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Apocalipsis 11:19
“El templo de Dios fue abierto en el cielo,
y el arca de su pacto se veía en el templo.”
La profetisa Elena G. White, su Iglesia Adventista
del Séptimo Día y la interpretación correcta del
“templo de Dios… abierto en el cielo”
con “el arca de su pacto”.
Acérrimos creyentes en guardar el séptimo día como condición absolutamente indispensable, según su fe, para la salvación de sus almas, los adventistas del séptimo día confían implícitamente en los escritos de Elena Gould Harmon White. Esta dama, nacida el 26 de noviembre de 1827, se adjudicó unas dos mil visiones y confirió a la iglesia que ayudó a establecer y formar todo un caudal de instrucciones, comentarios sobre la Biblia, disertaciones en torno a la salud, etcétera. Discípula adolescente del profeta William Miller, quien fijó la Segunda Venida de Cristo para el año 1843, luego para el 1844, Elena tuvo su primera “visión” en diciembre del 1844, poco después del “gran chasco” que sufrieron Miller y su multitud de simpatizantes ingenuos al no aparecer Cristo según la predicción. Tenía tan solo diecisiete años de edad. Referente a Apocalipsis 11:19, la profetisa Elena no dudaba de encontrar en la escena del “templo de Dios abierto en el cielo”, con “el arca de su pacto” visible en el interior, evidencia sólida e irrefutable en apoyo del carácter “eterno y para siempre” que atribuía a los diez mandamientos dados a Moisés en el monte Sinaí, incluso el cuarto mandamiento de guardar el séptimo día. Mediante el presente estudio, examinamos su interpretación, respetuosamente invitando a todo adventista y a todo estudioso de las Sagradas Escrituras a escrutar objetivamente nuestro análisis y conclusiones.

Elena Gould Harmon White
1859 (fotografía encontrada en el Internet)
“Elena Gould Harmon, líder americana
religiosa, quien era una de los fundadores de
la Iglesia Adventista del Séptimo Día y cuyas profecías y demás guías eran
centrales
para el temprano crecimiento de la denominación.
“En diciembre del 1844, Harmon experimentó
la primera visión de unas dos mil que luego
alegó haber recibido. Inició un ministerio itinerante entre los mileritas
desilusionados,
trayendo noticias sobre el futuro y mensajes animadores basados en sus
visiones.
En el 1846, se casó con el Reverendo James S. White, otro ministro
adventista.”
(White, Ellen Gould Harmon.
Encyclopædia
Britannica, from
Encyclopædia Britannica 2006
Ultimate Reference Suite DVD.
Accessed January 18, 2008.)
Citamos textualmente la interpretación de la profetisa White tal cual dada en “América en la profecía”, Páginas 173 – 174, libro en español que “contiene extractos de… El conflicto de los siglos” (Inspiration Books East, Inc., Jamison, Alabama 35085). Insertamos nuestros comentarios, aclaraciones, etcétera.
A. Escribe la Señora White: “El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía dos tablas de piedra, en que estaban inscritos los preceptos de la ley de Dios. El arca era un mero receptáculo de las tablas de la ley, y era esta ley divina la que le daba su valor y su carácter sagrado a aquélla.”
-Aclaración nuestra. “Las tablas de la ley” no eran los únicos objetos en aquella arca “en el tabernáculo terrenal”. Explica el escritor de Hebreos 9:3-5: “Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle”. Así que, tres cosas había en el arca, y no una sola, a saber: maná, la vara de Aarón y las tablas del pacto. Las tres, y no una sola, testificaban las obras poderosas hechas por Jehová Dios a favor de Israel.
1. El maná, “pan del cielo” (Éxodo 16:4; Juan 6:31) que daba testimonio a la provisión sobrenatural para la alimentación del pueblo en el desierto.
2. La vara de Aarón, “señal” divina de la selección de Aarón y sus descendientes como la tribu sacerdotal. “Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras. Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara. Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio para que se guarde por señal a los hijos rebeldes” (Números 17:8-10).
3. Las “tablas de la ley”, específicamente identificadas como las “dos tablas del testimonio”. Dios “dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Éxodo 31:18). ¿Y por qué “del TESTIMONIO”? Obvia y lógicamente porque su escritura milagrosa daba “testimonio” irrebatible al hecho de ser Jehová Dios el autor de toda la ley dada en Sinaí.
-En por lo menos trece textos bíblicos el arca se llama “el arca del testimonio”, como por ejemplo, en Éxodo 25:22. “Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.” ¿Por qué el calificativo “del testimonio”? Certeramente, porque los tres objetos guardados en él daban “testimonio” del amor de Dios por su pueblo electo, de su autoridad y su poder.
-Aquella misma “arca del testimonio” elaborada en el desierto de Sinaí también se llamaba en aquel tiempo “el arca del pacto”, exactamente como en Apocalipsis 11:19. “Así partieron del monte de Jehová camino de tres días; y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso” (Números 10:33). “El arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos días” (Jueces 20:27). Por consiguiente, ¿con qué lógica o razón postular que tres objetos había en “el arca de testimonio” pero una sola, a saber, la ley de los diez mandamientos, en “el arca del pacto”?
-Resaltar un solo artículo de los tres que había en el arca, como lo hace la profetisa White, sin mencionar siquiera los otros dos, o explicar el propósito primordial de guardar los tres en “el arca del testimonio”, descubre, conforme a nuestra apreciación, falta de erudición y objetividad.

Gráfico del arca del testimonio
iLumina gold. www.caribebetania.com
Tres objetos fueron colocados en esta arca: las tablas de los diez
mandamientos,
un envase con maná y la vara de Aarón que reverdeció.
B. Sigue la interpretación de la Señora White. “Cuando fue abierto el templo de Dios en el cielo, se vio el arca de Su pacto. En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina –la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra. La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta.”
-Preguntas y comentarios nuestros.
1. Consideremos la afirmación “La ley de Dios que se encuentra en el santuario celestial es el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta”.
a) Antes que nada, observamos que Apocalipsis 11:19 no revela absolutamente nada sobre el contenido del “arca de su pacto” vista en el templo en el cielo. Tampoco ningún otro pasaje de Apocalipsis donde se menciona aquel “templo” celestial. Por lo tanto, es preciso inferir su contenido. Y, ya que el arca se identifica como “de su pacto”, tal cual en el Antiguo Testamento, se infiere que había en ella los diez mandamientos. ¿Estaban escritos en “dos tablas”? ¿En tablas de piedra o de qué material? Esta pregunta no es capciosa, pues el arca de Apocalipsis 11:19 se encuentra en la esfera espiritual, y no en la material de este mundo terrenal.
-Desde luego, si a Dios le place tener dos tablas de piedra terrenal allá en el arca en el cielo, ¿quién osa proferir que no pudiera tenerlas? La misma lógica enseña que también podría conservar en aquella arca en el cielo un envase de maná literal, como además la vara de Aarón que reverdeció. Dado su inmenso poder de crear y conservar, la preservación en el cielo de estos tres objetos de testimonio sería una sencillez, ¿no le parece? Argumentar que no pudiera existir ninguna cosa material allá en la esfera celestial de Dios es tomar una posición insostenible. ¿Quién es aquel que ponga trabas a Dios?
b) Suponiendo que el Decálogo se halle en el arca vista en el templo de Dios en el cielo, ¿quién dice que aquella ley sea “el gran original del que los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco eran copia exacta”? Ciertamente, ni este lenguaje ni el concepto por él expresado, aparecen en las Sagradas Escrituras. La mente de la profetisa White los concibió. En su afirmación podemos discernir claramente ciertos procedimientos mentales cuyo fruto es el error doctrinal. Por ejemplo:
(1) La escena que describe el apóstol Juan en Apocalipsis 11:15-19 toma lugar en el tiempo de la Séptima Trompeta, o sea, durante los últimos días agónicos de la tierra, “cuando el misterio de Dios se consumará” (Apocalipsis 10:5-7). La voz de la Séptima Trompeta significa “que el tiempo no sería más”. Ya tocada esta Séptima Trompeta, se abre “el templo de Dios… en el cielo” y se ve “el arca de su pacto”. En lugar de explicar el asunto de esta arca en el cielo en el contexto del fin del mundo terrenal y el juicio final que anuncian los veinticuatro ancianos (Apocalipsis 11:16-18), la mente de la Señora White se concentra en “la ley de Dios” que ella “ve” en el arca, y luego mentalmente traslada el arca vista en el tiempo del fin, juntamente con su contenido, a un tiempo anterior a la promulgación de la ley en Sinaí en los días de Moisés. Deducimos que esta misma tramitación mental es la que hace porque ella asegura que “la ley de Dios” que “ve” “en el santuario celestial” es “el gran original del que los preceptos” dados en Sinaí “eran copia exacta”.
-Que el “original” ha de anteceder la “copia” es axiomático.
-Por lo tanto, si la ley dada en Sinaí era una “copia exacta”, el “original” existía antes de la promulgación de la ley en Sinaí. Esto significaría que el arca, en la que la profetisa “ve” el Decálogo, también existiera en el templo en el cielo antes de la fabricación del “arca del pacto” por Moisés aproximadamente mil quinientos años previo al nacimiento de Cristo. Sin embargo, si la Biblia provee evidencia al respecto, la desconozco. Más bien, se trata de una proyección mental imaginaria de la profetisa, y esta proyección obedece, conforme a nuestra apreciación, a su imperioso afán de sostener la supuesta vigencia eterna de los diez mandamientos, en particular, la del cuarto que legisla guardar el séptimo día.
-“Copia exacta” del “gran original” no son, en definitiva, expresiones bíblicas, y por ende, la doctrina que encierran está en tela de juicio. Cierto es que la profetisa White reclama “inspiración divina” para sus interpretaciones y pronunciamientos. Pero, probar a “los espíritus si son de Dios” es nuestro sagrado deber, “porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1), y estamos sometiendo a prueba a la profetisa White, no aceptando ciegamente su pretensión grandiosa de “profetisa”.
2. Comentando sobre Apocalipsis 11:19, la profetisa White escribió: “En el lugar santísimo, en el santuario celestial, es donde se encuentra inviolablemente encerrada la ley divina –la ley promulgada por el mismo Dios entre los truenos del Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra”. La implicación es que la ley dada en Sinaí, no exceptuándose el cuarto mandamiento sobre guardar el séptimo día, es eterna. “Se encuentra inviolablemente encerrada… en el santuario celestial.” “Inviolablemente”, es decir, que no se puede violar o profanar. Con esto la Señora White quería decir, así entendemos el sentido de sus palabras, que ningún humano o ángel podía alterar la ley guardada en el arca, y además, que Dios mismo la iba a mantener vigente sempiterno. Pero, nada de todo esto se dice expresamente, o siquiera se implica, en Apocalipsis 11:19. El estudioso cuidadoso bien sabe que “inviolablemente” no es sinónimo de “irrevocablemente, por toda la eternidad, sin fin”.
Una explicación de
Apocalipsis 11:19
más acorde con el contexto.
A. El contexto ya lo hemos indicado. Recapitulamos, ampliando:
1. La escena del arca del pacto en el templo de Dios abierto en el cielo pertenece a las visiones de la Séptima Trompeta. Esto es evidente al leer los versículos del quince al diecinueve del Capítulo Once de Apocalipsis. “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo…”
2. La voz de la Séptima Trompeta señala la consumación del misterio de Dios y el fin del tiempo mismo, declaración inequívoca hecha en Apocalipsis 10:5-7.
3. Al sonar la Séptima Trompeta, los veinticuatro ancianos exclaman: “tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11:16-18). Hecha esta gran proclamación, acto seguido “el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo”.
4. Después de abierto el templo, “hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”.
B. ¿Con qué razón descubrir a la vista “el arca de su pacto” hacia el final del poderoso drama escenificado cuando suena la Séptima Trompeta? Ofrecemos la siguiente explicación:
1. Porque está para efectuarse el juicio de las naciones, y entre las naciones se encuentra Israel. “Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos…”, dicen los veinticuatro ancianos justamente antes de abrirse el templo de Dios en el cielo (Apocalipsis 11:18).
a) Entre “los muertos” se hallan millones de israelitas muertos.
b) Entre “las naciones” figura, quizá prominentemente, la nación de Israel. Israel: el pueblo electo con el que hizo Jehová Dios pacto en Sinaí. Exclusivamente con Israel. No con otros pueblos (Éxodo 31:12-17; Deuteronomio 5:2-4; Efesios 2:12). Pueblo electo hasta que viniera por él el Mesías en cumplimiento de las profecías y el plan de Dios. Pueblo que Dios sigue amando y preservando de manera providencial aun durante la Era Cristiana. Esto se comprueba mediante el estudio del Capítulo Doce de Apocalipsis, corroborándolo el Capítulo Once de Romanos. Pese a ser el pueblo electo, Israel se rebelaba continuamente contra Dios durante casi todos los mil quinientos años que comprendían la Era Mosaica (desde Sinaí hasta la crucifixión del Mesías). Multitudes de israelitas murieron en incredulidad y desobediencia. Resucitados para el juicio de “los muertos”, han de confrontar el “testimonio” contra ellos que, efectivamente, constituyen los objetos guardados en “el arca del testimonio”, también llamada “el arca del pacto”. Este “testimonio” lo han de confrontar, opinamos, aun los judíos (israelitas) de la Era Cristiana que no reciben a Jesucristo como el Mesías, pues, a pesar de regir el Nuevo Pacto de Cristo durante esta Era, y no en definitiva, el Antiguo Pacto (Hebreos 7:12; 8:6-13), los objetos del “arca del testimonio” siguen evidenciando aspectos vitales del designio de Dios tanto para la salvación de israelitas como para la de todos los gentiles.
2. De hecho, “el arca del pacto”, con sus tres objetos de “testimonio” en el interior, propiciatorio y querubines encima, testifica también a las naciones gentiles la intervención milagrosa de Jehová Dios en su empeño de reconciliar consigo por medio de Jesucrito a toda la raza humana, y no tan solo a los israelitas.
C. ¿Por qué aparece en esta escena solo “el arca del pacto” en el templo de Dios en el cielo, y no objetos adicionales? Solo podemos opinar. Tal vez por qué el propiciatorio encima del arca es donde Dios se manifiesta para grandes obras o eventos relacionados con la salvación o la condenación de los humanos. Esto armoniza con las manifestaciones de Dios en el Lugar Santísimo del templo terrenal, hasta el tiempo de la profanación del templo tanto por israelitas como por gentiles. “Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio” (Levítico 16:2). Análogamente, en el tiempo del fin, cuando los siete ángeles están para derramar las siete copas de oro, sucede lo siguiente: “Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (Apocalipsis 15:8).
D. En el esfuerzo de comprender cabal y correctamente la visión de Apocalipsis 11:19, no perdamos de vista el factor de la simbología intrínseca en muchas representaciones apocalípticas. Esto no se trae para restar importancia al “arca del pacto” en el cielo sino para que consideremos sus posibles aspectos simbólicos. Bien pudiera simbolizar todos los objetos que se presentaran como testimonio en el juicio de “las naciones”, en el juicio de “los muertos”.
E. ¿Existía “el arca del pacto” en el cielo de Dios antes de la fabricación del arca literal en Sinaí por Moisés? No hay evidencia alguna que justifique una respuesta positiva. La secuencia de eventos en el plan maestro para la reconciliación de la humanidad, como además lo que dicta el sentido común, nos inducen a creer que el arca literal fue hecha en la tierra antes de aparecer su contraparte en el templo de Dios en el cielo, contrario a la teoría de la profetisa White cuya idea era que “la ley divina” que ella “veía” en el santuario celestial fuese el “gran original” de los preceptos dados en Sinaí.
F. ¿Significa la existencia del “arca del pacto” en el templo de Dios en el cielo que la iglesia en la tierra ha de guardar indefectiblemente los diez mandamientos tal cual dados en Sinaí, incluso el del séptimo día? Negativo. De modo alguno. El contexto de la visión no es el de la iglesia en la tierra sino el del juicio de las naciones, del juicio de “los muertos”, el que es efectuado después del fin del universo material y del tiempo mismo, hecho ya comprobado. De la manera que la existencia de tronos en el cielo, coronas, incienso, un incensario de oro, arpas, el arca, un mar de vidrio, altares, copas de oro, etcétera, no sirve como justificación para tener sus contrapartes materiales en la iglesia en la tierra, tampoco se puede apelar al “arca del pacto” en el templo de Dios en el cielo para imponer el séptimo día en la iglesia.
G. ¿Significa la existencia del “arca del pacto” en el cielo que los santos glorificados guardarán el séptimo día aun en la tierra nueva con cielos nuevos, en la nueva Jerusalén, la ciudad celestial, por toda la eternidad? Negativo. Entre varias razones nos limitamos en este estudio a una sola, a saber, ¡no habrá ningún templo en la nueva Jerusalén! Apocalipsis 21:22-23. (22) “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. (23) La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” No habiendo templo, es lógico deducir que tampoco habrá arca de pacto. De todos modos, ¿con qué sentido pautar el Decálogo, y en particular el cuarto mandamiento, para la tierra nueva y la nueva Jerusalén? Los santos admitidos a aquellos lugares celestiales habrán sido perfeccionados (Hebreos 12:23), de modo que no les hará falta las leyes de los diez mandamientos.
Conclusión
En lo concerniente a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, “según los cálculos realizados en 1990, la secta cuenta con casi dos millones de miembros en el planeta. La Iglesia se formó entre los años 1844 y 1855, bajo la guía de tres milleristas, Joseph Bates y James y Ellen White. Aunque no se estableció formalmente sino hasta el año 1863”.
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Estos dos millones de adventistas siguen fielmente las huellas de la profetisa Elena Gould Harmon White. Por su intransigente aferramiento al Antiguo Pacto, con sus diezmos, dietas y séptimo día, la clasificamos de pura judaizante. Las pisadas del judaizante trazan un camino que aleja de Cristo y su gracia. El Espíritu Santo advierte este grave peligro al decir: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4). “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley” (Gálatas 5:3). Incuestionablemente, esta misma norma es aplicable a diezmar, abstenerse de alimentos que Dios mismo ha hecho limpios (Marcos 7:17-19; 1 Timoteo 4:1-5) y guardar “fiestas solemnes”, entre las que ocupa el primer lugar “el día de reposo”, o sea, el séptimo día, en el listado de Levítico 23. El mismo Espíritu de Dios declara: “Nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” (Colosenses 2:16), claramente dando a entender que estos mandamientos fueron clavados en la cruz. Pero, la profetisa Elena juzga, sí, imponiendo diezmos, dietas y días de reposo a todos cuantos se sujetan a su voluntad. En el intento inútil de esquivar tan clara declaración divina, algunos teólogos del adventismo del séptimo día argumentan que el apóstol Pablo solo estaba condenando las “tradiciones” que los judíos habían desarrollado en torno a los días de reposo, leyes alimenticias y diezmos. Se quedan en ridículo por sus prejuicios y porfías ante quienes escudriñan imparcialmente el texto con su contexto porque muchas enseñanzas apostólicas desmienten su interpretación. Esta evaluación la sostendremos, con el favor de Dios, mediante otro estudio que proyectamos preparar.
Dos millones de adventistas del séptimo día. Dos millones de judaizantes. Confundiendo y despistando a multitudes con su agresiva maquinaria propagandista. Dos millones parados frente al “monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud” hasta el día de hoy. En la alegoría inspirada de Gálatas 4:21-31, el monte Sinaí “es Agar”, la esclava de Abraham. “Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud” (Gálatas 4:25). “Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libre, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 4:30-31; 5:1). Siendo la profetisa Elena hija de Agar, ¿qué, pues, son sus seguidores en todo el mundo? “A libertad” Cristo nos llama (Gálatas 5:13). ¿Por qué habríamos de someternos a seres humanos que esclavizan “a los débiles y pobres rudimentos” (Gálatas 4:8-11)?