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APOCALIPSIS
Capítulo Ocho de este “Análisis”
“La gran ramera”
“Escandaloso drama convulsionado de una poderosa mujer inmoral, avara, perseguidora, increíblemente cruel y hasta sangrienta”
La que pretende gobernar al mundo entero y ser adorada por todos los seres humanos.

Capítulos 17 y 18 de Apocalipsis
Acto 1
Escena 3
“La gran ramera toma varias identidades distintas. ¿Quién es ella en realidad?”
III. Más acciones y rasgos para identificar a “la gran ramera”.
-Por el asolamiento furioso que los “diez cuernos” (reinos) desatan contra ella, sabemos con exactitud quién es “la gran ramera”.
-Sus soberbias reclamaciones de “soberanía universal” son pista clave para saber certeramente quién es “la gran ramera” apocalíptica.
Los “diez cuernos” (reinos) nos dicen quién es la “gran ramera”.
A. En esta “Escena 3”, se enfocan algunas acciones que sirven para identificar inerrablemente a “la gran ramera”. Tal como durante las épocas antes de Cristo, asimismo durante la Era Cristiana, “la gran ramera” es muy activa y poderosa. Sus encantos y disfraces engañan a multitudes, figurando potentados religiosos y políticos entre los primeros. Elevado el “cristianismo” a “religión de estado” por el emperador Constantino, esta “mujer” depravada, pero a la vez, descomunalmente astuta, y además, atractiva para multitudes, se viste de “cristiana”, seduciendo a la iglesia. A través de los largos siglos oscuros de la Edad Media, logra corromper a casi todo el “cristianismo”, enredando también a estados, naciones y reinos seculares en sus intrigas, haciendo que se acuesten con ella en el lecho de la fornicación espiritual. Muchos de sus amantes la adoran y ensalzan, ni siquiera dándose cuenta de su verdadera identidad. Pero, llega la hora cuando no pocos de los que la sustentaban se tornan violentamente en contra de ella. Al abrir esta “Escena” en el “Escandaloso drama”, vemos entrar a diez fuertes potencias empeñadas en atacar y despojar a “la gran ramera”. “Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego” (Apocalipsis 17:16). ¿Cómo quitarle nosotros el disfraz a la “gran ramera” y saber, con certidumbre absoluta, su verdadera identidad? Sencillamente, seguir las pistas dejadas en las profecías apocalípticas. En este caso, la pista clave tiene que ver con los “diez cuernos”. Se nos informa que aborrecen, despojan, devoran y queman con fuego a “la gran ramera”. El blanco de su violento acoso ha de ser, quienquiera que sea, lo simbolizado por la “gran ramera”.
1. Escrutando todo un caudal de evidencias, ya pudimos identificar los diez reinos representados por los “diez cuernos”. Indubitablemente, se trata de diez reinos, o naciones, del continente europeo, los que se levantaron del moribundo Imperio Romano hacia fines de la Edad Media y durante el Renacimiento, a saber: España, Francia, Alemania, Bohemia, Inglaterra, Italia, Suecia, Dinamarca, Escocia y Holanda.

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Los
“diez cuernos” (naciones) y “la gran ramera” se enfrascan en
conflictos y batallas materiales.
Esta “guerra”
se torna devastadora en muchos campos de Europa, durando varios siglos. Las
potencias seculares-políticas se sobreponen a la Iglesia Católica Romana,
apropiándose de gran parte de sus bienes y matando a no pocos de su
multitudinario clero.
2. ¿Contra qué entidad se armaron tan duramente estos “diez cuernos” (naciones)? Revisando cantidad de documentos históricos, pronto comprendemos que llegó la hora cuando, hartos de la explotación económica, intromisión política, intervenciones hasta militares, simonía y la crasa inmoralidad descarada del clero, se lanzaron contra la Iglesia Católica Romana, estallando su ira y odio en acciones sumamente agresivas, las que diezmaron a referida iglesia, destituyéndola de la mayor parte de sus bienes. Esto ocurrió hacia fines de la Edad Media, como también durante la Reforma y el Renacimiento. Y no en un rincón aislado de Europa sino en todo el continente. No actuaron así los “diez cuernos” contra ninguna otra entidad o institución sino, específicamente, contra la Iglesia Católica Romana. Contra la jerarquía de esta, desde el Papa hasta monjes y monjas, y contra sus extensas propiedades, comenzando con monasterios y hasta el Vaticano mismo. ¡En toda Europa! Plenamente comprobados estos hechos, el siguiente silogismo es inexpugnable:
a) Primera premisa. En la profecía, las acciones de “aborrecer, desolar, desnudar, devorar y quemar” las toman los “diez cuernos” contra la “gran ramera”.
b) Segunda premisa. En el cumplimiento real y literal de la profecía en la tierra, los “diez cuernos” toman estas acciones específicamente contra la Iglesia Católica Romana.
c) Inferencia tan ineluctable como indisputable: ¡la Iglesia Católica Romana es la “gran ramera”!
3. “Ramera” identifica a la mujer fornicaria y promiscua que vende sus favores sexuales. “Ramera” es lo opuesto de mujer casta y pura. En el entorno religioso o espiritual, llamar “ramera” a una “iglesia”, se interpretaría, pues, como una terrible ofensa lastimosa y denigrante en extremo. Aún mucho más insultante sería llamarla “GRAN RAMERA”, ya que el adjetivo “gran” implica “fornicación en gran escala”, y por ende, obsesiva fascinación diabólica con lo carnal. Respetado lector, consiente el que escribe de cuán fuerte es la acusación “gran ramera”, quisiera dejar bien claro que no procedo inconsiderada o maliciosamente al identificar a la Iglesia Católica Romana como la “gran ramera” de Apocalipsis. Real y honestamente, obligan a esta conclusión tanto las evidencias contextuales de la profecía como los hechos innegables de la historia. Por encima de prejuicios personales, negaciones o mutuas acusaciones subjetivas, está el testimonio de la historia, cuya veracidad es verificable a saciedad, y este “testimonio histórico” señala inequívocamente a la Iglesia Católica Apostólica y Romana como la entidad representada por la simbología de la “gran ramera” apocalíptica. Aunque quinientos mil millones de voces católicas romanas gritaran al unísono “¡No! ¡No! ¡No!” a esta conclusión, su protesta masiva no cambiaría los hechos de la historia.
a) Pensamos no exagerar al opinar que el 99.9% de las grandes multitudes que profesan ser “católicos romanos y apostólicos” carezcan de conocimientos amplios sobre la historia de su propia Iglesia Católica Romana. Que también desconozcan las profecías de Apocalipsis. De ahí, su acalorada indignación e incredulidad cuando confrontan información y argumentos como los que impartimos en estos estudios. Mas sin embargo, lo damos por axiomático que la mente sinceramente amante de la verdad analiza imparcialmente toda información y argumento, no pronunciando juicios hasta no haber pesado todas las evidencias pertinentes en la gran balanza de la verdad.
b) Apelamos al intelecto de todo partidario de la religión católica romana. Dios es nuestro testigo de que no nos agrada revelar el lado oscuro de institución alguna, pero encubrir u obviar realidades fehacientes tampoco debemos hacerlo. De la manera que cada alma valiente ha de encararse a su “lado oscuro”, esforzándose para rectificar lo incorrecto o pecaminoso en su mente y vida, asimismo cada institución religiosa está en el deber de confrontar honradamente sus errores o pecados, procurando purificarse. En varias ocasiones, la Iglesia Católica Romana ha intentado “reformarse”, o “rectificar” algunos asuntos. Hasta qué medida lo haya logrado lo sabrá solo el estudioso que se esmera en dar con la verdad, sin importarle lealtades eclesiásticas o la angustia de espíritu que suele sufrir el que se ve obligado, por su conciencia recta, a enfrentarse a circunstancias o hechos que echen al suelo sus creencias o percepciones tenidas por largo tiempo como las correctas.
Sus soberbias reclamaciones de “soberanía universal” son pista clave para saber certeramente quién es “la gran ramera” apocalíptica.
B. Esta “Escena 3” del “Acto 1” del “Escandaloso drama” sigue desenvolviéndose delante de nuestros ojos atónitos. Transcurre una acción inaudita, la que también revela la verdadera identidad de “la gran ramera”: Ella se presenta, osada y soberbiamente, como reinando “sobre los reyes de la tierra” (Apocalipsis 17:18). Vemos que ella no reina sobre un solo rey sino “sobre los reyes de la tierra”. ¡Plural! “REYES de la tierra.” La clara implicación es que se trata de “muchos reyes”, y de hecho, en el área trasera de la tarima vemos a muchos reyes, faraones, emperadores y príncipes entrar y salir, uno tras el otro, rápidamente, a manera de un repaso condensado para nosotros de lo que ha ocurrido en el pasado.
1. Desde el tiempo de Semiramis y Nimrod hasta la “conversión” del emperador romano Constantino al “cristianismo”, ella “reina sobre los reyes de la tierra”. Sobre casi todos, si bien no sobre todos y cada uno. Y lo hemos visto comprobado plenamente mediante las evidencias traídas a colación durante las primeras “Escenas” de este Capítulo Ocho. Ella se sentó sobre los antiguos reinos de Sumeria-Caldea, Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia y Roma, introduciéndose soberbiamente en las recámaras de reyes, príncipes y gobernadores, donde influía decisivamente en asuntos políticos, económicos, bélicos y religiosos. Imponía sus misterios, supersticiones e idolatría sensual tanto en palacios como en templos.
2. Durante los diez siglos entre Constantino y el tiempo cuando se levantan contra ella los “diez cuernos”, “la gran ramera” se las arregla para seguir reinando “sobre los reyes de la tierra”, ¡aun en los territorios donde predomina el “cristianismo”! En estos escenarios, hábilmente se disfraza de “religiosa cristiana, humilde y piadosa”, entrando en las congregaciones, donde contamina y corrompe todo lo que toca. No tarda mucho en arrogarse gran poder, reclamando autoridad tanto sobre lo secular como lo espiritual. Diestra manipuladora de circunstancias y de mentes susceptibles, se hace de tantas riquezas y almas que aún los más poderosos doblan rodilla ante ella, procurando su bendición. Corona a emperadores y reyes, siendo clásico ejemplo el de Carlomagno, pues a este destacado líder el Papa Leo III coronó “emperador del Sacro Imperio Romano”, el día 25 de diciembre del año 800 d. C.
3. Durante los “mil años” (el “Milenio”) cuando Satanás está atado (Apocalipsis 20:1-10), aquella “mujer sentada sobre una bestia escarlata… que tenía siete cabezas y diez cuernos” NO “reina sobre los reyes de la tierra”. Reiteramos: ¡No lo hace! Esto en términos generales, no descontando posibles excepciones. No perdamos de vista el que los “diez cuernos” desuelan, desnudan, devoran y queman a “la gran ramera”. Habiendo sostenido este encontronazo revolucionario por “una hora”, son, a su vez, conquistados por Cristo, iniciándose así el tiempo del “Milenio”, el que es una época de paz y libertad para la iglesia verdadera de Jesucristo.
a) Sin lugar a duda, esta “mujer… vestida de púrpura y escarlata”, en su carácter de “madre iglesia apostólica y romana”, permanece en la tierra durante el Milenio. Sin embargo, carece del poder político, económico, religioso o militar para hacer efectiva en las actuales grandes naciones de la tierra su dogma de hegemonía global en asuntos políticos, al igual que religiosos. Nos referimos a naciones tales como Estados Unidos de América, Japón, Rusia, India, China, Inglaterra, Francia, Alemania, etcétera. ¡Ni siquiera en Italia o España cuenta ella con tal poder!
b) En estos tiempos en que vivimos (principios del Siglo XXI), dignatarios de muchos países, incluso de algunos cuya ciudadanía en su mayoría no es “católica romana”, visitan al Vaticano, donde tienen “audiencia” con el Papa. También los Papas viajan por el mundo, en ocasiones reuniéndose con titulares de estados seculares. Pese a este despliegue ostentoso de influencia y poder, la jerarquía católica romana simplemente carece de la autoridad o los recursos necesarios para establecer o derrocar gobiernos, es decir, autocrática o forzosamente. Quizá influya un poco, o bastante, en la política de algunas naciones de segunda categoría, pero es comparativamente insignificante su impacto en la política de las naciones grandes de actualidad, pese a las ilusiones contrarias de la Curia Romana. “Ilusiones” ejemplificada por la siguiente cita tomada de una fuente católica:
-Abril del 2003. “Los hombres del Papa. Mientras el Papa se reúne con dignatarios del extranjero, todo el cuerpo diplomático Vaticano, teniendo representantes papales en 174 países diferentes, maneja un flujo enorme de información, proveyendo una red impresionante de influencia sobre la política mundial.” (Antoine Soubrier. Noticias católicas mundiales. www.cwnews.com/news/) Sin pretender minimizar el impacto de referida “red… de influencia sobre la política mundial”, está en tela de juicio cuán “impresionante” sea realmente y hasta qué medida determine la trayectoria de la mayoría de los países.

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Arafat, líder palestino, de la religión musulmana, besa la mano del Papa. Ejemplo insólito de la influencia del papado católico romano. Pero, esto no condujo a nada, pues los palestinos y demás árabes continuaron sus luchas contra Israel y los judíos en general.
4. Bien sea que pueda imponer, o no, la autoridad secular que reclama, la clerecía católica romana sigue sosteniendo alegada potestad sobre los gobernantes seculares del mundo. El dogma al respecto desarrollado durante la Edad Media no lo han retractado de modo alguno, hasta donde sepamos. Las siguientes citas y datos recogen la esencia de su doctrina.
a) “Temed, pues, nuestra ira y los truenos de nuestra venganza; porque con su propia boca Jesucristo nos ha nombrado [a los Papas] jueces absolutos de todos los hombres, sometiendo a los reyes mismos a nuestra autoridad” (Papa Nicolás I, Años 858-867; C, 228).
b) “Poner debajo de sus pies [del Papa] a reyes y emperadores es el oficio del papado” (J. H. Ignaz von Dolinger,” C, 228).
c) “El Señor encomendó a Pedro el gobernar no solo a la iglesia sino a todo el mundo” (Papa Inocencia III. C, 500). Estimado lector, esta posición la Iglesia Católica Romana NO la ha revocado NUNCA.
d) El Concordato entre el Papa Pío IX y la República de Ecuador, firmado el 26 de septiembre de 1862, resalta la autoridad, el poder y los derechos que la Iglesia Católica Romana reclama exclusivamente para sí misma. “La Religión Católica Apostólica Romana seguirá siendo la única religión de la República de Ecuador, y... ninguna otra forma de culto disidente ni cualquier sociedad condenada por la Iglesia será jamás admitida en la República de Ecuador” (“A Woman Rides the Beast” -“Una mujer viene sentada sobre la bestia”. Autor: Dave Hunt. Publicado por Harvest House Publishers, Eugene, Oregon 97402)
-A pesar de “concordatos” de esta índole logrados en el pasado, la Iglesia Católica Romana viene perdiendo cada vez más de sus “privilegios, derechos y poderes”, imponiéndose por fin la preciada “libertad religiosa” en muchos países donde antes el clero romano la suprimía duramente. En la actualidad, existen no pocas congregaciones de la iglesia de Cristo (distintivo que identifica correctamente a la iglesia encontrada en el Nuevo Testamento, y no a la Iglesia Católica Romana) en Ecuador, como además escuelas para el adiestramiento de obreros legítimos del verdadero Reino de Dios, programas radiales, etcétera. También las demás iglesias son protegidas por el estado. Este es el panorama alentador desde México hasta Tierra del Fuego. Los evangelistas, predicadores, maestros, maestras, ancianos, diáconos y todos los miembros de la iglesia verdadera del Señor deberíamos aprovechar al máximo estos tiempos de libertad para llevar el evangelio puro a toda criatura antes de que se asomen de nuevo las tinieblas de la intolerancia religiosa, aun tormentas de persecución.
e) Pasando al Siglo XX, referente a lo de “gobernar no solo a la iglesia sino a todo el mundo”, prestemos mucha atención a lo que se le dice al Papa Pío XII, en el año 1939. Ataviado con una capa blanca y luciendo un mitre de plata con gemas, hizo acto de presencia el Papa Pío XII. El Cardenal Incola Canali le removió el mitre. Luego el Cardenal Camillo Caccia-Dominioni le puso la tiara papal, rezando: “Reciba la tiara adornada de tres coronas, y sepa que usted es el Padre de príncipes y reyes, el Soberano del mundo, y el Vicario en la tierra de nuestro Salvador Jesucristo, a él sea el honor y la gloria ahora y sempiterno. Amén.” En 1939, tiempo que marca el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el Papa, ¿qué posiciones ocupaba, según sus cardenales? Nada más y nada menos que…
-“Padre de príncipes y reyes.”
-“Soberano del mundo.”
-“Vicario en la tierra de… Jesucristo.”
-Sir Winston Churchill, Presidente Franklin Roosevelt, Adolfo Hitler, Joseph Stalin y Benito Mussolini, ¿debían someterse al Papa Pío XII? Positivo, según el dogma que define la autoridad del Papa como “absoluta”, tanto en la esfera secular-política como en la eclesiástica o espiritual. Huelga decir que los nombrados líderes no se sometieron a Papa alguno.

www.wikipedia.org/wiki/Pope_Pius_XII
1955 d. C. Al Papa Pío XII, luciendo la tradicional Tiara Papal, la del año 1877, lo portan en una Sedia Gestatoria (trono portátil) por la Basílica de San Pedro. ¡Qué pretensiones más grandiosas! ¡Qué pompa terrenal! ¡Un trono portátil! Para todo un “rey”, ¡claro! Pero, ¿”rey” de qué clase de reino? De un “reino religioso” mundano, el que osada gobernar también a todos los reinos-naciones-países seculares-políticos del mundo entero. Esto es, de veras, insólito en toda la historia de la tierra. Pero, puro cumplimiento de profecías bíblicas, tanto de Apocalipsis como de textos tales como 2 Tesalonicenses 2:1-12. De cierto, ¡no fallan las profecías del Nuevo Testamento!
5. La Tiara Papal y el Escudo Papal, símbolos del “triple poder” que reclama la Curia Romana.
a) El “Triregnum” es “la Tiara Papal, formada de tres coronas, las que simbolizan el triple poder del Papa: padre de reyes, gobernador del mundo y Vicario de Cristo. El uso de la Tiara, un rito durante ceremonias solemnes, fue abandonado durante el papado de Pablo VI.” (http://www.vatican.va/news_services/press/documentazione/documents/) Esta explicación del significado de las tres coronas que forman la Tiara Papal es la que hace la fuente católica oficial citada.

www.biblelight.net
En esta fotografía, se ven siete tiaras papales, cada una con su
triple corona. Piedras preciosas incrustadas en cada una. Detalle de una
fotografía encontrada en la Página 44 de St. Peter and the Vatican: The
Legacy of the Popes –San Pedro y el Vaticano: el legado de los Papas.
Por Allen Dunston, O.P., y Roberto Zagnoli. ISBN 0-88397-140-2.
La Tiara Milán (1922) de Pío XI tenía dos mil piedras preciosas incrustadas, mientras la de Juan XXIII (1959) tenía veinte diamantes, dieciséis esmeraldas, sesenta y ocho rubíes y setenta perlas. Era el doble la cantidad programada originalmente, pero Juan XXIII insistió que la mitad fuera devuelta y el ahorro donado a caridad.

www.aloha.net/~mikesch/claims.htm/
El Papa Juan XXIII, Pontifex Máximus, luciendo, en su coronación, la tiara del Papa Pío XI. Las tres coronas del “triple poder” están claramente visibles. Juan XXIII fue coronado Papa en el año 1958. Murió en el 1963. Attualità Giordani, Rome
(1) Una sola corona NO es suficiente para proyectar la autoridad y los poderes que la Curia Romana se adjudica. ¡Se necesitan TRES!
(2) ¿Pretendía Cristo que le coronaran con una tiara de tres coronas, o siquiera de una? ¡Jamás! ¿Acaso coronaran los demás apóstoles a Pedro como “príncipe de los apóstoles”, colocándole una tiara de tres coronas, o siquiera de una? No existe ni una pizca de evidencia para semejantes acciones, luciendo, a la luz de todo el Nuevo Testamento, como absurda en escala mayor la mera idea de “coronaciones” de tal índole.
(3) Todo el inmenso imperio Católico Romano está fundamentado en interpretaciones equivocadas de las palabras dirigidas por Cristo a Pedro, según Mateo 16:18-19. “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia.” Cualquier estudioso sincero aprende pronto y sin mayor dificultad que “Petros” (Pedro) no es “petra” (roca), y por ende, sabe a ciencia cierta que la Cristo no fundó su iglesia sobre Pedro sino sobre sí mismo como “la piedra principal del ángulo, escogida, preciosa” (1 Pedro 2:6-8), incorporando el Señor a todos “los apóstoles y profetas” de la iglesia primitiva en “el fundamento” de su iglesia, y no tan solo a Pedro (Efesios 2:20-22). ¡Cuán grandes organizaciones religiosas, ricas y poderosas, deben su existencia a simples pero desastrosas fallas interpretativas, o a suposiciones infundadas! La Iglesia Católica Romana figura entre ellas, cayendo en la misma categoría con la Iglesia Mormona y los Testigos de Jehová.
b) Cita. “La Tiara Papal es la corona del papado. Durante más de un milenio, todos los Papas fueron coronados con la tiara en la Coronación Papal. Permanece como uno de los símbolos claves del papado, integrado en el Escudo del Vaticano, a pesar de ser el Papa Pablo VI, en el 1963, el último Papa coronado. En su escudo oficial, el Papa Benedicto XVI sustituyó la tiara con el tradicional mitre y el palio de obispo, símbolos de la autoridad del Pontífice como Obispo de Roma.” (www.wikipedia.org/wiki/List_of_papal_tiaras_in_existence/ )
www.aloha.net/~mikesch/claims.htm/
Izquierdo. Tiara papal presentada por el país de Bélgica, en el año 1871, a Pío IX.
Derecho. Inscripciones latinas en la parte de atrás de la Tiara.
IESV
CHRISTI VICARIO INFALLIBILI
ORBIS SVPREMO IN TERRA RECTORI
REGVM ATQVE POPVLORVM PATRI
Traducción
“Para el
Vicario infalible de Jesucristo.
Para el Gobernador Supremo del Mundo sobre la Tierra.
Para el Padre de Naciones y Reyes.”
c) Cita. “El Papa Pablo VI, el último Papa a ser coronado con la Tiara Papal, abandonó el uso de la tiara en una ceremonia al final del Concilio (Vaticano II), donando su tiara personal a la Basílica of the Nacional Shrine of the Immaculate Conception en la Ciudad de Washington (Districto de Colombia, EEUU), como regalo para los católicos de los Estados Unidos de América. No obstante, existen más de veinte tiaras en el Vaticano para posible uso futuro. Aún se sigue usando una de ellas para coronar simbólicamente a la estatua de San Pedro cada año en su día de santo. El Papa Juan Pablo I fue el primero en recibir una inauguración en lugar de ser coronado.” (www.wikipedia.org/wiki/Papal_Inauguration/ )

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El escudo del Vaticano, con la triple corona llamada “tiara”,
y las dos llaves, símbolos de la autoridad papal.
En el Palacio Papal (Apostólico o Vaticano) hay más de mil recámaras.
6. Conclusión. Durante la Era Cristiana, desde el Siglo VII en adelante, ¿qué entidad “reina sobre los reyes de la tierra”, haciéndolo literalmente siempre y cuando pueda, y cuando no, pues al menos adjudicándose la autoridad de hacerlo? Respuesta: la Curia Romana, desde su “gran ciudad” espiritual, con “Santa Sede” física en la ciudad de Roma, específicamente, en el Vaticano. ¿Cuál otra entidad tiene pretensiones tan soberbias, sostenidas siglo tras siglo? ¿Qué ser humano se atreve a llamarse “Padre de reyes y príncipes, gobernador del mundo y Vicario de Cristo”? ¡Solo el Papa! Respaldado por la Curia Romana, más la abrumadora mayoría de los feligreses de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Así pues, evidencias tan sólidas como numerosas señalan a esta Iglesia como una aparición más de “la gran ramera”, en su larga historia de manifestaciones, la que data desde Semiramis, tres mil años antes de Cristo.
7. Observaciones adicionales sobre “la gran ciudad”, sinónimo de “la gran ramera”, que “reina sobre los reyes de la tierra”. Ella es, según nuestra concepción, principalmente “Roma”, tanto la “Nueva Roma” (Constantinopla) como la antigua “Roma”, en Italia, reiterando que esto es así “en sentido espiritual”, es decir, se trata de estas “dos Romas” en los aspectos y manifestaciones religiosos de ambas. Hasta la conversión del emperador Constantino, los emperadores romanos se presentaban ante los pueblos como “dioses”, ocupando la posición de “máxima autoridad religiosa” en el Imperio. El populacho los reverenciaba, y los “reyes” conquistados debían postrarse ante ellos. Abrazando el emperador Constantino al cristianismo, él no renunció su posición de “máxima autoridad religiosa”. Más bien, toma, efectivamente, el papel de “cabeza de la iglesia”, convocando el Concilio de Nicea, en el año 325 d. C., presidiendo reuniones de oficiales eclesiásticos y participando en discusiones teológicas.
a) Inaugurada la “Nueva Roma” (Constantinopla) en el año 330 d. C., el emperador Constantino, desde su nueva capital, hermosa, fuerte y próspera, sigue reinando “sobre los reyes de la tierra”. Ahora, lo hace como “cristiano” y “cabeza de la iglesia en la tierra”. Lo mismo hacen sus sucesores. “Reinan” no solo en lo secular-político sino también en lo religioso-espiritual. En este contexto, Constantinopla, la “Nueva Roma”, seguramente es parte de “la grande ciudad que en sentido espiritual se llama” Sodoma, Egipto, Jerusalén y Babilonia ¿Con qué razón excluirla? Desde el debilitamiento de la antigua capital Roma, en Italia, hasta el 1453 d. C., cuando los musulmanes triunfaron sobre el Imperio Bizantino, Constantinopla superaba a la antigua capital en poder, riquezas e influencia. Más aún, allí en Constantinopla creció uno de los “dos cuernos semejantes a los de un cordero”, los que ostentaba aquella segunda bestia que “hablaba como dragón”. Nos referimos a la Iglesia Griega Ortodoxa, la que constituía, y sigue constituyendo, la rama oriental de la “gran madre iglesia apóstata”. Así pues, esta Constantinopla “cristiana” reina sobre reyes por largos siglos.
b) Comenzando en el Siglo IV, la antigua Roma, en Italia, sufre repetidos saqueos, quedándose prácticamente destruida.
(1)
“En el 410 d. C. y nuevamente en el año 455, las tribus germanas saquearon
la ciudad. La invasión de los ostrogodos en el siglo VI, la siguiente
reocupación bizantina y la destrucción asociada a estos movimientos
contribuyeron a precipitar el declive y la reducción de la población. No
obstante, la ciudad era la sede del papado y mantuvo cierto número de
habitantes. Con el papa Gregorio I se pudo frenar por un tiempo esta
decadencia, pero pronto se convertiría en campo de batalla; en el siglo
IX la situación tocó fondo cuando los árabes atacaron los alrededores de la
ciudad, incluso el territorio papal. Durante la edad media, los barrios
edificados disminuyeron hasta que quedaron confinados a las orillas del
Tíber, donde se disponía de agua.”
(Biblioteca de
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Roma,
tan poderosa y “gloriosa” durante siglos, ¡se reduce, durante cierta época
de la Edad Media, a unos barrios a orillas del río
Tiber!
(2) En medio de esta declinación notable del poder político y económico de la ciudad, poco a poco se levanta un nuevo poder, a saber, el obispo “cristiano” de Roma. Andando el tiempo, este se arroga no solo autoridad religiosa sino también secular, nombrando a oficiales políticos. En el año 607 d. C., Bonifacio III, obispo de Roma, se proclamó “obispo universal”, culminando este osado y controvertido acto la larga cadena de innovaciones doctrinales que gestaron el papado. Desde aquel tiempo en adelante, los Papas de Roma logran reinar sobre no pocos “reyes de la tierra”. En estas circunstancias, es más “religioso” que “político” el carácter del poder de la Roma que “reina”. O sea, la Roma “en sentido espiritual” es la que “reina”.
c) Aplicar la profecía sobre “la gran ciudad” solo a la ciudad literal de Roma en Italia, o solo a la sede de la iglesia latina, o solo a la jerarquía de la Iglesia Católica Romana, nos parecen interpretaciones demasiado limitadas y en desacuerdo con hechos de la historia.
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