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APOCALIPSIS

Capítulo Once de
Análisis de las profecías y visiones

Tema 2

Las arpas de Apocalipsis

 

PDF de este estudio


Una visualización concreta de los "ancianos" que "tenían arpas". Por Ted Larson. Derechos reservados. teoson@earthlink.net

Habiendo “arpas de Dios” en el cielo, ¿sería correcto deducir que Dios apruebe instrumentos musicales para el culto de la iglesia en la tierra? 

“Arpas” se mencionan en los siguientes textos de Apocalipsis: 

-Apocalipsis 5:8. Los veinticuatro ancianos: “Todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos”.

-Apocalipsis 14:2. Los ciento cuarenta y cuatro mil: “Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas”.

-Apocalipsis 15:2. Los mártires elevados a la presencia de Cristo: “Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios”.  

El argumento a favor de instrumentos de música en la iglesia fundamentado en las arpas de Apocalipsis

Esta se expresa más o menos de la siguiente manera. Ya que Dios tiene arpas que se tocan en el cielo, a la iglesia en la tierra se le confiere, por inferencia, autoridad para tocar instrumentos de música en culto a él. Si al Soberano Dios le agradan las arpas, teniéndolas en su morada celeste, ¿con qué razón prohibir a los cristianos en la tierra el uso de instrumentos de música en la vida y adoración de la iglesia? Al Dios permitir el uso de instrumentos de música en el cielo, él establece una norma o precedente para sus hijos espirituales en la tierra. La iglesia en la tierra sigue la norma o el precedente establecido por él, tocando instrumentos de música.

A primera vista, esta argumentación parece ser muy lógica y aun irrebatible. Analicémosla desapasionadamente. 

Análisis de la argumentación

A.  En primer lugar, preguntamos: ¿Rige en el cielo la misma ley, o testamento, espiritual que está en vigor en la tierra para la iglesia? Todo obrero que “usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15) sabe que el Nuevo Testamento rige a la iglesia en la tierra, y no, en absoluto, el Antiguo Pacto dado en el monte de Sinaí mil quinientos años antes de Cristo (Hebreos 1:1-2; 7:12; 8:6-13, y numerosos textos parecidos). Pues, naturalmente surge la pregunta: ¿También está en vigor este mismo Nuevo Testamento en el cielo para los ángeles y todos los demás seres celestiales allá? Respondemos en lo negativo por las razones que presentamos a continuación.

1.  Traigamos a colación y apliquemos unos mandamientos básicos del Nuevo Testamento.

a)  El bautismo. En el cielo, ¿se bautizan los ángeles y demás seres allá en agua material, “para perdón de los pecados”, conforme a la enseñanza de Hechos 2:37-47 y el ejemplo del etíope en Hechos 8:26-40? Desde luego, que no.

b)  La Cena del Señor. ¿Celebran allá en el cielo “la cena del Señor” el primer día de cada semana con elementos materiales, es decir, con panes sin levadura y el jugo de la uva materiales?

c)  Ofrendas para sostener la obra de Dios. Los ángeles y demás seres allá en el cielo, ¿ofrendan dinero o bienes materiales conforme a las directrices del Nuevo Testamento para la iglesia en la tierra asentadas en textos tales como 1 Corintios 16:1-3 y 2 Corintios, los capítulos 8 y 9?

d)  Predicar el evangelio, es decir, evangelizar y edificar, instruyendo a los oyentes con el mensaje completo del “nuevo pacto” sellado con la sangre del Cristo. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15-16). ¿Se evangeliza en el cielo? ¿Se predica este mismo evangelio en el cielo?

-Pues bien, hasta dónde alcance nuestro entendimiento, no se efectúa ninguna de estas acciones en el cielo. Pero, en la tierra, toda congregación regida por el “régimen nuevo del Espíritu” (Romanos 7:1-6) las practica religiosamente.

 


www.harpingforharmony.com  La Iglesia de los Hermanos, Morgantown, West Virginia.

La Iglesia de los Hermanos, Morgantown, West Virginia
Aprendiendo a tocar el arpa en la iglesia, o ensayando la música sacra de arpa. www.harpingforharmony.com

2.  Razonamos, pues, que otro régimen (ley) divino, para una esfera espiritual-celestial poblada de seres espirituales-celestiales, estaría en vigor en el cielo. En tal caso, hagan lo que hagan los ángeles y demás seres en aquella esfera, en la tierra los cristianos hemos de someternos al Nuevo Testamento, ya que este es el “nuevo pacto” de Cristo vigente en el planeta Tierra durante toda la Era Cristiana. Así que, si el Nuevo Testamento desautoriza el uso de instrumentos musicales en culto a Dios, los cristianos fieles en la tierra no deberíamos tocarlos, aunque tocaran los seres en el cielo arpas de madera y cuerdas materiales. Conforme a los estudios muy detallados y debidamente documentados sobre la música enseñada en el Nuevo Testamento, disponibles en la obra Música cristiana contemporánea, tradicional o bíblica: La cuestión del uso de instrumentos de música en culto a Dios (www.editoriallapaz.org/salon_música.htm), el Nuevo Testamento autoriza solo la música a capela. Por consiguiente, hagan lo que hagan los seres en el cielo, la iglesia en la tierra está en el deber de acatar la precisa voluntad de Dios para ella en lo concerniente a la música, sin alterarla.

B.  En segundo lugar, al escrutar el libro de Apocalipsis, observamos que no todo lo que hay en el cielo, según los múltiples escenarios presentados con lujo de detalle, tiene su contraparte material en la iglesia en la tierra. A continuación, algunos ejemplos.

1.  “El templo del tabernáculo del testimonio.” “Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio; y del templo salieron los siete ángeles que tenían las siete plagas…” (Apocalipsis 15:5-6).

a)  Jehová Dios instruyó a Moisés a levantar una “tienda del testimonio”, o “tabernáculo”, en el desierto (Números 9:15; Éxodo 40:34-38). El que aparezca en las visiones de Apocalipsis su contraparte en el cielo no quiere decir que la iglesia en la tierra cuente con autoridad divina para levantar aquí un “tabernáculo” parecido a él de los israelitas bajo la “antigua ley”, como tampoco un “templo” semejante a él que Salomón edificó. El Espíritu Santo nos enseña que tanto los israelitas salvos como los cristianos fieles hasta el fin serán admitidos al cielo de Dios (Hebreos 9:15). Dado este hecho, no nos extraña que figuren en aquel lugar celestial algunas cosas análogas a las del Antiguo Testamento, incluso “arpas”. Pero, esto no significa que “ordenanzas de culto” de aquel “santuario terrenal” (Hebreos 9:1) de Israel, por ejemplo, el uso de instrumentos de música, estén autorizadas para la iglesia. Bien que todos los salvos de todas las épocas terrenales, desde el principio hasta el fin de la raza humana, sean admitidos a la presencia de Dios en el cielo, la iglesia del Señor en la tierra existe solo durante la Era Cristiana. No la gobiernan durante esta Era leyes patriarcales, como tampoco las dadas por Dios en Sinaí, sino “la ley de Cristo” (1 Corintios 9:21), cuyas ordenanzas se desglosan y se ejemplifican en su “nuevo pacto”. La iglesia está en el deber de someterse a este Nuevo Testamento, sin alterarlo por medio de incorporarle leyes divinas de épocas anteriores a la Cristiana, mandamientos de hombres que lo invalidan (Mateo 15:1-9), “tradiciones vanas” o “huecas sutilezas” (Colosenses 2:8). “Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade” (Gálatas 3:15). Habiendo sido debidamente sellado y ratificado el “nuevo pacto” de Cristo, quien se atreva a invalidarlo o añadirle se incurriría en una infracción gravísima.

b)  Postular la mera idea de edificar la iglesia en la tierra un “tabernáculo”, o “templo”, del tipo israelita, resultaría en numerosas dificultades o controversias. Por ejemplo, ¿edificaría un solo templo, en un solo lugar, como en el caso de templo judío en Jerusalén, o muchos templos en distintos lugares del mundo? ¿Lo construiría de materiales caros como los que especificó Jehová Dios para el tabernáculo-templo de Israel, o usaría cualquier tipo de material? ¿Cuáles medidas tendría su templo? ¿Tendría solo dos cuartos como el tabernáculo-templo de Israel, un solo cuarto o muchos cuartos? ¿Qué tipo de mobiliario colocaría la iglesia en tal templo? ¿Con qué propósito levantar la iglesia tal estructura? ¿Quiénes tendrían acceso a ella? Etcétera, etcétera.

c)  Además, nos conviene tener siempre presente una gloriosa verdad sublime, a saber: que si bien Jehová Dios se manifestaba sobre el propiciatorio, en el Lugar Santísimo del tabernáculo-templo terrenal que él ordenó para los israelitas durante la Era Mosaica, durante la presente Era Cristiana ¡él no se manifiesta así! El apóstol Pablo, por el Espíritu, lo expuso elocuentemente en el Areópago de Atenas, proclamando con solemnidad: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:24-26).

2.  Los veinticuatro ancianos visten “coronas de oro” (Apocalipsis 4:4), y tienen no solo “arpas” sino también “copas de oro llenas de incienso” (Apocalipsis 5:8). Dada esta escena celestial, ¿deberíamos razonar, por inferencia, que se les autorice a los ancianos de las iglesias en la tierra a vestir coronas hechas de oro material, o a presentarse ante los feligreses con arpas materiales y copas de oro real llenas de incienso real? De hecho, algunos prelados católicos romanos de alto rango visten coronas de oro, plata y piedras preciosas; también utilizan copas de oro e incienso en sus cultos. ¿Respaldan estos textos apocalípticos su doctrina y práctica? De modo alguno. Por cierto, las “coronas de oro” se entregan a santos glorificados, y no a religiosos vivos en la tierra. En cuanto a las “copas llenas de incienso”, claramente se nos dice que “son las oraciones de los santos” (Apocalipsis 5:8). Ahora bien, si las “copas llenas de incienso” simbolizan “las oraciones de los santos”, ¿por qué no interpretar “arpas” metafóricamente como simbólicas de “alabanzas vocales”? ¿Serían simbólicas las “copas” sí, pero las “arpas”, no? Ambas cosas realmente existen en la esfera celestial-espiritual, desconociéndose la verdadera naturaleza de su sustancia, pero ambas se revisten de simbología. Al menos, tal es nuestro entendimiento de estas cuestiones.

3.  “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto” (Apocalipsis 8:3-5). Contemplando esta escena, ¿deberíamos inferir que las iglesias en la tierra estén autorizadas por Dios a tener en sus lugares de reunión altares de oro, incensarios de oro y mucho incienso? La Iglesia Católica Romana los tiene en sus catedrales y capillas; también la Iglesia Griega Ortodoxa, y tal vez otras pocas. Pero, no los tiene ninguna congregación espiritual, regida por el Nuevo Testamento, ni los aprueba ningún ministro espiritual del Señor, por comprender que el lenguaje apocalíptico es altamente metafórico y que el uso de aquellas cosas en el cielo no implica necesariamente aprobación divina para su uso en el culto de la iglesia en la tierra. Además, perciben que estos objetos aparecen en escenarios apocalípticos cuyo enfoque principal es el de venganzas y castigos divinos. “Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.” Pero, a la iglesia se le prohíbe tomar semejante venganza, norma fundamental que, tristemente, no entiende ni practica la jerarquía católica romana. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

C.  ¿Cosas materiales o cosas espirituales? El templo del tabernáculo, las coronas de oro, el altar, el incensario de oro y el incienso, ¿existen allá en el cielo como artefactos materiales? No habiéndolos visto con nuestros propios ojos, no podemos asegurar, categóricamente, la verdadera naturaleza de estos objetos. Más sin embargo, tratándose de una esfera esencialmente diferente a la nuestra, habitada por seres espirituales, nos inclinamos a pensar que no sean compuestos de elementos físicos –oro, plata, piedras preciosas, madera, especies tales como los que conocemos en la tierra. Existen sí; realmente existen, al menos en algún tiempo determinado por Dios –según nuestro entendimiento circunscrito- pero su sustancia verdadera la desconocemos. El lenguaje apocalíptico utilizado para describir aquella esfera celestial y los seres que la ocupan, como también los objetos que en él se encuentran, es retórico en grado sumo, repleto de simbolismos, personificaciones o representaciones exóticas en extremo al parecer de nosotros los seres humanos, pero esto no significa que no tengan sustancia o forma alguna. El “cuerpo espiritual” glorificado (1 Corintios 15:44) posee, razonamos, “sustancia y forma espiritual”. Realmente existe, mas siendo de esencia espiritual, no lo podemos ver con nuestros ojos físicos (2 Corintios 4:18). Cristo, glorificado y sentado a la diestra del Padre, habita un “cuerpo de la gloria” (Filipenses 3:21). Glorificados los justos fieles, cada uno tendrá un cuerpo espiritual “semejante” al de Cristo. Entonces, “le veremos tal cual él es” (1 Juan 3:2). Seguramente, estas palabras significan que algo veremos; alguna forma veremos. “…le veremos tal cual él es.” Pues, un “cuerpo espiritual” glorificado veremos. Esta expresión “tal cual… es” ciertamente implica sustancia y forma. ¿Qué cosa “veremos”? Reiteramos para énfasis: un “cuerpo espiritual”. Una entidad, un ser, de sustancia y forma espirituales. Visible para un ser espiritual, pero no para el ser que habita un cuerpo material.

1.  ¿Son reales “las arpas de Dios”? “Reales” en el sentido de “realmente existir”. Afirmamos que sí, lo son. ¿Parecidas a las que tocaron los judíos? ¿Arpas hechas de madera y cuerdas materiales? Dada la naturaleza espiritual de aquel mundo celestial-espiritual, existen fuertes razones para dudar de que aquellas arpas celestiales sean fabricadas de elementos materiales, como las que se tocan en la tierra. “…las arpas de Dios” las tocarían seres espirituales, en cuerpos espirituales, que habitan una esfera espiritual, cuya verdadera esencia y apariencia no las podemos saber en esta vida, conforme a la enseñanza expuesta en el párrafo anterior. ¿Qué estos seres toquen arpas materiales? Muy dudoso, a nuestro parecer. Lógicamente, los objetos encontrados en aquella esfera celestial-espiritual tendrían una naturaleza cónsona con aquel mundo.

2.  Cualquiera sea la sustancia de “las arpas de Dios” en el cielo, entendemos que realmente existen. Pero, ya hemos indicado, en la partida “B, 2”, que pueden simbolizar “alabanzas”, y cabe la posibilidad que simbolicen “alabanzas puramente vocales”. Reiteramos: “las copas de oro llenas de incienso” simbolizan “las oraciones de los santos”, resaltando esta simbología Apocalipsis 5:8. Entonces, por inferencia, las “arpas” también simbolizarían algo. ¿Qué cosa? Lógicamente, la “música” que agrada a Dios, pues son “las arpas de Dios”. Así pues, “alabanzas” gratas a su oído.

a)  “Los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen…”, teniendo “las arpas de Dios”“…cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero…” (Apocalipsis 15:3-4). Cantico de alabanza que abarca tanto la Era Mosaica, representada por Moisés, como la Era Cristiana, representada por el Cordero.

b)  Los ciento cuarenta y cuatro mil “cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos…” Su voz era “una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno... como de arpistas que tocaban sus arpas” (Apocalipsis 14:2). Voces extraordinarias con las que dota Dios a los seres celestiales, incluso los seres humanos que resucitan para vida eterna, recibiendo nuevos cuerpos espirituales, poderosos e inmortales. Voces poderosas, puras y hermosas, más allá del alcance de nuestra imaginación. Voces más bellas y poderosas que las de los mejores cantantes de ópera o cualquier otro género de música.

-“…como estruendo de muchas aguas…” Es decir, como el bramido del mar embravecido, como el sonoro y resonante trueno de grandes olas lanzadas sobre playas o costas rocosas. Como el estruendo de anchas y altas cataratas. Como el rugir de un gran río de aguas tumultuosas. Estruendosa la voz del gran coro de ciento cuarenta y cuatro mil, pero bellísima, llenando, impresionando grandemente con sus crescendos increíbles, arias, contrapuntos, ritmos y escalas variadas que corran, brinquen y salten, agradando como ninguna otra voz pudiera.

-“…como gran sonido de trueno…” Que retumba por los cielos, escuchándose a través de extensos espacios, subiendo, bajando, cambiando de volumen, de tono, de matices armónicas, siguiendo por buen rato, casi perdiéndose en la lejanía, recobrando poder, continuando hasta que se hagan escuchar otras voces.

-“…como arpistas que tocaban sus arpas.” O sea, melodiosa, con notas muy claras. Pero no de una sola arpa en un solo lugar, sino de miles y decenas de miles tocadas en las expansiones de los cielos. ¡Enorme coro celestial cuyos redimidos “cantaban un cántico nuevo delante del trono”! “…como arpistas”, y no “de arpistas”. “Como”: adverbio de modo por medio del que se compara la voz del coro de ciento cuarenta y cuatro mil al sonido emitido por multitud de arpistas que tocaran armoniosamente.

3.  Reflexionando sobre aquellas “arpas de Dios”, pensamos que también pudieran representar una música etérea creada por Dios mismo, jamás escuchada o soñada por ser humano alguno. Armoniosa con la esfera espiritual-celestial donde mora el Todopoderoso.

4.  ¿Hay “arpas de Dios” en la tierra en el tiempo presente? ¿Sería razonable catalogar como “arpas de Dios” las voces de los cristianos fieles que cantan alabanzas? Por cierto, la voz del ser humano es obra de Dios, y no de los hombres. Nuestras dos cuerdas vocales (solo dos y no seis, diez o veinte), diseñadas por Dios mismo –de carne viva, y no de las tripas de algún animal muerto, de alambre o de plástico- son creación asombrosa de Dios, capaces de producir la música más bella y conmovedora del universo material. Unidas las voces de los cristianos fieles en alabanzas espirituales, ¡cuán bellas se escuchan! Por estos hechos y en este contexto, ¿por qué no calificar la voz del cristiano consagrado y puro como “arpa de Dios”, en sentido simbólico? Aplicado este concepto a las “arpas de Dios” en el cielo, diríase que las “arpas” de escenas apocalípticas representarían las voces mismas de los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes, los ciento cuarenta y cuatro mil y de “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen”.

D.  Alabanzas en el cielo. Alabanzas de la iglesia en la tierra. Tenemos a bien volver a enfatizar que la iglesia en la tierra ha de adorar a Dios “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), todos los feligreses “unánimes, a una voz” (Romanos 15:5-6), conforme a “una misma regla” (Filipenses 3:16). Cualquiera sea el significado de “las arpas de Dios” en el cielo, la iglesia en la tierra, debidamente sometida a su cabeza Cristo, tributa loor conforme al “nuevo pacto” del Cordero. A continuación, unas breves consideraciones relevantes.

1.  La “nueva creación” de Dios en la tierra es la iglesia (Gálatas 6:15). ¿Qué concordancia habría entre invenciones materiales humanas, tales como instrumentos de música, y esta “nueva creación” espiritual? Los cristianos somos “como piedras vivas… edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5). Sacrificios materiales no, sino “espirituales”. ¿Son materiales los instrumentos de música inventados y tocados por seres humanos, o son espirituales? ¿Son creación de Dios o creación de los hombres?

2.  Los “cánticos” de la iglesia son “cánticos espirituales”. El Espíritu Santo nos instruye a cantarlos “con gracia en vuestros corazones” (Colosenses 3:16), “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19). En un culto netamente espiritual, ¿no estarían del todo incongruentes instrumentos materiales de música, ya que no harían concordancia? Entre los instrumentos vivos creados por Dios –el corazón, las cuerdas vocales, la lengua, la boca, los labios- ¿con qué respaldo bíblico o lógica sana introducir instrumentos muertos fabricados por hombres?

3.  Todas estas enseñanzas sobre la música en la iglesia se amplían grandemente mediante estudios disponibles en www.editoriallapaz.org/salon_musica.html.

E.  Conclusión. Analizados todos estos hechos y consideraciones, llegamos a la conclusión de que las referencias a “las arpas de Dios” en Apocalipsis no se deberían tomar como evidencia que justifique el uso de instrumentos de música en la iglesia aquí en la tierra. Efectivamente, los tres textos apocalípticos donde se mencionan “arpas”, interpretados de acuerdo con sus contextos, no contradicen los textos del Nuevo Testamento que autorizan solo la música a capela en la iglesia.

 

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