en el crimen las masas de esclavos y pordioseros, las que producían poco, pero consumían mucho, agotando aún más los recursos del Imperio.

(4)  Se hicieron cómplices del crimen los funcionarios y ciudadanos moralmente depravados quienes saquearon, espiritualmente, al Imperio mucho antes de que los bárbaros lo hicieran literalmente.

c)  ¿Cómo y cuándo fue sanada la “herida mortal”?

(1)  El emperador romano Constantino puso fin a las guerras civiles, venciendo a su rival Majencio en el año 312 d.C. e imponiéndose como el único emperador en el año 324.

“Nacido con el nombre de Flavio Valerio Constantino, en Naissus (hoy, Niš, en la actual Serbia), hijo del prefecto del Pretorio (jefe militar de la Guardia Pretoriana) Constancio Cloro (más tarde emperador Constancio I) y de Elena (que llegó a ser canonizada como santa Elena). Luchó contra los sármatas y se unió a su padre en Britania, en el 306. Fue tan popular entre sus tropas que le proclamaron augusto cuando Constancio murió ese mismo año. Sin embargo, durante las dos siguientes décadas tuvo que luchar contra sus rivales al trono, y no logró ser emperador único hasta el 324.

En el 312, en la víspera de una batalla contra Majencio, su rival en la península Itálica e hijo de Maximiano, se dice que soñó cómo se le apareció Cristo y le dijo que grabara las dos primeras letras de su nombre (XP en griego) en los escudos de sus tropas. El día siguiente, la leyenda dice que vio una cruz superpuesta en el sol y las palabras “con esta señal serás el vencedor” (en latín, in hoc signo vinces). Derrotó a Majencio en la batalla del Puente Milvio, cerca de Roma, en octubre de ese año (312). El Senado aclamó al vencedor como salvador del pueblo romano y le tituló primus augustus. Constantino consideró que el Dios cristiano le había proporcionado la victoria, por lo que abandonó sus anteriores creencias paganas.” (Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

Después de vencer Constantino a Majencio en la batalla decisiva del Puente Milviano, fue erigido un arco de triunfo donde se proclamó que Constantino había “salvado” al Imperio Romano (Gibbon, El debilitamiento y la caída del Imperio Romano, Tomo I, Página 295). Lo salvó de la muerte inminente que hubiese sufrido inexorablemente el Imperio de haber continuado las guerras civiles hasta dejarlo postrado en el suelo.

 (2)  La “herida mortal” que sufrió el Imperio Romano fue sanada al establecer el emperador Constantino una nueva capital para el Imperio en Bizancio, cerca de la antigua Troas, consolidando las fuerzas militares romanas e infundiendo a la ciudadanía un nuevo espíritu de confianza y poder.

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La “Nueva Roma” fundada. Roma se salva y se sana, renaciendo.

(a)  En noviembre del año 324 d.C., Constantino el Grande, acompañado por sus consejeros, ingenieros y sacerdotes (de la iglesia apóstata), trazó los límites de la nueva capital para el Imperio Romano, llamándola la “Nueva Roma”. El nombre es muy significante. “¡Nueva Roma!” Es decir, Roma renacida. Roma resucitada. ¡El Imperio Romano salvado y sanado! He aquí el cumplimiento, al pie de la letra, de lo que se profetizó en Apocalipsis 13:3. Aun antes de fallecer Constantino, ya algunos romanos llamaban a la nueva capital “Constantinopla”, pero su nombre original era “Nueva Roma”.

(b)  Esta nueva capital del Imperio Romano fue inaugurada el 11 de mayo de año 330 d.C.

(c)  “En menos de dos siglos, Constantinopla llegó a ser la ciudad más rica, hermosa y civilizada del mundo, continuando así por diez siglos. Para el año 337 d.C., tenía cincuenta mil habitantes; para el año 400, aproximadamente cien mil; y para el año 500, casi un millón.”

(d)  “Por espacio de mil años, aquí el Imperio Romano sobrevivía el diluvio de bárbaros que inundaba a Roma (en el oeste). Por ocho siglos después de Mahoma, resistió la ola musulmana que inundaba a Asia, África y España.”

(e)  Constantinopla iba a “dominar al alma del oeste por mil años” (Citas e información tomadas de: La historia de la civilización, Tomo IV, La era de la fe, Páginas 3-5, por Will Durant).

 

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(3)  Las evidencias para la sanación de la “herida mortal” asestada al Imperio Romano son abrumadoras. Esta “herida mortal… fue sanada” durante la primera mitad del Siglo IV d.C., cuando la nueva capital fue establecida, llamándose precisamente la “Nueva Roma”.

 

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Resaltando la duración del Imperio Romano.

La tendencia de algunos historiadores, particularmente de occidente, es fijar el fin del Imperio Romano para el Siglo V después de Cristo. Se equivocan. La fecha correcta para la caída del Imperio Romano es clave para el entendimiento correcto de varias profecías apocalípticas.

d)  A continuación, apuntamos una conclusión sumamente importante, apoyada en la cicatrización de la “herida mortal”, sobre la duración del Imperio Romano. En realidad, esta conclusión es la llave que abre acceso al entendimiento de algunas profecías apocalípticas.

(1)  En el oriente, el Imperio Romano permaneció hasta el año 1453 d.C., año en el que los musulmanes conquistaron a Constantinopla.

(2)  En el occidente, el Imperio Romano se mantuvo, oficialmente, hasta el año 1806 d.C., cuando Francisco II renunció el título de “emperador” del Sacro Imperio Romano.

(3)  Por lo tanto, no es correcto afirmar que el Imperio Romano muriera para siempre en el año 476 d.C., falacia que ha dado por resultado no pocas interpretaciones erróneas de las profecías de Apocalipsis sobre las bestias, los cuernos y la “gran ramera”.

(a)  Es notable que la magna obra histórica de Edward Gibbon sobre “El debilitamiento y la caída del Imperio Romano” no termina con los eventos del año 476 d.C. sino con los eventos del Siglo XVI. ¿Por qué abarca el libro del historiador Gibbon hasta el Siglo XVI? ¡Por la sencilla razón de que el Imperio Romano permaneció sobre la faz de la tierra hasta el Siglo XVI d.C.! Continuó, aunque fuera solo de nombre, aun hasta el año 1806 d.C. Ningún comentarista que intente interpretar las profecías apocalípticas sobre las bestias y los cuernos pasará por alto tan importante dato.

(b)  Tratándose del Imperio Romano, la siguiente aclaración aparece en el libro “The Levant” –“El Levante: historia y arqueología del Mediterráneo oriental”, editor Olivier Binst. Konemann. Página 189. “Usualmente, los historiadores se refieren al imperio oriental, gobernado desde Constantinopla, donde el cristianismo se afianzó poco a poco, como el Imperio Bizantino. Sin embargo, no se debería pasar por alto que sus habitantes se consideraban romanos, bien vivieran en la Crimea, el sur de Egipto, cerca del Tigres o a orillas del Danubio. La tendencia de los historiadores de occidente es fijar el fin de la antigüedad clásica y el principio de la Edad Medieval dentro del marco de los eventos, entre otros, del Siglo V, cuando históricamente Roma dejó de ser la capital imperial, ya fuera por los saqueos y conquistas de Roma (en el 410, el 455 y el 472), ya por el destronamiento del último emperador occidental Romulus Augustus en el 476. Sin embargo, esta demarcación de eventos es irrelevante para el Mediterráneo oriental.” ¿Por qué “irrelevante”? Porque el Imperio Romano no terminó con la caída de Roma en el occidente. Sanado de su “herida mortal”, siguió fuerte en el oriente por largos siglos.

(c)  “Czar”, título tomado por los monarcas rusos, se deriva de “césar”. “Para fines del Siglo XV, Muscovy (Moscú) había absorbido la mayoría de las demás principalidades rusas. Al desmoronarse el Imperio Bizantino en el 1453, se quedó como el único estado ortodoxo de significancia. Iván III se casó con una princesa bizantina en el 1472, adoptando el título de czar (césar)” (Atlas histórico del mundo medieval. John Haywood. Barnes & Noble. New York. 3.12). Pretendía que la corona bizantina pasara a él, así preservándose la continuidad del antiguo Imperio Romano.

(d)  Tan relevante como instructiva es la siguiente cita de “El levantamiento y la caída de la antigua Roma”, (Anness Publishing House Ltd., Hermes House, 88-89 Blackfriars Road, Londres, Inglaterra. 2007. Página 9. www.hermeshouse.com. www.annesspublishing.com): “La caída del Imperio Romano en el occidente es irresistiblemente fascinante, despertando, en lo referente a sus causas, interminable controversia. De más significación es que el Imperio Romano como concepto potente no expiró en el año 476 d.C. El Sacro Imperio Romano, creado cuando Carlomagno fue coronado por el Papa en Roma en el año 800 d.C., intentó, con algún éxito, reavivar el Imperio, y perduró por un milenio. Entonces, Napoleón fundó su imperio de corta vida, con todo y águilas, arcos triunfales y oportunidades concedidas a otras gentes que quisieran unirse al régimen. Sin embargo, al fin y al cabo, quizá el heredero más grande de Roma fuera espiritual más bien que militar. … La Iglesia Católica, con su jerarquía y ambiciones universales, es la heredera más obvia de la antigua Roma.”

(4)  Comprobaremos que estos hechos sobre la cicatrización de la “herida mortal” que sufrió Roma, y la duración del Imperio Romano después de sanado, tienen importancia vital para la interpretación correcta de los diez cuernos.

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6.  Aclaración: la cabeza que fue sanada era un reino fundamentalmente político-secular y no un reino esencialmente religioso o espiritual. Por lo tanto, es de esperarse que la cabeza, después de sanada, se manifestara, fundamentalmente, como un poder político, y no religioso. Asimismo sucedió. El Imperio sanado era, esencial y efectivamente, político-secular en naturaleza. Tal es la realidad, a pesar de que la religión estuviera inextricablemente unida al nuevo poder político-secular creado. Se deduce que la cabeza sanada no es la iglesia apóstata, o sea, que no es la Iglesia Católica Romana, ya que esta iglesia es un poder intrínsicamente religioso y no político, aunque no es menos cierto que se envuelve mucho en la política. La cabeza sanada es el Imperio Romano. La cabeza sanada no es la Iglesia Católica Romana.

7.  Todas las evidencias contextuales e históricas indican que la cabeza herida, luego sanada, es el Imperio Romano, o sea, la sexta cabeza, monte o rey. Por lo tanto, aplicamos lo que se dice de la bestia en la última parte del Versículo tres, y hasta el Versículo ocho, al Imperio Romano, específicamente a su fase de “sanado”.

a)  ¿Por qué aplicarlo a su fase de “sanado”? Por la conexión que se establece en los Versículos tres y cuatro entre la recuperación asombrosa de la bestia y la reacción, que no se hace esperar, de la gente.

(1)  ¿Por qué “se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”? Obviamente, ¡porque la bestia fue sanada!

(2)  ¿Por qué “adoraron... a la bestia”? Claro, ¡porque la bestia fue sanada!

b)  Es cierto que mucho de lo que se dice de la bestia en el texto señalado puede aplicarse al Imperio Romano en sus manifestaciones antes de recibir la “herida mortal”. Sin embargo, no debemos pasar por alto la conexión evidente entre la herida sanada y la reacción de la gente.

H.  “Se maravilló toda la tierra en pos de la bestia.”

1.  “Se maravilló” significa que los habitantes de la tierra quedaron muy impresionados al observar que la bestia (el Imperio Romano) fue sanada, siguiéndola admirados y atónitos.

a)  Ejemplo impactante de cómo la gente siguió a la bestia sanada lo tenemos en el caso de la “Nueva Roma”. Durante los ciento y setenta años subsiguientes al 330, año en que la “Nueva Roma” (Constantinopla) fue dedicada, centenares de miles de personas se trasladaron a la nueva capital del Imperio, donde la población alcanzó un millón para el año 500 d.C. De cierto, “se maravilló toda la tierra (gente de muchos países distintos) en pos” de la “Nueva Roma.”

b)  En el Occidente, al seguir recuperándose la bestia sus poderes, ochenta millones de personas se constituyeron en ciudadanos del “Sacro Imperio Romano”, nueva entidad política que también formaba parte del sistema político representado por la cabeza sanada. Efectivamente, estos muchos millones de Europa también se maravillaron “en pos” de la cabeza sanada.

2.  “Toda la tierra” significa la gran mayoría de los habitantes de la tierra donde la bestia sanada ejercitaba su poder e influencia.

I.  Adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Apocalipsis 13.4)

1.  El Versículo ocho identifica a estos adoradores de Satanás y del nuevo poder político (la bestia sanada) como “los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”.  Sus nombres no están “escritos en el libro de la vida” por la razón obvia de que estas multitudes que van en pos de la bestia sanada son gente idólatra.

a)  Idolatran al poderío político, bélico y económico de la bestia sanada, exclamando con admiración exagerada: “¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” O sea, para ellos, ¡la bestia sanada era lo máximo, lo más grande del mundo! Fue herida de muerte, pero para asombro del mundo, ¡fue sanada y seguía adelante, airosamente triunfante, con gran pompa, orgullo y poder!

b)  Idolatran a los nuevos falsos dioses (al Papa, a María “la Madre de Dios”, al falso Cristo de los “prodigios mentirosos”, a los “santos beatificados”, a las imágenes de personajes bíblicos, a las de mártires, a las reliquias) que la bestia presentaba al mundo, siguiendo a los sacerdotes “cristianos” en cultos, ritos y doctrinas completamente pervertidos (2 Tesalonicenses 2:3-4).

2.  “Adoraron al dragón.” Sin duda, muchos de aquellos habitantes que se postraban, si bien no literalmente, por lo menos en espíritu y mente, ante la bestia sanada (Roma sanada), no se daban cuenta de que estaban adorando, en realidad, al diablo. Sin embargo, efectivamente, lo hacían, pues la bestia que ellos seguían y admiraban había recibido su poder y autoridad del mismo Satanás. Satanás moraba en la bestia, manifestándose tanto en organizaciones y actividades políticas como en las de naturaleza religiosa.

3.  Nos parece correcto y necesario hacer la siguiente aplicación general de las acusaciones implícitas contra aquellos que “adoraron al dragón... y adoraron a la bestia”: toda persona de toda época y de todo lugar que idolatre al poder político o se someta a las falsas religiones sostenidas e impuestas por el estado secular, ¡también es culpable de adorar a Satanás!

J.  “Se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses (Apocalipsis 13:5).

1.  “Cuarenta y dos meses.” Es decir, por el tiempo determinado por Dios. El número es simbólico. No es preciso interpretarlo literalmente como un periodo exacto de cuarenta y dos meses literales, o de mil doscientos sesenta años proféticos. A nuestro entender, cualquier número simbólico se interpreta conforme al contexto del pasaje donde aparece.

a)  ¿Cuándo comienza el periodo señalado por los “cuarenta y dos meses”? Conforme a la interpretación que estamos desarrollando, comienza cuando Roma es sanada de su “herida mortal”. O sea, comienza más o menos durante la cuarta década del Siglo IV de la Época Cristiana (330 – 340 d.C.).

b)  ¿Cuándo termina el periodo? Cuando la Roma sanada llega a su fin. En el Oriente, esto ocurre para mediados del Siglo XV. En el Occidente, oficialmente el Imperio llega a su fin en el año 1806. Sin embargo, para los efectos, terminó en el año 1555 d.C.

c)  A pesar de no ser necesario interpretar literalmente los “cuarenta y dos meses” como mil doscientos sesenta años literales, curiosamente la duración de la Roma sanada corresponde, más o menos, al periodo de mil doscientos sesenta años (330 años d.C., fecha para la inauguración de la “Nueva Roma” + 1,260 años proféticos = la fecha de 1,590 años d.C. El Imperio Romano cayó en el año 1555 d.C.).

2.  “Para actuar.” La Roma sanada actúa. ¿Qué cosas hace la nueva Roma durante los “cuarenta y dos meses”?

a)  Blasfema. “Abre su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo” (Apocalipsis 13:6).

(1)  Pero, ¿no es la Roma sanada la misma Roma que abrazó el cristianismo en el Oriente al igual que en el Occidente? Positivo; es la misma. Entonces, ¿cómo puede la Roma “cristiana” ser culpable de tantas blasfemias? Era culpable porque sus gobernantes, siendo corruptos moral y doctrinalmente (confirmado ampliamente por los hechos históricos), se presentaban ante el mundo como los ungidos del Dios verdadero, acto impúdico mediante el que blasfemaban.

(2)  En el Occidente, los reyes y los emperadores se confabularon con el Papa, llamando su reino el “Sacro Imperio Romano”, nombre blasfemo, ya que de “sacro” no tenía ni un asomo aquel Imperio bañado de sangre y apoyado por una iglesia en plena apostasía.

(3)  Se nos dice que la bestia sanada blasfemaba no solo del nombre de Dios y de los seres celestiales sino también “de su tabernáculo”, es decir, del tabernáculo de Dios. ¿Qué es este “tabernáculo”? No se trata del tabernáculo judío, sino de la iglesia verdadera de Dios, de la misma que guarda la sana doctrina, de la que no cae en apostasías, de la que no va en pos de evangelios o dioses extraños, de la que siempre viste un traje espiritual blanco y sin arrugas. Este “tabernáculo” espiritual de la Era Cristiana es “el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación” (Hebreos 9:11), o sea, es “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

b)  La cabeza sanada no es pasiva sino activa. Hace “guerra contra los santos” venciéndolos. “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos”  (Apocalipsis 13:7).

(1)  Antes de recibir la “herida mortal”, el Imperio Romano levantó varias persecuciones contra la iglesia, ¡pero no logró vencerla! Herida de muerte, es sanada, y de nuevo hace “guerra contra los santos” logrando, en esta ocasión, vencerlos. “Se le permitió… vencerlos.”

(2)  Pero, ¿no es la Roma sanada un imperio “cristiano”? A la verdad, pretendió ser un imperio “cristiano”. ¿No rechazó la Roma sanada el paganismo practicado por los gentiles, instalando en su lugar “el cristianismo”? Pues, la historia confirma que lo hizo en buena medida (Gibbon. El debilitamiento y la caída del Imperio Romano. Tomo I. Capítulo 20). Entonces, si la Roma sanada es “cristiana”, ¿por qué se dice de ella que hace “guerra contra los santos” hasta vencerlos?

(a)  He aquí la razón escalofriante: ¡la Roma sanada no es realmente “cristiana” sino todavía “pagana”! No nos equivocamos al observar que es pagana, disfrazada hábilmente de “cristiana”. Solo podremos entender correctamente la serie de profecías que estamos analizando teniendo presente este hecho innegable sobre la verdadera naturaleza del Imperio Romano sanado. Reiteramos: la Roma sanada no es “cristiana” de verdad, sino pagana, pues el “cristianismo” que instala como religión del estado es corrupto, siendo, en realidad, un nuevo tipo de paganismo, el “paganismo cristiano”.

(b)  El “cristianismo” que Constantino conoció no era puro sino ya corrupto en organización, culto y vida moral. Constantino, y los emperadores subsiguientes del Imperio Romano en el Oriente, corrompieron aún más al cristianismo, creando una complicada jerarquía eclesiástica contraria a la organización sencilla establecida por Dios, jerarquía que se ponía cada vez más celosa de las tradiciones religiosas humanas. Esta misma “jerarquía cristiana”, unida en fornicación espiritual al estado político, es la que resiste, reprime y vence a los verdaderos “santos” de Dios.

(c)  El mismo tipo de jerarquía eclesiástica, con su sede en la ciudad de Roma, fue creado en el Imperio Romano del Occidente. Después de la caída del gobierno secular de Roma en Occidente, se levantaron en Europa algunos reinos políticos (francos, lombardos, etcétera) que abrazaron aquel cristianismo corrupto, formándose, eventualmente, el “Sacro Imperio Romano”. En el Occidente, ambos poderes (el secular y el eclesiástico) reprimen y persiguen a los verdaderos “santos” de Dios con tesón maléfico, venciéndolos.

(3)  ¿Qué tipo de “guerra contra los santos” hace la bestia sanada?

(a)  “Guerra” librada mediante persecuciones carnales, incluso guerras religiosas cuya meta era la exterminación de los cristianos verdaderos y de todo disidente.

(b)  “Guerra” mediante leyes o edictos que privaban a los santos de la libertad de culto y del derecho de evangelizar.

(4)  ¿Durante qué tiempo se lleva a cabo esta “guerra contra los santos”? Durante la Edad Medieval cuando la bestia sanada estaba en poder. O sea, desde principios del Siglo IV hasta el tiempo cuando los “diez cuernos” (naciones) dejan “desolada y desnuda” a la “gran ramera” (Apocalipsis 17:16).

(5)  ¿Cómo vence la bestia sanada a los santos?

(a)  Matándolos. En el Oriente, como también en el Occidente, los oficiales del Imperio Romano funcionan como el brazo derecho de la iglesia apóstata, persiguiendo o matando a cuantos creyentes no estén de acuerdo con la religión estatal (la “madre iglesia”). La “bestia” sanada sigue reprimiendo y matando hasta perder el poder. Se calcula en cincuenta millones los seres humanos que fueron muertos durante la Edad Oscura y el tiempo de La Reforma, siendo la causa de tan terrible tragedia su oposición a la religión del estado (al “cristianismo” apóstata).

(b)  También contribuye a la derrota de la colectividad de los santos verdaderos la táctica de proscribir poseer o leer un ejemplar de la Biblia, como además la de prohibir la promulgación de la “sana doctrina” por el medio que fuese. Trabados los cristianos verdaderos en su obra, mengua la colectividad hasta quedarse vencida.

(6)  ¿Qué quiere decir “vencerlos”? ¿Significa que la bestia sanada (Roma) realmente erradica del todo a la iglesia verdadera de la faz de la tierra durante la Edad Medieval? Posiblemente, pero no necesariamente.

(a)  Lo cierto es que el dominio de las fuerzas satánicas de la ignorancia, superstición, engaño religioso y maldad crece y se infla durante la Edad Media hasta opacar, para los efectos, la luz de Dios. Tanto es así que la referida Edad también se conoce como la “Edad Oscura”, nombre que despierta visiones espantosas de “densas tinieblas”, “de tiempos sin sol”, “de esferas sin luz”. Asimismo fue la Edad Oscura: ¡sin la luz de la “sana enseñanza” de Cristo y sin la luz de la iglesia verdadera que proclama y practica la buena y perfecta voluntad de Dios!

(b)  Esta victoria de las tinieblas sobre la luz, de la iglesia apóstata sobre la iglesia verdadera, de la falsa doctrina sobre la “sana doctrina”, no se logra de la noche a la mañana. Así pues, durante la Edad Media, las fuerzas de la luz ceden poco a poco ante las fuerzas de las tinieblas hasta que se impone por completo la noche larga del oscurantismo espiritual, moral e intelectual.

(c)  ¿Dónde se encuentran los verdaderos “santos” de Dios durante la Edad Oscura? ¡Están vencidos! Lucharon y fueron derrotados, no en espíritu sino corporalmente. La profecía de Apocalipsis 13:7 fue cumplida. Debemos aceptar su cumplimiento como evidencia de la inspiración divina de las revelaciones dadas en el libro de Apocalipsis. Durante una porción del tiempo cuando domina la bestia sanada, los verdaderos “santos” de Dios desaparecen de las páginas de la historia. ¿Fueron vencidos todos hasta el último? ¿Hubo épocas durante la Edad Oscura cuando no quedara vivo sobre la tierra ni siquiera un solo verdadero “santo” de Dios? Es posible. Pero, ¿no reservó Dios para sí mismo siquiera un pequeño remanente que no cediera ante la bestia? Quizá. Para Dios, todo es posible. Aun así, lo cierto es que carecemos de evidencias concretas para probar la continuidad ininterrumpida de la iglesia verdadera en la tierra durante la Edad Oscura.

(i)  Pero, ¿no promete Cristo en Mateo 16:18 que “las puertas del Hades no prevalecerán contra” la iglesia verdadera? De hecho, tal es su promesa. Sin embargo, el estudioso que “usa bien la palabra de Dios” (2 Timoteo 2:15) toma nota de que la promesa tiene que ver con el “Hades”.  ¿Qué verdad está afirmando Cristo en realidad? Efectivamente, que la muerte no puede vencer a la iglesia, es decir, que los santos que mueren en el Señor resucitarán, y que Satanás no podrá impedirlo. ¿Por qué Satanás no podrá impedirlo jamás? ¡Por la sencilla razón de que Cristo le quitó las “llaves de la muerte y del Hades”! (Apocalipsis 1:18) La promesa que proclama el Señor no es la de la permanencia física de la iglesia en la tierra durante toda la Edad Cristiana. Más bien, proclama que la muerte y el Hades no pueden impedir la glorificación de la iglesia, promesa portentosa de fuerte consuelo para los cristianos.

(ii)  Pero, ¿no promete Cristo, en Mateo 28:18, que estaría con su iglesia “todos los días, hasta el fin del mundo”? De cierto, lo promete, pero ¿qué quería decir? ¿Qué implican sus palabras? ¿Qué jamás dejaría que su iglesia fuese perseguida? ¿Qué jamás permitiría que ningún miembro de su iglesia fuese muerto por la fe? ¿Qué jamás soportaría que las “bestias” se levantasen contra su iglesia? Muchos mártires y perseguidos atestiguan la violencia contra la iglesia durante quince siglos de su historia. ¿Falló el Señor en su promesa de estar con su iglesia “todos los días”? Entendemos que su promesa no era siempre librar a la iglesia universal de toda violencia, sino fortalecer y consolar a sus discípulos individualmente. En cualquier lugar y en cualquier tiempo que hubiere discípulos verdaderos, ¡allí estaría el Señor para fortalecerlos y consolarlos! Estaría a su lado, como estuvo con Pablo, aun cuando este valiente soldado de la cruz tuvo que presentar defensa en la misma capital del Imperio Romano. “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado… Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas” (2 Timoteo 4:16-18). El Señor fortaleció al espíritu de Pablo, librándole en su primera defensa “de la boca del león”. Pero, no seguía librando al apóstol de todo peligro, pues, eventualmente, fue aprehendido de nuevo, muriendo decapitado, conforme a tradiciones antiguas.

Lo que no puede hacer la bestia es eliminar de la tierra la simiente espiritual pura de Dios. Puede vencer a los santos, pero no puede acabar con la Biblia. Lo ha intentado una y otra vez, pero no puede porque “la palabra de Dios... vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25). Sembrada de nuevo en cualquier época y en cualquier lugar, ¡la simiente produce nuevos cristianos!

(d)  El triunfo de la bestia sobre los santos durante la Edad Oscura fue contundente. Sin embargo, la “simiente... incorruptible” permanecía en la tierra. Cuando la bestia perdió su poder, aquella simiente comenzó a brotar de nuevo, resultando, eventualmente, en la aparición en el escenario del mundo de nuevos “santos” de Dios y la restauración de la iglesia verdadera.
c)  La primera bestia ejerce “autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Apocalipsis 13:7). Se trata de los vastos territorios y de la gran influencia del Imperio Bizantino (la nueva Roma del oriente) y del “Sacro Imperio Romano” en el occidente. A pesar de que los territorios y la influencia de estas dos entidades políticas fluctuaran a través de los siglos, las dos seguían dominando grandes multitudes de personas hasta el tiempo cuando se debilitaron y se cayeron.
K.  Conclusión sobre la identidad de la primera “bestia”. En su esencia fundamental, la primera bestia es la representación de todos los reinos terrenales (seculares, materiales, políticos) basados en la idolatría y violentamente opuestos al único Dios verdadero, sus designios y su Reino Espiritual. En su manifestación como la sexta cabeza, la primera bestia de Apocalipsis 13 es el Imperio Romano.
1.  La primera “bestia” es de muy larga vida. Ha existido por miles de años. Si le cortan una cabeza, tarde o temprano ¡le nace otra! Así es que sigue con vida a través de los siglos y siglos, luchando contra Dios y su pueblo.
2.  La primera “bestia” es la misma bestia que es “apresada” y lanzada “dentro de un lago de fuego que arde con azufre” al intervenir Cristo para poner fin al conflicto entre el bien y el mal (Apocalipsis 19:20; 20:10). Roma es herida de muerte, se sana y sigue por muchos siglos más, pero no permanece en la tierra hasta el retorno del Señor. Sin embargo, se levanta la séptima bestia, luego la octava, estando esta octava bestia en el poder al regresar Cristo. Todas estas bestias son manifestaciones de la “gran bestia universal”, la que simboliza a todo reino opuesto a Dios y su pueblo verdadero.
3.  Recapitulando un poco para énfasis y claridad, en cada una de sus manifestaciones, la primera bestia de Apocalipsis 13 es identificada como una bestia particular. Por ejemplo, Daniel vio “cuatro bestias grandes”. Estas cuatro eran, efectivamente, cuatro “cabezas” distintas de la primordial “bestia” universal, la que tiene siete cabezas y diez cuernos.  Daniel vio cuatro manifestaciones de la misma “bestia” simbólica, la que representa, en todo tiempo, a los reinos terrenales fundados sobre la idolatría o el ateísmo, y opuestos, decididamente, al único Dios verdadero.
L.  “Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos” (Apocalipsis 13:9-10). Mediante estas palabras, Dios orienta y anima a los santos verdaderos.
1.  Los imperios malos, representados por la “bestia”, pueden perseguir, esclavizar y aun matar a los verdaderos santos de Dios, pero tarde o temprano recibirán su merecido. ¡También irán “en cautividad”, o serán muertos! Se quiere decir que serán castigados. Caerán. ¡Ningún imperio terrenal permanece para siempre! Solo el Reino de Dios es “inconmovible” (Hebreos 12:28).

2.  En los tiempos cuando la bestia persigue a la iglesia, los santos debemos tener paciencia y fe, confiados en el eventual triunfo total de Cristo. Este mensaje es uno de los más importantes del libro de Apocalipsis.

 

-Observación del autor. Más importante aún que el estudio de "Apocalipsis" es el de la "sana doctrina" fundamental revelada en su totalidad por el Espíritu Santo (Juan 16:13). "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina ; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Timoteo 4:16). "Cualquier que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo , no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo " (2 Juan 9). Una anomalía curiosa y preocupante de nuestra época es el afán que manifiestan muchos creyentes, incluso predicadores, evangelistas y pastores, por "Apocalipsis" y otros textos proféticos , sin haber aprendido ellos siquiera "los rudimentos de la doctrina de Cristo" (Hebreos 6:1), por ejemplo, que el bautismo bíblico es por inmersión y "para perdón de los pecados" (Hechos 2:38; 8:34-40). "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre... Y entonces los declararé: Nunca os conocí..." (Mateo 7:22-23). ¿Y por qué "nunca" ? Obviamente, porque jamás llegaron a creer y bautizarse como ordena Cristo en la Gran Comisión, diciendo: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo..." (Marcos 16:15-16). Estimado estudioso de las Sagradas Escrituras, respetuosamente le animamos a escudriñar no solo "Apocalipsis" sino a estudiar detenidamente las " Doctrinas fundamentales del evangelio "

 

 

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