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“La
Cena del Señor”
(1 Corintios
11:20)
Siendo…
“la
comunión de la sangre de Cristo…
la
comunión del cuerpo de Cristo.”
(1 Corintios
10:16)
Curso para cristianos que administran
la mesa del Señor
Adaptable para la instrucción de la membresía en general
Parte 1
-Desglose de temas estudiados en la “Parte 1”:
1. ¿Cuánta importancia tiene la Cena del Señor?
-¿Con qué razón o justificación catalogar la Cena de “acto principal”?
-¿Qué acciones o actitudes pueden restar importancia a la Cena del Señor?
2. ¿Cómo deberían comportarse los miembros de la iglesia durante la Santa Comunión?
-¿Por qué tanto silencio y disciplina durante la Cena?
-¿Es aceptable que toda la congregación cante algún himno durante la celebración de la Santa Comunión?
-¿Es aceptable la lectura en voz alta de textos bíblicos durante la repartición del pan y la copa?
-Advertencia para todo varón que oficia la Cena del Señor: ¡cuidado de establecer para sí mismo un patrón invariable!
__________________________________
1. ¿Cuánta importancia tiene la Cena del Señor?
Ya que Jesucristo mismo instituyó la Santa Cena, lógicamente todo cristiano debería atribuirla muchísima importancia. “Haced esto en memoria de mí”, instruyó el Señor a sus discípulos. Por consiguiente, la Cena del Señor se reviste de importancia trascendental por ser la conmemoración divinamente instituida del sacrifico expiatorio del Hijo de Dios en la cruz del Calvario. Además, porque es “la comunión de la sangre de Cristo... la comunión del cuerpo de Cristo” (1 Corintios 10:16). En la adoración que los cristianos tributamos a Dios cada domingo, la Cena ocupa el lugar de acto principal.
a) ¿Con qué razón o justificación catalogar la Cena de “acto principal”? Porque, según Hechos 20:7, el propósito primordial de reunirse la iglesia primitiva el primer día de cada semana era precisamente comer el pan y tomar de la copa en memoria del sacrificio de Cristo. “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente.” El apóstol Pablo “se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén” (Hechos 20:16). Sin embargo, pese a su horario apretado, Pablo, llegando a la ciudad de Troas, se queda “siete días” (Hechos 20:6), esperando la reunión de la iglesia “el primer día de la semana”. ¿Y por qué se reunía la iglesia “el primer día de la semana”? No precisamente para escuchar a Pablo, o a cualquier otro predicador, sino “para partir el pan”, es decir, celebrar la Santa Cena. Tanto el lenguaje como las circunstancias reveladas indican que la iglesia en Troas se reunía todos los domingos para la Cena, siendo este acto la razón a priori de su convocación, y no algún sermón, conferencia o exposición sobre la Palabra, por importante que este tipo de intervención también fuese.
b) ¿Qué acciones o actitudes pueden restar importancia a la Cena del Señor? A continuación, una lista parcial:
(1) Hacer de ella un mero rito repetitivo, un ejercicio mecánico, y por ende, un acto carente de profundo significado y sentimientos vivos.
(2) Celebrarla con la mayor rapidez posible, relegándola a plano secundario. En el culto donde el mensaje precede la Cena sucede a menudo que el predicador se extiende demasiado, tanto que la tentación o tendencia es avanzar y celebrar la Cena aceleradamente con tal de no alargar exageradamente la reunión. Un remedio para este mal es programar la Cena para el tiempo antes del mensaje.
(3) No prepararse adecuadamente el hermano designado para administrarla.
(4) No preparar a la congregación.
(5) Celebrarla sin pronunciar palabras o citar textos que resalten su importancia.
(6) Celebrarla con sequedad, haciendo de ella un acto soso, frío, sin vida.
(7) Referente a ella, decir siempre las mismas palabras o leer el mismo texto todos los domingos, sin variar. El fruto de semejantes prácticas es, a la larga, la creación de un ritualismo que adormece a la mente y enfría al corazón del adorador.
(8) Remover, literalmente, la mesa del Señor del lugar céntrico que le corresponde en el lugar de reunión.
c) Los comentarios de no pocos cristianos indican que, para ellos, el “sermón” tiene muchísimo más importancia que la Cena del Señor. Los siguientes rasgos son típicos de este grupo:
(1) Prestan más atención a la predicación que a la Cena.
(2) Tienden a ser más reverentes durante el mensaje que durante la celebración de la Cena.
(3) Todo el culto gira en torno al mensajero y su mensaje. Los demás actos, incluso la Cena, son secundarios.
(4) Su conciencia no les reprende si pierden la Cena del Señor, pero se sienten incómodos, hasta molestos, si no hay predicación o si la pierden por alguna razón.
-Esta mentalidad dista bastante de ser la de cristiano maduro. Corregirla corresponde tanto a los que administran la congregación como a quienes predican u ofician la mesa del Señor. Recalcamos: los cristianos en Troas se reunieron “para partir el pan” y no con el fin principal de escuchar una predicación.
d) Algunos opinan que todos los actos celebrados en la reunión dominical son igualmente importantes: cantar himnos es tan importante como la Cena; también orar, ofrendar o predicar. Sin querer minimizar la importancia de cualquier de estos actos o pretender que todo cristiano acepte nuestra apreciación, observamos que el sacrifico expiatorio de Cristo es central para nuestra fe, salvación y esperanza. Sin él, todo lo demás se desploma. Los mensajes, los cánticos espirituales, las ofrendas, ¿de qué servirían? Al conmemorar el sacrificio de Cristo, atribuyéndola siempre máxima importancia, damos fe de tener presente constantemente el valor incalculable de la sangre vertida en la cruz, del cuerpo inmolado en la cruz. No por nada ocupaba la mesa del Señor el primer lugar en las reuniones de las congregaciones establecidas durante los primeros siglos de esta Era Cristiana. ¿Qué lugar ocupa en la suya?
e) El dogma de la “misa católica romana” es, lamentablemente, una corrupción total de la auténtica y original Cena del Señor. Con todo, el lugar céntrico que retiene la misa a través de los siglos en la liturgia católica evidencia la importancia que los creyentes, aun los más desviados en doctrina y práctica, han atribuido a la Cena del Señor desde tiempos antiguos. ¿Nos atrevemos a darle menos importancia a la verdadera Cena del Señor? En algunas catedrales y capillas católicas romanas, los sacerdotes celebran la misa todos los días. Al extremo contrario van algunas iglesias protestantes, celebrando la Cena del Señor acaso una sola vez al año. Nosotros la celebramos el primer día de cada semana, pero ¿continuamente damos a este acto memorial divinamente instituido, domingo tras domingo, la importancia que merece?
2. ¿Cómo deberían comportarse los miembros de la iglesia durante la Santa Comunión?
Con la mayor solemnidad y reverencia posible. Entre las distracciones inaceptables mencionamos las siguientes: conversaciones, susurros, murmullos, mover sillas o bancas, levantarse y caminar por el salón, conmociones de cualquier clase, salir fuera, ir a tomar agua, ir al sanitario, jugar con niños, entretenerse los niños con juguetes ruidosos, caminar o correr los niños por los pasillos o frente a la tarima, juntarse niños en juegos o intercambios alborotosos, gritar o llorar a toda boca cualquier niño.
a) ¿Por qué tanto silencio y disciplina? Porque cada adorador ha de estar en plena y profunda “comunión” personal con el cuerpo y la sangre de Cristo, es decir, es menester que discierna el significado y la tremenda importancia del sacrificio realizado por el Señor. “La copa de bendición... ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” “El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio como y bebe para sí” (1 Corintios 10:16; 11:29). Realmente imprescindible es guardar silencio si nuestro anhelo y firme propósito es entrar en plena comunión, concentrándose completamente en los multifacéticos aspectos instructivos y edificantes de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Esto lo comprende la mente espiritual, pero no tan fácil la mente espiritualmente inmadura por trastornarla demasiado influencias materiales o carnales. Se desprende que no actúa sabiamente o con “inteligencia espiritual” el cristiano que rompe la comunión, concentración, meditación, devoción, de los miembros sentados en derredor suyo, hablándoles, haciéndoles preguntas, susurrando, cantando, aunque bajito, riéndose, jugando con sus hijos u otros niños, regañándolos en voz alta, haciendo gestos o movimientos que distraigan, etcétera, etcétera, etcétera.
b) ¿Es aceptable que toda la congregación cante algún himno durante la celebración de la Santa Comunión? Opinamos que no es apropiado hacerlo. Cantar por sí solo requiere un grado de concentración en las palabras y la melodía del himno o cántico espiritual entonado, a menos que cante uno mecánicamente, proceder que rinde nulo el acto. Igualmente, discernir dignamente el cuerpo y la sangre del Señor también requiere absoluta concentración. ¿Conviene dividir nuestra atención entre dos actos de culto? No cantan algunos mientras se trae la lectura de la Palabra. No canta una parte de la congregación durante la predicación. Cuando un hermano dirige una oración, la congregación no canta. Así que, ¿con qué sentido o justificación cantar himnos durante la Cena? En el aposento alto, Cristo y los apóstoles cantaron un himno después de la celebración de la primera Cena y no durante ella (Mateo 26:26-30). Seguimos el modelo de Cristo para la Cena (Lucas 22:17-20) cuando ora el que administra la Cena, invocando bendiciones para el pan y la copa, dando gracias. Orar más de uno a la vez en voz alta, cantar un coro o cantar todos los congregados durante la Cena son acciones que pertenecen a la categoría de innovaciones humanas.
c) Varias actitudes y procedimientos comunes nos llevan a concluir que el silencio es un vacío insoportable para no pocas personas, incluso cierta categoría de cristianos. Estos tampoco aguantan el silencio, ¡ni siquiera en la congregación durante la Santa Cena! Siempre quieren oír voces, música, cualquier sonido aunque sea algún ruido discordante con el lugar o la ocasión. Para ellos, el silencio es incómodo, pesado, inquietante, aun amenazante. Se ponen nerviosos. Pues, ¡qué cantemos un himno durante la Cena para desvanecer el silencio! Es necesario enseñar, con delicadeza y paciencia, a estas almas aún inmaduras que el cristiano se conoce a sí mismo (2 Corintios 2:11), se examina y se prueba a sí mismo, se confronta a sí mismo, precisamente en los ratos de silencio y tranquilidad, forjando una comunión más íntima con su Creador y con el Hijo sacrificado en la cruz. Para el cristiano maduro, el silencio no es un vacío a llenarse lo más pronto posible con lo que sea sino un tiempo valiosísimo, demasiado escaso para la mayoría, a ser aprovechado para la evaluación personal, en la introspección, la meditación y la oración. El silencio ante el sacrificio de Cristo es señal de seriedad y reverencia. “Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora” (Apocalipsis 8:1). Pues, ¿es cosa extraña que también en la congregación haya ocasiones cuando el silencio sea la atmósfera más apropiada?
d) Pese a que todos los miembros de una congregación celebren la Cena durante el mismo espacio de tiempo, fundamentalmente la participación de cada miembro es un acto muy personal y particular. Este aspecto es más importante que el de “acto colectivo”. “Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11:28-29). Lo personal e individual de la acción se destacan mediante las frases “cada uno”, y “el que come y bebe”. Singular, y no plural. Por lo tanto, lo recomendable es conceder a cada miembro la oportunidad y el privilegio de concentrarse en la Cena, sin ocupar su atención con himnos, lecturas bíblicas largas o extensos comentarios hechos durante la repartición del pan y la copa. La responsabilidad de crear el ambiente propicio a ello corresponde al hermano que administra la mesa del Señor. Pero, si el tal tampoco soporta el silencio, su fuerte inclinación será llenar el aire con su propia voz, lo cual obligaría al adorador a atenderle en vez de dedicar toda su mente y corazón a la contemplación personal del Cordero inmolado en la cruz, sepultado, resucitado, glorificado y coronado Rey del Reino espiritual de Dios.
e) ¿Incrementa la solemnidad y eficacia de la Cena la lectura en voz alta de textos bíblicos durante la repartición del pan y la copa? Tal vez para miembros cuya mente divague pronto, pues algunos adolecen del síndrome de la inatención. Otros lo consideran no del todo edificante por la razón de que la voz del lector compite con meditaciones personales. Recomendación del que escribe para el oficiante que determine leer una porción de la Biblia durante la repartición de la Cena: leer solo de dos o tres versículos, y que estos estén estrechamente relacionados con la Cena del Señor. Leer pasajes no relacionados sería llevar la mente del adorador por tangentes que no resalten la Cena y su propósito. Largas lecturas hechas mientras los ayudantes entreguen el pan o la copa a los congregados no convienen.
f) Advertencia para todo varón que oficia la mesa del Señor: ¡cuidado de establecer para sí mismo un patrón invariable! El mismo patrón seguido servilmente semana tras semana, mes tras mes, año tras año, se convierte en amo fuerte incapaz de cambiar, intolerante de cualquier cambio. El ritualismo en formatos de culto y formas de expresarse no relacionadas con doctrinas inviolables es contraproducente. Variar rompe ritos. ¿Siempre lee usted textos bíblicos o hace comentarios durante la repartición del pan y la copa? ¿Qué le impide cambiar de cuando en cuando su procedimiento? Decir o leer todo cuanto quisiera antes de la repartición. Guardar silencio durante la repartición. Librar al adorador de la necesidad de prestar a usted atención. Concederle la oportunidad de estar a solas con su Señor crucificado, de confrontarse a sí mismo en la cruz. La “comunión” que él necesita sobre todo es con la sangre y el cuerpo del Señor, y no precisamente comunión con usted, con su espíritu, con su mente, o comunión con los demás cristianos presentes, y esto es así no obstante el hecho de participar todos de la Cena durante el mismo espacio de tiempo.
“La
Cena del Señor”
(1 Corintios
11:20)
Siendo…
“la
comunión de la sangre de Cristo…
la
comunión del cuerpo de Cristo.”
(1 Corintios
10:16)
Curso para cristianos que administran
la mesa del Señor
Adaptable para la instrucción de la membresía en general
Parte 2
-Desglose de temas estudiados en la “Parte 2”.
3. ¿Quiénes cualifican para oficiar la mesa del Señor, asistir en la repartición del pan y la copa?
-¿Damas que oficien la mesa del Señor?
-¿Damas que sirvan la Cena a la congregación?
-¿Jóvenes o neófitos que presidan la mesa del Señor?
_____________________________________
3. ¿Quiénes cualifican para oficiar la mesa del Señor?
Solo los varones cristianos fieles, y no los faltos de conocimiento, entendimiento o buen testimonio. Tampoco los que se congregan esporádicamente. Y, lógicamente, tampoco quienes no tengan la habilidad de dirigirse a la congregación con soltura, gracia, dignidad y madurez.
¿Damas que oficien la mesa del Señor?
a) ¿Cualifica para presidir la mesa del Señor una hermana de buen testimonio? Negativo. “Presidir”, “oficiar” o “administrar” implica, necesariamente, tomar autoridad o dominio. Por consiguiente, la dama cristiana que presidiera la Cena estaría ejerciendo dominio sobre los varones cristianos presentes, acción censurada por el Espíritu Santo en 1 Timoteo 2:12. “No permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”
-Algunos cristianos discrepan de esta conclusión, arguyendo que si los ancianos o administradores de la congregación autorizan a una hermana a presidir la mesa del Señor, ciertamente no estaría ella ejerciendo dominio sino acatando la voluntad de varones investidos de la autoridad para tomar decisiones. Replicamos respetuosamente que los líderes de una congregación, ya sean ancianos (obispos) o administradores conforme a las directrices de 1 Corintios 16:15-16, no cuentan con la potestad de autorizar a una dama cristiana a “ejercer dominio sobre el hombre”. Su “autoridad” no comprende nulificar mandatos del Espíritu Santo. Así que, claramente estableciendo el Espíritu Santo que la mujer no ejerza “dominio sobre el hombre” por las dos razones dadas por él en 1 Timoteo 2:13-14, cualquier decisión en contra ha de tomarse como un atrevimiento descabellado de mentes no sumisas a la voluntad divina.
¿Damas que sirvan la Cena a la congregación?
b) ¿Es aceptable que hermanas de buen testimonio sirvan la Cena a la congregación, repartiendo el pan y el fruto de la vid, sin dirigirse a los presentes? A primera vista, quizá parezca una acción totalmente válida para las damas cualificadas. Estarían sirviendo, y no dominando a nadie. Sin embargo, el “factor sexo” surge natural e inevitablemente. Consabido es que al varón le seduce más su vista, cuando de la atracción sexual se trata, que a la mujer –diez veces más según algunos estudios al respecto. El varón presta más atención a la apariencia física de la mujer –su figura, facciones del rostro, cabello. En cambio, a la mujer le atrae no tanto lo físico del varón sino su forma de ser, por ejemplo, el trato tierno y respetuoso. A la luz de estas realidades innegables, visualicemos y analicemos lo que tiende a suceder cuando damas sirven la Cena a la congregación.
-De acuerdo con el número de miembros que componen una congregación, se levantan dos damas, cuatro, seis o más, caminan hacia el frente, se paran frente a toda la asamblea, toman en sus manos los platos de pan sin levadura, y luego de la oración se acercan a la feligresía, repartiéndoselo. Vuelven al frente y repiten los mismos movimientos en la repartición del fruto de la vid. Supongamos que los varones espiritualmente maduros de la congregación, como también las damas espiritualmente maduras, no prestaran atención alguna a ningún aspecto de las damas que sirven –su fisiología femenina, atuendo femenino, andar típico de mujer, peinado, adornos, perfume, maquillaje, etcétera. Pero, los varones menos maduros y los inconversos de visita, ¿tampoco prestarían atención alguna a ninguno de estos atributos femeninos? ¿No lo haría ningún adolescente, adulto joven o varón mayor de edad? ¿Siquiera involuntariamente? ¿Tampoco las damas cristianas menos maduras o las inconversas de visita? A estas consideraciones se replica que de todos modos los presentes en la asamblea estarían viendo a las damas congregadas, ya durante el culto, antes o después. Y claro, eso es así, pero no estarían viéndolas en el desempeño de algún ministerio formal en presencia de todos los congregados. Especial atención atrae la mujer que se presenta ante una asamblea. ¿Quién lo negará? Su caso es muy diferente al de la mujer que permanece entre los adoradores sin destacarse en algún rol ante el público.
-Abundemos un poco más. Hoy, domingo, cuatro damas distribuyen la Cena a la congregación. El próximo domingo, cuatro varones lo hacen. ¿Quién afirma que la reacción de los congregantes a las cuatro damas sea exactamente la misma que a los cuatro varones? No dudamos de que ciertas “atracciones o tensiones sexuales” palpiten en cualquier reunión de personas de ambos sexos, pero ¿con qué justificación proveer para su intensificación en la asamblea de los santos? ¿No sería más sabio procurar su disminución? En contra de estas observaciones se plantea que no debiera haber ninguna reacción carnal de los congregantes a los que ministran frente a la congregación. Desde luego, esto sería lo ideal. Pero, este “ideal” lo percibo como irreal e inalcanzable mientras estemos en cuerpos de carne y sangre. Eliminar totalmente todo sentimiento, emoción o reacción carnal relacionada a la presencia y los movimientos de otros seres humanos que ocupan cuerpos carnales, ¿cuántas personas son capaces de lograrlo?
-Se multiplican las objeciones a la línea de argumentación que estamos presentando. Nos dicen que nunca cruzaría por la mente de los espirituales ni el más fugaz pensamiento de índole carnal, aunque caminara frente a la congregación, sirviendo la Cena, una hermana de hermosa cara y figura, cuya vestimenta resaltara sus dotes físicas. Quizá no. Con todo, ¿cuántos varones, por muy santos que fueran, la mirarían como si fuera un banco, un púlpito o cualquier objeto inanimado? Y no solo los varones, pues ¿cuántas del sexo femenino la mirarían de la misma manera? A lo cual se objeta: “¡Qué nadie se fije en los que sirven, sean damas o sean varones! ¡Qué miren al piso o al techo!” Y siguen las porfías.
-Pero, ¿por qué esta insistencia obstinada? ¿No tienen las damas suficientes ministerios espirituales? Conforme a mi entendimiento del Nuevo Testamento, ¡tienen demás! Tantos que jamás pueden cumplir a cabalidad todos los que les corresponden bíblicamente. ¿Por qué, pues, el empeño de asignarles ministerios dudosos o controversiales? ¿Acaso para implementar también en la iglesia del Señor la “agenda feminista” tan popular y poderosa en muchas culturas de actualidad? ¿O por qué sea “políticamente correcto” incluir a damas en la administración de la iglesia y su adoración? Nos parece no equivocarnos al observar que cristianos decididos a introducir y mantener innovaciones a como dé lugar, pese a consecuencias indeseables, están impulsados por motivaciones no puramente bíblicas o espirituales.
-¿Por qué presionan algunas damas para que le den participación en la repartición de la Cena? ¿Acaso para sentirse útiles? ¿Llenar algún vacío en su alma? Un vacío creado porque no hacen en la iglesia lo que pueden y deben hacer legítimamente. En nuestra hermandad existe una anomalía curiosa y realmente preocupante, a saber, mujeres cristianas maduras, en términos de años de edad, casadas y con hijos, que no quieren enseñar, o no se atreven a enseñar, a las mujeres jóvenes de acuerdo con el mandato de Tito 2:2-4. Mas sin embargo, importunan con pertinacia para que los administradores les pongan a desempeñar algún ministerio frente a la congregación. No podemos menos que cuestionar su madurez espiritual y poner en tela de juicio sus motivaciones.
-Se complica todo este asunto todavía más. Al recibir las damas permiso para repartir los elementos de la Cena, surge la problemática de las modas, el maquillaje, los adornos y los peinados. ¿Permitiremos que sirvan la Cena hermanas que usan pantalones ceñidos al cuerpo, faldas cortitas, escoltes bajitos o cualquier otra prenda sexualmente sugestiva? ¿Autorizaremos que la sirvan las que tienen el pelo recortado a estilo de varón, lucen muchas joyas o se embarran de maquillaje? ¿Quién asentará las directrices para la selección de las damas tenidas por aptas de servir?
-Evaluando todas estas consideraciones, mi apreciación personal es que autorizar a damas a repartir la Santa Cena es dar al adversario “ocasión de maledicencia” y provocar, sin justificación alguna, controversias contraproducentes. Peor aún, divisiones. ¿Dividir a una iglesia del Señor en el empeño terco de implementar procedimientos humanos o complacer a ciertos miembros? ¡Inconcebible! ¡Ay de aquellos que lo hagan!
¿Jóvenes o neófitos que presidan la mesa del Señor?
c) Para el ministerio de presidir la mesa del Señor, ¿cualifican los jóvenes bautizados o neófitos de buen testimonio?
-Encargar a varones adolescentes o a neófitos en la fe la administración de la mesa del Señor es un proceder altamente cuestionable. Con muy raras excepciones, difícilmente reúne el joven o el neófito los atributos espirituales necesarios para oficiar la Cena con seriedad, solemnidad y gran reverencia, impartiéndola el profundo significado que merece. Esto se debe en parte a que aún no brilla su testimonio por haber sido puesto a prueba una y otra vez con éxito a través de varios años.
¿Jóvenes o neófitos que distribuyan el pan y la copa?
d) ¿Es aceptable que varones jóvenes o neófitos en la fe repartan el pan y la copa? Positivo, con tal de ser ellos fieles en la asistencia, de testimonio intachable y de porte serio en la adoración, como también en todo lo concerniente a obras de la iglesia y la vida espiritual en el Señor.
e) ¿Es aceptable que varones jóvenes o neófitos en la fe dirijan oraciones, dando gracias por el pan y el fruto de la vid? Aplica lo mismo asentado ya para la distribución del pan y la copa.
“La
Cena del Señor”
(1 Corintios
11:20)
Siendo…
“la
comunión de la sangre de Cristo…
la
comunión del cuerpo de Cristo.”
(1 Corintios
10:16)
Curso para cristianos que administran
la mesa del Señor
Adaptable para la instrucción de la membresía en general
Parte 3
-Desglose de temas estudiados en la “Parte 3”.
4. ¿Es importante y sabio prepararse de antemano los varones que ofician la mesa del Señor?
-¿Qué son algunas directrices que, implementadas, contribuyen a una preparación adecuada?
5. ¿Es preciso leer siempre el mismo texto, por ejemplo, 1 Corintios 11:27-34, en preparación para la repartición de los elementos de la Cena?
6. ¿Es correcto empezar la celebración de la Santa Comunión sin leer texto alguno o hacer comentarios apropiados?
7. ¿Es necesario leer siempre algún texto bíblico?
-“Concisión” en la presentación de temas previos a la participación de los elementos es altamente recomendable.
8. ¿Cuáles son algunos textos bíblicos apropiados para la celebración de la Santa Cena?
-Para introducir el acto de la Cena, se aconseja la lectura de un solo texto y no de toda una serie de textos.
-Ejecución ordenada de la distribución del pan y la copa.
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4. ¿Es importante y sabio prepararse de antemano los varones que ofician la mesa del Señor? Absolutamente. Tan importante como sabio.
a) “De antemano”, es decir, antes de llegar al lugar de reunión de los santos. Al oficiante que no cuenta con amplio conocimiento y experiencia no le conviene esperar hasta la hora que precede el culto para prepararse. Lo aconsejable es que haga preparativos adecuados durante los días anteriores al domingo, separando espacios de tiempo dedicados a seleccionar juiciosamente algún texto bíblico apropiado y desarrollar comentarios concisos sobre su contenido.
b) ¿Qué son algunas directrices que, implementadas, contribuyen a una preparación adecuada?
a) Meditar profunda y largamente sobre el significado y el propósito de todo lo relacionado con la Santa Comunión –toda enseñanza, todo punto.
b) Escoger un texto bíblico apropiado para leer antes de la Cena, tomando el cuidado de no leer siempre el mismo texto o de leer algún texto traído durante, digamos, los tres o cuatro domingos anteriores.
c) Escrutar el texto seleccionado, procurando comprender a cabalidad sus enseñanzas. El significado de cada palabra o frase clave. El contexto del texto: cuándo, dónde, a quién o quiénes y por quién fue dictado o escrito. Desmenuzarlo, pero no con la intención de pronunciar un mini sermón antes de la Cena sino para entenderlo completamente el oficiante mismo, poder escoger dos o tres puntos importantes y hacerlos relevantes para la membresía presente.
d) Ensayar la lectura del texto en voz alta, una y otra vez, para que al estar frente a la audiencia poder leerlo, o mejor aún, citarlo de memoria, con perfecta soltura, buena expresión y dignidad, no tartamudeando o balbuciendo, no con voz apagada o vacilante, ni con los ojos clavados siempre en la letra, acciones estas que restan de la sublimidad de la Cena.
-“Balbucir. (Del lat. balbutīre). intr. defect. Hablar o leer con pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, trastocando a veces las letras o las sílabas.” Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
e) Orar que Dios le use en el ministerio de oficiar la mesa del Señor de tal manera que los participantes estén en plena comunión con Cristo, conmemorando de corazón el sacrificio del Hijo de Dios para gloria de él y recibiendo cada adorador fortalecimiento espiritual.
f) Tener cuidado de sí mismo el que oficia la mesa del Señor en anticipación de administrar la Cena, tomando los pasos necesarios para estar en perfecta comunión con Dios. Que esté tranquilo, confiado, en paz consigo mismo, en paz con su familia, en armonía espiritual con los miembros de la iglesia, libre de perturbaciones mentales o emocionales.
5. ¿Es preciso leer siempre el mismo texto, por ejemplo, 1 Corintios 11:27-34, en preparación para la repartición de los elementos de la Cena?
a) Negativo. Pero, no faltan varones que hacen exactamente esto, o congregaciones que hayan establecido semejante rito. ¡Se lee el mismo pasaje bíblico cada domingo! Sin embargo, patrón que haga obligatoria tal práctica no lo hallamos en el Nuevo Testamento.
b) Opinamos que es sabio evitar este tipo de repetición por la razón de que tiende a crear ritualismo en el culto, y consabido es que el ritualismo es mortífero para el culto “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). El mismo ritualismo practicado a través de meses y años adquiere el peso de una cadena gruesa de hierro. Las cadenas del ritualismo sofocan al espíritu del adorador. Adormecen, aburren, causan la muerte espiritual. Por ejemplo, cierto hermano lee siempre el mismo texto de la Biblia cuando le corresponde administrar la Cena. Toda la congregación sabe cuál texto leerá y qué comentarios traerá. Los menos maduros, viéndolo pararse tras la mesa del Señor, se desconectan del acto. Sus mentes vagan. No oyen sus palabras. “¡Eeea!, el mismo pasaje una y otra vez. Las mismas palabras. El mismo tono de voz.” Provocar innecesariamente esta reacción en algunos discípulos del Señor, por débiles que sean estos, es realmente inexcusable, pues no deberíamos hacer tropezar a ninguno sino hacerlo todo para edificación.
6. ¿Es correcto empezar la celebración de la Santa Comunión sin leer texto alguno o hacer comentarios apropiados? ¿Meramente orar por el pan y mandar a repartirlo enseguida, haciendo otro tanto con la copa?
a) Conforme a nuestra apreciación, semejante práctica tiende a causar impresiones negativas, por ejemplo, que el oficiante sea algo frío de espíritu, poco interesado en la Cena, inepto para este ministerio, indigno de este ministerio, que no comprenda su importancia, que no valúe su lugar céntrico en el culto, que tenga prisa para efectuarlo. Es como si él dijera: “Vamos a acabar con esto pronto. Cosas y actividades más importantes están pendientes. Además, no queremos pasar ni por un minuto el tiempo determinado para esta reunión.”
b) La timidez o el nerviosismo afectan a algunos varones al extremo de no poder ellos pronunciar casi palabra alguna en presencia de una congregación. Suelen clavar sus ojos en la mesa o el piso. Proyectan incomodidad, inseguridad, inmadurez, temor. Varones de esta categoría simplemente no cualifican para administrar la mesa del Señor. Invitarlos o ponerlos a oficiar la Cena es hacer agravio a la congregación.
7. ¿Es necesario leer siempre algún texto bíblico?
a) No es indispensable hacerlo. Traer explicaciones concisas sobre algún aspecto de la Cena es una alternativa aceptable.
b) ¿Cuales son algunos de los “aspectos” aludidos? A continuación, una lista parcial:
(1) El trasfondo histórico de la institución de la Cena por Cristo en el aposento alto, incluso su relación con la pascua judía.
(2) El significado preciso del pan sin levadura y de la copa en el contexto de la Cena del Señor.
(3) Por qué se utiliza pan sin levadura, y no algún otro pan.
(4) La eficacia absoluta y definitiva de un solo sacrificio hecho una vez para siempre por Cristo, comparado con los sacrificios repetitivos bajo el Antiguo Testamento o el susodicho “sacrificio” igualmente repetitivo de la misa católica romana.
-Mencionar por nombre la “misa católica romana” en comentarios previos a la participación de la Cena del Señor puede resultar contraproducente para algunos adoradores por tratarse de un tema cargado de controversia o porque se sienten incómodos, aun ofendidos, al escuchar comparanzas de esta índole.
-La suficiencia eterna de un solo sacrificio y el hecho de que los elementos de la Cena nunca se transforman en “carne literal y sangre literal”, contrario al dogma católico romano de la “transubstanciación”, pueden exponerse positivamente sin mencionar “iglesias” o “doctrinas de hombres”.
(5) Comer el pan y tomar la copa “dignamente” es un tema vital que el oficiante puede desarrollar concisamente previo a la participación de los elementos. ¿Qué significa “dignamente”? ¿Qué implica este vocablo respecto a la conducta o condición moral del adorador? ¿Respecto a los pensamientos o imágenes que ocupen su mente durante la participación de los elementos?
(6) Otro tema apropiado: la preparación moral, espiritual y mental que el cristiano puede efectuar durante los días anteriores a la Cena con el propósito de comerla sin incurrirse en pecado.
(7) Identificar, con tacto y reverencia para todos, a los que tienen derecho de comer la Santa Cena, como además a los que no deberían comerla, dando razones claras.
(8) Explicar por qué la Cena del Señor se celebra cada domingo en las congregaciones guiadas por el Nuevo Testamento, abundando sobre los beneficios y bendiciones espirituales que producen esta práctica.
(9) Describir la muerte por crucifixión que sufrió nuestro Redentor, resaltando tanto la dureza como la grandeza de su sacrificio.
(10) Comentar acerca de la presencia del Señor en la Cena, explicando de qué manera es presente él, lo que observa, etcétera.
c) “Concisión” en la presentación de temas previos a la participación de los elementos es altamente recomendable. Este no es el tiempo para exposiciones largas. Más bien, breves, al grano, concentrados, como se concentra la luz en una piedra preciosa. De tres o cuatro minutos, y no de diez o quince. La “concisión” es fruto de una buena preparación, y esta incluye rigorosa disciplina mental. Quien pronuncia un mini sermón como introducción para la Cena del Señor no demuestra la disciplina característica de un administrador maduro. Quien se vale de la “introducción” para traer temas no relacionados con la Cena comete un error descabellado, dando evidencia clara de no cualificar como administrador de la mesa del Señor.
8. ¿Cuáles son algunos textos bíblicos apropiados para la celebración de la Santa Cena? A continuación, una lista parcial.
a) Juan 6:25-59. No leer todos los treinta y tres versículos de este pasaje para una sola celebración de la Cena, sino seleccionar una porción para este domingo, otra para un domingo futuro, etcétera.
b) Mateo 26:26-29; Marcos 14:12-25; Lucas 22:7-23. Estos pasajes relatan la institución de la Cena.
c) Los textos de los cuatro evangelios que cuentan la crucifixión de Cristo. No leer necesariamente todo el relato. No leer veinte, treinta o cuarenta versículos, sino escoger uno solo o unos pocos, haciendo comentarios acertados, interesantes, penetrantes, edificantes, bien expresados y concisos, que impacten.
d) Hechos 2:42. Enfatizar la palabra “perseveraban”. Continuaban en la celebración de la Cena. Este verbo indica frecuencia, sin que transcurra mucho tiempo entre las ocasiones de celebrarse la Comunión.
e) Hechos 20:7. El propósito primordial de congregarse los cristianos de Troas era partir el pan. Lo hicieron el primer día de la semana. ¿Quién los enseñó a hacerlo de esta manera? El apóstol Pablo, por inspiración divina. Por lo tanto, seguimos su ejemplo en el presente.
f) Romanos 5:6 -11. “Cristo murió por nosotros.” -¿Quién daría su único hijo para salvar de peligro a una persona mala? Abundar; aplicar. –Justificados por su sangre. –Seremos salvos de la ira venidera. No ocupar diez minutos, quince o más, exponiendo todo el pasaje, sino repartir las enseñanzas entre varios domingos.
g) 1 Corintios 5:7-8. Nuestra pascua es Cristo. La Cena es una fiesta solemne de la iglesia. El significado de “nueva masa”. Cómo celebrar la Cena: con los panes “sin levadura, de sinceridad y de verdad”. Las implicaciones de esta simbología. Para celebrar la Cena dignamente, debemos ser sinceros y estar en la verdad.
-Recomendamos abundar sobre una sola de estas enseñanzas a la vez, es decir, no intentar profundizar en todas durante el transcurso de una sola celebración de la Cena, sino repartirlas entre varias celebraciones, pues cada una es de suma importancia y muy edificante cuando desarrollada debidamente.
-Estas mismas observaciones son aplicables a los textos que siguen.
h) 1 Corintios 10:16-22.
i) 1 Corintios 11:17-34.
j) Efesios 1:15-23; 2:13-16; 3:14-19.
k) Filipenses 2:1-11.
l) Colosenses 3:1-4.
m) Tito 2:11-15.
n) Hebreos 3:1-6; 9:23-28; 10:10-25.
o) 1 Pedro 1:17-25.
p) Apocalipsis 1:10-17. Resaltar el poder y la majestad del Cristo glorificado.
q) Apocalipsis 5:11-14. El culto que los seres celestiales rinden al Cordero. Los cristianos en la tierra debemos alabarle con la misma reverencia.
r) Apocalipsis 19:6-9. La Cena del Señor en la iglesia comparada con “la cena de las bodas del Cordero”.
s) Isaías 53:2-12.
t) Isaías 13:1-10.
-Para introducir el acto de la Cena, se aconseja la lectura de un solo texto y no de toda una serie de textos. La costumbre de algunos hermanos nombrados a presidir la mesa del Señor es leer cuatro o cinco pasajes corridos. Mejor un solo pasaje, o un solo versículo, leído con sentimiento y vigor, expuesto con claridad, que varios textos leídos rápidamente, con tono monótono, sin explicación alguna, o acompañados de comentarios flojos, superficiales, secos o demasiado extensos.
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Ejecución ordenada de la repartición del pan y la copa
Sugerencias breves
A. Sean dos, cuatro, seis o más los varones encargados de la repartición, que sus movimientos sean coordinados y armoniosos, proyectando organización y solemnidad en todo momento, y no desorganización, descuido, inatención o falta de dignidad.
B. Procedimiento sugerido.
1. Sentarse el nombrado a presidir la mesa del Señor, con sus ayudantes, en la primera fila de sillas o bancas al frente.
a) En el preciso momento de iniciarse la celebración de la Cena, pararse todos en el mismo instante, caminando al mismo compás y ubicándose detrás de la mesa en posiciones previamente acordados.
b) Otra opción es la siguiente: ocupar su posición el que preside la mesa. Al mismo tiempo, juntarse sus ayudantes en el fondo del local y caminar con orden y compás por el pasillo, o los pasillos, hacia el frente tomando posiciones ya determinadas detrás de la mesa donde descansan los recipientes de pan y fruto de la vid, o al lado de la mesa.
c) Si el que preside ocupa el púlpito, los que distribuyen el pan y la copa ocupan posiciones detrás de la mesa del Señor.
2. Presencia y comportamiento al ubicarse en sus posiciones relativas a la mesa del Señor.
a) No se paran distanciados el uno del otro sino lado a lado.
b) No se paran salteados, es decir, unos más adelante que otros, sino como soldados en fila, ordenadamente.
c) No se saludan el uno al otro frente a la congregación, estrechándose las manos, o intercambiando saludos.
d) No dicen nada el uno al otro. No se ríen. Tampoco proyectan tristeza o cualquier otro sentimiento negativo.
e) No llaman atención a sus personas mediante ningún gesto o expresión. Este no es el momento para socializar o lucirse sino para dirigir la atención de todos los adoradores a la cruz en memoria del Cristo inmolado.
f) Brazos sostenidos derechitos a su lado. Cabeza inclinada levemente.
k) Vestidos todos con decoro.
3. Manejo de los recipientes.
a) Con gracia y cuidado. No con torpeza.
b) De haber múltiples recipientes, uno solo entrega los del pan sin levadura a los demás ayudantes y uno solo entrega los del fruto de la vida a los demás ayudantes. No se acerca cada uno a la mesa tomando un recipiente. Asimismo manejan los recipientes una vez terminada la distribución.
4. Distribución del pan y la copa.
a) Habiendo el que preside cumplido debidamente su introducción, y habiendo orado, él con sus ayudantes participan del pan.
b) Después de una pausa de breves segundos, el oficiante indica a los ayudantes que procedan con la distribución, diciendo, por ejemplo: “Adelante, hermanos”.
c) Los ayudantes se mueven al compás hacia los congregados.
d) Una vez terminado la distribución, se juntan todos en el fondo del salón, luego se marchan con orden y compás hacia el frente, no adelantándose unos a otros. Llegando, se ponen, tal cual soldados de fila, cara a la congregación. Luego, con el mismo orden, entregan los recipientes al hermano encargado de recibirlos y colocarlos de nuevo sobre la mesa.
e) El mismo proceso se repite para la distribución de la copa.
5. Cumplida la distribución tanto del pan como de la copa, con la misma dignidad y buen orden vuelven a tomar sus asientos. Si está pautada la ofrenda para después de la Cena, lo indicado es que el mismo grupo de ayudantes ocupen la primera fila de sillas o bancas, evitando volver a reunirse en el fondo del local, para luego caminar al frente.
6. Ensayar estos procedimientos cuantas veces sea necesario para lograr su ejecución impecable. Quizá ayude mucho nombrar a uno de los ayudantes como director del grupo. Con espíritu de servidor, él indicaría a los demás cuando iniciar ciertos movimientos, por ejemplo, cuando empezar a caminar hacia el frente después de la distribución del pan o de la copa.
7. “Gozándome y mirando vuestro buen orden” escribe el apóstol Pablo a la iglesia en Colosas. El “buen orden” es, de veras, admirable, y más aún en el contexto del culto y las obras espirituales del glorioso Reino de Dios.
“La
Cena del Señor”
(1 Corintios
11:20)
Siendo…
“la
comunión de la sangre de Cristo…
la
comunión del cuerpo de Cristo.”
(1 Corintios
10:16)
Curso para cristianos que administran
la mesa del Señor
Adaptable para la instrucción de la membresía en general
Parte 4
-Desglose de temas estudiados en la “Parte 4”.
9. ¿Conviene permitir que participen de la Cena las personas que no son miembros de la iglesia, es decir, que no han sido bautizadas por inmersión y “para perdón de los pecados”?
-La participación en la Cena de personas que no pertenecen a la iglesia.
-No pocos de los que militan en iglesias ajenas a nuestra hermandad, al congregarse con nosotros se creen dignos de participar en la Cena.
10. ¿Deberían los que reparten el pan y la copa retener siempre los recipientes en sus propias manos, no permitiendo que ninguno los toque o que los congregados los pasen del uno al otro, siguiendo siempre esta estrategia para evitar que coma la Cena algún inconverso, religioso sectario o miembro infiel de la congregación?
11. ¿Es sabio advertir constantemente a los seguidores de Cristo el peligro de comer y beber “juicio para sí” (1 Corintios 11:29)?
-Las fuertes advertencias, duras reprensiones y amenazas de “juicio y condenación”, repetidas a menudo, tienden a crear un ambiente pesado, tenso, cargado de temor, negativismo y hasta depresión espiritual.
12. ¿Es necesario orar antes de partir el pan?
-¿Es aceptable dar gracias por el pan y la copa mediante una sola oración?
-¿Es aceptable orar por el pan, luego, enseguida, orar por la copa antes de repartir el pan, para entonces repartir ambos elementos a la vez?
-Algunos temas a excluirse de las oraciones por el pan y la copa.
13. ¿Es imprescindible cantar un himno después de la Comunión?
-¿Es apropiado recoger la ofrenda inmediatamente después de la Cena?
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La participación de personas que no pertenecen a la iglesia.
9. ¿Conviene permitir que participen de la Cena las personas que no son miembros de la iglesia, es decir, que no han sido bautizadas por inmersión y “para perdón de los pecados”?
a) Ya que estas almas no han “obedecido de corazón a aquella forma de doctrina” autorizada por Dios (Romanos 6:17), no es correcto que participen de la Cena del Señor. En las congregaciones donde visitan personas inconversas todos los domingos, o casi todos, lo indicado sería explicar frecuentemente quienes tienen derecho de participar, y quienes no, exponiendo razones con claridad y respecto, con mucho tacto, humildad y amor por las almas no convertidas. De no haber inconversos presentes, disertar sobre por qué el que no es bautizado bíblicamente debiera abstenerse de comer el pan y tomar la copa sería invertir tiempo y energía en asuntos irrelevantes para los adoradores.
b) Si una persona no convertida al Señor participa de la Cena, ¿resulta culpable de algún pecado el que preside la mesa del Señor o los que distribuyen el pan y la copa? Respondemos a esta pregunta con otras dos preguntas, a saber: ¿Qué pecado cometerían? ¿Qué culpa tendrían? En definitiva, Dios no los ha hecho jueces de todas las almas presentes, bien sean miembros o no miembros. No cuentan con alguna directriz divina que les autorizara a ofrecer o denegar la Cena conforme a su evaluación personal de todo individuo presente en la asamblea. Así que, se hace culpable solo el inconverso que participa, añadiendo a los demás pecados que ya carga. No aprobando el oficiante y sus ayudantes la acción del inconverso, de modo alguno se les puede inculpar de haber participado en pecado ajeno.
c) Con pocas excepciones, las personas mundanas que acuden a nuestros cultos entienden, aun sin que se les instruya, que no tienen derecho a comer la Cena. En cambio, no pocos de los que militan en iglesias ajenas a nuestra hermandad, al congregarse con nosotros se creen dignos de participar en la Cena. ¿Por qué negársela, quizá ofendiéndolos públicamente e hiriendo sus sensibilidades a tal extremo que se alejen airados de nosotros, vetándonos la oportunidad de exponerles “más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:26)? Participando de la Cena sin tener derecho de hacerlo, lo que hacen es añadir otro error a los que ya ponen en peligro su alma. Al continuar con nosotros, tal vez lleguen al entendimiento del evangelio puro, corrigiendo sus errores y tomando los pasos necesarios para asegurar su salvación. “Continuar”, digo, pero, claro, no por tiempo indefinido sino solo por el tiempo razonable necesario para recibir instrucción adecuada, la que impartirían pronto, se supone, los responsables de la congregación.
10. ¿Deberían los que distribuyen el pan y la copa retener siempre los recipientes en sus propias manos, no permitiendo que ninguno los toque o que los congregados los pasen del uno al otro, siguiendo invariablemente esta estrategia para evitar que coma la Cena algún inconverso, religioso sectario o miembro infiel de la congregación?
a) Procediendo asimismo los que reparten el pan y la copa, efectivamente, se hacen jueces de las almas congregadas. Incuestionablemente, asumen un rol que no les corresponde. “A mi juicio, esta hermanita no anda en santidad. Su vestimenta la hallo algo escandalosa. Así pues, no le voy a servir la Cena. Aquel hermano, yo lo sorprendí en una mentirita la semana pasada. Ciertamente, él no es digno de participar. Le voy a negar la Cena.” Pero, ¡alto! El ayudante que anda juzgando así a sus hermanos en la fe, ¿acaso conoce íntimamente la condición espiritual de cada uno justamente en la hora de conmemorar el sacrificio de Cristo? Aquel “hermano sorprendido en una mentirita”, ¿acaso ya se hubiese arrepentido sinceramente, rogando perdón a Dios? Al ayudante que reparte la Cena, ¿Dios le ha dado potestad para decidir quiénes participen y quiénes no? Negativo. ¡De modo alguno! El que reparte la Cena también es un ser falible, y no un juez espiritual infalible.
b) La instrucción divina lee: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa” (1 Corintios 11:28). No dice: “Pruebe y juzgue el que reparte a todo participante potencial”. Reiteramos: si extiende su mano y participa cualquier persona indigna, la culpa es suya y no del hermano que anda repartiendo la Cena. Referente a disciplinar al miembro que anda desordenadamente, incluso, advertirle el pecado de tomar la Cena indignamente, este deber atañe a los administradores de la congregación, y no necesariamente a los que reparten la Cena.
11. ¿Es sabio advertir constantemente a los seguidores de Cristo el peligro de comer y beber “juicio para sí” (1 Corintios 11:29)?
a) La advertencia del apóstol Pablo para la iglesia en Corinto es clara y fuerte. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios11:27 y 29). Leer y comentar juiciosamente esta advertencia de vez en cuando en las congregaciones de actualidad es, sin duda, saludable, pues es palabra de Dios. Pero, no vemos que el Espíritu Santo haya ordenado que estas advertencias se pronuncien todos los domingos. La frecuencia de su proclamación la determinaría, lógicamente, el estado espiritual de la congregación. O sea, si un número crecido de la congregación anda en la carne, si está adueñándose un espíritu de rebeldía o si muchos se están apostatando de la fe, tales circunstancias justificarían frecuentes y fuertes advertencias sobre “tomar indignamente la Cena del Señor”. Por el contrario, si predomina en la congregación el espíritu de santidad, si se sigue fielmente la “sana doctrina”, si el vínculo perfecto del amor une a la gran mayoría de tal manera que son de “una misma mente”, “de un mismo sentir”, ¿con qué razón “advertir constantemente el peligro de comer y beber juicio para sí”?
b) Las fuertes advertencias, duras reprensiones y amenazas de “juicio y condenación”, repetidas a menudo, tienden a crear un ambiente pesado, tenso, cargado de temor, negativismo y hasta depresión espiritual. Pero, ¿no se supone que la Cena del Señor sea una hermosa experiencia positiva, inspiradora, elevadora? ¿Edificante y sublime en grado sumo? ¿Cómo llenar estas expectativas si el adorador es obligado a escuchar, casi todos los domingos, fulminaciones amenazantes, insinuaciones inquietantes, juicios fuertes, advertencias a granel? De la manera que no faltan predicadores obsesionados con el lado escuro y violento de pecados, juicios, condenaciones y destrucción, asimismo el tema predilecto de algunos que administran la mesa del Señor es el de “culpable del cuerpo y de la sangre del Señor… juicio come y bebe para sí”. Los extremos suelen ser perjudiciales y contraproducentes. Sabio es el administrador de la mesa del Señor que procura el balance en sus comentarios y señalamientos, inclinándose más por el lado positivo que por el negativo, a menos que las circunstancias ameriten lo contrario.
12. ¿Es necesario orar antes de partir el pan? “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). ¿Valuamos el ejemplo de Cristo? Pues, también debemos dar gracias por el pan antes de comerlo. ¿Es necesario orar antes de tomar la copa? “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos” (Mateo 26:27). Si Cristo dio gracias por la copa, ¿con qué justificación no hacer lo mismo nosotros? ¿Por qué no seguir el mismo ejemplo del Señor? ¿Por qué eliminar, alterar, trasponer? El candente afán de “cambiar”, de restar importancia a ejemplos, a menudo presagia pasos definitivos de apostasía.
a) ¿Es aceptable dar gracias por el pan y la copa mediante una sola oración? Ya que Cristo no lo hizo, ¿con qué razón o lógica lo haríamos nosotros? ¿Acaso para acelerar la celebración de la Cena? Ciertamente, esta es la impresión que tal acción transmite. “Basta con pronunciar una sola oración que incluya tanto el pan como la copa. Está demás la redundancia de dos oraciones.” Discrepamos. Cada componente de la Cena tiene su significado muy particular. El cuerpo inmolado. “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” La sangre derramada que limpia de pecado. “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?” (1 Corintios 10:16). Cada uno merece que le demos la importancia especial que le corresponde. Entre las distintas formas de realzarlos individualmente figura la de dar gracias por el pan, y luego, mediante oración distinta, dar gracias por la copa (1 Corintios 10:16).
b) ¿Es aceptable orar por el pan, luego, enseguida, orar por la copa antes de repartir el pan, para entonces proceder a repartir ambos elementos a la vez? Ya que Cristo no lo hizo así, ¿con qué razón o lógica hacerlo nosotros? Más bíblico es seguir el ejemplo del Señor. Algunos cristianos aseguran que “cambios insignificantes” de esta índole no alteran en absoluto el significado fundamental de la Cena. ¿Peca quien abogue o practique los cambios indicados? Quizá no peque. Dios sabe. Pero, ¿con qué justificación sustituir un proceder propio por el que asentó el mismo Señor? ¡Tan fácil, apropiado y seguro es seguir el ejemplo de Cristo! ¿O por qué inquietar a algunos de la congregación, introduciendo “cambios” que los alarma? A propósito, los “cambios” calificados de “insignificantes” resultan a menudo ser “significantes” por impactar negativamente la calidad, y por ende, la aceptabilidad de nuestro culto a Dios.
c) ¿Es aceptable que una hermana ore en voz alta bendiciendo el pan o la copa? Negativo. Al orar ella en voz alta frente a la congregación, estaría ejerciendo dominio sobre los varones presentes.
d) ¿Quiénes cualifican para dirigir las oraciones por el pan y la copa? Solo los varones fieles y santos.
e) En las oraciones por el pan y la copa, ¿qué conviene enfatizar? A continuación, apuntamos algunas sugerencias. Alabar a Dios y a Cristo por el amor incomparable de ambos manifiesto en el sacrificio expiatorio en la cruz del Calvario. Dar gracias por la redención, la reconciliación, la esperanza que este sacrificio hace posible. Por el “camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:20). Por “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Pedir santificación para cada participante. “Enfatizar” sí, pero con esta salvedad: que el orante no intente enumerarlos todos en una sola oración. Que su oración no sea larga. Que no ore para ser oído “de los hombres”. Que no llame atención a sí mismo sino que ensalce en todo momento al Cristo crucificado
f) Algunos temas deberían ser excluidos de las oraciones por el pan y la copa. Por ejemplo, peticiones por enfermos, intercesiones por la obra evangelística de la iglesia, plegarias por situaciones problemáticas que aquejen a algunos de la congregación, etcétera. Valerse de la oración por el pan o la copa para regañar a la congregación, señalar males, enseñar sobre asuntos no relacionados con la Cena del Señor, corregir, reprender o redargüir lo haría solo inepto para el ministerio de la oración.
13. ¿Es imprescindible cantar un himno después de la Comunión?
a) Habiendo Cristo instituido la Cena, el relato de Mateo continúa: “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos” (Mateo 26:30). Marcos 14:26 también registra este detalle. “El himno.” ¿Qué “himno”? Según el Talmud, los judíos acostumbraban cantar los Salmos del 113 hasta el 118 en conexión con la Pascua, llamándolos “el gran Hallel”, es decir, la gran alabanza. Pero, hasta donde sepamos, Dios no ordenó a cantar el himno o himnos como acción necesaria para la celebración correcta de la Pascua judía. El Talmud es una recopilación de interpretaciones y tradiciones judías, y no una obra inspirada por Dios mismo. Dadas estas consideraciones, más el contexto de Mateo 26:30, deducimos que no es imprescindible cantar un himno después de la Comunión.
-¿Conviene cantar un himno después de la Cena? O cantar un himno o traer algún breve comentario apropiado. Así, porque concluir sin decir siquiera una palabra alusiva al acto de la Cena parecería algo seco, opinamos. Se puede decir, por ejemplo: “Dios nos conserve en su Reino, ayudándonos a perseverar en santidad para que el próximo domingo podamos celebrar de nuevo esta fiesta espiritual solemne de los cristianos”.
La ofrenda y la Cena
b) ¿Es apropiado recoger la ofrenda inmediatamente después de la Cena? Ya que la Biblia no establece el orden del culto, se trata de un asunto opinable. Damos nuestro parecer. Quizá no convenga por la siguiente razón principal: si se establece la rutina de recoger la ofrenda tan pronto termine la Cena, algunos miembros, aun antes de concluida la Comunión, estarán sacando sus carteras o rebuscando en sus bolsillos el dinero para la ofrenda, pensando en la ofrenda cuando toda su atención debiera estar concentrada aún en la Santa Cena. Hemos observado una y otra vez esta misma tendencia en congregaciones donde se recoge la ofrenda tan pronto termine la Cena.
-Algunas congregaciones recogen la ofrenda antes de la predicación, celebrando la Cena después del himno de invitación. Otras interponen un himno entre la Cena y la ofrenda. Todavía otras celebran la Cena antes de la predicación, recogiendo la ofrenda después del himno de invitación. Cualquier de estos procedimientos lo encontramos más sabio que el de recoger la ofrenda tan pronto termine la Cena.
“La
Cena del Señor”
(1 Corintios
11:20)
Siendo…
“la
comunión de la sangre de Cristo…
la
comunión del cuerpo de Cristo.”
(1 Corintios
10:16)
Curso para cristianos que administran
la mesa del Señor
Adaptable para la instrucción de la membresía en general
Parte 5
-Desglose de temas estudiados en la “Parte 5”.
-14. ¿Es necesario ofrecer la Cena del Señor cada vez que se reúna la congregación el primer día de la semana?
-¿La Cena del Señor “siempre de noche”.
-Se afirma que la Santa Cena debiera celebrarse de noche porque fue instituida de noche.
-¿Fue el asunto de “la hora” absolutamente determinante para la validez de la Pascua judía, y por ende, para la de la Cena del Señor?
-Sin duda alguna, el factor de la hora fue accidental. Corroboran esta conclusión otras circunstancias meramente accidentales relacionadas con la institución de la Santa Cena, tales como: el aposento alto, el tercer piso, cena literal para saciar el hambre y la sed, la hora cuando llega la noche, sentarse a una sola mesa, el himno después de la Cena.
-Los cristianos defensores de “la Cena del Señor siempre de noche” citan el ejemplo de la iglesia en Troas, observando que allá y en aquel entonces la congregación se reunió de noche para conmemorar la muerte de Cristo.
-Confrontamos otra problemática, a saber: ¿qué calendario o sistema de medir el tiempo seguían los cristianos en Troas? ¿El judío o el romano?