APOCALIPSIS

Capítulo Seis de

 Análisis de las profecías y visiones 

 

 La Primera Bestia de Apocalipsis 13

  Su autoridad, sus poderes
y sus acciones

 


“…y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia,
y adoraron a la bestia…”

Acto 1, Escena 3

Espantoso drama de dos grandes bestias apocalípticas

Apocalipsis 13:3-10 

“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? 5 También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. 6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. 7 Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. 8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. 9 Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.”

 

[Se sigue el patrón de bosquejo de la Escena 2.]

7. Todas las evidencias contextuales e históricas indican que la cabeza herida, luego sanada, es el Imperio Romano, o sea, la sexta cabeza, monte o rey. Por lo tanto, aplicamos lo que se dice de la bestia en la última parte del versículo 3, y hasta el versículo 8, al Imperio Romano, específicamente, a su fase de “sanado”.

a) ¿Por qué aplicárselo a su fase de “sanado”? Por la conexión que se establece en los versículos 3 y 4 entre la recuperación asombrosa de la bestia y la espantosa reacción de la gente, la que no se hace esperar.

“…y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia.” Apocalipsis 13:3-4

(1) ¿Por qué “se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”? Obviamente, ¡porque la bestia fue sanada!

(2) ¿Por qué “adoraron... a la bestia”? Claro, ¡porque la bestia fue sanada!

b)  Cierto es que mucho de lo que se dice de la bestia en el texto señalado puede aplicarse al Imperio Romano en sus manifestaciones antes de recibir la “herida mortal”. Sin embargo, seguramente fallaríamos en la exégesis del pasaje al pasar por alto la conexión evidente entre la herida sanada y la reacción de la gente.

H. “…y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia.”

1. “…se maravilló…” significa que los habitantes de la tierra quedaron extremadamente impresionados al observar que la “bestia”, es decir, el Imperio Romano, fue sanada, siguiéndola admirados y atónitos.

a) Ejemplo impactante de cómo la gente “se maravilló… en pos de la bestia” sanada lo tenemos en el caso de la “Nueva Roma”.

Durante los ciento y setenta años subsiguientes al 330 d. C, año en el que la Nueva Roma (Constantinopla) fue dedicada, centenares de miles de personas se trasladaron a la nueva capital del Imperio, alcanzado la población un millón para el año 500 d. C.

Acertadamente, “se maravilló toda la tierra en pos” de la Nueva Roma.

b) Trasladándonos más adelante en la línea del tiempo hasta el siglo IX de la Era Cristiana, y ubicándonos geográficamente en el occidente de Europa, vemos que la “bestia” sigue sanándose al formarse y crecer grandemente el Sacro Imperio Romano.

Allá, ochenta millones de personas se constituyeron en ciudadanos de esta nueva entidad política-secular, la que también formaba parte del sistema político representado por la cabeza sanada.

Hecho que indica su nombre. ¿Cómo se llama? Añade “Sacro” “Imperio Romano”, llamándose “Sacro Imperio Romano”.

Esto lo hace por la fuertísima alianza entre el estado secular y la Iglesia Latina, o sea, la Iglesia Católica Romana.

Iglesia Latina en contra distinción a la Iglesia Griega con su centro en Constantinopla.

Efectivamente, estos ochenta millones de la Europa occidental también se maravillaron “en pos” de la cabeza sanada.

2. “…toda la tierra…”  Frase retórica, cuyo significado se entiende como “de muchísimos lugares de la tierra” donde la bestia sanada ejercitaba su poder e influencia. Particularmente, del Cercano Oriente, la Europa Oriental, la Europa Occidental y el norte de África.

I. “…y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” Apocalipsis 13.4

1. El versículo 8 identifica a estos adoradores de Satanás y del nuevo poder político-secular (la bestia sanada) como “los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”Apocalipsis 13:8

Sus nombres no están “escritos en el libro de la vida” por la razón obvia de que estas multitudes que van en pos de la bestia sanada son gente idólatra, pese a identificarse como “cristianos”.

a) Idolatran al poderío político, bélico y económico de la bestia sanada, exclamando con admiración exagerada: “¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” 

O sea, para ellos, ¡la bestia sanada era lo máximo, lo más grande del mundo! Fue herida de muerte, pero para asombro del mundo, ¡fue sanada y seguía adelante, airosamente triunfante, con gran pompa, orgullo y poder!

b) Idolatran a los nuevos falsos dioses y diosas:

Elogian y ensalzan grandemente a los emperadores romanos en Constantinopla, empezando con Constantino el Grande, quien se hizo, efectivamente, cabeza de la iglesia, sumo sacerdote de ella.

En realidad, el primer Papa, pues el mismo Constantino es quien invoca el Concilio de Nicea, ejerciendo autoridad entre los aproximadamente ochocientos obispos congregados y obligando a decisiones acordes con su propio parecer.

Más adelante, a principios del siglo VII, el obispo de la ciudad de Roma se declara el Papa de la Iglesia Católica Romana, y las masas de creyentes del occidente de Europa doblan rodilla a él.

Algunos teólogos y prelados de la iglesia en plena apostasía convierten a la humilde María de Nazaret en diosa hasta más poderosa que el Hijo de Hombre nacido humanamente de ella, llamándola “la Madre de Dios”.

Idolatran al falso cristo de los “prodigios mentirosos”, a los “santos beatificados”, a las esculturas y pinturas de personajes bíblicos, a las de mártires, a las reliquias, siguiendo a los falsos sacerdotes “cristianos” en doctrinas, cultos y ritos completamente pervertidos. 2 Tesalonicenses 2:1-12; 1 Timoteo 2:5; 3:1-7; 4:1-5; 2 Timoteo 4:1-5

2. “…y adoraron al dragón…” 

Sin duda, muchos de aquellos habitantes de la tierra que se postraban, si bien no literalmente, por lo menos en espíritu y mente, ante la bestia sanada (Roma sanada), no se diera cuenta de que estaban adorando, en realidad, al propio diablo.

Sin embargo, efectivamente, lo hacían, pues la bestia que ellos seguían y admiraban grandemente había recibido su autoridad y poder del mismo Satanás. De manera que Satanás moraba en la bestia, manifestándose tanto en organizaciones y actividades sociales-culturales-políticas como en las de naturaleza religiosa.

3. Nos parece correcto y necesario hacer la siguiente aplicación general de las acusaciones implícitas contra aquellos que “…adoraron al dragón... y adoraron a la bestia”

Toda persona de toda época y de todo lugar que idolatre al poder secular-social-cultural-político o que se someta a las falsas religiones sostenidas e impuestas por el estado secular,¡también sería culpable de adorar al “gran dragón”, el cual es Satanás! 

Si tal persona alberga en algún rincón de su corazón la ilusión de salvar su alma, lo indicado sería que se arrepintiera enseguida de tan tremendo pecado, buscando en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, la “sana doctrina” y obedeciéndola “para perdón de los pecados”. 1 Timoteo 3:16; Hechos 2:38-47

J. “…y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses (Apocalipsis 13:5).

1. “…cuarenta y dos meses…” Es decir, por un tiempo determinado por Dios mismo.

Este número, al igual que los demás números en Apocalipsis, se revisten de matices imprecisos. Por consiguiente, no sería obligatorio interpretarlo literalmente como si se tratara de un período exacto de cuarenta y dos meses literales, ni un día menos ni un día más. Ni tampoco de mil doscientos sesenta años proféticos, ni uno más ni uno menos.

Escrutando los demás espacios de tiempo hallados en Apocalipsis, he concluido, personalmente, que cualquier de ellos es preciso interpretarlo conforme al contexto del pasaje donde aparece.

“Imprecisos”, pero añado: no carecen totalmente de significado. No dan lugar a decir que los “cinco meses” (Apocalipsis 9:5, 10) sean lo mismo como “cuarenta y dos meses” o “mil años”. No tiene sentido postular que los espacios de tiempo en Apocalipsis sean completamente arbitrarios, simbólicos o sinónimos, pues me parece no equivocarme al afirmar que Dios no se expresa de tal manera.

a) ¿Cuándo comienza el período señalado por los “cuarenta y dos meses”?

Conforme a la interpretación que estamos desarrollando, comienza cuando el Imperio Romano es sanado de su “herida mortal”.

O sea, comienza más o menos durante la cuarta década del siglo IV de la Época Cristiana (330 – 340 d. C.).

b) ¿Cuándo termina el período?

Lógicamente, al llegar el Imperio Romano sanado a su fin.

En el Oriente, esto ocurre en 1453 d. C.

En el Occidente de Europa, el Imperio Romano permanece hasta el año 1806. Aunque, para los efectos, podría decirse que terminara en 1555 d. C. al quedarse prácticamente sin poderes y territorios.

c) A pesar de no ser necesario interpretar literalmente los “cuarenta y dos meses” como mil doscientos sesenta años literales, interesantemente, la duración del Imperio Romano sanado corresponde, más o menos, al período de mil doscientos sesenta años.

Sumando 1,260 años proféticos al año 330 d. C., fecha para la inauguración de la Nueva Roma-Constantinopla, el total es de 1,590 años, equivalente al año 1,590 d. C. de la Era Cristiana (Era Común).

Según el historiador Edward Gibbon, el Imperio Romano de Occidente, o sea, el Sacro Imperio Romano centrado en Europa, perdió su poder efectivo en el año 1555 d. C., siendo tan solo treinta y cinco años la diferencia entre esta fecha y la de 1,590 d. C.

2. “…para actuar…” El Imperio Romano sanado ¡ACTÚA! ¿Qué cosas hace durante los “cuarenta y dos meses”?

a) Blasfema. 

“Abre su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo (Apocalipsis 13:6).

(1) Mas, ¿no es el Imperio Romano sanado el mismo Imperio Romano que abrazó al cristianismo en el Oriente al igual que en el Occidente?

Positivo; él es el mismo.

Entonces, ¿cómo puede el Imperio Romano cristianizado ser culpable de tantas blasfemias? Un imperio verdaderamente cristiano no blasfemaría a Dios, su iglesia y sus ángeles, ¿cierto?

Correcto.

Para todo aquel que conoce tanto la “sana doctrina” del Nuevo Testamento de Cristo como la historia del cristianismo, aunque sea a grandes rasgos, esta aparente anomalía no será un gran enigma.

El Imperio Romano cristianizado era culpable de muchísimas “blasfemias” porque sus gobernantes, corruptos moral y doctrinalmente, se presentaban ante el mundo de aquel entonces como los ungidos del Dios verdadero, ostentación osada, impúdica y blasfema. Testimonios y hechos históricos a granel sostienen esta afirmación.

(2) En el Occidente de Europa, algunos gobernantes se confabularon con el Papa de la Iglesia Católica Romana, llamando el reino secular-político que constituyeron el “Sacro Imperio Romano”nombre blasfemo, ya que de “sacro” no tenía ni un asomo aquel Imperio bañado en sangre y apoyado por una iglesia en plena apostasía.

(3) Se nos informa que la bestia sanada blasfemaba no solo del nombre de Dios y de los seres celestiales sino también “de su tabernáculo”, es decir, del tabernáculo de Dios. ¿Qué es este “tabernáculo”?

Pues, no se trata del tabernáculo confeccionado por los israelitas en el desierto después de salir ellos de Egipto, sino de la verdadera iglesia edificada por Jesucristo (Mateo 16:18)

De la iglesia fiel a su Fundador y única Cabeza. Efesios 1:22-23

De la que guarda la “sana doctrina de Cristo”. Hebreos 6:1-3; 2 Juan 9-11; 1 Timoteo 4:16; Tito 2:1

De la que evitar caer en vergonzosas apostasías. 1 Timoteo 4:1-5

De la que no va en pos de evangelios o dioses extraños. Gálatas 1:6-10

De la que siempre viste un traje espiritual blanco y sin arrugas. Efesios 5:25-33

Este “tabernáculo” espiritual de la Era Cristiana es:

“…el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación” (Hebreos 9:11).

O sea, es “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

b) Reiteramos que la cabeza sanada de la primera bestia no es pasiva sino muy activa. No solo blasfema sino también hace guerra contra los santos, aun venciéndolos

“Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos(Apocalipsis 13:7).

Esto es lo que el apóstol Juan ve en esta Escena 3 de la visión de las dos grandes bestias. Que la sexta cabeza de la bestia recibiría permiso para guerrear contra los cristianos. Sin poder él entender, allá en la isla de Patmos, en el año 95 d. C., la plena ejecución real en la tierra del conmovedor drama.

Hoy por hoy, en pleno siglo XXI, nosotros tenemos la ventaja de poder ver el drama realizado cabalmente en eventos históricos fácilmente comprobados. Y viéndolo, ¿cómo no creer en la veracidad de las profecías apocalípticas y el poder de su Autor?

(1) Por ejemplo, antes de recibir la “herida mortal”, el Imperio Romano levantó varias persecuciones contra la iglesia, ¡pero no logró vencerla!

Herido aquel Imperio “de muerte”, de pronto se recupera de tal manera que “toda la tierra se maravilló en pos” de él, y de nuevo hace “guerra contra los santos” logrando, en esta ocasión, vencerlos“Se le permitió… vencerlos.”

(2) Mas, ¿no es el Imperio Romano sanado un imperio cristiano?

A la verdad, pretendió ser un imperio “cristiano”.

Convirtiéndose el emperador romano Constantino el Grande al cristianismo y elevando la iglesia a religión del estado romano, ¿no repudió el Imperio ya cristianizado al paganismo practicado por gentes no convertidas a Cristo?

Por cierto, la historia confirma que lo hizo en buena medida. (El debilitamiento y la caída del Imperio Romano. Por Edward Gibbon. Tomo I. Capítulo 20).

Entonces, si el Imperio Romano sanado es cristiano, ¿por qué se dice de ella que hace “guerra contra los santos” hasta vencerlos?

(a) He aquí la razón escalofriante: ¡el Imperio Romano sanado NO es realmente cristiano sino todavía pagana

Todo un caudal de hechos históricos comprueba que no nos equivocamos al observar que aquel Imperio Romano sanado era pagano, disfrazada hábil y mañosamente de “cristiano”.

Tener presente esta realidad innegable en torno a la verdadera naturaleza del Imperio Romano sanado es absolutamente vital para el entendimiento correcto de este grupo de profecías sobre la Primera Bestia que estamos analizando.

Recalcamos para énfasis: el Imperio Romano sanado no es cristiano de verdad, sino pagano, pues el cristianismo que instala, durante el siglo IV, como religión del estado, comenzando con la conversión de Constantino el Grande, ya se parece en poco al cristianismo puro original predicado por los apóstoles y revelado en el Nuevo Testamento.

El “misterio de iniquidad” que ya había entrado “en acción” para mediados del siglo I (2 Tesalonicenses 2:7-12), mientras aún vivía la mayoría de los apóstoles, se regó rápidamente durante los siglos II y III, evolucionándose espantosamente.

El monstro creado se llamaba “Paganismo cristiano”. Monstro empeñado en eliminar toda oposición, incluso, a los humildes cristianos de verdad. Es decir, al remanente fiel de la iglesia verdadera.

En estos estudios, presenciaremos una y otra vez sus terribles acciones. Tiene “autoridad… para actuar”. No pierde tiempo ni oportunidad en ejercerla.

(b) Así que, lamentablemente, el “cristianismo” que el emperador Constantino el Grande conoció no era puro, conforme al designio de Dios, sino ya bastante corrupto, particularmente en su organización y adoración.

Aún más triste es el hecho de que Constantino y los emperadores que le siguieron en el trono del Imperio Romano en el Oriente, corrompieron todavía más al cristianismo, creando una muy complicada jerarquía eclesiástica contraria a la organización sencilla establecida por Dios. Hechos 14:23; Efesios 4:11-16; 1 Timoteo 3; Tito 1:3-11

Jerarquía compuesta de numerosos puestos y títulos ni mencionados en el Nuevo Testamento de Cristo.

Jerarquía que se ponía cada vez más celosa de tradiciones religiosas humanas, las que Cristo y sus apóstoles clasificaron como “vanas” y “mandamientos de hombres”. Mateo 15:3-9; Colosenses 2:8

Esta misma “jerarquía cristiana”unida en fornicación espiritual al estado secular-político, es la que resiste, reprime y vence, en determinados tiempos, a los verdaderos “santos” de Dios.

 

 

Iconos de la Iglesia Ortodoxa Girega. Estos iconos no se hallaban en la iglesia de los primeros tres siglos de la Era Cristiana, siendo una innovación humana que dio por resultado la corrupción de la verdadera adoración a Dios.


Íconos de la Iglesia Ortodoxa Griega. Estos no se hallaban en la iglesia de los primeros tres siglos de la Era Cristiana, siendo una innovación humana que dio por resultado la corrupción de la verdadera adoración a Dios enseñada por Jesucristo y el Espíritu Santo. “Vosotros adoráis lo que no sabéis… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”, dijo Jesucristo, según Juan 4:22-24. “Hijitos, guardaos de los ídolos”, advierte el apóstol Juan (1 Juan 5:21). 

(c)  El mismo tipo de jerarquía eclesiástica fue creado en el Imperio Romano del Occidente (Europa), teniendo su sede en la antigua ciudad de Roma, en la península de Italia. Después de la caída del gobierno político-secular de la Roma occidental, se levantaron en Europa otros reinos políticos (francos, lombardos, etcétera), los que abrazaron aquel cristianismo corrupto, formándose, eventualmente, el “Sacro Imperio Romano”. En el Occidente, ambos poderes, el secular y el eclesiástico, reprimen y persiguen a los verdaderos seguidores de Dios, o sea, a los cristianos leales, en doctrina y vida, a Cristo, asechándolos con tesón maléfico y venciéndolos.

(3)  ¿Qué tipo de “guerra contra los santos” hace la bestia sanada?

(a)  “Guerra” librada mediante persecuciones físicas, incluso guerras religiosas encaminadas a exterminar a cristianos que no se sometieran a la autoridad de la jerarquía episcopal en poder.

(b)  “Guerra” mediante leyes o edictos que privaban a tales cristianos de libertad de culto y del derecho de evangelizar.



Seguidores de Cristo torturados bárbaramente y ultimados por discrepar
con las “autoridades eclesiásticas” en poder. 

“Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” 

(Apocalipsis 13:7).

(4)  ¿Durante qué tiempo se lleva a cabo esta “guerra contra los santos”? Durante la Edad Media cuando la bestia sanada estaba en poder. O sea, desde principios del Siglo IV hasta el tiempo cuando los “diez cuernos” (naciones) dejan “desolada y desnuda” a la “gran ramera” (Apocalipsis 17:16), evento que estudiaremos en el Capítulo Siete de este Análisis.

(5)  ¿Cómo vence la bestia sanada a los verdaderos santos de Dios?

(a)  Matándolos físicamente. En el Oriente, al igual que en el Occidente, los oficiales del Imperio Romano funcionan como el brazo derecho de la iglesia en apostasía, persiguiendo o matando a cuantos creyentes no estén de acuerdo con el tipo del cristianismo reconocido e impuesto por el emperador, o rey. La “bestia” sanada sigue reprimiendo, persiguiendo y matando hasta quedarse vencida ella misma. Se calcula que cincuenta millones de seres humanos fueron muertos durante el tiempo desde las persecuciones iniciadas por el mismo Constantino el Grande contra los arrianos hasta el final de la Edad del Oscurantismo, La reforma y la Contra Reforma, un largo período de más o menos catorce siglos. La causa principal de tan increíble tragedia humana fue oposición a la religión del estado, o sea, al cristianismo politizado y secularizado.

(b)  También contribuye a la derrota de la colectividad de los santos verdaderos la táctica de proscribir poseer o leer algún ejemplar de la Biblia, como además, la de prohibir la promulgación de la “sana doctrina” por el medio que fuese. Trabados así los cristianos verdaderos en su obra, y acosados duramente, mengua la colectividad hasta quedarse, efectivamente, vencida.

(6)  ¿Qué quiere decir “vencerlos”? ¿Acaso signifique que la bestia sanada (el Imperio Romano sanado de su “herida mortal”), aliada con la iglesia apóstata perseguidora, realmente erradiquen del todo a la iglesia auténtica de los territorios que gobernaban durante  la Edad Media? Posiblemente, pero no necesariamente. Qué quede claro, el enfoque es sobre los territorios controlados por las dos bestias de Apocalipsis 13, excluidos los países más allá de las fronteras del Imperio Romano.

(a)  Lo cierto es que, históricamente, durante la Edad Media, el dominio de las fuerzas satánicas, las que se alimentaban de crasa ignorancia en todos los renglones del saber, de supersticiones al granel, engaños religiosos rampantes y maldad profunda, acrecienta, arropa y se sobrepone hasta el extremo de opacar, para los efectos, a la hermosa luz iluminadora que emanaba de la Verdad personificada en Cristo. Tanto es así que aquel tiempo, cubriendo más de un Milenio, también se conoce como la “Edad del Oscurantismo, nombre que despierta visiones espantosas de densas tinieblas”, “de tiempos sin sol”, “de esferas sin luz”. Asimismo fue aquella Edad Media: en términos generales, un tiempo largo sin la luz de la “sana doctrina, “la doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1), y sin la luz de la iglesia fiel al Señor, la que proclama y practica, siempre y cuando las circunstancias lo permitan, “la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

(b)  Desde luego, esta victoria de las tinieblas sobre la luz, de la iglesia apóstata sobre la iglesia verdadera, de la falsa doctrina sobre la “sana doctrina”, de la ignorancia sobre el conocimiento correcto, no se logra de la noche a la mañana. Más bien, vemos, escrutando la historia relevante, que durante la Edad Media las fuerzas de la luz se retroceden poco a poco ante el resurgimiento y fortalecimiento de fuerzas tenebrosas, hasta que entra de lleno la noche larga del oscurantismo espiritual, moral e intelectual.

(c)  ¿Dónde se encuentran los cristianos de verdad durante la noche del Oscurantismo? ¡Están vencidos! “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.” Lucharon y fueron derrotados, bien que no en espíritu, al menos sí corporalmente. Sucede, pues, que la profecía muy precisa de Apocalipsis 13:7 fue cumplida al pie de la letra. ¿Por qué pretender lo contrario? Más nos conviene aceptar su cumplimiento como otra evidencia concreta a favor de la inspiración divina de las revelaciones dadas en el libro de Apocalipsis. Conforme a mis investigaciones personales, durante una porción del tiempo cuando domina la bestia sanada ligada a la iglesia apóstata perseguidora, cristianos auténticos, como los que había en el Siglo I, desaparecen de las páginas de la historia disponible para nosotros sobre los territorios del Imperio Romano durante la Edad Media. ¿Fueron vencidos todos hasta el último? ¿Hubo días, meses o años, durante aquella Edad tan sombría, cuando no quedara vivo en aquellos contornos de la tierra ni siquiera un solo cristiano como aquellos fieles del tiempo apostólico? Dios sabe. Pero, ¿no reservó el Señor para sí al menos un pequeño remanente que no cediera ante la bestia y su compañera eclesiástica perseguidora? Si respondo que sí, lo haría por fe, pues no encuentro, en los anales históricos de aquel tiempo y aquellos lugares, evidencias absolutamente inequívocas que pudiéramos citar para probar, de forma contundente, la continuidad ininterrumpida de la iglesia verdadera. Vuelvo a enfatizar que no estamos hablando de todo el planeta terráqueo sino de las áreas bajo el dominio de las dos bestias de Apocalipsis.

(i)  Pero, ¿no promete Cristo en Mateo 16:18 que “las puertas del Hades no prevalecerán contra” la iglesia que él mismo iba a establecer? De hecho, tal es su promesa. Sin embargo, el estudioso que “usa bien la palabra de Dios” (2 Timoteo 2:15) toma nota de que la promesa tiene que ver con el “Hades”, con “las puertas de Hades”, siendo el Hades la región espiritual, y no terrenal, al cual van las almas de todos los que mueren (Lucas 16:19-31; 23:39-43). Dado este hecho, ¿qué es lo que está afirmando Cristo, en realidad, acerca de su iglesia? ¿Qué es el verdadero significado de “las puertas del Hades no prevalecerán contra” la iglesia? Efectivamente, que la muerte no podrá vencer jamás a la iglesia, es decir, que los santos hijos de Dios que mueren en el Señor resucitarán, y que Satanás no podrá impedirlo. ¿Por qué Satanás no podrá impedirlo jamás? ¡Por la sencilla razón de que Cristo le quitó las “llaves de la muerte y del Hades”! (Apocalipsis 1:18) Así que, la promesa de Jesucristo en Mateo 16:18 no fue que su iglesia permaneciera físicamente presente en la tierra durante toda la Edad Cristiana. Más bien, proclama que ni siquiera la muerte o el Hades podrán impedir la glorificación de la iglesia, promesa fabulosa de fuerte consuelo para todo cristiano que aguarda, jubiloso, ser coronado de inmortalidad.

(ii)  Pero, ¿no promete Cristo, en Mateo 28:18, que estaría con su iglesia “todos los días, hasta el fin del mundo”? De cierto, lo promete, pero ¿qué quería decir? ¿Qué implican sus palabras? ¿Qué jamás dejaría que su iglesia fuese perseguida? ¿Qué jamás permitiría que ningún miembro de su iglesia fuese muerto por la fe? ¿Qué jamás soportaría que las “bestias” se levantasen contra su iglesia? Respondemos que la sangre de cristianos martirizados, y el sufrimiento de los demás cristianos que fueron perseguidos, aun torturados, atestiguan la violencia a la cual fue sometida la iglesia verdadera, en contra distinción a la apóstata perseguidora unida a poderes seculares-políticos, durante más o menos diecisiete siglos de su historia. Entonces, ¿qué sucede? ¿Acaso no pudiera cumplir el Señor su promesa de estar siempre con su iglesia “todos los días, hasta el fin del mundo”? A la verdad, Jesucristo no prometió ni explícitamente ni tampoco implícitamente siempre librar a su iglesia, en todo el mundo, de toda violencia física. Por cierto, semejante interpretación de sus palabras en Mateo 28:20 estaría en conflicto con las profecías del Espíritu Santo en Apocalipsis y otras porciones del Nuevo Testamento que advierten persecuciones, aun martirio, para algunos cristianos. Ofrecemos una interpretación más armoniosa con textos y hechos, a saber, que el sentido correcto de las palabras del Señor es que él prometía fortalecer y consolar espiritual, emocional y mentalmente, en todo momento, a sus discípulos fieles. O sea, en cualquier lugar del mundo donde hubiere discípulos verdaderos, y en cualquier tiempo, no importando las circunstancias, ¡allí estaría el Señor para fortalecerlos y consolarlos! Estaría a su lado, como estuvo con Pablo, aun cuando este valiente soldado de la cruz tuvo que presentar defensa en la misma capital del Imperio Romano. “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado… Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas (2 Timoteo 4:16-18). El Señor fortaleció al espíritu de Pablo, aun librando físicamente al apóstol “de la boca del león” la primera vez que este fue enjuiciado en Roma. Pero, no seguía librando al apóstol de todo peligro físico, pues, pasados unos dos años, Pablo fue aprehendido de nuevo, enjuiciado y condenado a morir, sufriendo martirio por decapitación, conforme a tradiciones antiguas.

-Así que, la bestia hace “guerra contra los santos”, venciéndolos. Pero, una cosa no puede hacer la bestia, a saber: ¡no puede eliminar de la tierra la simiente espiritual pura de Dios! Puede vencer a los santos, pero no puede acabar con la Biblia. Lo ha intentado una y otra vez, pero no puede porque “la palabra de Dios... vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25). Sembrada de nuevo en cualquier época y en cualquier lugar, al ser recibida con beneplácito en mentes abiertas a la verdad y en corazones que anhelan conocer al “único Dios verdadero” (Juan 17:3), esta simiente preciosa produce nuevos cristianos auténticos tal cual los que había en el Siglo I.

(d)  Fue rotundo el triunfo de la bestia sobre los santos del Señor en territorios del Imperio Romano durante la Edad Media. Sin embargo, la “simiente... incorruptible”, es decir, “la palabra de Dios”, vivía y permanecía en aquellas tierras (1 Pedro 1:22-25). Finalizando por fin la Edad Oscura y perdiendo la bestia su poder diabólico, la “simiente… incorruptible” comenzó a brotar con fuerza, dando por resultado la reaparición, en aquel escenario del mundo, de muchos nuevos “santos” de Dios y la restauración de la iglesia verdadera en territorios donde los “santos” habían sido vencidos por un tiempo.

c)  ¿Qué hace la primera bestia? No solo blasfema contra Dios y hace “guerra contra los santos” sino que también ejerce “autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Apocalipsis 13:7). Ejerce “…autoridad…” Siguiendo la línea de interpretación que nos parece correcta, se trata de la “autoridad” que tomó el Imperio Romano de Oriente, llamado “Imperio Bizantino” por historiadores, y el “Sacro Imperio Romano” en el occidente, durante la Edad Media, sobre vastos territorios y todas las gentes que los ocupaban. Pese a que fluctuaran, a través de los siglos, la extensión de referidos territorios y el dominio o la influencia de los dos entes políticos-seculares nombrados, los dos mantenían su “autoridad” y control sobre cientos de millones de seres humanos durante los “cuarenta y dos meses” determinados sobre ellos.

K.  Conclusión sobre la identidad de la primera “bestia”. En su esencia fundamental, la primera bestia es la representación de todos los reinos terrenales (seculares-materiales-políticos) fundamentados en la idolatría y violentamente opuestos al único Dios verdadero, sus designios y su Reino Espiritual. En su manifestación particular como la sexta cabeza, la primera bestia de Apocalipsis 13 es el Imperio Romano.

1.  La primera “bestia” es de muy larga vida. Ha existido por miles de años. Si le cortan una cabeza, tarde o temprano ¡le nace otra! Así es que sigue con vida a través de los siglos y siglos, luchando contra Dios y su pueblo.

2.  La primera “bestia” es la misma bestia que es “apresada” y lanzada “dentro de un lago de fuego que arde con azufre” al intervenir Jesucristo, en su rol de jinete del caballo blanco, para poner coto, de una vez para siempre, al conflicto entre el Bien y el Mal (Apocalipsis 19:20; 20:10). El Imperio Romano es herido “de muerte”, se sana y sigue por muchos siglos más, pero no permanece en la tierra hasta el retorno del Señor, con sus “ejércitos celestiales”. Sin embargo, se levanta la séptima bestia-rey, luego la octava bestia-rey, tomando esta octava el poder durante el “poco de tiempo” e iniciando la batalla de “Armagedón” contra Dios y los suyos. Todas estas bestias son manifestaciones terrenales de la “gran bestia universal”, la que simboliza a todo reino opuesto a Dios y su pueblo verdadero.

3.  Recapitulando un poco para énfasis y claridad, en cada una de sus manifestaciones, la primera bestia de Apocalipsis 13 es identificada como una bestia particular. Por ejemplo, Daniel vio “cuatro bestias grandes”. Estas cuatro eran, efectivamente, cuatro “cabezas” distintas de la primordial “bestia” universal, la que tiene siete cabezas y diez cuernos, seguidos por el “cuerno pequeño”.  Daniel vio cuatro manifestaciones de la misma “bestia” simbólica, la que representa, en todo tiempo, a los reinos terrenales fundados sobre la idolatría o el ateísmo, y opuestos, decididamente, al único Dios verdadero.

L.  “Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos” (Apocalipsis 13:9-10). Mediante estas palabras, Dios orienta y anima a los santos verdaderos.

1.  Los imperios malos, representados por la “bestia”, pueden perseguir, esclavizar y aun matar a los verdaderos santos de Dios, pero recibirán, tarde o temprano, su merecido castigo justo. ¡También irán “en cautividad”, o serán muertos! Caerán. ¡Ningún imperio terrenal permanece para siempre! Solo el Reino de Dios es “inconmovible” (Hebreos 12:28).

2.  En los tiempos cuando la bestia persigue a la iglesia, los santos debemos tener paciencia y fe, confiados en el eventual triunfo total de Cristo. He aquí uno de los mensajes más importantes y prácticos del libro de Apocalipsis.

 


 

Próximo tema: "Otra bestia que... tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón".

 

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