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Dilemas espirituales (2)

  Altagracia se niega a seguir a Dimitilio en su nueva fe.
Se disuelve el matrimonio.

  Historial

1.          Dimitilio, agricultor, tiene veinticinco años de edad. Aunque su trabajo es duro, a Dimitilio le gusta sembrar y cultivar los campos, pues le encanta la naturaleza. Bronceado por el sol, su cuerpo es saludable y musculoso. En armonía con la naturaleza misma, sus impulsos a la procreación y sus necesidades sexuales están en todo su apogeo. Dimitilio se crió en la fe católica romana.

2.          Hace dos años, Dimitilio se casó con Altagracia. La pareja ya engendró un hijo, llamándolo Dimitito. Altagracia, de veinticuatro años de edad, procede de una familia muy católica, y practica su fe asiduamente. A pesar de tener que caminar cuatro kilómetros con Dimitito al hombro, asiste a menudo a misa, confesándose, haciendo penitencias y cumpliendo votos. Una imagen de María, de casi un metro de alto, obsequio de los padres de Altagracia, ocupa una esquina de la sala de la casa del matrimonio. Frecuentemente, se arrodilla Altagracia frente a la imagen, repitiendo el rosario y prendiéndole velas.

3.          Dimitilio es un tanto tosco de palabra y de modales. Sin embargo, su alma es sensible a la hermosura y la grandeza de la creación. La contempla con asombro y placer, fortaleciéndose su fe en Dios al observar la obra grandiosa del Creador. Su deseo de conocer mejor al Omnipotente incrementa paulatinamente. De cuando en cuando, acompaña a Altagracia a misa, pero la liturgia repetitiva de la Iglesia Católica no llena el vacío que siente en su corazón.

4.          El vecino más cercano de Dimitilio se llama Alfredo, también agricultor. Se encuentran, en ocasiones, y conversan sobre los sembrados, el tiempo, el costo de producir las cosechas, etcétera. Cierta hermosa tarde, a la hora cuando los rayos del sol poniente bañaban de oro los sembrados de maíz y frijoles, se hallan los dos en la guardarraya de sus respectivas fincas, y Dimitilio, emocionado por la belleza que le rodea, exclama: “¡Qué gloriosa tarde!, ¿no le parece Alfredo? Ciertamente, Dios existe y su mano ha hecho todo esto. Quisiera conocerle mejor.” A lo cual responde Alfredo: “Pues, querido amigo y vecino, le invito a acompañarme el próximo domingo para que estudiemos juntos la Biblia, el libro de Dios, en la congregación a la cual pertenezco”, explicándole que se trata de la Iglesia de Cristo establecida, hace cuatro años, en la aldea cercana. Dimitilio accede. Alfredo le regala una Biblia y Dimitilio empieza a leerla, aun en presencia de su esposa, Altagracia, quien lo observa preocupada, preguntándole por qué lee la Biblia pero no reza frente a la imagen de María. Replica Dimitilio: “Mi amada esposa, con todo el respeto, ¿escucha la imagen nuestra conversación, nos puede hablar o nos mira? Vos sabéis que no. Pues, ¿por qué rezarle? No oye. No tiene poder. ¡No es nada sino una imagen muerta de puro yeso con adornos! Mi amor, este libro de Dios dice que el poder del Padre no se manifiesta en tales objetos creados por hombres.” Altagracia mira a su esposo como si se tratara de un fantasma espantoso, se monta en cólera, rompe a llorar, huye apresuradamente de la sala y se escuda en la recámara de la pareja, tirando la puerta con violencia y poniéndole el pestillo. Dimitilio le habla a través de la puerta cerrada, con palabras suaves, súplicas y ruegos, pero Altagracia no responde. Aquella noche, la pareja no duerme juntos.

            El próximo día, primer día de la semana, es día de batalla espiritual para el matrimonio. Altagracia pasó casi toda la noche del sábado llorando. Dimitilio la pasó en meditación, estudio y oración, derramando él mismo no pocas lágrimas por la reacción tan abrupta y violenta de su esposa, por su obstinación y mente cerrada y por el grave conflicto de fe que, de repente, está sacudiendo su matrimonio y su hogar. Ella se levanta resentida, ofendida y enojada, con ojos enrojecidos e hinchados. No le prepara ni una taza de café. Con cara adusta, le dice: “¡O va conmigo a misa, o se va de esta casa!” Él no puede complacerla. Ya sabe demasiado acerca de la voluntad de Dios. Se lo dice, calmadamente, esperanzado en que ella recapacite, pero ella sólo se pone más dura. Aquel domingo, Altagracia camina casi corriendo para la capilla católica, donde, después de la misa, consulta al sacerdote, quien la apoya incondicionalmente, atrevidamente animándola a repudiar a “ese hereje Dimitilio” . Luego, pasa ella el resto del día con sus padres, quienes aplauden el consejo del sacerdote. Aquel domingo, Dimitilio va resueltamente al lugar de reunión de la Iglesia de Cristo y pide ser bautizado para perdón de pecados.

5           Dimitilio y Altagracia no vuelven a cumplir el deber conyugal. Viven bajo el mismo techo por tres meses más. Una y otra vez, Dimitilio se acerca a su esposa suplicándole, aun con lágrimas, que le escuche, que trate de entender, que sea más objetiva, que no se deje dominar por terceras personas, que piense en su compromiso matrimonial, que considere a su hijito, que, de no haber otro remedio, siga cada uno con su fe, pero que renueven su vida conyugal. Ella se reniega, resiste, pelea, tildándole de hereje, de traidor, de infiel a sus votos matrimoniales hechos en la Iglesia Católica Romana. Al cabo de tres meses, se muda ella a la casa de sus padres, llevándose a Dimitito. Altagracia jura que no volverá a casarse. Solicita el divorcio, lo cual, pasados seis meses más, la corte le concede.

6.          Mientras tanto, las hormonas de Dimitilio no dejaron de fluir al fracasar su matrimonio. Necesita de mujer. Un mes después del divorcio, ocupado Dimitilio en la cosecha de los granos, medita sobre su situación. Aparece una y otra vez en la pantalla de su mente la figura de una mujer soltera, Grisela, que pertenece a la congregación. Ha conversado mucho con ella, admirado de su espíritu afable y apacible, conmovido para sus adentros por sus encantos femeninos. Aquel mismo día, decide acudir a los administradores de la congregación para plantearles, con franqueza, sus inquietudes y necesidades, informándoles que le agrada mucho la hermanita Grisela y que quisiera contraer nupcias con ella pronto.

 

Dilemas espirituales

A.          El matrimonio de Dimitilio y Altagracia no fracasó a causa de infidelidad conyugal, es decir, la causa no era el adulterio o la fornicación sino un choque desastroso de creencias y convicciones religiosas. Cristo mismo concede el divorcio y nuevas nupcias sólo por fornicación o adulterio ( Mateo 19:9 ). Pero, Dimitilio, recién convertido y muy fiel en la iglesia, respetuosamente solicita a los administradores de la congregación que autoricen nuevas nupcias para él, no alegando infidelidad conyugal sino presentado las siguientes razones: (a) que Altagracia lo abandonó; (b) que el trato de Altagracia era injusto y cruel; (c) que él es hombre joven que necesita de una ayuda idónea; (d) que él no cuenta con el don de abstinencia; (e) que, dadas las circunstancias del divorcio, Dios no puede ser tan injusto como para denegarle el matrimonio por el resto de su vida. Con estos argumentos, Dimitilio crea, al instante, varios dilemas para los líderes de la congregación.

1.          Dilema: los líderes se ven obligados a responder de inmediato a los planteamientos que hace Dimitilio. ¿Cuáles son sus opciones? ¿Qué clase de preparación se requiere para confrontar sabiamente tal clase de dilema?

2.          Dilema: ¿Cuentan los líderes de la congregación local con la autoridad bíblica de autorizar o desautorizar nuevas nupcias de acuerdo con las circunstancias de cada caso? ¿Por qué? Dimitilio piensa que la tienen.

3.          Dilema: ¿Deben los líderes formular su respuesta estrictamente de acuerdo con las directrices de Mateo 19:9 , no tomando en cuenta cualquier otro texto, porque el divorcio de Dimitilio y Altagracia no fue concedido por infidelidad sexual? ¿Por qué? ¿Están obligados a decirle a Dimitilio: “Amado hermano, lamentamos tener que informarle que no tiene usted ningún derecho bíblico de volverse a casar nunca?” ¿Por qué?

4.          Dilema: Si los líderes le dicen a Dimitilio que jamás tendrá derecho a casarse de nuevo porque su divorcio no fue otorgado por la razón presentada en Mateo 19:9 , ¿no estarán haciendo caer a Dimitilio? Tener presente que este varón joven es también joven (neófito, principiante) en la fe.

B..         Al deliberar el caso, los administradores de la congregación determinan decirle a Dimitilio lo siguiente: “Querido hermano, sentimos mucho que esté sufriendo usted tantas pruebas al comenzar su vida en Cristo, pero, amado, usted tendrá que esperar pacientemente hasta que su ex esposa Altagracia cometa fornicación o se case con otro hombre. Entonces, estará usted libre para contraer nuevas nupcias.”

1.          ¿Es bíblico este consejo? ¿Por qué?

2.          Supongamos que Altagracia tarde seis años en casarse de nuevo. ¿No tiene Dimitilio derecho bíblico de casarse durante los seis años? Sus hormonas siguen sumamente activas. Aún más importante para él es la necesidad de una compañera con quien compartir la vida. La soledad lo enferma. Trabaja todo el día a solas en los campos. Luego, regresa a su casa para pasar la noche también a solas. Tal vida es dura; se vuelve insoportable. Cristo está con él, pero Cristo no hace las veces de una compañera de carne y sangre con quien compartir los goces y las penas de la vida terrenal. Dimitilio no tiene el don de continencia.

a.          ¿Debe hacerse eunuco para no perder la salvación de su alma? Aplicar Mateo 19:10-12 ).

b.          Si los líderes le aconsejan que se haga eunuco, y lo hace, y un año después se sabe que Altagracia cayó en fornicación, ¿podrá Dimitilio reversar la acción de haberse hecho eunuco?

3.          Ochos meses después del divorcio, Altagracia viajó a la capital donde pasó dos meses con familiares. Se sabe que reanudó allá amistad con un hombre que había sido su novio antes de conocer ella a Dimitilio y su rumora que tuvieron relaciones sexuales. ¿Qué debe hacer Dimitilio al respecto?

a.          ¿Ir él mismo a investigar?

b.          ¿Mandar a otro a recoger evidencias?

c.          ¿Vigilar constantemente la vida de Altagracia para que cuando ella caiga tener él las evidencias necesarias para casarse de nuevo él mismo?

d.          ¿Tomar los rumores como evidencia satisfactoria que le libra para casarse él mismo de nuevo?

C.         Dimitilio es la parte inocente. ¿Es justo obligarle a vivir solo simplemente porque la causa del divorcio no era fornicación o adulterio? ¿Por qué?

1.          Al concederse el divorcio, Dimitilio tiene veintisiete años de edad. Si Altagracia muere a los setenta y dos años de edad sin jamás casarse de nuevo o cometer fornicación, ¿significan estas circunstancias que Dimitilio no podría casarse hasta morir Altagracia? ¿Cuántos años de edad tendría Dimitilio al morir Altagracia a los setenta y dos años? ¿Cuáles etapas de la vida pasaría él antes de poder casarse?

D.         Los líderes de la congregación están en el deber de citar la Biblia al responder al planteamiento de Dimitilio. De haber algún texto que arroje luz sobre el caso, favor de señalarlo y explicarlo.

E.          Al continuar Altagracia fanáticamente en la fe católica romana, al rechazar ella estudiar la Biblia con Dimitilio, ¿cualifica ella para ser catalogada como “incrédula”? Si los líderes de la Iglesia de Cristo a la cual pertenece Dimitilio la clasifican como “incrédula”, ¿queda Dimitilio libre de ella? Si queda libre de ella, ¿queda libre también para casarse de nuevo? ¿Por qué?

F.          ¿Es personal el consejo del apóstol Pablo en el texto de 1 Corintios 7 que trata este tema? De ser personal y no inspirado su consejo, ¿se asienta un precedente por medio del cual se le permite a los líderes espirituales del presente emitir consejos u opiniones personales donde el Señor no ha dado ley alguna ni tampoco directrices claras o que se ajusten al caso?


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